LA COHERENCIA NECESARIA

(Diálogos de un ciudadano con su presidente)

GUILLERMO F. PARODI

 

PRIMER ACTO.

La escena se desarrolla en la secretaría del Presidente de la República de un país latinoamericano.

Personajes: (en orden de aparición).

Secretario del Presidente.

Joaquín.

 

Entra Joaquín limpio, bien afeitado, pero vestido con harapos, y es recibido por el secretario del Presidente.

 

JOAQUÍN: Buenos días caballero, soy Joaquín Ybarra y tengo una audiencia con el señor Presidente.

SECRETARIO: ¿Usted quiere ver al Presidente con esa pinta?

J.: Realmente me gustaría estar mejor vestido, pero soy pobre.

S.: (Desdeñosamente) Podría haber conseguido una ropa decente de algún amigo.

J.: Es que mis amigos también son pobres.

S.: Bueno, advertiré de la situación al Señor Presidente, a ver si acepta recibirlo.

Pasan unos minutos y el secretario vuelve y se dirige a Joaquín.

S. (Con una sonrisa irónica) Adelante señor pobre, el Presidente le concede quince minutos.

El secretario avanza hacia el despacho del Presidente, seguido por Joaquín.

FIN DEL PRIMER ACTO.

 

SEGUNDO ACTO.

Despacho del Presidente de la República.

Personajes.

Presidente.

Edecán naval.

Joaquín.

 

Entra Joaquín.

 

J.: Buenos días señor Presidente, soy Joaquín Ybarra, vengo como un simple ciudadano a dialogar con mi representante.

El Presidente, divertido, le da la mano con una sonrisa.

PRESIDENTE: ¿Cómo está Joaquín?, lo esperaba. El tema de su pedido de audiencia despertó mi curiosidad. ¿Qué quiere decir con "pedido de coherencia"? ¿A qué se refiere?

El Presidente toma asiento y le indica una silla a Joaquín.

J.: Señor Presidente ¿somos un país rico?

P.: (Molesto) ¡Me contesta a una pregunta con otra!

J.: En realidad tengo una formación clásica y en mi casa usábamos el método de los diálogos platónicos, conocido con el nombre de mayéutica. Sócrates , hijo de una partera, trataba de hacer nacer en la mente del interlocutor la sabiduría que todos llevamos dentro.

P.: Sí, conozco el método pero no me parece adecuado para usarlo con su Presidente.

J.: (Serio) Sí. Usted es mi Presidente y eso implica que es un servidor del pueblo y por lo tanto, un servidor mío.

El edecán naval, se lanza sobre Joaquín y lo toma por el cuello.

P.: ¡Déjelo capitán! En cierta manera este hombre, está diciendo la verdad. Joaquín, usted parece una persona educada y culta, lo escucharé e intentaré no enojarme. Perdónelo al capitán, no estamos acostumbrados a estos tratos, la mayoría de mis visitantes son hasta un poco empalagosos. ¡Vamos al grano!

J.: Señor Presidente, ¿somos un país rico?

P.: No evidentemente no, desde el punto de vista económico somos muy pobres.

J.: ¿Cómo nos ven desde afuera?

P.: Como pobres naturalmente.

J.: ¿Y por qué vienen las multinacionales a instalarse aquí?

P.: Para hacer negocios.

J.: ¿Usted se da cuenta de que los ricos obtienen ganancias de los pobres?

P.: Bueno, esas son las reglas del juego.

J.: ¿ Le parece un juego, ganar dinero con los pobres para mandarlo a un país de ricos?

P.: ¡Ah mi amigo! Necesitamos inversiones, necesitamos puestos de trabajo, necesitamos que la economía se mueva para cobrar impuestos y ayudar a los desprotegidos y educarlos gratuitamente.

J.: Tomemos a una petrolera extranjera, no de prospección, producción y refinación, sino simplemente de distribución. Importan nafta y la venden acá y sacan su ganancia. Esa ganancia se la llevan a su país rico. Las utilidades netas las envían afuera.

P.: Es cierto, pero necesitamos ese servicio, ellos, no se olvide, aportan capital. Si lo hiciera una empresa nacional deberíamos pedir préstamos y usted sabe la ineficiencia de las empresas estatales.

J.: ¿ Por qué son ineficientes?

P.: Bueno,... el amiguismo, la corrupción...

J.: ¿Hay solución para eso?

P.: Con la creación de los consejos de Magistratura para tener buenos jueces, pretendemos luchar contra la impunidad. Tenemos en marcha un proyecto del Banco Mundial para detectar los puntos débiles de la administración que permiten la corrupción, pretendemos instaurar un sistema de concursos para evitar el amiguismo.

J.: ¿Usted sabe que en algunos países todas las compras y contrataciones del Estado figuran en Internet, para que cualquier ciudadano pueda denunciar corrupción?

P.: Sí, lo he leído por allí, pero no tenemos dinero para hacerlo.

J.: Todos los organismos tienen computadora y yo he visto muchos empleados ociosos. Por otro lado podrían asegurarse de que solo usen Internet para ingresar los datos y no lo usen para jueguitos o para charlar con los amigos.

P.: Lo tendré en cuenta, Joaquín.

J.: ¿Entonces para qué privatizar?

P.: Usted sabe, las presiones del FMI para la reforma del Estado.

J.: Usted comprende señor Presidente que entregarse a las presiones del FMI, es darle parte de sus poderes.

P.: Lo sé, pero nos tienen agarrados con la deuda externa, y nunca nos alcanza ni para pagar los intereses.

J.: O sea que si no tuviésemos deuda externa, ni amiguismo, ni corruptos podríamos conservar nuestra soberanía.

P.: Ni más ni menos.

J.:¿Usted sabe por qué fue perseguido Alan García, ex-Presidente del Perú?

P.: Sí, por corrupto.

J.: ¿Usted lo cree?

P.:Claro, ¿por qué no habría de creerlo?

J.: Porque ese valiente había limitado el pago de la deuda externa al diez por ciento de las exportaciones. Y fue perseguido, porque si yo tengo poder, le puedo poner una bolsita de cocaína en el baño de su casa y al rato aparecer con la policía antidrogas y mandarlo preso. Si bien el juicio definitivo sobre una persona, tal como su monumento deben ser siempre póstumos, al menos en ese aspecto fue un héroe.

P.: Bueno, es una posibilidad, pero eso nos muestra el castigo que podemos recibir por enfrentar a los poderosos. Joaquín, se está terminando mi tiempo y todavía no me contestó la pregunta sobre el pedido de coherencia.

J.: Tiene razón, pero todavía ese niño no puede nacer. ¿Me daría una audiencia la semana próxima?

P.: Hable con mi secretario, podría ser el miércoles. Le soy sincero, sus preguntas son triviales, pero por lo menos pasé un buen rato descansando de las entrevistas espinosas.

J.: (Estrechándole la mano) Gracias señor Presidente. Mayéutica, del griego: arte de partear, es una palabra que se usa, en sentido figurado, desde Sócrates, para nombrar el arte con que el maestro, mediante su palabra, va alumbrando en el alma del discípulo nociones que tenía en sí, sin él saberlo. Cito a la Real Academia Española y me disculpo por la insolencia de hablar de maestro y discípulo, y le digo que mis preguntas le parecieron triviales, porque las nociones ya las tenía dentro suyo.

Joaquín sale y el Presidente queda pensativo.

FIN DEL SEGUNDO ACTO.

 

 

 

TERCER ACTO.

Despacho Del Presidente de la República.

Personajes.

Presidente.

Edecán militar (los edecanes de las distintas fuerzas rotan semanalmente).

Joaquín.

 

Entra Joaquín, siempre vestido con harapos, pero limpio y afeitado, y saluda sonriente al Presidente.

P.: Hola Joaquín, me congratulo de haberlo conocido, usé la mayéutica en una reunión de gabinete y a más de uno lo puse en aprietos. ¿Qué nos traemos hoy?

J.: Un gusto saludarlo, señor Presidente, y me alegra que las palabras de este humilde ciudadano hayan servido para algo. Dígame ¿es una vergüenza ser pobre?

P.: ¡No en absoluto!, se puede ser pobre y honrado.

J.: (Mirando temeroso al edecán). ¿Señor Presidente, usted es pobre?

P.: Ante todo no se preocupe por mi edecán, ya ha sido instruido al respecto. En cuanto a su pregunta, le diré que no soy pobre. Tenía unos ahorritos antes de ser Presidente y con mi sueldo me alcanza para mantenerme decentemente.

J.: ¿Ser pobre es ser indecente?

P.: ¡No, por favor!, quizás emplee mal la palabra, debiera haber dicho para mantenerme sin sobresaltos.

J.: Señor Presidente, ahora ya no es el abogado famoso, sino el representante del pueblo. ¿Es coherente que usted se vista de primera cuando representa a un pueblo que en el sesenta por ciento viste como yo?

P.: Joaquín, yo debo vestir bien, soy el Presidente de la República. ¿Usted cree que quedaría bien que venga un embajador a presentar sus credenciales y yo lo reciba con un traje todo raído?

J.: Sí.

P.:¿Cómo?

J.: Sí, porque sería coherente.

P.: (Atónito). ¿Y el protocolo? ¿Cómo quedaría el país cuando salga en los diarios como un espantapájaros?

J.: Quedaría como un héroe, como un Presidente que ama a su pueblo y se identifica con él. Cuando Gandhi fue a Inglaterra para la reunión denominada de la mesa redonda, para negociar la libertad de la India, fue vestido como el más humilde de sus compatriotas. Y ¿sabe lo que logró Gandhi? Que la India se independizase de la que, en ese momento, era la mayor potencia mundial.

P.: Sí, pero no fue por su vestimenta.

J.: De acuerdo, pero sí tuvo influencia su coherencia. En la India los ciudadanos lo trataban como a un santo. Sus ayunos eran más importantes que cualquier otra noticia. Por otro lado, en el campo de batalla los soldados se sienten unidos a los que llevan su mismo uniforme.

P.: ¡Joaquín, Joaquín!, usted es demasiado drástico. Las cosas no son tan fáciles.

J.: Señor Presidente, todo es más fácil cuando se es coherente.

P.: Usted me intriga Joaquín ¿De donde ha sacado esas ideas tan exóticas?

J.: Señor Presidente, solo son reflexiones. Amo a mi Patria y sobre todo amo a los seres humanos. Como dijo Jesús, lo que le hagas al más pequeño de mis hijos me lo haces a mí. Otros hermanos equivocados nos están explotando para vivir una vida llena de bienes superfluos, pero no los odio. Creo que debemos ayudarlos a que tomen conciencia de que están procediendo mal. Debemos usar todas las posibilidades que nos da el Derecho Internacional, sobre todo la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Hacer como Gandhi atacar con todas las fuerzas sus actos, pero no atacar a sus personas. Esos seres son lucratados.

P.: Enlatados, querrá decir.

J.: No. Atados al lucro, que los esclaviza, que nos hace daño a nosotros y a ellos. No podemos, ni debemos, ser violentos con ellos. Simplemente debemos mostrarles cuál es el efecto de su error. ¿Usted sabe que con la riqueza y el adelanto tecnológico que existe en el mundo, todos podríamos vivir decentemente?

P.: Sí, lo he leído, pero ¿qué podemos hacer?

J.: Ser coherentes, señor Presidente, no mostrarnos trajeados y felices cuando nuestro pueblo, al cual representamos está desnutrido, analfabeto y vestido con andrajos.

P.: ¿Usted pretende que vaya a las reuniones internacionales mal vestido, siendo el Presidente de la República?

J.: ¡Sí! Porque así mostrará la realidad de nuestro pueblo.

P.: (Alterado). Joaquín, usted es un fundamentalista, un loco.

J.: (Con voz calma). No, señor Presidente, pido solo coherencia.

P.: ¿Así que ese era el motivo que adujo en su primera entrevista?

J.: Usted lo ha dicho.

P.: ¿Realmente cree que con ese teatro lograríamos algo?

J.: Sí, y no es teatro, es coherencia. Primero concientizar y luego actuar. Ya el Santo Padre está pidiendo la cancelación de la deuda externa de los países pobres. ¿Le parece que él está loco?

P.: (Mirando el reloj). Joaquín, se ha terminado el tiempo. Tengo una reunión dentro de cinco minutos, lo llamaré cuando me reponga.

J.: Esperaré su llamado. Buenos días.

Joaquín sale y el Presidente se toma la cabeza y suspira.

FIN DEL TERCER ACTO.

 

 

 

 

CUARTO ACTO.

Despacho del Presidente de la República.

Personajes.

Presidente.

Edecán aeronáutico (ya aleccionado).

Joaquín.

 

Entra Joaquín y el Presidente se levanta a recibirlo con una sonrisa.

 

P.: Buenos días Joaquín, es un gusto tenerlo de vuelta por acá.

j.: (Sorprendido). Buenos días señor Presidente, le agradezco que me haya hecho llamar por su secretario. Yo pensé que me había extralimitado y que usted estaría furioso conmigo.

P.: Lejos de eso Joaquín. Usted me trajo una brisa fresca, me trajo algo que había perdido: me trajo esperanza.

J.: Señor Presidente, me halaga pero me asusta. ¿Cómo es eso que le traje esperanzas?

P.: ¡Corazonada Joaquín! Usted es diferente, se atreve a mirar la realidad de otra manera, usted es un valiente.

J.: No se equivoque señor Presidente, soy solo un miserable, un fracasado. Solo quería transmitirle algunas ideas, que mi maltrecha autoestima aún permite que afloren. Pero mi compromiso es tal que puede tomarme como un futuro muerto en acción, en la lucha por lograr la dignidad del ser humano.

P.: Humildad, eso es lo que tiene y debe esta feliz por tener ese don.

J.: Gracias señor Presidente.

P.: Joaquín, necesito que me ayude, necesito una visión nueva. Mi gobierno es un desastre. Siempre me preguntaba cómo la gente podía ser tan demente como para querer ser Presidente de un país del tercer mundo. La historia muestra que todos fracasaron, que todos fueron manejados, algunos más, algunos menos, como marionetas por los centros de poder, y que en el mejor de los casos solo salieron con las manos limpias, pero con el fracaso a cuestas . Cuando me nombraron candidato me sentí como un soldado al que empujaron desde atrás cuando pedían un voluntario para una misión suicida. Pero pronto los halagos del poder, los nuevos amigos, la sensación de poder cambiar al mundo me transformaron. Cuando gané las elecciones generales me sentí como el César. Pero el tiempo fue pasando y percibí la realidad. Sentí cómo me clavaban alfileres en las manos, pies y cabeza para transformarme en marioneta. Me resistí, es cierto, algunas cosas puedo hacer con mi voluntad, pero realmente no avizoro ningún camino eficiente para sacar, a corto plazo, a mi Patria de la corrupción, de la pobreza, de la dependencia. Como le conté en otra reunión, encaré el problema de la corrupción, tengo los informes de las áreas más vulnerables. Ahora se va a seguir con otro proyecto del Banco Mundial, para reformar los procedimientos de esas áreas. Pero siempre quedarán resquicios y no se puede tener un policía al lado de cada funcionario y la corrupción yo sé que seguirá.

J.: Me aterra escuchar que la única salida contra la corrupción es la educación de los niños, y que harán falta veinte años para que puedan aparecer nuevas generaciones con una moral impoluta. ¿Quién es capaz de sacar algo limpio de un chiquero? ¿Quién nos garantiza que dentro de veinte años el país siga en pie? No, ese método hay que intentarlo, pero hay que reforzarlo con algo más contundente.

P.: ¿Se le ocurre alguna idea mejor?

J.: Señor Presidente, ¿usted cree que las palabras son más efectivas que el ejemplo?

P.: ¡No!, al contrario. La gente está saturada de información, de discursos, se ha hecho impermeable a las palabras. ¿Se imagina que tendrá algún efecto pedirle a los funcionarios que dejen de ser corruptos? Es necesario emplear el ejemplo. ¿Pero, Joaquín, qué me está haciendo decir? ¿Cómo daremos el ejemplo? ¿Quiénes?

J.: Debe empezar usted.

P.: ¿Yo? ¡Pero si yo no soy corrupto!

J.: Eso no tiene nada que ver. Usted debe empezar a dar el ejemplo de una vida austera. Usted debería vivir como viven los pobres. Usted debería tener el valor de hacerlo. Lo primero que debería hacer es renunciar a su sueldo y gastos de representación y ganar el salario mínimo.

P.: Primero era la vestimenta, ahora se mete con mi alimento, con el colegio de los chicos, con el confort de mi casa ¿Y mi auto?

J.: (Terminante). Debe viajar en ómnibus.

P.: No, no me atrevo, es demasiado.

J.: La patria necesita héroes, y esta es su hora.

P.: ¿Y mis Ministros y Secretarios de Estado? ¿Los Legisladores y los Ministros de la Suprema Corte?

J.: Allí empleará su liderazgo. Recuerde, señor Presidente, que la enseñanza más efectiva se hace dando el ejemplo. Usted se sorprenderá cuando perciba que el pueblo será el primero en apoyarlo y luego los patriotas que figuren entre sus funcionarios.

Se saludan y Joaquín sale.

El Presidente, visiblemente emocionado, toma una lapicera y una hoja, y comienza a escribir con gesto decidido.

FIN DEL CUARTO ACTO.

 

 

 

QUINTO ACTO.

Sala de reuniones de la presidencia.

Reunión del Gabinete.

Personajes.

Ministros del Poder Ejecutivo.

Secretarios de Estado.

Asesores.

Presidente de la República.

 

El gabinete está completo. Entra el Presidente vestido con un traje raído y sin corbata, pero limpio y bien afeitado. Los miembros del gabinete se miran entre sí sorprendidos.

 

P.: Abro esta reunión de gabinete comunicándoles una decisión personal. Soy el Presidente de un país pobre. Soy el representante del pueblo, de este pueblo en el que una gran parte apenas gana para su sustento. Es una cuestión simplemente de coherencia, como representante de este pueblo. Desde hoy renuncio a todo lo que me haga diferente a ellos. Voluntariamente renuncio a la parte de mi sueldo que sobrepase el salario mínimo. Renuncio a mis gastos de representación. Viajaré en transporte público. Vestiré como viste la mayoría de mis conciudadanos. Frente a los delegados extranjeros me mostraré de la misma manera, asistiré también de esta manera a las visitas oficiales.

MINISTRO 1.: Comprendo su posición, señor Presidente, pero esta última parte, ¿no sería una falta de respeto para la comunidad internacional?

P.: Mostrar la verdad ¿es una falta de respeto?

Silencio.

P.: Hay cosas elementales que estamos olvidando, muchas veces lo único nuevo es lo que ha sido olvidado. Estamos olvidando que somos servidores públicos. Ser servidor público debe ser un honor, un honor que se debe retribuir con un auténtico servicio al pueblo. Hace años que se viene dando una moda paradójica: el servidor público creyendo que el pueblo está para servirlo. Las palabras ya no sirven, con los medios, con Internet, la gente está saturada de palabras, lo único que ahora es contundente es dar el ejemplo. Es por eso que quiero convertirme en un Presidente austero, honesto, pero demostrando en cada acto mi honestidad, explicando por qué hago tal o cual cosa. Es lo que en Derecho se llama inversión de la prueba. Yo probaré con mis actos y con su transparencia que estoy siendo realmente honesto. Quiero ser un Presidente que reconozca el sufrimiento de su pueblo, que lo internalice, y no he encontrado mejor solución que la que he tomado. Cuando se den las condiciones daré un mensaje al pueblo, y para no contradecirme respecto a que las palabras son poco contundentes, me presentaré tal como ustedes me ven y explicaré al pueblo mi postura, les informaré el porqué de mi vestimenta y la causa por la que me asignaré el salario mínimo y el porqué demostraré la honestidad de cada acto.

MINISTRO 2: Señor Presidente, ¿cuál es el motivo de su decisión?

P.: Señor Ministro, el objetivo último es que nuestro pueblo sea feliz. Pero entre los objetivos operativos está el lograr que todos y cada uno de nosotros desarrollemos una conciencia de servicio a los demás. La experiencia muestra que los controles sirven, que logran alguna cosa, pero que el control más efectivo es el de la propia conciencia. Eso es lo que debemos despertar en nuestras mentes y en las de nuestros conciudadanos y la única forma de hacerlo es mediante el ejemplo.

MINISTRO 3: Me parece valiente y osada su decisión. Me parece útil para mejorar la moral del pueblo y por supuesto la nuestra. Yo declaro ante este gabinete que adoptaré la misma actitud que ha adoptado el señor Presidente.

P.: Gracias señor Ministro, le agradezco, pero le ruego a usted y a los otros funcionarios que esperen el cuarto intermedio, para conversar entre ustedes y luego manifestar su apoyo o desaprobación.

Señores debemos primero poner orden en la casa, para lanzarnos luego a proyectos más ambiciosos.

Nuestras democracias son frágiles y dependientes, primero hagámoslas fuertes y luego intentaremos todos los métodos posibles para lograr la independencia de manera no violenta. La violencia en estos momentos no serviría, como sirvió en muchas guerras por la independencia en el siglo antepasado. Como Gandhi, como Luther King, como Mandela, debemos recurrir a actos no violentos para lograr nuestra independencia.

Señores pasamos a un cuarto intermedio.

 

El Presidente se retira y quedan los funcionarios en la sala.

Al cabo de unos minutos comienzan a hablar todos a la vez. Se escucha ¡está loco!, ¡no, es un héroe!, ¡pidamos un reconocimiento siquiátrico!, ¡usted necesita un siquiatra!, ¡yo renuncio, esto es un disparate!, ¡yo considero que debemos alinearnos con este prohombre! Siguen las expresiones de apoyo y de condena durante un minuto.

Entra el Presidente y se produce un gran silencio.

 

P.: Me imagino que muchos de ustedes no estarán de acuerdo con mi proceder, no los censuro, sé que es un acto atípico.

Ruego retirarse a los representantes de los medios de comunicación. A partir de este momento la reunión de gabinete se convierte en secreta. Ya está informado el personal de vigilancia, lo que hablaremos ahora no saldrá de estas cuatro paredes.

 

Se retira el personal de los medios de comunicación.

 

P.: En estos minutos he reflexionado mucho y he decidido postergar el tratamiento de mi decisión, si hubiera lugar, hasta que se cumplan los requisitos que paso a enumerar. Para vuestra tranquilidad y la de nuestros conciudadanos, me someteré voluntariamente a un examen siquiátrico, realizado por especialistas reconocidos. Llamaremos al señor Decano de la Facultad de Medicina y, si ustedes prestan el acuerdo, nombraremos según sus consejos el equipo que dará el dictamen. Si salgo airoso del examen, tendremos otra reunión de gabinete dentro de dos días, y si no fuera el caso presentaré mi renuncia por causa de mi mal estado de salud.

FIN DEL QUINTO ACTO

 

 

 

SEXTO ACTO

Sala de reuniones de la presidencia.

Reunión Secreta del Gabinete.

Personajes.

Presidente de la República, vestido con igual indumentaria que en el acto anterior.

Ministros del Poder Ejecutivo.

Secretarios de Estado.

Asesores.

Decano de la Facultad de Medicina.

 

P.: Señor Decano le ruego que dé lectura al veredicto de la Junta por usted presidida.

DECANO: Hemos llegado a un veredicto unánime. El señor Presidente está en condiciones físicas y mentales aptas para el alto cargo que ocupa.

(Murmullos).

P. Gracias señor Decano, ahora por favor, puede retirarse.

(Sale el Decano, después de una reverencia).

P.: Ahora que hemos aventado la posibilidad de mi incapacidad sico-física, quiero solicitar a los señores Ministros y Secretarios de estado que adopten las mismas medidas que yo me he impuesto, y digo más, a los que queden a mi lado, les solicito que en el plazo de una semana agreguen al sitio en Internet de cada Ministerio y Secretaría de Estado, un informe diario de los gastos efectuados, de las licitaciones lanzadas, de las licitaciones adjudicadas y de las compras directas. En todos los casos se deberá dar un detalle completo de los bienes y servicios adquiridos, los precios pagados y los nombres de las empresas beneficiadas.

Hay muchos ciudadanos que son patriotas y honestos, estos ciudadanos están escondidos. Incluso sé que muchos no pagan sus impuestos, y todo ¿por qué? Porque no nos tienen confianza. Debemos devolverle no solo la confianza, sino incitarlos a que colaboren desde sus puestos en la sociedad para terminar con todo este atropello al pueblo, terminar con las prebendas, terminar absolutamente con la corrupción.

Por lo que he dicho, señores, como Presidente de la República confirmaré en sus cargos a los que acepten imitarme, al resto le aceptaré su renuncia, agradeciendo por los servicios prestados.

Con los que elijan acompañarme, nos reuniremos mañana a la misma hora que hoy, para comenzar a trazar las estrategias para seguir adelante con el plan de saneamiento de nuestra casa.

Señores, doy por terminada la reunión.

(Se retiran los funcionarios, algunos con expresión taciturna y otros sonriendo).

FIN DEL SEXTO ACTO

 

SÉTIMO ACTO

Despacho del Presidente de la República.

Personajes.

Joaquín.

Presidente.

Edecán naval.

 

El Presidente viste su traje raído, que ya ha elegido como uniforme.

Entra Joaquín y estrecha la mano del Presidente. Se muestra sorprendido por el nuevo atuendo del Presidente.

 

J.: Buenos días señor Presidente. Me sorprende su indumentaria, (con una sonrisa amable) lo veo muy elegante. Respondí rápidamente a su llamada porque me informó su secretario que a primera hora de la tarde tendrá una reunión muy importante.

P.: Sí, exactamente, es muy importante porque, y esto es confidencial, les informé sobre mi decisión de dar el ejemplo, y les pedí que ellos adoptasen la misma actitud. Ya he recibido numerosas llamadas adelantándome sus decisiones. Joaquín: ¡la mayoría me dio su apoyo!

J.: Me pone muy feliz saberlo.

P.: Joaquín, necesito su ayuda. Sé que lo que comenzó tendrá un final feliz. Realmente tuve mucha suerte en nombrar personas probas y patriotas al conformar mi gabinete. Lo que me preocupa es cómo seguir. Tengo ideas pero me gustaría escucharlo a usted.

J.: Señor Presidente, pienso que la mayoría del las personas tienen una chispa de bondad en su corazón y que en el fondo todo ser humano se siente feliz siendo útil a los demás. Para permitirles expresarlas se necesitan ciertas condiciones que son las que usted les ha dado. En cuanto a cómo seguir, mi idea es que debe proponer, de manera informal, a los otros Poderes del Estado que adopten las mismas medidas.

P.: Sí, de acuerdo, y de hecho ya mantuve algunos contactos. La previsión es que tendremos su apoyo. Lo que me preocupa es qué hacer con el resto de los empleados públicos.

J.: Nada.

P.: ¿Cómo nada?

J.: Recién estamos comenzando un proceso que será rápido, pero por lo menos llevará unos meses. La corrupción no desaparecerá inmediatamente. Lo mejor, me parece es dejar que ellos mismos, los empleados públicos, decidan qué hacer. Lo importante es que ustedes, los que ostentan los más altos cargos, den el ejemplo.

P.: Pese a que no hubo ninguna información oficial, ya los diarios hablan de mi aspecto y de mi decisión de viajar en ómnibus. Pese que viajo rodeado de custodios, el público ya me ha manifestado su simpatía. Después de la sesión de gabinete dirigiré un mensaje a mis conciudadanos.

Joaquín hoy lo nombraré asesor, espero que me acepte.

J.: Sí, pero con una condición.

P.: Dígame.

J.: (Riendo) Salario mínimo y este atuendo.

Ambos sonríen, se levantan y estrechan sus manos.

FIN DEL SÉTIMO ACTO

 

 

OCTAVO ACTO

Despacho del Presidente de la República.

Personajes.

Presidente.

Ministro de Economía.

Asesor Económico.

Joaquín.

Edecán Aeronáutico.

 

Salvo el uniformado, el resto viste ropas sencillas y a ojos vistas muy deterioradas.

 

P.: Después de estas semanas tan ajetreadas, he querido reunirlos para profundizar sobre las bases de nuestra posición. Hemos atacado el tema de la corrupción, dando nuestro ejemplo. Las reacciones han sido altamente positivas, incluso he recibido llamadas de presidentes de países hermanos dándome su apoyo y comprometiéndose a iniciar algo similar en sus países. Nos queda estudiar el tema de la deuda externa, nos queda por estudiar la apertura de la economía, la desregulación, las privatizaciones.

Joaquín pide la palabra, con un gesto el Presidente asiente.

J:: Señor Presidente, quiero empezar mi exposición planteando una idea de fondo. Todos los errores que estamos cometiendo provienen de una incorrecta percepción de la realidad. La economía no es una ciencia, es la política disfrazada. El liberalismo económico nació, como todos saben con la obra de Adam Smith. El planteo respecto a la conveniencia de ciertas decisiones económicas lejos está de ser una verdad universal. Era, en su momento, la conveniente para el Reino Unido. La profundización de las ideas del libre comercio, por parte de David Ricardo, es una falacia. Nadie se detiene a analizar si se cumplen o no las hipótesis subyacentes en el modelo. Por citar solo una, supone la libre movilidad de los recursos, lo cual no es cierto. Si un país decide producir solo vino, y no vino y tejidos, los dueños de las bodegas no van a dejar entrar a los dueños de las hilanderías, y estos no tendrán a quién venderle sus maquinarias ni su experiencia. Existen otras pero con una sola basta para descalificar el "Principio de las ventajas comparativas". Si se abre la economía sin restricciones las empresas extranjeras nos destrozarán. Ellas tienen conocimiento, capitales, filiales en otros países y ocurre lo mismo que si quitamos las categorías en el box. El peso pesado se hará en poco tiempo de todos los títulos. El planteo de David Ricardo era también el conveniente al Reino Unido. Por más que se haga de buena fe, el plantear verdades a medias constituye la mentira más peligrosa.

ASESOR ECONÓMICO: Joaquín, usted no está diciendo nada nuevo, son las ideas de los marxistas que siempre atacaron al capitalismo con esas confusas críticas. El marxismo cayó por ineficiente, el capitalismo liberal triunfó y esa es la verdad y toda la verdad. Sus elucubraciones ni es necesario considerarlas. La mejor prueba es lo que ocurrió con la URSS. El neoliberalismo es una gran verdad y ha tenido éxito en casi todos los países. Donde no ha sido así, es porque no se aplicaron correctamente sus preceptos. Usted es un simple amateur, yo tengo un doctorado en Economía de la Universidad de Chicago, he tenido como profesor a Milton Friedman, premio Nobel de Economía. Así que le pido que se calle la boca y deje hablar a los que saben.

P.: Señor asesor, le pido que modere su lenguaje. Estamos aquí para un diálogo y para dialogar se debe comenzar por respetar a los demás, se debe aprender a escucharlos con una apertura exenta de todo prejuicio y se debe estar dispuesto a cambiar de idea, si la del interlocutor resulta más conveniente.

J.: Quiero aclarar que las palabras que he pronunciado no provienen de marxistas, son simplemente citas de Hezel Henderson y de John Keneth Galbraith. Pero eso no tiene importancia. Para mí, las palabras que yo he pronunciado no tienen peso por el que las pronunció o escribió por primera vez. Como aconsejaba Buda, yo las he analizado, amasado, raspado, fundido y por fin las acepté, no por el origen, sino porque las comprendí. Claro que un pensador famoso tendrá mas probabilidades de decir cosas valiosas, pero ello no descalifica a un humilde pensador que está buscando la verdad. (Dirigiéndose al Asesor). Estimado amigo, no lo tome a mal, simplemente yo estoy pensando y compartiendo mis pensamientos, a usted le aconsejo que, aunque sea por una hora, deje de lado lo que aprendió en Chicago. Habrá muchas verdades en lo que usted aprendió, pero también muchas equivocaciones. La mayoría de las escuelas de economía de los EE.UU. y el Reino Unido, son de tendencia neoliberal, y gran parte de lo que enseñan no tiene valor universal. La economía que le conviene a los poderosos es diferente de la que le conviene a los pobres, y esas universidades no le enseñan lo que le conviene a nuestro país, sino a los poderosos. Nos seducen con sus formalizaciones matemáticas, que al simular que se trata de una ciencia, nos hacen perder la idea que son un reflejo de su posición política. Muchas veces nuestros economistas, incluso de buena fe, se convierten en cómplices de los poderosos, simplemente porque el prestigio de sus maestros hace que pierdan su capacidad crítica, su capacidad de pensar por sí mismos. Incluso, algunos, se transforman en arrogantes al creerse poseedores de la verdad. Es una de las debilidades del ser humano, yo recuerdo que pasé muchos años sintiéndome diferente, incluso mejor que los demás, porque había adoptado el pesimismo de Jean Paul Sartre.

A.: Joaquín, primero le diré que no soy su amigo, segundo le diré que usted me ha insultado y no lo permitiré. Pido al señor Presidente que haga salir a Joaquín y que nos quedemos los especialistas.

 

El Ministro de Economía pide la palabra.

 

MINISTRO: Señor Asesor Económico, estamos hablando del país y no de nuestros méritos, le solicito a usted que se retire y que mañana se presente a primera hora en mi despacho.

J.: (Compungido). No, señor Ministro, por favor, no quiero ser causa de divisiones.

P.: (Serio). Señor Asesor Económico, le pido por favor que se retire.

 

Sale el asesor Económico.

 

M.: Señor Presidente, he escuchado con atención las ideas que ha verbalizado Joaquín, y si bien tengo ciertos reparos, considero que su planteo es correcto. Yo también en mis años mozos tenía el ímpetu de mi futuro ex Asesor, pero la realidad me mostró las grandes contradicciones que había incorporado en mi formación académica. He profundizado mucho en el tema del neoliberalismo y las palabras de Joaquín me han permitido cristalizar ideas que tenía en estado embrionario. El tema del libre comercio siempre me tuvo preocupado. Con esta moda de los Mercados Comunes nacidos entre gallos y medianoche, tenemos muchos problemas. El Mercado Común europeo nació después de varias décadas y digo bien, décadas, de preparación. Nosotros nos lanzamos alegremente a firmar tratados basándonos exclusivamente en la esperanza de que todo salga bien y realmente no todo salió bien. Por el principio de la continuidad del Estado, debemos honrar los tratados firmados por gobiernos anteriores, pero se me ocurre que, como en otros tratados, podemos firmar cartas reversales perfeccionando el documento. Hay muchos temas que se pueden incorporar, como el intercambio compensado, en el que una compra a otro país, engendra un obligación del país vendedor de comprar por el mismo monto bienes del país que le compró. Pero pienso que por el momento tenemos otras prioridades.

Me gustaría hoy tratar el tema de la apertura económica. Con una perspectiva histórica podremos tener una mejor visión de los que nos conviene. En sus comienzos los EE.UU. aceptaron el libre comercio, pero acuñaron la frase de industrias incipientes. O sea protegieron a sus industrias de la competencia extranjera. En otro momento se sintieron atacados por la agresividad comercial y la eficiencia japonesa. Allí establecieron cupos. Francia impulsó, ya en la reunión de Seattle, la idea de la polivalencia de sus productos del agro, aduciendo que no solo tenían valor económico por ser mercaderías, sino que también tenían valor por dar trabajo a la gente en el campo y evitar las migraciones, lo que preservaba la cultura de cada región. O sea todos fueron y son proteccionistas porque les conviene. El engendro llamado OMC, por suerte ha mostrado sus garras en Seattle y en este momento su prestigio y su poder están por el suelo. El único poder que nos impide proteger a nuestras industrias y a nuestros comercios es por ahora el FMI, que nos impone políticas para otorgarnos créditos. En realidad, si bien tenemos otras fuentes, los prestatarios siempre exigen la aprobación del FMI para que podamos ser candidatos al crédito. En pocas palabras la deuda externa nos está ahogando. Con el tema de riesgo país, los créditos están atados al cumplimiento de los mandatos del FMI.

Las privatizaciones, en un país sin corrupción como el que estamos logrando, no son convenientes. Hemos visto los desastres que han producido en otros países, debido a que lo único que desean es el lucro. Incluso en países que pasaron su etapa inicial de monopolios y se abrió la competencia, los servicios son para los ricos y las regiones no rentables deben volver a la edad de piedra.

P.: Y usted ¿qué salida le ve al problema de la deuda externa?

M.: Por el momento ninguna.

J.: En mis charlas con el señor Presidente, cierta vez avizoré algo.

P.: Sí, recuerdo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

J.: Exactamente. Que la deuda sea espuria, que parte haya sido tomada por gobiernos de facto, que haya sido una irresponsabilidad de los mandatarios de turno y de los bancos que otorgaron los préstamos, que la deuda de los particulares haya tenido que ser asumida por el Estado, que la tasa de interés se reajuste cada seis meses con índices manejados unilateralmente por los países de la mayoría de los acreedores y por los acreedores mismos, todo eso es historia. Algo debemos hacer desde el punto de vista legal, algunos casos son muy claros pero el resto llevará mucho tiempo. Naturalmente que sería maravilloso, tal como lo propuso el Santo Padre, una condonación del total de la deuda, pero eso requeriría una extrema buena voluntad de los países acreedores ya que deberían resarcir a los bancos acreedores de sus países.

M.: Joaquín, me gustaría que me ayudase a hacer una propuesta al señor Presidente.

J.: Será un honor, señor Ministro.

P.: Señores, agradezco vuestra colaboración. Creo que tenemos entre manos algo sumamente importante.

Joaquín y el Ministro saludan al Presidente y se retiran hablando animadamente.

FIN DEL OCTAVO ACTO

ÚLTIMO ACTO

Sala de conferencias de las NN.UU. Reunión extraordinaria de Presidentes de los países miembros.

Desde el interior de la sala se escuchan los gritos de los manifestantes que se han congregado como en la reunión de la OMC, en Seattle, en diciembre del 1999. Venidos de todos los rincones del mundo: opositores del neoliberalismo, defensores de los derechos humanos y del medio ambiente, permanecen rodeando el edificio, pese a la represión policial. Pancartas y cánticos llenan la mañana del comienzo de las reuniones.

Personajes.

Presidentes de países miembros de las NN.UU.

Secretario General de las NN.UU.

Observadores y público.

 

Van llegando los presidentes de distintos países, con sus comitivas. Los presidentes de países latinoamericanos aún no se hacen presentes. La sala está colmada de periodistas y público. Frente al micrófono el Secretario General se prepara para dar la bienvenida a los visitantes. Se escucha un murmullo, aplausos y hurras de los manifestantes. Uno a uno van apareciendo los presidentes de los países latinoamericanos vestidos con trajes rotos y gastados, vienen solos, sin comitiva. Pese a su aspecto, se los ve felices y radiantes. Saludan con afecto a los presidentes de otros países que encuentran en su camino. Los fotógrafos comienzan a disparar las cámaras a diestra y siniestra.

Un ambiente, mezcla de alegría y de estupor reina en el salón.

 

SECRETARIO GENERAL: Sean bienvenidos señores presidentes. Comienza hoy una reunión extraordinaria del organismo y pasamos a leer los temas agendados. El primer tema es "Debate por la coherencia", propuesto por los países latinoamericanos, el expositor y moderador del debate será el Presidente de X, Dr. Y. El siguiente tema será...(sigue leyendo la agenda). Comenzamos entonces con la expositor del Presidente de X, al cual invito a pasar al estrado.

P.: (Con una sonrisa amable). Señor Secretario General, señores Presidentes. Estos meses han sido muy duros en nuestros países y me refiero a los países latinoamericanos. En varias reuniones hemos acordado que el camino para comprender a nuestros pueblos y para que los demás pueblos del mundo nos comprendan, es la coherencia. Hemos acordado que todas la autoridades del Poder Ejecutivo, empezando por el Presidente de la República deberían ganar el salario mínimo y renunciar a los privilegios que sus cargos les otorgaban. Los otros Poderes del Estado se han unido a nuestra decisión. Muchos empleados públicos, voluntariamente también lo han hecho. Estos héroes lo hicieron por patriotismo porque aceptaron nuestro mensaje y nuestro ejemplo. Los miembros del gobierno elegimos ser coherentes, vivir como vive la mayoría de nuestro pueblo.

Todos los funcionarios del gobierno acordamos una política de transparencia en nuestra gestión. Cualquier ciudadano puede auditar nuestras acciones. Todos los gastos, con el detalle de los procedimientos seguidos para ejecutarlos, están a disposición en Internet. No niego que todo esto nos costó mucho, pero el premio fue muy grande. El ejemplo de rectitud y transparencia corrió como reguero de pólvora. Hoy podemos decir: (levantando la voz) Hemos acabado con la corrupción. Hemos puesto en orden la casa.

(Aplausos)

Pero el premio no termina allí, de pronto, casi todas las empresas, incluidas algunas multinacionales, comenzaron a hacer aportes al gobierno, para ayudar a los ciudadanos que no llegan al salario mínimo. No hicieron regalos sino que entregaron dinero al gobierno para instaurar un sistema de micro créditos similar al implantado por el Profesor Yunus en Bangladesh.

Volvimos a la verdadera democracia, a la democracia de participación directa, que nos enseñaron nuestros hermanos de Porto Alegre. Estamos aprendiendo de ellos, estamos aprendiendo a usar en nuestros Municipios el presupuesto participativo.

Para alejar a los capitales especulativos, que arrasaron muchas de nuestras economías, estamos llegando a un acuerdo regional para imponer la tasa Tobin, con las adecuaciones necesarias, en todos nuestros países. La propuesta la lanzó el premio Nobel de Economía, James Tobin, y hemos recibido valiosa información de la Asociación por una Tasa sobre las Transacciones especulativas para Ayuda a los Ciudadanos (Attac).

Los gastos del gobierno se hicieron mínimos, los funcionarios viajamos en ómnibus y los representantes extranjeros son recibidos en taxi en el aeropuerto. Las comidas oficiales se realizan con ollas populares y siempre contamos con buena música de los conjuntos que nos apoyan. Hemos comprendido que para ser presidentes tenemos que dar el ejemplo, tenemos que pensar, como dice el Evangelio, que lo que le pasa al más humilde de nuestros ciudadanos nos pasa a nosotros. Nació algo nuevo. Nació espontáneamente una economía de solidaridad. Los ahorros del gobierno han sido utilizados para crear nuevas fuentes de trabajo en un ambicioso plan de obras públicas, fueron también usados para incrementar el presupuesto para la educación gratuita. La educación se transformó, no solo se imparten conocimientos, los profesores y maestros se empeñan hoy en educar con el ejemplo, ejemplo de honradez, de solidaridad, de amor por sus semejantes. Queremos que todos nuestros ciudadanos tengan igualdad de oportunidades, que despierten su discernimiento para distinguir las verdades de las falacias. Los orientamos en la elección de sus estudios de acuerdo con las necesidades del país, evitando la frustrante desocupación calificada. La economía que hoy se enseña no es la economía que sirve solo a los poderosos, incorporamos a los programas la economía solidaria.

Hemos desarrollado campañas de concientización para fomentar la paternidad responsable, nada de imponer límites como en China, atacamos la ignorancia ya que la ignorancia impide la elección, mostramos la necesidad que tienen los hijos de ser atendidos, alimentados, educados, mostramos que la procreación no era un juego. En el pasado las villas de emergencia eran usinas de malhechores. Hoy estamos erradicando esas villas, pero mientras tanto los niños son atendidos por los padres y por los vecinos.

Los delitos se redujeron a la décima parte. La seguridad volvió a reinar en nuestros países. No atacamos a las grandes empresas, todo lo contrario, logramos que sientan que su riqueza era la riqueza de la sociedad que estaba bajo su fideicomiso. Los capitales de los ciudadanos que estaban invertidos en el exterior volvieron al país, pues la confianza fue restablecida. Todo lo que digo es simplemente un resumen de lo que habrán leído en los diarios de estos meses.

Encontramos que el enfoque de la vida que estábamos usando estaba errado. La única seguridad que tiene el ser humano es su propia muerte. Nadie puede sentirse un dios, las grandes religiones siempre hablaron de la hermandad de los seres humanos. Hemos cambiado y cambiado para bien. El mejor control no es el de la policía sino el de la propia conciencia. Con nuestro ejemplo, los años de educación que hubiéramos necesitado para cambiar las conciencias se transformaron en días. La gente está atiborrada de información, de palabras, se hizo impermeable a los discursos. Lo único que resultó fue el ejemplo dado en nuestra acción cotidiana, en la transparencia de nuestros actos. Puedo decirle, señor Secretario General, que hoy estamos radiantes y felices porque hemos encontrado un camino que nos muestra que hay bienes que no cuestan nada y que son más valiosos que los que cuestan mucho. Me refiero al afecto y a la solidaridad. Muchos patriotas han surgido, creo que muchos más que los que tuvimos en las guerras de la independencia, patriotas que siempre existieron pero que estaban escondidos y se sentían impotentes frente a la corrupción y a la marcha hacia la descomposición social de nuestros países. La gente se muestra feliz viviendo austeramente, pero más feliz porque con ese acto logran que disminuya la miseria de sus conciudadanos. Descubrimos que, hipnotizados por la propaganda y la presentación atractiva de los productos, estábamos dominados por un gran deseo de poseer. Descubrimos que en vez de hacernos más felices, nos esclavizábamos a nuestros deseos. Descubrimos que eligiendo ser austeros éramos más libres y felices, que la austeridad elegida era una actitud liberadora. Superamos el sufrimiento de la austeridad obligada al transformarla en una austeridad elegida.

Pero tenemos una asignatura pendiente. Tenemos una espada de Damocles sobre nuestras cabezas: me refiero a la deuda externa.

Para ayudar a nuestros países a hacer frente al pago de los servicios de la deuda, hemos abierto una cuenta, donde todos los ciudadanos pudiesen depositar, si querían anónimamente, fondos para pagar la deuda. Esta idea nos la dio un corrupto arrepentido. Un ciudadano anónimo me confesó que él había robado al Estado y que quería resarcir los daños devolviendo con intereses el dinero mal habido. Este ciudadano quería volver a tener paz en su conciencia y seguro que hubo fiesta en el cielo por el retorno del hijo pródigo. Tengo una lista de entidades y empresas nacionales e internacionales que hicieron donaciones. Las publicaremos con marco dorado. A ellos y a los donantes anónimos rendimos nuestro más profundo homenaje. En épocas anteriores la creación de cuentas solidarias había sido un gran fracaso, ahora no lo fue porque la gente confía en sus gobernantes. Esos aportes impidieron que nuestros países cayesen en la cesación de pagos, por lo menos por el momento.

Pero falta mucho para salir del pozo.

No creo que sea el momento y tampoco es ahora mi intención la de iniciar un debate sobre la deuda. Existen excelentes estudios críticos e informativos sobre el tema, sobre todo los de Eric Toussaint de la Comisión para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM). Quisiera sí resumir nuestro camino hacia el abismo. La deuda moderna tomó cuerpo a mediados de la década de los ’70. Después de la guerra del Yom Kippur, los países árabes aumentaron tremendamente el precio del petróleo. Sus depósitos en los grandes bancos internacionales, provocaron un gran excedente que era necesario colocar. En esa época nos prestaron a manos llenas y a bajísimas tasas de interés. Allí comenzó el desastre. Desastre porque en la mayoría de los préstamos, las tasas de interés eran reajustables cada seis meses. Reajustables con índices como la tasa LIBOR o el Riesgo País. La tasa LIBOR, sensible a las políticas domésticas de los países del norte y que podía variar sin ninguna relación con lo que nosotros hiciésemos o no hiciésemos. El Riesgo País, una entelequia inventada por los bancos acreedores, es también un índice que no se establece por consenso con el país deudor, sino que su fijación es hecha unilateralmente por los acreedores. Las políticas monetarias de Thatcher y Reagan, que elevaron significativamente las tasas de interés y provocaron la primera gran crisis de la deuda. México no podía honrar su compromisos. Se produjo un salvataje relámpago para impedir que el incendio se propagara. Ahora bien, ese salvataje introdujo un ingrediente nuevo. Para poder recibir un nuevo préstamo del FMI o de los países del norte, debíamos, previamente satisfacer a las políticas denominadas de Ajuste Estructural del FMI (hoy denominadas eufemísticamente Servicio Financiero de Reducción de la Pobreza y Crecimiento).

Esas políticas, reflejo fiel de los dogmas neoliberales triunfantes, junto con el aumento desmedido de las tasas, nos llevaron a este abismo. Una muestra de las consecuencias de esas políticas fueron: la crisis mejicana de 1995, la de los países emergentes del sudeste asiático, la de Rusia y la brasilera. La fuente de las crisis fue fundamentalmente la volatilidad de los mercados financieros, cuya libertad nos impuso el FMI. Otras consecuencias notables de las Políticas de Ajuste fueron: Apertura de los mercados, que generalmente provocó un récord de quiebras en las empresas locales; Privatizaciones, con las que cedimos monopolios a empresas que solo buscan el lucro; Flexibilización Laboral, favoreciendo el aumento de ganancia de las empresas privatizadas; Inversión del flujo neto de capitales que ahora se dirige del sur al norte.

En estos momentos el crecimiento de la deuda es exponencial, para pagar el servicio de deudas anteriores debemos tomar otros préstamos. Nuestros países la mayoría sumidos en recesiones tienen un crecimiento muy pequeño o negativo. Las tasas de interés que pagamos por la deuda están en el orden del 15%, contra el 6% que consiguen los países del norte. Evidentemente, si no cambian las cosas el colapso es inevitable.

Lejos estamos de presionar con actos violentos. Lo que queremos pedir en este foro es que nos comprendan y comprendan que el camino que está tomando el ser humano en los países ricos, es el camino de la esclavitud. Todo lo contrario a lo que afirmara von Hayek, el camino de la servidumbre es el camino que ellos están emprendiendo. No solo de la servidumbre de otros sino la servidumbre hacia sí mismos, drogándose con el consumismo. Entrando a un nivel de gastos que los esclavizará el resto de sus días, los esclavizará porque tendrán que buscar el lucro permanentemente y necesitarán, en algún momento, explotar a otros seres humanos. Es un lugar común pero no pierde su fuerza, no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita. Nosotros no queremos ser ricos, lo que queremos es que por lo menos todos nuestros ciudadanos simplemente por el derecho de haber nacido en el planeta Tierra, tengan una vida digna.

Para ello necesitamos que de alguna manera aligeren nuestras deudas impagables, que dejen de obligarnos a cumplir las terribles políticas de Ajuste Estructural. No necesitamos ser grandes economistas para evaluar la actual política internacional. Basta con observar los resultados; polarización norte-sur, polarización dentro de cada país, degradación del medio ambiente. Ahora no estamos obligados por las armas, estamos obligados por la deuda externa, la que no negamos, ni tampoco queremos ahora discutir su legalidad, aunque nos reservamos el derecho de hacerlo si fuera necesario.

Mi alegato no es entonces un alegato jurídico, hemos comprobado que la contienda entre razones es interminable, pese a argumentos tan fuertes como los de la deuda odiosa del derecho anglosajón y la modificación unilateral de las tasas de interés (no invalidados por el canje por los bonos Brady). Hoy, en cambio, quiero hablarles de corazón a corazón, a todas la autoridades aquí presentes.

 

Mi misión, en nombre de los presidentes de los países latinoamericanos, es solicitar a esta ilustre Asamblea el cumplimiento de todos los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual son signatarios todos los países representados en esta Asamblea, especialmente los siguientes artículos:

 

"Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 3º: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 22: Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 25: Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios.

Artículo 28. Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos".

 

No pedimos limosna, simplemente pedimos coherencia. En la historia de la humanidad siempre hubo opresores y oprimidos, tenemos hoy la posibilidad de romper con esa tradición. El avance tecnológico debe ser acompañado por un avance moral. Todos deseamos crear el cielo acá en la tierra. De nada vale acumular, la felicidad está en el servicio al prójimo. Los invito señores a que usemos esta oportunidad, para crear una edad de oro en nuestra historia.

 

CERRADA OVACIÓN

CAE EL TELÓN

 

Asunción del Paraguay, mayo de 2000.

® Guillermo Parodi

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