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Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
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CAPÍTULO 7:ARRIBA EL TELÓN
En la habitación hay una ventana a través de la cual
se pueden ver numerosos mamotretos de bloques
grisáceos teñidos por los naranjas y verdes toldos de
los balcones.
El teléfono suena.
Lorelai entra por la derecha en
dirección al ruidoso artefacto y descuelga el
auricular. A lo largo de la escena irá adoptando
distintas posiciones: de frente o de perfil a la
cuarta pared, sentada o tumbada sobre el sofa...
Lorelai.- ¿Sí? Aquí la residencia de los Ortíz-de
Zárate. Lorelai al aparato.
Interlocutor.- ¿Aló? Lorelai, ¿eres tú? al habla Fefa.
Lorelai.- ¿Fefa?... Lo siento querida, pero creo que
no tengo el placer de conocerla. ¿Es acaso usted
alguna gran dama que pretende invitarme a un baile
benéfico o acontecimiento social similar?
Fefa.- Deja la plática, reina. Soy yo, Fefa. Bueno,
Ronda, Ronda Salazar. ¿Es que me vas a decir que
veinte años han bastado para que ya no me recuerdes?
Lorelai.- Virgen del amor hermoso, Ronda, ¿eres tú?
Ronda.- La misma, chata.
Lorelai.- No tienes idea, Ronda, de lo inesperada y
turbadora que resulta tu voz para mí. Y no porque haya
olvidado la furia de tus largas uñas recorriendo mi
rostro, sino porque te creía desaparecida.
Ronda.- Sí reina, vivo alejada del mundanal ruido,
siguiendo la escondida senda de los pocos sabios que
en el mundo han sido. Tú sabes perfectamente que no me
faltan motivos para ello. Pero no me ha quedado más
remedio que dar señales de vida y hablarte aún a
riesgo de dañar mi anonimato.
Escúchame atentamente: medio país está enganchado a la
página web donde se publica tu biografía.
No creas que a mí me importa que airees tus trapos
sucios en público, pero te prohibo que toques el menor
acontecimiento de mi vida. Por ridícula que sea tengo
derecho a que se me respete.
Lorelai.- ¿Pero quién ha dicho que tu vida sea
ridícula?!
Ronda.- No hace falta que me lo diga nadie. Yo lo sé.
Mis fracasos con los hombres son algo más que el
argumento de un folletín.
No permitiré que ni tú ni
nadie juegue con ellos. Son míos ¿me oyes? ¿Míos!
Lorelai.- ¡Ay! anda y envenénate la vida con ellos si
tanto te gustan, ¡joder!
Ronda.- No me gustan, hija de puta, pero he tenido que
pagar un precio demasiado alto por esos fracasos. Son
lo único que tengo.
Un consternador silencio se cierne tras estas
palabras. Pasados unos instantes, Lorelai, triste pero
serena, dice:
Lorelai.- Sabes perfectamente que no soy una mujer
mezquina, y en consideración a los secretos lazos que
nos unieron y aún hoy nos unen, traicionaré la
confianza literaria y humana que mis lectores han
depositado en mí evitando contar, en el próximo
capítulo, todo lo que anteriormente prometí explicar.
Puedes darte por satisfecha, me has vencido una vez
más.
Lorelai cuelga el teléfono y permanece sentada, con la
vista mirando al frente pero dispersa, meditabunda,
consternada. El telón baja lentamente. Las luces van
perdiendo intensidad hasta que la sala queda
totalmente a oscuras.
FIN DEL CAPÍTULO VII
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