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El mito de la Atlantida

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Hacia el año 350 a.c, Platón dedica más de veinte páginas de sus obras Timeo y Critias, a describir con detalle una poderosa y rica civilización que, después de haber mantenido diferentes enfrentamientos con sus vecinos, fue destruía por un terremoto. Hablamos, por supuesto, de la mítica Atlándida. Según insistía, su relato era real, y se basaba en unas informaciones legadas por el legislador Solón unos tres siglos antes, que a su vez se les había escuchado contar a un sacerdote egipcio. 

Sin embargo, la Atlándida no pasó de ser un mito, incluso para los contemporáneos de Platón. Aristóteles, su más distinguido discípulo, la consideraba un simple cuento con moraleja, una fábula moralizante. Tampoco se atrevieron a darle crédito personajes como Estrabón, Plinio el Viejo o Plutarco. Pero eso no impidió que toda una legión de buscadores sigan  intentado encontrar la mítica ciudad desde entonces. Una empresa nada descabellada, teniendo en cuenta que también se consideraban falsos los relatos relacionados con Troya, y loco al que intentara darles crédito... hasta que un arqueólogo aficionado llamado Heinrich Schliemann logró desenterrar sus restos en los últimos años del siglo XIX. 

El relato de Platón nos habla de una cultura que floreció hace más de doce mil años, algo imposible según todas las evidencias arqueológicas disponibles, y lo situaba "más allá de las Columnas de Hércules", es decir, al oeste del Estrecho de Gibraltar. Es significativo recordar que la leyenda tiene origen egipcio, donde el nombre de la Atlándida era Keftiu... el mismo nombre que tenían para referirse a la isla de Creta. Para muchos investigadores, aquí estaría la clave del enigma. Los egipcios se habrían referido a una catástrofe ocurrida en Creta. Una historia que evolucionaría, llenándose de adornos y exageraciones, hasta llegar a oídos de Platón. 

En efecto, la civilización Minoica podría corresponder con la fabulosa cultura descrita por el filósofo griego. Empezó a prosperar en torno al 2000 a.c, desarrollando tecnologías como el torno o la metalurgia del bronce, para alcanzar su máximo esplendor en torno al 1600 a.c. Justo en ese tiempo, se suceden dos terremotos en un periodo de menos de treinta años. El segundo, localizado en Thera, hoy conocida como Santorini, es devastador. Se calcula que la erupción expulsó 80 kilometros cúbicos de material. Parte de la isla se hunde, y el maremoto resultante arrasa a buena parte del Egeo. La fecha no concuerda, pero es posible que los griegos confundieran cálculos basados en calendarios lunares, que usaban los egipcios,  por años solares. Si así fuera, la auténtica fecha de la destrucción de la Atlándida sería en torno al año 1200 a.c, lo que admitiendo una tolerancia de dos o tres siglos, coincide con la explosión de Thera. 

Sin embargo, esta teoría está lejos de ser definitiva. Creta sufrió las consecuencias de la explosión de Thera, pero ni de lejos llegó a hundirse. Y la ciudad de Cnosos, el centro de la cultura monoica, aún aguantaría algunos siglos antes de dar paso a otras culturas. 

Otras teorías se han ido elaborando a lo largo de la historia. Francis Bacon, en un escrito de 1638 llamado Nova Atlantis, apostaba que la Atlándida no era otro que el continente americano. 

Un jesuita alemán llamado Kircher, defendía en cambio la existencia de un continente desaparecido entre Europa y América. Los investigadores franceses Brasseur de Bourbourg y Le Plongeon ampliaron esa teoría, afirmando que algunos supervivientes de la Atlándida podrían haber llegado hasta America, ejerciendo una influencia notable sobre las culturas indígenas. Para sostener su teoría, señalaban que los mayas conservaban el mito de una isla llamada Aztlán, patria original de todas las tribus indígenas de Centroamérica, que acabó hundiéndose en el mar. Sin embargo, investigaciones geológicas modernas han descartado esa posibilidad. 

La teoría del continente atlántico, entre Europa y América, continuó vigente. El novelista Ignatius Donnelly escribió al respecto una obra llamada Atlantis en 1882, que se convirtió en un éxito de ventas. Su teoría se basaba en las similitudes entre culturas como la azteca, y la egipcia. Afirmaba que existían curiosos parecidos entre ambas lenguas (extremo que rechazan los expertos), o que era imposible que ambas construyeran pirámides sin que existiesen vínculos comunes (tampoco los expertos andan de acuerdo con este punto. La pirámide, dicen, es una forma geométrica elemental. Varias culturas pueden construir edificios con esa forma sin necesidad de copiarse unas de otras). 

De todas maneras, las verdaderas razones de Donnelly quedaron de manifiesto muy pronto. Repudiando las ideas de Darwin, afirmaba que el ser humano descendía de los atlantes, una raza que describió como divina, y construyó toda una mitología al respecto. 

Edgar Cayce, uno de los más famosos -y lamentables. Nunca dio una- videntes  del siglo XX, llegó a decir que la Atlándida se había levantado frente a las costas de Florida. Y además aseguró que los investigadores encontrarían pruebas de ello en 1968. Extremo que por supuesto no se cumplió (aunque algunas páginas seudoparapsicológicas afirmen que sí). 

Helmut Tributsch, profesor de química y aficionado a la arqueología, propuso una teoría extravagante (aunque, desde luego, bastante más seria que los desvaríos de Cayce).Afirmó que el continente mítico tal vez fuera una isla de Gavrinis, no muy lejos de los yacimientos megalíticos de Karnac. Esa isla pudo hundirse en torno al año 2200 a.c. Llegó a decir que cuando Platón describía una isla "mayor que Libia y Asia juntas", tal vez andara refiriéndose a la propia Europa. Según los conocimientos geográficos antiguos, que desconocían el límite de los Urales, nuestro continente era considerado una gran isla. Evidentemente, Europa no se ha hundido nunca en el mar, pero si lo han hecho uno diez o quince metros de costa en los últimos cuatro milenios, quizá llevándose por delante a importantes centros urbanos situados junto al mar. Por lo tanto, según Tributsch, quizá la Atlándida no sea la historia de un hundimiento catastrófico, sino un proceso lento y gradual. 

Eberhard Zangger, un geólogo, tampoco andaba muy atrás en cuanto a extravagancia. Llegó a decir que en realidad la Atlándida correspondía con la ciudad de Troya. Quizá las Columnas de Hércules mencionadas por Platón no se refirieran al Estrecho de Gibraltar, sino con el de Dardanelos. Además, hay pruebas que demuestran que se produjo en la zona un seísmo que tuvo que afectar Troya hacia el año 1200, tal vez eso coincida con el desastre descrito por Platón.  

Investigaciones más recientes sitúan la Atlándida en algún lugar cercano a la costa entre Gibraltar y la desembocadura del Guadalquivir. Se basan en estudios que demuestran que las costas suroccidentales de la Península Ibérica estuvieron sometidas a varios violentos maremotos durante la Edad de Bronce.  

"...a la luz de los datos científicos reunidos actualmente, no se puede negar las altas probabilidades existentes de que en tiempos pretéritos -durante la Edad del Bronce- se haya producido en esta misma área del suroeste de Iberia alguna catástrofe similar a la del terremoto y tsunami de Lisboa de 1755 que pudo provocar el hundimiento de las principales ciudades costeras, entre ellas, la conocida por los griegos con el nombre de "Atlantis Nêsos" o "Isla/península Atlántica". Existen suficientes evidencias físicas que apuntan a esta probabilidad y negarlo sería actuar como el avestruz, escondiendo la cabeza bajo la tierra...", comenta el investigador hispano-cubano Georgeos Díaz-Montexano. 

Que la Atlándida se haya situado en la Península Ibérica, es una teoría que se fundamenta en traducciones modernas de los textos de Platón. Por ejemplo, se tradujo el término "pelagos" como océano, cuando también significa "marismas" o "archipiélago". Esas nuevas traducciones sugieren que tal vez la leyenda se refiera a Tartessos, cuya capital, Tharsis, desapareció también en el mar. 

En cualquier caso, a día de hoy, nadie ha podido demostrar de manera indiscutible la validez de sus teorías. Y el mito de la Atlándida, mientras tanto, seguirá fascinando a generaciones enteras.

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