NOTA:La
siguiente historia ha circulado, por lo menos, durante ya unos meses en
países de habla hispana. Ésta, como todas las historias que
se desarrollan gracias a la espontánea verbalidad de amigables y
festivas tertulias, es relatada por algunas personas de una manera y por
otras de otra; una situación que ha motivado la elaboración
de una versión escrita y mas accesible a los muchos, que sin lugar
a duda se van a reir al reconocer al o a los personajes centrales.
Se recomienda amablemente al lector sensible no ponerse muy serio, ni tomarse
nada a lo personal. Después de todo, el (buen) humor es la mejor
posición para encarar esta vida... tan dura y dulce como contradictoria
y fascinante. Juan Pablo Alegría - 23 de
Enero de 2001.
Dario Rodrífulez
llegó a este mundo en uno de los tantos países situados a
lo largo de la Cordillera de los Andes; en una ciudad encantadora, campestre
y acariciada por un clima muy favorable a la viticultura y, también,
a la creación de historias, leyendas, y cuentos.
Sin lugar a discusión,
Dario demostró a temprana edad ser muy precoz. Testigos hay que
aseveran, que cuando los demás niños se entretenían
con Batman, Flash Gordon, Sandokán, Máscara Negra, y otros
héroes similares, él se interesaba por Nerón y Calígula.
Hazañas y heroísmo eran para los simples, concluyó
el pequeño y habiloso Dario; el poder sobre otras personas correspondía
a los más vivos, a los auténticamente piolas. Embelesado
se imaginaba el espectacular viaje de Nerón a través de Italia
y Grecia. Ahí iba el emperador… toga blanca, corona de laureles,
con un séquito de esclavos; obligando a las aldeas, a su paso, a
aplaudir su música y actuación. Y el gran Calígula,
también entogado, que invitaba a comer a matrimonios amigos, para
después de la comida ejercer su autoridad y montarse en la esposa
del visitante ¿Qué otra cosa podía ser el sentido
de la vida, sino el poder sobre otros?
Ya en sus años púberes,
Dario gozaba envolviéndose en una sabana blanca, en ocasiones usaba
otros textiles como cortinas y manteles del mismo color y, frente a un
espejo, ensayaba las maneras imperiales de Nerón y Calígula;
tal como él los creaba con su vívida fantasía. Caras
melodramáticas, miradas impregnadas de magnetismo, voces resonantes,
discursos a multitudes… cada detalle era estudiado a conciencia. El joven
Darío se tomaba esta actividad tan en serio, que llegó a
denominarla "el trabajo". Pero a veces, claro, le irritaba y hasta entristecía
profundamente, que el espejo le devolviera solamente su propia imagen,
y no las multitudes de sus ensueños.
Los ojos benignos de su
ciudad natal lo vieron entrar a la adultez e interesarse intensamente por
Adolf Hitler. El Fuhrer (el que guía o sencillamente el guía,
en alemán) era sin duda fascinante; siempre en escena, con focos
de luz apuntándolo, mientras una multitud uniforme compuesta de
no-individuos lo aclamaba con símbolos, banderas y saludos especialmente
dedicados a él. Además; el Fuhrer hacía que sus lugartenientes
se trenzaran con uñas y dientes, se traicionaran y denigraran entre
sí, sólo para congraciarse con él. ¡Qué
figura! Una lástima que hubiera perdido la guerra; debe de haber
tenido un sector apoyo deficiente, concluyó Dario, luego de profundas
meditaciones.
Poco a
poco, como producto de un proceso (concepto que ya usaba apenas podía),
surgió en la mente de Dario una figura fenomenal, que había
existido y que se podría decir que aún existía; una
figura que a través de siglos había sido capaz, sin perder
nunca una guerra, de mantenerse en la mente de miles y miles, ya… de países
enteros. Esa figura era nadie menos que el mismísimo Jesucristo,
el mesías de la cristiandad. Nerón, Calígula y Hitler,
si bien le seguían pareciendo guías ilustres por sus ejemplos
de grandeza, no podían competir con Jesucristo en significado y
popularidad.
Tiritando de voz y manos
y con los ojos aún más protuberantes que de costumbre, por
la ansiedad del delirio, Dario volvió a cubrirse con su sábana
blanca, ahora plegada como toga de mesías, y a encarar a su viejo
amigo y confidente: el espejo de su casa. ¡Un mesías al estilo
de Jesús!… ¡He ahí una genial ocurrencia! Dario
soñaba con doctrinas salvadoras, visiones apocalípticas,
sermones a masas, metáforas y parábolas ilustrativas, imposiciones
de manos con fines energéticos y curativos, todo tipo de rituales
y ceremonias… en fin, la obsesión crecía vertiginosamente
en su cabeza.
2) El mesías
Una mañana, y después
de haber trabajado con su sabana-toga frente al espejo, Dario se compenetró
en los misterios de la Biblia. De pronto se topó casualmente con
un pasaje del Génesis que decía:
"No caerá
el cetro de Judá ni el legislador de entre sus pies, hasta que no
venga Shiloh... ata a la vid su pollino, lava en vino sus vestidos y en
sangre de uva su manto" Delirante, exclamó:
-¡Yo soy el Shiloh que viene! ¡Aquí estoy con mis vestidos!
Y observó en el espejo su propio cuerpo
enrollado en la sábana. Acto seguido lanzó una mirada
al patio de su casa - ¡y justo!... ahí se aburría un
inocente pollino y un poco mas allá se extendían unos verdes
y plácidos viñedos. La escena, aparte de las distancias en
tiempo y geografía, no era exactamente como en la descripción
de los profetas hebreos, pero para Dario esos signos no podían ser
otra cosa que un llamado celestial dirigido única y exclusivamente
a él... ¡A él! !¡A él!
Sólo minutos después
de la revelación bíblica desechó la ocurrencia
de llamarse Shiloh; su siempre despierta conciencia encontró poco
creativo eso de copiar tan directamente un nombre de la Biblia. Silo… si,
Silo, un Shiloh modificado sonaba pleno de originalidad. Además,
implicaba una paradoja intelectual, ya que sin las haches era y no era
lo mismo que en la Biblia ¡Qué genial! Silo iba a ser el nombre
con el cual las masas lo aclamarían. Clavó su mirada en los
ojos del ensabanado del espejo, lo apuntó con el índice y
le dijo: "¡Silo… por el nombre de Silo te han de conocer los sedientos
de espíritu y los hambrientos de salvación!! Luego esbozó
una sonrisa y el ensabanado le devolvió la misma sonrisa; satisfecha
y orgullosa.
Días mas tarde,
ya mas relajado y con la mente bajo rigurosa conciencia de sí, Dario,
todo un perfeccionista, volvió a evaluar su logo mesiánico;
Silo. Y he aquí, que de pronto todo su cuerpo fue golpeado y zamarreado
por una revelación; otra revelación, muy distinta a la anterior.
"Silas, Silas, Silas…" repetía una voz que parecía clamar
en un enorme desierto a lo Juan el Bautista. "Silas, Silas, Silas…" la
voz se manifestaba alrededor y dentro de él. Silo suena tonto
y aburrido, murmuró desde su estado visionario. Inmediatamente
se plantó la sábana y se posicionó frente al espejo.
¡Silas… tu serás Silas! Prorrumpió señalando
al ensabanado en el vidrio. En ese instante sucedió algo extrañísimo,
probablemente proveniente de otras esferas, durante unos segundos tuvo
Dario-Silas la sensación de que la figura del espejo le devolvía
la mirada… pero no la complaciente de la revelación anterior; ¡no!
ahora el ensabanado, que no podía ser otro que él mismo,
le devolvía una mirada herida, ¡subrayada por una sonrisa
desafiante!, como si rehusara ser rebautizado y se negara a ser desplazado
así nomás del paisaje interno mesiánico, en el cual
ya se sentía a sus anchas.
Con el culebrino cosquilleo
de un escalofrío sobre la epidermis de su espalda, Dario-Silas se
vio en la necesidad -no en el deseo- de hacer algo urgente. Por suerte
tenía unos libros de Gurdjieff y Ouspenski a mano; y en los textos
de los dos esotéricos rusos encontró técnicas que
él sintió, lo conectaban con niveles muy superiores y, finalmente,
Silas ganó la batalla y el ensabanado del espejo volvió a
sonreír la sonrisa de él; la satisfecha y orgullosa.
"Silas, Silas, Silas"…
por cada repetición más se convencía de poseer un
apodo sonoro, original y capaz de lanzar una poderosa e inequívoca
señal redentora a la humanidad. En medio del éxtasis no dejo
de pensar: ¿Qué habría sido de mí, de no haber
tenido a mano los libros de Gurdjieff y Ouspenski…? Ahora puedo ofrecer
altos niveles de conciencia y transmutaciones a mis futuros discípulos.
Sucedió entonces,
como consecuencia de su trabajo evolutivo, que la sábana comenzó
a parecerle un tanto estrafalaria. Era necesario proveerse de otra tenida,
menos casera y más de acuerdo con el ministerio a emprender. En
una ferretería cercana adquirió por un precio muy módico
un overol blanco, de esos que antaño se usaban para trabajos manuales.
Y al ponerse esta indumentaria laboral no se sintió en absoluto
estrafalario; todo lo contrario, se sintió tan serio, que inmediatamente
se dio a practicar poses de iluminado espiritual frente a su fiel espejo.
Entre los vecinos y amigos
del barrio consiguió Silas sus primeros seguidores. Hacia afuera
se las daba de anticristiano, para mostrarse nuevo y distinto, pero no
bien podía se las arreglaba para parecerse al Mesías Nazareno.
Como los medios de comunicación
no le prestaban la mínima atención Silas pergeño una
serie de astutas ideas con el fin de promoverse. "Miente, que siempre
va a quedar algo" había dicho Goebbels, el sagaz ministro de propaganda
del Fuhrer. Inspirado por tal idea fuerza, se lanzó a escribir acerca
de sí en distintas situaciones; arengas a masas, conversaciones
de toque místico con "gente del pueblo", diálogos filosóficos
con discípulos… todo existente sólo en sus ensueños
y en un montón de hojas por él escritas y llamadas Silas
y la liberación. Importante: Escribía como si fuera otro
el escritor; elogiando y ensalzando su propia persona; un trucazo (a su
ver) del cual nunca se iría a desapegar.
Antes del lanzamiento público
hizo circular el cuento de haber meditado semanas enteras en las montañas
andinas en busca del sentido de la vida. El cuento apuntaba a imitar los
días de Jesús en el desierto. La verdad es que Silas embutido
en su overol blanco, fue transportado oculto en el asiento trasero de un
automóvil, para que los pocos presentes a su debut no se percataran,
que venía desde una ciudad - y no de frías y meditativas
montañas. Terminada la magistral arenga, titulada Como curarse de
sufrir, el reciente mesías lanzó la corona de espinas de
Jesús a los oyentes, pero ¡ojo! ,esta vez la corona era de
flores y hecha por él mismo. Con esta enternecedora simbología,
Silas había dado su respuesta a la crisis de la humanidad.
3) Los dos mesías
Fue cuando envió a sus
discípulos a tapizar las paredes de la ciudad con la inscripción
"Silas es bueno", que se llevó la gran sorpresa. Al salir al otro
día para deleitarse con la leyenda de los muros, se encontró
conque al lado de cada "Silas es bueno" había un "Silo es benignísimo".
Choqueado, con los acostumbrados ojos protuberantes y las manos temblorosas,
Silas rememoró la sonrisa insubordinada del ensabanado del espejo.
¿Cómo podía ser posible? Si él había
usado técnicas surgidas desde elevados niveles de conciencia para
hacer que el rebelde sonriera la sonrisa de él; la satisfecha y
orgullosa. No en balde había escrito un cuadernillo titulado Silas
y su enseñanza popular, en donde se describía a sí
como "el sonriente". Además ya no usaba mas sábana,
sino un overol blanco muy serio. Era como si el pasado no estuviera integrado
y se empeñara en perseguirlo. No era fácil llegar a una conclusión;
era su propio pasado frente al espejo que se había encarnado, o
algún otro gurú de esos que andaban por ahí dando
falsas respuestas a la crisis, o Gurdjeff y Ouspenski que le habían
fallado…. o el "sistema" que intentaba detenerlo, para que las naciones
y los pueblos continuaran sufriendo.
Sus discípulos, denominados
Los Niños Dichosos de Silas desde la arenga que curaba el sufrimiento,
se dirigieron a él en busca de guianza.
-Papá Silas, indagó
el mas avanzado de ellos, tenemos un problema grave; nos ha salido competencia
y…
Silas interrumpió
simulando control sobre la situación. -¡Ya estamos al tanto!
Un murmullo de admiración
cubrió al grupo reunido. Papá Silas ya sabía lo que
le iban a preguntar.
Silas prosiguió.
-Es importante esclarecer, no confundir. Y un nuevo murmullo de estupefacción
surgió ante la increíble lógica del maestro. -Lo de
"Silo es benignísimo" nos tiene sin cuidado. Ese tipo de sectas
son precisamente un síntoma del abismo al que la humanidad se acerca
a pasos agigantados. Pero que se sepa muy bien en cada nación del
mundo, en cada rincón de la tierra:
¡Nosotros no somos
ellos! ¡Nosotros somos otra cosa!
Los Niños Dichosos
asintieron, ajustaron grabadoras y tomaron notas en cuadernos.
-Nosotros vamos a ser muchas
cosas hacia afuera ¡Pero seguiremos siendo los mismos para nosotros
mismos! Arengó Silas, inspirado.
-Qué ingenioso, papá
Silas, pero qué ingenioso, realmente increíble de ingenioso,
acotó un discípulo de los más brillantes.
-Exactamente, confirmó
Silas, inventaremos todo tipo de disfraces para hacer que más y
más gente goce de los beneficios de ser un Niño Dichoso de
Silas. Nada nos detendrá, no habrá límites para nuestra
capacidad de pantalleo!
Un joven, que no era discípulo
y se encontraba por casualidad en el local de la reunión, formuló
inocentemente las siguientes preguntas: -Pero… ¿por qué no
ser lo que se es? ¿Por qué es necesario mostrarse como otras
cosas?
-Nosotros no operamos así.
¡Nosotros operamos de otra manera! Contestó Silas, y luego
agregó muy disgustado: -¡Aquí tenemos un "contra"!
El joven fue sacado
a empujones de la reunión.
-Sinteticemos, dijo Silas,
ahora en tono de padre cariñoso al ver tal demostración de
incondicionalidad. -El tal Silo no es nada mas que un fenómeno
pasajero, una burda imitación de nuestro trabajo, que desaparecerá
cuando los pueblos se unan en torno a nuestra doctrina del no-dormir y
del no-sufrir. ¡Ahora a trabajar!
Y los Niños Dichosos
salieron de la reunión a las calles dispuestos a despertar a los
transeúntes y a curar a la humanidad del sufrimiento - a punta de
panfletos.
Una vez solo, Silas sonrió
su satisfecha y orgullosa sonrisa.
Pero el extraño e
inexplicable fenómeno que iniciárase frente al espejo continuó
persiguiéndolo. No bien Silas había escrito el librito Jaque
al mesías, en donde se comparaba abiertamente con Jesus,
apareció Mesías de a peso de Silo. Lo mismo
sucedió con otro librito titulado La mirada interna,
que fuera imitado por Silo con La mirada para adentro.
Y cuando Silas lanzó el marxistoide Poder Joven pregonando
la revolución total mas el poder total a manos del pueblo, Silo
apareció con algo parecido; Poder Juvenal. Silas
(un amante del "totalismo") vaticinó la caída total del sistema,
el caos y la barbarie en las calles de las ciudades del mundo… y Silo salió
entónces con exactamente el mismo vaticinio. Iracundo Silas declaró,
que era objeto de un complot orquestado por el sistema… y Silo se declaró
él y su secta como todavía mas perseguidos por exactamente
el mismo sistema. Los tiempos cambiaron y las revoluciones cayeron
en desprestigio, lo cual hizo que Silas entre otras cosas intentara el
Instituto
Síntesis y la Religión Interior para
sólo descubrir el Instituto de Sintetización
y la Religión Introvertida de Silo!
Intento tras intento Silas
se vio imitado por la imagen que otrora hubiera querido erradicar de su
espejo.
4) La guerra de los mesías
Un buen día, un tan hastiado
como desesperado Silas embutióse nuevamente en el querido overol
blanco de sus primeros pasos mesiánicos, y se ubicó frente
al espejo. Ya era hora de hacer algo definitivo. Su ultimo intento público,
La
Comunidad para el desarrollo del ser humano, en donde él
y sus Niños Dichosos rechazaban enfáticamente toda actividad
política, lo había hecho vislumbrar los globos, las banderas,
las camisetas, los saludos hitlerianos con brazos extendidos y manos formando
signos… todo aquello con lo que había soñado despierto desde
niño. Pero Silo, siempre acechante, lo había emulado implacablemente
con una construcción casi idéntica;
La Junta para la
evolución de los humanos. No quedaba pues otra salida,
que hacer un trabajo de corte auto-transferencial e integrar de una vez
por todas a ese irritante contenido de su pasado.Y frente al espejo Silas
se conectó con su propia imagen, hasta que poco a poco el overol
se transformó en sábana… y ahí estaba Silo; con los
mismos ojos de camello ofendido de aquella vez, cuando se negara a ser
rebautizado.
-Yo soy el que existo. ¡Tú
no existes! Silas abrió el proceso transferencial, duro e increpando.
-Falso, respondió
Silo con convicción. ¡Yo existo porque tú existes!
-Yo no soy tú. ¡Yo
soy yo! Atacó Silas.
-Falso, contraatacó
Silo. ¡Tú eres yo y yo soy tú!
Silas decidió cambiar
de táctica. La retórica, que le daba tan buenos resultados
entre los Niños Dichosos de su secta, se veía rebatida dentro
del mismo sistema de razonamiento. Con su característico vuelo poético
declamó: -Eco de un eco, sombra de una sombra… nombrador de
mil nombres ¿Por qué no te pones otro nombre?
-Pavadas, dijo Silo, pavadas
de las que yo escribo a carretadas para los pelotudos de mi secta.
Silas se llevó una
mano al mentón; acostumbraba pregonar la reconciliación…
¿por qué no intentarla? Abrió los brazos mostrando
las palmas al espejo: -He venido a integrarte, a conciliarme contigo, para
que ambos nos hagamos uno y unidos salvemos a la humanidad de la venganza.
-¡Esos cuentos los
conozco demasiado bien! -Silo se rió.
El estupefacto Silas no
supo qué decir.
-¡Tú eres el
que no existe! Prosiguió Silo. Yo soy el que te observo a ti en
el espejo. ¡Tú tienes la sabana encima y yo el overol blanco!
Y Silo soltó carcajadas diabólicas haciendo saltar panza
y papadas.
Silas se sobresaltó,
escalofríos le recorrían la espina dorsal desde el cerebelo
al boquete anal. Finalmente su cuerpo ganó la batalla y huyó
despavorido, como alma arrebatada por el diablo. El proceso transferencial
había fracasado.
Pasaron los años.
Y como La Comunidad demostró ser otro fracaso, no le quedó
otra cosa a Silas que subirse a la ola
ecólogo-humanista tan en boga. Y usando naturalmente los elementos
mas clichés de los planteos ya existentes, armó un partido
político; El Partido Humanista de Silas. Con esto
del partido se contradecía groseramente todo lo dicho por la La
Comunidad - y todo lo dicho antes de ésta. Pero sus propias
contradicciones nunca fueron un problema para Silas, él se sentía
llamado a solucionar solamente las contradicciones de otros.
El partido dio sus mejores
resultados en donde no fue investigado. Porque donde se lo sometiera a
la mínima evaluación fue declarado una secta barata. Bueno…
pero lo importante obviamente no era el partido, sino que el show orquestado
con camisetas, globos, saludos hitlerianos y la adulación incondicional
de Los Niños Dichosos de Silas.
El sueño del pibe;
si Nerón y Calígula lo vieran, pensaba Silas muy regocijado,
sentirían con toda seguridad algo de envidia. Y el gran Furher lo
admitiría como un miembro aceptado.
¿Pero quien dijo
que éste es un mundo perfecto? Hasta un astuto como Silas tiene
que enfrentar los obstáculos de la caprichosa dinámica de
la existencia. La felicidad habría sido completa sino fuera porque
el Partido Humanoidizante de Silo también circulaba
por las calles, imitándolo, plagiándole sus excelentes ideas.
Y peor aún, aconteció una vez que al final de un acto en
su propia ciudad, un discípulo que hubiera trabajado ya bastantes
años entre sus Niños Dichosos, le dirigió la siguiente
pregunta:
-¿Cómo nos
podemos definir nosotros en este momento de proceso, papá Silo?
La pregunta era la clásica
bobada de discípulo bobo, de las cuales recibía cientos a
la semana, pero…. ¿papá Silo?! ¿No papá Silas?
Casi se le salieron los ojos del cráneo. -¡Nosotros no somos
ni Silo, ni los siloistas! Prorrumpió Silas enrabiado.
-¿Cómo… que
acaso no somos Silo y los siloistas, papá Silo? Balbuceó
el discípulo a todas luces sorprendido.
-¡Nosotros no somos
ellos! ¡Nosotros somos otra cosa! Arengó Silas.
-Papá Silo, perdón…
papá Silas, no entiendo, necesito esclarecimiento…!
Silas sacó una de
sus carcajadas, de esas que demuestran mucho control situacional, y precisó
la gran diferencia existente entre él - y todas las
otras falsas respuestas a la crisis de la humanidad. El monólogo
esclarecedor, de cuatro horas, pasó a los archivos como la La Charla
Esclarecedora y Prohibida Número 1.893. Mas tarde, ya finalizada
la reunión, Silas ordenó a sus Niños Dichosos
más fieles expulsar inmediatamente al discípulo de la pregunta;
el cual tenía que ser un infiltrado de Silo, un contra o, muy probable,
un resentido que no había entendido nada.
5) El triunfador de la guerra de los mesías
Inmediatamente después
del desagradable incidente Silas, envalentonado por lo bien que le estaba
resultando el Partido Humanista de Silas, tomó una dramática
decisión. Costara lo que costara ¡nunca mas! el copión
de Silo le sabotearía el proceso de redención del mundo,
que él guiaba de manera tan pulcra y sublime. Desenterró
entonces su viejo atuendo místico de un baúl; el overol.
¡Cómo lo echaba de menos… a su blanco overol! En los actos
en su honor que organizaban los Niños Dichosos se vestía
a menudo de camisa y pantalones blancos, pero en su interior, en su paisaje
interno, él seguía sintiéndose investido de su flamante
overol. De pasó ensoñó Silas, que algún día
aquella humilde ferretería pasaría a la historia por haber
vendido, a un módico precio, el atuendo del mesías de la
Nueva Era. Pero bueno, era hora de rechazar el apego a los recuerdos
y encarar transferencialmente a ese contenido biográfico, que por
alguna razón, para él desconocida, se negaba a integrarse.
Se relajó profundamente,
de pie frente al espejo, y al abrir los ojos se encontró con la
sábana, la mirada y la voz conmovida de Silo, que le decía:
-¡Padre…!
-¡Hijo…! Exclamó
Silas invadido por una súbita emoción. Después de
todo, él era el creador de Silo.
-Padre, si me has creado
a tu imagen y semejanza… ¿por qué me reniegas?
Silas no pudo encontrar
palabras para responder.
-Solo una sábana
y un overol nos separan. En todo lo demás nos parecemos tanto.
Silas seguía pensativo.
-Querido padre, dijo Silo
en tono de ejemplar hijo pródigo, estás sensiblero y confuso.
No sirves para la misión de mesías. Retírate, déjame
a mí, que estoy lleno de trucos y astucia para salir adelante.
¡Ahá! Aquí
Silas cayó en cuenta. El ladino y truquero de Silo (¿a quien
habría salido?) intentaba ablandarlo ¡para apropiarse de su
trabajo! -Sólo hay lugar para un mesías, dijo Silas, dándose
el aire de efectividad con el cual impresionaba en su secta.
-¡Y ese mesías
soy yo! Afirmó Silo.
-No. ¡Ese soy yo!
Contraafirmó Silas.
-No. ¡Soy yo! Insistió
Silo.
-No. ¡Yo! ¡Yo!
Insistió Silas también.
-¡Paz es fuerza! ¡Vade
retro! Arremetió Silo.
-¡Paz, fuerza y alegría!
Contraarremetió Silas.
Así siguieron… imprecándose
y conjurándose el uno al otro. Un verdadero duelo. Silas y su overol
contra Silo y su sábana. Mesías versus mesías.
Silas pensó rápidamente;
la única manera de deshacerse de Silo era implantando en el espejo
su propia imagen, con overol. De manera que cerró los ojos y se
tapó los oídos. Usando todo su poder transferencial, se configuró
a sí en el espejo; sin sábana, con overol. ¡Silas y
no Silo! Gritó Silas a todo pulmón. Cuando abriera los ojos,
el otro y su sábana habrían desaparecido para siempre. Finalmente
abrió los ojos. Y ahí estaba Silo rascándose la sábana
a la altura de la panza.
Impotente, a sabiendas de
que había perdido la batalla, Silas agarró a lo que es patada
el espejo hasta destruirlo completamente. Acto seguido salió disparado
de la pieza.
Cuando tiró su overol
al baúl en que acostumbraba guardarlo, le pareció como más
plano al tacto y más largo, sin bolsillos ni botones…. ¡¿Cómo
una sábana?! Los escalofríos comenzaron a recorrer su epidermis.
¿Acaso había sido Silo, el real triunfador de la lucha?
Acaso en realidad él y su overol se encontraban ahora repartidos
por el piso de la otra habitación, insertados en los restos del
espejo que hubiera destruido a patadas A lo mejor él no era mas
Silas, sino que Silo. Los escalofríos continuaron. No, mejor era
no abrir el baúl, no comprobar si en su interior había un
overol… ¡o una sábana!
6) Epílogo
El mismo Dario Rodrífulez,
Silas, lo ha dicho incontables veces: Vivimos en un mundo lleno de confusión.
Y por esa razón y no otra (según él) cada tanto alguien
se equivoca y lo confunde con Silo. En estas situaciones Silas niega enfáticamente
ser Silo.
-¡Papá Silas
existe! ¡Silo no existe! Arenga Silas periódicamente a sus
discípulos para que no se confundan, para que estén muy concientes
de gracias a quien están salvando a la humanidad.
Dario Rodrífulez,
Silas, practica la difícil tarea de huir de su pasado. Se
podría decir que hasta parece resentido con sus primeros pasos mesiánicos,
de los cuales quiere olvidarse en la creencia de que todo el mundo también
se va a olvidar. Odia que por ejemplo le pregunten: ¿Qué
pasó con la caída del sistema que anunciara por años
de años? ¿En qué quedó su mensaje, al
comienzo destinado solamente a los fracasados? ¿Por qué
no nombra más al Shiloh de la Biblia? ¿Por qué no
usa más su overol blanco, con el cual comenzara su carrera? En fin,
son tantas las preguntas que Silas rehuye.
Pero su mayor temor es otro;
es descubrir que dejó de ser Silas y que en realidad él ahora
es Silo, el ensabanado de sus primeros tiempos. Y por esa horrorosa razón
Silas evita exponerse al reflejo de su propia imagen en espejos, vitrinas
de tiendas, pozas de agua, planchas metálicas de textura muy lisa
y brillante… sí, como en los cuentos de vampiros; esos seres parasitarios
que vivían de la sangre de otros, de la vitalidad de otros.
7) Moraleja No es fácil ser mesías. Y para intentar serlo se recomienda,
como mínimo, dar pasos correctos desde el comienzo y también, muy importante; no cambiar una sábana
casera… ¡por un overol de ferretería!