Un estilo de vida
“... éste el modelo perfecto del perfecto placer. Es exquisito y le deja a uno insatisfecho. ¿ qué más se puede desear?...”
HISTORIAS
1.- Y ahora qué, le preguntó a su maestro; prosigamos se autorrespondió, ya que el era su propio maestro. Prosiguió y se adentró en el bosque, y el bosque trato de mostrarse, de abrirse ante el desconocido. Primero los pájaros cantaban, pero esto no lo distrajo, siguió como si no los oyese, porque realmente así sucedía, no los oía, porque no los quería oír. Más tarde fue un viejo búho el que se posó a su lado, y lo miró fijamente; pero ni la mirada de aquellos grandiosos ojos, hizo que detuviera su camino, su viaje, su destino; el búho al igual que los pájaros que antes cantaban, voló, mientras el caminaba y caminaba. Ni siquiera unos hermosos cantos lo había conmovido, ni si aquella mirada había conseguido hacerle sentir miedo. Fue después una pequeña ardilla la que se cruzó en su camino, un pequeño animal, capaz de conmover a la mayoría de los seres humanos, un ser tan extraordinario hecho para ser observado. No lo vio él porque no lo quería ver, no lo vio el porque en la concepción de ser que el tenía no entraban los sentimientos ni las emociones, simplemente el respeto, así pues extendió su pierna procurando no pisar a tan grandioso ser y prosiguió su camino como si nada hubiese sucedido. Horas después el bosque le presentó al río que lo atravesaba, un profundo río de aguas tan oscuras como inciertas. Como si el rió no existiese, como si el agua no mojase, como si el miedo no reinase, se sumergió en el mismo, lo atravesó, no se había mojado, no se había ahogado, el miedo, la incertidumbre, no existían porque el seguía adelante, porque no se planteaba si sería capaz de conseguirlo, simplemente se limitaba a lograrlo.
3.- Sus ojos cansados, ya no distinguían las verdades de las mentiras,
sus manos tensas, sus piernas extenuadas, todo él estaba agotado, se encontraba
sumergido en un mar de dolores, penas, fracasos, etc... que lo mermaban físicamente
mientras su mente seguía volando, sobre prados verdes de esperanzas, ilusiones,
que no hacía otra cosa más que seguir mermándolo más y más, parecía que no
tendría fin el sufrimiento; porque a cada idea, a cada proyecto, a cada
esperanza, no le correspondía más que un dolor intenso, agudo que se iba
apoderando poco a poco de su ser. Mientras yo sentado en frente de él trataba
de animarlo, intentando evitar su ya consolidada depresión, sin embargo, era él
el que me contagiaba a mi su estado. Siempre había sido el mejor para todo,
cuando se proponía algo lo conseguía, luchaba, hasta lograrlo; esta vez
supongo me su meta era Yo. Me quería a mí para ahogar sus penas, sus sollozos,
sus supuestas desgracias; tal como si de un barreño lleno de agua se tratase, el sumergía en mi su cabeza, vaciando poco a poco en el salado líquido que de
sus ojos brotaba, unas lágrimas que más de dolor eran de compasión, porque él
era consciente del daño que me hacía. Pero es que todos los nuevos principios
provienen del fin de alguien próximo a nosotros, nadie puede rehacer su vida
sin destrozar la del vecino.
4.- La noche hacía acto de presencia, los animales se iban a descansar,
las tiendas cerraban como si de animales se tratasen,
los padres recogían a sus hijos en la escuela, todos cerraban los ojos,
todos tapaban sus oídos porque no quería ver ni oír lo que allí sucedía.
Las ventanas se cerraban, las luces se apagaban y un silencio ensordecedor
acompañaba la duodécima campanada del reloj de la iglesia. En ese momento una
vida nueva empezaba, la vida del barrendero que limpiaba las calles, la vida del
panadero que nos traía el pan todas las mañanas, la vida de los jóvenes que
tras un día de trabajo salían a celebrarlo, un mundo empezaba, un mundo sin
religión, un mundo sin leyes, un mundo en el que el que todos eran iguales, un
mundo que muchos se empeñaban en caracterizar de utópico, evadiéndose de él,
en fin, un mundo que a muchos le costaba aceptar, un estilo de vida que no convenía
difundir. La mañana llegaba de nuevo tras el dulce descanso, un día más, otro
igual, la monotonía reinaba, los intereses ordenaban y la inteligencia se
condenaba. Día tras día, noche tras noche; como una vela que se encendía y se
apagaba cuando nos interesaba. Todas las noches encendían la vela por no ver la
oscuridad, un día tras otro, hasta que al fin una tarde-noche cuando se
dirigieron el cajón de la despensa para coger la vela y observaron como la vela, se había ido consumiendo, cómo
no tendrían más luz durante la noche, observaron también como sus poderes
religiosos políticos se desvanecían al
mismo tiempo que la utopía se hacía real. A partir de ese día el reloj del
pueblo no volvió a sonar, por dos razones fundamentales; primero, porque todos
eran iguales y segundo porque el reloj estaba en el campanario de la iglesia, el
cual según decían estaba iluminado por luz divina, y la verdad es que lo de la
luz, ya no se llevaba.
5.- Cuando era joven, mucho más de lo que lo soy
ahora; nunca necesité ayuda de nadie en ningún sentido; pero estos días
ya son historia, ya no estoy seguro de mi mismo. Me he encontrado que he de
cambiar mi forma de pensar y abrirme al exterior. Ayudadme, a poner los pies de
nuevo sobre la Tierra. Mi vida ha cambiado en demasiados aspectos, mi
independencia parece desvanecerse en la niebla, en cada momento siento
inseguridad como jamás antes la había sentido. Sé que lo único que necesito
es que aprecies lo que nunca antes había hecho. Me estoy deprimiendo.
Unos caen antes, otros tardan en caer, nunca
he visto a nadie capaz de volar para siempre, quizás sea ello lo que me impulsa
a mi a lograrlo. Sólo por el echo de intentarlo merezco un respeto.
6.- Me he pasado la mayor parte de mi vida ejerciendo de revolucionario, de soñador, anhelando aquellas fuerzas que siempre me han faltado para cambiar el mundo. El tiempo no se ha detenido desde entonces, y poco a poco me he dado cuenta de que no he conseguido cambiar ni una sola alma. Por eso, aquel deseo de socializar las masas, se transformó en el empeño de cambiar a los pocos que me rodean, mis amigos, mi familia. Ahora, que ya soy viejo, me he dado cuenta de la perdida de tiempo que han supuesto todos mis deseos, y por eso ruego para que alguien tenga la bondad de cambiarme, y de paso, pido disculpas por haber malgastado la mayor parte de mi vida.
No obstante, a nadie se le escapa el sutil detalle de que tanto yo como vosotros, los soñadores, seguimos queriendo cambiar el mundo, como si todo cambio tuviese que partir desde lejos. Hubo un día en el que alguien se atrevió a sugerirme, que no merecía la pena hacer nada si no podía cambiar nada; con lo que admitía una sumisión al sistema, abandonando todo idealismo, y lo cierto es que este joven, centraba sus sueños en cuidar de sí mismo, en habitar una realidad lo más confortable posible. Resulta obvio que mi crítica no se centra en la actitud de derrota ni en el abandono de sueños e ilusiones, sino a empezar la transformación del mundo por esa parte del mismo, que era él.
7.- Mirando a través de la luz del sol, observo la ciudad que poco a poco he ido construyendo, los bancos, las catedrales, las escuelas, ... He fundado una tierra de ilusiones, un paraje para poder ver a través de él. Veo un coche, un coche que yo mismo he construido, lo mismo que la carretera por la que circulo. Construyo también el sueño de la huída, de la despedida y del reencuentro. Sé que la encontraré al final de esta carretera, porque ella es mi destino, empezaré a tenerla, comenzaré a poseer el pensamiento, la ilusión que ella es. Miro la luz que yo mismo he creado, y la enriquezco, convierto mi dinero, mis ciudades, mis catedrales en luz; en una luz que me guíe hasta ella. Es la soñadora, ella es imaginación; sé que a través de la luz proyectada la encontraré, simplemente he de iluminar senderos de inseguridad, mares de dudas y de naufragios. Iluminaré el subsuelo, la galaxia, el Universo, no descansaré hasta encontrarla, con el fin de poseerla y de amarla. Mientras creo, lucho, persigo, sueño, construyo, tengo la esperanza de fracasar, la esperanza de cometer el error que oculte mi luz. De esa forma aspiraré al mayor éxito al que yo puedo aspirar, el éxito de encontrar mi error, mi dolor; porque de esa forma llegaré a ser como cualquier otro humano, olvidándome de la carga del calificativo de persona. Realmente es triste aspirar a la hipocresía, pero a algo hay que aspirar en esta vida, por eso yo he decidido dejar de respirar.
8.- Mientras mis palabras ahuyentaban la poca vida que en aquel lugar quedaba, mi corazón como si del propio viento se tratase impulsaba aquella brisa, la brisa de la vida; que no me permitía hacer otra cosa que seguir pronunciando en la oscuridad la palabra, soledad. Una palabra que expresaba una idea y un sentimiento a la vez como si la racionalidad convergese con el arte de sentir, para dar lugar a una experiencia tan real como el eco que mi voz generaba, cuan grandiosas ondas solitarias que retornaban a mis oídos, a mi conciencia; tras reflejarse en los limites de la adimensionalidad, del espacio vacío dominado por conceptos y abstracciones nómadas que iban para luego volver, que esperanzaban para luego olvidar. Por eso quizás por eso decidí acompañar a mi soledad en sus viajes y lo cierto es que mi propia soledad me condiciona, ya no puedo ser racional.
9.-Todas las noches cuando sentimos la necesidad de dormir, descansar, y
sobre todo la necesidad de dejar de pensar, cerramos los ojos, como si ello implicase una abstracción total en nuestro pensamiento, en nuestro
ser. No cabe duda de que todas las noches soñamos, nos acordemos o no lo deseemos o no, disfrutemos o no, la realidad es que soñamos. Soñamos
con lo ajeno, con lo que ellos quieren que soñemos; con lo que nuestra mente quiera soñar, porque al igual que en la vida misma, nuestra
voluntad poco importa, quizás suceda esto porque la vida no es más que un sueño, o quizás, porque todavía no nos hemos despertado.
Mientras esto haya sucedido, suceda, y sucederá nosotros nos limitaremos a vivir vidas que no nos pertenecen, a soñar por otras personas.
Posiblemente lo importante no sea qué soñar, si no simplemente soñar; ya que análogamente esa gente que me ha robado nuestros sueños, que
intenta apoderarse de nuestras vidas, se limita a decir algo así como que: lo importante es vivir, no cómo, ni dónde vivir, simplemente vivir.
Así pues, que vivan ellos, que sueñen ellos, y ojalá mientras nosotros nos quedemos dormidos, impasible ante la evidencia.
10.- Hoy no somos felices, pero por lo menos nos reímos. Puede que ese sea el significado de la vida encontrar gente con la que compartir nuestras risas. (6/9/200)