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En cumplimiento de una promesa  por Manuel Ortíz
El Nazareno de Achaguas

Se cuenta que aquel día, a pocas horas de partir, y con el pálpito de que esa sería la acción decisiva de su historia militar y también del proceso de Independencia, José Antonio Páez, se dirigió a la pequeña iglesia de Achaguas para orar por el éxito de su empresa, prometiendo que donaría una imagen del Nazareno si regresaba triunfante de aquella batalla. Eso ocurría el 10 de mayo de 1821 cuando Páez se disponía a conducir a las temidas tropas del ejército de Apure en una de las marchas más extraordinarias, hasta llegar a San Carlos, donde se concentraría el Ejercito Libertador, para librar la gloriosa y definitiva Batalla de Carabobo. Pasarían doce años desde aquella magna fecha, hasta que en 1833, Páez cumple su promesa y encarga el Nazareno al tallista español Merced Rada. Finalmente este conmovedor símbolo cristiano ingresaría en 1835 a la población llanera que, durante los años de la guerra emancipadora, Páez hizo su cuartel y lugar de reposo preferidos. Desde su llegada aquella imagen de tamaño natural, tallada en madera, se convirtió en la gran protectora de los llaneros. Por eso en sus 164 años, el Nazareno de Achaguas no ha dejado de hacer milagros, atrayendo la lluvia en tiempos de sequía o por el contrario deteniendo las aguas cuando por exceso se han desbordado inundando la región. De distintas maneras también ha expresado desacuerdos con algunas acciones de los feligreses; como cuando se le quiso llevar a San Fernando, lo que no fue posible porque la imagen se hizo extremadamente pesada, o aquel día en que el Nazareno creció de manera asombrosa para manifestar su desacuerdo con la intención de interrumpir una procesión. Innumerables ofrendas, anillos, placas, recordatorios, muletas, manitos de plata y otros milagros prendidos a la túnica del nazareno son prueba de la fe y gratitud del pueblo de Achaguas por su gran protector. Por eso esta ciudad procera de ayer se convierte en un gran templo cada Miércoles Santo. Desde lo más profundo del llano y también de muchos otros lugares de la geografía nacional van los creyentes en ese día santo a elevar su oración y expresar su devoción al Nazareno que donara Páez; imagen que una vez más sale a recorrer las calles de Achaguas envuelta en el sentimiento profundo de la oración y los tristes sonidos de una banda musical.

Seguramente en esa creciente devoción al Nazareno de Achaguas, se confunde y se integra la creencia religiosa, con la reafirmación de la fe en el propio destino, en el triunfo de unos valores y unos héroes que aún viven en el corazón de cada llanero.


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GOMEZ, Carlos A.: José Antonio Páez, inmortal, Colección Biografías Panapo, Editorial Panapo, Caracas, 1996, 95 págs.

PÁEZ, José Antonio: Autobiografía del General José Antonio Páez, Tomo 1, (Colección Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, num.1), Caracas, 1987, 545 págs.

PÁEZ, José Antonio: Autobiografía del General José Antonio Páez, Tomo 2, (Colección Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, num.1), Caracas, 1987, X págs.

ORTIZ, Manuel A.: Portafolio. "Nazareno de Achaguas". Feriado. pags. 10 y 11. Caracas, 28 de marzo de 1999.


Batalla de Carabobo
24 de Junio de 1821

El 24 de Junio de 1821 los patriotas logran una brillante victoria y en reconocimiento de la gloriosa participación de los soldados de Apure, Bolívar eleva a José Antonio Páez al rango de General en Jefe. Esta proeza de los llaneros quedaría resumida para la historia gracias a la Proclama dictada por El Libertador en el mismo campo de batalla: "Solamente la División de Páez, compuesta de dos batallones de infantería y 1.500 jinetes, de los cuales puedieron combatir muy pocos, bastaron para derrotar al ejército español en tres cuartos de hora".

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