EVANGÉLICOS Y CATÓLICOS JUNTOS:
                                     MISIÓN CRISTIANA EN EL TERCER  MILENIO

                                                                                                                                         - Fuente: http://www.anglicanos.net/juntos1.htm -


 INTRODUCCIÓN

Esta es una declaración conjunta de evangélicos protestantes y católicos romanos con convicciones a las que llegamos en América del Norte a través de la oración, el estudio y la discusión sobre la fe y la misión cristianas. No hablamos oficialmente de parte de nuestras comunidades sino desde y hacia ellas, creyendo que lo que hemos descubierto y resuelto es pertinente también a evangélicos y católicos en otras partes del mundo.

Si conforme a la misericordia y a los caminos misteriosos de Dios, El se demora en su Segunda Venida, entraremos en un Tercer Milenio que podría ser, según Juan Pablo II, "una primavera de misiones mundiales"  (Redemptoris Missio).

Somos conscientes de que, así como Cristo es uno, la misión cristiana es una. Esta da lugar a la legítima diversidad, que no debe confundirse con las divisiones entre cristianos, que oscurecen al solo Cristo y obstaculizan a la misión, por lo que, como evangélicos y católicos, confesamos nuestros pecados contra la unidad que Cristo tiene prevista para todos sus discípulos (Juan 17:21).

Reconocemos que, a pesar de atender en esta declaración específicamente a problemas y oportunidades en el relacionamiento entre católicos y evangélicos, todos los cristianos están incluidos en la oración "Que sean todos unos", incluyendo notablemente los ortodoxos del este y protestantes no evangélicos. Hay aproximadamente 1,7 billones de cristianos en el mundo, alrededor de un billón son católicos y más de 300 millones protestantes evangélicos.  Oramos y creemos que la expansión misionera más grande de la historia cristiana,  de este siglo, ha preparado el camino para un esfuerzo misionero aun mayor en el primer siglo del 3er Milenio.

En muchas partes del mundo - en forma alarmante en América Latina, también en Europa Oriental y a menudo en nuestro propio país - la relación entre las dos comunidades que son más activas en evangelismo y crecen más rápidamente se ve marcada más por el conflicto que por la cooperación,  por la animosidad que por el amor,  por la desconfianza que por la confianza y por la propaganda e ignorancia que por el respeto a la verdad.

Al hablar de la relación entre aquellos que constituyen el filo cortante de la expansión misionera (católicos y evangélicos), esperamos ser de ayuda también a ortodoxos, evangélicos y católicos de Europa Oriental, pues vemos que en muchos lugares del mundo, el escándalo del conflicto entre los cristianos oscurece el escándalo de la cruz.

Como en todas las épocas de la historia, la misión cristiana avanza contra una oposición formidable: en algunas culturas resurgen espiritualidades explícitamente hostiles a los reclamos de Cristo;  Islam preocupa a quienes velan por la libertad religiosa y la misión cristiana, por lo que debe animarse el diálogo respetuosa entre musulmanes y cristianos, con la esperanza de que como ha dicho Juan Pablo II "abran la puerta a Cristo". Por otra parte la secularización en las sociedades así llamadas desarrolladas, desciende al punto de negar hasta el mismo concepto de la verdad.

Entramos al S. XXI sin ilusiones y reconociendo, con Pablo y los primitivos cristianos,  que no estamos luchando contra carne y sangre (Efesios 6:12),  no nos atrevemos, por conflictos innecesarios y carencia de amor entre nosotros,  apoyar a los enemigos de la causa de Cristo.  Siendo que el amor de Cristo nos constriñe,  estamos resueltos a evitar tal conflicto entre nuestras comunidades y, donde existe, a procurar reducirlo y eliminarlo. Además estamos llamados y por lo tanto resueltos a explorar modelos de trabajar y testificar juntos para avanzar la misión de Cristo.  No nos anima un simple deseo de armonía. Rechazamos cualquier apariencia de armonía que haya sido adquirido al precio de la verdad. Nuestra resolución se hace imperiosa para obedecer a la verdad de Dios revelada en las Sagradas Escrituras y confiar en la promesa de la guía del Espíritu Santo hasta que nuestro Señor vuelva en la gloria.  

 
I.  JUNTOS AFIRMAMOS

 (Hechos 4:12).  Los cristianos son un pueblo que proclama hoy lo que un día será reconocido por todos: que Jesucristo es el Señor (Fil. 2:11).

Juntos afirmamos que somos justificados por gracia solamente por medio de la fe, gracias a Cristo.  La fe viva es activa en el amor que es nada menos que el amor de Cristo, pues con Pablo decimos que hemos sido crucificados con Cristo, que no ya yo vivo, sino Cristo vive en mi;  y la vida que vivo ahora en la carne la vivo por fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó por mí (Gálatas 2:20)

Todos los que aceptan a Cristo como Señor y Salvador son hermanos y hermanas en Cristo - evangélicos y católicos lo son - no nos escogimos como hermanos así como no escogimos a Cristo sino que él nos escogió para ser suyos juntos (Juan 15). Por imperfecta que sea nuestra comunión, por profundos nuestros desacuerdos, reconocemos que existe una sola iglesia de Cristo, porque hay un solo Cristo y la iglesia es su cuerpo, y por difícil el camino,  que somos llamados a una realización más plena de nuestra unidad. La única unidad que queremos expresar es la unidad en la verdad, que es (Efesios 4:4).

Juntos afirmamos que los cristianos deben enseñar y vivir en obediencia a las Escrituras, divinamente inspiradas,  Palabra infalible de Dios. Juntos afirmamos también que Cristo ha prometido el don del Espíritu Santo a su iglesia para llevarnos a toda verdad,  para discernir y declarar la enseñanza de las Escrituras (Juan 16:13).  Reconocemos que el Espíritu Santo así ha hecho en el pasado, por ejemplo en la formación del cánon de las Escrituras, en las respuestas de las grandes controversias cristológicas y trinitarias de los primeros siglos, en la formulación del Credo de los Apóstoles,  que juntos afirmamos como un enunciado correcto de verdad escritural:

Creo en Dios, el Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.  El fue concebido por el poder del Espíritu Santo y nació de la virgen María.  Sufrió bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y enterrado.  Descendió al infierno y está sentado a la diestra del Padre: vendrá otra vez para juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo y la vida eterna.  Amén.

 
II.  JUNTOS ESPERAMOS

Juntos esperamos que todos llegarán a la fe en Jesucristo como Señor y Salvador, esperanza que demanda el celo misionero de la iglesia (Romanos 10: 14,15).  La iglesia es por naturaleza misión y nuestra esperanza misionera es inspirada en el deseo revelado de Dios "que todos sean salvos y vengan al  conocimiento de la verdad" (1ª Tim. 2:4).

La iglesia vive por y para la Gran Comisión (Mateo 28:19)

La unidad y el amor entre los cristianos es parte integral de nuestro testimonio misionero al Señor a quien servimos (Juan 13:34,35).  Si no nos amamos los unos a los otros, desobedecemos su mandamiento y contradecimos el Evangelio que declaramos.

Como evangélicos y católicos oramos que nuestra unidad en el amor de Cristo será cada vez más evidente como señal al mundo del poder reconciliador de Dios.  No sabemos cuál será el esquema ni el camino  para llegar a esa unidad visible anhelada, pues la separación comunal  y eclesial es profunda y antigua, pero sabemos que los patrones de polémica, desconfianza y conflicto no son el camino.  Cristo es el camino,  la verdad y la vida (Juan 14:6) y a medida que nos acercamos a él, siguiendo su camino, obedeciendo esa verdad, viviendo esa vida, somos acercados los unos a los otros.

Podemos, debemos y estamos resueltos a comenzar ahora a trabajar para remediar lo que está mal en esa relación, lo cual requerirá confianza y comprensión, y ésta a la vez una atención asidua a la verdad.  No negamos sino que reconocemos claramente que hay entre nosotros desacuerdo, pero los malentendidos, las representaciones erróneas y las caricaturas unos de otros- que no son desacuerdos sino distorsiones - deben ser removidas del camino para poder analizar las diferencias de una manera consistente con lo que afirmamos y esperamos juntos en base a la Palabra de Dios.  

 
III JUNTOS BUSCAMOS

Juntos buscamos un entendimiento más pleno y claro de la revelación de Dios en Cristo y su voluntad para sus discípulos.  No comprendemos completamente la realidad trascendente de Dios y sus caminos, debido a las limitaciones del razonamiento y lenguaje humanos, limitaciones que se ven multiplicadas por el pecado. Sólo en los últimos días le veremos cara a cara y conoceremos como somos conocidos (1ª Cor 13). En la búsqueda nos necesitamos los unos a los otros ya que somos informados y limitados por las historias de nuestras comunidades y por nuestras propias experiencias.   Debemos desafiarnos mutuamente, siempre hablando la verdad en amor, para edificar el Cuerpo (Efesios 4).

No presumimos poder resolver las profundas y largas diferencias entre evangélicos y católicos, que tal vez no sean resueltas hasta  el final,   pero no se nos permite resignarnos a diferencias que nos dividen ya que no toda diferencia es necesariamente un desacuerdo, ni necesariamente los desacuerdos tienen que dividirnos. Felicitamos y animamos el diálogo teológico formal de los últimos años entre católicos y evangélicos.

Entre los puntos de diferencia en doctrina, culto, práctica y piedad que frecuentemente se cree que nos dividen se encuentran:

* La iglesia como parte integral del evangelio o la iglesia como consecuencia comunal del evangelio.
* La iglesia como comunión visible o invisible de los verdaderos creyentes.
* La autoridad única de las Escrituras (sola scriptura) o las Escrituras como interpretadas autoritativamente en la iglesia.
* La libertad de alma del cristiano individual o el Magisterium (autoridad para enseñar) de la comunidad.
* La iglesia como congregación local o como comunión universal.>
* El ministerio ordenado en sucesión apostólica o el sacerdocio de todos los creyentes.
* Los sacramentos y ordenanzas como símbolos de gracia o medios de gracia.
* La Cena del Señor como sacrificio eucarístico o como comida conmemorativa.
* Recordar a María y los santos o prestar devoción a María y los santos.
* El bautismo como sacramento de regeneración o testimonio a la regeneración.

Esta lista de diferencias está incompleta y en algunos casos la disparidad no justifica el  vocablo "o".  Es más, hay diferencias significativas entre protestantes evangélicos, por ejemplo bautistas, pentecostales y calvinistas en cuanto a estos temas.  Pero las diferencias mencionadas arriba reflejan disputas profundas y antiguas y en algunos casos desacuerdos auténticos del pasado que son barreras actuales a la plena comunión entre cristianos.

Los evangélicos sostienen - en cuanto a estos temas - que la iglesia católica ha ido más allá de las Escrituras, añadiendo enseñanzas y prácticas que quitan de o comprometen el evangelio de gracia salvadora en Cristo.  Los católicos, a su vez, dicen que tales enseñanzas y prácticas están fundadas en las Escrituras y pertenecen a la plenitud de la revelación divina,  y que su rechazo resultaría en un entendimiento truncado y reducido de la realidad cristiana.

Juntos afirmamos que la plena fe, vida y misión cristianas  hallan  su fuente, centro y fin en el Señor crucificado y resucitado, por lo que podemos y de hecho nos comprometemos a seguir buscando  juntos - a través del estudio, la discusión, la oración -  un mejor  entendimiento de las convicciones los unos de los otros y de la verdad de Dios en Cristo. En nuestra búsqueda hemos encontrado lo que podemos afirmar y esperar juntos, y por lo tanto cómo poder contender juntos.

 
IV.  JUNTOS CONTENDEMOS

Unidos por Cristo y su causa, también lo estamos contra todo aquello que se opone a Cristo y su causa.  Nos animan no  ilusiones de un triunfo fácil sino la fe en su triunfo seguro.  Nuestro Señor lloró por Jerusalén y hoy llora por un mundo que no conoce la hora de su visitación.  La furia de los principados y poderes podrá crecer a medida que se acerque el final, pero el desenlace de la contienda está asegurado.

La causa de Cristo es la causa y misión de la iglesia, que es, ante nada, proclamar las buenas nuevas que "Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados; y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación" (2ª Corintios 5:19).   Proclamar el evangelio y sostener a la comunidad de fe, culto y discipulado reunido por este evangelio es la responsabilidad primordial de la iglesia.

Los cristianos individualmente y la iglesia como cuerpo también tienen una responsabilidad para  el ordenamiento correcto de la sociedad civil. Emprendemos la tarea sobriamente, resistiendo la tentación utópica de pensar que tenemos nosotros el poder para edificar el Reino de Dios sobre la tierra, a la vez que con esperanza y, sabiendo que Dios nos ha llamado a amar a nuestro prójimo,  buscamos asegurar para todos una mayor medida de justicia y derecho, confiados de que él coronará nuestros esfuerzos cuando ordene todas las cosas correctamente en su Reino.

En los últimos años ha habido una creciente convergencia y cooperación entre evangélicos y católicos en el ejercicio de estas responsabilidades públicas.  Damos gracias a Dios por descubrirnos mutuamente contendiendo por una causa común y mucho más, por descubrirnos como hermanos y hermanas en Cristo.   Nos comprometemos los unos a los otros a trabajar para profundizar, edificar y ampliar el modelo de convergencia y cooperación.

Juntos contendemos por la verdad de que la política, la ley y la cultura deben asegurarse por la verdad moral.  Con los fundadores del experimento norteamericano declaramos "sostener esas verdades" y con ellos, entendemos que el orden constitucional no se compone meramente de reglas y procedimientos sino que es en esencia una experiencia moral.

... Proponer que asegurar la virtud civil es el propósito de la religión es blasfemia.  

Negar que asegurar la virtud civil es un beneficio de la religión es ceguera.

Más específicamente, contendemos juntos por la libertad religiosa... la libertad religiosa siendo la primera, fuente y escudo de toda libertad humana.  En su relación hacia Dios, las personas tienen una dignidad y responsabilidad que trasciende y por ende limita, la autoridad del estado y de cualquier otra institución meramente humana.

La libertad religiosa en sí está arraigada en y es producto de la fe religiosa...  Hoy nos gozamos que la iglesia católicorromana - según lo afirmó el Segundo Concilio Vaticano y ha sido ejemplificado con valor en el ministerio de Juan Pablo II - está fuertemente comprometida con la libertad religiosa y, en consecuencia, con la defensa de todos los derechos humanos.  Donde evangélicos y católicos están en conflicto severo y a veces violento, como en partes de América Latina, animamos a los cristianos a que abracen y obren según el imperativo de la libertad religiosa. Esta no será respetada por el estado si los cristianos no la respetan o peor, si los cristianos tratan de presionar al estado para que reprima la libertad religiosa.

En este país, también, la libertad religiosa no puede tomarse por sentado sino que requiere constante vigilancia.  Afirmamos firmemente la separación de la iglesia y el estado, y con la misma firmeza protestamos contra la distorsión de aquel principio que la interpreta como la separación de la religión de la vida publica... Juntos contendemos por una renovada visión del lugar de la religión en el experimento norteamericano.

La religión y la convicción moral fundada en la religión no es una fuerza extraña ni amenazante en nuestra vida pública...  El argumento... que la religión debería excluirse de la plaza pública debe ser reconocida como un asalto a uno de los principios más elementales de gobierno democrático.  Ese argumento debe ser expuesto y combatido por líderes, religiosos y otros que se preocupan por la integridad de nuestro orden constitucional.

El modelo de convergencia y cooperación entre evangélicos y católicos es, en gran parte, el resultado de un esfuerzo común para proteger la vida humana, especialmente las vidas de los más vulnerables entre nosotros... La declaración que el niño no nacido es una vida humana... no es una aseveración religiosa sino un simple enunciado biológico.  Que el niño no nacido tiene el derecho de protección, inclusive de la ley, es una declaración moral apoyada por el razonamiento moral y la verdad bíblica.

Por lo tanto, persistiremos en contender para lograr la protección legal de los no nacidos... para lograr las leyes más protectoras y políticas públicas... para reducir dramáticamente la incidencia del aborto... Así como los no nacidos deben ser protegidos, así también  deben ser protegidas las mujeres de la explotación por la industria del aborto y por padres que se niegan a aceptar su responsabilidad por sus mujeres y niños...

El aborto es punta de lanza de una cultura de muerte.  Los que no pueden valerse por sí solos, los ancianos, los minusválidos y otros que no pueden aseverar sus derechos,   están siendo tratados en medida creciente como no teniendo derechos... Haremos todo lo que está en nuestro poder para resistir propuestas para la eutanasia, eugenesia y control de la población, que explotan a los vulnerables, corrompen la integridad de la medicina, depravan nuestra cultura y traicionan las verdades morales de nuestro orden constitucional.

En la educación pública, contendemos juntos por escuelas que transmitan a generaciones venideras nuestra herencia cultural, que es inseparable de la influencia formativa de la religión, especialmente del judaísmo y el cristianismo...

Juntos contendemos por una política de elección de los padres en materia de educación... que es un tema moral de simple justicia.  Afirmamos aquellas políticas que permiten a los padres  ejercer su derecho y responsabilidad de escoger la clase de educación escolar que consideren mejor para sus hijos. Contendemos juntos contra el uso extensivo de la pornografía en nuestra sociedad, junto con la celebración de la violencia, la depravación sexual y el fanatismo antirreligioso en los medios de entretenimiento.  Para resistir tal degradación moral y cultural, reconocemos la legitimidad de los boicots y otras medidas e instamos la puesta en práctica de leyes existentes contra la obscenidad... Un pueblo incapaz de defender lo decente invita el gobierno del vicio, tanto a nivel público como  personal.

Contendemos por un espíritu renovado de aceptación, comprensión y cooperación, más allá de los límites religiosos, de razas, etnicidad, sexo y clases.  Todos hemos sido creados a la imagen de Dios y debemos rendir cuentas a él...

Contendemos por una sociedad libre con una economía de mercado vibrante... El cristianismo no es una ideología y por lo tanto no prescribe precisamente cómo ese equilibrio deberá lograrse en cada circunstancia... La libertad económica, aunque puede ser gravemente abusada, posibilita patrones de creatividad, cooperación y responsabilidad que contribuyen al bien común.

Contendemos juntos por una apreciación renovada de la cultura occidental... Estamos muy conscientes y agradecidos por el rol del cristianismo en la formación y sostén de la cultura occidental de la que formamos parte...  Sola entre las culturas mundiales, el Oeste ha cultivado una actitud de autocrítica y de disposición de aprender de otras culturas... Damos gracias por las contribuciones de otras culturas y estamos siempre alertas a las limitaciones de la nuestra; reconocemos la cultura de Occidente como nuestro legado y la abrazamos como nuestra, para transmitirla como un regalo a futuras generaciones.

Contendemos por políticas públicas que demuestren un respeto renovado por el rol irremplazable de estructuras mediadores en la sociedad: notablemente la familia, iglesias y un sinfín de asociaciones voluntarias.  El estado no es la sociedad y muchas de las funciones más importantes de la sociedad se enfrentan independientemente del estado...La comunidad más básica es la de la familia. Las leyes y  las políticas sociales deben diseñarse con especial cuidado para guardar la estabilidad y florecimiento de la familia...

Finalmente, contendemos por una comprensión realista y responsable de la contribución  de Norte América en los asuntos mundiales... La política extranjera de los EE.UU. debe reflejar una preocupación por la defensa de la democracia y, donde sea prudente y posible, la protección y avance de los derechos humanos, incluyendo la libertad religiosa.

Hemos citado una lista parcial de responsabilidades públicas donde creemos que hay un modelo de convergencia y cooperación entre evangélicos y católicos... Mientras que nuestro sentido de responsabilidad civil es informado y motivado por la fe cristiana, nuestra intención es elevar el nivel de diálogo político y moral de manera que no excluya a nadie e invite la participación de todos los hombres de buena voluntad...

Somos conscientes de que,  en términos generales, el experimento norteamericano ha significado bendición al mundo y a nosotros como cristianos evangélicos y católicos, y  estamos resueltos a asumir nuestra plena parte de responsabilidad por esta "una nación bajo Dios"...

 
V.  JUNTOS TESTIFICAMOS

El tema del testimonio cristiano inevitablemente nos lleva a puntos de seria tensión entre evangélicos y católicos... El  logro de la buena voluntad y cooperación no debe ser al precio de la urgencia y claridad del testimonio cristiano.  Al mismo tiempo, nuestro Señor ha señalado que la evidencia del amor entre sus discípulos es parte integral de ese testimonio cristiano.

Hoy, en este país como en otros, evangélicos y católicos procuran ganar "convertidos" los unos de los rebaños de los otros.  En ciertos sentidos esto es perfectamente comprensible y tal vez inevitable.  Sin embargo, a menudo tales esfuerzos socavan la misión cristiana a la que nos compromete la Palabra de Dios y a la que nos hemos comprometido nuevamente en esta declaración.  Católicos y evangélicos deben entender claramente que el testimonio cristiano necesariamente apunta a la conversión. La conversión auténtica es - de comienzo a fin y a lo largo de todo el camino - conversión a Dios en Cristo por el poder del Espíritu.  ...Abrazamos como nuestra la definición dada en la Conversación Bautista - Católicorromana Internacional de 1988:

La conversión es volverse de todo lo que se opone a Dios, es contrario a la enseñanza de Cristo, y volverse a Dios, a Cristo, al Hijo, mediante la obra del Espíritu Santo. Involucra un volverse del egocentrismo del pecado a la fe en Cristo como Señor y Salvador.  La conversión es pasar de un modo de vida a otro nuevo, caracterizado por la novedad de Cristo.  Es un proceso continuo,  de manera que toda la vida de un cristiano debe ser un pasaje de la muerte a la vida, del error a la verdad, del pecado a la gracia. Nuestra vida en Cristo demanda un crecimiento continuo en la gracia de Dios.  La conversión es personal pero no privada.  Los individuos responden en fe al llamado de Dios pero la fe viene por oír la proclamación de la palabra de Dios y debe expresarse en la vida juntos en Cristo es decir, en la Iglesia.

Por su prédica, enseñanza y ejemplo de vida, los cristianos testifican a la vez a cristianos y a no cristianos.  Procuramos y oramos por la conversión de otros, a la vez que reconocemos nuestra necesidad continua de ser convertidos plenamente.  Al tiempo que buscamos que la fe cristiana y vida (la nuestra y de otros) llegue a ser cada vez más... comprometida... reconocemos también las formas diferentes que puede tomar el discipulado auténtico...  Que todos seamos uno no significa que todos seamos idénticos en nuestra manera de seguir al único Cristo...

Se comprende que los cristianos... procuren persuadir a otros que sus propias comunidades y tradiciones están más plenamente acorde con el evangelio.  Hay una distinción necesaria entre evangelizar y lo que hoy se denomina comúnmente "hacer prosélitos" o "robar ovejas".  Condenamos la práctica de reclutar personas de otra comunidad con propósitos de engrandecimiento denominacional o institucional. Al mismo tiempo, nuestro compromiso a la plena libertad religiosa nos obliga a defender la libertad legal para hacer prosélitos al mismo tiempo que pedimos a los cristianos que se abstengan de hacerlo.

Hacemos tres observaciones con respecto al proselitismo:
1º   Por más que creamos que una comunidad está más plenamente acorde que otro con el evangélio, como evangélicos y católicos afirmamos que la oportunidad y medios de crecimiento en el discipulado cristiano están presentes en nuestras diferentes comunidades.
2º    La decisión del cristiano comprometido respecto a su compromiso y participación comunal debe ser respetada asiduamente.
3º    En vista del gran número de no cristianos en el mundo y del enorme desafío que representa nuestra común tarea evangelística, no resulta ni teológicamente legítimo ni un uso prudente de recursos que una comunidad cristiana haga prosélitos entre adherentes activos de otra.

El testimonio cristiano siempre debe hacerse en un espíritu de amor y humildad.  No debe negar sino que debe dar a cada cual plena libertad para discernir y decidir cuál es la voluntad de Dios para su vida.  Un testimonio que está al servicio de la verdad, estará también al servicio de la libertad.  Cualquier forma de coerción - sea física, psicológica, legal o económica - corrompe el testimonio cristiano y debe ser rechazado... Del mismo modo, dar falso testimonio contra otras personas y comunidades o echar sobre ellos sospechas injustas y poco caritativas, es incompatible con el evangelio. También debe rechazarse la práctica de comparar los puntos fuertes e ideales de una comunidad con las debilidades y los fracasos de otra...  antes debemos procurar describir las enseñanzas y prácticas de otros cristianos de manera que ellos reconozcan la descripción como justa y correcta.

Al considerar las muchas corrupciones del testimonio cristiano, nosotros, los evangélicos y católicos, confesamos que hemos pecado unos contra otros y contra Dios,  pedimos a Dios encarecidamente y a nuestros hermanos que nos perdonen y que tengamos gracia para enmendar nuestras propias vidas y las de nuestras comunidades.

El arrepentimiento y el cambio de  vida no disuelven  las diferencias que quedan entre nosotros.  En el contexto de la evangelización y "reevangelización", existe una diferencia marcada en nuestro entendimiento de la relación entre bautismo y nuevo nacimiento en Cristo.  Para los católicos, todos aquellos que válidamente han sido bautizados, nacieron de nuevo y están verdaderamente, si bien imperfectamente, en comunión con Cristo.  Esa gracia bautismal debe ser constantemente despertada y vivificada por la conversión.  Para la mayoría, aunque no para todos los evangélicos, la experiencia de la conversión debe ser seguida por el bautismo, como una señal de nueva vida.  Para los católicos, todos los bautizados ya son miembros de la iglesia, por dormida que sea su fe y vida;  mientras que para la mayoría de los evangélicos, el nuevo nacimiento requiere iniciación bautismal en la comunidad de los nuevos nacidos.  Estas creencias diferentes respecto a la relación entre el bautismo, el nuevo nacimiento y la membresía de la iglesia deben presentarse honestamente al cristiano que se ha convertido.  Al mismo tiempo, su decisión respecto a su lealtad comunal y participación debe ser respetada con diligencia.

A pesar de las diferencias entre nosotros que no podrán ser resueltas aquí, sí estamos de acuerdo en esto: que todo testimonio auténtico tiene que tener como meta la conversión a Dios en Cristo por el poder del Espíritu.  Los convertidos - sean  renacidos por primera vez o habiendo experimentado un despertar ya depositado en el sacramento del bautismo - deberán tener plena libertad y respeto para discernir y decidir en cuál comunidad deberán vivir esa nueva vida en Cristo, discernimiento y decisión por la que en última instancia son responsables a Dios; por lo que no nos atrevemos a interferir con el ejercicio de esa responsabilidad. En nuestras diferencias y desacuerdos, también nos encomendamos los unos a los otros a Dios "el cual, por el poder que obra en nosotros puede hacer mucho más abundantemente más de todo lo que le pedimos o pensamos" (Efes. 3).

...No debemos permitir que las dificultades que hemos encontrado en esta discusión empañen las verdades sobre las que por la gracia de Dios, estamos en pleno acuerdo.

 
CONCLUSIÓN

Casi dos mil años después de su comienzo y casi quinientos años después de las divisiones de la era de la Reforma, la misión cristiana al mundo está vibrante, viva y asertiva. No sabemos, ni podemos saber, lo que tiene  preparado el Señor de la historia para el Tercer Milenio.  Podría ser la primavera de misiones mundiales y una gran expansión cristiana como podría ser el camino de la cruz,  marcado por la persecución y la aparente marginalización.  En diferentes lugares y épocas, es probable que se den ambas cosas.  O también es posible que nuestro Señor vuelva mañana.

Lo que sí sabemos es que su promesa es segura, que hemos sido enrolados por la duración  y que estamos en esto juntos.  Sí sabemos que debemos afirmar y esperar y buscar y contender y testificar juntos, porque no nos pertenecemos a nosotros mismos sino a Aquel que nos compró con su sangre en la cruz.  Sí sabemos que este es un momento u oportunidad - y si una oportunidad, luego una responsabilidad - para que evangélicos y católicos sean cristianos juntos de una manera que ayude a preparar el mundo para la llegada de Aquel a quien pertenece el reino, el poder y la gloria por siempre. Amén


(Sigue lista de firmantes)


 Esta Declaración, estipulada por una quincena de líderes evangélicos y católicos norteamericanos y aprobada y firmada por otros 25, fue publicata en 1994. Entre los  firmantes más conocidos al público italiano son:


- por parte católica:

  • Rev.P. Avery Dulles, S.J., Fordham University;
  • El obispo Francis George, OMI, Diócesis de Yakima (WA);
  • El arzobispo Francis Stafford, Archidiócesis de Denver;
  • Ralph Martin de Renewal Ministries, unos de los fundadores históricos de la Renovación Católica Carismática;
  • El cardinal John O'Connor, Archidiócesis de New York.


- por parte evangélica:

  • Charles Colson, Prison Fellowship;
  • Dr. Kent Hill, Eastern Nazarene College;
  • Dr. Jesse Miranda, Unión del las Asambleas de Dios; (ver en www.ag.org/pentecostal-evangel/Conversations2008/4934_Miranda.cfm )
  • Dr. Bill Bright, Campus Crusade for Christ;
  • Dr. J.I. Packer, Regent College (autor del libro Conocer a Dios);
  • Rev. Pat Robertson, Regent University.

Ver: C.R.E.C.E.S. -Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo-
...dos velas alumbran más que una