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Santa Clara de Sucre: un salvamento ejemplar ?
 
 
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Introducción.

Este año (2007) se cumple ya una década desde el primer trabajo de un equipo francés de organería en tierras sudamericanas.

En aquella ocasión, los resultados no fueron positivos, pues se desfiguró definitivamente el instrumento que se conserva en el Convento de Santa Clara de la ciudad de Sucre, Bolivia.

El informe que transcribimos a continuación levantó una gran polvareda en su momento, pero sirvió para que no se volvieran a manosear indiscriminadamente instrumentos antiguos en la región de los andes bolivianos.

En esa oportunidad, la “restauración” fue promocionada a través de los medios, con un notorio uso de palabras tales como “salvamento” y “rescate”. Se habló entonces de “La real historia de un salvamento ejemplar” (ver el librillo que acompaña a los tres CDs editados por el sello francés K-617; artículo firmado por Alain Pacquier).

El programa del concierto inaugural afirmaba que el órgano volvía a sonar después de 333 años, tomándolo como obra de Pedro de las Casas (1664). En realidad, el instrumento había estado sonando hasta hacían pocas décadas, había sido construido por Fray Pedro Matos en 1792, y los trabajos distaron mucho de la pretendida ejemplaridad.

La historia parece repetirse, y esto nos mueve a dar nuevamente a publicidad el texto sobre el trabajo de Sucre. El año pasado, los órganos mayores de la catedral de Cusco (Perú) fueron intervenidos por un equipo capitaneado por el mismo profesional, el organista francés Francis Chapelet. Como en el caso anterior, una vez concluidos los trabajos, se los publicitó en términos de “rescate” y “resurrección” de instrumentos que habrían permanecido silenciosos por 200 años.

Ciertos informes que obran en nuestro poder indican que, una vez más, el trabajo no fue respetuoso de las cualidades y del valor intrínseco de estos instrumentos. Por otra parte, es sabido que organistas de la talla de Cristina García Banegas y Miguel Juárez dieron conciertos en estos instrumentos hace no más de quince años.

En la medida en que estas supuestas restauraciones -ofrecidas con poco o ningún gasto para las iglesias locales- no se realicen a partir de un riguroso respeto por las características y la historia de los instrumentos, ellas continuarán siendo “Caballos de Troya”: muy atractivas para quienes desean que los instrumentos funcionen de nuevo y no pueden o no quieren reunir los fondos para solventar el trabajo, pero por otra parte dañinas para las obras de arte, que pierden mucho de su valor histórico.

Semejantes operaciones revisten carácter neocolonial, en tanto revelan el desdén de quienes las realizan por los instrumentos que trabajan, su búsqueda de autopromoción a expensas del patrimonio ajeno, y -últimamente- su desprecio por América Latina, su gente y sus tradiciones.

La “Restauración” del Órgano del Convento de Santa Clara de Sucre (Bolivia).

Por Bernardo Illari y Enrique Godoy.

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Antigua fotografía del órgano del Convento de Santa Clara de Sucre, en la cual puede verse al instrumento en su emplazamiento original del Coro Alto.

El día 3 de diciembre de 1997, el organista francés Francis Chapelet reinauguró con un concierto el instrumento del monasterio de Santa Clara de Sucre, tras la reparación realizada bajo su propia dirección y la de Pascal Quoirin.

De manera insólita, los trabajos de aderezo fueron concluidos en poco más de veinte días, siendo este apuro el principal causante de una serie de irregularidades, las cuales se expondrán más adelante.

Comencemos pues por analizar algunos datos históricos referentes a este bello órgano ...

Durante muchos años se creyó -erróneamente- que el instrumento fuera la ópera prima de Pedro de las Casas, quien en 1664 efectivamente realizó un órgano para el monasterio pero, como veremos, no se trata del que hoy nos ocupa.

Gracias a las investigaciones realizadas -con posterioridad a la “restauración”- por el Prof. Bernardo Illari, el contrato original que se conserva en el Archivo de la Biblioteca Nacional (ABN EP Toledo 193, Folio 266) ha aclarado esta cuestión. El mismo, en su parte más significativa, es del tenor siguiente:

“En la ciudad de La Plata en veinte y un días del mes de jullio de mill y seiscientos y sesenta y quatro años … pareció Pedro de las Cassas maestro de haçer organos residente en esta ciudad de quien doy fé que conosco y otorgo que se obligava y obligo de haçer y que hara un organo de siete palmos de alto de seis mixturas partidas acavado con toda perfeccion para el coro de la Iglesia y Monasterio de Monjas de Santa Clara de esta ciudad y lo a de dar acavado puesto y armado en el dicho coro de manera que se pueda tocar en el la calenda de la misa de la Santa Pascua de Navidad del presente año … a contento y satisfacción del Rdo. P. Fray Antonio del Postigo bicario administrador del Monasterio de la Orden de San Francisco … por razón … a de dar y pagar … por el dicho organo nueve cientos y cincuenta pesos de a ocho Reales la mitad de ellos para yr costeando la obra … y la otra mitad acavado … el organo … y mas a de dar un organito chiquito que tiene … Fray Antonio del Postigo … “

Por la somera descripción que del instrumento se hace en esta contrata, queda en evidencia que aquel no es sino mucho más pequeño que el conservado hasta nuestros días.

Según el testimonio de las religiosas más antiguas y memoriosas, el órgano que habría sido construido por Pedro de las Casas existía aún hacia los años ´60 y se ubicaba -dentro de la clausura- en el coro bajo. Al parecer, su caja estaba ricamente adornada y policromada.

Lamentablemente éste fue botado como basura debido al alto grado de apolillamiento que sufrían sus maderas, hecho que -desde luego- no justifica tal fin.

Cien años después de su factura, los libros de gastos registraban los aderezos practicados en el instrumento:

Septiembre, 1768 … “pagué al maestro organista por la compostura de el fuelle de el organo de abaxo … $ 001”

Abril, 1769 … “remití antes otros cien ladrillos que importaron dos Ps. Los que se gastaron en el poyo que se hizo para los fuelles del organo … $ 002”

Despejada entonces la duda sobre aquel instrumento del siglo XVII, quedaba ahora el interrogante de quién sería pues el verdadero artífice del órgano que recientemente había sido reparado por el equipo de expertos franceses.

Con el afán de echar algo de luz sobre esta cuestión, iniciamos -a pocos días de la conclusión de los trabajos de aderezo del órgano- junto a las investigadoras María Luisa Suárez y Blanca Tórrez Martínez una búsqueda de documentación en el propio archivo del convento y, afortunadamente, los resultados no se hicieron esperar.

Hacia las diez de la mañana del 22 de diciembre, fue el Mtro. Enrique Godoy quien encontró los primeros datos referentes a la construcción del instrumento.

En efecto, el “Quaderno del Gasto Mensual que tiene las Religiosas del Monasterio de Sta. Clara, pertenecientes al año de 1792” contiene la cuenta del costo y gastos “impedidos en la construcción del órgano nuebo echo por el Pe. Fray Pedro Matos del Orden de la Merced … y composición del organo chico del coro bajo”.

Ya desde la segunda mitad del año de 1791, el administrador Dn. Manuel Morales procuró la compra de metales y otros materiales para la obra del órgano, según se desprende del detalle y los recibos contenidos en el libro.

El documento es bien rico en datos referentes a la construcción y los materiales utilizados: el plomo, azogue y pez se enviaron desde la Villa de Potosí; parte del estaño se compró en Oruro y el resto en la propia ciudad de La Plata; varios burros de leña y carbón se necesitaron para fundir el metal, además de las piezas de bretaña para hacer las planchas para las flautas; cordobanes, alambre de fierro, clavazón, bermellón para soldar las flautas, cola, latón y cobre para las lengüetas, argollas para los fuelles, vigas de madera … todo se registró con admirable cuidado … hasta el aguardiente y el azúcar consumido por el organero y los peones.

Mientras Fray Pedro Matos se ocupaba de la fundición, construcción de la tubería y otros menesteres tales como la hechura de los contrapesos, el carpintero Agustín Villavicencio trabajaba en el “cajón del organo con todas sus secretas, registros, teclas, cajones del viento, fuelles con sus tornos, coronaciones talladas, puertas y la puerta chica de la teclería con sus alcaiates de fierro y chapa de españa”, además de las contras.

Al mismo tiempo, albañiles y peones trabajaban en el coro alto “para ensanchar el coro y dar más buque al lugar del organo”. Estas obras comenzaron el día 13 de febrero de 1792 y al parecer concluyeron el 26 de abril, llegando a emplearse dos maestros y ocho peones a la vez.

Cal, arena, adobes y mil ladrillos fueron necesarios para componer el piso, paredes y techo del coro, esperando la “colocacion del organo nuebo”.

Luego, fue Don Agustín Villavicencio quien se encargó de “labrar las quatro vigas para umbrales que se pusieron en la pared para poner el organo” … y colocar “un tirante de pino entre dichos umbrales” … acomodar y clavar las costaneras quebradas del techo “y abrir la tablazón para la claraboia del coro” … y labrar “dos bigas para poner en el piso del coro alto para que no simbre con el peso del organo”.

Una vez montado el instrumento, del lado del evangelio -como es tradicional-, el afamado maestro Manuel Asencio Gumiel realizó la pintura del “organo nuebo” y sus puertas representando al Rey David tocando el arpa y a Santa Cecilia sentada al órgano, cobrando 35 pesos por ello.

Sólo por su mano de obra recibió Fray Pedro Matos 1.000 pesos, y otros 100 por componer el órgano chico del coro bajo, mientras que Don Agustín Villavicencio fue recompensado con 282 pesos.

En total, la obra del órgano nuevo y la reparación del ya existente costaron al monasterio la suma de 1.846 pesos con 3 reales.

Para el día 20 de diciembre de 1792, ambos órganos se hallaban ya en perfectas condiciones y, con seguridad, se estrenó el “nuebo” para la Navidad de aquel año.

Algunos años más tarde, ya en los comienzos del siguiente siglo, los libros de gastos dan cuenta de las atenciones que ambos instrumentos necesitaron:

1800 … “Yt. Cincuenta Ps. Entregados al P. organero al cumplimiento de la contrata que tenían hecha”.

1802 … “Yt. Ocho Ps. que pidió la R.M.A. para pagar al Mtro. Organero Dn. Manuel Mesa por haber mudado las teclas del organo que se halla en el coro bajo”.

1803 … “… destinado los quatro RRs. Restantes de la R.M.A. y comunidad para una organista”.

1805 … “Yt. Cinco Ps. un Rl. Pagado al Mtro. Carpintero Dn. Luis Telles por la composición de las ruedas del organo”. “Yt. Diez RRs. Pagados al herrero y carpintero por la composición del fuelle del organo grande”.

1806 … “la Sa. Vicaria pidio doce RRs. Para pagar dos libras de fierro a cinco RRs. Que entro en un clabo grande del organo y dos RRs. Por la hechura”.

1809 … “Yt. Nueve Ps. gastados en las dos puertas o portones para el organo, en esta forma, quatro Ps. quatro RRs. En las seis visagras a seis RRs.”. “Yt. quarenta y ocho Ps. satisfechos de orden de la R.M.A. a Dn. Matheo Anzaldo por la composición del organo grande”. “Yt. al mismo nueve Ps. por la del organo chico que se halla en el coro bajo, y (…) importado diez y nueve, puso la R.M.A. los diez de unas flautas sueltas que las vendio, cuyo es devido a su industria”.

Asimismo, se encuentran inscripciones hechas por los miembros de una de las más importantes familias de organeros que estuvieron activos en Bolivia -sobretodo- durante el siglo XIX: los Herbas.

En el frente de la caja dice “Daniel Herbas 1860” y “Daniel Herbas 1881”; en los resonadores de algunas trompas reza “Fabrico Julian Herbas” y “Demetrio Herbas 1870”. Recordemos que fue Don Casimiro Hervas quien concluyó el órgano de la iglesia de San Pedro de Tarata, en Cochabamba, en 1809 e inició -al parecer- esta larga tradición familiar.

A pesar de la demanda en su contra -iniciada en el año 1898- por la cual se abandonó la manutención del instrumento, los Herbas conservaron el órgano de Fray Pedro Matos, el cual siguió cantando -aunque no sin dificultad- desde su emplazamiento original del coro alto hasta que, al convertirse éste en museo, se lo trasladó al coro bajo.

En el “Libro de Ingresos y Egresos del Monasterio de Santa Clara, de Agosto de 1969 a Junio de 1972” se lee:

“18 de marzo de 1971 … Museo = Por desarmar y armar el órgano se canceló al Dr. Peñaranda s/r … $ 1.000”.

Felizmente, dicha mudanza se realizó con toda cautela -con la colaboración de las mismas religiosas del convento- y el instrumento fue rearmado cuidadosamente; para ello fue necesario cavar una fosa a fin de dar cabida al órgano.

Posiblemente, años antes de que se produjera este traslado había ya dejado de cantar este bello instrumento, que llegó así hasta nuestros días esperando una restauración, la cual -a pesar de los trabajos realizados recientemente- aún no se produjo.

Informe sobre la “restauración” del órgano.

El día 11 de noviembre de 1997 arribó a la ciudad de Sucre el equipo de seis expertos franceses que, según se suponía, se haría cargo de la restauración del órgano histórico del Convento de Santa Clara.

Este equipo estaba integrado por los siguientes miembros:

Francis Chapelet (organista)
Pascal Quoirin (organero)
Bertrand Cattiaux (organero)
Jean-Louis Louriaut (organero)
Raphaël Gaçon (tubero)
Mustapha Benoudiba (carpintero)

Lo primero que hay que observar es que en todo momento se tomó al instrumento como la obra primera del joven Pedro de las Casas, quien tres años antes de construir un órgano para este cenobio se hallaba en Potosí como aprendiz del maestro Dn. Diego de Vera, tal como lo atestigua un documento conservado en el Archivo de la Casa de Moneda de aquella otrora Villa Imperial.

Llama pues nuestra atención la falta de investigación previa de parte de los responsables en la búsqueda de la documentación adecuada ya que, como vimos, el instrumento fue construido -en realidad- en 1792 y no en 1664 …

Este error -grosero, además, por tratarse de la primera experiencia sudamericana de dicho equipo- determinó una serie de irregularidades que borraron para siempre la esencia de este bello órgano, plasmada por mano de su artífice: Fray Pedro Matos.

Por empezar, el instrumento fue totalmente desguazado en apenas unas horas sin haberse intentado previamente -siquiera- su puesta en funcionamiento provisorio, lo que hubiera significado un aporte de valor incalculable en cuanto a la armonización primitiva de los tubos y la sonoridad a ser respetada y reproducida.

Desde un primer momento, el poco feliz comentario entre los operarios, al contemplar la factura de la tubería fue: “la caja y las partes de madera están muy bien construidas, pero es evidente que Pedro de las Casas no entendía mucho de tubos” …

Este desdén explica -en parte- la posterior toma de decisiones que terminó por desfigurar irremediablemente la sonoridad del órgano.

Del mismo modo se sacrificó de entrada y sin miramientos el fuelle existente de accionamiento manual con sus bombas y su palanca alternadora ya que -según se pensó- este sistema de insuflación no era conocido aún en el siglo XVII y, por lo tanto, dicho fuelle no sería “original”.

En fin, el listado de irregularidades más significativas, con las soluciones propuestas -en los casos en que todavía es posible realizarlas- es el siguiente:

1- Falta de investigación y documentación adecuada sobre la época y circunstancias de construcción. Este órgano no es la “ópera prima” de Pedro de las Casas (1664) como supusieron los operarios franceses, sino un instrumento del período central de la producción de Fray Pedro Matos (1792). Su diseño original merece, por lo tanto, un respeto que no le dispensaron los expertos gálicos.

2- Alteración del fuelle antiguo, el cual estaba en condiciones de funcionar. Este procedimiento es inexcusable en una restauración que se precie de tal y demuestra la falta de respeto por la obra de Fray Pedro Matos.

Solución: irreversible.
Opción: reconstruir el diseño antiguo del fuelle.

3- Achicamiento del fuelle por la supresión de dos pliegues del original; destrucción del sistema de alimentación manual del instrumento (una de las bombas fue sacrificada para completar el asiento del organista, procedimiento inexcusable).

Solución: reconstruir el diseño antiguo del fuelle.

4- Aumento desmesurado de la presión de aire (actualmente 64mm. de c/a). Si bien se reutilizaron las pesas originales de plomo del fuelle, el quite de pliegues así como la exagerada presión generada por el moto-ventilador eléctrico añadido durante la reparación, han provocado tal incremento.

Solución: reconstruir el diseño antiguo del fuelle.

5- Rearmonización indiscriminada de la tubería según el gusto de los restauradores; proceso inexcusable, ya que en ningún momento se buscó la referencia a la entonación original. Como consecuencia de lo descrito en este punto y el anterior, el órgano ya no “canta” sino que “grita” de una manera extremadamente violenta que no se condice ni con la estética ni la usanza tradicional, y sobrepasa -además- el límite de lo tolerable.

Solución: irreversible.

6- Rearmonización de las Trompas, con evidencia de cortes practicados en el remate de los resonadores. Este proceso se realizó por creer los expertos que las proporciones de los caños no eran las “correctas”.

Solución: irreversible.

7- Supresión de una fila de tubos del Lleno para la mano izquierda. Decisión causada por el apuro con que se realizó la “restauración”: ante la imposibilidad de fabricar nuevos caños destinados a cubrir aquellos faltantes en el Lleno, se colocaron estos tubos -provenientes de la fila suprimida- en el lugar de aquellos faltantes.

Solución: irreversible. Gran parte de los caños sobrantes fueron obsequiados por los operarios a terceros como “souvenirs”.

8- Cortes en la casi totalidad de los tubos del Lleno, a la altura de la unión entre el pie y el cuerpo de los mismos, con el fin de bajar las bocas. Este proceso responde a la falsa idea de un instrumento de sonoridad incisiva y a la reprochable actitud de falta de respeto hacia la voluntad del artífice original.

Solución: irreversible.

9- Corte de uno de los caños mayores del registro de Enflautado, con el único fin de escribir en el alma del mismo los nombres de los seis operarios franceses. Proceso totalmente innecesario.

10- Sustitución del registro Tapadas de 6 palmos por uno de octava abierta. Este es el único detalle de la reconstrucción del instrumento que fue abiertamente comunicado y “justificado” por los expertos. Según ellos, el registro no era original del instrumento (partiendo -claro está- de la errónea autoría de Pedro de las Casas y de la pifiática fecha de 1664), sino que fue colocado posteriormente en reemplazo del juego -supuestamente original- abierto de seis palmos, o bien reformando los mismos mediante el corte y la colocación de tapas y orejas.

Ante la imposibilidad de construir en tan poco tiempo nuevos caños abiertos en tono de seis palmos, se tomó entonces en “préstamo” el registro de fachada del órgano de la Capilla de Guadalupe -capilla anexa a la Catedral de Sucre- instrumento de características totalmente distintas al del Convento de Santa Clara … se trata de un órgano originalmente de tono de seis palmos y construido a mediados del siglo XVI por Sebastián de León y Cárdenas.

El registro tomado en préstamo estaba incompleto, en parte por corresponder a un teclado y secreta de menor extensión (42 notas y no 45 como el de Santa Clara) además de faltarle tubos en la región central. El juego de tapadas proporcionó entonces los caños faltantes, los cuales fueron modificados de tal manera que ya no pueden ser recuperados en su anterior estado.

Este procedimiento es totalmente discutible ya que no se ha fundamentado de ninguna forma la veracidad de la disposición original del instrumento, ni de sus posteriores reformas. Aún así, siendo que el supuesto reemplazo de la Octava abierta por las Tapadas se tratara de una reforma posterior, la misma antigüedad de este último juego bastaría para otorgarle un trato prioritario sobre tubería de nueva factura o, más aún, de caños venidos de un instrumento ajeno.

Solución: restaurar y restituir lo que resta del juego de Tapadas, el cual se revela ahora como indispensable. Además, devolución de los préstamos.

11- Supresión del juego de Tambor, supuestamente debido a la falta de tiempo para realizar el trabajo. Es éste, junto con las Pajarillas, un registro “de pueblo” infaltable en los instrumentos de la región andina, hallándoselo aún en pequeños órganos procesionales o realejos.

Solución: restaurar y colocar el tambor.

12- Supresión del juego de Pajarillas. Ante la imposibilidad de hacer funcionar las dos jaulas originales del instrumento, se tomaron en “préstamo” las jaulas de Pajarillas del órgano que hoy se ubica en el coro alto de la Iglesia de La Merced, una de las cuales fue masacrada y la otra se utilizó en forma fallida, ya que no funcionó ni siquiera como montaje provisorio. También fue tomada en préstamo la jaula de Pajarillas del órgano de la Capilla de Guadalupe (que ya había sido despojado de sus caños de fachada, como quedó dicho) e instalada con el mismo magro resultado. Siendo que se fracasó en todos los intentos por hacer cantar a los pajarillos en Santa Clara, las jaulas prestadas debieron volver -aunque ahora dañadas- a sus instrumentos respectivos … pues no, aquellas fueron regaladas por los expertos a terceras personas como graciosas curiosidades.

Solución: irreversible.
Opción: construir un par de jaulas tomando un modelo apropiado; devolución de los préstamos.

13- Afinación del instrumento de acuerdo a una partición inadecuada (temperamento “Rameau”). Si bien dicha partición representa una solución aceptable por tratarse de un temperamento mesotónico atenuado, no existen fuentes que documenten de manera alguna su utilización, teniendo en cuenta la región y la época de construcción del órgano.

Solución: reafinar nuevamente el instrumento de acuerdo a alguno de los temperamentos en uso en la época y en la región del altiplano, para lo cual deberían realizarse estudios previos en los órganos sobrevivientes y en la literatura de aquel tiempo.

14- Reubicación del instrumento en un lugar totalmente inapropiado. El órgano fue desmontado de su última ubicación en el coro bajo, reparado y vuelto a montar sobre el piso mismo del recinto de la iglesia, a la altura del público, al fondo del templo, quedando su fachada paralela al Altar, a escasos tres metros de la entrada principal del templo y sin protección alguna.

Es ésta una ubicación totalmente novedosa para las iglesias y monasterios coloniales de la región andina, la cual sólo responde a una muy reprobable idea de lucimiento estético del órgano en misas y conciertos.

El montaje del instrumento en su actual emplazamiento no responde a ninguna tradición local, en realidad la contradice, ya que ahora el organista debe tocar al estilo opuesto, dando la espalda al altar y haciendo irreverencia al Santísimo. Ni siquiera resulta cómoda ésta posición para el uso del instrumento en conciertos, pues cada vez que se ofrece un recital, es necesario dar vuelta la totalidad de los bancos en la iglesia, como quedó demostrado en el concierto de reinauguración.

Desde el punto de vista fónico, resulta esta ubicación por demás inapropiada y hasta contraria a la función primitiva del órgano. Cuando el instrumento cantaba desde la clausura, acompañando las voces de las religiosas desde el coro alto, el resto de la asamblea recibía sus sonidos desde la lejanía … hoy, el público debe soportar el grito de los caños desde la cercanía y a la altura misma de sus oídos.

En fin, una decisión reprochable por donde se la analice …

Solución: desmontar completamente el instrumento y reubicarlo. Ante la supuesta imposibilidad de devolver el órgano a su emplazamiento original en el coro alto -lo cual sería lo ideal- debería colocarse el instrumento -al menos- al fondo de la nave de la iglesia, de costado, contra la pared y del lado de la epístola.

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Fotografía reciente del órgano del Convento de Santa Clara de Sucre, en la cual puede verse al instrumento en su emplazamiento actual sobre el piso mismo de la iglesia.

Claro está que este listado podría continuar enumerando otros tantos daños “menores”, como ser la utilización de pinturas inadecuadas o la alteración de la estructura de las tapas … pero bueno, preferimos citar solamente aquellas decisiones erradas y las acciones que terminaron por modificar irremediablemente la sonoridad del órgano de marras.

Durante el mes de abril y primeros días del mes de mayo de 1998, los organistas Francis Chapelet (Francia), Norberto Broggini (Argentina) y Cristina García Banegas (Uruguay) realizaron sobre el instrumento -cada uno por separado- las tomas de sonido para lo que luego se convertiría en el CD triple que el sello francés K-617 publicó bajo el sugestivo título de “De la Música de los Conquistadores al Libro de Órgano de los Indios Chiquitos”.

Lamentablemente, los micrófonos con los cuales se realizaron las tomas fueron colocados a escasísimos dos metros de la fachada del instrumento, apuntando hacia él y -además- a la altura de las bocas de los tubos … una posición que desde luego ningún oyente adoptaría.

Como resultado de esto, sólo se han conseguido exagerar -aún más- las miserias de la nueva armonización del órgano.

En el librillo que acompaña a los CDs, puede leerse una nota firmada por Alain Pacquier, la cual lleva por título “Santa Clara: La Real Historia de un Salvamento Ejemplar” …

Un salvamento ejemplar ? … nada más lejano a la verdad !

Vale aclarar entonces, para aquellas personas que tengan ocasión de oír estos discos, que se podrá disfrutar -por cierto- con la excelente ejecución de los intérpretes, pero las sonoridades que se escucharán, poco tienen que ver con las de un órgano colonial altoperuano.

Sólo nos resta ahora hacer votos para que el atropello que aquí se perpetró no vuelva a repetirse en el futuro, si es que las autoridades responsables deciden continuar con la restauración de instrumentos antiguos en sudamérica.

Estos órganos tienen un valor incalculable: como instrumentos musicales, son fieles testigos de los gustos de la época de su construcción y deberían -por lo tanto- hacernos llegar esos sonidos del pasado tal como los concibieron sus artífices; además, como obras de arte, representan -en no pocos casos- el ornamento más bello con el que cuenta una capilla o iglesia.

El patrimonio histórico de los países americanos merece un tratamiento tan respetuoso como el de los otros países del mundo. Los expertos organeros franceses que tuvieron a su cargo el trabajo en Santa Clara de Sucre cuentan en su haber con restauraciones cuidadosas y de prestigio … ¿ porqué entonces eligieron hacer las cosas de otro modo en Bolivia ?