La tensión libertad e igualdad y su relación con la democracia

 

 

Mario García García

 

 

O debo dirigirme a Norteamérica, a esa inmensa cárcel de la libertad, donde las cadenas invisibles me oprimirían todavía más dolorosamente que en casa las visibles, y donde el más repugnante de todos los tiranos, el populacho, ejerce su rojo dominio!

                                        Heinrich Heine

 

 

Introducción

 

A raíz de la gran crisis del período de entreguerras que aconteció en el seno de las sociedades occidentales, hubo repercusiones estimables en la mayor parte de los países. El sistema capitalista se mostró, por un lado, sensiblemente afectado en su sistema nervioso y, en cierto sentido, se expuso como un minusválido esclerotizado sin posibilidades inmediatas para proseguir su desarrollo y crecimiento. Por otro lado (el más pesimista), el capitalismo vió amenazada su existencia en la medida en que sus potenciales sepultureros (internos y externos) afinaban sus crípticos cantos y las utopías se asomaban  por la ventana de sus posibilidades. En consecuencia, a partir de la posguerra se generaliza entre los países desarrollados la solución emergente que se ensayó con el New Deal y que fué seguido por el Welfare State (que es fundamentado por Keynes, al mismo tiempo que trata de explicar  la crisis de entreguerras).[1]

 

De esta manera, queda desplazada, momentáneamente, la orgullosa filosofía del libre mercado, de la libre competencia, del laissez faire, que predominaba en el capitalismo occidental. El "anciano" es arrojado al agua sucia.

 

Todo este cambio va a colocar al Estado y a la Administración Pública ante una responsabilidad que rebasa a la de ser el simple guardián  del orden y lo convierte en el gran planificador de la economía y de la sociedad, de tal suerte que se confundirán en mismo cuerpo lo público y lo privado, lo económico y lo político. Sus decisiones, en todos los niveles, resultarán fundamentales, por lo que, lógicamente, buscará la asesoría y el auxilio teórico instrumental que garantice que sus determinaciones sean lo más adecuado posible y generen por una parte, los resultados deseados; y no generen, por otro lado resultados que le sean perniciosos o le provoquen una situación anómica. En este sentido, dicen Thoeni y Meny que la ciencia política norteamericana de los años 50 no orientaba sus esfuerzos en preocupaciones de orden teórico, sino, más bien, en aportar métodos, fundamentalmente empíricos, para ayudar a quienes decidían: a los gobernantes, por supuesto. Por consiguiente, los politólogos "...trabajan en el marco de un sistema político‑administrativo tomado como dato, cuyos fundamentos no eran discutidos ni puestos en duda. Los expertos contribuían a la mejora del perfeccionamiento del sistema..."[2]

 

  En la actualidad, si bien muchas condiciones han variado y se han puesto en tela de duda (sobre todo las relacionadas con el Welfare State, el socialismo y liberalismo clásico) en el transcurso del tiempo, muchas otras conservan en lo esencial el aliento original. De tal manera que, junto al auge neoliberal sobreviven la esperanza del desarrollo con cierto apoyo y control estatal, la planificación de la misma esperanza de la modernización, la situación de un control político con expectativas acotadas de democracia, entre otras perspectivas.

 

Bajo este marco escénico se desenvuelve con desnuda intemperancia dramatúrgica el debate contemporáneo de la teoría política, por el cual desfilan con sus mejores galas y capacidades histriónicas los temas del neoliberalismo, la modernidad, la modernización, la democracia, y, desde ahora en México con gran relieve, el liberalismo social.

 

Retomando la importancia de este colorido abanico de problemas y temas de discusión actuales, he considerado para este ensayo analizar las apreciaciones de Dahrendorf, desde el enfoque de su nuevo liberalismo, el tema de la democracia y el Estado.

 

Una de las cuestiones sugestivas para revisar las aportaciones de este autor se refiere a su preocupación por la teoría en relación a la función del Estado y por ende de las Políticas Públicas; y al hecho de que su enfoque no lo reduce al cálculo instrumental de un orden eficaz, sino que se orienta en razón de su disposición al cambio y al contenido del mismo (procurando, por supuesto, no caer en excesos sustantivos estériles). En este sentido, acotaba que la supremacía en muchos países de una democracia sin libertad se debía, entre otras factores, al resultado de una "sociología a valorista".[3] Por lo tanto, se inclina por una sociología "...que no pierda por completo el apasionamiento ético de sus fundadores... si volvemos a recuperar esa conciencia de los problemas... regresaremos también necesariamente a aquella posición de responsabilidad crítica con la realidad de nuestro mundo social..."[4]

 

Como buen liberal, realiza un diagnóstico alarmista en el que considera, en relación al club de países ricos que están agrupados en la OCDE, que los 70s son tiempos malos para los países liberales, dado que son tiempos de terror.

 

Esto lo atribuye a tres razones básicas prexistentes:

a) La presencia de profundas modificaciones del clima económico; inflación y desempleo: caída del sistema monetario internacional en 1971, la gran crisis del petróleo en 1973, y que se repite en 1979‑80. Toda esta tendencia la traduce y la sintetiza en el concepto que llama "crecimiento negativo", con el cual trata de dar cuenta de la relación entre espectativas  de crecimiento  y realidad.

b) La conclusión del ciudadano maduro, que es sustituido por el ciudadano perplejo e indeciso, provoca en Dahrendorf una situación de perplejidad que exterioriza en un cuestionamiento de irónica ingenuidad anti‑igualitotalitaria: )Tal vez hemos ido en busca de Rousseau y nos hemos encontrado con Hobbes?

c) La amenaza de que la tierra se convierta en un planeta de insectos y hierbas ante la eminente depredación de los recursos naturales y el medio ambiente y  el peligro de aniquilación nuclear. En ese sentido, sostiene que el problema que urge resolver es el de los recursos.

 

Después del despegue económico (1948) y social (1968) en los países del OCDE, hoy en medio de las cuentas de este crecimiento NEGATIVO, deduce que lo imperativo es conservar lo conseguido, en tanto que, "...el hecho es que ya no avanzamos, sino que luchamos para impedir retrocesos demasiados sensibles. La escalera mecánica del proceso marcha ya hacia atrás y tenemos que fatigarnos tan sólo para seguir en el mismo peldaño.[5]

 

De todo esto, surge la eminencia, providencial, de hablar de violencia estructural, lo cual no significa otra cosa que "el contrato social, el recurso de crear un derecho obligatorio, es decir, el Estado para protegernos contra el dogma en este mundo de incertidumbres. De esta manera, del capricho del poder personal y autoritario se pasa al cálculo, a la norma..."[6]

 

Dahrendorf ha sido identificado como neoliberal. Este autor retoma y propone un liberalismo nuevo (el liberalismo social), previa crítica al liberalismo clásico o tradicional, dados sus aspectos ahistóricos, en tanto proponía "...reglas formales de juego para todo tipos de juegos sociales " [7] Sin embargo, no es posible asimilarlo a lo que se ha denominado con el mote del neoliberalismo, ya que los supuestos en que se sostiene la propuesta liberal de el autor son en buena medida diferentes de los supuestos de los autores como F. Hayek, M. Friedman, I. Kristol, etc.

 

El neoliberalismo sostiene la relación de cuasi-identidad entre los postulados de la teoría económica clásica y la idea del estado de derecho, la libertad política y el Estado mínimo. Esta simonía aparente no está avalada ni por la experiencia ni por la razón. Por consiguiente, existe una distancia entre el neoliberalismo y el liberalismo político. En relación con este último, existen cuatro principios centrales: la primacía del individuo y sus valores; la protección y garantía de los derechos fundamentales y libertades públicas; el principio de la legalidad; y, la división y el equilibrio de poderes. Para el liberalismo político, si bien es importante el derecho de la propiedad de los individuos, su preocupación está distanciada del liberalismo económico original. Mientras al liberalismo político su argumentación para la defensa de el individuo o la libertad negativa se centra en la constitución de un estado de derecho; el neoliberalismo se preocupa en la crítica al Estado de Bienestar (y su tema de justicia social) en su propuesta que se basa, por un lado, en la primacía del mercado y de la empresa como motor del progreso en todos los planteamientos económicos, y por otro lado, en la urgencia de un Estado mínimo abstencionista, más no por ello acepta una democracia liberal ciudadana.

 

Para Dahrendorf prevalecen los principios de las libertades civiles, la propiedad privada y el Estado mínimo, sin embargo, el imperio del libre mercado no es indispensable, como sucede con el neoliberalismo y, aunque privilegia al Estado mínimo admite, de manera restringida, cierta capacidad de regulación económico‑social del Estado en pro de determinada equidad o justicia social (lo cual no implica ceder a la reivindicación del Estado de Beneficio o el paternalismo del Estado Social).

 

Por otra parte, Dahrendorf ha sido identificado como utilitarista. Si se entiende el utilitarismo como la búsqueda del placer y el alejamiento del dolor, entonces hay que aclarar hasta que punto el autor se puede aglutinar a este planteamiento. En su texto de "Las oportunidades vitales" apunta algunas ideas críticas que ponen el dedo en la llaga y que dejan en claro su posición en lo que concierne a este punto. En éste apunta una crítica a la idea de la felicidad, siempre y cuando por ésta se entienda una situación de equilibrio estable o de legitimidad completa. En este sentido, ‑dice‑ resulta sospechoso  que la sociedad como tal pueda ser feliz. Si bien todo ser humano tiene derecho a la felicidad durante su vida, la felicidad sólo es concerniente a la individualidad, y no se puede pensar en la misma en referencia a la colectividad como un solo cuerpo. [8]

 

En la primera parte de este ensayo abordaremos el manejo conceptual que hace el autor sobre la noción de igualdad y la noción de libertad y el análisis del mismo sobre la tensión que se da entre estos dos conceptos y sus repercusiones teóricas y prácticas.

 

Posteriormente se abordará la problemática de la relación de estos dos elementos en lo concerniente a la democracia. Finalmente, se intentará hacer un balance retomando sus últimas aportaciones teóricas.

 

 

I. Tensión Igualdad y Libertad.

 

Vosotros, queridos labradores alemanes, (id a América! Allí no hay ni príncipes ni nobleza, todos los hombres son allí iguales, todos iguales sinvergüenzas..., a excepción, naturalmente, de algunos millones, que tienen una piel negra o morena y son tratados como perros!

                                     Heinrich Heine.

 

Para ciertos autores (Heimann, H. Laski, Bobbio, etc.) la democracia significa la conciliación de la libertad y la igualdad.

 

Para Laski el concepto de libertad significa ausencia de coacción y la igualdad la define como la ausencia de prerrogativas especiales. Si desigualdad implica coacción, por lo tanto, libertad y desigualdad son incompatibles, luego entonces la igualdad es una parte de la libertad.

Mientras tanto, desde otra perspectiva, Bobbio como punto de partida un distingo metodológico para el análisis de liberalismo y democracia. Al primero lo identifica, antes que otra cosa, como una teoría del Estado mínimo que se sustenta a partir de una noción de LIBERTAD NEGATIVA que limita los poderes y funciones del Estado y privilegia las facultades de los individuos de realizar o no ciertas acciones sin ser impedido por otros o por el poder estatal, es decir que, privilegia la autodeterminación individual. Al segundo, lo define como una de las varias formas de gobierno en la cual las decisiones políticas colectivas son tomadas regidas por una regla de mayoría. Esta se sustenta a partir de una noción de LIBERTAD POSITIVA que distribuye el poder en la colectividad para la participación de los individuos en los procesos de autorregulación normativa y autodeterminación colectiva.[9] En cuanto a la relación libertad e igualdad dice que ambos son generalmente valores antitéticos, en cuanto no se pueden realizar con plenitud uno sin limitar fuertemente al otro. de esta forma una sociedad liberista (liberalismo económico) es profundamente inigualitaria, no obstante que una sociedad igualitaria puede ser liberal. Por otra parte, dice que la democracia puede aludir a dos perspectivas: democracia formal y democracia sustancial. La primera indica un método o un conjunto de reglas y la segunda indica fines. Sostiene que la democracia moderna sólo es compatible con el liberalismo a condición de que su significado se oriente a un sentido jurídico-institucional y no en su siginificado ético. En este sentido, refiere a la igualdad como un estado de derecho que hace iguales a los diferentes ante la ley, mientras que el segundo ve la igualdad no tan sólo como una igualdad jurídica, sino también social. Para Bobbio la segunda opción de democracia es un planteamiento que puede ser nocivo para la libertad en la medida en que los elementos homologantes se apoderen de las relaciones sociopolíticas pueden dar lugar, incluso, a un gobierno despótico. La forma en que libertad e igualdad pueden combinarse en una democracia -para Bobbio- sólo es viable bajo los principios de un Estado mínimo, la representación democrática y la regla de mayoría para las decisiones políticas. De esta forma Bobbio concluye: "La ,única forma de igualdad que no sólo es compatible con la libertad, tal y como es entendida por la doctrina liberal, sino que incluso es exigida por ella, es la igualdad en la libertad: lo que significa que cada cual debe gozar de tanta libertad cuanto sea compatible con la libertad ajena y puede hacer todo aquello que no dañe ña libertad de los demás."[10]

 

Para Dahrendorf, la libertad, entendida como la ausencia de limitaciones y de coacción de cualquier especie en la conducta humana, plantea ciertas restricciones y ambigüedades, debido a la impresión sensorial del concepto. En ese sentido, cuestiona: )a que limitaciones se refiere? y )a que tipo de coacciones?. La dependencia del hombre puede ser, por ejemplo, servil respecto a otro hombre, o puede ser respecto al alimento, vestido, techo, etc. Las limitaciones pueden ser climáticas, geográficas, ecológicas, de naturaleza somática del hombre, la característica del hombre como ser social, etc.

 

Una solución meridiana a esta posible ambigüedad la plantea en las siguientes  acepciones o tesis fundamentales:

 I. La persuasión de la tensión entre la libertad y la igualdad sólo es posible apreciarse en el proceso histórico de la equiparación de los derechos humanos, es decir, en el proceso de concreción del rol social del ciudadano, lo cual requiere de dos elementos esenciales para su instrumentación. Uno que se refiere a su contenido: en cuanto a la creación de un horizonte genérico de expectativas de oportunidades intocables y de metas intraspasables; y, otro que se refiere a su aspecto formal: en cuanto a elevar estas expectativas a expectativas del deber, sobre cuya observancia vigilan el derecho y la ley.[11]

II. La igualdad del status civil,  no solamente posibilita la conciliación de la tensión entre la igualdad y la libertad, sino que es la condición previa de la posibilidad de la libertad de todos los hombres. Es "...el contrato social de los hombres libres; por ella, y sólo por ella, se transforma la posibilidad de la auto‑realización de privilegio de unos pocos escogidos en petición de derecho de todo hombre."[12] Desde una perspectiva histórica, los países desarrollados han alcanzado hasta nuestros días las prerrogativas de la igualdad ciudadana ante la ley; de la equidad en los derechos políticos (al voto universal, secreto e igual); etc.

III. La igualdad del status social ‑entendida como la nivelación de los modos de participación social y las formas de existencia social, en donde los hombres son iguales si tienen o logran percibir determinados ingresos y poseen determinadas propiedades o patrimonio; si poseen determinado prestigio u autoridad; y, si alcanzan determinado nivel de educación‑, puede conciliar con la oportunidad de la libertad solamente a condición de que esta relación se presente dentro de una de las sociedades industriales desarrolladas contemporáneas y de que se dé en  un nivel mínimo de status social y existan los derechos civiles. Por tanto, no hay que confundir la igualdad del status civil con la igualdad del status social.

IV.  En relación a la igualdad y la libertad de los individuos, dice que la idea que afirma que el  origen de ambos atributos tiene un carácter natural es concomitantemente verdadera y engañosa. En respuesta a esto, propone la idea de que los hombres han sido creados distintos, y en consecuencia, cada vez que intentan los hombres igualarse los unos a los otros pierden su libertad social y su autonomía individual.

 

En este contexto, el autor a la acepción de libertad agrega la proposición de que ésta sólo concierne a las características o tributos que no procedan de la misma naturaleza humana  que definan una obligatoriedad universal. Basándose en esta variabilidad y elasticidad del concepto de libertad, y a fin de evitar caer en una ambigüedad, se propone distinguir el concepto de libertad en dos acepciones fundamentales:

 

a) Concepto problemático de la libertad: se entiende por éste a la ausencia de coacciones arbitrarias, sin embargo, ésta no implica, necesariamente, que el hombre aproveche y realice esa oportunidad (realizar sus cualidades naturales y creativas). Se refiere a una oportunidad de la existencia humana nacida de condiciones comprobables que exime al hombre de aquellas limitaciones que no proceden de su misma naturaleza. En esta acepción la noción de tiempo libre y libertad significan lo mismo. Tiempo libre crea ipso facto libertad. Es decir, implica eliminación de la coacción y la oportunidad de autorrealización. En ese sentido, la libertad existe siempre y dondequiera que se conserva un ambiente en el que los hombres tienen la oportunidad de ser su mejor YO. Por lo tanto, la misión de la política es la eliminación de toda especie de coacción que se ponga en el camino de la libertad; y así aprovechar la oportunidad de la auto‑realización del hombre ‑la cual se admite como algo lógico o automático. En consecuencia, la misión de la política es aumentar el tiempo libre y una vez logrado el individuo queda desprendido a su suerte.

 

     b) Concepto asertivo de la libertad: en este la libertad siempre existe y dondequiera que se aproveche la oportunidad de autorrealización, adquiriendo forma en la conducta efectiva de los hombres. Para esta noción el tiempo libre significa solo la posibilidad de libertad. La libertad existirá cuando se utilice el tiempo libre como actividad de auto‑realización. Por lo tanto, la libertad no significa una oportunidad, sino, una manera de existencia humana que solamente surge y se mantiene en circunstancias reales especiales de comportamiento. La libertad implica una oportunidad, pero no viceversa. La libertad existe siempre y dondequiera que los hombres aprovechen la oportunidad de "ser su mejor YO". El hombre sólo es libre si es creador (Heimann). La sociedad solo puede crear las condiciones de la libertad. Entonces,  la misión de la política es alcanzar al campo mismo de la percepción y utilización de las oportunidades de autorrealización. Luego entonces, el aumento del tiempo libre es necesario pero no suficiente de una política liberal en este sentido.

 

En cuanto a la igualdad, parte del cuestionamiento de si los hombres son o no por naturaleza iguales  o desiguales.

 

La respuesta que el autor da se apoya, en cierta medida, en la concepción de Aristóteles que decía que todos los ciudadanos poseen cosas en común, o nada, o bien algunas de ellas. Dahrendorf, sostiene la idea de que todos los hombres son en parte iguales y en parte desiguales.

 

Si se aceptara que todos los hombres son iguales por naturaleza, en la lógica de Dahrendorf, esto sólo sería viable en referencia a algunos datos de su existencia (con respecto a su categoría existencial y en cuanto a su acceso a las posibilidades de libertad): "son iguales en su naturaleza corporal, que los ata al 'imperio de la necesidad' y los obliga a trabajar para obtener sus medios de vida; son iguales en sus instintos naturales que imponen ciertas trabas a su desarrollo racional; son, finalmente iguales en la posible dependencia de su voluntad de fuerzas dependientes"[13] En este sentido, todos los hombres son iguales en cuanto hombres, en su "dignidad humana"; en tanto que, los hombres son desiguales con relación a su modo de existir, en sus disposiciones y facultades, etc.

 

Por otro lado, presenta diferentes posibilidades de la acepción de igualdad.

La concepción de igualdad como "igualdad de rango":

Desde el punto de vista filosófico, en tanto que se entiende que cada hombre posee la oportunidad de la libertad, se define a la igualdad como la posibilidad que cada uno tiene de realizarse a sí mismo, libre de coacciones arbitrarias. En esa medida, la igualdad es una condición de la posibilidad de la libertad de todos, independientemente de la categoría y estamento de su posición social. Desde el punto de vista sociológico, corresponde a la esfera “legui-formal”, es decir, la igualdad de derechos de todos los ciudadanos. Esta igualdad es semejante a la idea de igualdad de condiciones de Tocqueville y a la noción que Laski asume como ausencia de privilegios.

 

La igualdad, en cuanto a su forma de existencia social, se ha planteado en el terreno normativo como el derecho a un mínimo de posibilidades de vida, pero también, la igualdad social ha tendido a  devenir en una especie de igualitarismo apisonador, en tanto se pretende reducir las distancias entre las rentas altas y bajas, hasta que se desvanezcan las diferencias de manera significativa.[14]

 

Sobre la base de  la concepción de ambas nociones (libertad e igualdad), el autor plantea que el problema de la concialibilidad de las mismas nos lleva al cuestionamiento de )en que proporciones se mezclan con la libertad la igualdad y la desigualdad? Ante todo, se tiene que partir de la concepción de que tal conciliación no es posible a condición de una acepción total de la igualdad o de la desigualdad. Filosóficamente hablando, Dahrendorf se apoya en la idea de que la posibilidad de la libertad radica en la existencia de la desigualdad de los individuos, debido a que en cuanto somos iguales nos hallamos sometidos a una misma ley común, trascendente a nosotros. Y desde un enfoque sociológico, el concepto de status social tiene dos significados: a) Uno, jurídico legal que divide a la sociedad en sectores humanos, hereditarios (patricios, nobles, esclavos, siervos, etc.); y, otro en que estas diferencias no son definidas por las leyes y costumbres, sino por una serie de factores de la estratificación social que se combinan con las instituciones de la propiedad, de la educación y de la estructura económica.

 

En razón de todos estos elementos, llega a las siguientes consideraciones:

     La igualdad del status civil sólo crea, y puede crear, la libertad problemática en virtud de que la igualdad de los derechos civiles del hombre no garantizan la imposibilidad de la desigualdad de los individuos en su forma de existencia. En caso de que se trascienda la base de la existencia social en los derechos y obligaciones del rol ciudadano y  se regule la forma del auto‑desarrollo humano terminarán destruyendo la condición de existencia de la libertad. Por lo tanto, la relación de la igualdad de status civil y la libertad asertiva quedará restringida a una condición de oportunidad, más no a la garantía de su realización efectiva, sino, más bien, como una oportunidad de opciones.

 

     En lo que se refiere a la igualdad social y su conciliación con la libertad, el problema se centra en la definición de la altura de la pirámide de la jerarquía social en que se debe situar el nivel mínimo de status social, debajo del cual no debe caer nadie. A este propósito, si se considera sobre todo la libertad, se debe fijar el status básico del ciudadano a un nivel antes alto que bajo, cuidando que el espacio entre el "suelo" levantado de la jerarquía del status social y su "techo" no sea demasiado corto.

 

     Por consiguiente, en virtud de que la igualdad universal del status civil puede verse amenazada por el dominio ilegítimo (irracional), cualquier reforma social debe tomar escrupulosa consideración todo tipo de intervencionismo que obstaculice la igualdad de oportunidades de los derechos civiles. En todo caso, las fijaciones igualitarias (superior e inferior) designan en el fondo elementos del status civil, sin embargo, en términos estrictos, entre el "techo" y el "suelo" que limitan la jerarquía de la escala social en favor de la igualdad civil y de la libertad en general, "es la igualdad un enemigo de la libertad."[15] Por lo tanto, retomando a S. J. Mill, Dahrendorf sostiene que la igualdad de carácter social, en cuanto tiende a imponerse por sobre la diferencia (violentando, incluso, las formas legales), amenaza la oportunidad de la libertad general y puede suponer el conformismo y la anulación del individuo.

 

     En resumidas cuentas, la relación entre libertad e igualdad sólo puede ser satisfactoriamente conciliable de manera diferenciada. Es decir, la igualdad como rango de la existencia humana es una condición necesaria de la posibilidad de la libertad. Por el contrario, la igualdad en cuanto modo de la existencia humana es una amenaza de la oportunidad de la libertad.

 

II. Paradigmas de la Democracia Moderna.

 

La verdadera esclavitud, que ha sido suprimida en la mayor parte de las provincias septentrionales de Norteamérica, no me indigna tanto como la brutalidad con que allí son tratados los negros libres y los mulatos... (Oh libertad, eres un mal sueño!

 

                                     Heinrich Heine.

 

Como se vio en el apartado anterior, la igualdad es incompatible con la libertad cuando a ésta se le concibe como igualdad de carácter; y, por el contrario, la igualdad es, en cierta medida, una condición de la libertad cuando se le concibe como igualdad de status civil.

 

De esa diferenciación de la relación libertad e igualdad se desprende una diferenciación de la idea de DEMOCRACIA.

 

Tocqueville decía que en la democracia, a pesar de no menospreciar a la libertad por sí misma, su apasionamiento igualitario se desbordaba en dos tendencias: una, varonil y justificada, en la que se pretende que todos sean igualmente fuertes elevando a los de abajo al rango de los más encumbrados; otra, perversa, en la que los débiles pretenden arrastrar hacia abajo a los fuertes y prefieren la igualdad en la esclavitud.[16] En este sentido, la democracia  sólo es concebible en la igualdad.

 

Sobre la base de este razonamiento y en sus propios presupuestos (aquí mencionados), Dahrendorf evidencia dos formas de concebir la democracia: La primera, en la cual está ausente la libertad. Y otra, en la cual convive con la libertad. Por tanto, son distintas la democracia como simple igualdad y la democracia con libertad.

 

No obstante que la igualdad se presenta como sinónimo de la democracia, la democracia no es ‑como lo plantean algunos autores (Heimann, Laski, etc.)‑ sinónimo de la conciliación libertad e igualdad. Por un lado, la igualdad de carácter es antagónica a la libertad y la noción de democracia política (que no es lo mismo que democracia social). Por otra parte, aunque la democracia política crea algunas condiciones para la libertad, éstas no son una condición suficiente: "Democracia es, al mismo tiempo, algo más y algo menos que libertad..."[17]  En ese sentido considera que el conflicto canalizado por la efectividad de las reglas formales de procedimiento es vital para la existencia de la democracia política ya que expresa el carácter social de sus ciudadanos, implicando con ello, la admisión y el encauzamiento de la controversia, de tal forma que el juego democrático sólo tiene sentido siempre y cuando los hombres sean diferentes.

Como se puede apreciar tanto Dahrendorf como Bobbio sostienen una concepción liberal de la democracia, pero en ambos se advierte la influencia de la tradición del liberalismo político y no económico o neoliberal. Y ambos, igualmente muestran serias dudas y distancias con respecto a la socialdemocracia.

En cuanto a la demanda de una mayor participación dentro del régimen democrático, Bobbio plantea trasladar el método democrático que sirve para regular las relaciones de poder entre los miembros de la sociedad al ámbito de las relaciones de la sociedad civil. Es decir, del ámbito de lo político a lo social.

Cosa muy distinta plantea Dahrendorf: ampliar las oportunidades de vida.[18] Es decir, si la base liberal es que todo parte de la libertad individual de opción y la libertad debe ser para el mayor número de personas, las oportunidades de los individuos para desarrollarse a plenitud es viable ampliándoles sus opciones electivas. Por tanto, el autor admite como fundamental de su proyecto liberal dos principios fundamentales: la propiedad privada y el Estado mínimo. Sin embargo, a diferencia del neoliberalismo, admite la democracia y la regulación del Estado, es decir que no le es imprescindible la libertad de mercado.

 

 

NOTAS

 



    [1].  Keynes apuntaba que la crisis se debió a la incapacidad de consumo por parte de la sociedad, lo cual reveló la ineficiencia de las "leyes naturales" en condiciones como las que se dieron en ese período: a) un mayor ahorro, b) una mayor inversión, c) austeridad obligada en el consumo, y d) una tendiente disminución  de las ganancias. Por lo tanto, propone para invertir esa tendencia, que el estado intervenga, y que a partir del gasto público regule esa situación creando un ambiente de bienestar que aumente

la capacidad de consumo y reanime la economía.

    [2].  Yves Meny y Jean‑Claude thoeni, Las políticas públicas, Barcelona, editorial Ariel, 1992, p. 44.

    [3].  Ralf Dahrendorf. Sociedad y libertad. Hacia un análisis sociológico de la actualidad, Madrid, Ed. Tecnos, 1966. p.309.

    [4].  Ibid. p.102.

    [5]. Ralf Dahrendorf. Las oportunidades de la crisis. Unión editorial. Madrid. 1983

    [6]. Ibid. p. 7

    [7]. Ralf Dahrendorf. Oportunidades vitales. Notas para una teoría social y política. Madrid, Espasa‑Calpe, 1983, p.43.

    [8]. Ibid. pp. 41‑46.

    [9]. Vease, Norberto Bobbio, Liberalismo y democracia, México, F.C.E., 1989.Pp. 45-48.

    [10]. Ibid. p.41.

    [11]. Ralf Dahrendorf, Sociedad y libertad. p. 334.

    [12]. Ibid. p. 335.

    [13]. Ibid. p. 329.

    [14]. Vease, Ralf Dahrendorf, Las oportunidades de la crisis. p. 16

    [15].  Ibid. p. 343.

    [16]. Vease, Alexis de tocqueville, La Democracia en América, Madrid, Alianza Editorial, 1985, 20 edición.

    [17]. R. Dahrendorf, Sociedad y libertad. p.288.

 

 vitales. Notas para una

    [18]. R. Dahrendorf, Las oportunidades vitales...