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Chicken Little, de Mark Dindal (EE.UU., 2005)

Se cree erróneamente que la animación digital, por sí misma, es un espectáculo, pero ya estamos habituados a ella. También se cree erróneamente que los chistes y las parodias de películas generan la risa de manera automática, pero también sucede que estamos demasiado habituados, al punto de adivinar los chistes. Las películas nos emocionan o nos conmueven o nos hacen reír en la medida en que podamos tener alguna empatía con los personajes. Chicken Little está construida como si los personajes no importaran demasiado.

En sus zapatos, de Curtis Hanson (EE.UU., 2005)

Hay dos decisiones en este film que vale la pena tener en cuenta: ser ecuánimes respecto del conflicto del País Vasco y construir la tensión como en un thriller clásico. Ninguna de ambas decisiones es reprochable, salvo por el hecho de que, en algunos momentos, se excluyen mutuamente. Hay secuencias donde no sabemos si lo que vemos está dictado por la necesidad dramática de la ficción o por la obligación de buscar matices en el accionar del Estado y de los miembros de ETA.

El exorcismo de Emily Rose, de Scott Derrickson (EE.UU., 2005)

Esta no es una obra maestra ni mucho menos, pero tiene algunos valores que la destacan por encima del promedio del cine de terror. En primer lugar, no es, exactamente, una película de terror, aunque tiene sus secuencias al respecto, sino un film donde el mismo acontecimiento puede verse de dos maneras diferentes: una apelando a lo sobrenatural y otra apelando a lo racional. Y la decisión final tiene que ver con la aceptación del derecho de una persona a creer lo que quiera.

En sus zapatos, de Curtis Hanson (EE.UU., 2005)

Curtis Hanson es el director que pasó de tratar de sorprender al público a pura vuelta de tuerca (pasaba en sus mediocres thrillers Mala Compañía y Falso testigo) para ocuparse de sus personajes con bastante cariño (en la excelente Los Ángeles al desnudo, más Fin de semana de locos y, en cierta medida, 8 Mile). Ahora sigue en su carrera de films "como la vida misma", apoyada casi exclusivamente en el talento de sus actores.

Harry Potter y el Cáliz de Fuego, de Mike Newell (EE.UU./Reino Unido, 2005)

No nos dejemos llevar por el fanatismo, aunque es bien cierto que el film va a satisfacer a los fanáticos de la saga. Quienes no lo son, se encontrarán con dos o tres películas mezcladas: una historia de chicos que descubren la pubertad; un cuento de aventuras y acción; una intriga casi policial. El primer film es, cinematográficamente, el mejor: el director Mike Newell sabe retratar las tensiones entre personajes (lo hizo en las muy buenas Mi Espacio y Donnie Brasco) y logra apuntes agridulces en el descubrimiento que hacen Harry y Ron sobre las restricciones de la amistad y las relaciones con el sexo opuesto. El segundo tiene secuencias mejor y peor resueltas -la lucha con el dragón es muy buena, el recorrido por el laberito completamente anticlimático, el encuentro final con el villano, bastante teatral, cautiva-; el tercero, el policial, es más bien rutinario y previsible.

Modelo 73, de Rodrigo Moscoso (Argentina, 2001)

El gran problema de este film no es su calidad, sino que se estrena con muchos años de retraso. Representante de una búsqueda que marcó los últimos años del cine argentino, esta historia de post adolescentes en las tardes salteñas resulta al mismo tiempo próxima y extraña. Moscoso no solamente se dedica a contar su caleidoscopio de historias pequeñas (con buenos diálogos, donde se nota además la mano del coguionista Juan Villegas, director de la contemporánea Sábado) sino también a mostrar, a partir de los gestos grandes o chicos de sus personajes, un estado de ánimo muchas veces inasible.

Oldboy, de Park Chang-wook (Corea del sur, 2003)

Seguramente cuando vea que se trata de una película coreana, dude a la hora de sacar su entrada. No dude para nada: Old Boy es entretenida, divertida, emocionante, inteligente, violenta, cruda y tierna casi al mismo tiempo. Pero sobre todo, se trata de una película que no tiene vergüenza de inventar, secuencia a secuencia, maneras de mostrar relaciones muy complejas.

El jardinero fiel, de Fernando Meirelles (Reino Unido, 2005)

Basada en una novela del gran John Le Carré, El Jardinero... no decide ser un film de puro entretenimiento o una denuncia, aunque, de forma diletante, va de un lado al otro constantemente. Meirelles, que fue saludado como un genio por la mediocre Ciudad de Dios -una película donde se explota la miseria para hablar de la violencia causada por la miseria-, aquí está más sosegado con la cámara. Pero el problema de causar un efecto con el movimiento persiste, aunque esta vez el texto de base tiene la solidez necesaria como para que los manierismos muchas veces gratuitos del realizador no atenten contra la idea final.

Doom-La puerta del Infierno, de Andrzej Bartkowiak (EE.UU., 2005)

Más allá de la falta de verdadera historia, Doom era una oportunidad para el ejercicio. El viedojuego en que se basa es en "primera persona", es decir, la pantalla se mueve como si fuera la mirada de estos tiradores que atraviesan lo que les aparece al paso. Ejercicio de cámara subjetiva, de inmersión del espectador en un paisaje fantástico, de adrenalina. Pero no: al polaco Bartokowiak -gran director de fotografía, por otra parte- sólo le interesó el look.

Código 46, de Michael Winterbottom (Reino Unido, 2003)

Michael Winterbottom debe ser el director más prolífico y ecléctico del Reino Unido, aunque es evidente que sus películas tienen en común, si no un tema (arriesguemos: la imposibilidad de conjugar amor y sociedad), por lo menos un estilo o un "modo" propio. El realizador suele reducir las dimensiones épicas de un tema a lo intimista, pero siempre utilizando la cámara de una manera apasionada aunque esto muchas veces conspire con la necesidad de que se vea o haga alguna cosa. En este caso, optó por un escenario de ciencia ficción que, en realidad, es una metáfora de estos días.

Tiempo de valientes, de Damián Szifrón (Argentina, 2005)

Damián Szifrón debería ser saludado como el soplo de aire fresco que el cine argentino mal llamado "comercial" necesitaba. Tiempo... trabaja sobre los lugares comunes del policial estadounidense para transformarlo en una comedia bien argentina y bien creíble, especialmente por el perfecto trabajo de los actores. La observación sobre el mundo porteño nutre la trama, cuyos elementos a veces absurdos cuadran perfectamente con el tono.

Hechizada, de Nora y Delia Ephron (Estados Unidos, 2005)

La realizadora Norah Ephron tiene en su haber varios lauros: el guión de Cuando Harry conoció a Sally... y la dirección -y también el guión- de Sintonía de amor, dos grandes películas. Pero hace tiempo que su talento para la comedia se ve desbordado por sus intenciones satíricas: en esos casos, los films se transforman en un cúmulo de ideas deshilachadas. Es lo que ocurre con esta película.

Habitación disponible, de Diego Gachassin, Eva Poncet, Marcelo Burd (Argentina, 2004)

Se trata de un gran documental sobre inmigrantes en Buenos Aires alrededor del 2001 y en 2002. El film narra con gran precisión la vida de tres extranjeros durante la última crisis en Argentina. Allí, las personas están obligados a reflexionar acerca de lo que eran en su país de origen. Imperdible.

La aura, de Fabian Bielinsky (Argentina, 2005)

Después de Nueve Reinas, es lógico que haya mucha expectativa por este segundo trabajo de Fabíán Bielinsky. Y es casi seguro que nadie saldrá defraudado, ni siquiera quienes no gustaron de aquél film (que los hay, claro). En El Aura seguimos en el terreno del policial, pero esta vez las cosas son más densas, más ambiguas y más oscuras. Se centra exclusivamente en un personaje (Ricardo Darín, demostrando por si hiciera falta que es el mayor actor del cine argentino actual).

La Dignidad de los Nadies, de Pino Solanas (Argentina, 2005)

Después de varias ficciones, Pino Solanas volvió al primer amor, el documental, con la misma mirada precisa para registrar sufrimientos y rebeldías al mismo tiempo que belleza sin manipular. Aunque el film, políticamente, incurra en no pocas simplificaciones, los momentos fuertes y el registro directo de la realidad subterránea de la Argentina tienen suficiente fuerza y sostienen de tal manera al film que la lectura partidaria no oscurece la política.

El luchador, de Ron Howard (EE.UU., 2005)

La película es tan escrupulosamente fiel a los lugares comunes más conocidos de Hollywood que el espectador no puede sino sospechar que hay algo de "hecho exprofeso" detrás. Ron Howard, su director, no es ni mucho menos un "autor": carente de una visión personal, es capaz de buenas películas (El diario, Apolo 13) o de enormes producciones sin alma (Un horizonte lejano, El Grinch), saltando de género en género cómodamente.

Iluminados por el fuego, de Tristán Bauer (Argentina, 2005)

No es un film "difícil" desde lo formal: su relato, aún cuando va y viene en el tiempo del pasado al presente, es simple y comprensible. Sí es difícil porque quienes creemos que no es una buena película y que Malvinas debe ser discutido sin maniqueísmos estamos atrapados por las pasiones que el film puede despertar. Por eso digamos lo siguiente: si se tratara de una película sobre Vietnam, sería un film aburrido, previsible, sin crecimiento dramático, correcto desde la producción y demasiado simple en eso de decir quiénes son los buenos y quiénes son los malos

Terror en Amityville, de Andrew Douglas (EE.UU., 2004)

La moda de reversionar films de terror no para. No se sabe muy bien a qué responde, pero probablemente sea porque hoy los efectos especiales producen un efecto de realidad más contundente (y desgraciadamente más explícito) que hace veinte años. La coartada de este film es que no se trata de la remake de Aquí vive el horror (mediocrísimo film de 1979) sino de otra versión de un hecho real (más que dudoso, por lo demás).

Sr. y Sra. Smith, de Doug Liman (EE.UU., 2004)

El film es, en realidad, una sátira: de lo que trata es de reírse de los problemas conyugales y, de paso, de ciertos lugares comunes de la vida cotidiana estadounidense. En esa vena, la película es entretenida y contiene varios momentos que se salen del repertorio normal de un film de acción, especialmente la pelea a puños entre los protagonistas. De ellos, cabe decir que Brad Pitt le pone calidad humana al personaje y Angelina Jolie -y éste es uno de los mayores problemas del film-, no.

La Guerra de las Galaxias-Episodio III: La Venganza de los Sith, de George Lucas (EE.UU., 2005)

Más que una película, un verdadero evento que va a llenar cines en todo el mundo. Se trata, finalmente, de ver cómo el impetuoso y enamorado Anakin Skywalker se transforma en el oscuro, malvado, poderoso y profundamente desdichado Darth Vader. Además de la crítica del film, tenemos la palabra de los fans, foros, videos, wallpapers, galerías, los mejores links de aquí y de todo el mundo sobre el universo creado por George Lucas y las nuevas herramientas de la Cartelera de Cine para calificar, criticar y discutir. Que la Fuerza los acompañe.

› Sitio oficial de La Guerra de las Galaxias.

La intérprete, de Sidney Pollack (EE.UU., 2005)

El artesano Sidney Pollack tiene un buen antecedente en la ficción policial-paranoica con Tres días del Cóndor, éxito de los 70. Aquí maneja con solvencia el suspenso y, además, demuestra ser un realizador clásico a la hora de manejar estrellas (es uno de esos directores cuyos films necesitan imperiosamente el brillo de los rostros conocidos).

Miss Simpatía 2, de John Pasquin (Estados Unidos, 2005)

Si no fuera por la simpatía de Sandra Bullock, esta película sería insoportable. Su gran problema es que responde a una fórmula tan remanida que la fuerza de los gags desaparece ante su previsibilidad. La película original, sin ser genial, se esforzaba porque las situaciones reideras surgieran naturalmente de la historia que se narraba; en este caso es al revés: la historia está construida de acuerdo con los gags que se le ocurrieron a los guionistas.

Los Fockers-La familia de mi esposo, de Jay Roach (EE.UU., 2004)

Continuación de La familia de mi novia, tiene un atractivo mayor en el elenco, que incluye esta vez -además de a Robert De Niro y Ben Stiller-, a Dustin Hoffman y Barbra Streisand. La comicidad es simple y se basa en situaciones que todos tienen oficio para llevar adelante, y la aparición de Stiller permite ver diferentes generaciones de comediantes en acción.

La Nueva Gran Estafa, de Steven Soderbergh (EE.UU., 2004)

Filmada con absoluta ligereza y bastante buen gusto, no es en realidad una película de suspenso, sino una comedia con gente que se divierte filmando y jugando. Si el atractivo principal de la primera entrega era el robo propiamente dicho -por lo demás perfectamente coreografiado-, aquí todo pasa por ver a un grupo de estrellas delante de la cámara.

Gatúbela, de Pitof (Estados Unidos, 2004)

Este servicio puede despachar el film diciendo que es malo, pero lo interesante de la película es comprender por qué resulta así. En principio, cuenta -desde un punto de vista femenino- la misma historia que El Hombre Araña (persona tímida que sublima sus limitaciones personales como ser sobrehumano), agregando un cierto grado de reflexión sobre cuál es el rol de la mujer en la sociedad (¿Modelo, empresaria, trabajadora, madre, esposa, nada de eso?). Pero la película, con todo, no funciona. ¿Por qué? En primer lugar, porque las aristas más interesantes (la snsualidad como arma, por ejemplo, los hombres como seres indefensos ante mujeres fuertes) aparecen morigerados por el fin comercial de que hasta un nene de seis años pueda ver la película. En segundo lugar, porque su tono no termina nunca de ser o completamente satírico o completamente serio. Y, finalmente, porque las secuencias de acción -gran pecado para un film que se apoya en ellas- literalmente no se entienden. Eso termina diluyendo la emoción que la película podría haber causado.

Alien Vs. Depredador, de Paul W. S. Anderson (Estados Unidos, 2004)

No alcanza una idea para hacer una película. En este caso, la idea es la reunión -más comercial que estética- de Alien y Depredador, dos de los mejores monstruos del cine de las últimas décadas. La mixtura de ciencia ficción, aventura y terror no termina de funcionar en este caso, aunque se nota la devoción del realizador -un especialista en lo que podemos llamar "clase B de lujo", a juzgar por los presupuestos- por los personajes. Film sensorial en sentido primitivo, vertiginoso incluso cuando no es necesario, está construido como una vitrina de exposición para fanáticos. Anderson olvidó que lo más conmovedor de la saga Alien era la historia de la teniente Ripley -con aquel pico del cine de los 80 que fue Aliens, el regreso, del gran James Cameron- y que lo mejor de la primera (y única en más de un sentido) Depredador era la metáfora política y el primitivo enfrentamiento con Arnold Schwarzenegger -fruto de la imaginación visual de otro grande, John McTiernan-. Descendidos del olimpo del horror a una fiesta adolescente, estos bichos ya no tienen mucho más para decir. O sí, pero en otras manos.

Garfield, de Peter Hewitt (Estados Unidos, 2004)

Garfield es un buen personaje de historietas. Lo que tiene de interesante es que, gracias al dibujo, su personalidad está descripta con las mismas armas que las de los personajes que lo rodean. Colocar un personaje animado en 3D en un mundo de actores de carne y hueso diluye el delicado matiz satírico de la serie original. De todas maneras Garfield es -para quienes poseemos gatos- una perfecta definición de cómo nos atamos a esas peludas mascotas. Lo mejor de la película, sin embargo, desapareció en la versión local: la voz llena de dobles intenciones y matices del gigantesco Bill Murray (¿hay un actor que se parezca más a Garfield?), dado que el film sólo se estrena en castellan.

Patoruzito, de José Luis Massa (Argentina, 2004)

El cine de animación requiere, como no lo requiere el cine de acción en vivo, de imaginación. Que es, ni más ni menos, lo que no tiene Patoruzito. Por partes: el movimiento tiene poca fluidez, el uso de la computadora es un comodín y no una herramienta de creación, los personajes en dos dimensiones no se integran del todo bien con los fondos en 3D, la historia es pobre y pone el acento en lo aleccionador antes que en la libertad ilimitada que el género -como ningún otro- permite. Los antiguos y queridos personajes que dibujara Tulio Lovato todavía merecen una película: lo que aparece en pantalla esta vez es un largo comercial (tiene el aspecto, el estilo y la narración de una publicidad animada) que no satisface a quienes adhieren al género.

El Hombre Araña 2, de Sam Raimi(Estados Unidos, 2004)

El cine de superhéroes nació en los 70, tras la revolución en los efectos especiales que provocó La Guerra de las Galaxias. La fantasía de ver un hombre volar, entonces, tuvo una plasmación literal en la pantalla. Al principio, bastaba con el prodigio; hoy, cuando millones y millones de dólares se emplean en perfeccionar imágenes imposibles, muchos creen que la plasmación de lo imposible todavía alcanza, sin darse cuenta de que el espectador, íntimamente, sabe que cualquier imagen es posible. Por eso no cabe menos que saludar esta segunda entrega de El Hombre Araña: admitiendo la fantasía desaforada y la lógica circense de la lucha superhéroe-supervillano, se atreve a bucear (aún más que en la primera entrega) en los dilemas morales y sociales de un ser que es, a pesar suyo, extraordinario. Sí, más allá de la diversión galopante (a veces tanto que los conflictos se diluyen entre explosiones y acrobacias sintéticas), esta película es, ni más ni menos, un melodrama. Y romántico, por añadidura. No estamos ante el maniqueísmo tópico, sino ante una verdadera película, una cámara que descubre, detrás de las máscaras, la verdad de lo que sienten sus criaturas. Los actores (Tobey Maguire, James Franco, Kirsten Dunst y Alfred Molina) comprenden el juego y sus implicaciones. Sí, claro, es una película "de puro entretenimiento" de manera literal: hace que vivamos por un momento en otro tiempo y otro espacio y nos reconozcamos en sus fabulosos habitantes.

Harry Potter y el Prisionero de Azkabán, de Alfonso Cuarón (Estados Unidos, 2004)

Después de casi siete horas de ilustraciones vacías de un par de libros de culto, después de siete horas de puro negocio en celuloide, por fin hay un director en la serie Harry Potter, lo que implica además que, por fin, tenemos una (buena) película. Cuarón se preocupa por sus personajes, por el clima y, especialmente, por lo complicado que es el negocio de crecer (algo que Chris Columbus nunca comprendió). Hay muchas cosas que ver en esta película donde los efectos especiales nunca son protagonistas. Hay belleza no decorativa (es decir, se le permite al espectador, cuando una imagen bella aparece, disfrutarla hasta identificarse con el protagonista: baste como ejemplo el vuelo de Harry en el hipogrifo). Y además se reflexiona sobre la discriminación y la justicia (en un mundo que pide cada vez más "mano dura" y expeditiva, es interesante ver las consecuencias del prejuicio). Otra cosa: como si fuera poco, el film incluye una reflexión sobre el tiempo y el cine que es digna de ser tenida en cuenta. Todo con suspenso, humor, emoción y un par de personajes perfectos (especialmente el de David Thewlis). Si le parece mucho, le recomendamos verla

El Día Después de Mañana, de Roland Emmerich (Estados Unidos, 2004)

Las películas de Roland Emmerich se caracterizan por tres cosas: un gusto alocado por la destrucción masiva, la estructura de un serial (y también su profundiad psicológica) y que se disuelven tras el primer acto. Hay una serie de enormes reparos ideológicos para hacerle a El Día Después de Mañana: después de todo, lo que aparece amenazado es el hemisferio norte, aunque un personaje teme "por la Humanidad" (como si el resto no lo fuera). También el ataque contra cualquier intelectualidad, incluso contra la inteligencia de un intelectual: en un momento, un señor con anteojos se queja de que se quemen libros para conservar la vida, algo que ninguna persona inteligente haría. La visión de unos Estados Unidos amenazados por ellos mismos es, de todas maneras, un poco novedosa. El peor problema de todo este asunto es que, pasada la magnífica destrucción inicial, todo se vuelve mecánico y repetido, hasta un final que no convence ni a quien sólo fue a disfrutar de los efectos especiales. Dennis Quaid, Jake Gyllenhaal, Ian Holm y Sela Ward están para otras cosas. Sí, sí...la Estatua de la Libertad está congelada, pero no es ninguna metáfora, desgraciadamente.

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King Kong. Hace setenta años, un enorme simio fue secuestrado de una isla perdida. Usaron como cebo a una bella rubia. El pobre antropoide terminó escapando, trepándose a un edificio y muerto por aviones poco comprensivos. Ahora la historia vuelve a contarse: King Kong es la nueva película del señor de los anillos Peter Jackson.
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Harry Potter y el Cáliz de fuego. Ya no tiene doce años, eso es evidente. Es un adolescente con todas las dudas, las furias y los deseos de todos y cada uno de los adolescentes. Lo que lo diferencia es ser un mago con enormes poderes que aún no sabe controlar. Sí, este año es el cuarto: se estrena Harry Potter y el Cáliz de fuego.
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Cars. ¿Y después de Los Increíbles, qué? Bueno, lo último de Pixar-Disney será una historia de autos a gran velocidad, carreras, colores, humor y aventuras. Para saber más, el trailer de Cars (¿de llamará "autos" en nuestro país?).
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Desafortunados Eventos. Los hermanos Baudelaire son tres pobres chicos que quedan huérfanos tras el incendio que acaba con su casa, y quedan al cuidado del conde Olaf. Pero las cosas apenas comienzan a empeorar, porque esto es Una Serie de Desafortunados Eventos, la comedia negra para toda la familia que llega a fin de año, protagonizada por Jim Carrey.
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Team America-World Police. Los Estados Unidos tienen una misión: acabar con el Eje del Mal, castigar a los terroristas y liquidar a cualquier estrella de Hollywood que se queje. Los creadores de South Park estrenan una sátira feroz, protagonizada por muñecos a los que se le ven todos los hilos. Team America-World Police, humor a lo bestia..
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Gatúbela. Fue un personaje clave entre los villanos de historieta, y Tim Burton quiso dedicarle una película. Finalmente, Gatúbela es Halle Berry, enfrentada a una villana que es, ni más ni menos, Sharon Stone.
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Garfield. Es naranja, gordo, pesado y vago. Es de esas criaturas que decidieron dominar el planeta y, a fuerza de no hacer nada, lo han logrado. Es Garfield, el éxito de la historieta que llega al cine.
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Harry Potter. El niño que sobrevivió, comienza su tercer año en Hoghwarts, la escuela de magos. Pero un notorio asesino, acusado nada menos que de haber acabado con sus padres, escapa de la cárcel de Azkabán. Muchos secretos se revelan en Harry Potter y el Prisionero de Azkabán, la continuación de la saga.
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El Día Después de Mañana. Nueva York bajo las aguas. Enormes y terribles tornados en Los Angeles. Medio planeta en estado de destrucción. Y unos pocos hombres tratando de salvar a la humanidad de un enorme cambio climático que la amenaza. De eso trata El Día Después de Mañana, una de las películas más espectaculares del año.
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El Hombre araña. Digamos que Peter Parker ya no quiere andar en el mundo salvando gente, que quiere una vida normal, que quiere tener una novia, una familia, amigos. Que deja de ser, para siempre, el Hombre Araña. Y que justo entonces un señor con cuatro enormes brazos mecánicos, una fuerza sobrehumana y poderes más allá de la imaginación enloquece hasta hacerse llamar Octopus. Bueno, eso es algo de lo que sucede en El Hombre Araña 2, la película que promete llenar los cines a mitad de año.
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marca.gif (58 bytes) Van Helsing. En algún momento la leyenda empezó: Van Helsing fue joven y aprendió a cazar monstruos y, especialmente vampiros. En mayo llegará un film -de Stephen Sommers, el director de La Momia- que, con el protagónico del X-Men Hugh Jackman cuenta la historia de este cruzado y cazador de recompensas que se transformará en el archirrival de Drácula. En el elenco aparecen el Conde, el Hombre Lobo y Frankenstein. El film, simplemente, se llama Van Helsing.
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marca.gif (58 bytes) El Señor de los Anillos.

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Heroes de Hollywood.
Mientras Arnold Schwarzenegger se dedica a gobernar California y con Sylvester Stallone virtualmente retirado, la meca del cine busca reemplazarlos desesperadamente. Te presentamos a los candidatos a ocupar el podio.
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Presentamos el poema Nº 13 de Pablo Neruda, recitado por el actor PABLO ECHARRI. Envialo como postal.
Tu dulzura. Poema de Alfonsina Storni.
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