Amor y Destino: Dos juegos prohibidos

By: Ennovi


CAPITULO 24: El Recital de Navidad.

Las luces iluminaban la ciudad, las canciones, la nieve creaban la atmósfera perfecta para aquella noche.

Pero nada brillaba con tanta intensidad que el teatro de la Nacional de música, luces destellantes alumbraban las afueras del lugar, los vehículos iban llegando uno a uno mientras que un chico los estacionaba en la parte de atrás, la gente elegantemente vestida y bien abrigada entraban con sonrisas en el rostro y ocupaban las butacas entre charla, risas y buen humor, esperando el momento en que todo comenzara.

Y mientras el bullicio entraba poco a poco al teatro, atrás en los camerinos, los nervios afloraban en todo momento, las madres de los niños que participaban en el recital, se empeñaban en que sus hijos lucieran impecables, veías a mas de una colocándole más gel a uno, otra arreglándole el traje y otras más tomando fotos de su niño antes de salir a escena, si bien los pobres chiquillos estaban nervioso, se ponían a un más con sus madres sobre de ellos.

Pero nadie estaba más nervioso que la hermosa mujer rubia que terminaba de arreglarse en el camerino contiguo, no había ensayado su canción, peor aún, no tenía ni más la remota idea de que canción tocaría, temía hacer el ridículo delante de todas esas personas que venían a ver y a escuchar el recital, se coloco los aretes dorados y se miro en el espejo, sonrió satisfecha, estaba lista, solo tenía que esperar a que su turno de salir llegará.

Fue el primero en llegar, ocupo una de las butacas que se encontraba en una de las orillas, desde su asiento se alcanzaba a ver al grupo de niños que se iban formando en hilera, esperando su turno para salir, sonrió para sí mismo y se pregunto una vez más que hacía en ese lugar, escucho como iban entrando más gente y volvió el rostro para buscar un rostro conocido, y lo encontró, Hao Asakura había llegado y al encontrar su rostro se fue a sentar a lado suyo.

-Len, ¡Qué milagro que te dejas ver!-dijo con una sonrisa mientras se sentaba a su izquierda.

-Ya vez, pensé que sería bueno salir a distraerme un poco.

-Sí, hace mucho que no te veía, he tenido tanto trabajo últimamente que ya no me alcanza el tiempo, pero hoy cancele todo para poder venir a ver a Anna.

-¿Anna tocara en el recital?-pregunto sorprendido.

-Sí, creí que sabías, es más supuse que fue ella la que te invitó.

-No, en realidad me invito Yoh.

Ya estaba casi lleno el teatro cuando llegaron.

-¡Maldición!-grito Horo Horo, provocando que varias ancianas lo miraran despectivamente.

-Cállate hermano-le reprendió Pilika por lo bajo-Este no es lugar para andar blasfemando.

-Será mejor que busquemos asientos-la dulce voz de Tamao sugirió.

Revisaron el lugar con la mirada, todo estaba casi lleno.

-Ahí-dijo Jean y señalo tres lugares vacíos en una de las orillas del teatro.

Caminaron hasta llegar al lugar señalado, solo había dos hombres que platicaban entretenidos, Pilika fue la primera en pasarse y sentarse, le siguió Lyserg y por ultimo Jean, Horo Horo y Tamao se quedaron sin asiento.

Platicaba con Hao de trabajo, de que pronto regresaría a China y cosas superficiales, Hao por su parte platicaba de su naciente amistad con Jean y Len no pudo evitar hacer una mueca de desprecio, estaba tratando de borrarla de su rostro cuando escucho:

-Oh, mi hermano y Tamao se han quedado sin asiento-exclamó.

Hao levantó la mirada y vio a su cuñada junto con su grupo de amigos, su mirada se ilumino al encontrar del otro extremo a Jean.

-Tamao, Jean, ¡Qué sorpresa!-les dijo provocando que todos se miraran y sonrieran.

Len volteo lentamente, esperaba lo peor, de todas las personas que pudieron sentarse a su lado aquel día, tenía que ser “ella”, la que ocupara el asiento de a lado. Cuando se volvió totalmente sus ojos se encontraron con los de Pilika, un grito de asombro y de horror fue expulsado por los dos:

-¡Tú!

Todos dejaron sus efusivos saludos para mirarlos, sus expresiones alegres cambiaron por unas serias y sombrías, al notar como Pilika miraba con infinito odio a Len.

-Esto es el colmo-bufo-Habiendo tantos lugares en el mundo tenía que venir a ocupar uno, justo a lado de Len Tao.

-Pues yo no estoy muy contento-repuso Len.

-Chicos, tranquilícense-dijo tímidamente Tamao.

-No, ¿saben que?, Yo me cambio de lugar-dijo furiosa Pilika, y se levanto.

Justo en ese momento las luces se apagaron, el recital estaba a punto de comenzar.

De la sorpresa Pilika volvió a sentarse, pero debido a la oscuridad, se tropezó con su propio pie, cayendo en las piernas de Len.

Él joven alzó las manos instintivamente, pero no pudo ocultar su sonrojo y el leve temblor de su cuerpo, ella se quito rápidamente, se disculpo y se sentó, ella también estaba sumamente ruborizada, por instantes volvió a sentir ese nerviosismo que experimentaba cuando la abrazaba o cuando sus cuerpos estaban sumamente cerca.

Tamao y Horo Horo veían divertidos aquella escena, pero dejaron de sonreír al notar que ellos no tenían lugar.

-Ya sé-le dijo ella-busquemos a Yoh, quizás nos permita ver el recital atrás del telón.

-Me parece buena idea, eso es mejor que sentarse vestido de gala en el suelo-susurro.

Y caminando despacio en la oscuridad fueron en busca de Yoh.

Llego taradísimo, las luces ya estaban apagadas y la voz del presentador se alcanzaba a escuchar en la entrada.

Choco con dos personas que pasaban y que no distinguió en la oscuridad, buscó con desesperación un lugar, había rentado el traje y no iba ensuciarlo sentándose en el piso.

-¡Ese del copete, que se siente!-escucho que gritaban.

Era verdad su peinado despistador era sumamente grande, tenía que sentarse y ya.

Para su sorpresa y alivio encontró un lugar casi enfrente, se dirigió cautelosamente y se sentó.

-¿Podría despeinarse?, Su cabello no me deja ver-dijo molesta una voz femenina.

-Lo siento señorita-y se volteo para mirarla.

Ryu ahogo un grito de sorpresa al encontrarse cara a cara con la hija del diablo, Jean estaba sentada justo atrás de él, ella por su parte oculto su asombro y sonrió.

-Perdóname, no debí ser tan grosera, además este recital es para escuchar, no para ver-dijo tratando de ser lo más amable que podía.

El se quedó boquiabierto por aquellas dulce reacción y de reojo alcanzó a ver que Hao los miraba con curiosidad, sonrió sarcásticamente, era por eso que se comportaba tan linda y amable, devolvió su vista al frente.

Cuando el se volteó ella hizo una mueca de desagrado, él era su segunda opción y no lo iba a ahuyentar con sus desplantes, esta vez la técnica sería diferente.

El presentador anuncio al primer niño que esa noche deleitaría a todos con sus dotes artísticos.

Yoh sonreía satisfecho de que todo estuviera saliendo como él esperaba, metió la mano en su bolsillo y estrujo unas hojas que tenía guardadas.

Al escuchar el nombre del niño, le pidió que avanzara y esperara hasta que el telón estuviera bien arriba.

-Todo saldrá bien Ken-le dijo con una gran sonrisa mientras le daba una palmada cariñosa en su espalda.

El niño asintió con la cabeza y avanzo mientras la multitud aplaudía.

Pudo distinguir a Hao y a todos sus amigos y se sorprendió al notar que Len y Pilika estaban sentados juntos y que ambos mantenían una actitud nerviosa.

Se miraban de reojo, y cuando sus miradas se encontraban se miraban con desconcierto y sobresalto, Lyserg no hallaba correcto esas acciones, así que se tomo la mano de Pilika y la obligaba a verlo a él, no eran celos, bueno un poco de celos, pero él entendía que ella se sintiera incomoda, después de todo él la había ayudado hace tiempo.


Horo y Tamao habían logrado pasar al área de camerinos que se hallaba iluminada, alcanzaban escuchar el suave sonido del piano y decidieron que debían encontrar lo más rápido posible a Yoh sino se perderían todo el concierto.


Anna esperaba pacientemente, aunque se sentía nerviosa, trataba de ocultarlo con esfuerzo, nunca en toda su vida había hecho algo frente a un público tan numeroso y que esperara tanto de ella, pero en especial no quería defraudar a Yoh.

-Señora Asakura-escucho mientras llamaban a la puerta.

-Adelante.

Una de las organizadoras del evento entró.

-Disculpe, pero el maestro desea que se forme atrás con los demás niños, piensa que usted se ha de estar aburriendo mucho, aquí sola.

-Sí, esta bien.

La chica sonrió y abrió la puerta, Anna salió primero y la siguió la muchacha quien cerro la puerta después de salir.

La fila de niños se iba acortando cada vez un poco más, para cuando Anna llegó, busco con la mirada a Yoh pero no lo encontró y se pregunto en donde estaría, la organizadora se despidió, tenía que supervisar que las luces le estuvieran dando claramente a Tokugawa, Anna le agradeció y se recargo para ver mejor.


Jean miraba a Hao discretamente, se veía tan atractivo con frac, sus cabellos atados en una cola de caballo y esa mirada tan llena de poder, definitivamente estaba enamorada de ese hombre, era una lastima que esa rubia desabrida lo tuviera y no lo disfrutara, y que además de todo él cancelara cada una de sus citas para venir a verla tocar una canción, que dudaba que se supiera, ya que hacía de todo con Yoh menos tocar el piano, o por lo menos esa clase de piano.


Salió rápidamente de su estudio, había trascritó la partitura a otras hojas menos arrugadas y amarillentas, faltaba poco para que Anna pasara y no debía entretenerse más.

Cuando llego la miro recargada y no pudo evitar contemplarla totalmente hechizado, y no era para menos, era noche la rubia lucía extremadamente hermosa, llevaba un vestido rojo entallado con una hermosa caída en la falda, sus cabellos rizados y atados en una linda coleta, zapatos rojos y de tacón alto completaban su atuendo.

Anna estaba cada vez más nerviosa, Yoh no aparecía por ningún lado y solo faltaba un niño.

Yoh despertó de su ensoñación, al percatarse que el ultimo de los chiquillos había pasado y estaba comenzando a tocar, la abrazo por detrás provocando que ella se sobresaltara.

-Yoh, me asustaste-le dijo-¿Dónde has estado?

-Estaba preparando tu canción-le dijo mientras la soltaba y la miraba a los ojos-Luces realmente hermosa esta noche.

-Gracias-contesto tímidamente.

-Ten, esta es tu canción-y le extendió dos hojas de papel-y tu regalo de navidad.

Anna las tomo y abrió los ojos en par en par.

-¡Oh Yoh!, Esta es la canción que compusiste-exclamó.

-Así es, y es para ti-la miro tiernamente.

-¿Pero porque?-pregunto emocionada.

-Porque es tú canción y la compuse solo para ti, la nombre Hanna-y sonrió.

-¿Hanna?-y lo miro extrañada.

-Sí, así la nombre, es la combinación de nuestros signos, ya que esta canción representa todo lo que siento por ti, lo mucho que te amo y lo maravillosa que es la vida ahora que tu estas junto a mí.

Anna estaba sin palabras, así que le agradeció de la única forma que podía en esos momentos.

-Tal vez esté atrás del telón-sugirió Horo.

-Sí es cierto, aunque sí lo encontramos ya será demasiado tarde, nos hemos perdido todo el recital-dijo sonriendo.

Y tomaron el camino hacía detrás del telón.

Anna lo abrazó y después de susurrarle un “te amo”, lo beso apasionadamente, poniendo en ese beso todos sus sentimientos sin contenerse.

-Ahí est... -no termino la frase, se quedó parada pasmada, mirando como Yoh y Anna se besaban.


Len y Pilika alcanzaron a divisar a Yoh y Anna besándose, y notaron que Tamao y Horo Horo estaban ahí observando, su expresión se llenó de infinito horror.

-¿Sucede algo?-pregunto preocupado Hao al notar la expresión pálida de su amigo, y al ver que no contestaba trato de mirar hacía el lugar en donde Len mantenía la vista fija.

Estaba volteando cuando el grito desesperado de Pilika lo obligo a regresar su rostro.

-Perdón, pero, Len, me pisaste-dijo nerviosa.

Len volteo a verla extrañado, ella le habló con la mirada.

-Así, perdón, no me fije-dijo rápidamente-Hao, amigo lamento haberte asustado, últimamente he sufrido de claustrofobia-sonreía nervioso, trataba por todos los medios de que no volteara, “es que nunca piensan separarse”


No lo podía creer, simplemente no podía, lagrimas rodaron por sus mejillas, cerro los ojos tratando de borrar aquella imagen de su mente, no era cierto, nada era cierto, su alma se desmorono totalmente.

Horo volteó a mirarla, la decepción y el dolor adornaban su rostro, lloraba silenciosamente, él mismo tampoco podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo, era cierto, todo era cierto, los rumores, lo que escucho aquel día en su casa, y su hermana lo sabía y les había guardado el secreto, sintió como la furia y la indignación se apoderaban de él, apretó fuertemente los puños, iba a abalanzarse sobre Yoh, quería matarlo a golpes, estaba decidido cuando la temblorosa mano de Tamao lo detuvo.

-No, Horo-murmuro.

Iba a protestar pero ella puso dos dedos en su boca.

-Es un sueño, esto no es realidad, él no es Yoh y ella no es Anna, nos hemos confundido-sonreía.

Horo Horo la miraba extrañado, no entendía porque ella decía todas esas cosas, cuando la realidad saltaba a la vista.

-Tamao, es cierto-dijo bajito.

-No, no, Horo, estas equivocado-negaba con la cabeza y con los ojos cerrados-No, es un sueño, nos equivocamos de lugar, eso es todo-abrió los ojos y lo miro-Ven, vámonos, tenemos que encontrar a Yoh, sí queremos ver el final del recital-lo tomo de la mano y lo jaló-Horo, por favor, no le digas a nadie de que manera nos confundimos, ¿de acuerdo?

Horo solo atinó a asentir con la cabeza, Tamao parecía tan convencida de sus palabras, que de no haber sido por que lloraba amargamente, lo hubiera convencido totalmente.


Se separaron y sonrieron.

-Es tu turno-y le sonrió.

Anna avanzo decidida y un murmullo de admiración invadió la sala

Hao la miro embelesado, no había duda alguna de que era afortunado, él era el que tenía el amor de esa hermosa mujer.

Jean solo la miraba con desprecio y repugnancia que se acentuaron más al ver la expresión idiota en la cara de Hao, “no sé que le ve a esa, yo definitivamente estoy mucho mejor”

Len y Pilika respiraron aliviados, pero nuevamente se tensaron, al recordar que ellos no fueron los únicos que los vieron y miraron como los otros dos testigos se acercaban hacía ellos.

Tamao y Horo llegaron, se sentaron en el suelo, sin decir nada, tan solo querían ver el gran final, no habían encontrado a Yoh y tal vez ya nunca lo harían.

Anna comenzó a tocar, esa canción, era suya, así que le puso todo el sentimiento que pudo, y toco maravillosamente durante los quince minutos que duraba la canción, no hacía falta ni más ni menos para decirle a Yoh con esa misma canción que ella sentía lo mismo por él.

Termino de tocar, agradeció y salió, mientras la multitud aplaudía de pie.

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CAPITULO 25: Año nuevo, dificultades nuevas.

Ha pasado casi una semana desde lo sucedido en el recital, la vida ha marchado normal, o eso han querido aparentar todas las personas que salieron dañadas aquel día.

Y Hao Asakura ha invitado a una cena de año nuevo a su hermano y su cuñada, él mismo arreglo cada detalle e inclusive le ayudo a preparar la cena a su esposa.

Anna Asakura no estaba muy contenta con esta cena exclusivamente familiar, le impedía verse con la persona que amaba, debido a que tenía que supervisar hasta el mas mínimo detalle, su esposo quería que todo estuviera perfecto.

Y el gran día llegó, Hao decoro toda la casa con globos y serpentinas de colores mientras que Anna acomodaba la mesa, cuando ambos terminaron subieron a su recamara a cambiarse de ropa, Yoh y Tamao estaban por llegar.

Llamaron a la puerta, Anna bajo inmediatamente a abrir, se alisó el pliegue de su vestido, respiro hondo y trato de poner su mejor sonrisa.

Abrió.

Yoh y Tamao habían llegado, esta ultima cargaba un recipiente de cristal, ambos sonreían.

Tamao paso primero mientras que Yoh miraba con deleite a Anna, solo la había dejado de ver por una semana y la había extrañado como un loco.

-Anna, que hermosa eres-le susurro cuando entró.

La aludida le hizo señas de que ese no era el lugar, pero en cuanto vio que se alejaba, sonrió.

Hao los esperaba en la sala, al ver a su hermano lo abrazo fuertemente a Tamao la saludo respetuosamente. Anna llego un momento después y se coloco a lado de Hao.

-Me alegra que hayan podido venir-dijo con una sonrisa-Pero por favor siéntense, están en su casa-y él se sentó junto con Anna.

Yoh y Tamao se sentaron en el sillón del frente.

-Me encanto tu trabajo en el recital, se ve que has trabajado mucho con Anna-miro tiernamente a su esposa y tomo su mano-Te estoy sumamente agradecido.

-No es nada, ella ha demostrado tener aptitudes para el piano.

-Sí, mi Anna es una cajita de sorpresas, ¿verdad amor?- beso su mejilla y la abrazo.

-Estas exagerando, solo toco el piano para complacerte-dijo incomoda.

-Y así debe de ser, ¿no lo crees así Tamao?-y dirigió su mirada hacía su cuñada.

-Por supuesto, las buenas mujeres deben complacer hasta en el más mínimo detalle a sus maridos-abrazó a Yoh por el torso-Yo lo hago con Yoh.

Súbitamente Tamao beso a su marido delante de todos, ninguno de los tres se lo esperaba, Hao solo sonrió divertido, Anna se tragaba con esfuerzo los celos, ante sus ojos Tamao le estaba haciendo poner en claro que Yoh era de ella, mientras que a Yoh no le quedo de otra más que corresponder al beso, durante este, abrió los ojos para mirar a Anna y pedirle perdón con la mirada.

-¡Tamao, no debiste hacer eso!, ¡No estamos en la casa!-le reprendió Yoh cuando lo soltó.

-Disculpen-dijo sonrojada, su mirada se poso en Anna quien respiraba hondamente para tratar de contenerse.

-No hay problema-dijo Hao con una sonrisa-Solo demuestran cuanto se aman.

-Sí, cuanto nos amamos-repitió Tamao.

Por un breve instante todo quedo en un incomodo silencio, Yoh y Anna no dejaban de lanzarse miradas apasionadas, cosa que era bien percibida por Tamao quien se repetía mentalmente “no es cierto, son figuraciones mías, él me ama”tratando de convencerse, como lo había hecho esa vez en el recital y Hao pasaba por alto todos estos incómodos detalles, para él las cosas marchaban de maravilla.

-La cena ya esta lista-dijo Anna-Si gustan podemos pasar a la mesa.

Asintieron con la cabeza y se levantaron, Hao y Anna fueron los primeros en salir de la sala para dirigirse al comedor atrás de ellos Yoh y Tamao los seguían de cerca.

Una mirada asesina apareció en los ojos de Yoh cuando Hao tomó a Anna por el talle y le beso suavemente su cuello, era una caricia común de Hao para con su esposa, Anna se sobresalto pero se dejo, mientras que Yoh apretaba sus puños con fuerza.

Llegaron al comedor y se sentaron.

Anna comenzó a servir y fue pasando plato por plato, los demás platicaban y daban las gracias por la comida.

Sintió un leve roce en su pie y miro hacía el frente, Yoh le sonreía sugestivamente, ella se quitó su zapato y correspondió a la caricia.

-¿Y cuales son tus próximos planes?-le pregunto Hao a su hermano.

-Seguir con las clases de piano, aún les falta mucho a TODOS mis estudiantes.

-¿Quieres decir que Anna continuara con las clases?-pregunto Tamao.

-Así es, querida, Anna tiene mucho potencial-contesto mirando a su amante y acariciando un tanto más fuerte su pie.

-Me parece perfecto, yo estoy de acuerdo-exclamo contento Hao.

-¿Pero no descuidara sus labores domesticas?-se apresuro a decir, tenía que convencer a su cuñado de que Anna ya no tomara más clases de piano.

Yoh miro extrañado a Tamao, ella nunca se comportaba así.

-No lo creo, hasta ahora ha cumplido muy bien, no me opongo a que tome esas clases-dijo un sonriente Hao.

Anna respiro aliviada.

-¿Y para cuando los niños?-pregunto Tamao.

A Anna quien tomaba un poco de agua en ese momento, casi se atraganta al escucharla.
-¿Anna, para cuando encargaras a tu primer hijo?-insistió Tamao.

-Yo creo que dentro de unos años más, todavía no me siento preparada-miro a su marido-Hao me apoya, ¿no es cierto?

-A sí es, yo creo que dentro de un año, ya tendrás un sobrino con quien jugar Yoh, ¿no te agrada la idea?

Definitivamente no le agradaba ya que inevitablemente frunció levemente el ceño, la sola idea de que su hermano tocara a Anna le hacía hervir la sangre y sentía que moriría de dolor si ella paría a un hijo de Hao.

-Sí, mucho-respondió secamente.

-¿Y tu hermano, para cuando?-pregunto Hao.

-Tal vez este año-y miro a su esposa.

A Tamao se le ilumino el rostro, sabía que estaba equivocada, lo demostraba el repentino cambio de parecer de Yoh.

-¿No es muy pronto?-pregunto un tanto molesta Anna mientras retiraba su pie del de Yoh.

-Prometimos esperar y darle tiempo al tiempo-respondió y entrelazo con su pie el de Anna-Hay se me cayó la servilleta-exclamo, en realidad la había tirado a propósito.

-Yo la levanto-se apresuro a decir Anna y se agacho debajo de la mesa.

-No, no te molestes, yo la recojo-dijo Yoh y también se perdió debajo de la mesa.

Tamao y Hao se miraron confundidos pero ignoraron rápidamente sus acciones y volvieron a comer.

-Me quieres decir como es que este año tendrás un hijo-dijo Anna apretando los dientes.

-Tranquilízate, un poco de teatro no nos hace daño-y acaricio su mejilla-Prometimos darles largas y falsas esperanzas.

-Perdóname-suspiro-solo que, no me agrada la idea de que alguien más sea la madre tus hijos-y le sonrió.

-Esta bien, yo tampoco concibo la idea de que tu tengas a los hijos de Hao, con solo pensar que te tocara, Ahhh-gruño-Me hace sentir tan mal.

-¿Estas celoso?-pregunto con una divertida sonrisa en el rostro.

-Sí, ¿y como no estarlo?, eres la mujer que amo-y rozo con suavidad sus labios.

-¿No logran encontrar la servilleta?-pregunto una voz masculina desde arriba provocando que el beso no se consumara.

-Creo que debemos subir-murmuro Anna-Te prometo darte un largo beso en nuestra próxima clase-y le guiño un ojo.

Yoh sonrió complacido, para después decir.

-Aquí esta- tomo la servilleta y se incorporo.

Anna hizo lo mismo un instante después.

-¿Por qué tardaron tanto?-pregunto con suspicacia Tamao.

-La servilleta se metió en un hueco y no la encontrábamos querida-respondió con una sonrisa confiada Yoh.

Y Tamao le creyó, ya no tenía porque dudar, le daría un hijo, él lo había dicho delante de Anna y de Hao, lo que había visto el día de Navidad solo fue una confusión, un sueño como ella misma había dicho.

Terminaron la cena en paz, charlando de tonterías y todos sonrientes, Yoh y Anna volvieron a entrelazar sus pies y no los separaron hasta que termino la velada.

-Ha sido una gran noche, gracias por invitarnos-se despidió Tamao.

-No, gracias a ustedes por venir-dijo Hao.

-¿Te veo espero mañana Anna?-pregunto Yoh.
-Por supuesto, me encantaría convertirme en una gran pianista-contesto con una sonrisa.

-Bien, entonces, nos vamos, Hao, Anna, hasta luego-tomo a su esposa del brazo y salieron de la casa de su hermano para dirigirse rumbo a la suya.

Encuanto cerraron la puerta, Hao bostezó.

-Entonces, Anna, espero que esta casa quede bien limpia, me voy a dormir-dijo mientras se estiraba.

-¿Es que no piensas ayudarme?-dijo molesta.

-Amor-y le beso la mejilla-Yo mañana tengo que ir a trabajar, debo descansar, ¿me comprendes, verdad?-Anna lo miro con fastidio y el malinterpreto su enojo por un sí-Entonces como sí me entiendes me voy a dormir, buenas noches-la beso suavemente antes de perderse escaleras arriba.

En cuanto se perdió de vista, Anna se limpio con su mano el beso, ¡qué se creía que era su criada!, Suspiró resignada y se puso a escombrar su casa.

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Horo Horo se había mantenido encerrado en su habitación durante toda esa semana, inclusive se negó a bajar a cenar en año nuevo, no quería ver a nadie y mucho menos a su hermana, con ella se mostraba frío, cortante, no le hablaba y evitaba a toda costa toparse con ella, cosa difícil ya que vivían en la misma casa.

Tendido en su cama miraba el techo, lo que había visto lo tenía muy conmocionado, jamás imagino que esa persona a la que tanto admiraba, fuera capaz de hacer sufrir a la persona que menos se lo merecía y que le había dado tanto.

Y lo que más le dolía era el hecho de que Tamao se convenciera a sí misma de que lo que vio fue una simple ilusión, le lastimaba que ella estuviera tan enamorada de Yoh que se negara a ver la cruda realidad.

Aunque también le apenaba el hecho de que su hermana supiera todas esas cosas y se hubiera convertido en cómplice de Anna, sin detenerse a pensar lo mucho que sufriría Tamao y Hao.

Hao, que ruin hacerle algo así a su propio hermano, engañar a su esposa nada más y nada menos que con la esposa de su hermano, tal vez si lo hubiera hecho con una persona diferente, la rabia que sentía sería menos, aunque lo dudaba.

Tenía unas ganas locas de ir a contarle a Hao toda la verdad, aunque muy posiblemente no le creyera ni media palabra, quería golpear a Yoh hasta matarlo, desmembrarlo parte por parte, tratando de causarle un poco del dolor que Tamao sintió cuando lo vio besándose con Anna, cuando le dijo que jamás tendrían hijos, era por eso, como iba querer acostarse con Tamao, cuando ya se había revolcado con su cuñada, tampoco podía creer que Anna hiciera semejante desfachatez, él la conocía desde siempre, desde que ella era una niña y jugaba a las muñecas con su hermana, siempre creyó que era una chica tranquila, tal vez un tanto amargada por los terribles golpes que la vida le dio, jamás se imagino que hiciera algo tan asqueroso como engañar a su marido, capaz de provocar tanto daño, por un poco de diversión y de placer.

Suspiro profundamente, pero él nada podía hacer, había prometido no decir nada y tratar de creer que lo que vio fue un sueño, una terrible pesadilla que lamentablemente era real.

Tampoco podía juzgar tan a la ligera tanto a Yoh como a Anna y se reprendió por haberlo hecho minutos antes, conocía de sobra a esta ultima y sentía que ambos debían tener alguna buena razón para estar haciendo lo que estaban haciendo, aunque ninguna razón por muy buena que fuera justificaba todo el daño que estaban provocando.

Llamaron a su puerta, suaves golpes en la madera lo sacaron de sus pensamientos.

-Hermano, déjame entrar, por favor-escucho decir a la suplicante voz de su hermana.

-¡Lárgate de aquí!, ¡Que no entiendes que no quiero ver a nadie!-dijo duramente.

-Por favor, estoy preocupada por ti, llevas ahí metido mucho tiempo-su voz sonaba entrecortada-casi no comes, Horo, podrías enfermar.

-Lo que haga o deje de hacer es muy mi problema, sí me quiero quedar aquí muriéndome de rabia, es mi problema no el tuyo, ¡A sí que vete y déjame en paz!-le grito.

-No entiendo porque me tratas así, ¿qué te he hecho para que me grites de esa forma?-pregunto entre sollozos.

-A mí nada-su voz sonó fría.

-¿Entonces?, ¿Por qué eres tan frío conmigo?, ¿Por qué me evitas?, No te das cuenta de que me lastimas, eres mi hermano y te quiero mucho.

Lagrimas en los ojos se le acumularon al escuchar llorar de esa forma a su hermana, él también la quería y tal vez ella no era de todo culpable, solo trataba de ser una buena amiga, como él lo hacía con Tamao.

Se levanto y abrió la puerta, encontró a su hermana llorando tristemente.

-¿Por qué hermano, porque?-volvió a preguntar.

-No te lo puedo decir Pilika, lo he prometido, además de que todo fue producto de mi imaginación-le dijo mientras la abrazaba tiernamente-Perdóname por ser un tonto y un mal hermano, tú no tienes la culpa de lo que paso-y la miró a los ojos.

Ella dejó de llorar y lo abrazó aún más fuerte en forma de respuesta, no iba a preguntar más, comprendía porque, súbitamente recordó que él y Tamao vieron a Yoh y Anna besándose, sí bien no armaron un escándalo y jamás lo haría era porque Tamao así se lo pidió, de alguna forma su hermano pensó que ella lo sabía todo y no se equivocaba, tal vez creyó que ella les servía de celestina o algo parecido, y se sintió defraudado, ella mejor que nadie sabía que su hermano aún amaba a Tamao.

Horo Horo la soltó y seco una ultima lagrima con su mano.

-Así esta mejor, ahora baja y prepárame algo rico de comer, me muero de hambre-dijo con una sonrisa.

-Sí hermano-respondió sonriente, su hermano y su apetito voraz habían vuelto.

Se dirigió a la cocina.

Horo la miro partir con una gran sonrisa, tal vez la idea de Tamao no era tan mala, pretender que nada había pasado era lo mejor, mientras les diera un poco de momentánea felicidad.

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Amor mío:

Te escribo esta carta desde mi lejana y querida China, que sí bien no esta tan lejos y solo nos separa un poco de mar, para mí la distancia es un gran abismo.

No sabes cuanto te extraño, desde la ultima vez que nos vimos, ya no puedo seguir fingiendo más o por lo menos ya no podré por mucho tiempo, te pido por eso que regreses a mí, vida mía.

Ya no deseo que me hagas sufrir ni un minuto más, tu ausencia me pesa cada día un poco más, recuerdo inevitablemente cada uno de tus besos, de tus caricias, a pesar de que fue hace poco que veniste a verme, te necesito a mi lado, en especial por un gran y significativo detalle, que espero te emocione.

Amor, estoy embarazada, tendremos un hijo, por eso es necesario que vuelvas, no podré ocultárselo por mucho tiempo a mis padres, debes regresar y pedir mi mano, de lo contrario van a matarme, ya es suficiente atormentarlos con mi aparente locura como para darles un disgusto aún mayor, tú sabes que aceptare gustosa tu propuesta de matrimonio.

Yo nunca te he pedido nada, siempre he hecho cada cosa que me has pedido, porque te amo, pero ahora necesito ayuda, necesito que vuelvas a mi lado y juntos criemos a este ser maravilloso que ahora crece dentro de mí, que es producto de nuestro clandestino amor que mantenemos desde hace años.

No te preocupes por el dinero, yo sé que estas en Japón por tu trabajo y porque buscas un buen patrimonio para mí y para ti, pero ahora eso es lo de menos, lo que necesito es que vengas a China y pidas lo más pronto posible mi mano, no me obligues a ir por ti, en mi estado no juzgo conveniente viajar, además a mi padre el dinero le sobra y doy por seguro que nos dará una buena cantidad, con tal de que la deshonra no caiga en la familia.

Por eso te pido que olvides tu orgullo y te concentres solo en la felicidad de ser padre y de formar una familia junto a la mujer que amas y que te ama.

Esperando pronto una contestación satisfactoria, me despido de ti.

Te ama por siempre:

Jun Tao.

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CAPITULO 26: En busca de la alianza.

Lo había citado en medio de la nada, y llevaba quince minutos de retraso, como odiaba ala gente impuntual, sentada y cruzada de brazos miraba ala gente pasar.

La miro y su ceño se frunció, se acerco cautelosamente, tratar con esa mujer era mortal.

-¿Qué deseas de mí?-pregunto y se sentó a lado de ella.

Ella lo miró de arriba debajo de manera despectiva.

-Llegas tarde-dijo con dureza.

-No vine a que me des clases de puntualidad, me citaste para algo y quiero saberlo de una buena vez-mantenía su vista fija en el horizonte.

-No podía esperar menos de ti informante-y sonrió.

-Deja de llamarme así quieres-le dijo molesto-ya es suficiente conque esa odiosa anciana me llame así, como para que cualquiera me llame de esa forma.

-Yo no soy una cualquiera-dijo ofendida.

-Basta de estupideces, vas a decirme que es lo que quieres ¿sí o no?

-Sí, quiero que me ayudes-lo miro profundamente-Estoy enterada de que Yoh y Anna son amantes.

Ryu no pudo evitar poner cara de sorpresa.

-No me digas que no lo sabías, porque ten por seguro que no voy a creerte-dijo después de ver la expresión en el rostro del muchacho.

-Claro que sé, ese es mi trabajo, que tiene esto que ver-volvió a adoptar su porte serio.

-Mucho, porque yo quiero a Hao Asakura para mí.

Ryu lanzo una sonora carcajada.

-No te conformaste con tener a uno, ¡ahora deseas tener al otro!, Vaya que eres previsora-dijo con sorna.

-No estoy jugando-dijo firmemente-sabes de sobra que lo de Yoh fue simple diversión, ¿o ya olvidaste porque me separe de él?

-No, no lo he olvidado, una de los motivos fue que me descubriste.

-Aunque ese no fue el factor principal, me ha servido de mucho el saber que los Asakura tenían a un detective privado-y sonrió maliciosamente.

-¿Y puedo saber para que te ha servido saber que soy yo el informante de los Asakura?

-Es muy sencillo, necesito que me ayudes, escúchame, es primordial que yo me convierta en la esposa de Hao.

-¿Y me puedes decir como lo vas a lograr?-una sonrisa burlona se dibujo en sus labios-porque según sé Hao es un hombre casado.

-Es para eso que te necesito, para que deje de serlo-dijo secamente.

-Pues conmigo no cuentes-y se levanto.

-Es que acaso no quieres destruir a Kino.

Él la miró recelosamente, después de todo talvez su propuesta sería interesante, después de meditar por unos segundos volvió a sentarse.

-Chico listo-murmuro.

-¿Y bien?, ¿Qué se supone que ganare con todo esto?-saco un encendedor y un cigarrillo, lo encendió.

-La consumación de tu venganza por supuesto.

-Ya no me interesa vengarme por ese lado, he encontrado uno mejor, pero esto será divertido, sí hablamos de dinero, con mucho gusto te escuchare-y saco un poco de humo.

-Era de esperarse, te daré 50000 yens, sí me ayudas-y lo miro fríamente.

Ryu volvió a reír.

-Mujer, eso es muy poco para mí, olvídalo, Kino me paga mucho más-y volvió a levantarse.

-Quieres que Yoh se entere de que su amigo, al que le confió su preciado secreto, es en realidad un espía de su abuela-dijo con voz elevada y amenazante.

-¿Me estas sobornando?-la miraba molesto.

-Tómalo como quieras, ¿vas a ayudarme?, O ahora mismo voy a ver a Yoh-le arrebato el cigarrillo y fumo un poco.

A Ryu no le quedó otra opción, la miró con desprecio y volvió a sentarse una vez más.

-Te escucho.

-Así me gusta, el plan es muy sencillo y no creo que te cueste trabajo convencerlo-volvió a fumar-Convence a Yoh de que lo más adecuado es que huyan del país.

-¿Nada más?, Yo pensé que eras mas lista-dijo burlón.

-Ja, ja, ja-dijo con fastidio-no quiero escándalos, no me convienen.

-Bien, supongamos que lo convenzo, ¿y luego que?

-Ahí es cuando entró yo, comprare boletos de avión, que te gusta, ¿España, te parece bien? Y se los entregare como muestra de ayuda y amistad.

-No va a creerte, te conoce demasiado, además de que sospecha que te interesa su hermano.

-¡Ahí esta!, Algo más a mi favor, yo le dejo el camino libre y él hace lo mismo por mí, no creo que se niegue, ni ella tampoco, Anna es capaz de largarse hasta Timbuctú con tal de estar con Yoh, tal vez reniegue un poco, pero yo tengo muchas formas de persuadir a la gente-tiro el cigarrillo y lo aplasto con el pie.

-Ya me di cuenta.

-¿Entonces, vas a ayudarme?

-Cuenta conmigo, Yoh hablara contigo, no te prometo convencerlo, pero ten por seguro de que hablara contigo sí como dices eres muy persuasiva entonces lo convencerás tú.

-¡Pero el trato es de que tú lo convenzas!-le grito.

-Sí, pero es mucho problema para mí-y movió con desdén su mano-yo solo lo convenceré de que hable contigo, claro con engaños, tú harás el resto y date por bien servida.

-Eres un...

-No, no, no-y movió su dedo índice frente a su cara-No te conviene, ni a ti ni a mí, enojarse, ahora somos aliados, mi querida Jean-se incorporo-yo te llamare cuando Yoh este listo, que será muy pronto, así que ve comprando de una buena vez esos boletos, adiós querida Jean-y se perdió en la distancia.

Jean estaba furiosa pero se domino, al fin y al cabo ya tenía a un aliado, la victoria ya estaba asegurada.

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Comenzaba a nevar y miraba desde la ventana cada copo de nieve que caía, pensaba, dentro de poco abandonaría ese país y su memoria al fin se despejaría liberándolo de su tortura interna.

Volteo y miro su antigua fotografía, cuanto daño le había causado, la amaba y sin saberlo la había lastimado, con cada palabra, con cada acción, en especial la ultima, negó con la cabeza, en verdad que el alcohol no era buen consejero.

Pero, la ultima vez que la vio pudo sentir como ella vibraba al estar a su lado, tal vez seguía sintiendo algo por él, sonrió sarcásticamente, eso no era posible, ¿qué mujer amaría a un tipo que casi la viola y que encima la golpea?, temblaba sí, pero de miedo.

Muy a su pesar él no la olvidaba, ¿cómo podría?, Siempre la había amado, tal vez en exceso y hasta de manera enfermiza y posesiva, pero la amaba, su orgullo y su manera de ser lo hacían actuar de esa manera tan celosa, que ahora comprendía no era la correcta y ahora que se daba cuenta ya era demasiado tarde, dentro de poco ella se casaría con otro y la perdería para siempre, no deseaba quedarse para ver como el amor de su vida se casaba con otro, él no era fuerte como Horo Horo, sabía que no aguantaría verla llegar vestida de novia, radiante y hermosa como solo ella podía ser y darle un sí a un tipo que siempre había odiado.

Siempre le dio mala espina ese tal Lyserg, él también la amaba, claro esta que en sus años de escolar, no era lo que ahora es y para desdicha suya, el tipo en cuestión le arrebato a Pilika de sus brazos en un abrir y cerrar de ojos, pero a pesar de todo eso les deseaba lo mejor, la felicidad de ella era su felicidad, en China encontraría quizás a una buena mujer que le hiciera olvidar y con la que formaría un hogar.

Se sirvió un poco de café y se sentó en el sofá, estaba en eso cuando llamaron a la puerta, se levanto de mala gana y sin siquiera preguntar abrió la puerta.

El cartero estaba frente a él, esto le extrañó ya que él casi no recibía cartas, su padre le hablaba siempre por teléfono.

-Señor, me pidieron que le entregara estas cartas personalmente en sus manos-dijo el anciano cartero.

-Gracias-busco en su bolsillo y le dio unas cuantas monedas, después de eso cerro la puerta.

Miro con curiosidad los sobres, eran de color beige con figuras en rojo, ambos despedían un agradable aroma a jazmín, volteo la carta que estaba dirigida a él y se sorprendió al leer quien era el remitente.

-Es de Jun-exclamo en voz alta.

Rápidamente deshizo el sello que mantenía cerrado el sobre y leyó, estaba preocupado, esa situación no era normal, se suponía que su hermana estaba enferma, y jamás desde que llegó a Japón le había enviado una sola carta, se había enojado con él por marcharse, siempre habían sido muy unidos.

Definitivamente lo que leyó lo dejo totalmente aterrado, cuando se repuso del susto, miro el otro sobre, sabía exactamente a quien entregarlo, todo este tiempo fingiendo, ahora debía ayudar a su hermana, se coloco el abrigo y salió a la ventisca, la otra carta tenía que llegar a su destinatario, ya.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Caminaban abrazados por las calles vacías, algo ya muy común en ellos, a esas altas horas de la noche nadie podía verlos, disfrutaban viendo como la nieve les caía suavemente.

-Es una hermosa noche, ¿no lo crees?-preguntó ella.

-No tanto como lo eres tú-y la apretó con fuerza contra él.

-¿Sabes?, Me gustaría mucho llegar a casa y que fueras tú el que calentara con su cuerpo el futón esta noche-su voz sonaba triste.

-Venga, no te pongas triste, las chicas lindas no deberían nunca entristecerse-y le dio un tierno beso en la frente.

-¿Crees que algún día podríamos estar juntos, para siempre?-y lo miro a los ojos.

-No lo se, mi amor, tal vez sí, tal vez no, todo depende del capricho del destino, aunque sí por mí fuera ten por seguro que inclusive hasta en el otro mundo yo estaría por siempre a tu lado, ¿A que vienen ese tipo de preguntas?-y arqueo una ceja con gesto curioso.

-Nada más, me imaginaba que sí talvez nos hubiéramos conocidos antes, las cosas marcharían de manera muy diferente-suspiro-Yoh, ¿ya te he dicho que te amo?

-Sí, muchas veces-sonrió con ternura.

-Tenía miedo de que no fuera así-y se pegó aún más a él.

-Anna, ¿qué sucede?, ¿Por qué estas tan melancólica el día de hoy?-pregunto preocupado.

-Es que presiento que todo esto esta por descubrirse en un momento a otro, no quiero que me separen de ti, tengo miedo Yoh, de lo que pueda pasar.

-Hey, tranquila-murmuro-pase lo que pase todo saldrá bien, yo estaré contigo, jamás te abandonaré, no podría simplemente no podría.

-¿Enserio?-y lo miro anhelantemente.
-Sí, te prometo amor, estar contigo siempre y para siempre, no importa lo que pase, yo estaré a tú lado siempre, te lo juro-y froto suavemente su mejilla contra la de ella.

Anna sonrió débilmente.

-¿Cómo vas con Tamao?-le pregunto.

-Bien, con lo que dije en esa dichosa cena, en la que por cierto casi me muero de celos-acaricio brevemente con su dedo la punta de la nariz de Anna-ha estado mucho más tranquila, ¿y como marchan las cosas con Hao?

-Igual, casi no lo veo y cuando lo hago tengo que tratarlo como sí fuera el rey del mundo-y frunció el ceño.

-No me gusta que te trate así-dijo molesto-se supone que eres la mujer que ama, no debería pensar en ti como si fueras la muchacha del servicio, es tan molesta esa forma de ser de él.

-Pero ya me acostumbre, además cuando tengo que hacer todo lo que me pide, pienso en ti y así se me hace más ameno el trabajo, no logro entender como siendo gemelos son tan diferentes-coloco su mano en la barbilla.

-Te ves tan hermosa cuando pones esa cara-rió divertido-no sabes cuanto me alegra que seamos diferentes, no me imagino como una copia de Hao, además si fuera como él, tú jamás te hubieras fijado a mí.

-Eso no es cierto, yo no te amo por tu forma de ser-y sonrió al notar la cara de confundido de Yoh-yo te amo por alguna razón inexplicable, aunque reconozco que sí me gusta esa forma tan peculiar que tienes de ser, no cambiaría de ti absolutamente nada-y le beso la punta de la nariz.

-¿Qué quieres decir con que me amas por alguna razón inexplicable?

-Veras, la primera vez que te vi, supe que eras tú lo que tanto había buscado, no me preguntes como lo supe, pero así fue, sucedió algo mágico, como si los dos fuéramos imanes y al conocerte llegue amarte como nunca había amado a nadie y ahora sé que aunque me maten seguiré haciéndolo, es algo que simplemente no puedo evitar.

Yoh detuvo el paso y la puso frente a él para mirarla, la nieve adornaba bellamente su cabeza dorada, él había sentido exactamente lo mismo cuando la conoció, y aún le parecía increíble el saber que esa mujer lo amara de esa manera tan intensa, aparto sus suaves cabellos y se inclino para besarla, le agradaba esa dulce sensación, la beso dulce y lentamente, y ella correspondió con gusto a tal acción, al cabo de un rato se separaron para tomar aire, se abrazaron nuevamente y emprendieron su camino.

-Ya hemos llegado-murmuro.

-Sí, lo sé-le dio un fuerte abrazo y se alejó de él.

Él se despidió de ella con la mano, y ella a su vez le mandó un beso, minutos después entro a su casa.

Yoh camino solo por las calles vacías, definitivamente ya no podía vivir más tiempo separado de Anna, tenía que hacer algo, el problema es que no sabía que.

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CAPITULO 27: Mientes tan bien.

-Keiko, tráeme mi medicina-grito.

Algunos instantes después, la hermosa señora de cabellera negra llegó hasta donde se encontraba su madre.

-Aquí tiene madre-le dijo mientras le extendía un frasco azul.

La anciana tomo dos píldoras del frasco y se las tomo.

-¿Ha sabido algo de mis hijos?-le pregunto.

-No, ese maldito del informante no ha venido, no me agrada en lo absoluto que persistan los rumores.

-Madre, no sería mejor que dejara a mis hijos tomar sus propias decisiones, ya son adultos-se sentó en la cama.

-Sí como no, ¡Yoh no quiere tener hijos!, no me digas que esa es una decisión madura-y la miro con enfado.

-Madre entienda, sí mi pequeño Yoh no desea tener familia, sus razones tendrá, además hace mucho que le llegó a usted una carta donde decía que sí le daría un heredero a la dinastía.

-Pues tu “pequeño Yoh” se esta tardando.

-Usted sabe que esas cosas no se dan a la primera, hay que ponerle mucho empeño, sí le ha dicho que sí, entonces lo hará, no se desespere.

-Tú siempre de confiada, por eso Yoh es como es y hace lo que se le antoja, por eso siempre nos desafía, porque su madre nunca le puso freno a sus caprichos-y la reprendió con la mirada.

-Yoh siempre fue más tranquilo, además de que casi estuvo a punto de morir cuando era tan solo un niño, siempre creí que de esa forma reparaba la falta por mis descuidos, en cambio Hao siempre fue más autosuficiente y siempre me dio la impresión de que no deseaba que le cuidara las espaldas.

-Eso no justifica que hayas tratado con demasiados miramientos a Yoh, al menos no se convirtió en una persona mimada, pero en lugar de eso se volvió un rebelde.

-Ese es su carácter, siempre fue un soñador, ¿recuerda cuando deseaba cambiar el mundo?, Decía que si todos cantaban y tocaban el piano juntos, se acabarían las guerras y todos vivirían en completa armonía-y sonrió.

-Tonterías, el mundo no cambia por esas patrañas, además de que cuando regreso de Europa venía ya con otras ideas bastante escandalosas.

-Eso no es cierto madre, y como saberlo sí solo ha venido a visitarnos dos veces.

-Ahí esta, ya vez lo ingrato que es tu hijo, ni siquiera se toma la molestia de visitar a su madre.

-No me visita, pero me envía cartas cada semana-repuso de manera tranquila-con eso me doy por bien servida.

-¡¿Qué?!, Te envía cartas, ¿por qué a mí no me manda ni un saludo?, es un malcriado-gruño.

-Tranquilícese, sus razones tendrá-y abrazo a su madre para que se calmara.

-No hay razona que justifique el hecho de que no le envié cartas a su abuela, en todo este tiempo solo me ha enviado una, UNA, y solo ha sido para decirme que siempre sí tendrá hijos y ya, no me pregunta como estoy de salud ni nada, TU hijo me saca de mis casillas-refunfuño.

Keiko no dijo nada, a su madre le dolía que su nieto favorito no la tomara encuenta, pero ella sabía que su madre era la directa culpable de eso, siempre corrigiéndolo, gritándole, regañándole, recordándole que era un Asakura, cuando Yoh lo único que quería era tan solo un poco de paz y libertad.

Por eso no le asombro cuando su hijo se rebeló al sistema autoritario de la Dinastía, solo esperaba que no fueran tan duros con él cuando se enteraran.

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Era casi media noche, lo esperaba sentada en el sillón, sus nervios tranquilos y su mirada apagada, no había porque preocuparse, ella sabía en donde estaba, miro el reloj y siguió esperando hasta que escucho el abrir de la puerta.

Entonces su semblante cambio, puso una hermosa sonrisa y su mirada brilló.

Él entró con la felicidad grabada en el rostro y se sobresalto al verla sentada en el sofá a esas horas de la noche.

-¿Qué haces levantada a estas horas?-le pregunto.

-Te estaba esperando.

-Pues bien, ya llegue, ahora a dormir-y miro con impaciencia las escaleras.

-Yo, pensaba en algo diferente, yo no tengo sueño y pensé que tal vez tú y yo...-su voz sonaba tímida.

A él se le paralizo cada parte de su cuerpo, no iría pedirle que...

-Podríamos charlar como antes-termino y lo miro directamente a los ojos.

Él respiro aliviado, por un momento pensó... tantas cosas, solo quería charlar.

Tamao noto la mirada de alivio de su esposo, no ella jamás le volvería pedir que la tocara, ya se había hecho a la idea de que Yoh jamás volvería a amarla, se recorrió en el sillón para que él se sentara.

-Bien, ¿de qué quieres charlar?-dijo animadamente, no podía negarle ese placer, no cuando la estaba dañando inevitablemente.

-¿Qué hiciste el día de hoy?-pregunto.

-Pues dar las clases Tamao, los niños avanzan satisfactoriamente, no sabes el gusto que me da el saber que habrá muy buenos pianistas en Japón-su mirada brillaba emocionada.

Ella sonrió, como amaba a ese hombre, lo abrazo por el dorso y recargo su cabeza en el pecho. Yoh se sorprendió por aquella muestra de cariño que bien sabía no se merecía, pero le debía tanto, que la abrazo de manera protectora.

-Yoh, ¿me quieres?-pregunto al cabo de unos minutos.

Él se sobresaltó por la pregunta, cerro los ojos y al abrirlos respondió:

-Sí, sí te quiero-beso tiernamente sus rosados cabellos-te quiero mucho, eres mi esposa y estaré contigo por siempre.

Ella sonrió débilmente “*Que te quedaras conmigo una vida entera*”

-Tamao, ¿porque preguntas lo que ya sabes?-acaricio suavemente su espalda.

-Nada más, solo quería estar segura de que en verdad me quieres. “*Que contigo adiós invierno solo primavera*”

-Pues entonces no deseo que lo vuelvas a preguntar.

-Esta bien, Yoh, ¿recuerdas cuando me pediste que me casará contigo?.

-Sí, como olvidarlo, fue en la playa-y sonrió.

-Esa vez me dijiste *que las olas son de magia y no de agua salada*, ¿por qué?-y levanto la cara para mirarlo.

-Por que esa es la verdad, yo así lo creo-y acaricio suavemente su mejilla.

-Sí, tienes razón. “*Yo te creo todo y tu no me das nada*”

La joven rozó con suavidad sus labios, él se negó a besarla, ella solo sonrió ante tal reacción. “*Tu no me das nada*”

-Tamao, ¿algún día te gustaría ir conmigo a la escuela?-pregunto mientras la obligaba a recargar su cabeza nuevamente.

-Sí, cuando tú quieras-su voz sonaba apagada, distante. “*Que sí sigo tu camino llegare hasta el cielo*”

-Me gustaría que conocieras a los niños, son tan simpáticos, me gustaría que nuestro hijo fuera como uno de ellos-su voz sonó animada-será un niño muy lindo.

-Sí, un niño realmente hermoso-trato de disimular la tristeza en su voz, sabía de sobra que eso jamás sucedería. “Hay Yoh, *tu me mientes en la cara y yo me vuelvo ciega*”

-Aunque no me molestaría que fuera una niña-continuo él-pero sinceramente preferiría que fuera un niño, Tamao, ¿tu que prefieres?

-Un niño, me encantaría que se pareciera a ti-su voz por instantes se reanimo.

-Sí, será muy divertido, jugar con él, enseñarle a caminar, seremos una linda familia-suspiró, en realidad se imaginaba todas esas cosas teniendo a Anna como su compañera.

-Sí-murmuro. “*Yo me trago tus palabras, tu juegas un juego*”

-Y luego cuando este más grande lo llevare a Izumo a nadar al río-su mirada brillaba con intensidad.

“*Y me brilla el mundo cuando dices luego, cuando dices luego*”

-¿Sabes?, Siento que jamás en la vida he sido tan feliz.

Ella sonrió, adoraba cuando decía esa palabra, la hacía sentir tan radiante. “*Cuando dices siento, siento que eres todo*”

-Yoh, ¿Me prometes que siempre estarás conmigo?-musito suplicante.
Él tragó saliva antes de contestar.

-Sí Tamao, yo estaré contigo-le contesto con amargura.

“*Cuando dices vida yo estaré contigo*”

Él acarició con suavidad su mano y la entrelazó con la suya, era lo menos que podía hacer por ella, brindarle un poquito de felicidad, en compensación de todo el daño que le estaba haciendo al mentirle de esa manera.

Tamao se estremeció por aquella muestra tan repentina de cariño. “Yoh *tomas de mi mano y por dentro lloro*”

Yoh sentía tanta pena por ella que tomo su rostro con una de sus manos e intento mirarla con amor.

Ella sonrió ante tal esfuerzo por parte de él, lo miro con dulzura. “No importa, *Aunque sea mentira me haces sentir viva*”

Acaricio lentamente el rostro de la chica, tratando de recordar que fue lo que le atrajo de ella, muchos años atrás.

Tamao cerro los ojos al sentir sus caricias, de repente se volvió a sentir plena y respiro el aroma de las manos de Yoh. “*Aunque es falso el aire*, no sé porque *siento que respiro*”

Lentamente y haciendo un esfuerzo sobrehumano se fue inclinando lentamente hacía ella.

Tamao cerro los ojos al sentir los labios de Yoh sobre los suyos, suspiro. “Amor, *mientes tan bien*”

Yoh comenzó a besarla lentamente, trataba de ponerle sentimiento al beso, pero no podía, simplemente no podía.

Ella correspondió con gusto, “Hacía tanto que no me besaba, *que me sabe a verdad, todo lo que me das* Yoh”

Ya no pudo besarla ni un minuto más, sus labios aunque suaves, no sabían al delicioso néctar que probaba de los dulces labios de Anna, así que rompió el beso de manera violenta.

Pero a Tamao no le importó, lo miro con amor y devoción, sintiendo como su corazón latía violento con tan solo verlo. “No puedo evitarlo, *ya te estoy amando*”

Yoh sonrió, mientras se reprendía mentalmente, no estaba bien engañarla e ilusionarla.

-Te amo-le dijo Tamao de pronto.

-Yo, yo también-murmuro mientras agachaba la cabeza.

Ella lo miró con dulzura y compasión, “*Mientes tan bien*”

Lo abrazo tiernamente y coloco la cabeza de Yoh sobre su pecho.

-¿Sabes *que he llegado a imaginar* Yoh?-musito cerca de su oído-*que de amor llenas tu piel*-y una lagrima rodó por su mejilla.

-Tamao, ¿estas llorando?-pregunto mientras se liberaba del abrazo y la miraba a la cara.

Ella lloraba abundantemente, sentía un terrible dolor interno. “*Y aunque todo es papel*, me hago tantas ilusiones”

-Ya no llores, querida, estoy aquí, te quiero-le dijo mientras la abrazaba.

Ella lloró aun más fuerte, “Yoh como *mientes tan bien*”

Le llevó un buen rato tranquilizarse, cuando lo logro, lo miro a la cara, Yoh tenía un semblante preocupado y culpable.

-Discúlpame, soy una tonta-le dijo mientras le sonreía-Ya es tarde vamos a dormir-se levanto y camino hacía las escaleras. “*Y aunque todo es de papel*”

Yoh lanzó un resoplido y la siguió.

Se acostaron en silencio, él la abrazo por la cintura y le murmuro un “te quiero” antes de caer profundamente dormido.

Ella acarició con suavidad sus cabellos y sonrió con melancolía.

-*Mientes lo sé*-musito antes de abrazarlo y también quedarse dormida.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Salió de bañarse y se dispuso a vestirse cuando su marido entró a la habitación.

Hao la miro de arriba abajo, llevaba puesto únicamente la diminuta toalla, se veía tan deseable, tan apetecible, además de que hacía mucho que no compartían intimidad.

Anna tembló al notar la intensa mirada que Hao le dirigía.

Lentamente él fue acercándose y se pego a su cuerpo.

-Oh, Anna, hace tanto que no te poseo-murmuro mientras depositaba apasionados besos en su cuello, una de sus manos tratando de desatar la toalla mientras que la otra acariciaba los muslos desnudos de la joven.

Hasta que en un movimiento violento Anna lo separo de él.

-¿Qué demonios?-exclamo.

-No quiero, de acuerdo-y se alejo lo más rápido que pudo de él.

-Pero Anna-se quejo-Hace mucho que no lo hacemos, ¿Sabes?, Yo también tengo necesidades.

-Lo sé, pero no puedo, estoy indispuesta.

-¡Maldita sea!, Constantemente encuentras excusas-dijo frustrado-Siempre que intento tocarte tienes una maldita razón para alejarme.

-Pues yo no tengo la culpa que siempre se te ocurra cuando estoy enferma o indispuesta-contesto molesta.

-Anna es que no te das cuenta de que te necesito ahora-dijo autoritario-Por favor, solo esta vez-suplicó.

-No. No quiero y no puedo, ahora salte, me voy a vestir-su voz sonó fría.

-No, me quedare, sí no puedo tocarte, por lo menos quiero verte-y se sentó en la orilla de la cama.

Ella estaba sorprendida.

-Hao, salté, por favor.

-No, eres mi esposa, estoy en todo mi derecho-dijo con una sonrisa divertida que exaspero a Anna.

-Pues sí tu no te sales, lo haré yo-tomo sus cosas y se dirigió a la puerta-No me sigas de acuerdo-le dijo tajantemente antes de salir y azotar la puerta.

Hao lanzó un gruñido de frustración antes de tirarse de espaldas sobre la cama.

Paso su mano por sus largos cabellos, ya no sabía que hacer, Anna se alejaba cada vez más de él y no encontraba la razón, él le daba todo lo que ella quería, la dejaba hacer su voluntad, sí él fuera realmente dominante, la hubiera obligado a acostarse con él aunque ella no quisiera, pero no era tan maldito como para hacer eso, pero en su interior le hubiera encantado, ya llevaba mucho tiempo conteniéndose, y las reacciones de ella cuando trataba de mantener un contacto íntimo lo frustraban de sobremanera, se desvistió y se coloco el pijama para después meterse en la cama y esperar a que su esposa regresara.

Anna respiro aliviada en la otra habitación, había salido bien librada esta vez, se vistió rápidamente y espero antes de salir, se miro en el espejo y se noto distinta, de hecho ya llevaba una semana sintiéndose mal, sufría de constantes mareos y cansancio durante todo el día, ella lo atribuía a todos los problemas que tenía últimamente, aunque también le daba muchísima hambre y ciertos alimentos le provocaban nauseas.

Alejo todas esas cosas de su mente, ella se sentía bien, más que bien, tal vez si sus molestias persistían asistiría al medico, pero sin decirle a nadie ni media palabra, no quería preocupar a nadie y muchísimo menos a Yoh.

Suspiro y se dirigió a su habitación, cuando entró se encontró con que Hao ya se había dormido.

-Menos mal, así ya no me molestara-murmuro para sí antes de acostarse a su lado.

Se tapo con las cobijas y en unos instantes se quedó dormida.

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CAPITULO 28: Te sigo Amando.

-Pues bien, ya estoy aquí-dijo nervioso-¿qué es lo que tienes que decirme con tanta urgencia?

-Tranquilo amigo, son cosas buenas, pero siéntate para que podamos platicar a gusto-prendió un cigarrillo y le ofreció uno a su amigo.

-No gracias, ¿de qué se trata?.

-He estado evaluando tu situación Yoh, he sabido que tu familia en Izumo ha cesado de molestarte, lo cual me parece perfecto pero no acaba con la molesta situación-hablaba tranquilamente, tenía que sondearlo primero, no podía dejárselo caer así como así.

-Sí así es, estoy desesperado, no sé cuanto tiempo más podré soportar, me duele tanto hacerle esto a Tamao y a mi hermano, pero por otro lado no puedo vivir sin Anna, puedo sobrevivir con mi cargo de conciencia pero definitivamente no podré hacer lo mismo si Anna me falta-en sus ojos brillaba la desesperación.

-¿Y ella como se encuentra?-pregunto aparentando preocupación.

-Bien, en realidad eso creo, últimamente ha estado un poco enferma, lo cual me tiene muy angustiado-estrujaba sus manos con fuerza-ella insiste en que esta bien, pero a mí no me agradan para nada todas las cosas que le pasan.

-¿Ya visito al medico?

-Mañana va ir a verlo, tuve que insistirle mucho, pero al fin accedió, al menos eso me quita un poco del peso que llevo arriba, necesito hacer algo y ya, pero mi cabeza ya no puede pensar ni un minuto más, no sé que demonios voy a hacer, no podré por mucho tiempo seguir dándole largas al asunto de la Dinastía, he hablado con Anna y ella esta de acuerdo, claro que como se ha sentido un tanto enferma, ella tampoco ha tenido cabeza para pensar.

-Ya veo-y expiró un poco de humo-pues yo he estado investigando y hay una persona que desea ayudarlos.

-Ryu-lo miro con desconfianza-¿No le habrás contado a alguien más sobre lo de Anna y yo, verdad?

-Claro que no Yoh-rió-Esa persona se dio cuenta de lo que había entre tu cuñada y tú desde un principio, es más hasta a mí me sorprendió.

-¡Dios mío!-exclamó aterrado, “¿cuántas personas más lo sabrán?”

-No te apures, es de confianza, ha decidido ayudarte, porque es una buena persona-y lo miro comprensivamente. “en realidad es una víbora, pero me pagara muy bien”

Yoh respiro un tanto aliviado.

-¿Pero porque desea ayudarnos?, Sea quien sea no sabe nada de nosotros.

-Yoh, esa persona sabe mucho, en especial de ti y ya te dije que quiere ayudarlos porque es una persona que comprende que cuando el amor llega, pues no queda más remedio que aceptarlo-volvió a fumar.

-¿Es de fiar?-pregunto arqueando una ceja.

-Sí.

-¿Quién es?, ¿La o lo conozco?

-No te lo puedo decir, me pidió que fuera discreto, lo que menos quiere es verse involucrada en un escándalo, me dijo que te ayudaría pero tendrías que ir a su casa a hablar personalmente-y aplastando su cigarrillo agrego-¿tu decides?

Yoh miro hacía el frente por bastante tiempo, meditaba.

-Tengo que hablarlo con Anna-dijo.

-Debo decirte que esa persona no es muy paciente, me dijo que tenías que ir a verla a más tardar el viernes, si no ibas, pues que entonces te olvidaras de su cooperación

-Pero entiéndeme, esto le concierne tanto a Anna como a mí, no puedo hacer algo sin su consentimiento.

-Pues tu sabrás, yo opino que deberías ir a verla, no creo que tu amada se moleste, todo esto lo haces por el bienestar de ambos.

Yoh volvió a pensar unos minutos más.

Ryu sonreía para sus adentros, ya estaba, Yoh había caído.

-Bueno tan solo permíteme llamarla-suspiró.

-Sí, eso esta bien, llámala y juntos platiquen, pero yo debo obtener una respuesta el día de hoy, para avisarle que has aceptado su ayuda.

-¿Me permites?-se levanto y saco el celular de su bolsa del pantalón.

-Claro, claro.

Yoh marco y se alejo una distancia prudente de Ryu.

-Amor, soy yo Yoh, es urgente-murmuro.

Ryu lo veía con cara de satisfacción que fácil era su amigo de convencer, “esa maldita de Jean se saldrá con la suya, no creo que le cueste ni la mitad del trabajo del que me esta costando a mí convencerlo”, su sonrisa se amplio aun más al ver que fácil era ganar dinero de una manera rápida y sencilla.

Al cabo de unos minutos Yoh colgó y regreso a su lado.

-Ella me ha dicho que sí, que es buena idea-se sentó-Sí Ryu, dile a quien quiera que sea que aceptamos su ayuda.

-Me parece perfecto, es lo más sensato que pueden hacer-se levanto-Pues bien, aquí tienes la dirección-le extendió un pedazo de papel.

Yoh lo tomo y leyó la dirección, no estaba tan lejos de su casa.

-Yo le avisare que iras personalmente el viernes, ¿te parece a las cuatro?

-Sí, esta bien, yo llegaré, dale gracias, lo haré cuando la vea, pero quisiera agradecerle antes, ¿sí?.

-Claro yo le diré, nos vemos Yoh.

-Sí, gracias Ryu, eres un gran amigo-y le sonrió agradecido.

Eran en momentos como ese en que él se sentía la peor basura del mundo, en realidad apreciaba al chico, sí, claro que sí.

Le devolvió la sonrisa y se marcho dejando a Yoh sentado en la banca del parque.
El viento comenzó a refrescar, e Yoh supo que también era hora de partir, era el momento para ver a la mujer que amaba.

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Caminaba sin rumbo fijo, había querido ir a dar un paseo, quería tan solo salir de su casa y recorrer las calles del centro.

Iba de buen humor, algo raro en él últimamente, de vez en cuando se paraba en los escaparates a mirar, y en más de una ocasión entro a las tiendas a comprar juguetes y ropa de bebé.

Sería tío, su hermana estaba de encargo y eso lo llenaba de felicidad, ya que con eso se comprobaba que en realidad no estaba loca como muchos decían, él conocía muy bien al padre del niño y sabía que no se negaría y de ser así se enfrentaría a él y a su ejercito de asesinos profesionales. Aunque le tenía intrigado la manera en que él conseguía dinero para viajar hasta China, después de todo él sabía que no tenía mucho dinero.

Siguió caminando con una sonrisa en sus labios, estaba feliz de volver a su hogar, ya había cumplido con el encargo de su hermana y no faltaría mucho para que él y el futuro marido de su hermana regresaran de vuelta a China.

Estaba tan absorto en su propia felicidad que no se dio cuenta y choco con una chica, provocando que los papeles que esta misma cargaba cayeran estrenduosamente al suelo.

-Lo lamento, no me fije-se disculpo mientras se agachaba a recoger lo que se encontraba tirado en el suelo-Aquí tiene-dijo con una gran sonrisa cuando se levantó, pero lo que vio le borro por completo la sonrisa.

Pilika lo miraba sorprendida, tomo sus papeles y le dio las gracias, pero no se movió ninguno de los dos parecía querer moverse.

-Que sorpresa-murmuro ella.

Len abrió enormemente los ojos, ella no se veía molesta ni ofendida ni nada por el estilo.

-Sí, no pensé que chocaría contigo-dijo tratando de dominar el nerviosismo en su voz.

-Es el destino-musitó.

-¿Perdón?-parecía confundido.

-Tu siempre decías eso cuando cosas imprevistas sucedían, solías decir que todo era obra del destino-el viento sopló y jugo con su larga cabellera.

-Así es y aún lo creo, bien, fue un placer verte, hasta luego-sonrió con melancolía y dio media vuelta.

-¡Len!-le grito-Espera-el chico volteo para mirarla-¿Te gustaría charlar?

Él se sorprendió ante tal sorpresa, no se lo esperaba, pero reponiéndose rápidamente asintió con la cabeza y juntos entraron al café donde años atrás Pilika y Anna trabajaron.

Se sentaron y un incomodo silencio los envolvió.

-Bien, pues-Pilika no sabía por donde empezar.

-No, yo soy quien debe de hablar-le dijo Len-Desde hace mucho he querido que me escuches.

-Pues este es el momento-y le dedico una hermosa sonrisa.

Él se estremeció hasta las entrañas con ese solo acto, ella era tan hermosa cuando sonreía.

-Sé que vas a casarte-comenzó.

La sonrisa de Pilika se borró.

-Así es, Lyserg pedirá mi mano la semana que entra, después de la boda nos iremos a Inglaterra.

A él le dio un vuelco el corazón al escucharla.

-Pues yo quiero decirte *que seas muy feliz, estés donde estés cariño*

Ella lo miró con sobresalto, hacía mucho que no escuchaba que alguien le llamara cariño con tanto amor.

-Y quiero que sepas que *no importa que ya, no vuelvas jamás conmigo*, he entendido muchas cosas desde que nos separamos.

-Len, no es necesario-murmuro, quería que parara, estaba sintiendo tantas cosas en esos momentos, en realidad desde mucho antes, desde aquel día en el teatro, cuando cayo en sus piernas recordó súbitamente todos los días bellos que pasaron juntos, la hermosa sensación de plenitud que sentía cuando él la besaba, la abrazaba, la acariciaba.

-Sí, sí lo es-y la miro suplicante-*Deseo mi amor que sepas también que te amo*-y la miro con intensidad-A pesar de estar tanto tiempo separados yo quiero decirte *que no te olvide, que nunca podré, te extaño*

Pilika se quedo sin habla sus ojos se llenaron de lagrimas, Len jamás le había hablado así.

-*Que seas muy feliz, que encuentres amor, mi vida*-continuo, su mano temblorosa se poso en la de ella-*que nunca mi amor te digan adiós un día*-trato de sonreír-porque sino yo mismo iré a vengar cada una de tus lagrimas.

-Len yo no sé...

-Tú no necesitas decir nada-le interrumpió-soy yo el que siempre te ha molestado, así que *perdóname mi amor por todo el tiempo que te ame, te hice daño*, ahora sé que mis celos y mi maldito carácter posesivo te lastimaron enormemente.

-Pero esa es tu forma de ser, yo nunca intente cambiarte-y lo miro con ternura.

-Creo que *te ame de más y fue mi error*, ya que debido a eso, estuve a punto de cometer en tu contra la mayor de todas las atrocidades, tu no tenías la culpa de nada, solo yo soy el culpable de que me dejaras, ¡por mi maldito miedo al compromiso!-golpeo con fuerza la mesa-es por eso *que soledad, estoy sin ti, lo estoy pagando*-agacho la mirada.

-Len, ya basta por favor-le suplico, le estaba partiendo el corazón verlo así de vulnerable.

-No Pilika, sinceramente de deseo *que seas muy feliz, que seas muy feliz* a lado de Diethel-lagrimas silenciosas caían en la mesa, levanto su rostro y dejo que Pilika lo mirara, tal vez con eso lo perdonaría por todo, al ver como ella lo destrozaba-*Mientras que yo te sigo amando*-dijo antes de pararse.

Ella no podía dejarlo ir así, comprendió que Anna tenía razón que todo lo que había hecho era por amor, no justificaban sus acciones, pero él la amaba intensamente, de pronto recordó lo que le dijo Anna: “No cometas el mismo error que yo, no dejes ir lo que ya tienes”, su amiga tenía razón al diablo con el orgullo, que importaba que él le hubiera tratado de hacer lo que fuera, amaba a ese hombre con todo su ser y no lo iba a dejar ir así porque sí.

Corrió tras él y lo alcanzo en la salida.

-No te vayas, por favor, no me dejes-y lo abrazó.

-¿Estas jugado conmigo?-le pregunto un poco molesto-¿No te parece suficiente la forma en que me humille?

Ella lo miró a los ojos con ternura y acaricio su mejilla.

-Jamás cambiaras Len Tao, por eso he decidido que quiero quedarme a tu lado-y le sonrió.

Len abrió los ojos desmesuradamente, se pellizcó para ver que no estaba soñando.

-¡Ay!-exclamo al comprobar que en realidad no era un sueño-Pero Pilika, tu y Lyserg-tartamudeo, no comprendía.

Ella rió divertida.

-No voy a dejar escapar al hombre que amo y con quien me siento completa, no te voy a dejar irte así de mi vida, no puedo, jamás me lo perdonaría-y lo miro con amor.

-Pero todo lo que te hice, yo he sido un completo idiota-dijo, seguía inevitablemente confundido.

-Ya no importa, yo te perdono y te perdonare muchas cosas más, no me importa sí no me llevas vestida de novia y me caso en una linda boda, ya no me interesa eso, yo tan solo quiero estar a tu lado para siempre, con o sin papel-dijo firmemente.

Len sonrió, no podía creer tanta felicidad.

La tomo en sus brazos y dio vueltas con ella, ambos riendo, tomo su mano y lentamente se inclinó hacia ella besándola tierna y profundamente, ella dejándose guiar por la boca masculina que comenzaba a besarla con desesperación, cuando terminaron se miraron a los ojos.

-Estas segura de esto-le murmuro él.

-Por supuesto.

-¿Y que pasara con Diethel?

-Yo hablare con él, entenderá, estoy segura, es un buen muchacho, pero haré eso otro día-acarició su cabello y su nuca-Ahora tan solo quiero que me lleves directo a las estrellas.

Lo acerco hacía ella y lo beso una vez más, sí eso no era la gloria entonces no sabía que era.

Y el destino sonrió complacido.

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-¿Qué te ha dicho él medico?-pregunto preocupado.

-Me saco unos análisis y me pidió que regresara dentro de una semana.

-Pero no es grave ¿verdad?-y la miro con gesto inquisidor.

-No, bueno eso me dijo, que no era grave y yo le creo-dijo traviesamente.

-¿Me escondes algo?-pregunto curioso.

-No, no podría o no por mucho tiempo-y sonrió pícaramente.

-¿Qué es Anna?

-Es una sorpresa, tienes que esperar hasta que este completamente segura-y le dio un beso fugaz.

-Vamos, dime-y la miro suplicante.

-No, ya te dije que tengo que estar segura, pero te puedo asegurar que sí es cierto lo que sospecho, la sorpresa te va a poner muy contento.

-Esta bien esperare-dijo mientras la envolvía en un abrazo.

-Yoh, ¿entonces iras a ver a esa persona?-dijo poniéndose seria.

-Sí, no tenemos otra opción, claro sí queremos estar juntos-y beso su frente.

-Tienes razón, ¿qué crees que te proponga?-y levanto su cabeza para mirarlo.

-No lo sé amor, pero sea lo que sea veré si nos conviene-y le sonrió.

-Espero que sea algo productivo, ya que podría arruinar la sorpresa.

Yoh la miro con curiosidad, no sabía de que hablaba pero sentía que fuera lo que fuera serían muy buenas noticias.

-Anna, ¿qué es?-le volvió a preguntar.

-No, te lo diré-dijo con tono infantil.

-¿ah, no?-dijo divertido.

-No-repitió con el tono anteriormente utilizado.

-Pues entonces no me dejas otra opción que... un ataque de cosquillas-y comenzó a hacerle cosquillas en todo su cuerpo.

-No Yoh, basta, ya, ya-decía entre risas.

-Me vas a decir ya-dijo divertido y también entre risas.

-No-dijo firmemente-Es una sorpresa, ¿no querrás arruinarla, verdad?

-Claro que no-contesto y dejo de mover sus manos, ella después de unas cuantas risas más se tranquilizo.

-Y dices que soy yo la impaciente-le reprocho.

-Esta bien, ya no preguntare-y acaricio los desordenados cabellos rubios de la chica.

-Así me gusta y solo por eso... – lo empujo hasta dejarlo recostado sobre el futón, se coloco encima de él y lo beso con pasión.

-Voy a portarme bien de ahora en adelante-dijo sugestivamente cuando terminaron de besarse-Con besos como esos a quien no le dan ganas de portarse bien.

Ella solo rió para volverse a empinar para besar nuevamente a su amante.

Todo saldría bien, eso solía repetir siempre él, y le creía, confiaba plenamente en él, confiaba que aquella buena persona que iba a ayudarles tuviera una buena solución para que jamás volvieran a separarse y más ahora cuando tenía sospechas de algo que la llenaba de felicidad y de temor al mismo tiempo, no por Yoh, sino por su marido.

Pero mientras lo besaba sabía que había una buena solución para todo y que ella estaría junto a él para toda la vida.

CONTINUARA... Subir

CAPITULO 29: Pequeños inconvenientes.

Su reloj marco las cuatro, caminó más aprisa, solo le faltaba tan solo una cuadra para llegar, todas sus esperanzas estaban puestas en esa visita.

Llego a la suntuosa casa y miro de nuevo la dirección, sí, esa era, subió los tres escalones que lo separaban de la puerta y llamó, suspiro y espero pacientemente.

Al cabo de un rato, la doncella apareció.

-¿Diga?-dijo con su voz fría y gesto arrogante.

-Tengo una cita, por favor avise que Yoh Asakura ha llegado-contesto con una sonrisa.

La joven mujer abrió desmesuradamente los ojos, lo miro de arriba abajo y en sus ojos la sorpresa brillo.

-Enseguida, pase, pase-le dijo mientras se perdía escaleras arriba.

Yoh se dedico a observar cada detalle dentro de la casa, todo se le hacía extrañamente familiar, inclusive podría jurar que a la sirvienta la había visto en otra parte.

-Señor, pase a la sala, mi señora estará con usted en un momento-la voz de la doncella lo saco de sus pensamientos y la siguió.

“Conque es una señora”

La criada lo dejo no sin antes ofrecerle algo que beber.

-No, gracias, así estoy bien-murmuro.

Ella salió dejándolo completamente solo.

La sala era espléndida, todo decorado a la inglesa, en el centro había un piano de caoba y colgado en una repisa se hallaba un violín.
Se acerco a observarlo con detenimiento, le recordaba mucho a uno que había visto años atrás.

-Llegas con quince minutos de retraso-dijo de pronto una voz femenina que lo estremeció.

Se volvió lentamente para encontrarse cara a cara con una hermosa mujer que le sonreía sarcásticamente.

-¿Jean?-articulo con dificultad-¿Eres tú la que desea ayudarme?

-Así es, soy yo, pero siéntate querido Yoh-y le señalo un cómodo sofá.

-Creo que no será necesario, me voy-y se dio media vuelta.

-¿Adónde?, ¿A quien le pedirás ayuda?, No té queda otra opción más que escucharme-y rió.

-¿A donde quieres llegar con esto?-y la miro a los ojos.

-Solo quiero ayudarte, en nombre de nuestro antiguo amor-dijo con voz melosa-Deberías estar agradecido que haya sido yo la que descubrió el idilio que existe entre tu cuñada y tú-se acerco a él y confronto su rostro, Yoh inmediatamente se separo y se sentó.

-¿Qué es lo que quieres?-le pregunto con el ceño fruncido.

-Tan solo deseo que seas feliz.

-¿A quien tratas de engañar?, A mí no me vengas con estupideces como esas, sé de sobra que esto lo haces en beneficio de tu persona.

-Jamás voy a engañarte, ¿verdad?, Me conoces demasiado, nadie como tú me ha conocido de la misma manera y nadie me ha amado tanto como tú-se acerco a él de manera sugestiva y de la misma forma se sentó-¿Te acuerdas Yoh?, Recuerdas como besabas, como me acariciabas, como me decías que me querías-y le beso el lóbulo de su oreja.

-Déjame en paz y dime de una buena vez que quieres-dijo molesto y alejándose de ella.

Ella rió con burla.

-Veo que sí lo recuerdas, y ¿recuerdas también que te querías casar conmigo?-y se mordió seductoramente sus labios.

-¿A que viene todo esto?, No le encuentro sentido-su voz era fría.

-¿Recuerdas?-repitió.

-Sí, sí me acuerdo, fui un estúpido en querer pasar el resto de mis días con alguien como tú, una mujer ambiciosa y cruel, a veces me pregunto sí de verdad has llegado a amar a alguien.

-Oh, claro que sí, es por eso que te cite-y cruzo sus piernas.

-¿No te entiendo?-la miraba confundido.

-Eso no quiere decir que hayas sido tú al que más he amado-negó con la cabeza-eso nunca, he encontrado a alguien que es digno de mi amor.

-¿A sí?, ¿Quién es el pobre imbécil?-pregunto con ironía.

-Tu hermano-contesto tranquilamente.

A Yoh se le fue el aire por un instante, y la miro perplejo, ella solo sonrió ante tal reacción.

-Encuanto a que sí es un imbécil, no lo sé, pero ¿de qué otra forma se le llamaría a un hombre que no se da cuenta de que su esposa se revuelca con su propio hermano?-dijo de manera mordaz.

-Eres una... –se contuvo, no tenía porque gastar energías con alguien como ella-vas a decirme que es lo quieres.

-Es algo muy simple, ambos saldremos beneficiados, mira-se acerco a un mueble y saco dos pedazos de papel-aquí tengo dos boletos de avión para viajar a España, para ti y para Anna, te propongo que te vallas con ella del país, así yo podré quedarme con Hao y tu te quedaras con su esposa, ¿qué dices?

-¿Por qué estas haciendo esto Jean?

-Porque estoy enamorada de tu hermano como una loca, lo quiero para mí-y le dio un pequeño golpe con su dedo en el pecho.

-Dirás a su dinero, no soy idiota ¿sabes?, Sé que tu familia esta en la ruina y sé que buscas un marido rico para desposar, cuando uno pasa tanto tiempo en Europa rodeado de nobles se entera de muchas cosas, y de todos los hombres tenía que ser mi hermano con el que te encapricharas.

-No es un capricho, lo amo.

-¿Tú que sabes del amor?, Por favor, ¡A ti solo te importa tu buena posición!, no es por eso por lo que me dejaste, porque te ibas a casar con un hombre rico, un hombre que te desprecio cuando se entero de lo que hubo entre tú y yo-le dijo exaltado.

-Tú no sabes nada de mí, en ese tiempo era tan solo una niña, hoy he madurado y sí, te confieso que en un principio me acerque a Hao con el fin de quitárselo a su mujer con el firme propósito de tener su dinero, pero conforme lo iba conociendo me iba dando cuenta de que es un gran ser humano, que es una persona maravillosa y acabe enamorándome de él-suspiro-te estoy dando una ayuda, la quieres o no.

-No, no la quiero-dijo firmemente.

-Yoh, entiende, esto te beneficia tanto a ti como a mí-dijo apelando su decisión-Vete con la mujer que amas y yo me encargare del resto, tu familia se enfadara sí, pero es lo mejor que puedes hacer, o que, ¿esperaras a que todo el mundo se entere?, ¿A que Tamao y Hao se den cuenta?, ¿Te parece justo Yoh?, Contéstame.

-Por eso no la acepto, no se me hace justo irme dejando sola a Tamao en este asunto.

-¡Vamos, Yoh!, Déjate de sentimentalismos-dijo comenzando a desesperarse-Tamao lo aceptara, la tormenta será menor si se quedan en el centro del huracán.

-He dicho que no y así se hará, si Anna y yo debemos enfrentar al mundo entero para poder ser felices que así sea, no voy a huir como un cobarde.

-Yoh por favor-ahora su voz era suplicante.

-No y eso es lo ultimo que voy a decir, gracias por tu ayuda, pero no-dijo tajantemente-Sí eso era todo, pues adiós, ya no tengo a que quedarme-dio media vuelta y comenzó a caminar hacía la salida.

-¡Te vas arrepentir de no haberme ayudado!, ¡Yoh Asakura, cuando menos te lo esperes caerás!, ¡Tú y esa maldita mujer!-estos gritos fueron los últimos que Yoh escuchó antes de salir y perderse entre la gente.

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Caminaba de un lado a otro con la carta entre las manos, lo que decía era sumamente abrumador y emocionante a la vez, sería papá dentro de muy poco, regresaría a China y se casaría con ella, solo esperaba a que Jean le pagara lo que le prometió por convencer a Yoh, lo demás sería pan comido.

Sonrió con satisfacción al imaginarse la cara que pondría la anciana Kino cuando se enterara de que Jun Tao había dado a un heredero y que el padre era nada más y nada menos que su informante.

Después de todo no había sido mala idea enamorar a Jun, esa hermosa mujer le daría más satisfacciones que jamás imagino, la quería, es más la amaba aunque en un principio fue venganza y ambición lo que lo orilló a matar a su prometido y a conquistarla, pero con el paso del tiempo llego a amar a esa linda muchacha de hermosos ojos azules, y nunca pretendió jugar con ella, de ser así su hermano y su padre se hubieran encargado muy bien de descuartizarle.

Pero no, él podría ser un cínico y un descarado, pero nunca un patán, no podía abandonar a esa pequeña criatura que era tan suya como de Jun.

Se detuvo a pensar un momento, saco papel y tinta de su escritorio y escribió:

“Querida Jun:

Amor lo que me dices es maravilloso, no encuentro palabras para describir lo feliz que me haces, tienes razón, dentro de poco estaré a tú lado para casarnos y juntos criar a nuestro hijo.

Por el momento me es imposible viajar, he tenido mucho trabajo y no me han pagado aún, así que tendremos que esperar a que me den el dinero parta viajar lo antes posible a tú lado.

No creo que me lleve mucho arreglar mi situación, aquí en Japón, y también sé que no puedes esperar mucho, ya que dentro de poco se notara que estas embarazada y creo que ni tu ni tu familia desean un escándalo social y créeme a mí tampoco me gustaría.

Lo mas probable es que viaje con tu hermano de regreso, al parecer te ha prometido querida, que regresara conmigo aunque me tenga que llevar arrastrando o por lo menos eso fue lo que me dio a entender cuando me entrego tu carta, aunque te he de decir que tu hermano también demorara un poco en su viaje, se ha reconciliado con su novia, espero esto te alegre ya que al parecer habrá doble boda.

De todas formas en caso de que tu hermano no desee volver yo sí lo haré, espero que seas paciente, te prometo regresar lo antes posible, y ni se te ocurra viajar en tu estado, lo primordial es tu salud y la del bebé, por eso te pido que tengas paciencia, yo regresare, por supuesto y espero nunca dudes de que así lo haré, soy un hombre y como tal te voy a cumplir, solo te pido que soportes un corto tiempo más, después podremos ser felices.

Te mando muchos besos y abrazos, también te mando un paquete con ropa y juguetes que tu hermano le ha comprado a nuestro hijo, no sabes que ilusionado esta, pero te aseguro que no tanto como yo, yo del mismo modo he realizado algunas compras y te las envió igualmente.

Esperando soportes un poco más, te ama

Ryu”

Doblo la carta y cogió una gran caja con uno de sus brazos, reviso que llevara todo y salió de su casa con una gran sonrisa en los labios.

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-¿Ha sucedido algo?-pregunto preocupado mientras se acercaba a la chica.

-No, solo deseo que me ayudes-contesto tranquilamente.

-¿Te encuentras bien Tamao?-y se sentó a su lado-Mira yo sé que lo que vimos fue difícil pero...

-Horo Horo lo que vimos fue un sueño, una figuración, creí que todo eso había quedado muy claro-le interrumpió-Sí te pedí que vinieras es porque quiero comprarle un regalo a Yoh y quiero que me ayudes.

-No te entiendo, después de lo que te hizo, mejor dicho de lo que te hace, ¡Y tu quieres regalarle algo!, no ves que solo fomentas su infidelidad.

-Te he dicho que todo fue un sueño-dijo elevando la voz.

-¿Por qué Tamao?, ¿Por qué te niegas a ver?, tanto lo amas que le perdonas que te engañe-y la miro con indignación.

-Fue un sueño Horo Horo-sollozo agachando la cabeza-¡Porque no lo ves así también!, sí tan solo me dijeras que tu también lo soñaste, el dolor aunque fuera un poco, disminuiría-levanto su rostro y él noto que lloraba.

-Pero yo no puedo engañarte, no de esa forma-y acaricio su mejilla, no soportaba verla así, cuando ella lloraba deseaba tener a Yoh de frente para poder matarlo.

-Por favor, solo hazlo quieres-suplico-es difícil, en especial cuando es el hombre con quien pensé compartir toda mi vida, al que amo profundamente, es difícil aceptar que él ya no me ama-sonrió débilmente-por favor Horo, dime que tu también lo soñaste.

No podía resistir esa dulce mirada llena de dolor y amargura.

-Sí Tamao yo también lo soñé-murmuro.

-Gracias, eres tan bueno conmigo-y le dio un fraternal beso en la mejilla, este solo acto lo hizo estremecer-Ahora debes ayudarme a comprar ese regalo para Yoh-dijo recobrando el buen humor.

-¿Y que clase de regalo deseas comprarle?

-Uno que sea de verdad especial, uno que demuestre cuanto lo amo y cuanto deseo que feliz.

-¿Has pensado en algo?-y la miro un poco turbado, no entendía como él también había caído en el horroroso juego de mentirse.

-En realidad sí, me ha costado mucho decidirme a comprárselo, pero sé que eso lo hará muy feliz y creo que a mí también, aunque parezca todo lo contrario, el regalo que deseo darle es para nuestro propio bien, aunque alguien más se beneficiara del obsequio.

-¿Y quien será el tercero?-pregunto con curiosidad.

-Anna, ella también será feliz con el obsequio, y más ahora, cuando ella también le dará un regalo aún más grande que el mío a Yoh-y sonrió con amargura.

-¿Qué quieres decir?, ¿Ella también tiene un presente para Yoh?

-Así es, sé que Yoh se pondrá muy contento con esa sorpresa.

-¿Qué clase de obsequio es?

-Es algo que Yoh siempre deseo, algo que recibirá con gusto ya que es de parte de la mujer que el tanto quiere-y contuvo con mucho esfuerzo las ganas de llorar.

-Es un... –no se atrevió a decirlo, no quería ver derrumbarse a Tamao, así que cambio la respuesta por una pregunta-¿Estas segura que es de... digo es para Yoh, no será para su marido?

-No, estoy segura, yo la vi cuando llego a hacerse la prueba, lucía radiante, feliz, tenia la ilusión grabada en el rostro, sí fuera para Hao la reacción hubiera sido muy distinta, además por lo que me ha dicho Jean, él hace mucho que no la toca, así que el obsequio es de Yoh, en especial cuando ella le dijo a la enfermera que a él le gustaban los niños, es cuando supe que sí, que en realidad era para mi marido-una lagrima silenciosa cayo al piso.

-¿Ella no te vio?-dijo tratando de no verla llorar.

-No, ¿cómo podría?, Si se hallaba tan feliz-seco sus lagrimas-pero eso no importa, yo de verdad deseo darle mi obsequio, que sé le agradara no tanto como el de Anna, pero lo hará feliz y yo lo único que deseo es su felicidad.

-Ya veo y entiendo a que clase de regalo te refieres, conozco un buen lugar donde te lo entregaran rápido y sin preguntas molestas, es barato y un amigo mío trabaja ahí, ¿quieres que te lleve?

-Por supuesto, entre más rápido mejor-y le sonrió-Muchas gracias Horo Horo, no sabría que hacer sin ti, eres un gran amigo.

-Para todo lo que quieras Tamao, yo siempre estaré contigo, ahora vamos-se levanto y la ayudo a incorporarse.

Ella sonrió y tomo su mano, y por primera vez en su vida se pregunto el porque no se había enamorado de él.

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CAPITULO 30: Temblando.

Hao esperaba impaciente en la sala de espera, miraba a su alrededor y constantemente dirigía su mirada al reloj de pulso, necesitaba tanto hablar con alguien y no se le ocurrió mejor persona para dar consejos que su hermano.

-Hermano, que gusto verte, ¿qué te trae por aquí?-dijo la voz masculina de Yoh.

Hao le sonrió para después sentarse en uno de los sillones.

-Tengo un problema y necesito que me ayudes, perdona sí interrumpí algo, pero en verdad necesito ayuda, hace mucho que no charlo contigo-y lo miro anhelantemente.

-Por supuesto, para que estamos los hermanos-se sentó a su lado-A ver, cuéntame, ¿cuál es tu problema?

-Anna, ella es mi problema.

Yoh se estremeció al escucharlo.

-¿Qué sucede con ella?-pregunto nervioso.

-Ya no es la misma-se llevo su mano a la frente-hace tanto que esta tan distante, tan lejos, no sé que sucede con ella-la turbación se dibujaba en su rostro-Ya no deja que la abrace, que la bese, que la toque, hace mucho que dejamos de tener relaciones sexuales, además últimamente ha estado mucho más extraña, van varias veces que vomita, que se marea, supongo que ha de estar enferma-lo miro suplicante-por eso he venido contigo, ella pasa mucho tiempo a tu lado, supongo que han de ser muy buenos amigos, por eso, Yoh, dime ¿tú sabes porque Anna se esta alejando cada vez un poco más de mí?

Yoh trago saliva, claro que lo sabía, de hecho Anna se encontraba arriba en el salón aguardando su llegada, pero no podía decirle a su hermano que su esposa ya no lo quería y mucho menos que ella y él eran amantes y se amaban profundamente, pero tenía que decirle algo, lo que fuera, tal vez una mentira piadosa ayudaría.

-Es porque ya no le prestas atención-dijo de pronto.

Hao lo miro sorprendido.

-Me ha dicho que trabajas considerablemente y pasas mucho tiempo fuera de casa, creo que la has descuidado-continuo Yoh esperando una respuesta por parte de su hermano conteniendo la respiración.

-Eso es todo-y sonrió-pobre de mi linda Anna, le duele que yo no esté a su lado.

Yoh respiro aliviado.

-No me había dado cuenta, ¿qué me recomiendas hacer para que ella vuelva a ser la misma conmigo?-le pregunto.

-Supongo que ponerle un poco más de atención, Anna estuvo un poco enferma y tú ni siquiera te diste cuenta-le reprocho.

-¿Estuvo enferma?-dijo con asombro-Yo no sabía, por eso los mareos y los vómitos.

-Sí, pero no es nada de que preocuparse, ella me ha dicho que esta bien, que no tiene nada malo.

-Ya veo, tienes razón, debo de ponerle más atención a mi mujer, por suerte que tu estas con ella-tomo su mano fraternalmente-me alegra mucho que se hayan entendido, no sabes lo feliz que me hace el saber que las dos personas a las que más valoro en mi vida sean tan buenos amigos-le sonrió cariñosamente-gracias Yoh por ser tan buen hermano y por ser tan amable con mi querida Anna.

A Yoh se le cayo el mundo con el solo escucharlo, su hermano le tenía tanta confianza, y él la estaba tirando por la borda, le dolía lo que le estaba haciendo, pero no podía dejar de amar a Anna, era como si se negara a él mismo.

-Gracias, pero creo que exageras-dijo tratando de sonreír lo más natural posible.

-Claro que no, tu eres una persona tan tranquila y tan honesta, eres un gran ser humano Yoh, me alegra mucho el tener a un hermano como tú, alguien que siempre estará ahí para ayudarme, para escucharme y aconsejarme, yo sé que tu jamás harías algo que me lastimara-y lo abrazo fuertemente al tiempo que le daba cariñosas palmadas en su espalda.

Yoh se mordió los labios para tratar de calmar los cargos de conciencia.

De pronto Hao se retiro de él de manera violenta, para tomarlo por el cuello y olfatearlo con detenimiento.

-Ese perfume... –dijo oliendo el cuello de la camisa de su hermano-Huele a... -volvió a olfatear, para asegurarse-Huele al perfume que usa Anna-y lo miro confundido.

-¿Es... Estas segu... seguro?-tartamudeo nervioso.

-Por supuesto, yo mismo le compre ese perfume, es exclusivo-se agacho y volvió a olfatear, esta vez encontró algo más-¿Por qué tienes manchada la camisa de rojo?-le pregunto seriamente.

-No lo sé-dijo tratando de parecer seguro.

-Es lápiz labial-dijo mirando su dedo manchado de color rojo-Y es exactamente del mismo color del que usa Anna, Yoh ¿me puedes explicar el porque hueles a mi esposa y porque tienes lápiz labial en la camisa?

Yoh estaba al borde del colapso nervioso, no sabía que decir por primera vez, no sabía que mentira era la adecuada, no podía decirle “es porque Anna me estuvo besando el cuello antes de que tu llegaras e interrumpieras nuestros pocos momentos de intimidad”, claro que no, estaba atrapado y la dura mirada de su hermano no estaba ayudando para nada.

-Veras... -dijo tratando de explicar algo lógico.

-No tienes nada que decirme, todo me queda muy claro-su tono de voz era frío.

-Así-trago saliva y se armo de valor, sí lo iba a descubrir, pues que fuera de una buena vez-Pues sí, estas en lo cierto, lo lamento hermano, pero fue algo que sucedió, fue algo que escapo de mi control-dijo en tono serio.

Iba a continuar cuando Hao soltó una fuerte carcajada.

-No importa-dijo dándole un cariñoso golpe en el brazo-De todas formas pensaba compartirla, me alegra que hayas sido tú.

Yoh lo miraba confundido y sorprendido, no entendía absolutamente nada, no podía creer que su hermano fuera capaz de querer compartir a su esposa.

-Hao, yo, no...

-No tienes porque disculparte, ese perfume te lo ha de haber pedido Tamao, así son las mujeres, ven algo que les gusta en otra y luego, luego te lo piden, te comprendo muy bien-y sonrió-¿le gusto a tu esposa?

-Sí-dijo todavía confundido, para luego afirmar-Sí, sí le gusto-suspiro aliviado, hablaba del perfume.

-Me alegro, supongo que lo ha de haber olido en la ropa de Anna y le agradó el olor, y también supongo que le agradó el color del lápiz labial.

-Sí, así fue.

-Pues que bien, pero deberías de cuidar que no te manche de esa manera la camisa, alguien podría pensar que engañas a tu esposa con la mía-y soltó una carcajada divertida.

Yoh sonrió débilmente, “Sí supieras Hao que estas en lo cierto”

-Bueno, me voy, tengo trabajo que hacer, gracias por tu consejo, tratare de seguirlo y ponerle más atención a mi esposa, claro cuando pueda-se levanto y le tendió la mano-Nos vemos luego.

-Sí, adiós, me alegra que pude ayudarte.

-Adiós-le dijo antes de salir por la puerta y perderse entre los pasillos.

Yoh se dejo caer pesadamente en el sillón.

-Estuvo cerca-murmuro, se paso su mano por la cara y respiro hondo.

Sabía que el final se acercaba, tarde o temprano Hao se enteraría de la verdad.

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Se encontraba solo en casa, sentado en el cómodo sillón leía con atención su libro.

Aburriéndose rápidamente lo dejo a un lado y se estiro, sonrió al mirar hacía la ventana.

El sol estaba siendo ocultado por numerosas nubes de lluvia, le encantaban los días así, en especial cuando se encontraba a lado de la mujer que amaba y con la que pronto contraería nupcias.

Lyserg se levanto y se dirigió hacía la ventana, dentro de poco Pilika, la mujer que siempre había amado, sería su esposa y juntos se marcharían de Japón y vivirían cómodamente en su tierra natal: Inglaterra.

Pensaba en toda la dicha que tendría cuando el teléfono sonó, sacándolo de sus pensamientos, rápidamente se dirigió hacía el teléfono y contesto, era el día libre de la sirvienta.

-¿Bueno?

-Lyserg, soy yo Pilika

-Amor, ¿qué sucede?-pregunto con voz alegre.

-Quería ver, sí podías salir conmigo tengo algo importante que decirte.

-Pues, creo que no se va a poder, esta lloviendo y no deseo que te mojes y que te enfermes.

-Es que es urgente-dijo desesperada.

-Pues dímelo por teléfono.

-No creo que sea lo correcto, no es justo que me esconda atrás de una bocina.

-¿Qué sucede Pilika?, ¿Es algo grave?-comenzaba a asustarse.

-En realidad sí, quería decírtelo personalmente, pero, en vista de que no se puede, no me dejas otra opción que hacerlo por el teléfono-suspiro-perdóname de verdad.

-¿Qué quieres decir?-pregunto nervioso.

-Es por la boda, quiero decirte, no se como, bien, no puedo casarme contigo-termino.

-¿Por qué?, no te entiendo-murmuro *temblando, con los ojos cerrados*

-Sí, veras no puedo engañarme y seguir engañándote de esa manera tan cruel.

-¿Quieres explicarte?-pregunto y miro hacía la ventana “*El cielo esta nublado, y a lo lejos tú... *”

-Hace dos días me encontré con Len-se detuvo-Y pues, tomamos un café y platicamos de muchas cosas.

Lyserg esperaba pacientemente, “*Hablando de lo que te ha pasado*”

-¿De que hablaron?-pregunto disimulando el enojo en su voz.

-De cosas, cosas del pasado, de hecho él habló, me dijo tantas cosas Lyserg, cosas que jamás me había dicho-su voz se escuchaba emocionada-Y cuando termino, iba a irse, pero...

Él sonrió con melancolía, “Esta *intentando ordenar palabras, para no hacerme tanto daño, tanto daño*”

-Yo no pude, te juro que no pude, mas bien no quise dejarlo ir, corrí tras él, fue algo inevitable, lo siento-y parecía que era verdad.

-¿Qué sucedió cuando lo alcanzaste?-pregunto con voz apagada, esperando lo peor, “*Y yo sigo temblando*”

-Lo detuve, le pedí que me escuchara, en verdad perdóname, perdóname, pero, pues tuve que hablar con él, decirle que no podía, no debía dejarlo ir, después...

Lyserg contuvo la respiración cuando escucho lo que sucedió después, “*De la mano y con mucho cuidado, os besasteis en silencio*”

-*Donde no había luz*-dijo ella, mientras resoplaba suavemente, le era tan difícil.

-Esta bien-murmuro-¿Y has decidido qué...?-espero a que ella tuviera el valor suficiente, mantenía una sonrisa extraña, una mezcla entre el dolor y la diversión, “*Y me hace gracia tu manera de contarlo, como el que cuenta que ha pensado, que ha decidido*”

-Pues *que seguimos siendo amigos*, sé que te suena estúpido y que tal vez no quieras, después de todo, ya habías hablado con mis padres, por mi parte yo ya hable con ellos y apoyan mi decisión, te piden disculpas por todo esto, pero ellos como yo piensan que no sería justo casarme contigo mientras estoy enamorada de otro y no puedo ser otra cosa más que tu amiga, perdóname, de verdad.

Lyserg lanzo un suspiro amargo, lo estaban dejando, el amor de su vida lo estaba abandonando porque no lo amaba, lagrimas comenzaban a caer inevitablemente, “*Y yo sigo temblando y llorando*”

-¿Sabes Pilika?, Cuando comencé a salir contigo, yo *me había jurado que nunca iba a llorar* cuando me dejaras, pero no puedo dejar de sentir tanto dolor-dijo entre tristes sollozos.

-No llores, de verdad, yo lo lamento, pero no te amo, amo a Len, yo después de todo me he dado cuenta que eres un buen chico, eres muy amable, pero no puedo amarte, no puedo de verdad.

Lyserg lloraba abundantemente, “Estoy, *escuchando cada palabra que no quería escuchar*”

-Pero Pilika, ¿por qué?, yo te amo, todo lo que me dijiste, cuando nos besábamos, nos abrazábamos, te veías tan feliz, no puedes dejarme, te amo, yo quería formar contigo una familia, por favor, recuerda todos los días que vimos el atardecer, recuerda cuando decías que no habías querido a nadie como a mí, por favor, recuerda, no me dejes, no, no por favor, te amo, te amo-dijo desesperado, “Estoy *desgarrándome*”

-En verdad lo lamento, pero no puedo, lamento haberte engañado de esa manera, pero entiende, yo estaba muy dolida, creí que de verdad te quería, pero me di cuenta de que no era así, sí te quiero, más no te amo.

-Por favor, Len es un patán, por favor no me dejes, no me dejes, te amo, he puesto cada una de mis esperanzas en ti, no puedes dejarme así como así, te amo, te aseguro que nadie te amara como yo, por favor, cásate conmigo, yo te haré olvidar a Len, no me dejes, por favor no me dejes-un gran dolor en su pecho punzaba, “Jamás imagine que estaría *suplicándote, intentando hacerte recordar*”

-Contéstame por favor-musito.

Ella suspiraba tristemente.

Su esperanza se esfumo... “*Pero tú solo dices*”

-*Voy a colgar*-murmuró ella y el sonido intermitente de línea ocupada le llegó a Lyserg.

Colgó lentamente y se derrumbo en el sofá, amargo llanto caía por sus mejillas, al ritmo de la lluvia.

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