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por Enrique Alejandro Godoy
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Respuesta al artículo “Los Órganos Históricos de la Catedral de Cusco, Masacre o Real Salvamento ?” firmado por el Sr. Alain Pacquier*, Director del programa “Los Caminos del Barroco en el Nuevo Mundo”.
*este artículo puede ser visitado en la siguiente dirección:
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Ante todo, y aunque me sea difícil soportar la tentación de divulgar los unánimemente negativos comentarios que varias personas -todas ellas con vastos conocimientos en el campo de la organería y/o la musicología- me han hecho llegar sobre el tema principal del ofensivo artículo del Sr. Pacquier, es decir el “rescate” de los órganos de la Catedral del Cuzco, me abstendré de opinar al respecto por una sencilla razón: no he participado en forma alguna de este aventurero trabajo y tampoco tuve oportunidad de visitar los instrumentos en cuestión luego de la intervención del Sr. Dupont y su equipo.
Simplemente me limitaré a contestar a las irritantes palabras del Sr. Pacquier respecto del informe que oportunamente redactamos junto al Prof. Bernardo Illari sobre la “restauración” del órgano del Convento de Santa Clara de Sucre, tarea que estuvo a cargo del organero francés Pascal Quoirin en el año 1997.
Dicho informe se halla reproducido -en su totalidad- en la dirección siguiente, donde puede ser consultado libremente por quien esté interesado:
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Dicho informe no está basado ni en chismes ni en correspondencia privada alguna (como las palabras del Sr. Pacquier, quien incurre -además- en el delito de hacer pública una correspondencia privada entre el Prof. Illari y la Prof. Gascón) sino en la participación y observación directa de los trabajos por parte de quien suscribe estas líneas.
Por otra parte, no considero apropiado defender ni condenar las palabras del Profesor Bernardo Illari vertidas al final del malicioso artículo del Sr. Pacquier, pues la excelente reputación que el Prof. Illari se ha ganado a lo largo de su carrera como musicólogo es muestra más que suficiente de su seriedad y competencia.
Debo decir, sin embargo, que también yo tenía entendido que los órganos mayores de la Catedral de Cuzco se hallaban templados -entre sí- a distancia de cuarta, información brindada por el reconocido historiador del arte Don José de Mesa en un pionero artículo suyo sobre los órganos coloniales sudamericanos; información ésta, que no me atrevería a poner en tela de juicio ni aún hoy.
Volviendo al tema del informe de los trabajos realizados sobre el instrumento del Monasterio sucrense de Santa Clara, el Sr. Pacquier lo califica como un “ataque … ridículo y mentiroso”, agregando que mi persona “omitió simplemente que él mismo había formado parte del equipo de restauración (entonces dirigido por el organero Pascal Quoirin asistido por Bertrand Cattiaux) y que su total incompetencia en materia de organería había sido muy difícil de asumir por todo el resto del equipo”.
Primero: podemos tomar el significado de las palabras “ataque” y “ridículo” como subjetivo -y por lo tanto sin importancia- ya que sólo representan la muy cuestionable opinión del Sr. Pacquier.
La utilización de la palabra “mentiroso” representa una inequívoca acusación y merece, por lo tanto, una justa aclaración.
Sr. Pacquier: qué párrafo del informe es considerado por Ud. como una mentira ?
Qué puede decir alguien como Ud., que poco entiende de órganos y que -dicho sea de paso- no participó activamente en manera alguna de los trabajos en cuestión ?
Su acusación resulta, por ende, poco seria al estar basada simplemente en comentarios y correspondencia privada de algunos miembros del equipo de trabajo.
En la totalidad del informe, no existe ni una sola palabra que pueda ser catalogada como “mentirosa”, ya que este expone con total claridad y absoluto desinterés el abreviado catálogo de atrocidades técnicas que el equipo de “expertos” cometió durante los veinte días (!) que duró la transformación del desdichado instrumento en cuestión.
Aquel que quisiera corroborar todo y cuanto se dice en el informe, no tiene más que apersonarse en el Convento de Santa Clara de Sucre (Bolivia), y podrá confirmarlo con sus propios ojos (y oídos) al revisar el órgano.
Segundo: sobre la presunta omisión de mi parte al hecho de haber “formado parte del equipo de restauración” debo aclarar que si bien colaboré (en forma totalmente gratuita y desinteresada) realizando los trabajos asignados por los miembros de dicho equipo, en ningún momento -ni antes, ni durante, ni después- consideré haber formado parte del equipo, pues ello bastaría para convertirme en cómplice de las felonías perpetradas contra el otrora bello instrumento que hasta el mes de diciembre del año 1997 se conservó prácticamente intacto en el coro del Convento de Santa Clara.
Tercero: sobre la cita del Sr. Pacquier, que -refiriéndose a mi persona- escupe: “que su total incompetencia en materia de organería había sido muy difícil de asumir por todo el resto del equipo” …
Sería justo que los Sres. Bertrand Cattiaux, Jean-Louis Louriaut, Raphaël Gaçon, Mustapha Benoudiba -miembros todos ellos del equipo de trabajo- y los Sres. Carlos Seoane, Marcos Clemente y Amado Cadena -desinteresados colaboradores- pudieran verter su opinión sobre mi supuesta incompetencia.
Cómo podría una persona, que supuestamente demuestra una total incompetencia en materia de organería, redactar un artículo tal como “Breve Semblanza del Órgano Barroco Andino” (publicado por DATA - Revista del Instituto de Estudios Andinos y Amazónicos - Nº 7 - 1997 / La Paz - Bolivia / Impreso en el mes de abril de 1997) ?
Por otra parte, cómo es posible que un incompetente organero pueda redactar un informe técnico tan detallado como el que el Sr. Pacquier ahora -después de diez años- cuestiona ?
No será, más bien, que alguien que es capaz de marcar los errores técnicos y conceptuales de supuestos “expertos” está -aunque le duela al Sr. Pacquier reconocerlo- un escalón más arriba en la escala de comprensión de la escuela de organería de los Andes y sus peculiaridades ?
Yo no olvidaría además, Sr. Pacquier, que fue este “incompetente organero” quien le evitó a Ud. la humillación que hubiera representado el hecho de comercializar el cofre de tres CDs del sello K-617 “De la Música de los Conquistadores al Libro de Órgano de los Indios Chiquitos” como grabado en un órgano construido por Pedro de las Casas en 1664, tal como los “expertos” pensaron en todo momento.
Se supo, gracias al “ataque … ridículo y mentiroso” que usted condena, que el instrumento fue construido -en realidad- por Fray Pedro Matos en 1792.
Al parecer, no sólo carece Ud. de todo sentido de autocrítica, sino también de toda capacidad de agradecimiento.
Para terminar (por ahora) … le dejo un par de preguntas al Sr. Alain Pacquier:
Quién fue el mendigo que los llamó -a Ud. y a sus amigos- para que vengan a tierras americanas a esparcir su presunta beneficencia organística ?
Cuántos millares de francos ha metido Ud. a su bolsillo -en forma desinteresada, supongo- en todos estos años que lleva promocionando su programa “Les Chemins du Baroque” ?
Sepa Ud., Sr. Pacquier, que por estas latitudes somos cada vez más los que pensamos que ya fue suficiente !
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