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MODERNA CLASE DE ESCLAVOS
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El deportado en un campo nazi no tenía ninguna posibilidad de escapar. Rudolf Höss así lo confesó antes de ser ejecutado:
El interno político es enviado a un campo de concentración por un periodo que no ha sido fijado de antemano: quién sabe si para un año, quién sabe si para diez años. La decisión pertenece a la oficina (la Gestapo) que ha ordenado su internamiento, la cual no está dispuesta a reconocer que se ha equivocado. El internado es la víctima de esta oficina que ha decidido su suerte. No tiene posibilidad alguna de protestar o de presentar recurso.
En alguna ocasión, y excepcionalmente, se procedía a hacer encuestas suplementarias a los casos más favorables, las cuales finalizaban en sorprendentes liberaciones.
Generalmente, la duración del internamiento dependía del destino o, si se quisiere, del azar. En todos los campos había varias categorías de deportados. Los detenidos por derecho común llevaban un triángulo verde al lado del número de matrícula.
Este color designaba a los criminales. El triángulo negro era para los asociales. Para los deportados no había diferencia entre ambas categorías, pues entre ellos se reclutaba a los que mostraban más aptitudes para ejercer de kapos o de verdugos.
El triángulo rosa era para los homosexuales, el amarillo para los judíos (en realidad eran dos triángulos de este color que, superpuestos, formaban la estrella de David), el rojo para los detenidos políticos y resistentes y el morado para los objetores de conciencia. Los deportados españoles llevaron el triángulo azul de los apátridas con la 5 de Spaniard cosida en el centro.
El comandante supremo de la Wehrmacht, mariscal Wilhelm Keitel, es el autor de la orden Nacht und Nebel (Noche y Niebla), publicada el 12 de diciembre de 1941:
Las personas que en los territorios ocupados cometan acciones contra las fuerzas armadas han de ser transferidas al Reich para que sean juzgadas por un tribunal especial Si por alguna razón no fuese posible procesarías, serán enviadas a un campo de concentración con una orden de reclusión válida, en términos generales, hasta el final de la guerra.
Parientes, amigos y conocidos han de permanecer ignorantes de la suerte de los detenidos: por ello, estos últimos no deben de tener ninguna clase de contacto con el mundo exterior No podrán escribir ni recibir paquete ni visita y no deben transmitirse a ningún organismo extranjero informaciones sobre la vida de los detenidos. En caso de muerte, la familia no debe de ser informada hasta nueva orden. Falta todavía una reglamentación definitiva sobre este aspecto de la cuestión.
Las disposiciones anteriores son válidas para todos aquellos detenidos sobre los que, durante las diligencias de la reclusión por razones de seguridad realizadas por la Oficina Central de Seguridad del Reich, haya la anotación Nacht und Nebel.
Los nazis elegían fórmulas poéticas para referirse a sus crímenes y atrocidades. Otra designación era Meerschaum, espuma del mar y, lo mismo que la vida efímera de estas burbujas que se forman sobre el líquido, los deportados clasificados con esta imagen tenían que diluirse sin dejar huella.
Unos y otros deportados estaban destinados, pues, a ser engullidos por la nada, eran como espuma del mar o bien desaparecían en la noche y en la niebla. Himmler, tal vez inspirado poéticamente, tomó esta expresión del libreto de la ópera de Ricardo Wagner, El oro del Rhin, cuando Fafner dice a los enanos del bosque: Seid Nacht und Nebel gleich!, sed como la noche y la niebla. Es decir, desapareced.
El 27 de julio de 1944, el mariscal Keitel ponía en marcha el Kiigel Erlass (decreto bala):
Todo prisionero de guerra evadido y capturado, oficiales y suboficiales incluidos (excluidos los ingleses y los americanos) debe ser puesto a disposición del jefe de la Policía de Seguridad. Naturalmente, esta medida no debe divulgarse por ningún motivo. No se informará de ella a los demás prisioneros (...). Evadido no recuperado será también la respuesta que se dará a las preguntas de la Cruz Roja Internacional
Más tarde, este decreto fue también válido para los trabajadores civiles que desertaban y los soldados enemigos hechos prisioneros, incluidos ingleses y norteamericanos.
Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), dividió, en 1941, los campos en tres categorías: Dachau y Sachsenhausen fueron considerados de primera categoría; Buchenwald y Flossenburg, de segunda; Mauthausen, de tercera.
A este último campo eran enviados todos los elementos irrecuperables para el régimen. Los burócratas del RSHA llamaban a Mauthausen molino de huesos.
De la prevención o reforma de los primeros momentos, los nazis pasaron con toda naturalidad a la idea de exterminio.
Mientras tanto, Heydrich maduraba la famosa solución final para millones de judíos y el campo de Auschwitz era ya un hecho. Convoyes enteros de deportados eran gaseados así que llegaban a los campos.
En Treblinka, miles de judíos iban todos los días a las cámaras de gas. Muchos morían por el camino, transportados en vagones para el ganado, noches y días, sin alimento alguno y sin casi aberturas para poder respirar.
A su llegada a los campos, los SS asesinaban a los que se habían vuelto locos o a los que estaban en el limite de sus fuerzas. En el campo, las durísimas condiciones en los kommandos de trabajo o la escasa alimentación (a veces no superaron las 800 calorías diarias, cuando las condiciones impuestas por el trabajo exigían un mínimo de 3.000), la falta de higiene, la promiscuidad, la falta de medicamentos para simples enfermedades que se convertían en mortales, además de las torturas y los castigos corporales, convertían a cada deportado en un aspirante de la muerte.
Según un cuadro elaborado en la oficinas administrativas de Berlin, la vida de un deportado en un campo de concentración estaba programada para unos nueve meses. La gran mayoría de las veces no alcanzaba los seis meses.
El 8 de julio de 1941, Himmler da la orden de que los gitanos detenidos en toda Europa sean ejecutados. Diecisiete mil gitanos, hombres, mujeres y niños, son asesinados a tiros o con gas monóxido.
El 9 de septiembre de 1941 se usa por primera vez el gas Cyclon B en el campo de Auschwitz. Este método será estrenado con novecientos prisioneros de guerra rusos. En Treblinka, en sólo dieciséis meses, se asesinó fríamente a setecientos mil prisioneros.
Como declaró uno de los acusadores durante el proceso de Nuremberg, las atrocidades nazis no fueron perpetradas bajo la influencia de una pasión furiosa o de una cólera guerrera, sino en virtud de un frío cálculo, de métodos perfectamente conscientes. de una doctrina preexistente.
Ya en 1932, Adolf Hitler había dicho: No todos deben tener los mismos derechos, nunca consentiré que otros pueblos tengan los mismos derechos que el pueblo alemán. Nuestro deber es dominarlos.
El pueblo alemán ha sido elegido para convertirse en la nueva clase de señores en el mundo (...), en el orden social del futuro habrá una clase de señores, una clase histórica, elegida para la lucha entre los elementos más diversos; estará la masa de miembros del partido, organizada de manera jerárquica, y éstos formarán la clase media; estará la multitud anónima, la colectividad de los servidores, los eternos inferiores (...). Más abajo estará, también, la clase sometida de las razas extranjeras. Llamémosla tranquilamente la moderna clase de esclavos.
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EXTERMINIO POR EL TRABAJO
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En los campos de concentración nazis, los SS no tropezaron con ninguna barrera, jurídica o ideológica, que les impidiera ejecutar su misión de exterminio. Todo estaba programado para que llevaran a la práctica las teorías en que habían sido educados.
El reino de los SS conocerá dos etapas: la primera, de 1933 a 1942, será la dedicada a la reeducación por el trabajo. El general Richard Glúcks, que sustituyó a Theodoro Eicke en la inspección de los campos, hizo colocar a la entrada de Dachau, en febrero de 1940, una orden suya al lado del famoso eslogan Arbeit macht frei (el trabajo hace libre).
La orden decía: Hay que inculcar a los detenidos la idea de que el sentido del sacrificio, la verdad, la honradez, el amor a la patria, la limpieza, la diligencia y la sobriedad son las vías que llevan a la libertad.
Todavía no se busca la rentabilidad, sino la explotación gratuita, el envilecimiento, la degradación del ser humano, enemigo del régimen, a través de métodos irracionales, aunque con una fría planificación pensada al milímetro.
Pero en 1942, el curso de la guerra obligó al III Reich a replantearse la finalidad de los campos de concentración. La Unión Soviética estaba en plena contraofensiva y Estados Unidos había entrado en la contienda mundial.
Había que seguir exterminando a los enemigos del régimen nazi, pero sacándoles el máximo provecho. Había que utilizar toda la mano de obra deportada, pues el frente del este estaba engullendo a gran parte de los trabajadores alemanes. Y, además, se necesitaba incrementar la producción de armamento.
Había que paliar las consecuencias de las primeras derrotas militares. Ya en 1941, en el RSHA (Oficina Central de Seguridad del Reich) prevaleció la tendencia de aprovechar al máximo el trabajo de los detenidos. Oswald Pöhl, jefe del departamento de administración, encargó a los comandantes de los campos que organizaran una oficina de trabajo y que instalaran talleres.
El 15 de noviembre de 1941, el general Richard Glücks mandó un documento a los jefes de Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen, Neuengamme, Gross-Rosen y Auschwitz, en el que mandaba aplazar, por orden de Himmler, las ejecuciones de aquellos prisioneros rusos que, según su constitución física, pudieran ser empleados en las minas.
El 9 de febrero de 1942, Albert Speer es nombrado ministro de armamento y Fritz Saukel obtiene plenos poderes para la organización de la mano de obra. Los nazis la encontrarán en los paises ocupados, sobre todo en Polonia, Francia y la Unión Soviética.
Miles de prisioneros de guerra y de trabajadores civiles son forzados a ir a Alemania para trabajar en las fábricas. Thierak, ministro nazi de Justicia, encuentra la fórmula para aprovechar hasta el limite la mano de obra de la deportación: Vernichtung Durch Arbeit, lo cual significaba, exactamente, el exterminio mediante el trabajo.
Esta fórmula se precisaría más tarde, el 30 de abril de 1942, por el general Oswald Pöhl, jefe de la recién creada WVHA (Oficina Central Económica y Administrativa de la SS) (..) El horario de trabajo no está limitado. Su duración dependerá de la organización del trabajo en el campo y estará determinado solamente por el comandante del campo 1..). Todo lo que pueda abreviar la duración del trabajo debe de ser reducido al mínimo. Los desplazamientos y las pausas del mediodía que tengan como única finalidad la comida, estarán prohibidos.
En un informe dirigido a Himmler, el general Pöhl escribió: La guerra ha provocado una modificación visible de la estructura de los campos de concentración (...), la movilización de todas las fuerzas de trabajo de los detenidos, primeramente para los fines de la guerra y más tarde para los de la paz, se imponen... El objetivo de los campos no había cambiado, sólo que ahora la muerte iba a ser provocada, principalmente, a través de la explotación por el trabajo.
Independientemente de este cambio de orientación, conviene recordar que siguieron funcionando varios campos cuya única y exclusiva finalidad era el exterminio sistemático, sin utilización de su mano de obra. Fue el caso de Sobibor, Belzec, Treblinka y Chelmno, destinados al asesinato masivo de los deportados que pertenecían a las razas llamadas inferiores, los judíos y los gitanos.
El 8 de diciembre de 1942, Himmler ordena a Pöhl que aumente el número de detenidos en los campos. La deportación masiva desde los paises ocupados será ya un hecho. Quince grandes campos, entre los cuales están Mauthausen, Flossenburg, Buchenwald, Gross-Rosen, Auschwitz y Ravensbrúck, entran de lleno en esta nueva organización.
Como ya advertía el informe del general Pöhl a Himmler en abril de 1942, la organización del trabajo nazi debía tener dos vertientes: la que se inclinaba por la economía de guerra y la que tenía que programar la época de paz.
Los deportados constituían una mano de obra baratísima que se podía renovar constantemente gracias a la expansión alemana por Europa. La mayoría de los campos de exterminio fueron instalados cerca de una fábrica de armamento, de un terreno de aviación, de una mina, de una estación o de una cantera. Los campos no sólo proveían a los talleres o a las empresas de sus alrededores, sino que muchos empresarios hacían encargos de personal y, por un precio convenido, éstos les mandaban la mano de obra. Los empresarios alemanes aceptaron sin ningún escrúpulo el trabajo de millares de niños trasladados desde los dos países más castigados, Polonia y la Unión Soviética.
Los campos también mandaban a las fábricas, convertidas en kommandos exteriores de trabajo, los guardias y los perros adiestrados que se encargaban de hacer trabajar a los detenidos hasta la extenuación y la muerte. Otros deportados sustituían a los que morían y así los empresarios no tenían que hacer más gastos. La mayoría de las veces, la vida en estos kommandos exteriores era, si cabe, más dura que en los campos centrales.
El universo concentracionario nazi se extendía como un pulpo y sus tentáculos absorbían terrenos todavía vírgenes. Así nacerían, a lo largo de la guerra y de acuerdo con las necesidades que la misma iba creando, el kommando de Dora en Buchenwald, el de la fábrica Jeinkel en Sachsenhausen, el de Abteroda en Ravensbrück. Se contabilizaron hasta 43 firmas, entre privadas o controladas directamente por los SS, que detentaron el poder económico de Mauthausen y sus kommandos exteriores.
La cantera de Mauthausen fue la más rentable de todas las anejas a los campos de exterminio. En 1944 produjo un beneficio de más de once millones de marcos y superaba con creces a las otras cinco grandes canteras del Reich: Auschwitz, Flossenburg, Gross-Rosen, Marburg y Natzweiler.
El 5 de diciembre de 1941, Himmler mandaba una circular a los campos: Los planes de la SS para la construcción exigen que sean tomadas sobre todo en la posguerra medidas preparatorias a gran escala... Desde ahora tenemos una orden del Führer según la cual la DEST como empresa de la SS, deberá proveer anualmente, a partir del comienzo de la paz, unos 100.000 metros cúbicos de granito para los grandes edificios del Führer.
DEST eran las siglas de Deutsch-ErdUnd Steinwerke Gmbh, fábricas alemanas de piedra que englobaron a todas las empresas concentracionarias especiales en la construcción, controladas por la S.S.
Albert Speer quería inclinar el favor económico del Reich hacia la fabricación de armamento, ante los desastrosos acontecimientos que ocurrían en el frente de batalla. El ex- arquitecto y entonces ministro de la Guerra explica en sus memorias el entusiasmo de Hitler ante el proyecto de Dornberger y Von Braun del V-2.
Hitler nombró al general Kammer, un ingeniero SS de cuarenta y dos años, comandante jefe de todas las armas secretas alemanas. En 1943, Kammer recibió plenos poderes para utilizar la mano de obra de los campos, con el fin de llevar a cabo el proyecto de las armas secretas.
En 1942, los alemanes habían descubierto la aplicación del motor de expansión y crearon las armas V 1 y V-2. Con ellas pensaban destruir Paris y Londres. Estas armas tenían que ser fabricadas en escondrijos fuera del alcance de la aviación aliada, y los prisioneros que trabajaban en ellos estaban destinados a desaparecer.
Los presos vivían dentro de los túneles y morían a montones, pues no había condiciones higiénicas ni sanitarias. Los mataba el polvo blanco que se desprendía de las paredes, o la humedad, cuando no los latigazos y el hambre. La mayoría de estas instalaciones, casi siempre subterráneas, fueron construidas cerca de Flossenburg, Buchenwald y Mauthausen.
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El 20 de noviembre de 1943, el Boletín Oficial alemán publicaba un decreto firmado por Hitler que decía así: La empresa de Fried Krupp, empresa familiar desde hace ciento treinta y dos años, merece el más alto reconocimiento por sus incomparables esfuerzos para aumentar el potencial militar de Alemania.
Alfred Krupp dijo en el proceso de Nuremberg: Nosotros necesitábamos ser dirigidos por una mano fuerte y dura. Esta era la mano de Hitler Nos sentíamos satisfechos de los años que pasamos bajo su caudillaje.
La familia Krupp fue durante cuatro generaciones la principal fuente de aprovisionamiento bélico para Alemania. Uno de tantos ejemplos de esta alianza fue la petición, en 1944, de dos mil detenidos para mano de obra al comandante de Buchenwald.
Durante el quinto año de guerra, en 1944, los Krupp obtuvieron más de 110 millones de marcos en beneficios, ganados con la explotación de doscientos cincuenta mil seres humanos que trabajaban en las 81 fábricas de su consorcio. Decenas de miles murieron en los campos de concentración que rodeaban estas fábricas.
Alfred Krupp fue condenado en 1948 a doce años de prisión y a la confiscación de todos sus bienes. Liberado en 1951, a petición del canciller Adenauer, se le devolvió todo su patrimonio.
Krupp era el símbolo de la complicidad entre el gran capital y el ascendente nazi-fascismo alemán. Hay otros: IG-Farben, Flick, Thyssen, AEG, Siemens, Haniel, Banco Alemán, Banco de Dresde, Banco de Comercio.
Fritz Thyssen recordaba en un libro escrito en 1941 que los grandes nombres de la industria pesada decidieron financiar el NSDAP a raíz de un discurso de Hitler en Düsseldorf el 27 de enero de 1932. Friedrick Flick, de la gran industria y la alta banca, financiaba desde 1933 los grupos de la S.S. y la SA. El y otros industriales se aprovecharon de la persecución contra los judíos para apoderarse de sus empresas.
Desde 1933 se volcaron en la preparación industrial de una nueva guerra de agresión. Los grandes monopolios establecieron una amplia programación para saquear las empresas de los territorios conquistados, incluso antes de ser ocupados.
Más de veinte millones de personas resultaron encarceladas y deportadas para hacerlas trabajar como esclavos. El tributo de Polonia y la Unión Soviética fue inmenso.
Desde que la WVHA se hizo cargo de la administración de los campos, millares de judíos, sacerdotes, médicos e intelectuales polacos fueron mandados a Stutthof (Gdansk), Majdanek (Lublin) y Auschwitz-Birkenau, bien para ser gaseados inmediatamente siguiendo el programa de la solución final, o bien como trabajadores forzados.
Hitler declaró el 2 de octubre de 1940 que los polacos no tenían otro dueño que el pueblo alemán. La cultura, el espíritu y la fe del pueblo polaco tenían que ser destruidos. De quince a veinte mil polacos partieron hacia Maidanek en enero de 1943. Después de ser aplastada la insurrección de Varsovia, cerca de sesenta mil de sus habitantes, entre ellos muchos niños menores de ocho años, fueron enviados a Auschwitz. Hasta octubre de 1944, las cámaras de gas de Birkenau todavía funcionaban a pleno rendimiento.
En total fueron exterminados unos cuatro millones y medio de soviéticos civiles, en los campos de exterminio nazis, en sus kommandos de trabajo o en los ghettos judíos o en los penosos viajes hacia la deportación.
El 4 de septiembre de 1942, el Führer dio la orden de enviar inmediatamente alrededor de medio millón de mujeres ucranianas para el trabajo doméstico y un millón de obreros suplementarios. El 18 de noviembre de este mismo año se ordenó que todos los ciudadanos soviéticos que habitaban en zonas de amplia actividad partisana y aptos para el trabajo fueran enviados a Alemania como mano de obra.
En la región de Smolensk, por ejemplo, en un solo mes (diciembre de 1942) se contabilizaron 134.478 victimas, un tercio de ellas ejecutadas sobre la marcha, y el resto, deportadas para ser exterminadas mediante el trabajo.
Los grandes empresarios utilizaron conscientemente esta mano de obra esclava, aunque sabían que iban en contra del articulo 13 de la Convención de Ginebra. Representantes de consorcios como la Siemens, IG-Farbe Industrie, Portland-Zement Bankhaus Silein, formaban parte del Circulo de Amigos del Reichsführer SS, y cada año le entregaban más de un millón de marcos para servicios especiales.
En total, 130 personas de la industria pesada y ligera se sirvieron de la mano de obra concentracionaria. Pagaban de tres a seis marcos diarios por persona, y esta cantidad iba directamente a manos de los SS los cuales sólo gastaban unos 35 pfenings al día por cada prisionero.
En los laboratorios IG-Farben se elaboraba el temible gas Cyclon B, utilizado en las cámaras para asesinar a millones de seres humanos inocentes. Los IU-Farben crearon los kommandos de Buna, Leuna y Monowitz en Auschwitz, controlaron la mortalidad y enviaron a Birkenau a los detenidos que no eran productivos para que los exterminaran.
Sólo en la fábrica de Buna, treinta mil prisioneros trabajaron para los IG Farben, de los que perecieron alrededor de veinte mil.
El aprovechamiento económico y la planificación exterminadora estaban, desde 1942, estrechamente vinculados. El 21 de junio de 1943, Himmler ordenó que todos los judíos todavía disponibles en los ghettos del este sean reunidos en los campos de concentracion.
Delante mismo de las cámaras de gas se efectuaba la selección con el fin de recuperar a los más válidos para el trabajo antes de serles aplicada la solución final? En la gran mayoría de los casos, la muerte sólo era aplazada en unas cuantas semanas o un par de meses.
Tampoco se puede ignorar la gran rentabilidad económica que la deportación en si misma otorgaba a los SS. Se comerciaba con los cadáveres, con el cabello o con la grasa humana destinada a la elaboración de jabón. Unicamente el campo de Auschwitz vendió 60 toneladas de cabellos a la firma Alex Zink. productora de filtro.
Los huesos calcinados se destinaban a la fabricación de superfosfatos. Una organización especial SS, llamada Acción Reinhard, obtuvo inmensos beneficios con la apropiación de joyas, dientes de oro y aquellos objetos que podían ser comercializados.
De este modo, incluso después de muertos, las victimas de la deportación constituían una inagotable fuente de riqueza para la Alemania nazi.
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Durante los años en que los teóricos del nazismo prepararon la irresistible ascensión de Adolf Hitler, se fue perfilando una idea que pronto tendría amplia aceptación en las masas más fanáticas del pueblo alemán: la idea de que los judíos pertenecían a una raza inferior que debía ser extirpada de la faz de la tierra.
El 30 de enero de 1939, fecha en que se celebraba el sexto aniversario de la ascensión del Führer al poder, éste proclamó ante el Parlamento la siguiente profecía:
Si el judaísmo internacional 1..) consigue comprometer a las naciones en otra guerra, el resultado no será un mundo bolchevique ni tampoco significará una victoria para el judaísmo; será el fin de los judíos en Europa.
Desde que las leyes de Nuremberg habían decretado discriminaciones de todo tipo contra los judíos de Alemania, el 15 de septiembre de 1935, éstos se vieron poco a poco despojados de todos sus derechos como ciudadanos tanto en la escuela y en el trabajo, como en las sinagogas y en la calle.
Así como la seta no puede penetrar en la madera hasta que ésta no se ha podrido, así el judío pudo introducirse a escondidas entre el pueblo alemán y traer el desastre sólo cuando la nación alemana debilitada por la pérdida de sangre en la Guerra de los Treinta Años, empezó a pudrirse por dentro había dicho el juez supremo del Partido, Walter Buch, facultado para ocuparse de los casos de corrupción y de calumnia dentro del partido nacionalsocialista.
Buch había escrito que las manos eran libres cuando se desencadenó el paroxismo de la persecución antisemita en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, conocida como la famosa noche de cristal. A partir de esta fecha, el Gobierno nazi se entregó a un inmenso "progrom" en toda Alemania y empezaron las deportaciones en masa a Sachsenhausen, Buchewald y Dachau.
Adolf Hitler y sus colaboradores meditaron una solución más radical y definitiva sobre el problema judío, y ya en junio de 1941 Reinhard Heydrich expresó a los comandantes de los grupos especiales que operaban en los países ocupados (Einsatz-gruppen) que el judaísmo en el este fue la fuente del bolchevismo y en adelante tiene que ser destruido de acuerdo con los deseos del Führer.
Empezarían entonces las matanzas sistemáticas de judíos, incluidos millares de niños, en los países del este. Fue en la primavera de 1941 cuando, en los documentos y en las cartas, empezó a surgir la fórmula solución final, que significaba exactamente la aniquilación sistemática del pueblo judío.
Reinhard Heydrich dictaba también las órdenes de cómo debían ser tratados los judíos seleccionados para el trabajo forzoso: formados en columnas de trabajo, los judíos válidos, los hombres a un lado y las mujeres a otro serán tras la desinfectación, son trasladados a las zonas del este para construir carreteras. No hace falta decir que una gran parte de esta gente será eliminada de manera natural por su debilidad física.
Rudolf Höss cuenta en sus memorias que en el verano de 1941 fue recibido personalmente por Himmler y que éste le dijo: El Führer ha dado la orden de proceder a la solución final del problema judío. Nosotros, los S.S., somos los encargados de llevar a cabo esta orden. A usted le incumbe esta tarea dura y penosa. Le exhortó, asimismo, a guardar silencio incluso ante sus superiores.
Con el fin de facilitar la muerte de millares de seres humanos, la RSHA organizó al principio los llamados camiones-fantasma, usados ya en 1940 para exterminar a los enfermos mentales de determinados hospitales psiquiátricos.
Se trataba de una especie de furgonetas totalmente cerradas que, al ponerse en marcha, desprendían monóxido de carbono en su interior. Estos Special-Wagen (coches especiales) sirvieron para asesinar a millares de judíos deportados del campo de Chelmno, cerca de Lodz; pero también fueron utilizados para exterminar a detenidos de otros campos que ya no eran considerados útiles para el trabajo.
Según cuenta Höss en sus memorias: pronto se consideró que esta medida era demasiado cara y que no rendía lo suficiente. Después de una inspección en Treblinka, Eichmann consideró que había que encontrar un nuevo método de destrucción más asequible y más barato.
Así se pensó en el gas Cyclon B, un ácido prúsico que prepararían industrialmente los laboratorios IG-Farben. El primer campo donde se utilizó este gas mortal fue Belzec, en el distrito de Lublín. Le seguirían Birkenau, Treblinka, Sobidor y Maidanek. La solución final era ya un hecho.
La conferencia de Wansee, celebrada el 20 de enero de 1942, planificó la aceleración de la solución final del problema judío en Europa. En el proceso de Jerusalén, en 1961, Eichmann confesó que durante esta conferencia se estudiaron con rigor los mejores métodos para exterminar a todo el pueblo judío que vivía en Europa.
De este modo, entre 1941 y 1944 perecieron seis millones de judíos. La solución final se llevó a cabo con cálculo y premeditación, con todo tipo de medios técnicos y científicos y con la indiscutible complicidad de la gran industria alemana.
Todos ellos participaron en la mayor matanza de toda la historia de la humanidad.
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