CONFIANZA EN DIOS

En esta ocasión el tema a tratar es la confianza que necesitamos tener en Dios y en nuestra comunión con Él. La porción a leer está en el Libro de Jeremías 42;18.

Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Como se derramó mi enojo y mi ira sobre los moradores de Jerusalén, así se derramará mi ira sobre vosotros cuando entréis en Egipto; y seréis objeto de execración y de espanto, y de maldición y de afrenta; y no veréis más este lugar.

En esta hora cerremos nuestras Biblias y veamos que tiene el Espíritu para decirnos.

Esta es una Palabra muy dura, muy cruel, una Palabra de castigo, una Palabra de maldición. Pero nosotros tenemos que ver: ¿Porqué el pueblo escogido llegó a esto, por qué Dios se cansa y dice esta Palabra tan dura contra Su pueblo?.

El pueblo de Israel siempre fue un pueblo duro de cerviz, siempre fue un pueblo rebelde. Dios desde temprano lo llamaba y él nunca lo quiso escuchar. Dios mismo con mano todopoderosa lo sacó de la esclavitud del pueblo de Egipto y ellos en un momento quisieron volver a Egipto. Aquí estamos entrando en esta Palabra. Resulta que el pueblo de Israel estaba amenazado por un gran enemigo, el rey de Babilonia, los Caldeos los estaban amenazando y el pueblo de Israel no tuvo mejor ocurrencia que buscar una alianza militar con Egipto, es decir con sus antiguos opresores, con aquel pueblo del cual Dios los había liberado haciendo milagros y maravillas, prodigios como abrir el Mar Rojo para que pasaran en seco. t así el pueblo de Israel falto de entendimiento, duro de corazón, buscó el rostro de Egipto y nó el de Dios. He aquí que había un profeta de Dios, el profeta Jeremías, al cual le fueron a consultar después de haber realizado la alianza con Egipto. Entonces Jeremías decía que el mal había venido sobre el pueblo de Israel, que el pueblo abandonara la ciudad de Jerusalén y se pasara para el lado de los Caldeos, que cada uno que se pasara no moriría sinó que tendría su vida por botín. Fíjense que a todas luces él estaba hablando traición contra el reino. Él esta diciendo a los Hebreos: Pásense a los Caldeos y van a vivir. Esto no era palabra de Jeremías sinó Palabra de Dios. Dios le había dicho que Su pueblo iba a perecer, que Jerusalén iba a ser incendiada, destruida. Esto era voz de Dios en la boca de Jeremías.

El tema de hoy es la confianza, confianza en Dios.

Jeremías era un hombre que tenía la vida completamente entregada, consagrada a Dios. Él ya no vivía por sí, sinó que había entregado toda su vida, todo su ser al Señor. Ahora fíjense que así y todo por la prueba por la que le estaba tocando pasar, ya que él estaba diciendo por boca de Dios que los hebreos debían de pasarse del lado de los Caldeos, que tenían que buscar su refugio en el lado de los enemigos, que Jerusalén iba a ser destruida, esto era una traición. ¡Traición!, gritaron los príncipes del pueblo de Israel y quisieron matar a Jeremías. Pero Jeremías confiaba, fíjese la prueba, fíjese la confianza que tenía en Dios. Dios le había dicho que dijera que el pueblo que se pasara al lado de los Caldeos viviría y eso era lo que él decía. No importaba, no importaba que lo habían tirado en una cisterna, que lo encerraron en un patio, que le habían quitado el pan y el agua. Él estaba diciendo y haciendo la voluntad de Dios. Estaba diciendo al pueblo pasen, pásense para el lado de los Caldeos y vivirán. Él estaba cumpliendo con la voluntad de Dios, pero ¿ Porqué?.

Él tenía plena confianza en la comunión espiritual que tenía con Dios, él confiaba plenamente en la voz de Jehová que escuchaba, él confiaba plenamente en Dios. Si Dios le decía: ¡ Dí que se pasen a los caldeos!, él iba y lo decía, si Dios le decía que se arrepintiera, iba y se arrepentía. Él tenía su vida completamente entregada, su confianza totalmente puesta en las manos de Dios. Él no tenía ningún otro apoyo, él no tenía nada, nada que lo sujetara en esta tierra, nada más que el apoyo y su confianza en Dios. ¡OH, cuanto necesitamos nosotros esa confianza!.

Esta maldición, escrita en la porción que hemos leído, es mal para el pueblo Hebreo, pero ¿ Porqué?.

Porque no había puesto su confianza en Dios, había depositado su confianza en el pueblo de Egipto. Ni bien se le presentó la necesidad, ahí se olvidó de Dios y fue a buscar a un humano, algo que lo pueda socorrer, en vez de doblar sus rodillas y clamar al cielo. Porque cada vez que el pueblo de Israel se arrepentía, cada vez que pedía perdón y confesaba sus pecados a Jehová de los Ejércitos, Dios los perdonaba y los rescataba de todos sus enemigos. Todos sus enemigos fueron vencidos por la mano todopoderosa del Señor cada vez que se arrepentían. ¡Pero nó!, ellos fueron a buscar a Egipto y esto causó la ira de Dios. Ira expresada en la porción que leímos.

Acá esta la parte que nos toca: ¿Nosotros tenemos realmente esa confianza en Dios?, ¿Verdaderamente le creemos a Dios?, ¿Realmente tenemos confianza en nosotros mismos, que tenemos una vida completamente entregada a Dios?, ¿Realmente tenemos esta confianza?, ¿Realmente confiamos plenamente toda nuestra vida, todo nuestro ser, toda nuestra alma y espíritu?, ¿Realmente tenemos esa confianza y certeza?, ¿Realmente confiamos eso hoy?. ¡OH, si realmente tuviéramos esa comunión íntima con el Padre mediante Jesucristo!. Si esto fuera así no pasaría lo siguiente: Si sentís en tu corazón ir y hacer algo, y ese algo va a glorificar el nombre de Jesús, y vas y lo hacés, y después te ponés a pensar si habrá sido de la carne ó del Espíritu. Te preguntás: ¿Habrá sido mi mente que me engañó, habrá sido satanás el que puso este pensamiento?. Yo me pregunto: ¿Porqué pensamos esto?, ¿Si nosotros tenemos una vida entregada a Jesús, realmente entregada, nó por arriba, sino realmente entregada de raíz, porqué tenemos estos pensamientos?, ¿Porqué tenemos esa duda?, ¿Porqué pecamos en nuestro corazón?. La duda es pecado dice la Palabra. ¿Porqué lo hacemos?, ¿No será que algo muy dentro tuyo da testimonio de que realmente te falta conversión y vos acallás esa voz?.

Si Dios te manda a hacer algo, andá y hacelo, y dale gloria porque Él te mandó. No empecés a dudar, ¿habrá sido ó no habrá sido?, ¡Nó!. Si voz estás firme en la roca que es Jesucristo y Él te manda a hacer algo, ¡HACELO!, ¡hacelo en el Nombre de Jesús!. No te importe los problemas que te pueda llegar a traer. A Jeremías lo quisieron matar, ¡traidor!, le gritaban y procuraban matarlo, ¡todo porque estaba haciendo lo que Dios le dijo que hiciera!. Él estaba cumpliendo con la voluntad de Dios. ¡Si Dios te mandó, Él te va a socorrer, Él te va sostener, Él te va a dar la fuerza necesaria y seguramente, seguramente al final tendrás la victoria, porque Él te mandó e hiciste Su voluntad!. Quizás no sea la victoria que vos estás esperando, pero será una victoria al fin.

Tenemos que apartar las dudas y esos malos pensamientos que sí son del diablo. Nosotros no debemos de dudar, capaz si es algo demasiado grande lo que sentís que tenés que hacer consúltalo con tu Pastor, con el Siervo del lugar, orá, ayuná, pero no te tardes. Siendo yo muy nuevo en el Señor, una vez sentí un gran impulso de visitar a una hermana por la cual sentía un amor muy grande, pero en la iglesia que me congregaba se debía de pedir permiso para que los hermanos se visitasen, en fin, yo obedecí la regla de la iglesia. ¡Nunca pedí ese permiso!, en el lapso que llegaba el día de reunión, mi hermana partió con el Señor. Su nombre era Gladys de Olivera.

Si Dios te está mandando a hacer algo espera que lo hagas y listo. Pero recordá que tenés que tener una perfecta comunión con Dios, que tenés que tener una vida completamente entregada, que tenés que tener tu ser crucificado conjuntamente con Cristo en la cruz del calvario. que ya no vivís vos sinó que Cristo vive en vos, de esta manera podrás hacer la voluntad del Padre.

No dudemos, no dudemos cuando Dios nos manda a hacer algo, todo pensamiento bien nacido viene de Dios, dice la Palabra, todo bien viene de Dios. Busquemos que todo sea para la gloria de Dios, no busquemos gloria personal.

Si Él te manda andá y hacelo, Él apartará a todos tus enemigos y pondrá todas las cosas por estrado de tus pies, ¡Porque Él te está mandando!.

Podrás tener guerras, luchas, necesidades, Jeremías las pasó pero siempre cumplió con lo que Dios le pedía que hiciera. Todos los profetas sufrieron, todos los profetas lloraron, todos los siervos de Dios en su momento han sufrido y en gran manera por cumplir el mandamiento que Dios les había dado. Pero lo grande es que todos ellos lo hicieron, quizás llorando, quizás sufriendo pero siempre confiando, siempre confiando por que sabían la comunión íntima que tenían con el Padre Celestial, ellos sabían, sabían que realmente le amaban con todo su corazón y que le habían rendido todo su ser.

Nosotros debemos de analizar si tenemos esta confianza en nuestra comunión íntima con Dios, si tenemos realmente esa confianza de poder escuchar la voz de Dios, si tenemos esa confianza de saber discernir la voz de Dios.

Necesitamos tener la confianza de saber que somos capaces de llevar a cabo la voluntad de Dios, no con nuestra fuerza, sinó con la fuerza de Él, pase lo que pase, caiga 1quien caiga, cueste lo que cueste. Si Dios te dijo hacé esto, andá y hacelo, ¡HACELO EN EL NOMBRE DE JESÚS!, y orá para que Él te sostenga y te solvente la fuerza para hacer aquello que sea Su voluntad.

ESPÍRITU SANTO A TRAVÉS DE BOURLÓN ADRIÁN

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