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Sonríele a la vida!!

 

 

Relato

 

SUEÑOS Y DESEOS DE UN OFICINISTA

 

 Luis Seguel Vorpahl

                        Las tardes en la oficina son aburridas y largas. Las tardes en la oficina son lentas y no dejan pensar, pero son más entretenidas que las tardes en mi casa, allá las tardes son casi paralizantes, especialmente las del sábado y las del domingo, la siesta se hace larga y aburrida, se hace espesa y dolorosamente solitaria. Aunque veo a mi mujer a mi lado dormitando, casi desnuda, le veo un pecho, ese hermoso pecho que soñaba con acariciar cuando éramos novios, medio destapado, ahora no me apetece acariciarlo, han pasado dieciocho años y todo es distinto, después de tres hijos, no son los mismos, y me he dado cuenta, después de todo este tiempo, que detrás de esos pechos y pezones oscuros está ella, con una boca peligrosa, desagradablemente chillona y casi veinte kilos de más. Así que los sábados por la tarde, a veces, hacemos el amor, con tedio, y apurado para poder seguir tirado a su lado soñando que no soy yo, que soy otro, millonario y exitoso. Aunque la veo y trato de pensar en ella como la madre de mis hijos, no logro salir de mi letargo, casi el mismo que siento en las tardes de oficina, a las tres de la tarde todo se mueve con lentitud. Veo a mis compañeros timbrar y contar papeles y pienso si ellos sentirán lo que siento yo, o serán seres un poco menos inteligentes, ya que es sabido que la tontera pone a salvo al hombre de sufrir problemas existenciales, a veces le he pedido a los dioses que me envíen un poco de tontera, que me saquen estas ansias de pensar y de querer ser otro. Apago el celular, esa mierda que está de moda ahora y que me costó una fortuna, pero había que tenerlo para estar a la moda, ahora me doy cuenta cuanto esclaviza pero hay que tenerlo, hay que tenerlo, es la obligación. Mis hijos también tienen, de pronto es importante y necesario. Todavía no termino de pagarlos.

Voy a almorzar al mediodía, Isabel siempre me espera de la misma manera, cerca de la cocina, los platos sobre la mesa, los hijos listos para almorzar cuando están todos, y yo entro con la esperanza de encontrar algo distinto, que alguien se hubiera sacado algún premio grande, o que se hubiera quebrado una pierna, para que haya algo diferente, me da lo mismo lo que sea, pero nunca pasa nada, todos los días son iguales, me siento a comer, Isabel se sienta a mi lado, ya lo se, me empieza a contar los acontecimientos del día, nada nuevo, todo ya lo se, lo más impresionante de un día fue que encontró una rata en nuestra pieza, en el dormitorio, me contó cómo había ocupado toda la mañana en cazarlo por lo que el almuerzo estaba un poco atrasado, a mi me dio igual, después de todo, si llego unos minutos atrasado a la oficina nadie dice nada. Como silencioso, no tengo nada que contar, lo que podría decir de nuevo no es para que lo escuche ella; las caderas de la nueva secretaria de la oficina del lado, rotundas, peligrosamente apretadas en un vestido verde claro, apetecibles, claro, eso es algo que no le puedo decir a Isabel, así que no hay novedades, todo está igual, acá y allá, como el año pasado, como el anterior, como todos, trabajo, pagos, deudas interminables. Almuerzo y me voy a la cama a mirar las noticias, enciendo la televisión, a veces Isabel se tira a mi lado, cuando está cariñosa y yo ya se que esa noche tendremos sexo, las noticias son todas mentiras, mentira que el presidente hará aquello, mentira que aquel senador está interesado en arreglar la situación de esa población, mentiras que estamos mejor, que a los empleados públicos nos subirán el sueldo, eso nunca es verdad, desde que estoy en la oficina, pero las veo con la esperanza de encontrar alguna, alguna vez, que sea cierta, que sea verdad que se murieron los mentirosos explotadores, que sea verdad que los políticos son honestos, que sea verdad que un terremoto destruyó todos los bancos y ya no hay quien nos chupe la sangre. A medio noticiero me duermo, Isabel cierra la puerta del dormitorio y les dice a los niños que no hagan ruido, siempre lo mismo, y ellos harán el ruido que quieran, total yo estoy durmiendo, pero ella se convence que  están en silencio aunque yo los oigo igual. A los veinte minutos me levanto, me meto al baño , me lavo la cara, aunque no los dientes porque estoy aburrido de hacerlo, porque no tengo nunca ganas, el momento de orinar es algo encantador, me tomó el pene y lo pongo en posición y siento la orina salir y disfruto de ese momento mío, y que no es mentira y que nadie me quitará nunca. Cuando salgo ella está siempre sentada en el sillón más grande, mirando su telenovela preferida, a veces está llorando con la protagonista y yo me digo que si supiera lo que es mi vida lloraría mucho más sin tener que mirar tonteras inventadas por unos ladrones mentirosos, me despido desde la puerta, ella ni siquiera saca la mirada del  televisor que aún estoy pagando, el más grande tuve que comprar, el más caro también.

Al entrar a la oficina, marco mi tarjeta y enciendo el computador que se llena de cosas extrañas, debo hacer ese trabajo que he demorado dos semanas y el cliente  está pidiendo, pero no tengo ganas, lo dejo para mañana, si saco la cuenta, el sueldo mío equivale al trabajo de diez días, así que los otros veinte del mes no estoy obligado a trabajar.  Mi jefe gana más, le pagan por mentir, es un sabio en eso, mira a la persona que está en el mostrador nuevo, directamente a los ojos y le dice que los antecedentes no han llegado, si el señor tiene la mala ocurrencia de protestar diciendo que ahora todo es computacional y más rápido, entonces recibirá otra mentira, que el sistema ha estado malo, se cayó el sistema, es su frase favorita, después de todo el sabe que a alguien se le olvidó meter los datos a la computadora por eso no saldrán nunca, o quizás algún día, da lo mismo, todo es una gran mentira.

Me dedico a jugar con el lápiz, pero es un juego que me aburre a los cinco minutos, me paro al baño, trato de orinar, pero lo hice en la casa hace una hora, me siento con los pantalones abajo, lo intento y nada, a veces me masturbo de aburrimiento a media tarde, pienso en las caderas de la secretaria del lado, la imagino sin ropa y me excito a la fuerza, para no aburrirme... tengo tantos deseos de que pase algo distinto, que alguien se muera y así poder salir a un funeral y demorar toda la tarde, que entre la policía y nos pidan salir a todos porque hay una bomba en el edificio, que alguien diga que el mar subirá tanto que hay que huir, que pase algo, lo que sea, da lo mismo, siempre que sea cierto, siempre que sea verdad.

Antes trataba de no aburrirme, salía los domingos a pasear al parque, llevaba a los niños y a Isabel de la mano, la acariciaba delante de todos, estaba orgulloso de ella, ese trasero de oro que tenía y que ahora mide tres veces lo de aquel, la llevaba al cine y terminábamos calientes en la última fila y desesperados por llegar a la cama, era una fiera amorosa y ardiente, yo la amaba y ella a mi, de pronto, ahora, es una mujer ancha y lenta, que solo me habla para recordarme lo que debemos y en lo que hay que volver a endeudarse. A veces no la quiero ver, aunque la quiero, ella me organiza la vida, la ropa y la comida, y la cama siempre está hecha y limpia, aunque quisiera que todo estuviera desordenado y que nos muriéramos de hambre pero que fuera como antes, ardiente, insaciable y delgada. Pienso en las cosas que hacíamos antes y no se donde se quedó, o nos quedamos, no se, todo es una mentira de alguien. Trataba de no aburrirme y ella sabía lo que me gustaba, hacía cosas que me encantaban, hacía en la cama cosas que me volvían loco, ahora cuando se lo digo ella repite mil veces que eso es pecado, que jamás lo haría de nuevo, que mientras más lo piensa más vergüenza le da de lo que antes era capaz de hacer y yo termino convencido que en algún lugar me la cambiaron por una desconocida. Una vez me aseguró que el amor es obra del diablo porque uno hace cosas que no pueden ser sino su obra,  todo es una mentira, el mundo real escondido detrás de un manto de mentiras y posiciones acomodaticias en que el dueño de todo es el dinero, el dinero, ese que jamás he ganado para darme un gusto, pero un señor dijo esta tarde que ganábamos más que antes, que hablábamos de llenos, que el país estaba creciendo de manera, que a él, incluso le alarmaba, un crecimiento, si hay algo que crece y crece es mi aburrimiento, es esta ira que por momentos me hace gritar en la casa o callarme o mentir. A veces ese silencio o esos gritos o esas mentiras me dan miedo, no era así como soñé que sería mi vida, no era así.

Entonces comienzo a añorar lo que tenía antes de casarme, aunque si soy sincero era una mierda, pero me da la impresión que no había tanta mentira, que las noticias eran un poco más reales, la policía no robaba tanto y los políticos tomaban vino tinto y empanadas, y nosotros les creíamos, si robaban no se notaba, y si nos mentían tampoco se notaba mucho, ahora lo niegan y más encima nos roban, sería más honesto decir yo quiero que me elijan porque necesito dinero, lo otro es mentir más y más y lo peor es que ellos (y algunos) se lo creen. Comienzo a pensar en esos días en que mis padres estaban cerca y eso me daba cierta seguridad en la vida, mis días estaban llenos de cosas nuevas, de salidas con los amigos, de fines de semana con amigos y amigas, con algún trago y alguna muchacha afable, hasta el día en que entré a trabajar a la oficina donde conocí a Isabel, la amé especialmente porque todos mis compañeros soñaban con tocar sus caderas y sus pechos, era una muchacha bella, morena, de ojos claros, de piernas largas y perfectas, cuando me presentó a su madre debí ser más visionario y ver en ella el futuro de Isabel; era una mujer gorda de pechos gigantescos, que arrastraba los pies metidos en unas pantuflas roídas. Pero no, yo estaba enamorado y ciego, solo pensaba en tenerla en mis brazos sin límites y sin ropas, cosa que hicimos dos meses antes de casarnos y ella demostró ser una tigresa despierta e imaginativa, no dudé en casarme, todo fue maravilloso hasta el día que nació el primer hijo, entonces ella dejó de ser mi mujer y empezó a ser madre, yo empecé a mendigar su amor en los fines de semana, hasta que me aburrí y ya no la molesté nunca más, así pasamos casi un año, hasta que ella se acercó y me pidió perdón por haberme dejado solo tanto tiempo, yo la miré una tarde completa, miré su cuerpo aún bello, sus brazos desnudos y firmes en verano y volvimos a vivir como en los primeros días, solo que ahora debíamos tener cuidado porque teníamos un niño que ya caminaba y podía descubrirnos en algo que no entendería, pero yo estaba casi feliz, y buscaba, como ella, momentos para estar solos y desnudos, así llegó nuestro segundo hijo, una mujercita, llorona y regordeta, pero bellísima, otra vez a Isabel le asomó lo de madre y yo quedé definitivamente de lado, hasta ahora en que ella me busca algunos fines de semana, mientras tanto yo no me acerco porque ya no me importa, hasta esta relación es una mentira del mundo, descubrí la semana pasada que los estudios de mi hija eran mentiras porque no ha ido al colegio hace un mes, nadie sabe donde va durante las mañanas, a mi no me importó mucho, una mentira más me dije y olvidé el asunto. He pensado que después de desnudar a la secretaria de la oficina vecina no me importaría morir, es lo único que sentiría no haber hecho en la vida, lo demás es mierda, es mentira y es falso.

Cuando faltan veinte minutos para las cinco, hora de salida, me preparo, voy al baño de nuevo, me mojo el pelo, me lavo las manos, en eso demoro un rato, me paso un pedazo de papel en los zapatos, y salgo a firmar la tarjeta de salida, sintiendo que al final, después de todo, da lo mismo quedarme allí toda la noche o llegar a la casa donde me sentaré a jugar con algo como en la oficina.

Mientras voy en el bus olvido las deudas y las necesidades nuevas de la casa, veo un avión que llega a la ciudad y pienso en mi juventud, en mis sueños de ser piloto y recorrer el mundo en uno de aquellos aviones, recuerdo que soñaba también con ser un gran científico y descubrir en las estrellas cosas que admiraran al mundo, sueños y sueños, mentiras y mentiras, la realidad es esta, sobre un asiento de bus, de lata, ajeno, media hora para llegar a la casa mientras el tipo a mi lado habla estupideces que no quiero oír y me duele la mano tanto timbrar papeles que no he leído nunca y que no me interesan, mientras el gobierno le dice al país que nosotros tenemos un estándar de vida que envidian los empleados estatales de otros países, más mierda día a día.

Me bajo a media cuadra de mi casa, la miro, es mía, bueno, está a nombre de ella, me podría echar cuando quisiera. Esa media cuadra es un pequeño tesoro mío, para estar solo por última vez en el día, lo aprovecho cantando algo, mientras pienso que no soy yo, que soy otro, con dinero y con una vida como de revista de variedades, total, me digo, son mis sueños, a nadie daño con ellos. Llego a la casa, nunca uso mi llave, toco el timbre, es mejor así, no quiero la sorpresa algún día de encontrar a algún hijo mío haciéndose hombre o mujer con alguna vecina o vecino o quizás a Isabel con algún valiente, eso lo he pensado muchas veces y hasta lo he deseado, sería algo distinto, algo nuevo, y no podría negarse a hacer conmigo lo que yo quisiera, si no quiere perderme, o quizás me haría el ofendido y eso sería algo muy distinto a la rutina diaria, sería una gran mentira vivida durante algunos meses, incluso podría decírselo a algún sicólogo y así tener algo distinto que hacer, total la sicología nunca ha servido para algo, sería una diversión y me haría el destrozado, situación que ya no puede ser porque mi vida está destrozada hace muchos años, pero eso sería algo muy bueno para que alguna vez sea verdad y lo veo como imposible después de escuchar sus sermones de que casi todo en el mundo es pecado, no señor, Isabel jamás haría algo así.

Llego a la casa, me abre ella la puerta y me saluda con un beso de costumbre encima del bigote y se hace a un lado en el pasillo para que yo entre, voy derecho al baño, a veces me ducho, a veces me siento a la mesa, a veces me siento en mi sillón favorito, aunque no se porque es mi favorito porque es más incómodo que otro que hay en la sala. Pienso que si tuviera otro trabajo, sueño con hacer otras cosas, sin horarios, en que ganara lo que mereciera por mi esfuerzo, tendría tiempo para dibujar o pintar que ha sido mi sueño desde niño, pero no me atrevo a dejar este, hay deudas y compromisos interminables, no puedo abandonar el trabajo a menos que pase algo, que se caiga el cielo, que haya un incendio en todo el país, que haya un terremoto gigantesco, que se muera el jefe, que se caiga el ascensor con todos mis compañeros dentro, que se muera mi suegra y que Isabel se vaya de viaje por dos años a Europa, que suceda algo y que sea verdad, porque si no mañana cuando llegue a la oficina, después de saludar a la secretaria del lado, seguramente soñaré que soy Jack el destripador y que los mato uno a uno y quizás, algún día se haga realidad.