Rahel
 
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Rahel
 
   

Arundhati Roy
El dios de las cosas
god of small things
Rahel, la gata
 
Rahel es uno de los personajes de 'El dios de las pequeñas cosas' de Arundhati Roy.

'El dios de las pequeñas cosas' narra la historia de tres generaciones de una familia de la región de Kerala, en el sur de la India, que se desperdiga por el mundo y se reencuentra en su tierra natal. Trata de una historia que es muchas historias. La de la niña inglesa Sophie Moll que se ahogó en un río y cuya muerte accidental marcó para siempre las vidas de quienes se vieron implicados. La de los gemelos -- Estha y Rahel -- que vivieron veintitrés años separados. La de Ammu, la madre de los gemelos, y sus furtivos amores adúlteros. La del hermano de Ammu, marxista educado en Oxford y divorciado de una inglesa. La de los abuelos, que en su juventud cultivaron la entomología y las pasiones prohibidas. Esta es la historia de una familia en unos tiempos convulsos en los que todo puede cambiar en un día y en un país cuyas esencias parecen eternas.

Esta apasionante saga familiar es un gozoso festín literario en el que se entremezclan el amor y la muerte, las pasiones que rompen tabúes y los deseos inalcanzables, la lucha por la justicia y el dolor causado por la pérdida de la inocencia, el peso del pasado y las aristas del presente.

Arundhati Roy ha sido comparada por esta novela prodigiosa con Gabriel García Márquez y con Salman Rushdie. Sus destellos de realismo mágico y su exquisito pulso narrativo hacen de esta una extraordinaria novela.


The Arundhati Roy Web
Página dedicada a la escritora.
 
Rahel nos cuenta esta tierna historia sobre cómo escogió su apodo:

'En la época en que estaba leyendo "El dios de las pequeñas cosas" sucedió que, paseando al perro, salió a mi encuentro una gata blanca y negra. Hacia meses que la veía deambular por el parque o, permanecer sentada como una efigie como si esperara a alguien, pero jamás la vi acercarse a una persona. Me dejó asombrada pues, que de repente, se aproximara a mí maullando y, más, cuando comenzó a frotarse contra mis piernas a modo de saludo. Contra todo pronóstico esto se convirtió en algo habitual, cada vez que me veía salía y repetía el ritual, incluso con mi perro, que la miraba atónito ante tal desfachatez. Así que decidí ponerle un nombre, "Rahel", como un personaje del libro, y alimentarla. Por razones ajenas a mi voluntad, no podía llevármela a mi casa, así que como temía que algún perro le pudiera hacer algo, comencé a buscarle un nuevo hogar.

Los días pasaban y no obtenía resultados, por lo que mi preocupación aumentaba proporcionalmente a mi cariño por ella. Ni que decir tiene que a esas alturas me tenía totalmente ganada, su confianza era tal, que cada vez que me agachaba venía corriendo y se me subía en brazos, pegándome una especie de pequeños y suaves mordiscos que dejaban las mangas de mi camisa totalmente mojadas.

Un día Rahel no salió a recibirme con su alegría habitual, sospechando que algo le había ocurrido la examiné, mis temores se vieron confirmados cuando vi que en un muslo tenía un bocado, maldije al dueño del perro que le había hecho eso, por consentirlo. A pesar de ello, fue un día de suerte, casualmente encontré a una persona, de la que sabía que era amante de los gatos, le conté la historia y le presenté a Rahel, sin pensarlo mucho se ofreció a hacerse cargo de ella. Así que, al día siguiente, tras despedirme de ella la metí en un transportín y se la entregué a esta persona. Mientras la veía alejarse, con pena y alegría a la vez, decidí que en su honor, mi nuevo nick sería Rahel.

Ya no la he vuelto a ver más, pero sé que como compañeros tiene a varios gatos y a una perra, que ya no es la gata enclenque que conocí y que, curiosamente, su sitio favorito para dormitar es la silla que su dueño utiliza para trabajar con el ordenador.'