moulin rouge Uno creía que el género musical había caído definitivamente en desgracia;

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Moulin Rouge. Australia-EEUU. Duración: 127 min. Dirección: Baz Luhrmann. Intérpretes: Nicole Kidman, Ewan McGregor, John Leguizamo, Jim Broadbent, Richard Roxburgh. Año: 2001.

Studio 54 en el novecientos
Uno creía que el género musical había caído definitivamente en desgracia; por suerte parece que no es asi. Ya en el 2000, Kenneth Brannagh realizó su Love labours Lost, un atractivo y original espectáculo que complicaba a Shakespeare con el musical americano. Y ahora nos llega este vistosísimo film que nos hace pensar que quiza la industria cinematográfica ya no considere la música y el bailoteo como curare para la taquilla.

La película del australiano Baz Luhrmann es un espectáculo visual de primerísima magnitud; un auténtico estallido de color y movimiento; sin duda se ha puesto mucho, quizá muchísimo dinero sobre la mesa, pero si el resultado está a la altura de este Moulin Rouge, por una vez podemos darlo por bien empleado.
Nicole Kidman se nos aparece aquí en un radical cambio de tercio respecto a su otro gran papel de este año: de la asfixiante oscuridad de The Others, la australiana se zambulle en este torrente de luz, color y música; en Moulin Rouge interpreta un papel propio de folletín francés del XIX, una especie de Dama de las Camelias, que además canta y baila. Y no lo hace nada mal, en este su debut como cantante de celuloide.
Aunque la cinta está ambientada en el París de 1900, los diálogos, los estribillos cantados a capella y los números musicales que la recorren, constituyen continuados homenajes a clásicos de la música popular pop-rock de las últimas tres o cuatro décadas. Estos homenajes se integran narrativamente en la película; no constituyen (contrariamente a lo que sucede en el cine musical clásico) tan sólo acompañamientos de la acción; asi cuando el personaje de Ewan McGregor habla con Nicole Kidman sobre su pasión amorosa, le suelta a capella un In the name of love que es también un homenaje al tema de U2; o cuando le pide que no le deje, la pieza recordada es Don't leave me this way, de The Communards. También hay números musicales completos, como un mestizo, multicultural y originalísimo Roxanne (el clásico de The Police) a ritmo de tango, o una desternillante versión del Like a Virgin de Madonna, cantada para asegurar la fidelidad del personaje de Nicole Kidman al celoso y mosqueado Duke.

Este alucinante y colorista Moulin Rouge (con algunos de los números musicales) parece en ocasiones una especie de Saturday Night Fever setentero. A parte de pasároslo bomba, podeis poner a prueba vuestra culturilla musical y jugar a identificar los temas constantemente aludidos a lo largo del film. Claro que en la versión doblada al castellano (que es la que yo vi), la cosa puede ser más complicada. Cuando Kidman y McGregor se dicen nos tenemos el uno al otro (we got each other en el original, supongo) ¿acaso es un guiño al Living on a prayer de Bon Jovi, tema de 1987? ¿O son sólo imaginaciones mias? Pero el film nos ofrece la posibilidad de jugar a este juego.

El fantástico espectáculo enmarca un argumento que no puede ser mas simplón: chico conoce a chica, chica enferma y muere, chico queda desconsolado. Y sin embargo estamos ante una peli prodigiosa. Existe por parte de determinados cinéfilos la obsesión por el mensaje o mensajes, las ideas apuntadas y desarrolladas por una película, etc, y valorar un film en función de eso. Yo creo que el cine, como arte que es, debe estar más cerca de la Monna Lisa (¿Qué mensaje, desarrollado o no, hay bajo esa sonrisa?; ésta se dirige a nuestra médula no a nuestro cerebro) que del Tractatus de Wittgenstein. Si hubiera que basarlo todo en las ideas, los mensajes, etc, mejor haríamos en dejar de hacer películas, redactar novelas y demás, y nos dedicásemos tan sólo a escribir ensayos, que siempre serán superiores (en lo que a desarrollo de ideas se refiere) a la creación de arte literario, musical o cinematográfico.
Moulin Rouge nos recuerda que una película puede ser una obra de arte fascinante y espléndida...y sin la obligación de ser soporte de ninguna idea o mensaje. Ni falta que le hace. Su mensaje es su fantasia y belleza. No sólo de Kubrick vive el hombre.

Por favor, pantalla grande. Ni se os ocurra verla en video.

Serafín. Octubre 2001


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