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Tanzimat

 Represalia a campesinos

Tras la muerte de Mahmud II en 1839, su hijo y sucesor Abdulmecid I, continuó (bajo la presión de occidente) con las reformas, recibiendo la ayuda de su Gran visir Rehid Bajá, que continuó con el plan de reformas o Tanzimat, en 1839 fue promulgado el decreto imperial o hatti sherif, el cual avisaba de las reformas que se iban a instituir. 
La intención de estas reformas era garantizar a todos los habitantes del imperio la seguridad de sus vidas y haciendas, sin distinguir entre musulmanes o cristianos, asegurar una distribución más justa de los impuestos, suprimir el sistema de los arrendamientos de impuestos y de las confiscaciones, eliminar los monopolios, regular el sistema militar y limitar su periodo de duración.
Sin embargo, las instituciones islámicas que formaban las bases del estado, eran contrarias sobre todo a las relaciones de igualdad entre musulmanes y no musulmanes, y por otro, entre el Estado musulmán y los países no
musulmanes, hasta entonces eran considerados tierras de conquista. Esto no impidió, que a partir de 1849, el gobierno otomano dispusiera de embajadas estables en los Estados europeos. 

Mientras, tradicionalistas y reformistas disputaban por imponer su modelo de Estado, el imperio otomano se convertía cada vez más en un juguete de las grandes potencias.
Rusia no podía ver con indiferencia estas reformas, seguía empeñada en actuar como la protectora de los pueblos cristiano-ortodoxos del imperio, igualmente la rivalidad ruso-británica en el Mediterráneo oriental, y el peligro de desplome de Turquía en ventaja del Zar, fueron las causas que condujeron en 1853 a la guerra de Crimea, formándose una alianza franco-inglesa y en la que Austria se mantuvo neutral.
En ella fueron frenadas las ambiciones rusas sobre los Balcanes, la contienda terminó en 1856 con la derrota de Rusia, a costa de grandes pérdidas humanas y económicas para los turcos. Tras la firma del
Tratado de Paris, Turquía fue liberada de toda injerencia rusa, garantizándose su integridad territorial, este tratado incluía la ratificación de soberanía otomana sobre Servia y los principados rumanos, a cambio, tuvo que admitir la neutralidad de los estrechos de mar Negro al Mediterráneo. 
Los gastos que acarrearon la guerra, obligaron al imperio a contraer grandes deudas con sus aliados, y a consentir desfavorables tratados de comercio, que abrieron sus fronteras a un aluvión de productos, la economía otomana estaba cada vez más sujeta a las grandes potencias industriales.


El desmembramiento territorial continuaba, los principados del Danubio se separaron definitivamente y se unieron en 1859 formando a Rumania, Líbano logró su autonomía al igual que Creta, mientras, y atizadas por Rusia, las insurrecciones brotaron en Montenegro, Servia, Bulgaria y Bosnia.
Con este horizonte subió al trono
Abdulaziz I, que ayudado por una serie de ministros, mantuvo la apertura europeísta y la liberalización del país, no obstante, esta política suponía grandes gastos (mantenimiento de un enorme ejército y endeudamiento exterior, sobre todo con banqueros británicos y franceses). 
Entre los años 1872-75 hubo pésimas cosechas, pese a la subida de impuestos, Turquía tuvo que declararse insolvente para pagar la deuda exterior. Los levantamientos cada vez más frecuentes en los Balcanes incitados por los rusos y, la rebelión en 1876 de Bosnia y  Bulgaria (siendo esta última ferozmente aplastada), provocaron la respuesta de los otomanos que adoptaron medidas de turquización en diferentes puntos del imperio, siendo estas mal aceptadas por las poblaciones no turcas, quitándole simpatías al Sultán, siendo depuesto en 1876 por un movimiento liberal nacionalista llamado,
Joven Turquía calificándolo de débil y flojo ante las reformas. Fue sustituido por Murad V pero, desdichadamente era un enfermo mental, reinando poco más de dos meses.
Siendo sucedido por su hermano
Abdulhamid II que, sometido siempre a la presión de los jóvenes turcos, promulgó una constitución preparada por el primer ministro Midhat Bajá, la cual creaba un parlamento bicameral  promulgando la unidad de todos los súbditos del imperio, y la igualdad de religiones y nacionalidades. Sin embargo, el Sultán era desconfiado y reaccionario, que tras aplicar una combinación de astucia y crueldad, logro frenar las reformas y detener la descomposición del imperio.
La constitución llegaba tarde, para los cristianos balcánicos llegaba la hora de la independencia, apoyados por Rusia, su valedora, declaró la guerra a Turquía y provocando la
guerra ruso-turca en 1877-78, los ejércitos turcos fueron barridos de los Balcanes y del Cáucaso, los otomanos debieron doblegarse y firmar la dura paz de San Stefano (1878), esta paz suponía para Turquía la pérdida de sus provincias europeas, excepto Estambul, y el pago de una ruinosa indemnización. El desastre provocó la reacción del Sultán, disolvió el recién creado parlamento y cesó al primer ministro Midhat, frustrándose así el primer intento de democratización del imperio otomano.
Las ventajas que concedía a Rusia este tratado hizo intervenir a Inglaterra y Francia, obligando a los rusos a aceptar su revisión, a cambio de estos servicios, los británicos recibieron de Turquía la isla de Chipre. El
congreso de Berlín confeccionó un nuevo acuerdo (1878), por el que se devolvía al imperio otomano las provincias macedonias y tracias. Por otro lado, Rumania, Servia y Montenegro se declararon independientes, Bulgaria obtuvo autonomía, Bosnia-Herzegovina fueron administradas por Austria y finalmente, Francia ocupó Túnez (1881).

Humillado y debilitado, el imperio otomano se convertía en una potencia de segundo orden, dependiente de las grandes potencias y de las ambiciones de sus vecinos.
En el interior estalló la cuestión Armenia, la cual Abdulhamid II no toleró, todo lo contrario, animó las matanzas de cristianos, lo que originó el desprecio de toda Europa, convirtiéndolo en un autócrata, y trasformando al imperio en un estado policial. Los reveses en occidente decidieron su conducta pro-islámica, y apoyándose en el prestigio religioso del califato, favoreció las peregrinaciones a La Meca construyendo el ferrocarril Bagdad-Medina.
Sin embargo, el periodo 1878-1908 significó para Turquía una modernización del país, ingleses, alemanes y franceses, invirtieron en una red ferroviaria de gran interés estratégico alcanzando en este periodo los 6.000 kilómetros construidos, destacando sobretodo la línea Estambul-Bagdad.
El capital extranjero ayudó a modernizar los servicios de las grandes ciudades y, a explotar los grandes recursos mineros y energéticos, también  impulsó a una sencilla industria manufacturera, Turquía se  modernizaba, pero endeuda su futuro desarrollo económico. A pesar de estos avances, el imperio otomano continuaba perdiendo territorios. 
Los británicos tenían el control del canal de Suez, también las posesiones turcas de Egipto, Sudán y Kuwait, en 1885 los búlgaros anexionaron Rumelia oriental, continuó con las insurrecciones wahabitas en las península arábiga, que obligaron al repliegue otomano de Yemen y Hezjaz, continuó con la
guerra greco-turca (1896-97), y concluyendo con Austria-Hungría, que  incorporó a su territorio Bosnia-Herzegovina (1908). Turquía estaba a punto del desplome.
Territorio perdido hasta 1878




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