| El triángulo de las Bermudas EL MITO
El Triángulo de las Bermudas es
famoso por haber hecho desaparecer a un buen montón de barcos y aviones, en
circunstancias anormales. También recibe el nombre de Triángulo del Diablo y Limbo de
los Perdidos. Tiene sus vértices en las islas Bermudas, Puerto Rico y Melbourne, en
Florida. En total, un área de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados.
Al parecer, el mismísimo Cristobal Colón
comprobó lo peligrosa que era la zona. En su histórico viaje de 1492, observó extrañas
luces flotando en el agua, no muy lejos de las Bahamas. Y como una bola de fuego rodeaba
su barco antes de hundirse en el agua. Un par de años más tarde, perdería tres barcos
en unas circunstancias más que perturbadoras. Sin razón aparente, porque el mar estaba
en calma , giraron como peonzas antes de ser tragadas. Nunca aparecieron restos ni
supervivientes.
Las desapariciones más significativas
empezaron a ocurrir en el siglo XIX. La más famosa fue la del barco Mary Celeste, que
llevaba un cargamento de alcohol desde Nueva York a Génova en 1872. Ocho días más
tarde, fue encontrado a la deriva no muy lejos de las Azores, por el carguero Dei Gratia,
que navegaba camino de Gibraltar. El primero oficial, Oliver Deveau, y el segundo, John
Wright, decidieron abordar el Mary Celeste después de haber intentado obtener una
respuesta. Descubrieron que estaba en buen estado, pero no había nadie dentro.
Absolutamente nadie.
La lista de desapariciones es muy larga. El
Freya, un buque alemán, fue encontrado a la deriva cerca de Cuba en octubre de 1902, y no
había rastro de la tripulación. Lo mismo pasó con el Cyclops, un barco de
aprovisionamiento que llevaba más de trescientos pasajeros, y que se perdió el cuatro de
marzo e 1918. El Raifuku Maru, un carguero japonés, tuvo tiempo de enviar un confuso
mensaje de socorro antes de evaporarse en 1924... Desde principios de siglos, las
desapariciones confirmadas superan la treintena.
También los aviones han sido víctimas del
Triángulo de las Bermudas. El caso más celebre es el del llamado Vuelo 19, cuando una
escuadrilla de cinco torpederos de clase Avenger despegaron de Florida en un vuelo de
rutina, el 5 de Diciembre de 1945. El vuelo transcurrió con normalidad durante cerca de
hora y media. Pero entonces, el líder de la escuadrilla, el teniente Taylor, llamó a la
torre de control para informar que había perdido el rumbo. Le aconsejaron que se
dirigiera al oeste, pero el teniente contestó que no tenía manera de orientarse. Dijo:
"No sabemos dónde está el oeste. Todo parece falso, extraño. No estamos seguros de
ningún rumbo. Incluso el océano no parece ser el mismo de siempre". El contacto por
radio cesó entonces, y la base de Florida, temiendo un accidente, envió un hidroavión
para investigar lo sucedido. Pero también desapareció. En total, se perdieron seis
aviones, que llevaban a bordo veintisiete hombres.
Las explicaciones han llenado centenares de
libros. Desde roturas en el espacio-tiempo, a malvados experimentos militares, pasando por
todo el catálogo de visitantes extraterrestres. Pero la solución de este misterio
permanece en la sombra.
¿O no?
LA REALIDAD
Los mitos son excitantes, mientras que la realidad
suele abusar del gris. Este sencillo axioma explica el éxito de enigmas como el
Triángulo de las Bermudas. Cuando, en el fondo, no haya mucho que rascar más allá de la
imaginación de aquellos que han contribuido a popularizarlo.
Fue el escritor Vicent H. Gaddis,
equivalente americano de nuestro J.J. Benítez, el que inventó la expresión Triángulo
de las Bermudas. Hasta entonces, nadie se había preocupado mucho por esa región del
océano, no más de cualquier otra con la mismas densidad de tráfico marítimo y
condiciones climáticas, donde es fácil tener un accidente si la tripulación peca de
inexperta o se produce alguna avería.
Si se introduce Triángulo de las Bermudas
en un buscador como Google, sorprende encontrar más de 150.000 páginas que tratan el
asunto. Y resulta alarmante comprobar como todas repiten como papagayos los mismos mitos
sin detenerse a comprobar su veracidad.
Casi todas insisten en mezclar a Cristobal
Colón con la mitología del Triángulo, por ejemplo. Pero bastan cinco minutos de
búsqueda para hacerse con los facsímiles de sus diarios de a bordo, y comprobar que en
ninguna parte se mencionan bolas de fuego ni barcos tragados por el océano,
Un poco de lo mismo ocurre con el famoso
Mary Celeste. Si bien hay misterios sin resolver acerca de su desaparición (que poco
tiene que ver, por cierto, con lo sobrenatural) seguía el rumbo de Nueva York a Génova,
y ni remotamente se acercó al famoso Triángulo de las Bermudas.
Como el Mary Celeste, un buen montón
de buques y aviones han sido incluidos en el paquete para reforzar el mito. El Freya no se
hundió en el famoso Triángulo, sino bastante más lejos, en el Pacífico. El submarino
Scorpión, también metido en la lista, lo hizo cerca de las Azores. El avión Globemaster
se estrelló... cerca de Irlanda, habiendo partido de Terranova.
Casos comprobados, como la del buque
escuela Atalanta, tienen una explicación totalmente mundana para explicar su
desaparición. Se trataba de oficiales y marineros en prácticas que carecían de
experiencia para afrontar condiciones climáticas adversas. El carguero Sandra,
desaparecido en 1950, se adentró en el mar... en medio de un temporal con vientos
huracanados. Que se perdiese no es un misterio: lo sobrenatural habría sido mantenerse a
flote en medio de esa tormenta. Lo mismo ocurrió con el Sno' Boy, con una capacidad para
siete personas incluyendo la tripulación, pero que se echó a la mar con cuarenta
pasajeros y varias toneladas de carga.
Y por último, en las listas de
desaparecidos, se incluyen un buen montón de barcos y aviones que no existieron
jamás, salvo en la imaginación de quienes los inventaron, como el Scavenger o el
Elizabeth.
En resumen, el dichoso Triángulo de la
Bermudas es un caso interesante, sí. Porque demuestra hasta que punto la imaginería de
unos y la credulidad de otros, se alían para fabricar un mito que aún hoy sigue
vendiendo libros e inspirando películas y series de televisión.
El caso del
Vuelo 19
Era un día
magnífico, con sol en abundancia, mares en calma y un cielo azul libre de casi por
completo de nubes. Corrían los días de la posguerra y en E.U., el personal de la Marina
y la Aviación aún continuaba con sus cotidianos entrenamientos. Por aquellos días, la
base aérea de Fort Lauderdale, en la Florida, estaba particularmente preocupada en
mantener a sus pilotos adiestrados.
Era el 5 de Diciembre de 1945, un día como
cualquier otro, y 5 aviones Avenger TBM estaban listos para despegar. Su
Misión consistía en alejarse 160 millas al este, en línea recta, dar vuelta al norte y
regresar a su base, en un vuelo de entrenamiento.
Al mando del vuelo, con número de serie 19,
iba el teniente Charles C. Taylor, veterano de la marina y piloto experimentado. La
tripulación de cada uno de los aviones constaba de tres hombres, por lo que en total
participarían 15. Cada uno de los aparatos había cargado gasolina suficiente para volar
el equivalente de 1660 km.. Los motores, la radio y los equipos salvavidas fueron checados
y reportados en buen estado. En el momento de dar la último aviso para despegar, sólo
faltaba un hombre que, sintiéndose enfermo, se quedaría en tierra.
Los meteorólogos habían pronosticado buen
tiempo en toda el área de su recorrido.
A las 2:00 de la tarde despegaron sin novedad
los cinco aviones y, tomando en seguida la formación de vuelo, se lanzaron rumbo al mar a
buena velocidad. Durante casi dos horas, el vuelo 19 se estuvo reportando con regularidad
a su base.
A las 3:45, un mensaje desconcertante cruzó el
espacio hasta la torre de control:
"Torre de control torre de control .Esta
es una emergencia. Nos hemos salido de curso . Parece que nos hemos salido de curso "
"Parece que nos hemos perdido. No estamos seguros de nuestra posición ¡No podemos
avistar tierra!".
En la torre de control , el radio operador
replicó sumamente extrañado: "¿Qué posición tienen?"
Vuelo 19: "No estamos seguros de nuestra
posición " "Repetimos no podemos ver tierra No sabemos si estamos sobre el
Atlántico a sobre el Golfo ".
Torre de control: "Asuman el rumbo hacia
el oeste pronto verán tierra.".
Vuelo 19: "No sabemos hacia donde esta el
oeste. Todo esta mal. Es tan extraño El mar luce muy raro ".
Y ahí se corto la comunicación. Había
demasiada estática a pesar del buen tiempo, y por momentos se escuchaban los diálogos de
los pilotos entre sí. Diez minutos más tarde se restableció el contacto. Los
radioperadores podían escuchar en la base el ruido de los motores, pero no las voces de
los pilotos. Para entonces, el pánico había hecho presa de las tripulaciones; ya no eran
pilotos experimentados, sino hombres invadidos por un temor monstruoso.
Poco antes de las 4:00 se escuchó lo
siguiente:
"No estamos seguros de nuestra posición.
No sabemos exactamente dónde estamos. Creo que a unos 360 km. al noroeste de la base
". Se corto de nuevo el mensaje por estática.
Instantes después volvía a restablecerse la
comunicación: "El mar es muy extraño Parece que estamos sobre aguas blancas ".
Y de nuevo el silencio.
La torre intentó una vez más comunicarse con
ellos, pero por alguna extraña razón, parecían no captar las señales de la base.
Durante largos segundos que parecieron siglos, el personal de la base, ya en estado de
alerta, no escuchó ninguna palabra más del Vuelo 19.
La tensión del momento fue rota al escucharse
otra vez las conversaciones de los miembros del escuadrón: "Estamos completamente
perdidos Y parece que " Estas fueron sus últimas palabras. En la base de Fort
Lauderdale todo era desconcierto. Durante todo el tiempo que duró la comunicación, parte
del personal de la torre se había preocupado por trazar posiciones y calcular la ruta que
habían seguido al extraviarse.
Intentaron hacer contacto con otras naves
próximas al área; pero todo fue en vano. Sólo quedaban conjeturas. ¿Qué había podido
desorientarlos de ese modo? ¿Cómo explicar las interferencias de la radio en un día tan
claro? Y sobre todo, ¿Qué peligro habían enfrentado, que los había hecho perder la
calma de ese modo?
Las horas siguientes fueron de frenética
acción. La alarma había puesto en movimiento a todo el personal. Los aviones Avenger,
bombarderos de combate, eran magníficos aparatos en su tiempo. Extraordinariamente bien
equipados para el ataque - casi una tonelada de bombas, o un torpedo submarino - contaban
además con un poderoso motor de 1600 caballos, y alas plegables para su fácil acarreo en
portaaviones. Su autonomía de vuelo era muy amplia y tenía equipo especial para
facilitar la supervivencia en alta mar.
Como los bombarderos habían sido checados
antes de partir y contaba cada uno de ellos con un aparato radiotransmisor, más que
pensar en una falla mecánica el personal de tierra temía que un disturbio atmosférico
los hubiese dañado. Las turbulencias y bolsas de aire, por ejemplo, son imprevisibles y
más de un avión ha sucumbido a causa de ellas. Incluso un ataque enemigo, aunque
improbable, no se descartaba: la guerra recién había terminado. Sin embargo, ¿Por qué
no habían podido explicar lo que les sucedía?
El radioperador estimó que el último punto en
que habían hecho contacto con el escuadrón, había sido a unos 150 km. al noreste de la
base naval de Banana River, en la costa de la Florida. A ese punto y sus alrededores fue
enviado un hidroavión, el Martin Mariner, especializado en rescate anfibio, con trece
hombres a bordo. La torre de control mantuvo estrecho contacto con el hidroavión de
rescate durante los siguientes minutos de vuelo.
Inesperadamente, el Martin Mariner consiguió
trabar comunicación con el Vuelo 19:
Hidroavión Martin: "Vuelo 19, estamos
volando hacia ustedes para guiarlos de regreso ¿Qué altitud tienen?"
La interferencia no dejó escuchar completa la
respuesta del Vuelo 19, pero las últimas tres palabras se oyeron perfectamente: Y se perdió la señal.
Todo el diálogo había sido captado también
en la base. Desde algún lugar desconocido, los pilotos habían alcanzado a enviar un
mensaje para alentar a sus compañeros. Pero, ¿de qué? Mientras tanto, la tripulación
del Martin Mariner, más alerta que nunca, escudriñaba metro por metro la superficie del
mar. Durante los siguientes siete minutos, el comandante del hidroavión se estuvo
reportando a la base.
Al parecer no había huellas del naufragio en
la zona. Pocos minutos después dejó de escucharse la señal del Martin Mariner. No
había contacto en ninguno de los sentidos con su tripulación. El silencio que siguió al
último mensaje nunca más fue roto. Nunca más los marinos volverían a ser vistos ni
escuchados. El comandante de la base, más perplejo que nunca, dio orden de comenzar lo
que sería la búsqueda más intensiva y cuidadosa llevada a cabo en mar y aire; pero
también la más infructuosa.
Desapariciones en las Bermudas,
entre ellas:
- La del navío Mary Celeste el 1872.
- El 1947 se perdió contacto de forma definitiva
con un C-45 Superfort del ejército norteamericano a 100 millas de las islas Bermudas.
- El año 1948, de un cuatrimotor Tudor IV civil
con 31 pasajeros a bordo.
- El mismo año, un DC-3 fue perdido con 32
pasajeros y toda su tripulación.
- El 1949 desapareció el segundo avión Tudor IV.
- El 1950 barco americano S.S. Sandra (de 350
pies) se perdió sin dejar rastro.
- El 1952 el avión de transporte de pasajeros
británico York desapareció con sus 33 pasajeros.
- El navío de la armada norteamericana
Constelation, el 1954, con sus 42 tripulantes.
- Dos años después, el hidroavión Martín P5M,
con 10 tripulantes a bordo.
- El 1963, el barco Reina del Sulpher, también
sin dejar rastro.
- El 1967, el carguero militar YC-122.
- El 1970, el fletador francés Milton latrides.
- El 1972, el barco alemán Anita (de 20.000
toneladas), con 32 tripulantes.
- El 1997, desaparecieron todos los pasajeros de
un yate alemán.
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