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Matilde Ladrón
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QUISE SER LA DIOSA QUE CAUTIVA

Desde el bruñido bronce de tu cara
y el hondo gesto de tu altiva frente
me miraste y sentí una llamarada
que nacía en tus ojos envolvente.

Había en ella una inquietud curiosa,
llena de rebelión y de desvelos
como esperando que una joven diosa
cayera a tus pies desde los cielos.

Y quise ser la diosa que cautiva
y ser también la sierva enamorada
y sentirme a tu lado, sensitiva,

Para amarte y estar atormentada
y apaciguar mis ojos en tu vida,
en tu mirada triste y desolada.

Poema del Libro “Amarras de Luz”, 1948.

DIOSA IBERIA

La península Hispánica mecida en noble cuna
se conmovió del fruto que descubrió entre mares
y enfilando sus huestes hacia la airosa América
entre audaz roquerío y extraña hechicería

Desposó los copihues con los rojos claveles.
Los ríos legendarios bajaban de los Andes
mordiendo con su espuma araucarias longevas,
el puma entre los montes, sobre el picacho del cóndor

Y bajo los copihues, entre hierbas fluviales
mi cuna la mecían los violines del pehuelche.
Yo nací diosa Iberia en la virgen América.

De España me devienen los ímpetus viajeros
de gitana, de toros, mantillas, castañuelas,
de rítmicos bailares, de airados taconeos.

La sangre que me enciende paganas primaveras,
el caliente perfume de azahares de esa tierra
y aquel rasgueo intrépido de fuego en sus guitarras
que me anuncia del génesis: valiente diosa Iberia

Viniste de una tribu y hoy eres su princesa
con reino de copihues y cetro de claveles.
Tú, el bárbaro del norte, centauro de mis sueños
me raptas en un vuelo de adagios y de alegros.

América sonríe, América es abuela,
niños de ojos azules corren por sus montaña.
Todas sus fuerzas vírgenes dejarán una huella,

En su sorpresa alegre nacida a un nuevo mundo
del universo vivo lleno de lo profundo,
¡mentes alucinadas de anhelo y maravilla!

Poema del Libro “Pórtico de Iberia” 1950.

DESNUDA

En medio de mis rosas, tu cabeza.
Siento latir tu propio pensamiento.
Y la espada jadeante de tu aliento,
entra, activa la luz, en mi belleza.

Con una queja besas la tibieza
que te ofrezco. Alígero y sediento
tu amor es como el fuego y como el viento:
pulso fugaz de la naturaleza.

Queman tus nervios rosas ancestrales.
Me educas en tus cálidos rituales
y me bebes en copas prodigiosas.

Quiebras el tiempo. Creas el olvido.
Abres la eternidad sin lo vivido,
con tu sol abismo entre mis rosas.

Poema del Libro “Desnuda” 1960.

VI

Antes de la victoria, Ché Guevara
nos apaño la ruta y el destino
de nuestra Indoamérica vejada.
Romperemos los limites del amo.

¿Rasgaremos los vírgenes contratos
que empapelaron todas nuestras sombras?.
¿Salvaremos los hijos de los pueblos
antes de ser, por otra vez, violados?.

Si al verte, Cuba azul, acribillada
en tus cuatro contornos, y zaherida
por la lanza de crueles hombres ávidos.

No se nos alza el alma y la palabra
en contra de los arcángeles del oro
¡es que vamos de nuevo hacia el regreso!.

Poema del Libro “Ché” 1969.

TESTAMENTO

No perdona el gusano las alturas
y en la flor, en el fruto generoso
va reptando con hambre, y alevoso,
deja su rastro en las corolas puras.

A veces logra con sus mordeduras
dañar el borde del contorso terso
y el gemido del pétalo es el verso
que más se aroma con las amarguras.

No sabe el ponzoñoso en su impudicia
del ascenso y los aires que acaricia
la voluntad, cuando al azul se lanza,

Y en ardimiento de aéreas esperanzas
por amistad y luz transfiguradas
tiende la mano al que clavó espadas.

Poema del Libro “Testamento” 1973.

MULATA FLOR

(a Nicolás Guillén)

El ébano y marfil se desposaban
en la cubana risa de los pianos.
Bajo el trópico y caña almibarada
hay dos flores desnudas en un tallo.

Grácil negro emigrado -sangre esclava
del corazón del Africa- sediento
bebió el amor de la española blanca
en la blanca vasija de sus pechos.

Feliz grito de nieves y carbones.
Riego el polen. Símbolo violento.
Nació un matiz, otra alma de aquel sexo:

Mulata flor, tu raza de eslabones
eleva un himno ausente en represalias,
en Cuba, patria siempre autorizada.

Poema del Libro “Cubanía y Ché” 1998.

A FLORENCIA

¡Florencia, patria mia, vuelo humano!
Te vi retama ubicua en primavera
Y también a Frá Angelico, Leonardo,
Rafael, Botticelli, esmaltados.

Moran en mi alma. Dante, Miguel Angel.
Y Vivaldi me canta. Son hermanos
inmersos para siempre en mi vida.
Se burila Italia en añoranza.

Con las huellas de su arte no extinguidas
que urjes, tú, Florencia, en mi memoria.
¡Cómo queman la cien y los recuerdos

Y aceleras mi pena hacia Toscana!
Ato al dolor mi desatado anhelo
si viva antes de morir te beso.

Poema del Libro “Antología Poética (In) Completa” 2005.

EL CREPÚSCULO

(a mi esposo Marcial Arredondo Lillo)

Fuego dormido, pausa del ocaso.
Dorada miel del trabajo vuelo.
Vencida sangre, enternecido celo,
vino de abismo en el profundo vaso.

Sabia desesperanza en el fracaso,
pupila firme en el activo cielo,
frente a la noche, desprendido vuelo
que hacia la muerte nos incita el paso.

Y esperanza también o despedida
que se prende a los soles de la vida
con garras de naufragio y de delirio.

Besas en el crepúsculo la rosa.
Quemas la frente en la ebriedad fogosa,
y alzas en llama el último martirio.

EL DÍA

(a mi hijo Marcial Arredondo)

Niño del alto día que floreces,
rubia de luz la crencha enmarañada;
alado el pie, la sien alada, alada
la voluntad de fuego con que creces.

Con la aurora de fiestas amaneces,
sigues al sol y el sol es tu mirada,
siembras la luz sobre la tierra arada
y el cenit de los valles estremeces.

Niñez y juventud, y fuerza plena.
De trigo mozo van tus manos llenas,
y vital enardeces tu estructura.

Niño de sol, que la mañana orea.
Niño de sol, que sobre el mar procreas
y escultor de la frágil escultura.

LA AURORA

(a mi hija Sybila Arredondo)

Viertes, aurora, al múltiple horizonte
dorados lirios y encendidas rosas,
emanan luz tus alas bulliciosas
y labras en color el arduo monte.

Joven y alegre ante mis ojos, ponte
sobre un puente de estrellas laboriosas
y con lanzas y flechas victoriosas
quema la nube que tu rueda monte.

Irradias en la noche, casto mito,
y quiebras su silencio con un grito
de amor y sed en la brumosa entraña.

El universo virgen te enamora.
¡Apura tus corceles, vencedora,
la creación del hombre te acompaña!.

LA NOCHE

(a mi amiga Gabriela Mistral)

Todo vivir, en trance de la muerte,
nocturno linde y hora indefinible,
notas de luna en el temblor sensible
y en alto sueño, pensamiento inerte.

¿Cómo podré en la niebla sostenerte
con igual devoción, vuelo indecible,
si vierto lo posible en lo imposible
y mueren todo azar y toda suerte?.

Quiero en igual silencio, igual destino.
Muerta en lo humano, toca lo divino;
tras lo que fue de amor en tierra yace.

¡Noche profunda, dale ese reposo!.
un caer en la sombra, cadencioso,
y una dormida sed que al sueño abrace.

A WALTER GIESEKING

(a mi amigo Walter Gieseking)

Nunca igual luna y sol, y sentimiento.
Nunca en dolor tan cruel más melodía,
ni en sorda tempestad, más alegría
ni en más fiel voluntad, más ardimiento.

Río de soledad y pensamiento,
ternura desbordada en la armonía,
todo su corazón se le vertía
en amor, en abismo y en tormento.

Humano incendio y fuegos sobrehumanos,
naturaleza entera en ígnea fuente
de profundas creaciones desgarradas.

Canto de amor y música en sus manos
quemaron las laderas de su frente
y sus inmensas alas desatadas.

A PABLO NERUDA

(a mi amigo Pablo Neruda)

Día a día cuando la sangre zarpa
del corazón –su puerto- desatada,
avanza entre la espuma, lastimada
en mi carne morena. Como un arpa

amarilla de luz, el sol que asoma
hunde sus rayos cada vez que vivo
y cada vez mis sueños fugitivo
asciende más tu vuelo hasta la loma.

Y hacia un rincón del alma sola y mía
me voy intimidando de agonía
con un llanto que afrenta mis mejillas,

Con humo y con ceniza entre mis huesos;
por ti, Pablo Neruda y los anhelos,
cayendo hasta la muerte de rodillas.