Bernardo
Atxaga (Joseba
Irazu) (1951- )
Creadores

Bernardo Atxaga
(pseudónimo del escritor vasco Joseba Irazu
Garmendia) es considerado como el más importante
autor en euskera de la actualidad. Se dio a conocer a
nivel nacional en 1989, cuando le fue concedido el
Premio Nacional de Literatura y su obra Obabakoak
(1988) fue traducida al castellano y a muchas otras
lenguas. Obabakoak fue un auténtico
fogonazo literario, que reveló la tremendas dotes de
fabulador del escritor euskaldún. En los últimos
años ha publicado novelas como El hombre solo (1993) o
Esos cielos (1996).
Reflexiones
de Bernardo Atxaga
La Jornada (Gijón)
El
lector
''Creo que hay algo
fantasmático en el hecho de escribir y eso viene
dado precisamente por ese lector. Hay siempre un
fantasma cuando uno escribe, y además es un fantasma
mutante: de repente estás escribiendo una página y
ahora al lector le toca ser tu mejor amigo, pero en
la siguiente página es tu peor enemigo, y en la
siguiente el fantasma es aquel crítico que te
aconsejó utilizar los adjetivos acabados en 'o'. Yo
creo que ahí tiene que haber una depuración de ese
fantasma que es el lector, que yo creo que siempre
existe, o sea, que no he conocido textos autistas
más que en autistas, y los textos son opacos, son
autistas también. A mí me interesa convertir a ese
interlocutor fantasmático en un doble de mí, pero
de lo mejor de mí, de lo más serio de mí, de lo
más sosegado de mí, de lo más desprendido de
mí... Que mi lector fantasmático fuera ese doble de
mí, pero el mejor de los posibles dobles.
''El momento crucial
es cuando los ojos del lector se cruzan con lo que
uno ha escrito, cuando uno va a la cama, coge un
libro, lo abre y empieza a leer. Ese momento es el
único momento fundamental en esto que llamamos
literatura. Además es, curiosamente, un momento
secreto, algo que no se da en los best-sellers.
Recuerdo a Umberto Eco y El péndulo de Foucault,
la orquestación mediática que se hizo. Parecía esa
semana el único libro del mundo. Pero lo que he
visto en los ocho años siguientes es que se vendió
por miles y miles, pero no sé si ha encontrado una
sola conexión. Si yo fuera Eco, no estaría muy
tranquilo porque pensaría que, a lo mejor, mi libro
ha dado muy pocos momentos de verdad, literariamente
hablando.
''A Juan Gelman, por
ejemplo, quizá no lo han leído más allá de diez
en Gijón, pero cuidado, para esos diez que lo hemos
leído la conexión ha sido extraordinariamente
verdadera y además ha influido. Puedo citar a Juan
Gelman, puedo cantar una canción del Cuarteto
Roderó sobre sus poemas, y no creo que haya nadie en
Gijón que haga eso con el libro citado.
Los inadaptados ''Me siento, en principio, cómodo, y esto a
lo mejor te parece una posición muy vasca, con lo
que podríamos llamar los ex combatientes, es decir,
gente con la que he compartido unas historias
políticas, pero en el sentido lato de la palabra, es
decir, que hemos estado en lugares, nos hemos
encontrado en sitios, tenemos amigos comunes, sabemos
qué le pasó a aquel, qué le ocurrió. Y en ese
sentido reconozco, no sé si es bueno o malo, una
sensación de pertenecer a una familia. Me siento muy
bien, por otra parte, con gente no establecida, un
poco insatisfecha, que en general, corresponde a la
parte de la sociedad con menos poder. Hay un
católico fervoroso que me escribe y ha leído mis
libros y siempre les está dando vueltas y digo:
'parece mentira que tenga conexión con este
católico fervoroso', y pienso que a lo mejor se
siente inadaptado, no está muy a gusto, le parece
que el mundo no va como él quisiera. Me llevo bien,
en general, con los inadaptados, creo que ha sido una
constante en mi vida. No me refiero a los inadaptados
escandalosos. Yo digo en lo profundo, en lo íntimo,
hay mucha gente inadaptada que está descontenta.
Las
vanguardias literarias de fin de siglo
''Creo que ha habido
una teatralización, como si todo lo que era
periférico, lo que no era nuclear, hubiera crecido
extraordinariamente: la teatralización en las
actitudes, la falsa conciencia, tanta gente que
objetivamente es integrada, insoportable, pagada de
sí misma, y se cree todo lo contrario. Es lo que yo
llamaría el imparable crecimiento de lo accidental.
La vanguardia tuvo un componente antiburgués muy
saludable, que era sobre todo muy fresco, muy alegre,
un poco como fue el punk luego y en lo que se
mantiene me gusta, creo que es un antídoto contra el
amaneramiento, contra el remilgamiento, contra el kitsch.
Pero hay que andarse con mucho tiento, con mucho
cuidado, porque efectivamente una gran parte de lo
que se tiene por vanguardia no responde sino a esa
necesidad de diferenciación de cualquier producto o
marca comercial.
''Leí el libro de
Andy Warhol, su vida, sus diarios y me sorprendió
muchísimo cómo toda esa actitud que creo fue al
principio muy auténtica, que rompe un poco lo sacral
del arte, se fue transformando y en sus diarios se ve
que era un sujeto servil ante una sociedad que lo
tenía por el mono del circo, un mono al que le
pagaban unos dólares por la Polaroid y entonces te
da pena. Es el imparable crecimiento de lo accidental
comercial. Hay unos pasajes en ese libro que hacen
referencia a sus relaciones con el Sha de Persia y
eso es realmente patético, es de llorar en lo que se
puede convertir una vanguardia: el león se
convirtió en un perrito faldero.
''Sinceramente creo
que ahora es tan difícil de separar lo publicitario
de lo real que no me atrevería a dar una opinión.
Confío en que el tiempo siga teniendo la eficacia
que tradicionalmente ha tenido y resuelva esta
cuestión. Siempre me fijo mucho en la publicidad,
creo que es el arte punta de un tipo de sociedad, de
una sociedad pasada, de un capitalismo de fin de
siglo. Me fijo en cómo han engullido todo. Ahora
mismo, establecer una teoría, escribir desde una
teoría, pintar desde una teoría que deje
descolocado al sistema, es algo que hay que pensar
mucho, que es muy difícil. Igual es la apuesta
maravillosa como tal, pero es realmente difícil,
porque ahora no descolocas tan fácil al sistema''.
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