Capítulo VII: Arriba el telón


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CAPÍTULO 7:ARRIBA EL TELÓN


En la habitación hay una ventana a través de la cual se pueden ver numerosos mamotretos de bloques grisáceos teñidos por los naranjas y verdes toldos de los balcones.

El teléfono suena.

Diga-melón?



Lorelai entra por la derecha en dirección al ruidoso artefacto y descuelga el auricular. A lo largo de la escena irá adoptando distintas posiciones: de frente o de perfil a la cuarta pared, sentada o tumbada sobre el sofa...

Lorelai.- ¿Sí? Aquí la residencia de los Ortíz-de Zárate. Lorelai al aparato.

Interlocutor.- ¿Aló? Lorelai, ¿eres tú? al habla Fefa.

Lorelai.- ¿Fefa?... Lo siento querida, pero creo que no tengo el placer de conocerla. ¿Es acaso usted alguna gran dama que pretende invitarme a un baile benéfico o acontecimiento social similar?

Puesta de largo de Mariquita de Montoro Royo-Vilanova



Fefa.- Deja la plática, reina. Soy yo, Fefa. Bueno, Ronda, Ronda Salazar. ¿Es que me vas a decir que veinte años han bastado para que ya no me recuerdes?

Lorelai.- Virgen del amor hermoso, Ronda, ¿eres tú?

Ronda.- La misma, chata.

Lorelai.- No tienes idea, Ronda, de lo inesperada y turbadora que resulta tu voz para mí. Y no porque haya olvidado la furia de tus largas uñas recorriendo mi rostro, sino porque te creía desaparecida.



Ronda.- Sí reina, vivo alejada del mundanal ruido, siguiendo la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido. Tú sabes perfectamente que no me faltan motivos para ello. Pero no me ha quedado más remedio que dar señales de vida y hablarte aún a riesgo de dañar mi anonimato. Escúchame atentamente: medio país está enganchado a la página web donde se publica tu biografía.

Recomiéndala a tus amigos



No creas que a mí me importa que airees tus trapos sucios en público, pero te prohibo que toques el menor acontecimiento de mi vida. Por ridícula que sea tengo derecho a que se me respete.

Lorelai.- ¿Pero quién ha dicho que tu vida sea ridícula?!

Ronda.- No hace falta que me lo diga nadie. Yo lo sé. Mis fracasos con los hombres son algo más que el argumento de un folletín.

La vida de Ronda Salazar



No permitiré que ni tú ni nadie juegue con ellos. Son míos ¿me oyes? ¿Míos!

Lorelai.- ¡Ay! anda y envenénate la vida con ellos si tanto te gustan, ¡joder!

Ronda.- No me gustan, hija de puta, pero he tenido que pagar un precio demasiado alto por esos fracasos. Son lo único que tengo.

Ronda Salazar sufre en silencio los fracasos



Un consternador silencio se cierne tras estas palabras. Pasados unos instantes, Lorelai, triste pero serena, dice:

Lorelai.- Sabes perfectamente que no soy una mujer mezquina, y en consideración a los secretos lazos que nos unieron y aún hoy nos unen, traicionaré la confianza literaria y humana que mis lectores han depositado en mí evitando contar, en el próximo capítulo, todo lo que anteriormente prometí explicar. Puedes darte por satisfecha, me has vencido una vez más.

Puesta de largo de Mariquita de Montoro Royo-Vilanova



Lorelai cuelga el teléfono y permanece sentada, con la vista mirando al frente pero dispersa, meditabunda, consternada. El telón baja lentamente. Las luces van perdiendo intensidad hasta que la sala queda totalmente a oscuras.

FIN DEL CAPÍTULO VII





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