Costumbres de la época del general Páez por Ramón Páez
Escapando de los peces
caribes con el auxilio de una cartuchera"Cebados
los anzuelos con carne fresca, y echados con gran precaución cerca de la orilla, apenas
la carnada hubo tocado el agua cuando la cogieron los caribes, y sin darles tiempo, creía
yo, para cortar con los dientes, tiré de los cordeles, pero, ¡ay, ni anzuelos ni
carnadas! Al examinarlos, observé que un propio anzuelo había sido cortado, mientras
otro lo había sido por el alambre. Repetí la operación varias veces y siempre con el
mismo resultado. Muy incomodado, reparé en un llanero que estaba parado por allí,
riéndose al considerar mi simplicidad. Otro, tocándome suavemente en el hombro:
-"¡Niño -me dijo usando una expresión favorita entre ellos- más fácil es coger
una cascabel por el rabo que pescar a uno de esos tercios con anzuelo!" -¿Qué es lo
que hay que hacer entonces, porque necesito un par por lo enos de estos bribones? -le
dije.
-¿Quién ha visto un señorito como usted con ese gusto por bichos tan repugnantes?
-replicó, creyendo que los quería para comer. Al explicarle que los deseaba para
dibujarlos y conservarlos en alochol, me aconsejó que buscara un trozo de cuero fresco de
la cabeza de un novillo que acababa de ser sacrificado dejándolo pendiente de una tira de
lo mismo. Seguí inmediatamente sus instrucciones, y a poco estaba de nuevo en el río.
Sentándome en la popa de una canoa que estaba varada atravesada contra la corriente,
eché dentro del agua la nueva carnada, y esperé con gran interés el resultado. Al
momento un cardumen de caribes se reunió alrededor y empezaron a atacarla con gran
voracidad. Como hallaban el grueso cartílago muy duro hasta para sus afilados dientes, lo
roían como minúsculas hienas. Cuando calculé que ya estaban bien pegados dentro
del cuero, tiré del todo violentamente dentro de la canoa en cuyo fondo vi con
satisfacción que saltaron cerca de una docena de los pescaditos, y hallando este nuevo
método de pesca muy fácil y entretenido, lo continué hasta sentirme mordido el talón
de mi pie izquierdo por un caribe, con tal violencia, que dejé caer al agua la carnada
junto con los bichos que colgaban de ella. Pensaba únicamente en ver cómo me escapaba
teniéndo que pasar a todo lo largo de la canoa cuyo fondo estaba lleno de estas voraces y
despreciables criaturas. Mi primer impulso fue saltar sobre la borda, pero un momento de
reflexión me convenció que eso hubiera sido saltar de la satén a la candela.
Como me encontraba entre Scila y Caribdis, apelé de nuevo a la bondad de mi anterior
consejero para librarme del trance, lo que él prontamente realizó, tirando una
cartuchera sobre los boquiabiertos pescados, la que al instante fue atacada por sus
afilados dientes que mordían las recias fibras con la tenacidad de un bulldog,
facilitándonos con ese expediente volverlos a pescar de nuevo. Mi dolorosa experiencia
sobre estas odiosas bestiezuelas, me excitó a cabar con ellas, y nunca despreciaba la
oportunidad de provocarles un sangriento conflicto, dedicándome diariamente a tirarles
pedazos de carne dentro del río que nunca dejaron de atraer gran número de caribes.
Llenaban la carne de agujeros después de lo cual se enardecían y se devoraban entre sí
hasta quedar muy pocos con vida. Así tomé la revancha contra esta infinita tribu de
caribes."
Páez, Ramón. - Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de
Venezuela. pp.105-107


Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Serie Fuentes para la
Historia Republicana de Venezuela. Vol. 8: Escenas rústicas en Sur América o la
vida en los Llanos de Venezuela por Ramón Páez. Caracas, 1973,
386 pp.
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Ramón Páez
el hijo natural del general Páez
Ramón Páez nació en Achaguas, más fue criado y educado en Nueva
York. Conocía de geología y de botánica. Gran admirador de su padre lo acompaño en
1846 en una correría por los llanos, y escribió a tal respecto el libro Wild Scenes
in South America que publicó en Londres en 1863 (Cunninghame Graham, R.B.-José
Antonio Páez, página 241). En 1839 formó parte de la comitiva del doctor Alejo
Fortique que era Plenipotenciario de Venezuela en Londres. (Anales Diplomáticos.
Tomo II, página 34). Dominga Ortíz, esposa del general Páez dice en 1874 en una
protesta que el verdadero apellido de este señor es Ricaurte. (Reyes Antonio - Presidentes
de Venezuela), página 1.059. Obras Completas). El 9 de abril de 1888 llega a La
Güaira junto al general Jacinto Regino Pachano y al doctor Antonio María Soteldo
después de haber cumplido la comisión oficial de repatriar los restos de su padre.
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