Tal vez en la Grecia de Aristóteles o en la flemática Londres
hayan existido ex parejas, varones o mujeres, pulcros, generosos y civilizados como los
personajes del film Novia Fugitiva.
Pero de este lado del océano, a nosotros, portadores de una mezcla de sangre india,
italiana, gallega, judía, creadores del tango y del bolero, cuando se nos rompe el
corazón sentimos que la Tierra se abre en dos y Freud, si nos atendiera, tendría que
hacer horas extras.
Reparando nuestras propias cicatrices somos peores que costurera con el mal de Parkinson.
Y especial, las "ex" son féminas "cabreadas" y crispadas, a
excepción de aquellas resignadas que estuvieron casadas con un tipo que jamás usó la
billetera ni la conciencia, y no merecen ni dos segundos de su insomnio. Pero las demás
se transforman en el increíble Hulk.
Esa mujer que cuando estábamos casados con ella (o separados sin pareja nueva) nos
permitía llevar a nuestro hijo a pescar orcas rabiosas al Triángulo de las Bermudas en
un gomón , hoy nos puede negar que llevemos al mismo crío al arenero de la plaza del
barrio porque "por ahí nos aparecemos con la otra".
Si ayer nos había dado un poder ante escribano para donarle sus bienes y sus órganos en
caso de fallecimiento, hoy nos cuenta las monedas del vuelto si junto con el nene vino el
pedido de comprarle un antibiótico con el importe incluído. Mientras eras su marido ella
te pintaba ante el mundo como a Pedro Quartucci en La Familia Falcón, pero hoy que tenés
otra compañera, de pronto te convertiste en un psicópata, inmaduro, escorpión, canalla,
desubicado, ególatra, mal ejemplo para tus hijos y más falso que moneda de tres pesos.
No existen, pues, ex esposas "descafeinadas", "lights" ,
"diets" y "perdonavidas": hablan de paz y superación, después que te
iniciaron tres demandas judiciales distintas.
De todos modos, para que segunda y primera esposa se digieran, les cuento esta anécdota.
Mi amiga Adela se enamoró de un hombre muy culto, fino, atento, afectuoso, contenedor,
protector, proveedor sin escarceos, pero con un defecto: recordaba con demasiado afecto y
agradecimiento a su ex esposa, de la cual el tipo guardaba un retrato en la billetera.
Adela se sentía menoscabada, especialmente cuando la ex lo llamaba a su hombre cada tanto
para saber cómo andaba. Un día, ya a punto de separarse, Adela tuvo la atinada idea de
contarle esta situación a Javier, el mejor amigo de Eduardo.
Fue allí cuando Javier la sentó y le mostró el video casero de la fiesta de casamiento
de Eduardo. Adela descubrió que en el pasado su actual novio fue un hombre hosco, bruto,
agresivo, maleducado, guarango, desatento y poco gentil. Javier apagó la tele y sonriendo
le dijo a Adela: "el cambio fue obra de ella...."
A su regreso, Adela le pidió a Eduardo la foto de su ex para ponerla en un retrato, y
desde entonces nunca deja de cambiarle las flores que lo acompañan.