|
El
Carmelo, escuela de Santidad
El
ilustre cardenal Mercier, arzobispo de Malinas, al volver de Roma,
en donde había asistido a la canonización de Santa Juana de Arco,
quiso pararse en peregrinación en el convento carmelita de Dijón
(Francia). Al mostrarle en la sala Capitular un cuadro de la Beata
Isabel de la Trinidad, preguntó el cardenal :
-¿Cuanto
tiempo pasó en el Carmelo?
- "Cinco años, eminencia", respondió la Madre
Priora.
Y
el cardenal, sonriendo, comentó:
- "Aquí se llega a ser santa muy deprisa".
¿Quiénes
son los Santos?
·
Los únicos
personajes de utilidad pública.Los que, por sus oraciones, la lluvia
cae sobre la tierra, ésta se cubre de verdor y los árboles se cargan
de frutos.
EI mundo seguirá existiendo gracias a la oración de los
Santos.
·
Los
Santos son siempre el honor de su Madre la Iglesia, porque irradian a la
humanidad entera un influjo en gran manera bienhechor.
·
Jesucristo
hace que existan los Santos para producir o aumentar en nosotros
la gracia y contribuir de este modo a nuestra santificación.
·
EI
mayor beneficio de los Santos es su vida misma, que estimula a los demás
a imitar sus ejemplos.
Todos
estamos llamados a la Santidad
Lo
ha dicho Jesucristo: Sed santos como el Padre celestial es santo"
(Mt. 5,48).
"Sed
misericordiosos como el Padre Celestial es misericordioso" (Lc.
6,36).
Y
San Pablo: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación"
(1 Tes 4,3; Ef 1,4).
El
Concilio Vaticano II nos ha recordado que "todos estamos llamados a
la santidad" (L. G. cap. 5).
¿Es
fácil ser santo?
Sí
y no. Un Santo es un hombre o una mujer, que se ha tomado el Evangelio
en serio, y esto no es fácil.
El
Santo no nace santo. Se hace santo. La santidad es un camino largo, duro
y perseverante. No consiste en hacer "cosas raras" o
"extraordinarias", sino en hacerlas cosas ordinarias
"extraordinariamente bien hechas", como dijo el Papa Benedicto
XV a aquel cardenal que ponía sus reparos a incoar el proceso de
beatificación de la futura Santa Teresa del Niño Jesús.
Lo
dijo José María Pemán bellamente en su obra, referida a la vida
de San Francisco Javier, "El Divino Impaciente" : "La
santidad es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer". La
iglesia tiene como una de sus cuatro notas constitutivas la santidad,
luego es absolutamente necesario que en la Iglesia de todos los tiempos
abunden los santos.
Hoy
más que nunca, la Iglesia, el mundo, tienen necesidad de almas santas.
El
Carmelo, en sus casi ocho siglos de vida, fue siempre escuela de
santidad.
"¡Cuántos
santos en el cielo llevan nuestro Hábito! Abrigamos la esperanza de
hacernos, con la gracia de Dios, semejantes a ellos" (Sta. Teresa,
Fund. 29,33).
De
Teresita González Quevedo, carmelita muerta en 1950, afirmó su amiga
Carmen Aguado: "Siempre decía que se había ido a carmelita para
ser santa".
El
Carmelo ha aportado a la Iglesia un acervo riquísimo de doctrina
espiritual, pero seria muy poca cosa si esta sublime doctrina
carmelitana no la hubiera confirmado con la santidad de su vida, es
decir, la de sus hijos.
A
finales del siglo XV, un sabio benedictino, el célebre humanista, abad
Juan Tritemio (+1516), escribió una obrita laudatoria del Carmelo, con
la noble intención de que tanto la juventud carmelitana como los
detractores de la Orden, conocieran la cantidad y calidad de varones
ilustres que ha dado el Carmelo a la Iglesia: aquellos para que los
imitasen, y éstos para hacerles callar, al conocer que el Carmelo era
escuela de ciencia y virtud.
En
ella hacía esta hiperbólica afirmación: "Si hay quien pueda
contar las estrellas del firmamento, ése podría contar los santos del
Carmelo".
(Tomado de Los Santos Carmelitas
del P.Rafael López Melús O.Carm.)
[ Atrás ] [ Principal ] [ Adelante ]
|