Más grave fue la presentación de Paco Abril. Paco se ha convertido en una figura señera y respetada dentro del trabajo para niños, su labor de dinamización cultural en Gijón es un referente, sus páginas en prensa, tituladas La Oreja Verde, son un ejemplo de originalidad y buen hacer. Pero no es este el Paco Abril que vimos, el Paco Abril que contemplamos fue un narrador tenso hasta rozar la violencia con los chavales, un narrador sin la intimidad necesaria, apoyado en un siempre chirriante micro, un narrador más pendiente de sí mismo que de su público. Una autentica decepción. Javo:
Por una extraña casualidad, acabo de leer ahora, no sé cuánto después de publicado, el vitriólico comentario que escribiste sobre mi actuación en Ciudad Rodrigo, y me he quedado de piedra. Después de afirmar: «Paco Abril se ha convertido en una figura señera y respetada dentro del trabajo para niños, su labor de dinamización cultural en Gijón es un referente, sus páginas en prensa, tituladas La Oreja Verde, son un ejemplo de originalidad y buen hacer», me haces una crítica despiadada, que dice más de la visceralidad del crítico que de mí. Llegas a decir que fui un «narrador tenso hasta rozar la violencia». Considero injustificable esa virulencia. Es como si estuvieras hablando de otra persona que no soy yo, pues no me reconozco en tu diatriba. Tus afirmaciones sí que son violentas y calumniosas. ¿En qué te fundas para hacer tan desmesurada afirmación? Quienes me conocen bien saben de mi rechazo a la violencia de cualquier tipo.
Admito que ese día pude no estar todo lo bien que yo hubiera deseado, admito las críticas, porque son consustanciales a cualquier trabajo público, admito que pude haber tenido un mal día, admito que, por imponderables, mi actuación hubiera sido tensa, pero ¿qué tiene que ver eso con la violencia? Repito que estoy de acuerdo con la crítica, pues la veo necesaria y oxigenante. En la crítica, sin embargo, no vale todo. Quien critica tiene que tener criterio y fundamentarlo, lo contrario es cotilleo, calumnia o difamación. Un crítico no es el que dice lo que piensa, sino, como decía Machado, el que piensa lo que dice. Tampoco es crítico el que lanza dardos envenenados pretendiendo aniquilar al criticado. El crítico no puede decir lo que le venga en gana con total impunidad.
Los límites de la crítica los pone la ética. Y la ética nos enseña a ser considerados, a sopesar nuestras valoraciones y más si las vamos a hacer públicas, y a evitar el mal y el daño.
He preguntado a otras personas que me estuvieron viendo ese día y que me habían oído contar cuentos otras veces, todos me dijeron que, esa mañana, no estuve a la altura de otras ocasiones. Y aunque hubo, al terminar mis relatos, bastantes personas del público que me felicitaron, yo tampoco quedé satisfecho de mi actuación. Soy, te lo aseguro, el primer y más duro crítico de mí mismo. Aquella fue una mañana aciaga: tuve que enfrentarme a una megafonía inapropiada (tú lo señalas como si fuera cosa mía), un espacio invadido por el público, gente por detrás entrando y saliendo, niños muy pequeños a los que los padres dejaron correteando solos y, para colmo, aunque eso no importe al espectador, con la salud quebrantada. He visto a extraordinarios contadores estar actuando en condiciones adversas y salir del paso con más pena que gloria, pero ni se me pasó por la imaginación criticarles por ello. Las condiciones también cuentan. Y los críticos de verdad siempre las señalan. Cada uno es él y sus circunstancias.
Tú, sin embargo haces referencias subjetivas del tipo: «Estuvo más pendiente de sí mismo que del público». ¿En qué te basas para hacer está afirmación? Precisamente fue todo lo contrario: al estar tan pendiente del público dejé de concentrarme en los cuentos. Error que pagué caro.
Creo que te has excedido, que te has dejado guiar más por la visceralidad que por un juicio ponderado y sereno.
Por el derecho que todos tenemos a defendernos cuando se atenta contra nuestra dignidad, y apelando a tu honradez, te pido que insertes esta carta al lado de tu nota para que quien lea esa página en internet pueda tener las dos versiones, o que la retires, aunque el mal ya este hecho.
Si tan alta consideración te merecía, como decías al iniciar tu comentario, podrías haberte preguntado, incluso habérme preguntado a mi: "¿Qué le habrá pasado para tener una actuación a mi jucio decepcionante?"
Y para terminar, no te deseo a ti ni a nadie el mal que me has hecho a mí.
Paco Abril