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La exposición del médico alemán Gunther von Hagens, Los mundos del cuerpo, que ha sido presentada en varias ciudades de Europa y visitada por más de 14 millones de personas, y acaba de ser abierta en Fráncfort, Alemania, el 16 de enero pasado. No se trata de una exposición convencional. Es una muestra compuesta por más de 200 cadáveres en diversas posiciones, sobre la cual el autor advierte que no es de carácter estético. "Es un acercamiento a la democratización del cuerpo humano", dice von Hagens.
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Pero esa exhibición de cuerpos ha desatado una fuerte polémica en cada ciudad a donde llega. Mientras la crítica y la Iglesia la han recibido con los más acerbos comentarios para descalificarla, el público ha acudido en forma masiva y ni siquiera algunas voces autorizadas, como las del escritor Gunther Grass y la del filósofo Paul Virilio, que lo han llamado "profanador", han menguado el éxito del alemán.
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El último episodio del escándalo aparece en la última edición del semanario alemán Der Spiegel, que denunció la procedencia ilícita de algunos de esos cuerpos. Según el semanario, algunos provendrían de cárceles chinas gracias al auge de un mercado negro de cadáveres
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La muestra de von Hagens es apenas uno de los muchos capítulos que han sacudido el medio artístico y que han despertado todo tipo de controversias. Movimientos que empezaron con actitud provocadora, como el dadá y el surrealismo, derivaron hacia manifestaciones que fueron poco a poco aceptadas por la crítica y el público. Pero nunca como en las últimas décadas se había llegado a usar excrecencias y fluidos corporales, modificaciones del cuerpo por medio de cirugías y mutilaciones autoinfligidas, y técnicas genéticas para hacer arte con seres vivos, como parte de propuestas nuevas de expresión estética. ¿Arte o provocación? Ese es el debate.
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Desde principios del siglo XX, movimientos plásticos como el posimpresionismo, el expresionismo, el fauvismo y el cubismo, entre otros, rompieron formas establecidas y les abrieron nuevas posibilidades a las artes, sin que de ellas estuviera exento el debate. Arnold Schönberg, padre de la música dodecafónica, dijo en alguna oportunidad que el arte no tiene que ver con lo bello, sino con lo verdadero, con lo cual se anticipaba a las críticas que recibió su música basada en un sistema atonal.
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Botones de muestra
Los artistas colombianos no han sido ajenos a rupturas con lo establecido. Por ejemplo, en 1975, Miguel Ángel Rojas presentó una obra fotográfica que intervino con su propio semen, y que fue expuesta en el Salón Atenas del Museo de Arte Moderno de Bogotá, uno de los escenarios más libres que ha tenido el arte colombiano. "Esa fue una época de autocuestionamiento – dice Rojas –. Quería saber para qué estaba haciendo arte y me di cuenta de que era para conocerme, para mostrar que había un mundo escondido que me era importante".
Un cuarto de siglo después de esa experiencia, Rojas sigue convencido de que el arte verdadero es contestatario, y de que la propuesta estética debe responder a los intereses del artista, independientemente de la reacción del público. "Aquello fue arriesgado para la época, pero a mí nunca me ha interesado la manera como se recibe la obra –asegura–. El arte es una necesidad existencial".
Rosenberg Sandoval, quien ha usado vello púbico, vísceras de cadáveres humanos y, más recientemente, mugre de indigentes como materia prima de su obra, sostiene: "Nunca me ha interesado lo artístico, sino lo que tiene un verdadero sentido estético, histórico, filosófico y hasta cínico". Lo fundamental para Sandoval es que el material tenga algún sentido, y valor de uso.
El debate que plantean propuestas como las de Rojas y Sandoval en el caso colombiano, y la del alemán von Hagens, es si puede y debe hablarse de la ética de lo artístico o de si en el arte todo es válido. "Lo que hay que preguntarse es hasta dónde es posible usar cadáveres o autoflagelarse en nombre del arte", dice Eduardo Serrano, crítico y curador–. Entiendo que los artistas busquen conmover a toda costa, pero eso no significa que no haya reglas. Como todo en la vida, en estas disciplinas hay cosas que desde el punto de vista ético no funcionan".
Sin embargo, lo que para algunos es escandaloso, para otros no es más que un ritual que se repite de tanto en tanto. Pocas obras de carácter efectista asombran hoy a los curadores, conocedores de la historia del arte, que siguen dándole prioridad a lo estético y hacen caso omiso de propuestas no convencionales, si no están soportadas por un concepto. Nunca como ahora, el arte debe apoyarse en valores expresivos, para no convertirse en un producto de circo.
FUENTE: REVISTA CAMBIO
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