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Violeta, la Lucha y el Coraje al día
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Violeta, la Lucha y el Coraje al día
 
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VIOLETA Y EL TIEMPO

PAÑALES

A cierta altura de mi vida, cuando ya decir los versos aquellos rockeros de que “estoy parada en el medio de ella” va quedando lejos, por esas cuestiones que nunca una termina de entender, desde los sentimientos, algo bien distinto a decir que desde las propias ideas, fui candidata a concejal por la izquierda, en mi pueblo, en este pueblo, paraíso como les gusta llamarlo a algunos, que me hizo suya simplemente, como el amor, por amor, que elegí libremente, donde el sol es más fuerte y las palmeras brotan como referentes naturales, geográficos, vivenciales, eternas...
No significaba poca cosa eso de identificarme públicamente con el único partido de izquierda, sobre todo en este pueblo que describo, con esas relaciones tan paternalistas que ahogan y esclavizan.
Cuando los compañeros me lo propusieron sentí que de alguna manera estaban reconociendo algo en mí, casi mágico, que estaba tomando en mis manos la arcilla para el hombre nuevo y que podría borrar, simplemente con expresar en palabras mis sueños, todo el miedo y el hambre... esa era la idea...
Sonaban en mis oídos todos los versos de revolución, juntos, sonaban los acordes de La Internacional, cantaba Viglietti un canto chueco de victoria y mi padre en el otro oído me silbaba el Cielito protestón que acunó mi infancia...
Creí realmente que era el tiempo de la madrugada... creí...

La pobreza azotaba tanto... la esperanza... se moría...el dolor era tan intenso... no cabía para mí otra respuesta a aquella propuesta, yo podría de alguna manera dar vuelta la tortilla ... dejar de sembrar en el mar.. sembrar en esta tierra, en la misma que ya expresé, en la que elegí como propia, cambiando de río y de arena, de islas y de soles y de lunas y de jazmines...
Ayúdenme compañeros a seguir con este relato que lo único seguro es el título hasta ahora.
Ustedes que me propusieron este rol que yo acepté orgullosamente.
Porque soy una militante, evidentemente, lo soy... y como soy poeta, efectivamente, más allá de los números que ya ni recuerdo, quiero compartir con ustedes un relato que describe la situación... subjetivamente.
Como son las situaciones humanas, simplemente, humanas... de esas que nos conmueven, que nos desarman, que nos matan.... que nos crucifican...

Esa tarde previa a la veda electoral, el sol caía a pleno sobre mi cabeza, debía recorrer las casas de varias personas con hijos con discapacidad. Viejos compañeros de distintas luchas por los derechos de nuestros hijos, raramente ganadas, casi siempre, orgullosamente, nunca abandonadas...
Casi a la siesta salí con mi hija, mi morral cargado de balotas, sueños y sudor...
Los ranchos de lata, cachete y cartón se iban abriendo a mi paso, los estrechos caminos entre las alcantarillas de agua turbia, cantarina y contaminada, que tan vistosas son para los turistas y que por un momento se volvían frescas a la sombra de los altos árboles que bordeaban las pequeñas y maltrechas calles de ripio y arena...

Llegué hasta el humildísimo hogar de Slavinsky, obrero de un molino de la zona, despedido hace años...desocupado, con un hijo de trece años paralítico cerebral, espástico, profundo, una hija de quince, que ya abandonó los estudios en el 7mo grado y está empleada en casa de familia y la mujer, sorda casi total, encerrada en su casa, diagnosticada como fóbica social....
Una casa que he visitado tantas veces, que conozco, que me duele cada vez más, la casa de un desocupado, la casa de un hombre y una mujer que alguna vez soñaron otro futuro para esos dos hijos y para ellos mismos... la casa de un compañero...
La mugre, la suciedad acumulada, el piso de tierra sin regar ni barrer, el olor aquel de la ropa secada en el cuerpo, de la orina, de la mierda... el abandono...cuando ya no hay nada que perder ni nada que sostener, ni nada de toda nada-esperanza, nada-dignidad, nada-trabajo...nada.
La mujer estaba sola con su hijo paralítico arrastrándose por el piso de tierra. Sus uñas crecidas e inmensas arañaban la superficie y de alguna manera se iba alimentando de lo que sacaba... tierra, estaba comiendo tierra bajo los ojos ausentes de la madre.
La mirada del niño no dejaba de mostrarme, en el fondo, la luz de la razón, de alguna manera seguía estando presente, sin lenguaje, sin comunicación, sin rehabilitación, sin estimulación, sin atención, yo seguía viendo en la mirada del niño, la luz de la razón... de qué razón? La de la Vida, evidentemente.
Una luz que otros no verán nunca, nunca jamás.

La mujer se acercó hasta nosotras, mi hija prendida de mi cuello estaba pidiendo besos y se mezclaron babas y sonrisas. Los niños se besaban a la sombra del cerco de campanillas, reseco y silvestre.
Sentí que el corazón de mi pueblo estaba besando a mi hija en ese otro hijo.
Hablé con Juana, le expliqué de las elecciones, ella abría su boca, morada de tan morena, bajo el sol que caía a pique sobre su cabello negro, indio, viejo prematuramente.
Casi como a su hijo, a mi hija, un hilo de baba parecía que en cualquier momento caería de sus labios, de sus labios...
Le expliqué de la importancia de que las cosas cambiaran para ella, para su hombre, para sus hijos, para todos los hijos, le expliqué por milésima vez el derecho... hablé claro, alto, mirándola directamente a sus ojos y casi gesticulando cada palabra para que su sordera no nos impidiera la comunicación, hablé, hablé...
Yo le entregué las dos balotas y sosteniendo su mirada le digo:
-Juana, si necesita más, por favor que Slavinsky me avise y le mando con Facundo... ¿me entendió?-
-Sí- responde y dice a continuación pronunciando una sola palabra, casi gutural el sonido, que se estrelló contra mi frente y se estampó en el claro cielo y en el camino de ripio, y retumbó en los montes cercanos y se perdió entre pájaros que cantaban:
-PAÑALES...-
Miré el fondo de esos ojos...supe que no había ningún pensamiento en ellos más que ése: PAÑALES...

Pañales que podían ser comida, pasajes, medicación, prótesis, veinte pesos, un vale de cerveza, cualquier cosa de todas las que se repartieron entre ese día y los días siguientes y el mismo domingo de las elecciones.
Pañales... metáfora de todo aquello que le falta a la Juana....
Bajé mis ojos con vergüenza ajena, nada... había sembrado en el mar y en ese momento supe que de nada había servido....
-PAÑALES- repetí, -la semana que viene llegan...-
y me fui con mi hija en brazos hasta donde me esperaba mi compañero.
Pañales...
Algo se había quebrado del todo en mi interior.
Es muy duro todo esto.
Yo no sabía bien qué quería de esta elección, es obvio para quienes me conocen en realidad que yo no tenía nada que ver con los políticos y toda su maquinaria podrida. Dice mi amiga y compañera Lis que las necesidades tan grandes que hoy tiene la gente no son porque sí. Dice ella con sus palabras, que son tantas y tan claras que estas necesidades son generadas a propósito para tener a la gente agarrada y que tengan que votar eternamente a los mismos de siempre, que son a su vez los que luego les generan más miseria.
Dice mi compañero y hermano Eduardo que PAÑALES es la metáfora y a la vez lo concreto por lo cual se lucha también, eso de las necesidades básicas insatisfechas que son germen de lucha... Que si la Juana sólo puede decir Pañales, y no pasa a un nivel de abstracción política mayor, dependerá del trabajo hormiga que hagamos... Recuerda eso de pan y trabajo, y reitera: pues será pañal y trabajo, comida y trabajo, educación y trabajo, dice que no tiene que seguir enumerando... que de esto yo sé mucho...

Ahora no sé si sé mucho o poco, sin despreciar sus palabras, siento que las Juanas y los hijos y los maridos desocupados, humanos, se vuelven solamente instrumentos para que todo siga igual... para que nada cambie, solamente un pañal...
Y qué incapacidad ( o capacidad) la mía de creer...
Quizás porque busco siempre el modo de no hallar, anarquista...como me cantó aquélla noche de enero, hace ya un par de años, Viglietti, cuando en otra ocasión, fui Ana Clara... ahora suena su voz, uruguaya y dolida en mi cabeza y sus versos vuelven a describirme, mujer entera:

“Con un grafo,
Ella escribe en las paredes “resistir”;
Bufanda rojinegra por la espalda,
Minifalda,
Ana Clara...
...Borra infancias
Aprendiendo en bellas artes a crecer
Con pechos de rosales sin espinas,
Agua marina,
Ana Clara...
...Nunca encuentra
Porque busca siempre el modo de no hallar
Aunque sabe que lo nuevo se conquista
Anarquista
Ana Clara...
...Si el camino
Anaoscura, siempre claro quieres ver,
Nunca dejes,
Ana Clara , tu locura compañera,
Tu locura de palomas casi halcones,
Tus pasiones
Ana Clara...”

Mi interés no estaba en "ganar" por el mero hecho de ganar una elección.
Yo quería que una buena idea gane y que la gente esté mejor. Se resumía en eso todo mi sueño.
Y lo terrible es que, es verdad, cuando uno participa les es útil en toda esa maquinaria política, porque les serví para hacer ver en un juego de ficciones de que hay "muchas ideas para votar" y eso es mentira.
Mentiras y toda la hipocresía del mundo... besos y babas... ¿quién más se los dio Juana? ¿dónde se perdieron los míos? ¿cómo hacemos para reencontrar nuestros ojos? ¿cuándo las palabras serán comprensibles? ¿por qué ya no puedo creer?
Porque es una ficción la democracia así como está planteada acá: en Colón, en esta Provincia verde y en esta Nación llena de Constitución violada, chorreada de sangre, mutilada, confusamente presente y ausente... ausente como los ojos de la Juana, diciendo “PAÑALES...”


Anamá



¿Qué tienen de especial las madres de chicos especiales?

En primer lugar, tienen un poder de reacción que es envidiable. Todas han debido superar el trance del diagnóstico y sacar fuerzas de flaqueza.

Pensemos que, después de recibir la noticia, nada es igual, ya no es igual ni el sol ni la lluvia, ni son iguales los bebés ni las mamás...todo cambia, es el antes y el después del diagnóstico. Y, ante este cambio, el ancla es la madre, es la que reacciona, devuelve la serenidad, tranquiliza, es la que busca la información, es la que aprende, es la que enseña.

De golpe y porrazo su rol de madre se ha visto complicado y ella nunca había considerado siquiera esa posibilidad. Esa madre, dispuesta a ser simplemente madre, ha debido aprender a cumplir tantos roles... médico, enfermera, terapista, maestra, al tiempo que cumple su papel de madre. Debe soportar que se desdibuje su rol y que a veces prive lo que no es pertinente al proyecto primigenio; debe aceptar de buen grado la intromisión de una persona "de afuera" que le enseña cómo relacionarse con su hijo, que le indique todo... cómo darle de comer, cómo hablarle, cómo cantarle, y además debe acudir animosa al examen semanal en el que deberá rendir cuentas de lo hecho.

Las madres especiales ven a su hijo especial a través de un cristal de tinte distinto... lo aman, lo miman, lo protegen, lo cuidan y lo evalúan constantemente... quizás sólo lo miren como hijo cuando esté dormido y cuando no tengan que ver si saca la lengua o se sienta con las piernas abiertas o se le desvía un ojo...

Las madres especiales también se ven presionadas por el entorno, se sienten siempre en situación de examen; van por la calle escudriñando la expresión de los caminantes, van al jardín de infancia atemorizadas por un posible informe negativo de la maestra, van de compras pretendiendo que su hijo sea un dechado de cualidades porque sienten que eso les exige la sociedad; van, temerosas, ante las docentes y terapistas a preguntar el por qué de una metodología o de un objetivo cuando, si fuese un niño común, directamente cuestionarían el tema y lo llevarían ante una reunión de padres de clase... pero allí son las únicas, están solas y no se animan a plantear un tema como ése a los demás...
Los demás miran los logros de sus hijos con asombro y se lo hacen saber en forma de "elogio simpático" y ellas siguen sufriendo en soledad porque les marcan las diferencias y no las similitudes. No falta quien, ante el niño especial en una fiesta infantil, pregunten si toma Coca Cola y hay que tener mucha presencia de ánimo para responder "si hay, sí; si no, jugo por favor"... Y cuando la madre va a buscar al niño, no faltará la abuela que le comente "viera lo bien que jugó y cómo se reía con el payaso" y la madre hará de tripas corazón y asentirá con una sonrisa...

Las madres especiales tienen el privilegio de conocer momentos de profunda felicidad y satisfacción que las madres comunes, a veces, no saben apreciar... cada logro, cada progreso serán motivo de una alegría sin par y les darán fuerzas para seguir adelante, poniendo una canción en su corazón que perdurará en los momentos de desaliento.

Las madres especiales trabajan y reeducan a tiempo completo... no lo deberían hacer, pero es tal el ansia de ver bien a sus hijos, de alcanzar las metas deseadas, que no cejan y siempre incorporan lo pedagógico en las circunstancias más informales. Cuando discuten una alternativa de tratamiento y plantean que no están conformes con la misma, deberán soportar que algunos las miren con suficiencia como planeando que "aún no han asumido la realidad del diagnóstico" y ellas deberán retirarse, sumisas (salvo algunas que son las que "rompieron las cadenas"), sabiendo en su fuero íntimo que tienen razón por tener aspiraciones para sus hijos y debiendo conformarse con lo que "graciosamente les conceden".

Las madres especiales parecen ser madres de ciudadanos de segunda, y se espera que agradezcan cualquier concesión ya a veces, si no han recibido la ayuda oportuna, caminan por la vida como pidiendo disculpas por lo ocurrido.

Lo terrible es que las madres especiales tienen días de veinticuatro horas como el resto de las madres y en ese lapso deberán atender a todo lo estrictamente pertinente a su rol, también a lo terapéutico y, por si esto fuera poco, deberán sobreponerse a los obstáculos, superar los prejuicios, enseñar con el ejemplo y tener una paciencia de santas.

También las madres especiales deberán contar con una dosis de realismo superlativo que le permita aceptar que su hijo no ha alcanzado ni alcanzará esos objetivos que se habían fijado con anterioridad, aceptar que su hijo no tiene el rendimiento óptimo que le permitiría aspirar a esos resultados que aparecen en los libros y en los medios de comunicación; deberán reconocer esta situación, aceptarla y, sin bajar la guardia, plantearse nuevos objetivos más acordes con esa persona que es su hijo. Ellas sentirán, en ese momento, que están solas, que fracasan, que hicieron algo mal... y deberán superar solas ese momento de honestidad.

Por eso nos pareció que hoy debíamos reflexionar acerca del papel de las madres especiales, que muchas veces (afortunadamente) están acompañadas por padres especialísimos que se arremangan y se meten en el fragor de esta lucha, y rendirles el justo reconocimiento que su tarea merece.





 
   
VIOLETA Y EL OTOÑO

Otra vez estamos aquí,
en este otoño templado,
prendido de nosotras dos,
dormido entre nuestras manos,
ocultando la soledad
entre tus vocales y mi voz,
y queriendo comprender
y volviendo a preguntar
sabiendo, desde ya,
que las respuestas no llegarán...
Las hojas caen lentas
como tus dedos sobre el juguete
y así de lento es mi tiempo
como un eterno presente,
pero se escapa, se va
y ya alcanzarlo no puedo
casi como un barrilete,
que, en el viento otoñal
vos no vas a remontar...
El otoño se acerca
a pasos gigantescos
yo lo veo desde mi puerta,
no está tan lejos,
trae mil cosas nuevas,
una canción y dos silencios
que están conmigo
desde hace tiempo...
El otoño se acerca
a pasos gigantescos
y tu risa se llena
de un claro viento,
y estrenás carcajadas que vuelan
junto con las hojas secas
y remolinos de alegría, ocres y tierras,
giran y giran frente a mis ojos
y en mi corazón siento
que, a pesar del otoño
y sus hojas muertas,
tu amor florece, Violeta...

VIOLETA Y EL INVIERNO
 
     
   


Este invierno temprano,
esta ciudad tan fría
hacen que la esperanza que amo
se aleje más cada día...
Pero yo sigo andando,
arrogante, empujo tu silla,
y mientras voy caminando
por las calles heladas y vacías
en el silencio voy buscando
respuestas que me bendigan...
El invierno ha llegado
cubriéndolo todo de escarcha,
pero tu risa y tus manos
siempre son tibias y cálidas...
El invierno ha llegado
por las calles hacia el río,
me da tristezas nombrarlo:
Paraná, tan solo y tan frío...
Y nosotras como nunca,
derritiendo todo el hielo
transformando en segura
la Vida que hoy poseemos...
Construyendo, desde la pena,
un nuevo cantar
y del dolor, sacando fuerzas
para volver a empezar...

VIOLETA Y LA PRIMAVERA
 
     
   


La clara luz de la tarde
se refleja en tu sonrisa,
tu dulce mirada suave
tiernamente, me acaricia;
sentada sobre tu silla
juega, en tu cara, el viento,
te despeina, te da risa
y hasta te cuenta un cuento...
La primavera nos trae
un puñadito de sueños,
la clara luz de la tarde
los vuelve ciertos...
Este tiempo tan manso, tan tranquilo,
que nosotras compartimos cada día,
se vuelve cada vez, más tibio
cuando juntas, jugamos con la Vida...
Es nuestra compañera, nos ampara,
nos da, de a ratos, alegrías,
nos resulta, cada vez más amada
cuando más tiempo su luz nos ilumina...
Luchamos por ella con empeño,
no nos daremos por vencidas
y cada día será el nuestro
y cada primavera será más tibia...
Florcita pequeña,
luz de primavera,
gota de rocío
que, dulce, me esperas...
Te miro y te miro
dueña de mi pena,
mi niña que juega
rehabilitando primaveras...
Mi niña tan tierna,
mi bella, mi reina,
mi clara Violeta...

VIOLETA Y EL VERANO
 
     
   


Cuando llegue el verano, Violeta,
yo te prometo, a la sombra de los sauces
construiremos nuestro castillo de arena...
La playa ya no estará desierta,
mil ojos mirarán tus flacas piernas,
y quizás, se sorprendan de tu torpeza
para levantar la torre principal
y algún niño distrído
pregunte: ¿la ayudo a empujar?
Te ganarás, entonces, un amigo,
y tu boca se abrirá en esa risa
que yo conozco tan bien,
la de tu felicidad de compartir la Vida
con alguien que valora lo que ve...
Y se extenderán en carcajadas
por la orilla, los sauces y las islas,
el sueño justo de manos solidarias
y terminadas hipocresías.
Entonces, mi bella hija,
el verano será nuestro, ahora lo prometo
mirando, de frente al sol que nos ilumina,
que nos llena de color y de caricias.
Y todo el Uruguay y todas las correntadas,
y las palmeras cercanas,
y aún las más alejadas,
sabrán que hemos encontrado
al final, en el verde y codiciado verano
la ternura, la dulzura, el sudor de otra mano
extendida, sencillamente y en definitiva,
el lugar que buscábamos desde hacía tiempo,
el lugar en el mundo que nos pertenecía...
Sábado de Gloria

Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón, y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.
El Monte de las Ánimas
Gustavo Adolfo Bécquer
 
     
   


1987…mi hijo no caminaba aún por el piso de tierra de nuestra casilla en Villa Cartón… (En la Dictadura, como lo hicieron en otras dictaduras latinoamericanas, los poderosos cambiaban los nombres de las villas y de los barrios populares. Así fue que de una mañana para la otra, operación rastrillo de por medio, Villla Cartón pasó a llamarse Antártida Argentina… en la memoria, siempre , siempre sería Villa Cartón…por eso así la llamábamos los que nos íbamos incorporando a ella en los años por venir)
Facundo tenía seis meses y mi abuela estaba feliz de verlo sostener su cabeza, yo ignoraba por entonces los temores de la Porota y en cambio, ante los ojos asustados de Elda, que cebaba mate en el fondo de la casilla vecina, cavaba un pozo con una pala de punta.
Mientras cavaba me preguntaba cuál sería la profundidad justa para resguardar ese tesoro y a la vez… no perderlo entre el relleno sanitario sobre el cual vivíamos.
Eran unos diez libros, Fedor Dostoiewki sonaba muy ruso, muy raro, muy miedo…
Era Viernes Santo, imposible olvidarlo…parecía que realmente los espíritus malvados del sistema estaban sobrevolando nuevamente…
“la casa está en orden”…la frase llegó de la boca de un demagogo un par de días después, resurrección, Felices Pascuas…
Por las dudas, por no sé qué… por que sé yo… nunca desenterré aquellos libros y aún hoy me pregunto si Dostoiewki habrá sido desenterrado en Villa Cartón para ser leído, para ser vendido como papel y cartón o encender un calentador a falta de mejor combustible.
No lo sé… no sé donde quedó y ya no puedo saberlo.
Aquel Sábado de Gloria mi hijo aprendió a saludar con la manito, abría y cerraba sus puñitos percudidos y me asombraba su ternura sentadito en el corral usado antes por otros gurises más suertudos que él , de segunda.
Mis manos, tan percudidas como las suyas, buscaban en vano limpiarse en el chorro de agua del caño público para que desapareciera de una vez por todas el rastro de aquel entierro, no fuera que justo volvieran y nosotros dos, él y yo, solos e indefensos.
El miedo de que la cuestión avanzara y se volviera un posible golpe de estado , más la falta de información, más los allanamientos en casa vecinas por estar conectadas ilegalmente a la luz eléctrica que habían sucedido días antes, más las charlas de las mujeres de la villa, y la procesión religiosa por los pasillos ciegos y el Cirio Pascual encendido en la humilde capilla, daban por resultado un abrazo tan fuerte a mi bebé que representaba el futuro que aún hoy lo recuerdo con total nitidez, como si volviera a sumar miedos y a dar por resultado ternura…
El miedo al espanto se oponía, en la ceremonia de enterrar los libros y de besar las manitos percudidas de mi hijo, al Amor.

2004 ----- Original Message -----
From: Ana Maria Martinez Ciudad
To: Heraldo@Infovia.Com.Ar ; Eor176@Yahoo.Com ; Enrique ; eor_colon
Cc: hebe bonafini ; grupomadres@yahoo.com.ar ; Graciela ; Florencia florence ; extensionconcordia@yahoo.com.ar ; estudio juridico integrando
Sent: Friday, April 02, 2004 8:20 AM
Subject: DENUNCIO PÚBLICAMENTE QUE MI HIJO FACUNDO DE 17 AÑOS.doc

DENUNCIO PÚBLICAMENTE QUE MI HIJO FACUNDO DE 17 AÑOS
FUE APRESADO, OCULTADO Y APREMIADO FÍSICA Y PSICOLÓGICAMENTE EN LA JEFATURA DE POLICÍA LOCAL.-

El jueves 1ro del corriente, a las 07,15 hs, al salir de nuestro domicilio para dirigirse a la Escuela Normal (a 12 cuadras) donde estudia, mi hijo Facundo de 17 años fue perseguido por un agente de policía uniformado y motorizado que lo estaba aguardando en el cordón de la vereda de la terminal, para apresarlo, al cual habíamos visto pero no dado importancia.-
Dicho agente lo dejó alejarse algunos metros en su bicicleta iniciando luego la persecución sin conseguir su objetivo, al refugiarse Facundo en casa de unos amigos a seis cuadras de nuestro domicilio.
Allí lo apresaron y lo trasladaron en un patrullero a la Jefatura de Policía local.
A las 07,45 efectivos de la Jefatura, con orden judicial, realizan un allanamiento de nuestra vivienda ( en la calle Paysandú 435) en la cual colaboramos ampliamente, no hallando nada anormal, según consta en el acta correspondiente. Previo a retirarse, el Oficial a cargo del mismo nos solicita que cuando Facundo regrese de la escuela, lo acompañemos hasta Jefatura para tomarle declaración.
¿Por qué este proceder distractivo si él ya sabía que ya lo tenían en dicha Jefatura?
Luego de buscarlo en la escuela, donde no había concurrido y preguntar por él a algunos amigos, al no hallarlo, nos entrevistamos con un abogado de nuestra confianza quien solicitó información telefónica a la Jefatura de Policía respondiendo éstos que lo tenían allí alojado.
Allá fuimos con mi esposo. El Suboficial de guardia, luego de informarse, nos dijo que aguardáramos , que nos lo entregarían. Serían las 11 hs aproximadamente.
Al hacerlo, verificamos que tenía la boca sangrando del costado izquierdo, el pómulo hinchado y sordo del oído del mismo lado, diciéndonos que había sido fuertemente golpeado en una oficina de la Jefatura.
Estos hechos evidencian que aplicaron un método pre establecido que yo caracterizo como “ocultamiento de persona” agravado por tratarse de un menor de edad, para, durante un lapso de tiempo, someterlo a graves tratos para “obtener” información policial e involucrarlo en “hechos” cometidos o no.
¿En que situación vivimos si nuestros hijos pueden ser esperados a la salida de nuestros domicilios, perseguidos por vehículos motorizados, apresados, golpeados físicamente, torturados psicológicamente, amenazados de muerte, para distraer nuestra acciones en su búsqueda y de esa manera, permitirse tenerlos un lapso de tiempo “ocultos”.-
Luego de que fuera revisado por el médico de la policía y el médico forense, nos dirigimos a la Fiscalía donde realizamos la denuncia por apremios ilegales ante la titular.
Hago totalmente responsable de lo ocurrido Y DE LO QUE PUEDA OCURRIRLE A MI HIJO de acá en más al Jefe de Policía Departamental Colón, al Jefe de la Policía de la Provincia, al Ministro de Gobierno y al Señor Gobernador de la Provincia de Entre Ríos.-

Ana María Martínez
DNI 17.476.984
Colón, 2 de abril de 2004

Ese día, justamente ese día, (día de mierda si nos da un ataque de memoria y volvemos a las islas de la muerte), un hombre que dice buscar justicia, convocaba a una marcha inmensa por las calles de Ciudad de Buenos Aires.
Hablaba de castigar a los delincuentes, de más cárceles y más castigos a quienes para él estorban en esta sociedad… en fin, un hombre justo si los hay, , defensor de las buenas costumbres, hombre de B muy larga, de misa diaria, conocido del Papa, simpatizante de las dictaduras.
Y aquí, en mi pueblo, yo caminaba las calles buscando a quien se dignara escucharme, a una fiscal, a un abogado, a los compañeros, a ese doctor que podía certificar los golpes, a Chavela, desesperada como yo…
Y llegaba nuevamente la Semana Santa, las viejas salían a buscar hierba buena y marcela por los campos vecinos, los chicos a matar culebras tardías y cuanto bicho se cruzaba para asesinar al maldito…
Semana Santa con su respectivo Sábado de Gloria… como corresponde a la Liturgia Católica.
Y así fue, un puñado de madres decidimos hacer nuestra propia marcha del silencio por justicia y en contra de la impunidad.
Amenazas del intendente?.. Sí, claro, es que… fin de semana largo… los turistas vio…?
Anónimos en La Maravilla? Por supuesto….Quién levanta la marcha si quien está al micrófono la convoca?
Y llegó la hora…Plaza San Martín.
Decir como llovía ese Sábado de Gloria, cortinadas de agua no dejaban ver la vereda de enfrente y sin embargo doce madres en silencio nos desplazábamos caminando, chorreando agua, en nuestro propio vía crucis, condenadas por nuestro propio pueblo.
Malas madres, capaces de engendrar hijos violentos que bien se merecían la paliza policial, que bien hecho estaba, que algo habrán hecho, que por algo será….
Le pusimos palabras a aquel Sábado de Gloria
Dicen los artesanos que me vieron leerlas frente a la Jefatura Policial, que mi sombra y la de mi hija, pegada en su silla a mí, parecían dos ánimas extrañamente unidas…
Las palabras? fueron estas, con permiso, compañera:
“…Acompaño con todo mi corazón en esta marcha del Silencio a los vecinos, amigos y familiares que de alguna manera estamos sufriendo tanto crimen impune, tanta ausencia, tanto olvido legal, tanto dolor sin respuestas, tanta inseguridad y desprotección de parte de quienes deben velar por ella.-

Por qué siempre esa saña desmedida con los jóvenes? Por qué a los del poder les excita lastimarlos, injuriarlos, destruirlos... y exterminarlos?
Por que la tortura, las amenazas, el apremio ilegal, los anónimos, el sembrar miedo y todas las aberraciones de este sistema, apuntaron y apuntan a los jóvenes?

Por que molestan, molestan, eso es! Molestan cuando dicen no y denuncian porqué NO al acoso, molestan porque los jóvenes son dueños de la fuerza pura, de la rebeldía, son dueños de la utopía, que no es diferente a la esperanza de cambiar este mundo que se afea cada día gracias a la codicia insaciable del poder.

El poder es impotente, el poder es estéril, el poder no sabe ni puede amar... El poder no puede parir un hijo, el poder no engendra hijos porque engendra muerte.

En Colón hoy se marcha en silencio, y en silencio con todo el amor que puede caber en mis entrañas les grito BASTA!
No vuelvan a tocar a nuestros hijos, no vuelvan a tocar a nadie, no lo hagan, porque aquí estamos para defenderlos...con nuestro silencio y nuestra memoria...
Y a vos represor, a vos asesino, a vos lacayo útil y servil te lo digo: No toques a nuestros gurises, no los toques más ! No toques a nuestro pueblo!
Cuánto te pagan tus dueños por el apremio? Cuanto te pagan?

Gritando acompaño el silencio de esta marcha, el silencio que grita por todos nuestros hijos, lastimados de todos los modos posibles.
Este silencio es un grito de alerta, de nunca más, este silencio grita amor!...”

Mientras nos dispersaba la noche temprana y fría, la lluvia intensa e impiadosa, mientras nuestros carteles chorreaban tinta sobre nuestras manos como velas negras… a lo lejos… a menos de cien metros de la Jefatura, las campanas de la Iglesia de los Santos Justo y Pastor, resonaban indicando que ya era la hora… que ya era Sábado de Gloria…



2006. SI A LA VIDA NO A LAS PAPELERAS!!! La consigna clara nos mantenía movilizados desde el último diciembre. Todo el verano con la ruta cortada y haciendo una experiencia nueva en este pueblo.

Democracia participativa que le llaman…

Para aquella Semana Santa ya estábamos divididos claramente entre los que seguíamos con el corte hasta el Domingo de Pascua y los que, sobres de por medio y reuniones en la Casa Rosada y en la Cancillería, ya se habían alineado detrás de la política oficial.

Mi hijo había decidido, mal, irse de casa unos meses antes y yo poco y nada sabía de él.

Su ausencia me quebraba el pecho en dos, me mataba de a ratos.
Luego la realidad me hace respirar hondo y seguir.

Aquel Sábado de Gloria del 15 de Abril del 2006 había una marcha por el SI A LA VIDA , NO A LAS PAPELERAS…

Con el beneplácito del diputado, del intendente, del cura y de la gendarmería, la marcha se realizaba desde la Plaza San Martín hasta la Iglesia de los Santos Justo y Pastor donde el cura, una vez más con “La Nación” bajo un brazo y la Biblia en el otro…nos bajaría su línea de levantar el corte.

Todo era inminente, todo se caía…

Yo caminaba por la calle empedrada de mi pueblo con una compañera, Mimí y con Violeta, como siempre, en su silla nueva.

A mi alrededor cientos de personas vestidas de negro levaban velas encendidas y pedían, mezclando religiosidad y paternalismo político mientras desgranaban un rosario, negro, miedoso, temeroso...

¿Qué pedían? Ahora que lo pienso no lo sé.

Cuando, como ganado arriado fielmente por quien sabe conducirlo al matadero, la multitud, aquella que dos años atrás estaba ausente, señalando desde sus ventanas a las doce madres que pedíamos justicia y la misma multitud que dieciocho años atrás estaba convencida de que la casa estaría en orden para siempre, esa misma multitud, se encaminaba hacia el pórtico de la iglesia del pueblo.

Nosotras veníamos un poco detrás, casi al final y mientras lloraba sin saber bien por qué me puse a pensar en mi hijo, en su ausencia, en mi vacío, en lo imposible que en ese momento veía la perspectiva de un regreso, de un abrazo, de volver a sentarnos los cuatro en la mesa redonda de mi casa y de hablar, de comunicarnos, de amarnos , así como somos, los cuatros, tan distintos y a la vez, los únicos en el mundo, los más importantes en el mundo.

Y yo caminaba, un aire fresco me hacía levantar la cabeza y disfrutarlo, por instinto.

¿Qué hacía yo en medio de una de las marchas más grandes para pedir por el Medio Ambiente que se realizarían en mi Colón?

¿Qué hacía yo sabiendo que esa marcha justamente era una de las últimas patadas para desmovilizarnos y desaparecernos como movimiento social nuevo, recién nacido?

¿Qué hacía yo, mitad Jane Fonda y mitad piquetera, mientras mi hijo estaba desamparado en algún otro lugar de esta Patria que me duele en el alma?


Días después, el 18 de abril, un atentado impune y brutal terminaría con la poca resistencia que me quedaba y un mensaje de texto de mi hijo, desde donde estaba, con hambre o con frío, solo y sin sueños, me inyectó fuerzas para seguir y aquí estoy… siguiendo…

Hijo: ¿Habrá más Sábados de Glorias de nuestras vidas? Habrá más marcas, estigmas, vía crucis y ensordecedores ruegos hacia dioses impotentes? Habrá?

Seguramente, ellos aún tienen el poder pero nosotros, somos el Amor…

Y vuelve el recuerdo del abrazo al bebé de seis meses… un abrazo tan fuerte a ese hijo que tantos años después sigue representando el futuro , como si volviera a sumar miedos eternos y a dar por resultado ternura…


Anamá



DOÑA RAMONA
 


"Qué hermoso
-digo- qué misterio
vivir tan castigado
y cantar
y reir
Qué asunto raro..."

Juan Gelman

No sé porqué hoy desperté escuchando la voz tuya, Doña Ramona cuando repetías sin cesar que:

-La sopa de pata era lo que yo necesitaba para reponerme de aquella pulmonía que me había dejado hecha un estropajo-

Venías cada mediodía con el plato humeante por el pasillo de la villa y lo dejabas sobre la mesa , sólo algunas veces lo variabas por un guiso de lentejas y arroz que según tu decir, Doña Ramona, cumplía casi la misma función que la sopa de pata para reponer enfermos.

No era sencilla tu Vida y sin embargo, la solidaridad te caracterizaba en un ir y venir por las casuchas de la villa, cada día, cada noche, hasta cada madrugada.

Porque fue de madrugada, y eso lo recuerdo bien, mi hijo quedó durmiendo solo y yo crucé el oscuro pasillo hasta la casa de enfrente donde vivía mi amiga Mirta, quien ya estaba con contracciones de parto cada vez más aceleradas; había llovido, el marido con la ambulancia no llegaban y aún si llegaban ¿Cómo entrarían en aquel lodazal?

Existían dos posibilidades: la transportábamos con el viejo carro tirado por el Pancho, tan viejo carro como caballo o asistíamos el parto allí mismo.

Te mandé buscar, Doña Ramona, yo sola no me animaba; pediste alcohol, no había; pediste perfume, había una loción de lavanda, fuerte y penetrante que quedó en mi cabeza dando vueltas toda la mañana; pediste algún hilo, tijera, sólo conseguimos hilo negro de coser al que le dimos varias vueltas para engrosarlo y mi vieja tijera de recortar diarios y revistas, apenas algún trapo.

Al fin nació, el llanto se unió al último grito de la madre, aliviada y feliz; envolví las sábanas ensangrentadas y las coloqué en un balde con agua, mientras tanto, vos, Doña Ramona, terminabas de atender al recién venido y su madre, bien dispuesta, se acomodaba un precario apósito y se aprestaba a dar vuelta el colchón y extender sábanas limpias en la tan querida cama matrimonial.

Llegó el padre, no creía al ver a su mujer levantada organizando la casa que ya le hubiera nacido el hijo; la ambulancia esperaba a varias cuadras, no podía entrar por el barro; allá se fue la feliz y casi infantil pareja con el niño entre los brazos, en patas, al hospital...

Serían para entonces, las cinco de la mañana, temprano para los quehaceres, tarde para acostarse; mi hijo seguía durmiendo tranquilo, inocente del milagro de aquel amanecer; nos sentamos las dos a tomar mate y a esperar que terminara de clarear y entonces empezaste a contarme tu historia...

Vos también, Doña Ramona, soñaste un hijo varón como ellos y tu marido junto con vos.

A vos también, Doña Ramona; un montón de años atrás, casi veinte, te nació allá en tu pobre casa mitad ladrillos, mitad chapas, un hermoso bebé que colmara todas tus ilusiones...

Vos decís, Doña Ramona, que fue un mal que te hicieron en el embarazo; la doctora que a veces visita la villa me ha explicado que se trato de una infección en las meninges y que por eso quedó así: medio retardado, sin poder caminar, con su largo hilo de baba y tierra pendiente de sus labios, casi siempre sucio, aunque te esmerabas en esos trapos viejos que llamabas pañales y los blanqueabas al sol y los sobabas con jabón blanco tantas veces y los enjuagabas tantas otras; y que no hablaba, apenas emitía unos gritos que vos, Doña Ramona, sabías traducir solamente:

-Quiere mate, pero la verdad que quiere que estemos junto con él, él entiende, nadie me cree...-decías, Doña Ramona, y hasta yo dudaba, entonces, de que fuera cierto.

La Vida se encargaría de demostrarme lo contrario y cuánto te entendería entonces, Doña Ramona.

Salías a trabajar, lo dejabas atado sobre el patio de tierra del fondo, bajo la parra, con la radio prendida y el ojo desatento de la vecina que se olvidaba de vos, seguramente, Doña Ramona, ni bien dabas vuelta en la esquina.

Soñabas cemento para ese patio, para poder baldearlo cuando fuera necesario y mantenerlo fresco y libre de las moscas que lo invadían todo en la villa y soñabas un buen cerco con plantas para alegrarlo, soñabas un alero para las siestas insoportables del verano, pero apenas alcanzaba para aquella sopa de pata y aquellos guisos de arroz y lentejas que, además, compartías conmigo...

Su nombre era, es Sabino y no dejo de compararlo con mi propia hija, ni más ni menos, humanos los dos,con los ojos luminosos al vernos llegar, esperando caricias, palabras, arrullos, nanas y a la vez, un lugar en el mundo que apenas, podías, podemos darles...

Te quedaste sola con él cuando lo sacaste del hospital, al año de Vida más o menos; me seguías contando, mientras ya clareaba y el mate se iba lavando lentamente, aunque lo quisiéramos demorar lo más posible.

Fue un mal, repetías, Doña Ramona; un mal cuando estaba acá, en mi panza - me decías , Doña Ramona, y yo no podía contradecirte, no me atrevía, no tenía autoridad para hacerlo; que te lo explicara la doctora,ésa que a veces llega hasta el pobre caserío que linda con el volcadero de basura donde vivimos y que ella te diga, Doña Ramona, de bacterias, de infecciones, de lesiones neurológicas irreversibles, de pedazos de cerebro inservibles.

Yo asentía y te escuchaba...

No sé porqué hoy me desperté recordando tu vos, Doña Ramona, y recordando al Sabino con su hilo de baba y sus ojos luminosos cuando, vos, Doña Ramona, llegabas a la casa de ladrillo y chapa, casi a la tardecita y preparabas el mate, que él repetía con un grito que traducía su impaciencia por estar con vos y compartir ese espacio de tiempo que les pertenecía.

Tuve suerte, no comparemos, pero tuve suerte.

Y si no fue suerte, entonces, no queda otra razón que extenderte ahora yo , mi mano solidaria como si humeara en ella un plato de sopa de pata, y pudiera decirte, Doña Ramona, tu hijo vale tanto como todos los hijos del mundo, luchemos juntas, en la lucha, encontraremos fuerza, coraje, esperanza y esos ojos luminosos que siempre nos estarán siguiendo por la casa, atentos a cada movimiento, serán testigos de nuestro dolor y de nuestra fuerza que nace solamente, simplemente de nuestro vientre, como madres, que engendramos junto a cada hijo un sueño, que peleamos como lobas para cumplirlo, que nada ni nadie nos detiene al pujar una idea como aquella niña mujer que parió en la madrugada y sólo vos y yo fuimos testigos...

 
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