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Biografía de Romina Candilejas, por Archy Diphuso
Sin más ni más, Romina se sintió subyugada por una dulce fatiga y, según me relató, la degustación de aquellas delicatessen la hicieron remontarse hasta su más tierna infancia, de manera que no dudó en referirme sus aconteceres vitales. Los cuales relato a continuación:
Tan impensada fue su venida a este mundo que sus progenitores decidieron arrojarla a la inclusa al convento de Santa Azahara, en Azahara de los Atunes.
Con quince años y el mundo por montera, no tenía más atavíos que su incipiente vello púbico y un grán afán por conocer mundo.
Romina fue a Madrid haciendo autostop y, según dicen las malas lenguas, pagó un alto peaje por ese trayecto.
Poco después se vio en la obligación de ganar dinero para pagar el alquiler, así que decidió protagonizar algunas fotonovelas de las que en aquella época estaban tan en boga: historias de chicas cuya virginidad se evaporaba como si de un frasco abierto de perfume barato se tratara.
En cierta ocasión intimó con uno de los componentes de Loquillo y Los Trogloditas, Sabino Méndez, en un hotel en el que se hospedaba, e intentó hacerle pasar gato por liebre al fingir haber sido desflorada por él –quien, todo hay que decirlo, era un heroinómano empedernido- y, con la ayuda de un bote de ketchup, dijo haber perdido su tan codiciada virgo. Pero Sabino no estaba por la labor, y, conduciendo la furgoneta que transportaba a la banda, salió echando chuscas del lugar.
Fue entonces cuando Romina decidió que debía mejorar sus tácticas si quería llegar a ser, algún día, una verdadera chica de alterne, así que tomó clases de francés en CCC y se sometió a varias operaciones cuyos efectos no es éste el lugar preciso para relatar.
Nuestra heroína decidió meterse a manager, y fue así como, de la noche a la mañana, se encargó de las florecientes carreras de dos músicos cuya rutilante fama parecía que nunca más iba a dejar de fulgurar: Glenn Medeiros y Rick Astley.
Quiso el destino que ambos pasaran al más total y absoluto olvido en cosa de seis o siete meses, de manera que si, en la actualidad, usted le pregunta a alguna joven aficionada a la música por estos dos cantantes, ella contestará enojada: “¿¿¿¿mandeqüé????”.
Años después, Rommy enclastó el flamante coche de su padre, Joselito el cacique, entre un todoterreno y un poste de telégrafos. Este singular accidente marcó su vida, y, temerosa de Dios, decidió orientar su carrera hacia el mundo de la filología, pues dichos estudios rezumaban un hálito de espiritualidad que aportaban sosiego a las inflamadas palpitaciones de su fuero interno.
Actualmente Romina combina su trabajo como chacha en la estación de trenes con el de estudiante de filología en la Universidad de Cienpozuelos y como eterna aspirante a una beca a Rejkyavik. Mientras espera a que sus sueños se hagan realidad, se dedica en cuerpo y alma a la edición de páginas web de contenido erótico-sentimental.
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