ESTA SEMANA SÓLO PINTO FUNAMBULISTAS

IRENE ADLER

 

Cuesta tanto trabajo recordar sin lágrimas determinadas cosas… Pero es tan difícil olvidarlas… Me gustaría volver a vivir con vosotros todo lo que sucedió. Cada detalle, cada gesto, cada palabra. Pero ello implica recordar cada gota de sangre acompañada por una lágrima. Dicen que vaciar la memoria, volcar recuerdos, es un buen ejercicio para aliviar las tristezas. Hagamos uso de tan simple remedio terapéutico, aunque complicado al mismo tiempo, pero con mesura. Ésta es mi historia.

No tengo muchos amigos, pero más vale poquito pero bueno ¿verdad? No es fácil hacer amigos cuando lo que llevas dentro es sólo tuyo. No quiero decir que sea tímida, es más radical, nunca hablo de mí. Por eso me sobresalté cuando me descubrí abriendo el corazón a quién no conocía.

Carlos y yo nos conocimos en un encuentro de jugadores de rol. No sabía mucho del Ciberpunk, pero él se encargó de ponerme al día y, aunque prefiero los singulares paisajes y tramas de El señor de los Anillos, he de admitir que nuevas tecnologías, interfaces e implantes captaron mi atención de inmediato.

Él estaba agobiado, aunque su stand era uno de los más completos, así que intenté tranquilizarle, y comenzó a contarme. Descubrí que era un solitario al que le encantaba pintar, pero también que estaba haciendo el servicio militar y su futuro era el ejército. Esto me extrañó mucho, sólo tenía dieciocho años y un futuro sujeto a la disciplina y las armas. Así se lo dije. "¿Qué me queda por hacer? Tendré trabajo y sueldo ". Nunca hubiera esperado una respuesta tan materialista, pero el tiempo me enseñó que era su única opción.

Aquella tarde abrimos nuestros corazones el uno al otro. La palabra sinceridad corrió por nuestras venas. La amistad inundó nuestra vida ahogando soledades y tristezas. A partir de entonces nos vimos en cada permiso, y los lazos se hicieron más fuertes. Él me mimaba, y yo le hacía ver que quedaba un sol tras aquel cuartel. El ejército lo hundía, pero se negaba a reconocerlo, y yo me sabía su ventana al resto del mundo, a aquello que aún lo mantenía cuerdo. En sus cartas, donde recibía sus dibujos, sentía el frío de las guardias, el insípido rancho, era como si yo hiciera el servicio militar paso a paso con él.

Los días pasaron quedos, como suele pasar el tiempo cuando no hay nada que te interese profundamente. Y por fin se examinó. La carta de respuesta la leímos juntos: Destino… ¡qué lejano sonaba! Y reconoció que se hundiría en su soledad.

No le dio tiempo… El destino quiso que se encontrara en una tierra aún más lejana que la patria. En una de esas guerras que nadie comprende. Cuando me enteré de que acudiría como voluntario me reí de él, alguien tenía que quitarle hierro al asunto, pero en realidad tenía más miedo que nunca. Su casco azul se tiñó de escarlata en una noche en la que no hubo ni faroles ni grillos. Él sabía que estaba en la cuerda floja. Me lo decía en su última carta: Esta semana sólo pinto funambulistas.

 

® Irene Adler

Tu comentario es muy importante. Llena nuestro formulario de opinión y contribuirás a hacer nuestra sección de Opinión la más importante de la web. Recuerda el título del cuento y su autor: Esta semana sólo pinto funambulistas de Irene Adler.

Al formulario

 

Al autorAutores novelesAl menuAl foro


alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Inmobiliaria y Dominios
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón