Literarias
Creadores
Escritores
Relatos
Salón de lectura
Películas
Arte en botica
Enlaces
|
Literarias / Creadores / Escritores / Salón
de lectura / Relatos / Películas / Arte
en botica / Enlaces
Sala
III
Salón de lectura

Edward Hopper. Hotel
Lobby, 1943
Obras reseñadas
Todo
un hombre (1998). Novela. Tom Wolfe
Los Gozos y las Sombras (1956-1962). Trilogía
de novelas. Gonzalo
Torrente Ballester
Mientras ellas duermen (1990). Relatos. Javier Marías
Viaje a Francia. Viajes. Nestor Luján
Los caminos de vuelta (2000). Semblanzas
literarias. Andrés
Trapiello
Todo un hombre
(1998). Tom Wolfe (1930)


Tras
la exitosa
Hoguera
de las vanidades (1987), Tom Wolfe lanza al
mercado otro novelón (más de 1000 páginas en la
edición de bolsillo). A pesar de su extensión es la
típica novela que se deshace entre las manos: tardé
poco más de una semana en leerla. Supongo que las
novelas de Wolfe son lo más parecido que hay hoy dia
a los viejos novelones rusos del XIX (y quizá no
sólo por su extensión). Leer a Wolfe, a parte de lo
ameno que resulta, es emborracharse de modernidad:en
sus páginas desfilan abogados, directivos,
banqueros, wasps, afroamericanos, trajes italianos,
coches, plantaciones sureñas, megalomanías, sexo,
fiestas...todo ese moderno (micro)cosmos de
personajes, objetos y actitudes es desarrollado de
una manera fluida e irónica. Los personajes de Wolfe
son radicalmente modernos: el principal (y casi
único) motor de sus acciones son la vanidad
personal, la ostentación del éxito material (real o
simulado) y la posibilidad de llevarse a alguien a la
cama.
Serafín,
2001
Los gozos y las sombras
(1956-62). Gonzalo
Torrente Ballester (1910-1999)
Torrente Ballester dijo de esta serie de tres novelas que le
había supuesto "un empacho de realismo", y
a partir de ahí recorrió otros caminos literarios.
La lectura de esta monumental trilogía es rápida y
ágil: se lee como un guión cinematográfico, a
pesar de las 1200 ó 1300 páginas que suman los tres
tomos. El primero de ellos El señor llega (más de cuatrocientas páginas), me
lo leí en un sábado: así como suena. No era la
primera vez que leía la trilogía. Había tomado
distraidamente el primer tomo (en la vieja edición
de Alianza Editorial, con Charo López como Clara
Aldán, en la portada) y comencé a leer las primeras
páginas (ya no pude detenerme) sobre la llegada del señor
(Carlos Deza), ese salvador que había de
salvar Pueblanueva del Conde del tirano Cayetano Salgado, un señor medieval
con derecho de pernada que en la Galicia de 1934
podía permitirse el pasear en automóvil por las
húmedas calles de la localidad. Me encanta la
ambigüedad del título El señor llega. Se refiere a Carlos Deza y a la
espectativa creada en torno a su llegada del
extranjero (ese extranjero europeo tan idealizado por
los habitantes de ésta península); pero también a
la llegada de Jesucristo. Los
gozos y las sombras es una
de las mejores novelas que he leído y de las que
guardo un mejor recuerdo. El trazado de los
personajes es firme; su psicología y motivaciones
resulta verosímil y coherente; todos ellos son
descritos sin maniqueismo y presentados como ambiguos
y complejos animales humanos. En particular, resulta
inolvidable el personaje de Carlos Deza: ese pasivo e
hiperanalítico psiquiatra fracasado, que pasa sus
horas psicoanalizándose a sí mismo y a los demás,
debatiéndose entre mil y una dudas, pensamientos,
lealtades y filosofías, pero que al fin es capaz de
tomar una determinación firme y cambiar la
fisonomía de su existencia y su destino. Algo que
muy pocos de entre nosotros lograremos.
Serafín, 2001
Mientras ellas duermen, 1990. Javier Marías (1951)
Fascinante
colección de relatos escritos entre 1975 y 1990 (excepto La
vida y la muerte de Marcelino Iturriaga, de 1968,
cuando el autor contaba 16 años). Son algunos de mis
predilectos del volumen: La dimisión de
Santisteban, un relato de fantasmas (o mejor
dicho de un solo fantasma) en la mejor tradición
inglesa, nacionalidad a la que pertenecen algunos de
los autores más visitados por Javier Marías; Gualta
que recuerda el William Wilson, de Poe; Un
epigrama de lealtad, otro de mis favoritos, ya
que a pesar de su sabor literario, de su sabor a
cuento, es, en cierto modo, la novelización de algo
que debió más o menos corresponder punto por punto
con la realidad: John Gawsworth, el olvidado autor
(de existencia real) que ya apareció en Todas las
almas acabó efectivamente sus dias como
vagabundo en Londres y en alguna ocasión debió en
efecto señalar, a través del cristal de alguna
librería (tal y como sucede en el cuento) alguna de
sus obras, que ya no podría comprar, a sus camaradas
indigentes; en Mientras ellas duermen, que da
título al volumen, aparece de nuevo el Marías más
plástico, más miniaturista: su delicado y preciso
pincel crea turbadoras escenas y personajes animados
por motivaciones fascinantes y terribles; en una
noche de amor, lo sobrenatural amenaza con
derribar el débil y delgado tabique que lo separa de
lo real y lo cotidiano...en definitiva, catorce
cuentos, catorce espléndidas miniaturas que saben
fascinarnos no sólo con lo bello, sino con lo
enigmático y extraño, y aún con lo terrible y
atroz.
Serafín, 2001
Viaje a Francia. Nestor Luján (1922-1995)
Alguien dijo en
una ocasión que todo hombre tenía dos patrias:
la suya propia y Francia. Quien hizo esta afirmación
no tenía que ser necesariamente francés. Yo soy de
los que la subscribirían gustosos (quizá porque
para mi, como para muchos otros, Francia no es tanto
una nación real como un mito y una idea romántica)
y es muy posible que Nestor Luján, periodista,
escritor, gastrónomo y bon vivant, también
la hubiera suscrito. Como buen catalán, Luján
sintió la gravitación del viejo y sofisticado pais
galo y la fascinación por la cultura francesa, en
especial la historia y la gastronomía. En Viaje
a Francia, el autor recoje algunos de los
reportajes que escribió para la revista Destino
sobre sus viajes por el luminoso hexágono. El libro
esta escrito de una manera libre y despreocupada y no
hay que buscar en él método ni orden matemático.
Tampoco busca eso el viajero que visita Francia,
aunque esta sea la patria de Descartes y del método.
Lo que busca, es lo mismo que Luján: cultura,
historia, gastronomía, disciplina esta ultima que
reina en el libro de manera absoluta y versallesca.
El autor nacido en Mataró nos habla con pasión de
las trufas de la Aquitania, de sus ostras, de los
vinos y la opulenta cocina borgoñesa, de la mítica
tierra de la Champaña. Nos ilustra sobre ritos
gastronómicos, nos habla del legado de Dom Perignon,
de la feria gastronómica de Dijon, de les trois
glorieuses...Y todo ello trufado con elegantes
alusiones a episodios y anécdotas sacadas de la
pletórica historia de Francia. Es este libro un
auténtico homenaje a la douce France y no
defraudará a aquellos que aun piensen en Francia no
tanto en términos de PIB o renta per capita, sino
como algo más límpido y fascinante, una música, un
cristal, unas hojas de otoño. O un desayuno con
diamantes.
Serafín, 2001
Los caminos de
vuelta (2000). Andrés Trapiello (1953)
Los
caminos de vuelta es la amena presentación de una época y de unas vidas. La
época es una ya lejana y de infausto recuerdo en
nuestra historia. Fue un momento de crisis política
e intelectual, de derrota, de penuria económica
(claro que, ¿cuándo no ha habido penuria económica
en España antes de 1959?). Fue también aquel un
tiempo en el que surgió una voluntad
regeneracionista, una especie de convulsión
intelectual y estética y una visión romántica de
España. Los protagonistas literarios de aquellos
años son justamente estos que Trapiello nos presenta
en la presente colección de artículos. El problema
de muchos de estos nombres (algunos archiconocidos,
otros olvidados, pero casi todos ignorados en nuestro
tiempo) es que los asociamos demasiado con una época
que percibimos lejana y muy ajena a la nuestra, y con
una España derrotada y postrada. En definitiva, los
identificamos con 1898, un momento de nuestra
historia en el que parecía que habíamos tocado
fondo como país y como proyecto histórico. Angel
Ganivet dijo que, ante el estado de cosas de la
España de la época, "era necesario echar a un
millón de españoles a los lobos". Tremenda
exigencia que se cumplió entre 1936 y 1939. La
atormentada historia de la España del siglo XX ha
determinado que se eche una paletada de tierra sobre
aquellos grandes autores del cambio de siglo, esos
que académicamente fueron llamados
"noventayochistas". Tradicionalmente, se ha
tendido, a lo largo de la segunda mitad del siglo, a
ignorarlos o arrinconarlos, al menos por determinado
tipo de intelectual, de crítico o de lector. Pero
intelectualmente resulta algo absurdo el despreciar a
un autor sólo porque la hora que le tocó vivir fue
tenebrosa. O porque la época que le siguió fuera
más tenebrosa aún. ¿Acaso Geoffrey Chaucer no
tiene ya interés sólo porque escribió su obra en
la vaga e insignificante Inglaterra del siglo XIV?.
Recordemos que cuando Goethe creó su obra, Alemania
era un pigmeo político y económico, una tierra de
conquista, un juguete napoleónico. ¿Quita eso algo
de grandeza al venerable personaje? A veces parece
como si tuvieramos el absurdo pensamiento de que una
época oscura o simplemente mediocre sólo puede dar
autores oscuros. En seguida que nos lo miramos con
algo más de detenimiento, llegamos, lógicamente a
la tesis contraria: la de que en épocas sombrías es
cuando resulta más fácil encontrar autores
valiosos. Ahí tenemos el caso de Kafka, que vivió
un momento y un siglo sórdidos y eso fue
determinante para que vomitase una obra de tan gran
valor. Sin embargo eso es lo que hemos hecho con
alguno (con bastantes) de los autores de Los
caminos de vuelta: ignorarlos o menospreciarlos
sólo porque la época que les toco vivir fuera
oscura, siniestra o simplemente mediocre, como si eso
les convirtiese a ellos también en algo oscuro y
mediocre. Es esta una actitud que recuerda a la que
adoptamos cuando nos cargamos a este o aquel
autor sólo porque su ideología no es del todo políticamente
correcta. Hay críticos o intelectuales que
actuan como una policía del pensamiento: se cargan a
un autor por razones políticas.
Muchos de
los autores de los que nos habla Andrés Trapiello no
pertenecen al periodo 1890-1920 (a los que se
refirió extensamente en su ensayo Los nietos del
Cid) o no guardan relación con el llamado grupo
noventayochista. También hay artículos dedicados a
clásicos como Cervantes o a Lope. O a autores de la
llamada generación del 27. O simplemente a
escritores que vivieron y crearon en la convulsa y
problemática España de las primeras décadas del
siglo. Bastantes de los autores presentados por
Trapiello son archiconocidos, aunque en la mayor
parte de los casos, sea más bien falsa la
familiaridad que creemos tener con ellos. Apenas
hemos oido algo mas que sus nombres. Eso si,
repetidamente. Pero ¿cuantos lectores españoles
actuales han leido a Unamuno, Baroja, Machado, Gómez
de la Serna, Azorín, etc.? Por no hablar de José
Gutierrez Solana, Alejandro Sawa, Arturo Barea o
Eugenio Noel. Por cierto que Solana (a quien
Trapiello exalta, al igual que a su obra La
España negra) me parece espléndido en su más
conocida faceta de pintor, con esas obras suyas tan
tenebrosas y expresionistas. Uno de mis cuadros
favoritos La tertulia del café Pombo, del
propio Solana, será considerado por muchos como
oscuro y sombrío, incluso algo deprimente, pero ¿no
lo es también por ejemplo, el cine expresionista
alemán de los 20?. ¿Y no parte precisamente de ahí
su gran atractivo estético?.
Una de las existencias más
novelescas y atractivas de las que se nos habla en el
libro es la de Eugenio Noel. Se nos aparece aquí una
vida deslumbrante en su desesperanza y miseria, en
sus ilusiones perdidas, en esas cartas siempre en
apariencia triunfadoras pero invariablemente
derrotadas. Noel, más que un escritor y un hombre,
hubiera merecido ser un personaje de Balzac o de
Stendhal.
Es cierto que las vidas de
algunos de los autores que aparecen en Los caminos
de vuelta resultan, en ocasiones, más
interesantes que sus obras, pero eso ocurre también
con algunos escritores (generalmente extranjeros) que
siempre nos han puesto en primer plano y de los que
tenemos un verdadero empacho. Borges dijo justamente
eso de Oscar Wilde (lo de que su vida estuvo por
encima de su obra). En definitiva, Los caminos de
vuelta es la presentación de unos creadores que
vivieron una época convulsa, crítica, miserable,
romántica. ¿no nos habrían de resultar por ello
más atractivas esas voces?. Alguien ha dicho
(elogiosamente) que con este y otros libros, Andrés
Trapiello ha quitado el polvo a los clásicos
españoles del periodo 1890-1920. Los que
frecuentamos las librerias de viejo y el Mercado de
San Antonio (esa versión barcelonesa de la Cuesta de
Moyano madrileña, tan incansablemente visitada por
Trapiello) sabemos lo emocionante que puede resultar
el descubrir y rescatar un olvidado volumen de entre
el polvo, el tumulto y la indiferencia. Y ser quizá
el hombre destinado a esos símbolos (que diría
Borges), hasta entonces dormidos e ignorados.
Serafín, 2001
Todos los textos © Serafin G.
León, 2001
Literarias / Creadores / Escritores / Salón
de lectura / Relatos / Películas / Arte
en botica / Enlaces
|