Si bien es cierto que hemos visto
algún nivel de voluntad política en este tema por parte de algunos gobiernos, todavía
nos falta un liderazgo fuerte para que la lucha contra el VIH-SIDA pueda desarrollarse a
una nueva escala, que abarque a más sectores de la población.
Durante un tiempo parecía que había mucho entusiasmo y
mucha voluntad para informar sobre el tema del SIDA, ¿qué ha pasado con las políticas
de salud pública?
Ésa es una percepción correcta. Nosotros estamos haciendo
esfuerzos con varios gobiernos en América del Sur, para que hagan campañas masivas de
información. La distribución masiva de preservativos es necesaria. Y nos preocupa, por
ejemplo, que en las escuelas y colegios en América Latina no hay mucha información sobre
el SIDA.
Lo que sí ha mejorado es la parte de acceso a tratamientos
médicos, por ejemplo, en el caso de Brasil, Argentina, Costa Rica y México. Sin embargo,
otros países tienen un cierto atraso en esto del acceso a medicamentos.
La región ha estado muy agitada políticamente en los
últimos tiempos, ¿ha sido esto un factor para que se posponga el tema de la prevención
del SIDA?
Eso es correcto, y es algo que no debería ocurrir, porque
realmente vemos que las crisis económicas afectan el suministro de información. Vemos
cómo los jóvenes salen de las escuelas sin tener mucho conocimiento sobre el SIDA,
porque los colegios no dan esa información.
Por otra parte, sabemos que las crisis económicas hacen a
las personas más vulnerables. Los jóvenes no tienen trabajo, el consumo de drogas entre
ellos aumenta y se inician en la vida sexual sin tener mayor información sobre los
riesgos que corren con el virus del VIH.
Entonces, ¿es cierta la ecuación de que a menor
desarrollo económico, mayor la posibilidad de que crezca la epidemia?
Así es. La asociación de la pobreza y la vulnerabilidad es
muy clara en el desarrollo de la epidemia. Eso lo hemos visto en otras regiones del mundo
de manera clara. En algunos países vemos que hay disponibilidad de medicinas en los
hospitales y centros de salud, pero los pacientes no pueden trasladarse hasta allí porque
carecen de los recursos económicos.
Esta circunstancia hace que con frecuencia los pacientes no
comienzan los tratamientos o los dejan a la mitad, con las graves consecuencias que esto
acarrea.
Llama la atención lo que dice de que hoy en día hay
menos campañas públicas de prevención, pero al mismo tiempo hay mejores tratamientos,
¿cómo se explica esto?
Lo que ocurrió fue que debido a que muchos gobiernos y las
organizaciones de la sociedad civil enfatizaron mucho en el acceso a los tratamientos, se
bajó la guardia en lo que se refiere a las campañas de prevención y la distribución de
preservativos. Esta situación no nos parece la más adecuada. Debe haber un equilibrio
entre la prevención -que es nuestra arma más importante en la lucha contra el VIH/SIDA-,
y el acceso a los tratamientos.
Brasil se pone siempre como ejemplo, como referencia de lo
que puede funcionar en el combate contra el VIH/SIDA, ¿qué país de la región está en
el otro extremo de la balanza?
En realidad no le corresponde a un programa internacional
como ONUSIDA hacer este tipo de comparaciones. Más bien pensamos que hay buenas
prácticas que se pueden repetir en el contexto de América Latina. Por ejemplo, la
distribución de preservativos es un tema al que se han opuesto algunos sectores de la
sociedad en varios países. Ahora, esta oposición ha bajado mucho, porque hay cierto
pragmatismo y la gente entiende que los preservativos se tienen que distribuir y deben ser
utilizados. En realidad no hay que inventar mucho. Se trata simplemente de aplicar las
buenas prácticas que ya sabemos que funcionan.
¿Cuántas personas están infectadas con el virus del
VIH, cuántas sufren de la enfermedad y cuántas son potenciales víctimas?
El 25 de este mes de noviembre vamos a publicar nuestras
nuevas estimaciones y cifras. En Argentina, por ejemplo, hay más de 130 mil personas
viviendo con el VIH. En Brasil hay 600 mil personas infectadas. Son números elevados.
Pero los números a veces no reflejan la realidad del VIH en América Latina.
Si usted vive con el virus, también enfrenta serias dificultades. Puede perder su
trabajo, su familia lo puede rechazar, sus amigos no lo ven de la misma manera. En
América Latina, la discriminación hacia las personas infectadas con el virus VIH o que
sufren de SIDA, es muy fuerte. Eso nos preocupa mucho, quizá más que los números.