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Las brujas. Leyenda o realidad? La primera mujer condenada por bruja que sintió sus carnes consumidas por
las llamas purificadoras y ejemplares de las llamas se llamaba Angele y el echo tubo lugar
en Tolon, durante el año 1274, Angele era una pobre mujer, de mas de 50 años, viuda, que
fue acusada de tener relaciones con Satanás, entre estas, especialmente, de contacto
sexual, que tuvieron como consecuencia natural, el nacimiento de un niño monstruoso,
descrito en los documentos de entonces relativos al proceso como un ser híbrido vivo,
dotado con una poderosa cabeza de lobo y largo y escamoso rabo de serpiente. Solo su
tronco y extremidades fueron aparentemente de niño normal, sus exigencias vitales lo
llevaban a alimentarse con la carne y la sangre de otros niños. La bruja madre robo y
asesino bebes para dar de comer a su querido engendro, hasta que fue descubierta y
procesada.
Como es natural, el echo de que el
caso de Angele sea el primero que recoje la historia con suficiente documentación, no
quiere decir, ni mucho menos, que con anterioridad no se hubieran producido
acontecimientos iguales o semejantes. El tribunal que juzgo a la bruja de Tolon conocía
el tema y los recursos legales y argumentos para conseguir llevar a la criatura aliada con
el diablo hasta las llamas de la hoguera.
Leyendas sobre Brujos y Brujas
La brujería es completamente distinta
de la magia; el mago llama al diablo y lo pone a su servicio; el brujo y, sobre todo, la
bruja, son sus esclavos. Hago hincapié en el femenino de la palabra porque, según los
estudiosos, hay un brujo por cada dos mil brujas y son muchas las razones que lo explican
y justifican. Desde el relato bíblico del árbol del bien y del mal en el Paraíso, se
identifica a la mujer con la serpiente y con la función de colaboradora de Satán en su
papel de "tentador". A este recuerdo se añade toda una teoría contraria al
sexo y a las actividades sexuales, de las que la mujer es protagonista y -se dice-
también incitadora y provocadora. Su sexualidad es mucho más compleja y misteriosa que
la del hombre, por eso la sangre menstrual, las placentas y los fetos se utilizan con
frecuencia en la brujería, y es más larga. Influye, además, la marginación en una
sociedad de hombres en la que se le negaba todo protagonismo y hasta el acceso a la más
elemental cultura. Es también una venganza contra la Iglesia. Mientras los concilios le
niegan sistemáticamente el derecho al sacerdocio, ella se convierte en sacerdotisa de
Satán y utiliza los poderes que su amo le confiere para amedrentar a los hombres. En
cierto modo es la primera rebelión feminista de la historia.
El Sendero de la Brujería
Unas brujas nacen y otras se hacen, porque unas lo son por familia (de madre bruja, hija
bruja), otras, por seguir ciertas tradiciones populares (la séptima hija hembra de una
familia, debe ser forzosamente bruja) y otras porque ya nada tienen que perder en la vida,
y allí encuentran un camino. Todas tienen unos rasgos comunes sea cual sea el lugar, la
época o la clase social a la que pertenecen. Son expertas en el laboratorio, resentidas
contra el mundo y todas llevan la "marca o sello del diablo", el "made in
Satán" que su amo les imprime durante el período de iniciación, que les servirá
para identificarse entre ellas pero también las delatará ante sus verdugos. Se trata de
cicatrices, antojos o tatuajes que suelen llevar debajo de la tetilla, el hombre, y en el
pubis, la mujer.
La bruja de hoy, como la de ayer, tiene dos grandes campos
de actividades: el ritual, que comprende la asistencia a aquelarres y a misas negras y la
realización de sacrificios; y el práctico, que consiste en la fabricación de hechizos y
sortilegios, el maleficio y el mal de ojo.
Se conoce con el nombre de sabbat o aquelarre la gran asamblea de
todas las fuerzas del mal en la que los servidores de Satán rinden pleitesía a su
Príncipe. "Aquelarre" es la palabra vasca que significa "prado del
cabrón". La reunión consta de cinco partes: la convocatoria, el homenaje al diablo,
el banquete, el baile y el fin de fiesta: la sexualidad desenfrenada. Hoy ha sido
sustituido. por la misa negra que es una ceremonia esotérica que invierte y parodia el
ritual de la misa católica: se santiguan y rezan el texto al revés, los ornamentos son
negros, se consagra sangre de animal y pan negro hecho de excrementos o una hostia
triangular, se utilizan orines de cabra en lugar de agua bendita, que el oficiante asperja
sobre los asistentes con un hisopo negro, toda la ceremonia se realiza sobre el cuerpo
desnudo de una bruja joven que hace las veces de altar y se da culto a Satán en lugar de
a Dios.
El segundo gran ritual brujería son
los sacrificios cuya finalidad es la obtención de los poderes sobrenaturales que todas
las brujas necesitan para perpetra sus malas acciones.
La brujería práctica es la fabricación de hechizos,
sortilegios, pócimas, ungüentos, el maleficio, la ligadura y el mal de ojo. Para
desarrollar su macabra tarea utilizan estos objetos: la escoba, que a la orden de
"¡Adelante en nombre del diablo!", las pone en órbita, velas de pez negra, un
cuchillo mágico, una botella y una jarra tripudas, una cuerda atravesada por plumas de
cuervo, alfileres para pinchar las figuras de cera, un almirez para majar las hierbas y
redomas, retortas, mecheros y un candelabro llamado "la mano de la Gloria"
confeccionado con la mano cortada de un ahorcado. Las brujas de hoy lo tienen mucho más
fácil: todos estos objetos se venden en tiendas especializadas en todas nuestras ciudades
y se anuncian en las diversas revistas esotéricas.
También las brujas, como su amo y señor, son unas infatigables
trabajadoras. Además de sus incómodos vuelos nocturnos, la asistencia a ceremonias
agotadoras, la provocación de desastres, el rapto de niños y el cotidiano trabajo en el
laboratorio, tienen una actividad sexual desmesurada, como reconoce Sor Madeleine
Démadoix, bruja confesa: "Los domingos se corrompen con la cópula con demonios, los
jueves se ensucian practicando la sodomía, los sábados se prostituyen con el abominable
bestialismo y los demás días siguen el curso normal de la naturaleza".
La escuela de las brujas
Existía otra
formula, menos personal, pero mas generalizada, para entrar a formar parte del mundo de
las brujas. Consistía en ser aleccionada, por brujas ya en ejercicio, convencidas y
finalmente arrastradas a una asamblea de brujería, donde la neófita, tras los ritos
iniciaticos, pasaba a formar parte de la comunidad. Se exigía previamente, la decisión
firme de querer pertenecer al gremio demoniaco, suficientemente comprobada.Tal
convencimiento era el resultado de la paciente y constante labor de la bruja a favor de
que tal evento se produjera. En estos casos y según relatos medivales, el demonio
aparecía ante la asamblea en forma de hombre ante el entusiasmo general y el supuesto
temor de la novicia. Revestido de una imponente majestad se dirigía a sus adictos
recordándoles que le habían prometido fe y que debían guardarle la debida fidelidad,
porque, a cambio de ello, el les ofrecía la prosperidad material y una larga vida.
Concluida las exhortaciones del diablo, la asamblea le pedía que tuviera a bien en recibir a la novicia en su potestad.
Satanás entonces le preguntaba si estaba de acuerdo si la novicia le decía que si, a
continuación debía renunciar a su fe y a sus sacramentos, una vez echo esto el diablo,
también le pedía que ella debía ser suya no solo en alma si no también en cuerpo,
entonces el diablo la poseía sexualmente delante de toda la asamblea.
PASEANDO POR LA
HISTORIA
Las supuestas brujas fueron
perseguidas durante largo tiempo, muchas veces por miedo, otras siendo utilizadas como
cabezas de turco, y en algunos momentos de crisis acusar al vecino de brujería llegó a
ser una forma rápida y eficaz de librarse de él.
Ya Carlomagno (siglo VIII)
ordenó la muerte para quienes provocaban tempestades que estropeaban las cosechas,
hacían estéril al ganado o causaban enfermedades a otras personas. El cómo se probaban
estas acusaciones no parece muy "científico".
Documentos
religiosos anteriores lo que condenaban era creer en brujería, y encomendaban a los
sacerdotes la misión de velar por que sus feligreses no cayeran en las ilusiones de
Satán, que era quien les hacía ver esos fenómenos inexplicables (como creerse capaces
de volar a lomos de bestias salvajes o ver tal cosa). Esto se recoge en el Canon de
Episcopi, que parece ser del Concilio de Ancyra, siglo IV. Sin embargo, siglos más tarde,
los inquisidores optan por obviar el contenido del Canon, aduciendo que había surgido una
nueva secta de verdaderos adoradores de Satán a la que había que combatir. Describían
los encuentros nocturnos en los que se aparecía el Diablo en forma de cabra y se llevaban
a cabo rituales demoníacos. Llamaban a perseguir a las brujas por herejes y para darles
el oportuno castigo. Estábamos a mediados del siglo XV.
Miedo real o ficticio?
Manipulado o espontáneo? Lo que sabemos es que Europa era asolada por frecuentes
epidemias de peste, lo que la situaba en una gran crisis colectiva... la gente asustada
suele necesitar un culpable, y suele ser también fácil de manipular...
En 1484 el Papa Inocencio VIII
promulga una bula, la Summis desiderantes, en una especie de declaración de guerra
abierta contra las brujas, que instigadas por el Maligno, Enemigo de la Humanidad,
asesinaban a niños en el vientre de la madre y se daban a los excesos... Probablemente la
mención a las muertes de niños se refiera a que, debido a los conocimientos que solían
tener una parte de las mujeres sobre hierbas y al mejor conocimiento del cuerpo femenino,
ellas eran las que practicaban los abortos cuando se daban. Y en cuanto a los
excesos... bien, para la mentalidad de la época, el que un grupo de mujeres se
reuniera por las noches para charlar, bailar bajo la luna sin pudor (se cuenta que muchas
veces bailaban desnudas) y en fin, divertirse en una especie de comunidad femenina, no
debía ser fácil de entender. Y lo que no entendemos o no compartimos lo situamos muy
rápidamente en la frontera de excesivo, y entrando en temas religiosos, se tacha de
inmoral o pecaminoso. Tal vez mantenían además contactos sexuales entre ellas, tal vez
las alusiones al macho cabrío que aparecía sean referencias a varones que las
acompañaban a veces...
A partir de ese momento, se
designa a los dominicos Kramer y Sprenger como inquisidores encargados de perseguir estas
"depravaciones". Estos serían los autores del Maellus maleficarum o Martillo de
las maléficas (1486). Se abría la veda para la persecución con todas sus consecuencias,
pudiendo recurrir sin problemas a las torturas con tal de lograr confesiones... Aumenta
espectacularmente el número de brujas... y es que ante las brutales torturas, quien más
quien menos confesaba lo que le pidieran.
No era la primera vez que los
teóricos pactos con Satán daban pie a persecuciones. Ya en 1232, el Papa Gregorio IX
incluyó este aspecto en sus bulas, acusando a los habitantes de Stedingerland, en
Oldemburgo, de pactos con el Maligno que conllevaban toda serie de rituales sexuales con
zoofilia incluida, relaciones incestuosas y homosexuales, a las que no dudaba en equiparar
y condenar. El desencadenante en este caso fue la negativa de estas gentes a pagar el
diezmo al obispo de Bremen... aunque relacionar esto con pactos satánicos parece
exagerado
La inquisición
Los juicios que se llevaban a
cabo por brujería distaban mucho de ser ejemplo de justicia. Para la acusación bastaba
la sospecha, no eran necesarias pruebas, no había opción a defensa y las confesiones o
delaciones hechas bajo tortura eran usuales y totalmente válidas. Incluso si el
sospechoso no confesaba después de ser torturado, esto se interpretaba a veces como un
signo más de lo fuerte que era la intervención del Diablo.
Sin embargo, solía darse el
caso de que una vez apresada una bruja, aparecían muchas más en la zona... la
explicación oficial era que si el Diablo andaba cerca, poseería a cuantas más mejor...
pero las acusaciones falsas, una suerte de psicosis colectiva o puede que incluso cierta
rebeldía ante la injusticia tal vez fueran causas más reales.
Algunas
voces advirtieron de la poca fiabilidad de los procesos inquisitoriales desde dentro.
Así, Alonso Salazar y Frías, inquisidor que había tomado parte en el proceso de
Logroño de 1610, estableció al hacer la revisión del proceso que la mayoría de las
acusaciones eran falsas, y que no se había actuado correctamente. Incluso concluyó que
todo había sido un exceso de imaginación por parte de unos y de otros, en parte motivada
por los sermones de la Iglesia. El jesuita Friedrich von Spee se pronunció en un sentido
parecido, cuando sin negar la existencia de brujas o de intervenciones satánicas, habló
de la injusticia que había comprobado en los procesos inquisitoriales. Y otro punto de
vista más fue el que aportó el humanista Pedro de Valencia, que hablaba de los
aquelarres o reuniones de brujas como de fiestas de gente en busca del placer, todo lo
más, bacanales, y que explicaba las supuestas visiones mágicas como ilusiones, efecto de
drogas... negando toda intervención del Diablo en ellas.
¿Cuáles eran los crímenes
que supuestamente habían cometido estas personas? En la obra "Demonomanía de los
brujos" se hace un listado de los mismos entre los que se incluyen renegar de
Dios, maldecirlo, rendir homenaje al Demonio, dedicarle sacrificios, ofrecerle hijos
antes de que nazcan, matar niños para hacer pócimas con ellos, comer carne humana,
profanar cadáveres, beber sangre, envenenamientos, maleficios, provocar la esterilidad
del ganado o de los pastos, practicar el incesto y tener prácticas sexuales
"aberrantes", y el trato carnal con el Diablo. En algunos casos eran acusados
además del crimen de traición al Estado, puesto que supuestamente tenían al Demonio
como máxima autoridad, en vez de a su gobierno.
En la práctica, era tan
difícil probar la inocencia de uno que miles de mujeres fueron torturadas, quemadas en
hogueras, ahorcadas... muy probablemente por miedo, por rencillas personales con algún
vecino, por la psicosis colectiva, por ser "raras", o por tener una mente
demasiado abierta para la época que vivían, que las hizo sentirse y mostrarse más
libres de lo que sus contemporáneos estaban preparados para aceptar.
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