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La Enfermedad del Órgano
 
 
Artículo enviado por Pablo Rey, de España.
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Durante siglos se ha descrito al órgano como el “rey de los instrumentos”, aunque quizá la atención que se le ha dedicado en los últimos años no ha reflejado, en su totalidad, esa descripción que le identifica como tal. Tendríamos que remontarnos a los siglos anteriores al XIX para comprender el porqué compositores como Mozart, y algunos otros de su época y la anterior, se dirigían al órgano como “el rey de los instrumentos”. Bien es sabido que una de las razones por la cual se le bautizó con esta descripción fue por su magnitud, tanto por la cantidad de combinaciones armónicas y posibilidades sonoras que ofrece éste instrumento para un solo intérprete, como por su gran tamaño. Al simplificar el Rito, el órgano ve abreviada su intervención básicamente relegada al acompañamiento de la asamblea.

Es verdad que hoy en día se están restaurando órganos históricos en muchas zonas de la Península, tal vez no todo lo que éste instrumento se merece, pero también es verdad que aparte de una de las enfermedades que van matando al órgano es la poca disposición, por parte de los gobiernos, a destinar una cantidad del presupuesto económico para la manutención y restauración de nuestros órganos. Hay otras que son igual de letales y que verdaderamente están haciendo daño al patrimonio organístico de España, posiblemente también ocurra en otros muchos lugares. Me estoy refiriendo a una enfermedad que a nivel social pasa muy desapercibida pero que está ahí y le afecta directamente al órgano.

Cabe preguntarse que futuro aguarda al órgano y organistas de aquí a unos años. A pesar de mi corta experiencia me atrevo a augurar un futuro no muy boyante, a tenor de lo que ocurre en iglesias y catedrales, en los círculos de los maestros organeros, organistas y compositores.

Cuando acudimos a un concierto de órgano escuchamos obras maravillosas, organistas que sonríen de felicidad al recibir los aplausos del público, bonitas presentaciones y normalmente una gran presentación del currículum del organista unos minutos antes del concierto que habitualmente suele ser merecedor de un gran respeto y orgullo acreditado por un público asombrado y respetuoso con el músico y con su trabajo. Todo esto es como la fachada de un órgano, es decir, lo que el público puede ver, pero dentro de ese órgano hay un gran “secreto” lleno de tubos, que a mi juicio, necesita una gran restauración y que si no lo remediamos puede llegar a convertirse en un problema directo para el órgano y su entorno. Lo que poca gente conoce son todas las barreras y obstáculos a los que se tiene que enfrentar un organista antes de un concierto, en las preparaciones del programa y ensayos, por no decir a toda clase de censuras absurdas a las qué se tiene que afrontar a la hora de presentar su programa de concierto en una iglesia o catedral.

Sin ir más lejos, uno de los ejemplos está en los obstáculos a los que ha tenido que enfrentarse un gran organista y amigo mío, Modest Moreno i Morera, durante su amplia carrera organística, teniendo que soportar desde censuras incomprensibles de obras en sus programas de conciertos por parte de personalidades en el ámbito de la Iglesia estando en un siglo XXI, hasta la última en que le solicitaron para un concierto en Andalucía y sin razón alguna tuvo que sentirse desautorizado por alguien que adujo con ligereza y desaprensivamente que no poseía el título de órgano, y por lo tanto vetaban la ejecución de su concierto. Este profesional se dedica a la docencia musical. Como organista imparte clases y prepara conciertos a nivel internacional. Tiene grabada y editada multitud de obras para la radio e importantes firmas discográficas, recorriendo toda una cronología desde Alberch Vila, Cabezón, Aguilera de Heredia, Correa de Arauxo, Brocarte, Bruna, Menalt, Cabanilles, López, Soler, Viola, Casanoves, Brell, Boada, Vinyals, hasta Bach, y obras contemporáneas de nuestro tiempo. Es indiscutible que su currículum es amplio, tanto como solista, con o sin orquesta, en España, Rusia, etc. en órganos europeos y españoles. Compositores que le escriben obras para que las estrene al órgano (Baucells, Mateos...). Juzgar a alguien por sus títulos y no por su forma de tocar, no vacuna de velados prejuicios. Salvando las distancias, ¿quién le pediría su título a Bach? Personalmente me inclino a examinar un currículum (una carrera profesional que este es su significado) como criterio más plausible.

También podría nombrar todas las censuras de obras que muchos organistas han padecido y siguen padeciendo hoy por hoy en sus conciertos. A mi parecer son totalmente inadmisibles y que nada tienen que ver con el siglo en que vivimos. Obras que les han sido tachadas de sus programas, por curas y párrocos, por pertenecer esas obras a óperas y versiones de otras composiciones. Obras de Mozart (porqué fue masón, argumentan), Shostacovich (por no ser católico, esgrimen), u obras que por llevar una dedicatoria del compositor también han sido borradas de un programa, y otros casos que sería prolijo enumerar.

A lo que quiero llegar con esto es a fomentar una toma de conciencia y meditación. Por parte de aquellos que creen que manteniendo esa actitud de censuras, con poner obstáculos a ciertos organistas, no consiguen más que mantener alejados, cada vez más, a la gente del órgano y a sus organistas.

El gran problema de esto es que si un organista no toca el órgano no suena. Y si el órgano no suena el instrumento se muere.

Creo que el órgano es un instrumento para ser tañido, y creo, además, que pese a todo se deberían abrir mucho más las puertas a aquellas personas que están deseosas de tocar el órgano. Por el contrario, dejan de hacerlo al ser testigos en su propia persona de cómo se les niega acceder a este instrumento. Yo mismo dejé de tocar en una concatedral al ver como se me negaba poder estudiar mis dos horas semanales (únicamente) en el órgano donde yo intervenía como organista en la misa de los domingos.

No es fácil acceder a un órgano para estudiar, precisamente por todas las razones que por escrito voy especificando, pero más difícil es tener que soportar las exigencias de aquellos que tienen la llave del órgano, normalmente suele ser el párroco de la iglesia, y tengas que oír eso de que “tienes que estudiar órgano para tocar bien y ser organista”. Luego te encuentres con que pides un par de horas para estudiar en el órgano y precisamente para mejorar en el instrumento, y te las niegan sin razón alguna. Pero eso si, “tienes que estudiar para mejorar en el órgano y ser organista” y estás todos los domingos tocando la misa sin pedir nada a cambio. Por suerte he tenido mucho más apoyo con otras personas que me han ayudado y que nunca me han apartado del órgano, más bien todo lo contrario. Hoy por hoy dispongo de un órgano para estudiar, así como de algún otro párroco y organista que tienen sentido común y valoran lo que es tener un joven dispuesto a entregarse por completo al órgano. Gracias, Modest Moreno i Morera, Joan Carles Castro, Agustí Boadas, Carmen Díaz Baruque, Fermín Trueba, José Antonio Novoa, Diego y Nunilo (Párrocos de Haro y Oyón), Alfonso Abanto, Ricard A, Eduard Flores, Josep Baucells, Josep Palau, y muchos más, siempre abriéndome las puertas al órgano y a la música, aportando vida a este instrumento. Cuanto acabo de consignar ocurre diariamente en muchos sitios. El problema es que las personas que les gusta tocar el órgano dejan de hacerlo porqué terminan hastiados de estas injusticias, las cuales no aportan más que un paulatino alejamiento del organista con el órgano.

Otra causa de desertización del órgano se produce en manos de los constructores de órganos. Un problema que pasa aún más desapercibido por el poco acceso que hay a esta clase de información que voy a detallar. Soy un gran apasionado de la organería, es decir del arte de la construcción de los órganos, pero otro de los problemas graves del órgano viene a cargo de sus propios constructores: Los organeros.

Años atrás los organeros eran considerados verdaderos “Maestros Organeros” y grandes artistas que dedicaban su vida a la restauración, construcción y manutención del órgano. Hoy también pero, por desgracia, en bastante menor mediada. Una de las principales causas de esto es que el oficio de organero ha pasado de ser una dedicación plena al instrumento, convirtiéndose en la constante competición por la competencia. Es el dinero el que prima. Por supuesto acaparar la mayor parte de los órganos, para llenarse el bolsillo de dinero y por consiguiente las fatales consecuencias que de esto deriva y afecta directamente al órgano. Malas construcciones con multitud de fallos en sus mecanismos (por el afán de las prisas por terminar el instrumento), malas restauraciones e inacabadas, órganos que realmente necesitan una reparación y sufren falta de atención, rápidas y fatales revisiones en órganos nuevos, etc.

Soy plenamente consciente de que un organero tiene que pagarse su pan para comer, y que por lo tanto tiene que trabajar muchas horas para poder salir adelante. No obstante he comprobado como algunos organeros han hecho de su oficio un negocio, dejando de lado el verdadero espíritu de un organero y ese afán por mantener realmente vivo el órgano.

Es verdad que conozco organeros que siguen trabajando en lo que realmente importa: El órgano en sí y la falta de atención; no llenarse los bolsillos con muchos trabajos que, a la larga, solo terminan desencadenando en distintas ocasiones, muchas y reiteradas reparaciones por hacer las cosas deprisa y corriendo; un grave problema para el instrumento.

Es una pena ver como unos organeros se critican a otros y se desvaloran entre ellos. Lo importante sería que todos juntos hicieran una piña y aportasen sus conocimientos para mejorar la calidad del órgano.

Puedo asegurar que he pedido ayuda a muchos organeros de la España cuando me han surgido dudas en la construcción de un positivo que estoy llevando acabo. Solo dos organeros me han tendido su brazo para solucionar dudas y poder llevar acabo mi proyecto. Los demás ni tan siquiera me han contestado a los emails que les mandé. Me han dado largas, y he llegado a la conclusión de que no les interesa que alguien aprenda el oficio puesto que puede llegar a ser una competencia en el futuro cuando deberían fomentar este oficio para que éste no muera nunca.

Hoy se están restaurando órganos en España, pero muy pocos con garantías de que perduren, puesto que si ya escasean los organistas, por muchos motivos que ya he descrito, de nada sirve un órgano restaurado. Sin organistas que lo toquen, que informen de sus posibles atenciones y reparaciones, que mantengan vivo éste instrumento y, que por supuesto, haya organeros que realmente sientan una verdadera dedicación a su oficio y no al negocio del dinero, por que como he dicho antes…

Si el órgano no suena, el instrumento se muere.


Pablo Rey - Organista