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Creadores
Javier Marías (1951- )

Javier
Marías es uno de los autores españoles más
destacados de
las últimas décadas. Y, en lo que atañe a nuestros
escritores, uno de los nombres que más suenan
internacionalmente, con grandes elogios de la
crítica en lugares como Francia o Alemania, a parte
de los importantes éxitos de ventas logrados en esos
mismos países (entre muchos otros). Marías no es un
autor que rehuya la polémica, al contrario, en una
ocasión dijo que "tenía la impresión de haber
opinado demasiado". Su falta de complejos a la
hora de decir lo que piensa (a parte de su imagen
algo arrogante) han generado más de una incomodidad.
Tampoco es un autor especialmente amigo de formar
parte de capillita alguna. Por otra parte,
es conocido su mal rollo con el editor
barcelonés Jorge Herralde (hasta el punto de haber
eliminado el Premio Herralde, logrado en 1986, de sus
notas biográficas) y con los cineastas Elias y
Gracia Querejeta (Q y Q, como los llama irónicamente
Marías) responsables de una película de 1996 (El
último viaje de Robert Rylands, creo que se
titulaba) basada en la novela Todas las almas
(1989), una adaptación cinematográfica al parecer
en exceso libre del texto y que no agradó al autor
madrileño. A pesar de su éxito, Javier Marías no
acaba de sentirse un escritor profesional y admite la
posibilidad de que en el futuro llegue el momento de
no volver a escribir. Aunque, afortunadamente, parece
que ese momento aún no ha llegado. Tras la
aparición en 1998 de Negra espalda del Tiempo,
su hasta ahora última e inclasificable novela,
Marías trabaja en una nueva obra de ficción. Su
último libro publicado ha sido la recopilación de
artículos A veces un caballero (2001).
La entrevista que reproduzco a continuación fue
concedida por Javier Marías a la revista barcelonesa
de libros Que leer y apareció en el número
de Septiembre de 1997.
Qué
leer. Septiembre, 1997
QUÉ
LEER : EL titular para abrir esta entrevista
sería: Javier Marías es el escritor español de
moda.
JAVIER
MARÍAS: Pues no soy consciente de ello. Hace muchos
años que escribo con más o menos éxito, pero creo
que los lectores han ido conociendo mis libros de
manera gradual. Yo no he tenido un éxito repentino,
como por ejemplo le ocurrió a Eduardo Mendoza con su
primera novela.
Q.L.
: Pero no negarás que existe un boom Marías en
Alemania y Francia. Vender 360.000 ejemplares en
Alemania de Corazón tan blanco no se da todos
los días.
J.M.:
Eso es cierto. Lo de Alemania es muy raro y a la vez
muy espectacular ya que he vendido más que en
España. En Francia se me conocía más, ya que fue
el primer país que me tradujo y donde tengo más
libros traducidos, pero el premio Fémina del año
pasado fue muy importante.
Q.L.:
Cuando escribiste Corazón tan blanco ¿pensaste
que te iba a dar tantas satisfacciones?
J.M.:
No. Pero tampoco lo pensé de Todas las almas
o Mañana en la batalla piensa en mi que
también han recibido premios y buenas críticas.
Aunque es cierto que Corazón tan blanco es un
libro que sigue muy vivo por el fenómeno alemán y
por el reciente premio IMPAC (23 kilos de nada,
menos una cuarta parte que va al traductor) que
me han entregado en Dublín, y del que pensé cuando
lo escribí que era un libro muy raro, del que
incluso tuve dudas sobre si titularlo así (la
palabra corazón no le acababa de convencer).
Pero lo de dudar me sigue ocurriendo con todos los
libros que escribo.
Q.L.:
Tú insistes en que eres muy inseguro.
J.M.:
Desde luego. Que mis libros se vendan no es motivo
para que deje de serlo. Sé que hay autores que se
sienten muy seguros, e incluso algunos creo que
piensan que sus textos son muy buenos por venir de
ellos y ni tan siquiera se esfuerzan por escribir
bien. A mí me ocurre todo lo contrario.
Q.L:
Llevas más de la mitad de tu vida escribiendo y
es de suponer que tu carrera literaria ya está
asentada.
J.M.:
No lo creas. Empecé a publicar a los 19 años (Los
dominios del lobo), ahora tengo 46, acabo de
publicar Mano de sombra , debo tener unos 13
libros en la calle, y, sin embargo, no tengo la
certeza de que seguiré publicando libros en el
futuro. Yo no he logrado ver la actividad de escribir
como una profesión.
Q.L.:
Algo que sí ven muchos colegas tuyos.
J.M.:
Sí. Escribí un artículo que titulé Tahúres, sobre
en qué consiste ser escritor, porque noto en muchos
escritores jóvenes actuales, que han hecho algún
curso en estas escuelas de letras que existen y que
no acabo de comprender muy bien para qué, que
consideran que ya están capacitados para publicar,
como el médico que ha hecho su carrera y quiere
ejercer. Tengo la sensación que más que querer
escribir lo que les gusta es ser escritores. Supongo
que piensan que socialmente ser escritor no está
mal, según y cómo se puede ganar dinero
En
el artículo también decía que un escritor no tiene
derecho a reclamar nada: no puede enfadarse porque
sus libros no se publiquen, no se vendan, reciban
malas criticas, o porque cuando sea viejo se esté
muriendo de hambre.
LOS
PUNTOS SOBRE LAS ÍES
Q.L.:
En este decálogo del escritor hay mucho que
comentar. ¿A qué te refieres con lo de pasar
hambre?
J.M.:
A mí una de las cosas que más vergüenza me ha dado
en los últimos tiempos, relacionado con el gremio de
escritores, fue lo que sucedió con Gabriel Celaya.
Hace unos años se dijo que estaba en la penuria y
que había que ayudarle. A mí me daba muchísima
pena pero como me la da cualquier otra persona que
esté en similares circunstancias. Esos privilegios
no los comparto. Si uno se dedica a esto debe saber
que las cosas pueden venir muy bien dadas o muy mal
dadas.
Q.L.:
Hablemos de la crítica, porque en Mano de
sombra , la pones de vuelta y media en varias
ocasiones.
J.M.: Me
parece que la crítica en nuestro país está en un
momento especialmente malo. Sé que esto le ha
sentado mal a muchos. Creo que la crítica se ha
hecho demasiado parcial y partidista. Por ejemplo, en
los diarios, si un escritor colabora en un
periódico, este periódico casi le hace un
monográfico y le garantiza buenas críticas. De la
misma manera, los diarios rivales pueden llegar a
obviarlo o a ponerlo fatal. Hay demasiado elogio
hueco, de trámite, y lo contrario, demasiados
críticos que se frenan a la hora de elogiar una obra
por el motivo que sea. No digo que la crítica sea
venal pero sí insincera. Y que conste que digo todo
esto porque lo creo y porque en general no he tenido
críticas malas, sino más bien buenas, es decir que
no se puede pensar que lo digo desde un
resentimiento. Pero lo que nunca haré es quejarme de
un crítico concreto. Eso forma parte del juego. El
libro se pone en la calle, el crítico lo juzga y el
escritor no puede ni chistar.
Q.L.:
Entonces debo pensar que el artículo que
escribió Muñoz Molina en El País a raíz de la
crítica de Igancio Echevarría a la novela de Rafael
Chirbes no te debió gustar.
J.M.:
Reconozco que, aunque me gustan muchos de los
artículos de Muñoz Molina, creo que en ese en
concreto, incurrió en algo que no está bien. Si se
hubiera limitado a comentar lo que Echevarría dijo
de la novela de Chirbes me parecería perfecto porque
habla del libro de otro y no del propio, pero había
un elemento de personalización que no me gustó.
Creo que incumplió parte de las reglas del juego. Y
lo digo de un escritor al que admiro y que suele
adoptar en sus artículos unas posturas decentes y
decorosas.
Q.L.:
Harían falta más discusiones en los ambientes
literarios de este país. Se discute poco y mal.
J.M.:
Es verdad que se discute poco sobre temas
interesantes. De vez en cuando dos se tiran los
trastos, pero eso, normalmente, no tiene mucho
interés, salvo el primer round. Tampoco sé
si a los lectores les interesan especialmente esas
disputas.
Q.L.:
Pues las que sueles tener tú cuentan con
bastantes adeptos. De hecho diría que te has
convertido en todo un experto en Cartas al
director. Podrías plantearte recopilarlas en un
libro.
J.M.:
No creo que diera para tanto. Además, no pienso que
sea un maniático de esto. Conozco algún que otro
escritor que no perdona una. Pero es cierto que en
alguna ocasión he tenido que salir al paso de algún
comentario. Sobre mis libros pueden decir lo que
quieran y yo me tengo que callar al respecto. Ahora
bien, sobre mi persona, no lo admito.
PREMIOS
Y RECONOCIMIENTOS
Q.L.:
¿Te motivan los premios literarios?
J.M.:
No especialmente. Solo me presenté al Premio
Herralde ( lo ganó en 1986 con El hombre
sentimental), pero he devuelto al editor la
figura que me dieron y lo he eliminado de mis notas
biográficas. A estas alturas no me presentaría a
ningún otro
Q.L.:
Hombre, ahora ya
J.M.:
no digas ahora ya, porque hay premios Nobel
que se presentan a premios Planeta. Creo que hay
momentos en la trayectoria de un autor en que está
bien presentarse a un premio porque te puede ayudar,
pero a partir de una cierta edad ya no toca, por
mucho dinero que pueda haber detrás. Otra cosa son
estos premios que te conceden y a los que no te
presentas, como el Fémina o el IMPAC que acabo de
recoger en Dublín, donde son las bibliotecas las que
presentan a sus candidatos.
Q.L.:
Por cierto, con lo transparente que tú eres, si
te llegan a pedir en Dublín tu opinión sobre Joyce,
el escritor nacional irlandés, a lo mejor te
hubieran retirado el premio.
J.M.:
Por suerte no lo hicieron, y eso que me entregaron el
premio dos días antes del Bloomsday. No sé
lo que hubiera hecho, pero ya he comentado alguna vez
que para mí el Ulises es una obra
sobrevalorada. A mí me gusta más Dublineses.
Q.L.:
Tanto reconocimiento te puede llevar directamente
a la Academia, ahora que se está rejuveneciendo. Y
quién sabe si en un futuro serás candidato al
Nobel.
J.M.:
Hace cuatro o cinco años algún académico me habló
de la posibilidad de presentarme, lo cual me pareció
un error, pero aunque lo agradecí mucho, les dije
que con un Marías, mi padre, hay bastante en la
Academia. La verdad es que no me veo con cara de
académico, ni con frac.
Q.L.:
¿Lo descartas definitivamente?
J.M.:
Bueno
sí. En mi fuero interno, sí. Pero no
quiero que los académicos que me lo plantearon se
sientan menospreciados. Y en relación a lo del
Nobel, que me parece un chiste por tu parte, también
es una de las cosas que ni me planteo. Este es un
premio para el que hay que tener un apoyo
institucional, sobre todo en un país como España,
que yo ni tengo ni voy a tener. Además creo que el
Nobel es un premio que hay que trabajárselo, y yo no
estoy dispuesto a trabajarme nada, nada, nada. Hacer
politiqueo o adoptar un papel para que se note que
estás preocupado por los derechos humanos, o por lo
que toque en cada ocasión, no va conmigo, aunque
haya escritores que se lo trabajan muy bien.
EN
BOCA CERRADA
Q.L.:
Desde luego no te cortas ni un pelo a la hora de
dar tus opiniones. No me extraña que irrites a más
de uno.
J.M.:
Sí, tengo la sensación que no le caigo muy bien al gremio
literario y cultural de este país, dígase
críticos, editores, y a algún que otro colega y
periodista. No niego que a veces soy impertinente, o
que suelo decir las cosas sin que me importen mucho
las consecuencias, pero es que yo no quiero estar en
el baile (reuniones, foros, invitaciones
institucionales
) , y eso le puede molestar
a alguien.
Q.L.:
Vas de independiente por la vida, hasta en lo
personal, ya que sigues viviendo solo (dejó de vivir
con su padre hace poco).
J.M.:
Sí, pero es que siempre he sido así. Habrá gente
que pensará que ahora que no tengo problemas para
publicar puedo adoptar esta actitud, pero es que
cuando solo vendía 3000 ejemplares pensaba y actuaba
de la misma manera.
Q.L.:
Mientras estés a gusto contigo mismo
J.M.:
Te advierto que en ocasiones no estoy muy satisfecho
de ser así. Uno es como es, pero a veces me pregunto
por qué digo algunas cosas.
Q.L.:
¿Cómo
por ejemplo?
J.M.:
Pues hace unos días me acordé que cuando las
últimas elecciones me enviaron un fax de Izquierda
Unida pidiéndome que firmara un documento de apoyo o
algo así. Podría haber contestado: mire usted,
no tengo por costumbre firmar manifiestos
, y
punto final. Pues no, porque además les puse que
aunque no me pudiera sentir muy lejano a sus tesis,
mientras tuvieran a un fraile al frente, pues
en fin, a eso me refiero. ¿Quién me mandó a mí
decir lo del fraile? Pero que conste que a veces me
freno.
Q.L.:
Decíamos antes que tú triunfas en el extranjero
pero eres una excepción porque cuesta colocar fuera
a nuestros autores.
J.M.:
Yo creo que la situación ha cambiado mucho y ahora
se traduce a muchos autores españoles.
Q.L.:
Se traducen pero los editores insisten en que no
se venden.
J.M.:
Pero lo mismo ocurre con los extranjeros aquí, no
creas tú que venden tanto. Además, no hay que hacer
mucho caso a los editores porque siempre suelen
quejarse. Reverte, Mendoza, Montalbán, y otros,
venden mucho fuera de nuestro país.
Q.L.:
Sin embargo todos están de acuerdo en que la
literatura española está en un momento dulce en
nuestro país. Quizá por eso andan tan locos por
encontrar nuevos valores. ¿Sigues a las nuevas
generaciones?
J.M.:
Poco. Quisiera conocerlos mejor pero en los últimos
tiempos he estado muy ocupado. Creo que la prensa
sigue demasiado a los editores y luego se producen
esas frustraciones con ciertos autores jóvenes.
LO
ÚLTIMO DE LO ÚLTIMO
Q.L.:
Lo último que has publicado es Mano se
sombra, una recopilación de artículos.
Últimamente proliferan este tipo de libros. ¿Son
más un deseo del editor que del escritor, para así
tenerlos en el candelero?
J.M.: En lo que a mí respecta ha
sido un deseo mío. La verdad es que nuca he sentido
presiones de los editores, ni para publicar rápido
ni para montar un volumen espurio. En uno de esos
artículos critico el famoso y detestable dicho
español proveniente del refranero más imbécil, que
es el refranero español, que no dice más que
sandeces, lugares comunes y cosas nefastas en su gran
mayoría, que es: Piensa mal y acertarás.
Esto es una necedad y además es peligroso. Yo creo
que hay una tendencia a ver más conspiraciones de
las que en realidad existen y no creo que los
editores hagan juego sucio para que los escritores
nos demos mucha prisa en escribir. También hay quien
piensa que estos libros son sobras de los escritores,
pero no lo comparto.
Q.L.:
Muchos escritores escriben en la prensa española.
J.M.:
Sí. Es una tradición muy antigua, y me parece bien
que se mantenga. Pero en ocasiones me molesta que
algunos diarios te pidan que escribas un artículo,
no porque les interese tu opinión, sino por tu
firma.
INTERIORIDADES
ESTILÍSTICAS
Q.L.:
En tu obra la muerte aparece constantemente.
J.M.:
Sí, es un tema habitual pero también lo es el
engaño. En mis novelas he hablado de muchas otras
cosas, del secreto, de la persuasión, de la
imposibilidad de saber y de no saber, del paso del
tiempo. Escribo sobre lo que me interesa sin pensar
si será un tema lucido o no. Puede que le dé un
énfasis especial al tema de la muerte, quizás como
reacción a esa tendencia de nuestra época de
olvidarnos de nuestros muertos, e incluso de
culpabilizarlos por haberse muerto.
Q.L.:
Puede que la temprana muerte de tu madre también
influya en ese interés.
J.M.:
Desde luego, y la muerte de Benet y de otros amigos.
Q.L.:
¿Tu madre tuvo una influencia importante en tu
afición literaria?
J.M.:
Sin duda. Recuerdo que me contaba cuentos de
pequeño. Había uno que me gustaba mucho, El
castillo de irás y no volverás, que de mayor lo
he buscado y no lo he encontrado.
Q.L.:
Tu padre ha dicho que incluso tu madre te narraba La
Odisea mientras te daba la papilla.
J.M.:
Si era así no lo recuerdo, pero en cualquier caso
suena un poco pedante. Pero es cierto que yo me fiaba
más de ella que de mi propio padre a la hora de
consultarle dudas gramaticales o sintácticas.
Q.L.:
El humor es otra constante en tu obra. Dice Quim
Monzó que sin humor la mayoría de las novelas
serían insoportables.
J.M.:
Hay alguna excepción, como Conrad, pero en general
es cierto. Para mí el humor es inevitable. Hay
demasiadas cosas que me hacen gracia, incluso las
más graves, aunque hay temas sobre los que no
bromearía, como el holocausto judío, pero
entendería que lo hicieran otros.
Q.L.:
Se suele destacar tu dominio del lenguaje, pero
también habría que hablar de tu sentido del ritmo.
J.M.:
Yo lo llamo tener oído. Hay escritores que tienen
una prosa estropajosa, donde no hay musicalidad. Yo
hago frases muy largas, pero me preocupo de que
respiren bien. Es algo instintivo.
Q.L.:
¿Sigues apostando por la primera persona en tus
novelas?
J.M.:
De momento sí. Lo que estoy escribiendo ahora lo
requiere, ya que quien cuenta lo que ocurre soy yo
mismo, no es un narrador ni un personaje.
EL
FUTURO LITERARIO
Q.L.:
Es el famoso libro que nadie sabe cuándo va a
salir.
J.M.:
Será para el 98 pero cabe la posibilidad de que
aparezcan dos volúmenes, ya que hay muchas cosas que
aparecerán que no sé cuando van a concluir, si es
que concluyen. Pero todavía no lo tengo muy claro.
Lo que sí tengo claro es que cuando salga no
hablaré de este libro, porque como hablo de algunas
cosas que han ocurrido, no deseo estar
justificándolas.
Q.L.:
¿Es una novela?
J.M.:
No sé muy bien cómo llamarlo. Se va a leer como una
novela, pero si vale como descripción, será una
novela que no es ficción. El punto de partida tiene
que ver con el influjo de las obras de ficción en la
realidad. En este caso de una de mis novelas, cuya
existencia ha hecho que me sucedieran una serie de
cosas y que yo me enterara de otras, algunas de ellas
muy novelescas. Lo que cuento es todo cierto, pero me
temo que habrá lectores que no se lo van a creer.
Q.L.:
¿Alguien se va a enfadar?
J.M.:
Pues no lo sé. En la medida en que soy yo el
narrador y cuento cosas públicas y literarias que me
han sucedido, es lógico que aparezcan nombres
conocidos, pero no sé lo que ocurrirá.
Q.L.:
¿Ya tiene título?
J.M.:
No. Siempre pongo los títulos al final.
Q.L.:
Como en otras ocasiones podrías recurrir a
Shakespeare.
J.M.:
Con Shakespeare no me ha ido mal, pero no lo sé.
Q.L.:
¿Tendrá un comienzo espectacular como en las
anteriores?
J.M.:
Esta vez no. Pero es que no suelo tener una obsesión
especial por los inicios, aunque lo parezca. Creo que
es una superstición eso de que la primera frase
tiene que agarrar al lector.
VA
DE CINE
Q.L.:
Antes de finalizar hablemos de cine. ¿Se publicó
tu relato, Lo que dijo el mayordomo, en la
revista Zoetrope de Coppola?
J.M.:
Sí. Y eso que en un principio dije que no, porque
las condiciones que me planteaban ante una posible
adaptación cinematográfica eran muy leoninas.
Cuando Coppola se enteró de mi negativa me envió un
fax, y no pude negarme ante uno de mis directores
preferidos. Pero si hubiera sido una novela no
habría aceptado.
Q.
L.: ¿Después de la polémica que tuviste con
Gracia Querejeta, vas a restringir las posibles
adaptaciones cinematográficas de tus libros?
J.
M.: No. El hecho de que alguien haga un uso dudoso de
la libertad de adaptación que uno da, no es razón
suficiente para retirar esa libertad a otros
interesados. De hecho, se acaban de suspender unas
conversaciones que se venían sucediendo desde hace
más de un año con una productora francesa que
estaba interesada en Corazón tan blanco. Al
final no ha habido acuerdo. Hay otra productora
alemana, pero ya veremos. Lo que tengo claro es que
no voy a meterme en esas adaptaciones porque entre
otras cosas me aburriría.
Encontrareis
más de una veintena de entrevistas al autor (procedentes
de diversas publicaciones y medios: Que leer,
Tribuna, El País, CNN +, etc) en la sección
correspondiente de la Web sobre Javier Marías de Montse Vega
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