El maíz y su área geográfica. -

El maíz fue inicialmente el cereal alimenticio de los indios americanos, y, al pasar a Europa junto con la patata, también americana, revolucionó la agricultura de este continente, convirtiéndose en el primer cultivo complementarlo de los cereales de invierno. Actualmente el maíz se ha convertido esencialmente en el cereal que mejor se presta a una considerable producción especulativa, con un precio de venta muy bajo en los Estados Unidos.

Este cereal exige un suelo bien provisto de elementos fertilizantes y un clima con abundantes lluvias para germinar, así como calor constante durante la maduración. Para madurar necesita de tres a cinco meses de buen tiempo estival, pero a condición de no ser excesivamente seco, pues las lluvias, breves y rápidas, deben caer de vez en cuando. Sin embargo, hoy no existe freno alguno capaz de detener al cultivador, y ya se aventura a plantarlo en suelos norteños, haciéndolo madurar en regiones estadounidenses donde en tiempos anteriores sólo se practicaba su cultivo como planta forrajera. Igualmente ocurre en Alemania gracias a haber podido conseguir variedades tempranas.

Hasta ahora, el cultivo del maíz se encuentra sobre todo en la zona intermedia entre las del trigo y el arroz. Sin embargo, a causa de que su siembra se realiza únicamente a mediados de primavera, su límite septentrional se encuentra a latitudes bastante más elevadas que las del arroz, ya que se conforma con sólo tres o cuatro riegos mensuales y, en parte, coincide también con las latitudes meridionales del trigo.

El maíz desempeña un papel muy importante en todos los países donde se cultiva y en todos ellos mantiene una gran competencia con el trigo, y tiende a eliminar y suplantar a los demás cereales por ser el que da más ricas cosechas. Sin embargo, el reciente y espectacular triunfo del maíz ha sido debido a la consecución por los norteamericanos de variedades
híbridas (los diversos tipos de Wisconsin y, sobre todo, el lowa 4417) con rendimientos superiores en un 15 al 30 por 100 sobre las mejores cosechas anteriores y una altura absolutamente uniforme de las plantas que permite la mecanización de las tareas recolectoras. En 1930, con 41 millones de Has. Cultivadas y con una casi nula proporción de híbridos, la cosecha en Estados Unidos fue de 528 millones de Qm., mientras que en 1960 y con una superficie de 33 millones de Has. , Utilizando el 80 por 100 de híbridos se obtuvieron 1.108 millones de Qm. Así, pues, el maíz híbrido ha permitido duplicar ampliamente la producción, mientras que la superficie cultivada se reducía en un quinto. Y, con la misma tónica llegamos a 1968, en que con un poco más de 24 millones de Has. La producción ha sido de más de 1.111 millones de quintales. Después de la Segunda Guerra Mundial los híbridos han sido introducidos en Europa, también con espléndidos rendimientos.

Como artículo alimenticio, hoy solamente se destina a poblaciones poco exigentes desde el punto de vista culinario y ya acostumbradas a su consumo. Es muy poco panificable y, en valor nutritivo, la harina de maíz apenas va en zaga a la del trigo, si bien contiene poco gluten. Con esta harina, en Rumania, Bucovina, el Cáucaso y, desde hace siglos, en México, se elaboran unos bizcochos planos, amarillos y bastos que los comen en forma de gachas más que de pan. El alimento ordinario del campesino italiano de la llanura del Po es la polenta y en los días festivos el migliaccio, así como el del rumano es la marmaliga; ambas son una especie de puré hecho con granos de maíz mal molidos, al que se añade grasa y pimienta. Los consumidores asiduos de este puré llegan con frecuencia a contraer la enfermedad llamada pelagra (piel áspera), a causa de que el maíz carece de una substancia denominada vitmina B12 necesaria para la nutrición del hombre.

Actualmente sólo se nutren con este cereal los más pobres jornaleros, principalmente los negros, de las comarcas donde se cosecha; el resto, cortado en verde, o en forma de granos, se utiliza sobre todo para la alimentación del ganado (de cerda, caballar, mular, vacuno y aves de corral), para la industria (harinas, féculas, aceite de maíz, glucosa, cola para el apresto de telas, alcohol, papel, cestería, sombrerería, etc.). Mientras en Norteamérica va desapareciendo como producto de alimentación humana, en Europa sirve todavía como artículo alimenticio en algunos lugares, y en África es aceptado con gran entusiasmo por las poblaciones que de día en día van extendiendo su cultivo por la parte interior desde la costa norte mediterránea, haciéndose ya en grande en las regiones orientales del Sur y en las occidentales a partir del golfo de Guinea.

Producción mundial del maíz y países productores. -

Gracias a sus elevados rendimientos, a la brevedad de su periodo vegetativo, a los pocos cuidados que exige y a las posibilidades de mecanización que ofrece, se ha convertido el maíz sobre todo en el gran cultivo para la alimentación del ganado.

Como vemos, los principales centros productores de maíz se encuentran en los Estados Unidos. En este país, la economía mixta, basada en el cultivo de este cereal, es uno de los principales tipos de agricultura y ganadería comercial. Actualmente, la faja del maíz de Norteamérica se extiende desde México hacia el Norte, en una enorme superficie y a través de una llanura de terrenos grasos. Hacia el nordeste, las plantaciones van haciéndose más densas y entre el Missouri y el Mississipí la inmensa llanura queda convertida en un infinito maizal. Los límites de la faja del maíz son determinados por el clima, el relieve, el suelo y la competencia de otros cultivos. Las precipitaciones oscilan entre los 50 y los 100 centímetros anuales, y en su mayor parte tienen lugar durante la primavera y verano, en forma de rápidos aguaceros que no impiden obtener muchas horas de luz e insolación. El estado de lowa, donde se recoge más maíz que en cualquier otra región del mundo, seguido de los de Illinois, Indiana, Missouri y Arkansas, constituyen la principal región maicera estadounidense. En este país, el maíz ocupa el primer lugar entre los cultivos y su producción rebasa, tanto en cantidad como en valor, a la de los demás cereales en conjunto. Para los norteamericanos, el maíz es el grano nacional, y generalmente se utiliza para ali- mentar al ganado (porcino, vacuno y aves de corral) en las mismas ha- ciendas donde se produce, ya que, debido a ser un producto bastante voluminoso en proporción a su valor, es mejor transformarlo en carne que venderlo (con seis kilogramos de maíz se puede obtener un kilogramo de carne de cerdo). En esta faja de maíz, la mayoría de los agricultores practican el cultivo intensivo, un regular sistema de rotación de cosechas y el empleo de maquinaria y de grandes cantidades de estiércol que mantienen una alta productividad del suelo.

En la Argentina, la principal región productora está situada en la zona septentrional de la Pampa, a orillas del río de la Plata, en la que la precipitación anual de lluvias oscila entre los 70 y los 100 centímetros, que son las más a propósito para conseguir elevados rendimientos. La región maicera es, entre todas las de la Argentina, la que cuenta con mayor número de productos que se disputan el uso de la tierra, pero, entre todos ellos, es este cereal el que figura a la cabeza. En una zona situada a menos de un centenar de kilómetros al oeste del Paraná, casi las dos terceras partes de su suelo están dedicadas al cultivo del maíz. Esta proximidad a las comunicaciones fluviales y marítimas permiten poner este grano en el mercado europeo, e incluso en las regiones del este estadounidense, a un precio inferior al producido en la faja malcera norteamericana. La cosecha de maíz de la Argentina se produce principalmente con miras a la exportación, ya que la mayoría del ganado vacuno que se cría en la Pampa es engordado principalmente con alfalfa y el número de cerdos criados no es todavía grande, pues, por un lado, no existe una numerosa población acostumbrada al consumo de esta clase de carne (los mataderos rechazan muchos cerdos por estar enfermos) y, por otro, hay que tener en cuenta que la cría de este animal requiere mucha más mano de obra de la que pueda encontrarse en la Pampa. A pesar de estas dificultades, aumenta cada año el número de cerdos engordados y pronto podrá desarrollar la Argentina una economía mixta de cerdos y maíz semejante a la de los Estados Unidos. En el Brasil se dispersa el cultivo del maíz sobre todo en Minas Gerais y Sáo Paulo, y en los países andinos y en América central lo cosechan también, aunque con finalidades estrictamente consumidoras.

También se practica una agricultura basada en el cultivo del maíz y otros cereales, unida a la cría de animales, en los países de la cuenca inferior del Danubio, en el sudoeste de Rusia, en la Unión Sudafricana y Rhodesia, y, en menos proporción, en el este de Australia.

En Europa, Italia cosecha importantes cantidades en el valle del Po, y Francia en el litoral mediterráneo y cuenca del Ródano. España, por necesitar su cultivo calor y humedad, que no suelen coincidir en amplias zonas, no es un productor importante; sin embargo, el alto consumo interior y las crecientes necesidades de la ganadería han fomentado mucho su producción. La principal zona maicera se extiende por la Iberia húmeda, desde la región gallega a la catalana septentrional; los veranos cálidos y húmedos permiten el cultivo regular en secano. También se cultiva en algunas zonas de la Andalucía occidental beneficiadas por las lluvias atlánticas y, en la lberia seca, a base de regadío, en el valle del Ebro, re910n levantina y Cataluña y, especialmente, en Granada y Córdoba. La producción ha alcanzado su máximo de unos 16 millones de quintales métricos en la última cosecha (1969) que no cubre las necesidades españolas, por lo que aún sigue siendo el maíz el capítulo más importante de nuestras importaciones alimenticias. Del total nacional corresponde más de la mitad a Galicia, cerca de un 15 por 100 a Asturias y Santander, un 7 por 100 a Andalucía y un 4 por 100 a Cataluña y Baleares. En la actualidad se realizan numerosos Intentos para mejorar los rendimientos, relativamente bajos: de 15 a 20 quintales en secano y de 25 a 30 en regadío en cosechas normales. La utilización de los híbridos, especialmente americanos, han permitido mejorar estos rendimientos, consiguiendo un nuevo tipo (Guadalmadrid) capaz de dar 60 quintales por hectárea en un cielo de 92 días
 

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