Garrocha

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Índice

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Costumbres de la época del general Páez por Ramón Páez
La Garrocha

" No menos de ocho a diez mil cabezas de ganado fueron encerradas dentro del círculo formado por más de cien jinetes, quienes para impedir la fuga de los animales veíanse obligados a exponer sus vidas y sus nobles caballos a la furia de los toros que incesantemente embestían contra la línea, tratando de volver a la libre sabana. Cada vez que alguno lo intentaba, corría lleno de audacia un vaquero, y se le atravesaba interponiéndose entre la sabana y el animal, forzándolo a retroceder al rodeo. Con maravillosa destreza los llaneros esquivaban las repetidas embestidas que les hacían los toros, aún cuando parecía imposible que escaparan de ser cogidos entre los cuernos de las bestias. La garrocha desempeñaba en esto de rechazar el ataque un papel muy importante. Este instrumento, segundo en importancia después del lazo cuando está en manos de un jinete, se fabrica de la liviana y resistente madera de la palma alvarico (Aeneo Carpus Cubarro), aguzando simplemente un extremo, o fijándole una punta de hierro rodeada por unos aros sueltos del mismo metal, que cuando se sacuden cerca de las orejas de los animales, los espanta con el ruido que producen. El asta de la garrocha tiene sus diez pies de largo, y aunque no más gruesa que un bastón ordinario, es capaz de resistir sin qubrarse una gran presión.

Como arma ofensiva, este delgado tallo de palmera alcanzó merecida celebridad en el país, por el hecho de haber servido de improvisadas lanzas a los valientes patriotas que primero se opusieron en las llanuras al yugo tiránico de España.

El modo de emplearla los llaneros es bien extraordinario. Cuando se persigue un toro que trata de  salirse del rodeo y que es más veloz que el caballo, el jinete lucha por alcanzarlo con la punta de su dardo, clavándoselo precisamente en la paleta, y al empujar la garrocha con todo el peso de su cuerpo, destruye con ayuda de su inteligente corcel el equilibrio del toro, y lo hace caer de cabeza sobre el suelo. Estos derribos son suficientes para prevenir ulteriores tentativas de fuga, y parecen obligar al toro a seguir en el rodeo. Esta hazaña es, sin embargo, una de las más peligrosas de cuantas ejecutan los llaneros, y sólo la realizan los más hábiles y experimentados jinetes, porque si en el empuje se rompe la punta, o si el toro cae frente al caballo, en ambos casos resultará una terrible caída, y en el último chocará además contra la derribada fiera."

Páez, Ramón. - Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de Venezuela. pp.171-172

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Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Serie Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela. Vol. 8: Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de Venezuela por Ramón Páez. Caracas, 1973, 386 pp.

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Ramón Páez
el hijo natural del general Páez

Ramón Páez nació en Achaguas, más fue criado y educado en Nueva York. Conocía de geología y de botánica. Gran admirador de su padre lo acompaño en 1846 en una correría por los llanos, y escribió a tal respecto el libro Wild Scenes in South America que publicó en Londres en 1863 (Cunninghame Graham, R.B.-José Antonio Páez, página 241). En 1839 formó parte de la comitiva del doctor Alejo Fortique que era Plenipotenciario de Venezuela en Londres. (Anales Diplomáticos. Tomo II, página 34). Dominga Ortíz, esposa del general Páez dice en 1874 en una protesta que el verdadero apellido de este señor es Ricaurte. (Reyes Antonio - Presidentes de Venezuela), página 1.059. Obras Completas). El 9 de abril de 1888 llega a La Güaira junto al general Jacinto Regino Pachano y al doctor Antonio María Soteldo después de haber cumplido la comisión oficial de repatriar los restos de su padre.