Lo primero que debemos plantearnos es por qué se produce
un cambio.
Todas las organizaciones tienen una estructura que define
las relaciones entre sus miembros, sus derechos y
obligaciones, y las tareas que debe realizar cada uno de
esos miembros con el uso de una tecnología dada por la
innovación de la ciencia.
De esta forma identificamos los cuatro componentes de una
organización a tener en cuenta ante un cambio:
estructura, personas, tareas y tecnologías. Aquí se
aplica la primera "regla de oro": cambia uno de
esos componentes y tendrás que cambiar los demás.
(FIGURA 1)

La pregunta ahora se plantea en términos de que si
actualmente en una organización todos esos componentes
están bien definidos y equilibrados, por qué entonces
debemos cambiarlos.
Todas las organizaciones se desarrollan dentro de un
medio ambiente. Este medio no es estático. Hay una serie
de factores que cambian continuamente y que se conocen
como STEP: sociales, tecnológicos, económicos y
políticos. Estos factores afectan a los componentes de
cada organización y finalmente a la organización como
unidad.
Si la organización de la que hablamos es una empresa
industrial o comercial, otros dos factores aparecen en
escena: el mercado y la competencia.
Todo esto nos lleva a diferenciar los factores que
provocan el cambio en internos (estructura, personas,
tareas y tecnología) y externos (sociales,
tecnológicos, económicos, políticos, mercado,
competencia...).
Llegados a este punto, debemos considerar el hecho de que
un cambio no tiene por qué darse como reacción ante un
problema o presiones internas o externas. Un cambio puede
venir provocado por encontrar una nueva oportunidad de
negocio o un desarrollo de optimización.
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