EL ARROZ Y SU CULTIVO

El arroz y su cultivo. - El arroz, por ser el sustento básico de los pueblos amarillos y de una parte de la raza negra, es el cultivo que alimenta mayor número de personas, casi la mitad de la Humanidad. Sin embargo, su importancia comercial es muy inferior a la del trigo, a causa de que sus más grandes productores son, al mismo tiempo, los mayores consumidores.

El arroz es un producto específico de las llanuras cálidas inundables y de los terrenos húmedos del Asia monzónica. Los vientos periódicos del monzón procedentes del océano Indico, que soplan hacia el continente asiático de junio a octubre, aportan a esta tierra copiosas lluvias, que, al coincidir con los calores estivales, crean las condiciones básicas para el cultivo de este cereal. Aunque también existe un arroz de montaña cultivado durante la estación de las lluvias, si bien menos exigente a la humedad, no se puede comparar ni en calidad ni en rendimiento con el arroz de pantanos. Lo más corriente es que sea cultivado en tierras que puedan inundarse, bien por retención de las aguas procedentes de lluvias, mediante un sistema de dique, bien por irrigación, aprovechando las aguas de los ríos, de los pantanos o cisternas, o de las capas subterráneas mediante la perforación de pozos artesianos o pozos corrientes, ya que no sólo necesita una enorme cantidad de agua, sino también una distribución complicada, pues el cultivador debe disponer de ella en suficiente cantidad para regularla convenientemente a su voluntad.
Llanura Japones con agua abundante en la que prosperan los cultivos de arroz.
Los climas que más convienen al cultivo arrocero son los intertropicales, ya que este cereal exige una temperatura anual media de unos 20º. En estos climas, la estación cálida y lluviosa es la que está consagrada a este cultivo, y si las lluvias y el calor no faltan en todo el año, se pueden conseguir dos cosechas en lugar de una y hasta cinco en dos años. En la estación seca, si la hay, se asocia a los demás cereales, los cuales, en estos casos, desempeñan el papel de cereales secundarios: mijo, trigo o maíz. Fuera de esta zona intertropical, excepcionalmente se le encuentra en la llanura lombarda del Po, avance máximo del arroz hacia el Norte, y en el Sur y zona levantina española, de clima mediterráneo, con verano cálido y riegos seguros y abundantes.

El arroz exige un suelo rico y muy fino y, sobre todo, fácil de sumergir, ya que su cultivo se hace casi exclusivamente en el agua; por esto son excelentes los campos de marga arcillosa en llanuras horizontales e inundables capaces de contener las aguas. Estas condiciones no suelen darse en grandes superficies, excepción de los deltas y de escasas llanuras lacustres y fluviales. Cuando se cultiva en las colinas y montañas, el suelo se dispone escalonado en las vertientes por medio de terrazas horizontales, cada una de las cuales se convierte en un campo sumergible.

A las magníficas condiciones naturales favorables del Asia monzónica se pone una gran penuria técnica, que impone a los pueblos dedicados a este cultivo una labor constante y agobiadora para conseguir mediocres rendimientos: una hectárea de tierra de las llanuras del sudeste asiático produce de 40 a 50 Qm. de arroz, mediante el trabajo casi continuo de una familia campesina durante todo un año; en cambio, en las llanuras de aluvión de la Europa occidental, sólo bastan cinco hombres para cultivar, con la ayuda de máquinas apropiadas, un centenar de hectáreas, al menos, rinden también de 40 a 50 Qm. de grano por hectárea. En algunas regiones de la Rusia y, sobre todo, en los Estados Unidos de América, el cultivo mecanizado está a una gran altura. En este último país y en la zona arrocera sudoriental de los Estados de Tejas y Arkansas, la distribución de semillas, remojadas y medio germinadas, para la siembra y la distribución de fertilizantes, se hace por medio de aviones que vuelan a menos de diez metros de altura, sembrando o abonando largas franjas de tierra de tres a cuatro metros de anchura en cada pasada. Con el empleo de esta moderna técnica, la cantidad de grano y abono que se necesita por unidad de superficie es exactamente la misma que se precisaba con el procedimiento antiguo, y el trabajo se ejecuta con rapidez, economía y perfección.

De todas las plantas que utiliza el hombre como alimento, el arroz es la que requiere mayor esfuerzó y mayor número de cuidados. Antes de empezar la explotación M suelo debe procederse a crear un sistema de riegos y a la preparación de la tierra. El terreno donde va a sembrarse debe ser ahondado en forma de artesa de bordes elevados para retener el agua cuando sea inundado. El campo, así reblandecido, se transforma en un fango líquido homogéneo, en el que hunden los pies los hombres y animales que le dan repetidas labores. Los granos se hacen germinar antes en campos especiales, planteles, de terreno muy bueno, en los que las plantas permanecen un mes. Cuando han salido los brotes, se los traslada de los semilleros especiales al arrozal, donde se hincan a mano en el suelo blando, disponiendo las matas, de cuatro o cinco plantas a la vez, en intervalos regulares. A este efecto, algunos días antes se restringe el suministro de agua, para reanudar con toda intensidad el riego en cuanto ha terminado el trasplante, pero cuidando que el agua no cubra por entero el tallo. A partir de este momento, la plantación efectúa su crecimiento, y ya no se dejará secar el arrozal hasta el periodo de granación de la espiga y siega, pero se debe renovar periódicamente el agua.

Durante los dos o tres meses que aproximadamente dura el periodo de cultivo, los hombres deben permanecer todo el día en el campo, hundidos los pies en el barro fangoso y con agua hasta la rodilla. Cuando la espiga madura, es necesario segar lo más rápidamente posible, pues las lluvias perjudican mucho al grano. Cada tallo debe ser cortado a nivel de la espiga, segándose después la paja sola. Una vez cortado y puesto en gavillas, se desgrana el arroz bajo las patas de los búfalos o de los caballos. El grano, revestido todavía de su corteza, es necesario descortezarlo para obtener el arroz blanco comestible.
                                  Siega y laboreo del arroz en la Región levantina Española
Este cultivo exige dos elementos indispensables: el agua y la mano de obra. Cuando los arrozales se hallan por debajo del nivel del río, el riego es relativamente fácil, pero en la mayoría de los casos presenta muchas dificultades que se intentan resolver acudiendo a métodos milenarios basados en la experiencia. Hoy existen infinitos procedimientos encaminados a elevar el agua, desde el arcaico sistema del cubo de mano, como todavía se hace en la India y China, hasta la moderna bomba eléctrica empleada en California, pasando por el elevador en forma de rosario del cultivador de Thailandia, movido día y noche con los pies por todos los miembros de la familia; el malacate de chinos y filipinos, accionado por búfalos; y la noria corriente utilizada en todos los lugares en los que el agua alcanza un determinado nivel.

Por este motivo, el cultivo del arroz es por excelencia el tipo del cultivo intensivo y el que necesita mayor esfuerzo. Toda la tierra se aprovecha sin dejar nada; ningún elemento fertilizante se desprecia, en particular el abono proveniente de las deyecciones humanas; una enorme mano de obra, que hasta ahora las máquinas no han podido reemplazar, está ocupada todo el año. En regiones escasamente pobladas es imposible este cultivo; el campesino, para cuidar sus arrozales, debe contar con una familia numerosa, pues en la plantación todos tienen ocupación. Sin embargo, si la familia del cultivador aumenta, habrá de crecer también la cosecha del arroz; pero, al contrario de lo que ocurre en la familia, la cosecha no puede pasar de ciertos límites, y de esta forma sobreviene una superpoblación, como puede observarse en los países del oriente asiático donde el cultivo de este cereal es tradicional. No hay otra planta que estimule el afán de reproducción en tan alto grado como el arroz, siendo las regiones donde este cereal tienen su asiento los únicos territorios puramente agrícolas que presentan densidades humanas comparables a las de las regiones industriales superpobladas. En la isla de Java la densidad es de más de 520 habitantes por kW (en algunas zonas de arrozales pasa del millar) es muy superior a la de Holanda con 379, al igual que ocurre en algunas regiones de Tonkín. En estos territorios, que no sólo alojan a su población sino que también la alimentan, la cosecha anual de arroz viene a representar poco más de 180 kgs. por habitante, que es la cantidad estrictamente suficiente de alimento que necesita el hombre de raza amarilla para sostenerse, y con la que el de raza blanca no podría subsistir mucho tiempo. Semejantes masas humanas no podrían seguir adelante si el arroz mismo no las alimentase, gracias a sus grandes rendimientos. Por esta causa, más de las nueve décimas partes de la cosecha se consumen en el mismo lugar de producción.
Mapa ARROZ
De todas las zonas arroceras, la menos habitada es la de la Baja Birmanía, donde la densidad media, de unos 30 habitantes por kilómetro cuadrado, es insuficiente para este cultivo, con un sistema de explotación donde no interviene el ganado. Sólo en las regiones birmanas donde la densidad de población es superior a 60 6 70, es posible el cultivo del arroz en gran escala destinado a la exportación.

A pesar de reunir buenas condiciones nutritivas, el arroz presenta, por otro lado, serias deficiencias desde el punto de vista de la casi exclusiva alimentación popular, pues, al contrario de lo que ocurre con los demás cereales, contiene poco nitrógeno o albúmina y, cuando se le quita la cáscara, pierde también las vitaminas. Por esta razón, la población que vive exclusivamente de arroz descascarillado suele contraer la enfermedad llamada beriberi.

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