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Tal
como el autor del libro bromea parafraseando, vender política como
pastillas de jabón es un trabajo totalmente lícito. El modelo
estadounidense de política, en el que el candidato se fabrica según
los deseos del pueblo, contrasta con el estilo europeo, en el que los ciudadanos
deben elegir un partido político, que mantiene rígidos postulados.
Tanto hoy como ayer, la comunicación está en poder de empresas o poderes políticos. No obstante, en el caso de los llamados medios no-partidistas, en los que supuestamente no existe manipulación política, es donde el equipo de campaña debe conseguir el efecto agenda-setting, es decir, conseguir que una noticia del candidato esté el mayor tiempo posible en emisión. A veces esto es impulsado mediante pseudonoticias o tratos oscuros entre agregados de prensa y los periodistas. La promesa de conseguir una entrevista con el candidato a cambio de emitir una determinada noticia (posiblemente sin interés), es una práctica habitual. A
mi juicio, el caso de las pseudonoticias consiste en un atentado contra
el derecho del ciudadano a ser informado. El primer culpable de esto es
el responsable del medio de comunicación, que permite que en sus
programas se difundan informaciones que echan por el suelo la credibilidad
de su empresa. Por otro lado, el equipo del candidato demuestra que es
incapaz de atraer la atención de los ciudadanos si no es inventándose
noticias.
En cuanto a medios como el correo o el teléfono, hay que apuntar que el primero dará mejores resultados que el segundo. Respecto a la correspondencia postal, es posible que el traslado desde el correo ordinario al electrónico pueda resultar un avance en cuanto a la contestación de los destinatarios, debido a que es más cómodo contestar desde este tipo de soporte. Por otro lado, el teléfono no es un elemento rentable, debido a la poca atención que habitualmente se presta en casos como las encuestas, a las que según Maarek tan solo un 20% de los franceses las atiende por teléfono. En las últimas elecciones al Congreso y Senado de España hemos observado que la utilización de carteles ha descendido notablemente en favor de la utilización de otros medios, como internet, en el que todos los partido han estado presentes. Además, la colocación de carteles cada vez está más penada por las autoridades locales, que evitan la colocación masiva de estos reclamos, tal como indica Maarek que hay que realizar. En
consecuencia, el mejor método de comunicación entre los ciudadanos
y el candidato, es la visita hogar por hogar. Para estos casos, lo más
apropiado es la utilización de voluntarios profesionalizados en
la tarea de comunicar. Por ejemplo, en el caso de Europa, los candidatos
europeos representan a grandes partidos que normalmente cuentan con una
amplia representación regional, por lo que cada afiliado puede dedicarse
a hablar con sus vecinos sobre las ventajas de votar al candidato de su
partido. Tal como indicó Manuel Fraga, cada simpatizante de su partido
tenía el deber moral de convencer a otros diez ciudadanos para que
le votaran.
Philippe J. Maarek afirma que el debate televisado es el momento estelar de la campaña electora. El momento en que todo se decide. Desde mi opinión, aunque los candidatos pueden aprovechar el debate para "golear" al oponente y marcar tantos a favor, no es este el espacio en que se decide la votación. Quizá pueda serlo en Estados Unidos, donde es de sobra conocida la influencia de la cultura audiovisual, pero en Europa, y sobre todo en España (en cuyas últimas elecciones no ha habido debate electoral) donde confluyen todas las posibles tendencias políticas, el voto de la gente no cambia tras los debates. El
progreso de los países les acerca cada vez más al American
way of life, junto al estilo político que ello conlleva. Este
modo de hacer política está penetrando cada vez más
fuerte en nuestra sociedad, y es imparable debido a los buenos resultados
que ello trae. No obstante, hay aspectos típicamente europeos que
no podrán ser suplantados por el político-producto, como
el nacionalismo existente en numerosas partes del viejo continente, que
exige la existencia de partidos ideológicos-sentimentales. Estos
partidos, aunque siguen manteniendo su estructura e ideas habituales, también
se aprovechan del marketing político ideado desde Estados Unidos,
sobre todo en lo que se refiere a los medios de comunicación.
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