Redpsicología. Biblioteca de psicología y ciencias afines
Módulo 303
Artículos varios de psicología (parte
I)
Artículos
de psicología de las adicciones
Epigénesis
del sí mismo adictivo Mariela Fernández
Hacia una nueva
modalidad de internación Carlos Bonetto y
otros
Psicodrama
en adolescentes que hacen uso indebido de drogas Mirta Rapetti
Trastornos
adictivos (I): principios claves del tratamiento David Puchol Esparza
Trastornos
adictivos (I): ámbitos fundamentales de intervención David Puchol
Esparza
Artículos
de psicología de la comunicación
Comunicación
virtual y vínculos interpersonales María Andrea Bennati
El
proceso de la comunicación interpersonal Elena Gómez Rey
Artículos
de psicoterapia
Apuntes sobre sueño
despierto, una técnica psicoterapéutica Daniel Scian
El efecto placebo para
la disminución del sobrepeso Varios autores
La imagen en
psicoterapia: sentido y vivencia Lidia Loughlin
La respiración
holotrópica Rodrigo Gómez Fernández
Modelo
de entrenamiento clínico en terapia sistémica Lina Cappuccio
Psicoterapia
humanística: un enfoque integrativo Andrés Sánchez Bodas
Artículos
de psicología de la familia
Ampliando contextos: la
primera entrevista familiar Lina Capuccio
Novelas
familiares o la historización de la familia Horacio Foladori
Vinculación
y desvinculación en las familias Rodolfo C. Pérez
www.galeon.com/pcazau Actualizado Diciembre 2006.
Epigénesis del sí mismo adictivo
Mariela
Fernández
A menudo los hijos se nos parecen
Así nos dan la primera satisfacción.
Esos que se menean con nuestros gestos,
Echando a mano cuanto hay a su
alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
Con los ojos abiertos de par en par,
Sin respeto al horario ni a las
costumbres
Y a los que, por su bien, hay que
domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice, que eso no se
hace,
Que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro
idioma,
Nuestros rencores y nuestro porvenir...
Por eso nos parece que son de goma
Y que les bastan nuestros cuentos para
dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
Sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos transmitiendo nuestras
frustraciones
Con la leche templada y en cada canción.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice, que eso no se
hace,
Que eso no se toca.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
Que las agujas avancen en el reloj,
Que decidan por ellos, que se
equivoquen,
Que crezcan y que un día, nos digan
adiós.
“Esos locos
bajitos”, J. M. Serrat.
Referirnos al proceso evolutivo del ser
humano implica una serie de pasos a través de los cuales la cría humana deviene
hombre, sujeto, persona. De acuerdo a esa evolución será su capacidad de
simbolización, comunicación O su opuesto: la adicción como búsqueda de salida
del discurso del “Otro”.
El primer espejo en que el bebé se
contempla es la mirada de la madre, aún con humanas falencias, es ella quien
con su mirada hace que su hijo adquiera paulatinamente conciencia de su
existencia, logrando consolidar así su identidad.
Luego aparece el espejo real, en él está
el bebé y su imagen reflejada que le anticipa una unidad que aún no tiene.
El niño es significado y se va
constituyendo a partir del DESEO DEL OTRO. Esta apertura al mundo hace que se
constituya en el campo del otro, que le va a otorgar significación. Entonces,
el sujeto se constituye en el campo del OTRO que es la cultura y es el
lenguaje.
El niño es esperado por sus padres antes
de nacer desde sus deseos y desde ellos presagian como va a ser, esto se ve en
forma significativa en la elección del nombre propio (por ejemplo, le pusimos
el nombre de mi tía, que es inteligente y gentil).
Por esto digo que el bebé nace
incompleto y queda entrampado en el deseo del Otro; sólo buscando y conociendo
la salida de esta trampa podrá zafarse y aproximarse a encontrar su propio
deseo.
La FUNCION PATERNA constituye un momento
profundamente estructurante en la evolución psíquica del niño. Además de
introducirlo en la dimensión simbólica, al desprenderse de las ataduras
imaginarias con la madre, esto le confiere la categoría de sujeto deseante. Ahora
bien, para que ese niño surja como sujeto deseante también es necesario que el
padre aparezca como representante de la ley y no como su dueño.
La familia será el primer grupo de
aprendizaje que le permitirá constituirse al sujeto como ser social y constituye
el primer sistema estructurante de un LUGAR que permitirá acceder – o no – a
una identidad propia. El sujeto es antes de su nacimiento un polo de atributos
más o menos ligados a un discurso, el de los padres, el lugar que el niño viene
a ocupar está destinado según las necesidades familiares. El nombre propio que
ya lo identifica signa y denota su sexo, su existencia, la elección del mismo
no es casual.
Ese lugar otorgado o no desde la familia
se traduce luego en otros ámbitos, reproduciéndose así un sujeto integrado o
marginado socialmente de acuerdo a cómo hayan sido las instituciones en las
cuales se incluyó, favorecedoras u obstaculizadoras del cambio.
El proyecto UOMO sostiene que el fenómeno
de la droga es la consecuencia de una serie de grandes desórdenes personales,
sociales, cuyos síntomas son una crisis en las relaciones interpersonales,
crisis de identidad y el vano intento de resolverlas.
La adicción (a – dicto: falta de palabra)
es el producto de una dificultad en la comunicación que por tornarse
intolerable, lleva a la puesta en acto de sentimientos deformados sin la
mediación del pensamiento.
En tiempos de la república romana, el
participio pasado addictium, empleado
como adjetivo, designó al hombre que para saldar una deuda se convertía en
esclavo por carecer de otros bienes mediante los cuales sustraerse al
compromiso contraído. Alguien, en suma, que no supo o no pudo preservar aquello
que le confería identidad.
El adicto aparece así como despojado: es
aquel que ha perdido su identidad y, simultáneamente, el que ha adoptado una
identidad impropia como único modo posible de saldar su deuda. Mediante la
renuncia a una identidad verdadera, pero insostenible, el adicto reaseguraba el
equilibrio social amenazado a raíz de su virtual incumplimiento.
Adicto era aquel que eludía la
disolución total de su existencia mediante la aceptación pública de su falta de
derecho a una identidad personal. Para ser algo debía aceptar que no era nadie.
No es de extrañar, en consecuencia, que Cicerón llamara al esclavo instrumentum vocale: la herramienta que
habla.
Adicción remite a partidismo, a
esclavitud. Pero a – dicción puede traducirse también como “sin palabras”. Y,
en efecto, lo que se percibe cuando se trata con adictos es su enorme facilidad
para actuar, para cuestionar, para mentir, pero una dramática incapacidad para
representar en el pensamiento y hablar de sus situaciones conflictivas. Estas
situaciones con frecuencia ni siquiera son registradas internamente como
conflictivas, sino como una compulsión ingobernable que los empuja a una
descarga de cualquier tipo: motriz, alucinatoria, o ambas, pero no verbal. Para
ellos, las palabras están desvalorizadas, no sirven para comunicar y mucho menos
para aliviar un dolor, aunque sí como instrumento de encubrimiento,
manipulación y justificación.
La adicción es una acto que, apoyándose
en cualquier estructura neurótica, perversa o psicótica, nos confronta a lo que
hace cortocircuito con la palabra: es un hacer en lugar de un decir.
“Nadie es
original en su patología”, dice Eduardo Kalina (1). A través de mensajes verbales y no verbales
la familia se encarga de mostrar al niño una serie de conductas adictivas que
tienen que ver con el uso abusivo de medicamentos, en especial psicofármacos,
tabaco, café, alcohol, trabajo, comida, etc. Con estas conductas está dando un
mensaje de cómo enfrentar las vicisitudes de la vida, en este caso,
“psicotóxicamente”. Por ejemplo, Padre/Madre: “Me voy a tomar un whisky para
relajarme”, “Hoy el vino me va a venir bien para descansar mejor”, “Voy a
tomarme un coñac con un té y una aspirina para cortar la gripe”, “Necesito una
pastilla de... porque si no aguanto más en esta casa”, “Voy a tomarme una copa
para neutralizar la resaca de la fiesta de anoche”, etc. Muchas veces, estos
“mensajes familiares” tienen la modalidad de dobles mensajes típicos, que
expresados en una frase podrían traducirse en términos de: “Haz lo que yo digo,
no lo que yo hago”. Los padres abusan, pero enseñan que esto no se debe hacer.
Esta modalidad es inductora por excelencia de las conductas adictivas de los
niños. Los hijos, aunque no lo digan, se rebelarán frente a un padre
dependiente, que con un cigarrillo en boca y un vaso de whisky en la mano,
pretenda dar instrucciones preventivas contra las adicciones. Es una
provocación.
El uso indiscriminado de medicamentos,
el uso de tabaco en forma compulsiva frente a cualquier ansiedad, o el comprar,
trabajar o hacer cosas en forma impulsiva para calmar la angustia van
construyendo en el hijo un modelo donde el pensar, esperar y controlar los
impulsos no existe: en cambio, la acción y especialmente la acción tóxica
(consumo de drogas) sustituyen el pensar.
En estos grupos familiares no se aprende el control de los impulsos porque no existe nadie que lo enseñe. No ha