Redpsicología. Biblioteca de psicología y ciencias afines
Módulo 309
Psicología: Diccionario biográfico
Abadi,
Mauricio - Aberastury, Arminda – Alzheimer, Alois - Aulagnier, Piera -
Baranger, Willy – Binet, Alfred – Binswanger, Ludwig - Boss, Medard - Cárcamo,
Celes - Chiozza, Luis - Etcheverry, José - Ey, Henri - Frankl, Viktor - Freud,
Sigmund - Garma, Ángel - Helmholtz, Hermann - James, William - Jung, Carl -
Lacan, Jacques - Langer, Marie - Liberman, David - López Ballesteros, Luis -
Lorenz, Konrad – Lourau, René - Martínez Luque, Eduardo - Meyer, Adolf -
Miller, Jacques-alain - Pavlovsky, Eduardo - Racker, Heinrich - Rey Ardid,
Ramón - Rosenthal, Ludovico - Valls, José Luis - Watson, John - Winnicott,
Donald
www.galeon.com/pcazau Actualizado Diciembre 2005.
Abadi,
Mauricio
Benjamín
Resnicoff
[psicoan.](nació en 1917, en
Damasco, Siria) Siendo pequeño, su familia se instala en Milán, allí realiza
sus estudios y recibe una sólida formación humanística. En 1935 emigra a Buenos
Aires, donde estudia medicina y donde se incorpora al movimiento psicoanalítico
argentino, por entonces incipiente. Habrá que comenzar enumerando y/o
comentando sus múltiples publicaciones, sus aportes al pensamiento
psicoanalítico, ricos, valiosos y variados. Se podría hacerlo relatando su
actuación institucional. Fue presidente de la Asociación Psicoanalítica
Argentina en 1977-78, momentos críticos y difíciles, ya instalada la dictadura
militar que sería conocida como “El Proceso”. Había colegas desaparecidos,
otros torturados, amenazas de intervenir la APA Además, en 1977 se concretó la
escisión por la que surge la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires
(APdeBA). Todas estas vicisitudes hicieron que la gestión de Mauricio fuera
especialmente difícil. Habrá que hacer referencia a su paso por la docencia
universitaria. Fue profesor titular de una cátedra en la carrera de psicología
en la Universidad de Buenos Aires. Allí enseñó psicoanálisis, sus alumnos
apreciaban mucho su claridad expositiva y su sentido del humor lo que le
aseguraba éxito de público. Sus clases estaban siempre muy concurridas y esto
le resultaba muy placentero. Se podría comentar su frecuente presencia en los
medios de comunicación (radio, TV); donde también ejercía una forma de docencia
difundiendo el psicoanálisis, ya sea su utilidad terapéutica o su particular
manera de considerar la realidad humana. En algún momento su presencia en los
medios fue casi cotidiana; programas informativos o de interés general lo
convocaban muy frecuentemente para interrogarlo a veces sobre temas
específicamente psiquiátricos, otras veces sobre cuestiones de interés general
que circunstancialmente estaban instaladas en la sociedad argentina como pudo ser
en su momento el tema del divorcio. Poseía un cierto carisma y la facilidad de
expresar en palabras simples y elegantes cosas complicadas. Salía airoso de
trances difíciles; todo esto lo llevó a convertirse en un personaje conocido
por el público argentino. Yo diría que adquirió un cierto halo de voz oracular.
Era visto no solo como “experto en salud mental” sino como opinión responsable
y válida en “cosas de la vida”. En televisión llegó a conducir su propio
programa, uno de corte cultural; donde participaron escritores, filósofos,
historiadores, etc. También creó, en la TV un ciclo especialmente atractivo en
el que un experto en algún autor (Nietzsche, por ejemplo) era invitado a
representarlo y un panel de notables interrogaba a dicho autor sobre aspectos
de su vida, de su obra o de su época. Uno de los rasgos más que le son mas
propios es su gran sentido del humor, se diría que esta es una de sus
características más distintivas, era capaz de reírse incluso frente a la
adversidad; y sobre todo hacerlo de sí mismo, no se tomaba demasiado en serio,
a pesar de tenerse alta estima. Persona de trato fácil aunque a veces un poco
esquiva; quienes le estaban próximos sentían que podían contar con él en
situaciones difíciles. Estimulante y permisivo con las iniciativas de los
otros, les ayudaba a sacar lo mejor de sí mismos. Todo lo que emprendía lo
hacía con gran placer “si no puedo poner mi libido en eso prefiero no hacerlo”
lo escuché decir alguna vez, toda iniciativa suya tenía siempre un componente
lúdico, a la manera de un niño grande, a quien le gustaba jugar, ensayar,
experimentar; disfruta mucho del aplauso y del lucimiento personal. Jugaba en
la TV cuando invitaba a personajes que jugaban a ser Freud o Jung o Heidegger;
su campaña por la presidencia de APA, sus rivalidades políticas dentro de la
Institución, tuvieron para él mucho de competencia deportiva. Su interés por lo
lúdico era tal que también le despertó inquietudes teóricas; escribió sobre el
jugar (1964) y el juego (no en el sentido de la técnica del juego utilizada por
los analistas de niños), sino sobre el significado inconsciente de esta
actividad y de lo que implica en el desarrollo y en la cultura, agrupó y
clasificó los distintos tipos de juego y sus significaciones. También el humor
despertó su interés (“Teoría del chiste” y “Hedoné”, 1982); creía en su
capacidad curativa; compartía con Winnicott la idea de que el psicoanálisis es
el juego mas sofisticado del siglo XX y en la importancia de la creatividad
para dotar de sentido a la existencia. Fue de los primeros en Buenos Aires en
explorar las posibilidades terapéuticas del psicodrama psicoanalítico que es
otra forma sofisticada de juego. Siempre mantuvo actitudes y opiniones muy
independientes; no adhirió ni perteneció a ninguna ortodoxia ni a escuela
psicoanalítica alguna, se consideraba a sí mismo un francotirador, esto hace
que en sus escritos las referencias bibliográficas a otros autores
psicoanalíticos es en general escasa, casi sus únicas citas se refieren a
Freud. En cambio menciona a muchos filósofos, escritores, historiadores, y
alude a los mitos. Más fiel al espíritu del maestro (Freud) que a su letra, de
la que frecuentemente aunque no siempre se apartó. Solía decir, citando a
Whitehead, que las ciencias que permanecen muy dependientes de sus fundadores
no progresan. Esta independencia de criterio lo llevó muchas veces a enfrentar
situaciones conflictivas frente a quienes sostenían posiciones más
conservadoras y menos innovadoras que las suyas, por ej.: ensayó junto a otros
colegas el uso de agentes psicotrópicos (ácido lisérgico) en psicoterapia con
la esperanza de que esto facilitase el acceso al material reprimido. (Poco
después se prohibió el uso terapéutico de estas drogas y casi simultáneamente,
pero con independencia, Abadi afirmó que no se advertían sus ventajas). En APA
se pensó que este proceder era contrario a una conveniente ortodoxia
psicoanalítica. A comienzos de los 60. el psicoanálisis despertaba en Buenos
Aires curiosidad e interés. En esas circunstancias hizo su primera aparición en
las pantallas de televisión. El programar era auspiciado por Claudia, una
revista femenina, y se llamaba “Claudia mira la vida”. Excelentes actores
ponían en escena personajes conflictuados, en difíciles situaciones de pareja o
de familia. Luego Abadi ensayaba la comprensión psicoanalítica. El programa era
excelente, se había logrado un alto nivel de seriedad en lo que se presentaba;
el nivel de las intervenciones del analista que eran claras y comprensibles. En
APA, esta iniciativa produjo cierto malestar; se pensaba que el psicoanálisis
no estaba suficientemente consolidado por entonces en la sociedad argentina
como para soportar una exposición pública de esa naturaleza, esta situación
podría eventualmente desgastarlo prematuramente al generar polémicas que lo
dañarían. Pero Abadi no era una oveja más en el redil.[1][1][1] Como dijimos, no
practicó ortodoxia alguna. Aceptaba otras realidades, fuera del consultorio.
Pensaba que el psicoanálisis es un instrumento privilegiado para la exploración
de la “otra realidad” (la del inconsciente) y que esto, precisamente, no lo ata
a la clínica, que ni siquiera es su aplicación privilegiada, imbuido como
estaba, muy imbuido, de la muy freudiana idea de que el psicoanálisis está más
próximo a las humanidades que a la medicina y que la sociología, los mitos, la
historia, la filosofía, antropología, el humor, etc., eran campos tan
apropiados para el estudio de esa “otra realidad” como la clínica. De manera
que su producción bibliográfica no se limitó a temas de teoría o de clínica
sino que abundó en enfoques humanísticos. Sus escritos, en especial los de los
últimos tiempos, están redactados a la manera de ensayos (Montaigne era uno de
sus autores preferidos, también por la claridad de su escritura). En estos
artículos, un tema específico es abordado desde distintas perspectivas:
filosóficas, históricas, epistemológicas; estas perspectivas no podrían estar
ausentes en estos trabajos dada la naturaleza de los temas que aborda (el
tiempo, la realidad, el mito, la historia), pero a pesar de este multienfoque
nunca pierden su condición de psicoanalíticos, el abordaje psicoanalítico
predomina en ellos y las conclusiones de fondo a las que arriba son impensables
fuera del psicoanálisis que provee las herramientas intelectuales idóneas para
el procesamiento de fondo de los temas. A propósito del comentario del párrafo
anterior (que sus trabajos son ensayos tratados desde varias perspectivas)
comentaré un hermoso escrito sobre el Tiempo publicado en la Revista de Psicoanálisis
de APA que ilustra la fructífera convivencia, en estos escritos, entre el
psicoanálisis y otros enfoques; en el mismo se discute la naturaleza del tiempo
de acuerdo a distintas concepciones: científicas (Einstein, Newton) filosóficas
(Kant, Hegel, el río de Heráclito, Heidegger, San Agustín), tiempo biológico; y
se concluye analizando las categorías que sobre el tiempo están incluidas
implícita o explícitamente en psicoanálisis (Nachtraglickkeit, eterno presente
del inconsciente, regresión, el tiempo de la ausencia etc.) Luego examina
fantasías inconscientes conectadas con el tiempo como el miedo a la muerte;
finalmente se pregunta-contesta[2][2][2] el tiempo podría no ser
más que una ficción con una apariencia de una estructura en las que las huellas
mnémicas y los deseos se enhebran de tal manera que entretejen el concepto y/o
fantasía de temporalidad y si tal vez la verdadera cuestión no reside en que el
tiempo es una ficción de “ser” como opuesto a “nada”, “vacío”, “no-ser”.
También es enjundioso su aporte a la noción de “construcción psicoanalítica”
[poner la fecha].[3][3][3] Abadi ubica las
construcciones entre el mito y la historia. Postula una posible coincidencia
entre la historiografía y el método psicoanalítico; en ambos de lo que se trata
no es de la búsqueda de una supuesta verdad material sino más bien de un
sentido que es siempre mítico, ilusorio. El objetivo de la construcción es
rescatar la historia mítica expresada en el síntoma y reemplazarla por otra que
mienta menos y sirva más. No hemos hablado todavía de su multilingüismo, hijo y
padre de su multicuriosidad. Con Susan Hale Rogers publicó Reality and/or
Realities. En uno de sus capítulos discurre sobre la memoria. Sólo puede
ser entendida, sostiene, como la elaboración de un duelo; un intento de evocar
el objeto ausente (Proust) presentificándolo. La forma del recuerdo es la de
una narrativa, no una fotocopia de una escena, es algo narrable, secuencial con
predominio sintagmático. De sí mismo decía Abadi que era un pensador no sistemático,
que se había ocupado de muchos temas centrales del psicoanálisis y que había
propuesto muchas ideas originales pero sin que el conjunto de sus trabajos
constituyese un cuerpo doctrinario, coherente y ensamblado, un sistema
de pensamiento, a lo que por otra parte era no era afecto, pues, pensaba que
eso facilitaba los dogmatismos; y que la realidad era demasiado diversa como
para ser atrapada en un sistema coherente y ordenado. Incluso lo escuché abogar
por un “psicoanálisis caótico”, y algo escribió al respecto, pero hasta donde
sé lo dejó inédito. conciliador por una vez. Cito algunos párrafos: “La
calificación de caótico para el psicoanálisis que a mí me gusta, me interesa y
me parece creíble, apunta a la idea de un conjunto de descubrimientos, cuyo
impacto, no solo en la medicina, sino en el de la cultura contemporánea, nadie
puede razonablemente negar. ¿Psicoanálisis caótico? ¿Qué es eso? Pues un puñado
de verdades muy probables, por no decir ciertas, que yo tiraría desordenada y
caóticamente sobre la mesa valorándolas en cuanto tales. Sin preocuparme para
nada de la coherencia o de las articulaciones lógicas que puedan inventarse
entre ellas. [...] Descreo -‘son años’- de los esquemas supuestamente
racionales, de los ordenamientos, estructuras, armazones, estanterías,
construidas para ofrecer un albergue, ni siquiera transitorio, sino con
pretensión de estable y definitivo, a verdades que no lo necesitan. [...]
Háblenme del complejo de Edipo, de la sexualidad infantil, de los significados
inconscientes. De la transferencia. Del maravilloso proceso del ‘darse cuenta’
gracias al estímulo de una interpretación o de cualquier otro estímulo verbal.
Háblenme de los síntomas que hablan y dicen cosas. De la conducta, como
discurso preñado de sentido [...] Creo que las teorías psicoanalíticas
(no excluyo para nada ni siquiera al mismo Freud y a ciertas elucubraciones de
la metapsicología) tienen puesta demasiada atención en el encadenamiento lógico
y en la postulación de coherencia. [...] Gritemos a voz en cuello:
¡Vivan los –desafortunadamente pocos- conocimientos que hemos sabido
trabajosamente arrancar a nuestro enigmático universo y sustraer al
des-conocimiento del que quiere ‘no saber’”. O sea que el psicoanálisis es
un conjunto de verdades sueltas y las articulaciones que se han intentado
hallar entre esas verdades en busca de un sistema coherente no siempre han
resultado en una ganancia. Psicoanálisis es ese conjunto de herramientas
intelectuales que permiten develar ciertas verdades ocultas en el alma humana,
útiles en la clínica y que no necesitan sistematización. Los aportes de Abadi
al pensamiento psicoanalítico son numerosos: es autor de una rica y variada
bibliografía, ha escrito sobre diversos temas del psicoanálisis, gran parte de
sus escritos aparecieron en forma de artículos en la Revista de
psicoanálisis de la APA Mencionemos: Psicoanálisis, recorte y montaje (1982),
El psicoanálisis y la otra realidad (1982) Rodríguez Peña esquina
Independencia [nombres de la calles en que estaban ubicadas la APA y la
Facultad de Psicología]. Sin embargo, su trabajo de envergadura, tal vez su
obra predilecta, es Renacimiento de Edipo (1960). Abadi no refuta la
versión freudiana del Edipo, pero piensa que el triángulo no se agota, no se
limita a parricidio e incesto; él cree que otros dramas se juegan críptica y
simultáneamente en la situación, que no fueron advertidos por Freud; pero que
tienen peso y que al ser tomados en cuenta enriquecen la teoría y aumentan las
posibilidades de comprensión en el trabajo clínico. Uno de los puntos de
partida de sus ideas es la descripción de los actores del drama en términos de
roles, no de personas involucradas, estos roles son complementarios y están en
conflicto entre sí; son los roles: materno, paterno y filial o como también los
denomina: el rol retentivo, desempeñado por la madre pero no únicamente por
ella, el rol extractor, protagonizado por el del padre, que oficia de partero,
que extrae al hijo del interior del vientre retentivo (en sentido metafórico)
de la madre y el rol del hijo, que es quien que quiere liberarse de los que
pretenden mantenerlo cautivo. Lo que motoriza la situación, lo que está en el
origen de esta es la intersección de dos frentes de lucha que se dan
simultáneamente: la generacional, es decir la que mantiene el hijo contra los
padres, por su liberación, la que expresa su deseo de nacimiento, de separación
de quienes intentan retenerlo, la madre o los padres retentivos y la lucha de
los sexos, es decir la que mantienen ambos padres entre sí, lucha que tiene por
objeto disputarse la posesión del hijo; posesión que implica para los padres
fantasías de supervivencia, de inmortalidad, poseerlo es perpetuarse en él,
defensa contra la ansiedad de muerte y contra la soledad (fantasía de retenerlo
para siempre, fantasías de embarazo eterno). El hijo lucha por independizarse,
separase, individualizarse, advenir como sujeto de deseo, su lucha es por su
libertad, por el acceso a su vida propia. El hijo se siente tironeado entre dos
alternativas: permanecer en el adentro del ámbito materno, fantasía de embarazo
eterno, quedar encerrado en el narcisismo primario de la relación dual, donde
rige un eterno presente que implica anular el paso del tiempo, evitar la muerte
o emigrar al afuera, que es vivir, devenir sujeto, pero esta eventualidad
implica aceptar el paso del tiempo y por ende la muerte. Adentro (de la
relación con la madre- metafóricamente, en su vientre) se siente seguro
protegido y acompañado, pero sin libertad, sin vida pulsional; optar por el
afuera, por la vida extrauterina, implica libertad, pero también soledad,
desprotección, aceptar el paso del tiempo. El rol filial es una polarización
constante: el adentro o el afuera; la madre o el padre, dependencia o libertad.
En este interjuego entre los roles, cada uno puede ser alternativa o
simultáneamente jugado por cualquiera de los tres vértices del triángulo está
sustentado por el interjuego de las tres posiciones: adentro intrauterino,
prenatal, afuera extrauterino, postnatal y el proceso de mudanza, intranatal,
el parto. A cada una de estas posiciones corresponden fantasías básicas,
angustias arquetípicas: encierro en una prisión que también es refugio; afuera
que es libertad pero también soledad y desamparo y miedo a la mudanza con los
peligros inherentes a la situación del parto. Fantasía de embarazo eterno en la
madre, rol de partero-separador en el padre, deseo de nacimiento y libertad en
el hijo. Pero el deseo de apoderamiento del hijo por el padre podría llevarlo a
que éste (el padre) adoptara el rol materno, es decir retentivo, el hijo tiene
deseos de nacer, pero miedo al cambio y a la soledad del afuera, anhela la
ayuda del padre para liberarse pero teme caer en otro encierro (que el padre
asuma el rol retentivo), siente protoculpa frente a su deseo de nacer,
violentar un nacimiento impedido, abandonar es matar a la madre. Esta pauta o
estructura se repite a lo largo de la vida donde permanentemente nos volvemos a
encontrar con situaciones que nos resultan aprisionantes, encerrantes, de deseo
de escapar, pero de miedo y culpa frente al cambio, con miedo a lo nuevo, al
afuera, al desamparo. El nacimiento, es una metáfora, un modelo conceptual
inspirado en ese contexto, el del nacimiento independientemente del grado de
verdad fáctica o realidad biográfica que subyacen a ese modelo; es un contexto
paradigmático, ilustrativo, que sirve para ubicar las distintas fantasías
posibles en el triángulo y los diferentes roles. Desde 1952 hasta 1960 publicó
trabajos clínicos, algunos sobre psicosomática (obesidad, etc.), otros sobre
psicopatología, en especial se ocupó de la melancolía y la manía, sobre todo,
trató de dilucidar el autorreproche melancólico que es el síntoma nuclear de
esa psicosis. “El Espacio de la Magia” (1960) y una aproximación a la
comprensión de los delirios (1957) fueron trabajos dedicados a la comprensión
de otras afecciones psicóticas. En el rubro mal llamado (según Abadi)
“psicoanálisis aplicado” citemos un muy interesante trabajo sobre Dante y La
Divina Comedia (1961) en el que se aplican algunas de las ideas expuestas en Renacimiento
de Edipo. (Por él fue invitado a Italia para participar en una
conmemoración del Alighieri). Se ocupó también de Dioniso y el culto dionisíaco
(1952). En 1959, escribe “El grupo psicoanalítico como sociedad secreta”, es
uno de ellos y “El coro y el héroe”, trabajos sobre el rol del psicoanalista
como terapeuta y como sujeto de la cultura. “Hacia un psicoanálisis abierto”
(1961) insiste en esos temas. Entre 1976 y 1983 vuelve sobre Renacimiento de
Edipo, lo enriquece y complementa. El término renacimiento, aclaremos,
alude a la presencia de fantasías en el niño de un segundo nacimiento esta vez
desde el padre, como en el mito de Dioniso quien renace del muslo del Zeus,
luego de haber sido arrebatado del vientre materno e insertado por éste en su
propio muslo. Véanse “El significado inconsciente del rol del padre” (1976),
“Meditación sobre (el) Edipo” (1976) y “Contribución al estudio del complejo de
Edipo” (1983). Citar toda su obra sería interminable, por lo que mencionaremos
solo algunos tópicos más sobre los que se ocupó y sobre los que adelantó
propuestas interesantes e innovadoras: narcisismo (“Yo me amo, porque me
amas tú a quien yo amo”, 1984), “¿Deseo edípico o mandato endogámico?”; transferencia
(“Pulsión de muerte o muerte de la pulsión”); interpretación (varios
artículos), qué es la cura y cómo cura el psicoanálisis. ¿Era un
ecléctico? ¿Un iconoclasta? Te quiero...pero es una especie de ensayo,
destinado no sólo al gran público, sobre el amor, el sexo, la relación de
pareja. Deseo, luego existo son conversaciones, reportajes, diría, con
Gloria Gitaroff. Tiene mucho de autobiográfico, contiene respuestas sobre el
amor, la pasión, la naturaleza del psicoanálisis, etc. Y una biografía de
Mauricio Abadi no puede sino terminar así, abierta.
Aporte de
Ricardo Bruno
Aberastury, Arminda
Eduardo Salas
[psicoan.] (1910-1972) En la ciudad
de Buenos Aires, el 24 de septiembre de 1910 nace a su azarosa vida Arminda
Aberastury, “La Negra”. Su madre, una mujer muy culta e interesada en la
pedagogía, fue hija de Francisco Fernández, escritor y pedagogo. Su tío Máximo
Aberastury, que tuvo mucha influencia en su formación, era médico y profesor de
dermatología. Debido a ello, quiso estudiar medicina, pero los prejuicios de la
época no la ayudaron en sus logros, aunque sus futuro estuvo estrechamente
ligado a las ciencias médicas. Se recibió de maestra y luego, ya en la
Universidad de Buenos Aires, llega a profesora en Ciencias de la Educación, egresada
de la Facultad de Filosofía y Letras. Allí llegó a ser docente en la Cátedra de
Psicología de la Niñez y de la Adolescencia. En 1937 se casa con el psiquiatra
y luego socio fundador de la Asociación Psicoanalítica Argentina Dr. Enrique
Pichón Rivière, amigo íntimo de su melancólico y trágico hermano Federico, con
el que tiene tres hijos: Enrique, Joaquín y Marcelo. Entre 1942 y 1953, hace su
análisis didáctico con el Dr. Ángel Garma, pionero del psicoanálisis en América
latina, en especial en Buenos Aires. Se la designa miembro adherente de la APA
en el año 1948, con la presentación de los trabajos “Psicoanálisis de un niño
esquizofrénico” y “Fobia a los globos de una niña de 11 años”. En 1950 presenta
su “Estudio sobre el juego de construir casas, su interpretación y valor
diagnóstico” y con “Algunos mecanismos en la neurosis” y pasa a la categoría de
miembro titular de la APA. En 1953, con la presentación de: “La transferencia
en el análisis de niños, en especial en los análisis tempranos”, pasa a ser designada
psicoanalista didacta. Ya en 1946, estudia la obra de Melanie Klein,
manteniendo correspondencia científica con dicha autora, con quien llega a
tener en 1951 controles personales en cuyos grupos se leyeron sus trabajos.
Llegó a traducir el libro de M. Klein Psicoanálisis de niños en 1948. Su
adhesión al pensamiento kleiniano no impidió una actitud integradora con la
obra de Ana Freud. Fue profesora del Instituto de Psicoanálisis de la APA. Su
directora, entre 1956 y 1958. Introduce en la formación de todo candidato a
psicoanalista el aprendizaje del psicoanálisis de niños, por considerarlo
indispensable para la comprensión del funcionamiento del psiquismo humano ya
adulto. (Dos años después de su muerte en 1974 se aprueba la creación del
departamento de niños y adolescente que lleva su nombre).Con criterio
independiente y creativo, desarrollo un concepto teórico original en
psicoanálisis: la existencia de una fase del desarrollo evolutivo del niño,
anterior a la etapa anal a la que denominó “fase genital previa”, concepto que
incluye desde el primer momento la identidad genital del niño y de la niña y al
padre en la relación madre-hijo. Por su interés en lo social, aplicó la
psicoterapia psicoanalítica de grupo a la atención de madres y padres, tanto en
forma privada en su consultorio, donde creó la Escuela para padres, como en
forma oficial en hospitales y universidades. En una compilación póstuma de sus
escritos sobre la paternidad hecha por el autor de esta síntesis biográfica, en
1978, muestra su interés en la investigación teórica.(Ed. Kargieman 2a.edición
en 1984 y traducción en portugués publicada por Ed. “Artes Médicas Porto Alegre
en 1984.). El 24 de noviembre de 1972, marcada por la melancolía, decidió
quitarse la vida. Algún destino genético, como a Alfonsina Storni pariente
cercana a ella, como a su hermano Marcelo, como los intentos de su hermano
Federico, debe de haber contribuido a este misterioso, enigmático y trágico
desenlace. Entre 1946 y 1974, se publican en la revista de la APA .24 de sus
escritos. En esa publicación se puede consultar la lista cronológica de su
producción literaria.
Aporte de Ricardo Bruno
Alzheimer, Alois
(Marktbreit, actual Alemania,
1864-Breslau, id., 1915) Neurólogo alemán. Se licenció en medicina por la Universidad
de Wurzburgo en 1887 y seguidamente entró a trabajar como asistente clínico en
el Asilo Irrenanstalt de Frankfurt. En esta institución inició sus estudios
sobre la patología del sistema nervioso, en colaboración con el neurólogo Franz
Nissl. Entre 1904 y 1918, ambos publicaron la obra en seis volúmenes Estudios
histológicos e histopatológicos del córtex cerebral, en la que abordaron, entre
otras cuestiones, el delirio alcohólico, los tumores cerebrales, la epilepsia,
la parálisis general y, sobre todo, la demencia, una de cuyas formas más
extendidas recibió el nombre de «enfermedad de Alzheimer». En 1895 accedió a la
dirección del Instituto Irrenanstalt, puesto desde el cual prosiguió sus
investigaciones, fruto de las cuales fue la distinción entre la atrofia
arteriosclerótica cerebral y la demencia senil.
Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/
Aulagnier,
Piera
Cristina Rother de
Hornstein
[psicoan.] (1923-1990)
Nació en Milán, en octubre de 1923. Su nombre: Piera Spairani. Vivió sus
primeros años en Egipto y luego retornó a Italia. Estudió medicina en Francia a
los comienzos de los años 50. Su primer marido, Aulagnier; de ahí el apellido
con el que es conocida. De ese matrimonio tuvo un único hijo que actualmente es
psiquiatra. Después de unos años de matrimonio con Aulagnier se separó y se
casó con Cornelius Castoriadis, filósofo, escritor, psicoanalista, con quien
compartió no sólo años de matrimonio sino también desarrollos teóricos a los
que ambos remitieron mutuamente como complemento de sus propias tesis. Durante
los 10 primeros años como psiquiatra se dedicó a trabajar con pacientes
psicóticos. Entre 1955 y 1961 se analizó con Lacan. Fue su discípula hasta
1968, año en que se alejó definitivamente de la Escuela Freudiana de Paris. Sus
filiaciones fueron Freud y Lacan. “Filiaciones eróticas” y no “fijaciones
tanáticas” que le permitieron seguir avanzando en la investigación de los
conceptos psicoanalíticos. Como decía Freud: “lo que has heredado de tus padres
adquiérelo para poseerlo”. Adquirirlo y poseerlo no es reproducirlo, es
proseguir la obra, transformarla. En el invierno de 1967 publicó junto con Jean
Clavreul la revista L’ Inconscient que después de apenas ocho números
interrumpió su publicación en medio de las tormentas que habían estallado en la
Escuela Freudiana de París por la cuestión del pase y que terminaron en la
escisión de 1968. Desde 1962 dictó junto con Clavreul seminarios en Saint Anne,
con la misma intensidad con que analizó, investigó y teorizó. Los seminarios
fueron un “lugar de encuentro” privilegiado donde sus pensamientos y su tarea
clínica podían ser “hablados”, obligándola a hacer comunicable, cuestionable,
conceptualizable el camino recorrido por su reflexión y su escucha día tras
día. En 1968 se alejó de la EFP, entre otras cosas por no aceptar la concepción
jerárquica que regía la formación de los analistas. En enero de 1969 Piera
Aulagnier y otros diez psicoanalistas de la EFP fundaron el Quatrième Groupe.
Como el grupo es independiente, sin adhesión ni a la IPA ni a la ortodoxia
lacaniana, al nombre le agregan una sigla, OPLF, Organización Psicoanalítica de
Lengua Francesa. Subrayan así que es posible y deseable una pluralidad de
referencias, y que ningún grupo tiene derecho a reivindicar la exclusividad de
una herencia. En sus comienzos Jean Paul Moreigne y Jean Paul Valabrega fueron
los que dieron cuenta de las nociones del funcionamiento colectivo de la organización.
P. Aulagnier tomó en sus manos la dirección de la revista Topique, cargo
que conservará hasta su muerte. (En el otoño boreal del 69 salió el primer
número, con artículos consagrados a la fundación del Cuarto Grupo y a la
formación de los psicoanalistas). Ese nombre, “Topique”, no era casual. También
él reenviaba a las diferentes zonas de la metapsicología freudiana y a una
representación “plural” del psicoanálisis. Desde esta separación reflexionó
cada vez sobre el proceso analítico y sobre la teoría que lo sustenta. En un
comienzo escribe sus artículos más polémicos, consecuencia de su divergencia
con la modalidad que fue asumiendo la práctica lacaniana. Posteriormente en el
resto de sus publicaciones -varios artículos publicados en revistas, congresos,
y conferencias en distintas partes del mundo- pone en juego una renovadora
propuesta metapsicológica, testimonio de un pensamiento sistemático y
esencialmente antidogmático y de un trabajo de elaboración sobre los
fundamentos que no pierde la referencia constante a los hechos que lo han
suscitado. Quien se sumerja en su obra y la escale advertirá tres períodos:
1961-1968, 1969-1975 y 1976-1990. y también los hitos de un paisaje visto desde
varias perspectivas: - problemática identificatoria - proceso identificatorio -
construcción identificatoria - conflicto identificatorio. Propuesta
metapsicológica fuerte que indaga en lo más genuino y profundo de la
constitución de la subjetividad. Entre 1961 y 1968, sus trabajos sobre deseo de
saber, demanda e identificación, perversión y psicosis, muestran aún la neta
influencia del pensamiento lacaniano. Desde 1968 hasta 1975 escribe sus
artículos más polémicos sobre todo en lo que se refiere a la teoría y a la
técnica en la práctica psicoanalítica. En 1975, su primer libro, La
violencia de la interpretación, marca el comienzo de la tercera etapa.
Muestra en sentido pleno la imbricación teórico-clínica a la vez que propone
las bases para una nueva concepción metapsicológica, a partir,
fundamentalmente, del estudio sobre la psicosis. Su obra propone una nueva
visión psicoanalítica de la madre con el recién nacido, una nueva
metapsicología de la representación, a la vez que abre con su novedosa
propuesta sobre el yo el trabajo de auto-historización y su relación con los otros,
otra manera de pensar la cuestión del sujeto muy cercana al pensamiento de
Freud de sus últimos escritos. Problemáticas fundamentales. Su obra
teórico-clínica la ubica entre los pensadores que harán historia en el
psicoanálisis contemporáneo. Reformula algunos conceptos fundamentales en
resonancia con los desarrollos actuales de la ciencia, de la historia y de la
cultura. Intenta una teoría sobre la ontogénesis psíquica sin encerrarse en una
propuesta témporo-espacial lineal. La historia de un sujeto no está
sobredeterminada desde el inicio ni puede ser totalmente anticipada, lo cual
desestimaría el valor del azar. Tras la conciencia reviven las trazas de lo
visto, lo oído y lo vivenciado sexualmente en la prehistoria [del yo] que en su
articulación con los aconteceres del presente se actualizan en recuerdos,
fragmentos de recuerdos, en sueños, en “fantasías”, en una “psiconeurosis”. Su
propuesta sobre la subjetividad evoca nuevas ideas que las ciencias de la
complejidad proponen para la inteligibilidad de las formas vivas. “Cualquier
objeto real divide al mundo en dos partes: él mismo y el resto del mundo. Ambas
porciones universales pueden influirse mutuamente a través de una superficie
común real o imaginaria: la frontera. Cambios en uno inducen cambios en el
otro. Algunos objetos de este mundo, muy pocos, exhiben una rarísima propiedad:
tienden a independizarse de la incertidumbre de su entorno”. Hablar del
sujeto en psicoanálisis es hablar de la psiquis como “pluralidad de personas
psíquicas”. El sujeto no puede plantearse sin relación con esta instancia
fundada sobre el lenguaje organizado e inseparable de su relación con otro que
es el yo. Al mismo tiempo es el sujeto lo que subvierte la pretensión del yo de
unicidad respecto a la totalidad de la psique y del pensamiento, lugar que
igualmente intenta defender contra viento y marea. Protagonista de una
historia, el sujeto es fruto de sucesivas remodelaciones y reconstrucciones
fantasmáticas sustentadas en las teorizaciones del yo y en el trabajo de simbolización
que éste hace desde el presente, apoyado en un fondo de memoria que se inscribe
en el psiquismo a partir del impacto afectivo de los distintos aconteceres de
su vida. La reformulación metapsicológica se alimenta, al igual que en Freud,
“del rigor de la clínica, siempre renovada”. Entrama en sus textos años de
escucha del discurso psicótico. Por eso da en pensar en la prehistoria del yo.
La metapsicología es pos-escritura de algo que se ha notificado en la cosa
clínica. El conocimiento de “la materia” del psicoanálisis, el inconsciente, se
logra desde el único espacio capaz de conocer: el yo. Por eso el yo piensa,
sufre, se relaciona, conoce, duda. Y ella, que ha dicho que el sujeto está
condenado a investir, a lo largo de su obra está condenada a investir la
dilucidación teórica del yo. Sus compatriotas, polemizando con la psicología
del yo, han tirado al niño y no sólo el agua de la bañera. Ella retoma la
segunda tópica, retoma conceptos centrales de Freud: el yo como un polo del
conflicto, la importancia del superyó y del ideal, el valor de la historia, el
concepto de elaboración y la dimensión terapéutica del psicoanálisis. En Freud
la noción de yo se había ido complejizando. Alcanza su advenimiento pleno entre
1915 y 1924, a partir del descubrimiento del narcisismo, la importancia de las
identificaciones en la constitución del psiquismo y las instancias ideales.
Entonces el yo deviene objeto de amor debido al precipitado de las
identificaciones con los otros significativos y es inconcebible pensarlo por
fuera de la relación con esos otros. Enfatizar la segunda tópica freudiana,
volver a ella, es acentuar la fuerza constitutiva de lo identificatorio y del
conflicto entre las diferentes identificaciones. Tópica más cercana a la
experiencia clínica, que es el campo de los afectos y de lo relacional. Es un
“giro escandaloso” que hace referencia a un “yo-morfismo” no feliz para quienes
privilegian la primera descripción del aparato psíquico “más abstracta y
psicologizante”. Es sólo desde el yo y gracias al proceso secundario que
podemos acceder a todo espacio fuera del yo, único decodificador del ello y
única instancia para pensar el placer y/o el sufrimiento que toda experiencia
vivencial produce. La complejidad del yo lo vuelve inseparable del proceso
identificatorio que hace posible su constitución, su continuidad y su devenir,
siempre en relación a los otros que forman su entorno. P. Aulagnier privilegia
el lugar del encuentro en la constitución de la subjetividad, en el
desencadenamiento de potencialidades y en el despliegue de la tarea clínica.
Encuentro entre un cuerpo y un “mundo” exterior que el infans desconoce como
tal; encuentro entre una psiquis y un discurso deseante, el de la madre, y
finalmente, encuentro entre el yo y el tiempo. Inscripción psíquica implica
trama relacional, aun cuando en la relación con el otro significativo, éste no
sea diferenciado como otro. Esta trama deviene de enigmáticos mensajes cargados
de sentido, del misterio de los gestos, de los silencios sustitutos de una palabra
de amor o de un grito de odio. Conocer la ontogénesis del deseo de que un yo
sea es sostén simbólico, marca de identidad que hace posible referir siempre a
un pasado evitando quedar adherido a puntos de fijación que detendrían la
marcha del proceso identificatorio. La problemática identificatoria (ese hilo
conductor) y la del trabajo del yo y el pensamiento son sus “cuestiones
fundamentales”, los disparadores de una metapsicología propia, que no abandona
el conocido (¿o desconocido?) triple registro indicado por Freud: tópico,
dinámico y económico. Cuestiones que retoma en la tarea clínica y al
privilegiar un itinerario teórico. Escuchar, cuestionar. Eso: escuchar. No
silenciar los dictados de la clínica, las dudas, lo interrogantes, los éxitos,
los fracasos, el pensamiento de autores que privilegiaron o indagaron otros
itinerarios es una necesidad a la que obliga la complejidad del campo teórico y
clínico que nos ocupa. En la concepción metapsicológica no hay lugar para un
ello-yo indiferenciado en los orígenes como pensaba Freud. El yo para poder
constituirse debe apropiarse de los enunciados identificatorios que la madre
ofrece. La indiferenciación de los comienzos sería entre un yo anticipado por
la madre y un yo por venir. El yo se apropia de los enunciados identificatorios
que aporta la madre en un comienzo, para luego ser identificante de sí mismo y
de los otros. El proceso de identificación exige un trabajo de elaboración, de
duelo, de apropiaciones que se operan sobre las representaciones identificatorias
que el otro primordial le aportó. Durante el tiempo de la infancia el yo
parental es una prótesis necesaria para el niño. A partir de esta íntima
dependencia con la madre el niño podrá formular sus primeras palabras, investir
sus primeros referentes identificatorios, reconocer la exterioridad de sus
soportes de investimiento, tener la intuición de un movimiento temporal que lo
pone ante la necesidad de investir un momento posterior al presente. Podrá, en
suma, investir el proyecto. Prótesis invalorable que posibilita la organización
y la forma de funcionamiento del yo, cuyo devenir dependerá de una serie de
factores internos, los productos de su organización (nunca definitiva) y de
otra serie de factores externos, no previsibles con los que se encontrará a lo
largo de su existencia: experiencias, logros, frustraciones, encuentros felices
o desgraciados que el medio externo (el conjunto de los otros, la sociedad, y
también su propio cuerpo) le impondrán inevitablemente. En los comienzos el yo
es un simple repitiente de los enunciados con los que la madre lo piensa, pero
son esos enunciados el apoyo que tiene para reconocerse e investirse a si
mismo. Este narcisismo del yo, tomarse como objeto de amor, es un requisito
para dejar de depender de los anhelos identificatorios que la madre le formula
y pasar a tener los propios. El “cuando seas grande serás...” que anhela la
madre para su hijo tendrá que transformarse en “cuando sea grande seré...” Y
tendrá que asumir un compromiso con la realidad que si bien lo pone ante el
riesgo de sentir lo solitario del desprendimiento parental, le da un grado de
libertad y un sentimiento de estima de sí para investir y realizar sus propios
proyectos. Un proceso que aproximadamente termina cuando termina la adolescencia.
Junto al advenimiento del yo se pone en juego para la psique la categoría de
temporalidad y junto a ella la incertidumbre, la duda y la imprevisibilidad,
inseparables de la necesidad de alteración, modificación y alteridad que el yo
requiere para poder persistir. Piera Aulagnier condena al yo a tres trabajos:
pensar, investir, sufrir. Pensar e investir son dos funciones sin las cuales el
yo no podría advenir ni preservar su lugar sobre la escena psíquica. Y sufrir
es el precio que deberá pagar para lograrlo. Recuperó esa cuarta instancia
freudiana, la realidad, tan soslayada en otros desarrollos posfreudianos. El
sujeto oscila permanentemente entre el principio de placer y el principio de
realidad. Es la realidad de las necesidades del cuerpo, de las necesidades
narcisistas, de las condiciones que el infans encontrará en el ambiente físico
y psíquico que lo rodea el que revelándose diferente a lo pictográfico y a lo
fantasmático del deseo exigirá el reconocimiento de su existencia fuera de la
psique y el de sus exigencias. Desconocer la relación realidad
psíquica-realidad en la constitución del psiquismo como perpetuo devenir del
proceso identificatorio implica desconocer la realidad de los acontecimientos
que resignifican a cada paso lo histórico vivencial. Para P. Aulagnier la
realidad histórica es el conjunto de acontecimientos que marcan la primera
infancia de todo sujeto, cuyo surgimiento confronta al niño con experiencias
afectivas, somáticas, psíquicas, que lo obligan a una reorganización exitosa o
fallida de su mundo interno, a una reevaluación estructurante o
desestructurante de su economía psíquica, a una reorganización más rica o más
pobre de sus referentes identificatorios. Esas experiencias vividas serán o
reprimidas, o reconstruidas cuando lo permite el recuerdo, o exhibidas como
heridas siempre abiertas. El trabajo analítico podrá darle al sujeto la
oportunidad de transformar su significación, de relativizar el impacto que
pudieron haber producido o bien de imputarles otra causalidad, pero sin dejar
de reconocer que en el momento que se produjeron tuvieron un rol determinante
para el funcionamiento psíquico del niño. Su trabajo con los psicóticos la
llevó a una conceptualización metapsicológica propia. La psicosis, dice, no es
sólo efecto de una carencia o de una represión que no se ha producido, aun
cuando ambas situaciones estén presentes, sino también del trabajo de
construcción que debe hacer el sujeto psicótico para poder dar cuenta de una
teoría de los orígenes que le dé la posibilidad de insertarse en una
temporalidad que no lo condene a vivir indefinidamente lo que vivió en el
pasado. Para el Yo, la esquizofrenia y la paranoia son dos formas de
representar su relación con el mundo cuando se ve enfrentado a ciertas
condiciones de arbitrariedad que no le permiten compartir con el discurso
social una teoría sobre los orígenes. Según P. Aulagnier, la psicosis nunca es
reductible a la proyección de una fantasía sobre una realidad neutra. No es que
falte la proyección fantaseada pero para que se desencadene una psicosis se
requiere un potenciamiento entre la fantasía y lo que aparece en la escena de
la realidad. Por otra parte, así como el yo no es un destino pasivo del deseo
de la madre, la psicosis tampoco lo es. De ahí la importancia que en la teoría
de Aulagnier tiene el concepto de remodelación de las escenas fantasmáticas
propias del proceso primario y el trabajo de interpretación y resignificación
del yo. Coherentes con este pensamiento teórico fueron la tarea clínica y la
trayectoria profesional de Piera Aulagnier. Es allí donde emerge ese
subterráneo trabajo de ligazón que pone en relación lo que oímos en nuestros
encuentros clínicos y las adquisiciones sedimentadas gracias a la teorización
flotante. La meta del análisis es desencadenar la apertura de un movimiento
interpretativo con el fin de que el yo pueda modificar la versión de sus
vivencias infantiles. La búsqueda y el develamiento de nuevas causalidades
apuntan a operar una transformación del espacio psíquico a partir de la
apropiación de la nueva relación de los objetos libidinales que se establece
como consecuencia de los desplazamientos que en el registro causal produce la
interpretación analítica, cuya meta es permitirle al yo librarse de un
“sufrimiento neurótico”. La reinterpretación del pasado puede modificar el
vivenciar presente, “romper” con las fijaciones, las conductas repetitivas, la
huida ante lo imprevisto, la negación; desconstruir una realidad que se volvió
rígida sustituyéndola respecto tanto de sí mismo como de los otros según la
posibilidad que el encuentro con el análisis y el analista le permitan. Tiempo,
memoria e historia, tres términos indisociables en la constitución de la
subjetividad como en la relación del analista con la interpretación. La
concepción de la interpretación que propone P. Aulagnier está inscripta en el
reconocimiento de la existencia de tendencias y posiciones teóricas diversas
que se fundamentan en los diferentes discursos metapsicológicos que cada
analista privilegia. La clínica psicoanalítica no puede quedar aislada de la
metapsicología que la sustenta. El énfasis en la articulación teórico-clínica
que Piera Aulagnier muestra a lo largo de su obra, tanto en los escritos
teóricos como en los historiales, se pone en juego en su concepto de “teorización
flotante”: trabajo preconsciente del analista en el que está presente la teoría
del funcionamiento psíquico así como los elementos que éste conoce y guarda en
su memoria referidos a la historia de su paciente y a la historia
transferencial que ambos construyeron conjuntamente. El analista escucha las
palabras del paciente tomando aquellas que tienen una particular resonancia
afectiva tanto en su propia fantasmática como en esos otros espacios de memoria
que son su capital teórico, para transformar una hipótesis teórica de valor
universal en un elemento singular de la historia de ese sujeto. Pero no
confunde la fantasía de su analizando con la propia. Por el contrario es en el
punto de deslinde de ambas donde se pone en juego la interpretación. Y la primera
tarea del psicoanálisis, la primera meta, es la de traer a la luz el conflicto
psíquico que está en la base del sufrimiento al servicio de objetivos
singulares que refuercen la acción de Eros a expensas de Tánatos, ampliar el
derecho y el placer de pensar, de disfrutar, de existir facilitando un trabajo
de sublimación que posibilite al sujeto, sin pagarlo demasiado caro renunciar a
ciertas satisfacciones pulsionales que se oponen al ideal del yo. Tarea sólo
posible si se establece una relación de intercambio entre analista y analizando
que implique compartir fines, objetivos, conocimientos, sin dejar de mencionar
ese plus de placer que todo trabajo creativo posibilita. Creación como
transformación singular y producto del trabajo compartido. [www.pieraaulagnier.com]
Aporte de
Ricardo Bruno
Baranger, Willy
Luis Kancyper
[psicoan.] (Bône, 1922-Buenos
Aires, 1994). En 1946 el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia lo
envió a Buenos Aires, como profesor del Instituto Francés de Estudios
Superiores. Ese mismo año Willy y su esposa Madeleine, profesora de letras
clásicas, se integraron a la recientemente fundada Asociación Psicoanalítica
Argentina (A.P.A). Su formación filosófica y humanista ejerció en él una
particular manera de pensar el psicoanálisis, preservándolo de los riesgos del
enfoque genético, económico y objetivante. Su obra se podría enfocar como un
conjunto de trabajos sobre varios núcleos temáticos referidos a la teoría de la
técnica, a la psicopatología, al concepto de objeto en psicoanálisis, a la
incidencia de lo ideológico en el quehacer analítico y preocupaciones por el
escamoteo de la noción de sujeto. Es esta formación la que le permite entender
de entrada al Freud del descubrimiento del inconsciente y su acción de
subversión. Es esto también (y sin perder a M. Klein) lo que le lleva a leer a
Lacan. Se interesa especialmente en el Lacan de la década del 53 al 63, aquel
del “volver a Freud”, el que todavía no se postula como un nuevo paradigma.
Baranger es un maestro también en sus textos. Si cada autor está implícito en
su obra, si el estilo supone íntegramente el ser, él invita a su interlocutor
imaginario a un diálogo fecundo para pensar y repensar la teoría y la técnica
psicoanalíticas. Un texto de Baranger obliga al lector a enzarzarse con él en
un cuidadoso y singular cuerpo a cuerpo. Sus textos, rigurosos y medulosos,
tienen el efecto de generar en el lector el surgimiento de un desafío trófico
que lo entusiasma para adentrarse en ellos, similar a la aventura que suscita
el ingreso a una ciudad desconocida para internarse, extraviarse en sus
vericuetos y rastrear su elusivo camino en un incesante proceso de
reconstrucción. Claro, se abren paso con lentitud. Se dejan leer con una
incertidumbre creadora, que deja crecer y desarrollarse orgánicamente en el
lector con una mínima intervención del autor-maestro. Jean Genet solía
dictaminar sobre la escritura de su tiempo: “Si se conoce de antemano el punto
de partida y el de llegada no puede hablarse de empresa literaria, sino de
trayectoria de autobús”. La lectura rigurosa de otros autores, que con criterio
clínico desarrolla y sus aportes cuestionadores e innovadores mantienen al
lector en la posición de la sorprendente aventura del descubrimiento
psicoanalítico y operan como una garantía del no cierre a un pensamiento
cristalizado. Pero un texto de Willy no se contenta con una simple lectura.
Sino que requiere de un ejercicio particular: la relectura. Como observó con
lucidez André Gide: “lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele
dejar huella”, y este producto de asimilación instantánea está condenado de
ordinario al olvido. El lector “barangereano” se halla impulsado a colaborar
con el autor para apropiarse de las innovaciones propuestas.
Imperceptiblemente, el lector se convertirá en relector y, gracias a ello,
intervendrá activamente en el asedio y escalo del texto leído y releído. A la
postre, Baranger como autor-maestro de la obra psicoanalítica no sólo crea a ésta,
sino a un interlocutor con el que intercambia experiencias y estimula
creativamente su pensar. Es un autor que no fascina con la palabra; ésta cumple
la función de una suerte de palabra-ventana para que el lector pueda
abrirla-cerrarla-asomarse o dejarla entreabierta para que él mismo pueda
regular la intensidad de la luz adecuada y logre disfrutar y confrontar con el
texto. Es así como el lector deviene activamente en relector y la relectura
fecunda su pensamiento. Por eso las palabras oral y escrita de Baranger tienen
el efecto elocuente de una experiencia, a la vez que profunda e íntima,
imborrable y transformadora. Muchas veces le preguntamos por sus primeros pasos
en el psicoanálisis. Nos decía: “en el
primer tiempo estuve muy identificado, digamos, con el pensamiento kleiniano,
pero hubo un antes; yo venía de la filosofía, y acá me encontré con Pichon, por
supuesto. Pero hubo un antes de Pichon..., que era Lautréamont, el surrealismo,
y con la posición de un filósofo de posguerra, un tiempo merleaupontiano.
Cuando estuve trabajando en el Hospicio con Pichon me di cuenta claramente de
algo que yo sabía desde Merleau-Ponty: que el objeto no es el objeto y el
sujeto no es el sujeto, y que el objeto y el sujeto se dan como campo y se
definen uno por otro. Seguro que esto está explícito en la teoría del campo,
está claro desde el principio: cuando se habla de dos personas en el análisis
es lo mismo, uno se define respecto al otro”. Y le preguntábamos por sus
lecturas: “Mis primeros contactos con los
libros de Freud fueron a los 16 años, viniendo a Buenos Aires, y a través de la
Negra [Arminda Aberastury], que era muy convincente y creadora, me
encontré con Melanie Klein. No hay que olvidar que el primer número de la
revista de A.P.U. tiene un artículo de Melanie Klein. Eso no es casualidad.” (Recordemos
que Madelaine y Willy Baranger tuvieron un papel decisivo en la creación de la
Asociación Psicoanalítica del Uruguay). “Después
de conocer bien la obra de M. Klein me empecé a preguntar: ¿cómo se casan Klein
con Freud? Durante un tiempo coexistieron dentro mío; hasta que estas
reflexiones me llevaron a hacer cuestionamientos, por ejemplo al punto de vista
económico de Freud, al Edipo temprano y tardío y la ausencia del padre en M.
Klein. Y luego surgió mi encuentro con Jacques Lacan”. En el año 1959,
Baranger publica en la Revista de Psicoanálisis de Francia dirigida por
Lagache, un artículo acerca del “Yo y la función de la ideología”; en el que
esboza el concepto de baluarte intrasubjetivo que es necesario diferenciar del
baluarte intersubjetivo que se da en el campo analítico. ¿Pero qué es un
baluarte? “Para el analizante el baluarte representa un refugio inconsciente de
poderosas fantasías de omnipotencia. Este baluarte es enormemente diverso entre
una persona y otra pero nunca deja de existir. Es lo que el analizante no
quiere poner en juego porque el riesgo de perderlo lo pondría en un estado de
extrema desvalidez, vulnerabilidad, desesperanza. En ciertas personas el
baluarte puede ser su superioridad intelectual o moral, su relación con un
objeto de amor idealizado, su ideología, su fantasía de aristocracia social,
sus bienes materiales, su profesión, etc. La conducta más frecuente de los
analizantes en defensa de su baluarte consiste en evitar mencionar su existencia.
El analizante puede ser muy sincero en cuanto a una multitud de problemas y
aspectos de su vida, pero se vuelve esquivo, disimulado y aún mentiroso cuando
el analista se aproxima al baluarte. El éxito del análisis depende de en qué
medida el paciente haya aceptado analizarlo, es decir perderlo y perder con el
baluarte sus fantasías básicas de omnipotencia. Pero el baluarte dentro del
campo psicoanalítico se produce por una complicidad que engloba tanto la
resistencia del analizante como la contrarresistencia del analista, comunicadas
inconscientemente entre sí y operando juntas. Analista y analizante siguen
dando vueltas alrededor de la noria o del baluarte que han constituido juntos,
sin quererlo. El baluarte en el campo psicoanalítico es una formación
artificial. Un subproducto de la técnica analítica. Se manifiesta como
obstáculo al proceso analítico porque sustrae un sector más o menos amplio del
mundo interno del analizante. Es una estructura cristalizada o una modalidad de
relación inamovible entre ambas partes participantes. Proviene de la colusión
entre ciertos aspectos inconscientes del analizante y aspectos correspondientes
del inconsciente del analista”. Sostengo que los conceptos barangereanos
cuestionan el compromiso del analista en el proceso analítico y modifican el
enfoque unipersonal o bipersonal acerca de los términos de: insight,
resistencia y trabajo de elaboración. Y el concepto de campo no debería ser
equiparado a la mera existencia de la transferencia del analizante y de la contratransferencia
del analista. No es sólo eso. El campo es creador de un conjunto fantasmático
original: de una fantasía inconsciente básica, concepto que despierta variadas
resistencias entre los analistas: ¿Pero en qué se diferencia esta fantasía de otras?
Esta fantasía surge en el proceso analítico creado por la situación del campo y
por su intermedio las cosas se suceden. No es la consecuencia de una
comunicación inconsciente, ni de un mecánico entrecruzamiento de
identificaciones proyectivas e introyectivas, sino su condición. La fantasía
inconsciente básica es una producción original y originada en el campo y por su
mediación se estructura su dinámica, incluye zonas importantes de la historia
personal de los participantes que asumen un rol imaginario estereotipado. Esta
fantasía no tiene una clara existencia fuera de la situación del campo, si bien
se enraíza en el inconsciente de cada uno de los integrantes. A partir de esta
fantasía inconsciente de campo se puede comenzar a desentrañar el funcionamiento
psíquico y la historia intrasubjetiva en cada uno de los participantes. Desde
la intersubjetividad a la intrasubjetividad. Desde el “hic et nunc” al pasado y
al porvenir. Desde este precipitado aparentemente atemporal, a la temporalidad
de la resignificación. La admisión del status del concepto de fantasía
inconsciente básica de campo se halla condicionada a la superación de varios
obstáculos: Este concepto asesta una nueva herida al narcisismo y al poder del
analista porque éste vuelve a perder la ilusión de la omnipotencia y de la
soberanía de la autosuficiencia. En el vínculo con el otro y con los otros, la
fantasía creada en y por la situación de campo “despliega sus alas”, es
autónoma y ejerce sus propios influjos sobre los sujetos a semejanza del inconsciente
que tiene sus propias leyes y psicodinamismos independientes al dominio
consciente y racional. Aceptar su presencia en toda relación más o menos
estable y duradera, exige la inevitable asunción de un trabajo complejo y
agregado. El analista no puede continuar sosteniendo la posición de un pasivo
observador de una situación que injustamente lo aliena y frustra, sino que
requiere efectuar un cambio posicional. El también participa en grados
asimétricos, a través de su propio funcionamiento psíquico, condicionado a sus
series complementarias, en el desenlace de los destinos tróficos o destructivos
de los vínculos. El trabajo psíquico agregado impone la resignación de la
automática tendencia a depositar el torrente de proyecciones e identificaciones
proyectivas en los otros o a la vuelta masiva de éstos sobre sí mismo, para
admitir que, finalmente cada uno de los integrantes del campo, participa en la
producción de la fantasía intersubjetiva, que además, es originada y original
por la particular situación de ese campo. La fecundidad de este concepto abre
caminos nuevos: el advenimiento de la mismidad correlativamente con la
consolidación de la alteridad; permite la revisión de la historia propia y de
la ajena y el reconocimiento de los puntos de anudamiento, de semejanza, de
diferencia y de complementariedad entre los participantes.
Aporte de Ricardo Bruno
Binet,
Alfred
(Niza, 1857-París, 1911) Pedagogo y
psicólogo francés. Especializado en psicofisiología por La Sorbona, trabajó
junto a Charcot en el Hospital de la Salpêtrière. Sus investigaciones con los
niños inadaptados y con bajo rendimiento intelectual se exponen en sus libros
La sugestibilidad (1900) y Estudio experimental de la inteligencia (1903). En
La escala métrica de la inteligencia, publicado en 1905 conjuntamente con
Théodore Simon, por encargo del gobierno francés, elaboró una escala de tests
de dificultad progresiva para medir el desarrollo de la inteligencia en los
niños, adaptados a la capacidad de respuesta correspondiente a la edad. Los
resultados del test se expresan en términos de «coeficiente de inteligencia»,
que se obtiene al dividir la «edad mental», derivada de los resultados de la
prueba, por la edad cronológica del niño multiplicada por cien. En 1908 publicó
una revisión del test que modificaba algunos ítems del cuestionario, a la que
sucedieron otras revisiones en años posteriores.
Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/
Binswanger,
Ludwig
Nació el 13 de abril de 1881 en
Kreuzlingen, Suiza, dentro de una familia bastante acomodada en la tradición
médica y psiquiátrica. Obtuvo su licenciatura de la Universidad de Zurich en
1907. Estudió bajo la tutela de Carl Jung y como él mismo estuvo haciendo su
internado con Eugen Bleuler, compartiendo su interés por la esquizofrenia.
Jung le presentó a Sigmund Freud en
1907. En el 1911 Binswanger ocupó la plaza de Jefe Médico y Director en el
Sanatorio Bellevue en Kreuzlingen, posición ocupada previamente por su padre y
su abuelo. Al año siguiente, enfermó y recibió una visita de Freud, quien
raramente se alejaba de Viena. Su amistad duró hasta la misma muerte de Freud
en 1939, incluso a pesar de sus divergencias teóricas. En los primeros años de
la década de los veinte, Binswanger cultivó un interés especial sobre las obras
de Edmund Husserl, Martin Heidegger y Martin Buber, inclinándose paulatinamente
hacia una perspectiva existencialista más que freudiana. En los años 30,
podríamos decir con franqueza que fue el primer terapeuta verdaderamente
existencialista. En 1943, publicó su trabajo más importante, Grundformen und
Erkenntnis menschlichen Daseins, el cual aún no se ha traducido al inglés.
En 1956, Binswanger abandonó su
posición en Bellevue después de 45 años como Jefe Médico y Director. Continuó
estudiando y escribiendo hasta su muerte en 1966.
Fuente: Boeree George (2002) Teorías de la Personalidad. Traducción
de Gautier Rafael.
Boss,
Medard
George Boeree
Resulta imposible imaginarse una
mejor preparación en una carrera de psicoterapia. Nacido en St. Gallen, Suiza,
el 4 de octubre de 1903, Medard Boss creció en Zurich durante un tiempo donde
la ciudad era el centro de la actividad psicológica. Recibió su licenciatura en
Medicina en la Universidad de Zurich en 1928, tomándose un tiempo en el camino
para seguir estudiando en París y Viena y ser analizado por el mismo Sigmund
Freud.
Después de 4 años en el hospital
Burgholzli como asistente de Eugene Bleuler, se fue a estudiar a Berlín y
Londres, donde varios de sus maestros pertenecían al círculo interno de Freud,
como Karen Horney y Kurt Goldstein. Al inicio del año 1938 se asoció a Carl
Jung, quien brindó a Boss la posibilidad de un análisis pero sin atarse a las
interpretaciones freudianas.
Con el tiempo, Boss leyó los
trabajos de Ludwig Binswanger y de Martin Heidegger. Pero no fue hasta un
encuentro en 1946 y posteriormente una amistad con Heidegger lo que le volcaría
definitivamente sobre la psicología existencial. El impacto de Boss sobre la
terapia existencial ha sido tan grande que con frecuencia se le asocia a Ludwig
Binswanger como co-fundador.
Aunque Binswanger y Boss están de
acuerdo con las bases de la psicología existencial, el último se acerca algo
más a las ideas originales de Heidegger. Por ejemplo, Boss no comparte las
ideas de Binswanger sobre “el diseño-del-mundo”: El cree que la idea de que las
personas vienen al mundo con expectativas preformadas desvía la atención de un
punto mucho más existencialista de que el mundo no es algo que interpretemos,
sino más bien que se revela a sí mismo dentro de la “luz” del Dasein.
La analogía de la luz juega un
papel importante en la teoría de Boss. Por ejemplo, el fenómeno “mundo”
literalmente significa “brillar en expansión” o “salir de la oscuridad”, por lo
que Boss considera al Dasein como una luz que permite que las cosas fluyan en
su propio brillo.
Esta idea tuvo un profundo efecto
sobre cómo Boss entendía muchas cosas como la psicopatología, las defensas, el
estilo terapéutico y la interpretación de los sueños. La defensividad, por
ejemplo, es una cuestión de falta de luz sobre algún aspecto de la vida y la
psicopatología es análogo a escoger vivir en la oscuridad. Por otro lado, la
terapia comprende revertir esta constricción de nuestra apertura básica o
“¡Aclaración!”.
Una de sus sugerencias más
importantes al paciente es “dejar que las cosas fluyan” (Gelassenheit). La
mayoría de nosotros intentamos con mucho esfuerzo mantener las cosas bajo un
estricto control. Pero la vida es demasiado para nosotros; deberíamos darle un
poco de confianza al destino; saltar hacia la vida en vez de estar probando
siempre el agua a ver si está caliente o fría. En vez de mantener la luz de
Dasein muy focalizada, deberíamos dejar que brille más libremente.
Boeree George (2002) Teorías de la
Personalidad. Traducción de Gautier Rafael.
Cárcamo,
Celes Ernesto
Elisabetta
Gennari de Rocca
[psicoan.] (La Plata, 1903 - Buenos
Aires, 1990) Pionero del psicoanálisis en la Argentina, fundador de la
Asociación Psicoanalítica Argentina. Procedente de una familia vinculada por
siete generaciones con las Ciencias Médicas, se doctoró en Medicina en 1930. En
los comienzos de su práctica se orientó hacia la Clínica Médica, en la cátedra
del Profesor Mariano Castex, en el Hospital de Clínicas de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Hombre de una vasta cultura
humanística, interesado en la filosofía y la historia, incursionó también en la
homeopatía, atraído por una disciplina que buscaba comprender al hombre en su
totalidad. En la cátedra de Castex conoció al Dr. James Mapelli, psicoterapeuta
italiano que practicaba la hipnosis. A partir de esta relación se interesó en
la psicoterapia y se dedicó a leer apasionadamente lo que pudo encontrar sobre
el tema. La obra de Freud, que había sido recientemente traducida al castellano
lo impactó particularmente y decidió trasladarse a Europa para realizar su
formación como psicoanalista. En el seno de la Sociedad Psicoanalítica de
París, cursó los seminarios de formación, hizo su análisis didáctico con Paul
Schiff y las supervisiones con Charles Odier y Rudolf Loewenstein, y presentó,
en 1939 su trabajo de titularidad “La serpiente emplumada. Psicoanálisis de la
religión Maya-Azteca y del sacrificio humano”. En París conoció a Ángel Garma,
psicoanalista español formado en Alemania, quien luego de practicar algunos
años el psicoanálisis en Madrid, se había exilado en Francia como consecuencia
de la Guerra Civil Española. Juntos decidieron trasladarse a Buenos Aires, para
promover la formación de un grupo psicoanalítico, que comenzó a reunirse en
1939 y se constituyó como Asociación componente de la Asociación Psicoanalítica
Internacional tres años después. Cárcamo fue Secretario Científico de la
primera Comisión Directiva y Presidente de la Segunda. Particularmente
interesado en la aplicación del Psicoanálisis a la práctica médica, organizó en
1958 el primer curso de Psicología Médica que se realizó en la Facultad de
Medicina de Buenos Aires y, años más tarde participó activamente en la creación
de la Cátedra de Psicología Médica y del primer curso oficial de
especialización en dicha disciplina, en el que durante años dictó la materia
psicoterapia. [Elisabetta Gennari de Rocca]
Aporte de Ricardo Bruno
Chiozza, Luis Antonio
Sergio
Aisenberg
[psicoan.] Médico psicoanalista
argentino, nació en Buenos Aires en 1930 y se graduó en Medicina en 1955.
Ejerció la clínica médica durante cinco años y luego se dedicó por completo al
psicoanálisis. En 1963 presentó en la Asociación
Psicoanalítica Argentina, bajo la forma de una comunicación preliminar, su
primer libro, Psicoanálisis de los
trastornos hepáticos, en el cual expuso, siendo aún muy joven, tesis
audaces y originales que despertaron, entre sus colegas y maestros, cálidos
elogios y duras críticas. En ese libro, en el cual presentó una nueva
concepción de la relación psique-soma, postuló la existencia de una primacía y
un nivel de fijación hepáticos prenatales, lo cual implica sostener que, así
como existen fantasías inconscientes específicamente orales, existen también
fantasías hepáticas. Su planteo abre, pues, un nuevo camino a la investigación
de la relación psique-soma, ya que sostiene que todo proceso corporal es, desde
otro ángulo de observación, una fantasía inconsciente específica. Sus
desarrollos teóricos trascienden, sin embargo, el ámbito de la medicina
psicosomática, ya que postula una concepción del psiquismo fetal diferente de
las que sostenían sus predecesores y sienta las bases para una teoría
psicoanalítica acerca de las relaciones entre idea y materia, apoyándola en el
interjuego de dos procesos: idealización y materialización. Full member de la International Psychoanalytical Association, y analista didáctico
desde 1974, fundó, presidió o dirigió, distintas instituciones, nacionales y
extranjeras, entre las cuales cabe destacar la fundación que lleva su nombre,
dedicada a la investigación en psicoanálisis y medicina psicosomática, y el Centro Weizsaecker de Consulta Médica,
dedicado a la asistencia de pacientes desde un enfoque psicoanalítico
particular, inspirado en la obra de Víctor von Weizsaecker, que se realiza
mediante un método propio, que desarrolló junto al Dr. Enrique Obstfeld, y que
denominó Estudio Patobiográfico. Ha
ejercido ininterrumpidamente la investigación y la actividad docente, reuniendo
a un grupo de colegas que lo acompañan desde hace muchos años. Su obra, que
incluye más de quince libros, algunos de los cuales fueron traducidos al
inglés, al italiano y al portugués, y numerosos artículos, fue publicada por
primera vez en CD ROM en 1995. Miembro del comité científico asesor de
prestigiosas revistas extranjeras, recibió el premio KONEX en la disciplina
Psicoanálisis, en 1966. Entre sus libros más destacados figuran ¿Por qué enfermamos?, Cuerpo, afecto y lenguaje, Hacia una teoría del arte psicoanalítico y Cuando la envidia es esperanza, además
de la serie en la cual publica los resultados obtenidos por el grupo, en la
investigación de numerosas enfermedades, cada una de las cuales es estudiada
como la deformación defensiva de un particular afecto que permanece
inconsciente y oculto. Su tesis acerca de la deformación “patosomática” de las
claves de inervación de los afectos, la afirmación de que existe un ejercicio
simbólico inconsciente, y de que la pulsión no se apoya en la función
fisiológica, sino que meta pulsional y finalidad de una función fisiológica son
dos maneras distintas de referirse a una misma realidad, constituyen los
pilares fundamentales de su investigación en el significado inconsciente de las
enfermedades somáticas. En el terreno de la teoría y la clínica psicoanalíticas
enriqueció la metapsicología freudiana, construida sobre un modelo físico, con
un enfoque metahistórico, construido sobre un modelo lingüístico, postuló la
existencia de un proceso terciario, sostuvo la necesidad de que la constante
interpretación de la transferencia-contratransferencia debe realizarse siempre
de manera indirecta y debe dirigirse al lugar en donde los puntos de urgencia
del analista y el paciente coinciden. (Véanse psicosomatico; fantasía
inconsciente).
Aporte de Ricardo Bruno
Etcheverry,
José Luis
Leandro
Wolfson
(1942-2000) Estudioso de la
filosofía y traductor argentino cuyo nombre está indisolublemente ligado a su
traducción de las obras de Sigmund Freud (1974-1985). En otro artículo de este
diccionario se señala cómo se insertó la nueva traducción de Etcheverry en la
historia de las versiones castellanas de Freud. En un volumen agregado a manera
de apéndice a las Obras completas por
él traducidas, Etcheverry (1978) explicó cuáles fueron sus principales
criterios para abordar esta tarea. Posteriormente, en una de sus raras
apariciones públicas, invitado a dar unas conferencias en la Universidad de la
República de Uruguay, explicitó algo más estos criterios (Wolf y Hajes, 1996,
págs. 7-42). Expresó allí que toda traducción responde a los intereses,
aspiraciones y búsquedas de un determinado momento histórico y grupo social. En
su caso, el "retorno a Freud" propugnado por las corrientes
lacanianas, y la abundante elaboración crítica de los conceptos freudianos
básicos en el curso de las dos o tres décadas anteriores fue una motivación
fundamental. Tomando como consigna básica "El texto de Freud y nada más
que el texto de Freud" (1978, pág. 2), procuró "abrirse paso hasta
sus últimos resortes de creación" (ibíd., pág. 4). Su modo de trabajo pudo
definirse como una "literalidad problemática", en el sentido de
"una fidelidad al original atenta a los problemas interpretativos que el
texto mismo plantea" (Etchegoyen, 2000, págs. 5-6). Gracias a su profundo
conocimiento de la cultura clásica alemana, Etcheverry examinó los antecedentes
filosóficos y científicos de Freud y pudo mostrar "que esas tradiciones
son constitutivas del discurso freudiano, donde son proyectadas y articuladas
hacia otros objetos y una dimensión diversa" (1978, pág. 16) De esta
inmersión en las fuentes extrajo una visión renovada de Freud, ajena a las
especulaciones y polémicas de las distintas escuelas psicoanalíticas.
Paradójicamente, desde fuera del psicoanálisis le ofreció a éste la posibilidad
de replantearse creativamente muchos de los conceptos básicos de su fundador.
Además de este trabajo monumental, Etcheverry tradujo también las cartas de
Freud a Wilhelm Fliess (Freud, 1994) y el diario clínico de Ferenczi (1997), y
supervisó la edición del Diccionario de
psicoanálisis dirigido por Roland Chemama (1998). En el campo filosófico y
sociológico merecen destacarse sus traducciones de Max Weber, Jurgen Habermas y
Anthony Giddens. Según palabras del Dr. H. Etchegoyen (2000, pág. 6),
Etcheverry fue "un hombre modesto y sabio... siempre dispuesto a escuchar,
a aprender y a explicar", cuya muerte "enluta al psicoanálisis, a la
psiquiatría, a la psicología y a la cultura argentina".
Referencias Chemama, Roland, ed., Diccionario del psicoanálisis, Buenos
Aires: Amorrortu editores, 1998. Etcheverry, José Luis, Sobre la versión castellana, Buenos Aires: Amorrortu editores,
1978. Ferenczi, Sándor, Sin simpatía no
hay curación. El diario clínico de 1932, ed. por Judith Dupont, Buenos
Aires: Amorrortu editores, 1997. Freud, Sigmund, Obras completas, Buenos Aires: Amorrortu editores, 24 vols., trad.
por José Luis Etcheverry, 1974-1985. Freud, Sigmund, Cartas a Wilhelm Fliess (1887-1904), Buenos Aires: Amorrortu
editores, 1994. Etchegoyen, Horacio, "Recordatorio de José Luis
Etcheverry", Revista de APdeBA,
vol. 22, n° 1, 2000, págs. 5-6. Wolf, Martin, y Hajes, Doris, eds., Freud hoy en la Universidad, Montevideo:
Universidad de la República, Facultad de Psicología, 1996.
Aporte de
Ricardo Bruno
Ey, Henri
Eduardo Luis Mahieu y
Eduardo Tomás Mahieu
[psiquiat.] (1900-1977) En el Vallespir de la Cataluña Francesa. Nacido con el siglo, el 10 de agosto de 1900, Ey representará la psiquiatría de este siglo. Vio la luz en Banyuls-dels-Aspres pequeño pueblo del sudoeste de Francia en el Pays catalán del Rousillon, tierra de viñas y de vinos, recostada sobre los Pirineos orientales, y la frontera española, acariciada por las eternamente azules aguas del mediterráneo, y de donde también eran originarios Pinel, Esquirol y Magnan. En ella cursó sus estudios primarios y secundarios, y allí nació en su infancia su vocación por la psiquiatría, como él lo relata, emocionadamente, en la primera página de La notion: "...Cuando era niño y bajaba desde la montaña a Céret, encontraba un hombre extraño que todo el mundo llamaba "loco"; como a todo el mundo me impresionaba lo extraño de su apariencia. En un medio cultural como aquél, el del Vallespir, era presa de la angustia y el miedo... Aquélla era la imagen a la que me refiero hoy para hablar de esquizofrenia, esta imagen impregnada de enigma fantasioso y fantástico que, durante toda mi vida he tratado de comprender…" A ese terruño amado regresaría después de su retiro, en 1971, para morir, el 8 de noviembre de 1977 en la misma vieja casa solariega de su familia de viticultores donde había llegado al mundo, y desde cuyo jardín se divisa la nevada cumbre del Canigou, la montaña sagrada de los catalanes. El alma de la raza de esa tierra, alternativamente ibérica y francesa a lo largo de la historia nos revela la clave de su amor por España y lo español; por la tauromaquia que lo impulsó a tentar el ruedo en su juventud; por Laín Entralgo", como la consagró Minkowski en una conmovedora ceremonia en Bonneval; la eterna compañera desde los años juveniles de la Salle de Garde de Sainte Anne hasta el latido final de 1977. La Obra de Ey La obra de Henri Ey es de una magnitud y una importancia excepcionales: sus escritos, su docencia oral su labor hospitalaria, su lucha constante por mejorar radicalmente las condiciones de asistencia del enfermo mental, su fervor y entusiasmo organizativo de congresos, coloquios, seminarios, publicaciones periódicas, revistas y sociedades científicas, su actividad militante al frente del Sindicato de Médicos de Hospitales Psiquiátricos, lo consagran como el más brillante psiquiatra francés de este siglo y uno de los maestros clásicos y definitivos de toda la medicina. Su producción escrita es inmensa, una de las más extensas, profundas y fecundas en la historia de la medicina. Más de 300 artículos científicos publicados a lo largo de 50 años, desde 1926 hasta 1977, en casi todas las revistas médicas de importancia del mundo entero - el primero de ellos sobre La Esquizofrenia de Bleuler con Paul Guiraud en 1926, el último sobre La Psiquiatría y la privación de la libertad en 1977, en el Bulletin du Syndicat des Psychiatres des Hôpitaux - como símbolos de sus intereses fundamentales como el alfa y omega de la trayectoria de su pensamiento: de la ciencia a la historia y de la filosofía a la ética. La mayor parte de esos artículos aparecieron en "su" revista, L'Evolution Psychiatrique, órgano de la sociedad del mismo nombre, nacidas ambas para expresar una nueva psiquiatría: la de la integración y colaboración de psiquiatras psicoanalistas. Fundó, además, otras dos revistas, cuyos nombres nos eximen de extendernos sobre sus múltiples inquietudes y motivaciones: Entretiens psychiatriques y el Bulletin du Syndicat des Psychiatres des Hôpitaux. Y en este apartado que impropiamente podríamos denominar de escritos menores, nos falta mencionar aún más de 150 trabajos entre prólogos, prefacios, discursos, alocuciones y discusiones en eventos científicos, análisis, reseñas y críticas de libros (algunas de ellas verdaderas monografías como las que dedicó a El descubrimiento del Inconsciente de Ellenberger o a Los trastornos esquizofrénicos de Manfred Bleuler). Y last but not the least su traducción y resumen de la obra de Eugen Bleuler Dementia Praecox o el grupo de las esquizofrenias realizado en los albores de su carrera (1926) y que representó la única forma en que los psiquiatras franceses pudieron acercarse al pensamiento del insigne maestro zuriqués, durante cerca de 70 años, hasta 1993, en que apareció la traducción integral de Viallard. Por lo que se refiere a libros, 15 son los que debemos a su pluma (sin contar la publicación de sus ponencias a los Coloquios de Bonneval que constituyen de por sí verdaderos libros): - Hallucinations et Délires. Alcan 1934, (recientemente reeditado por l'Harmattan). - Essai d'application des principes de Jackson a une conception dynamique de la neuropsychiatrie. Con Rouart, Doin 1938 (recientemente reeditado por l'Harmattan). - Ensueño y Psicosis (1948) Editora Médica Peruana, 1948. - Estudios sobre los delirios. Paz Montalvo, Madrid 1950 (recientemente reeditado). - Etudes Psychiatriques: en 3 Tomos de cerca de 1600 págs. Edit. Desclée de Brouwer, 1952-1957-1960 en los que analiza exhaustivamente problemas de historia, epistemología, metodología, psicopatología, semiología y clínica de las psicosis agudas y desestructuración de la conciencia. Estudios en los que la precisión y minuciosidad descriptivos de la clínica francesa se completan con un análisis psicoanalítico, estructural, fenomenológico y existencial de las psicosis endógenas agudas y la epilepsia. - En 1955 dirige la organización, elaboración y redacción de los 3 monumentales tomos de la sección de Psiquiatría de la Encyclopédie Médico-Chirurgicale, encabezando en esta obra colectiva única en su género a decenas de los más brillantes especialistas del mundo entero, y que continua actualizándose año a año. Asume personalmente la responsabilidad de escribir numerosos capítulos de la misma, de entre los que debemos destacar por su extensión y calidad los dedicados a la historia de la psiquiatría, la antipsiquiatría, la terapéutica psiquiátrica, las bouffées delirantes (noción imprecisa de la tradición clínica francesa a la que rescata, define y delimita magistralmente transformándola en una especie mórbida clave y definitiva de la nosología). Pero hay que mencionar especialísimamente la excepcional sección dedicada al Grupo de las psicosis esquizofrénicas y de las psicosis delirantles crónicas, (recientemente reeditada por Les empêcheurs de penser en rond, Synthélabo). - En 1960 aparece la primera edición de su Manual de Psiquiatría, escrito en colaboración de un psiquiatra clínico (Bernard) y un psicoanalista (Brisset). Numerosas ediciones y traducciones confirman su éxito, texto iniciático de los psiquiatras jóvenes, tanto franceses como latinoamericanos. - En 1963 da a la imprenta La Conscience, editado por Desclée de Brouwer, con más de 400 páginas, texto histórico, epistemológico, metafísico, psicopatológico y neurofisiológico de gran profundidad. - En 1964 aparece La psychiatrie animale con Brion y colaboradores (Desclée de Brouwer, 605 págs.), obra colectiva bajo su dirección, como anticipo del interés que despierta la joven ciencia de la etología. - El Traité des Hallucinations en 2 Tomos de más de 1500 págs. (Masson 1973) constituye su obra maestra en el campo de la clínica, la psicopatología y los fundamentos teóricos y modelos explicativos de la enfermedad mental, exhaustiva indagación de la problemática de la alucinación y el delirio nunca antes alcanzada. - En 1975 dirige la obra colectiva Psychophysiologie du sommeil et Psychiatrie (Masson, 315 págs) en la línea de una de sus postulaciones fundamentales: la de una analogía profunda entre sueño y locura, entre ensueño y psicosis, entre actividad onírica y delirio, que la psiquiatría francesa plantea ya desde 1845 con la obra de Moreau de Tours. - También en 1975 publica Des idées de Jackson à un modéle organo-dynamique en psychiatrie (Privat-Toulouse) que incluye su monografía de 1938, como culminación de sus casi 40 años de reflexión teórica. - En diciembre de 1977, pocos días después de su muerte aparece La notion de Schizophrénie Desclée de Brouwer, comptes rendues del Seminario de Thuir, en el que, como en un diálogo platónico de un Sócrates moderno rodeado de sus jóvenes discípulos se elabora la definición final de lo que fuera para Ey il lungo studio e il grande amore como quería Dante. - En 1978, aparece Défense et illustration de la psychiatrie (Masson 1978, traducción argentina de Editorial Huemul, 1979). Terminado cuatro meses antes de su muerte, de unas ochenta páginas, constituye un lúcido y sereno manifiesto de la psiquiatría, ciencia médica, y contiene su reflexión epistemológica y su mensaje ético, apasionado y profético, cartesiano e hipocrático, en un estilo que recuerda al de alguno de los tratados filosóficos del maestro de Kos. - Por último, en 1981, aparecerá su tercera obra póstuma Naissance de la Médecine (Masson), primer tomo de una vasta obra inconclusa de 4 tomos, dedicada a la Historia de la Psiquiatría en la Historia de la Medicina y en la que trabajó hasta el día de su muerte (arrebatado por su tercer infarto de miocardio). Debemos al devoto trabajo de Henri Maurel, el que los manuscritos de ese primer tomo llegaran a la imprenta, 4 años después de la muerte del maestro. Henri Ey, Le Maître Debido a las características propias del sistema universitario francés Henri Ey no accedió nunca a la cátedra oficial, pero su actividad docente se nutrió permanentemente de la praxis clínica y la reflexión teórica sobre la misma. Esa actividad docente fue tan intensa y de tal calidad que lo consagró como el maestro, por antonomasia. Se dedicó fundamentalmente a la enseñanza y formación de post-grado, batallando incansablemente por la institucionalización de la especialidad como tal, por la especificidad de la psiquiatría, separándola y diferenciándola de la neurología, con la que estaba unida en los planes oficiales de la época, pero enfatizando la imprescindibilidad de su formación complementaria y paralela. Con emoción recuerdan los que fueron sus discípulos y colaboradores las memorables sesiones que todos los miércoles animaba en el anfiteatro Magnan de Sainte-Anne, sesiones de intensa actividad que duraban toda la tarde, con presentación de enfermos (uno de ellos siempre médico-legal.) entrevistados públicamente por el maestro y los discípulos, con discusión del caso y una prolongada clase teórica a cargo de Ey, y conferencias por parte de invitados especiales y lecturas en la biblioteca. Ya retirado, continuó dirigiendo en el hospital de Thuir una actividad similar. Recuerda Follin, en la emotiva introducción a su espléndido libro Vivre en délirant (Les empêcheurs de penser en rond, edit. Synthélabo 1992): "En ese tiempo (Henri Ey) se impone como el maestro de la joven psiquiatría francesa. Su seminario proseguido durante más de 30 años quedará como el principal centro de formación de los psiquiatras franceses. Fundándose sobre el rigor de "las ciencias clínicas" nos hizo reflexionar a todos, entrenado en un trabajo de crítica y a menudo de autocrítica; le guardo por ello un profundo reconocimiento". Participó protagónicamente en innumerables congresos en todo el mundo. Organizó el Primer Congreso mundial de Psiquiatría en París en 1950 y fue su Secretario General. En 1951 organizó también en París la Primera Exposición Mundial de Arte Psicopatológico. Es de recordar su paso por Argentina en 1956 para asistir a varias conferencias a las que asistieron los principales psiquiatras y psicoanalistas del momento. El militante sindical No fue Henri Ey un intelectual solitario, monástico y conventual, aislado en su torre de marfil, ni tampoco un ratón de biblioteca (aunque así se autodenominaba con la modestia y humildad de los verdaderos sabios) sino, un hombre de su tierra y de su tiempo, comprometido con todos los problemas y las luchas por la dignidad y la libertad humanas y de un fervor inextinguible por las causas que había abrazado. Su profunda preocupación por preservar la pureza ética y las prácticas psiquiátricas y por evitar o impedir que se usara y se abusara de la psiquiatría para violar la libertad, en esos (y estos) tiempos del desprecio; la tortura, el universo concentracionario y el gulag estalinista, motivaron su valiente e insobornable intervención para una declaración condenatoria en el Congreso Mundial de Psiquiatría de México, que debe considerarse como la directa inspiradora de la Declaración de Hawai (revisada en Viena) verdadero juramento hipocrático de los psiquiatras. Todos los movimientos de reforma, mejoramiento y humanización de las instituciones de asistencia psiquiátrica contaron con su adhesión entusiasta y su participación activa, desde la integración del llamado "grupo de 1945", que después de terminada la guerra promovió la transformación radical del sistema asilar psiquiátrico, hasta la edición del Livre blanc de la Psychiatrie que condujo a la psiquiatría de sector. Nuevamente Follin en la introducción a Vivre en délirant nos brinda esta vibrante página de historia: "En setiembre de 1944, al día siguiente de la liberación, se reunía en mi casa (avenida Carnot en Paris) un grupo de amigos entre los que se contaban L. Bonnafé, G. Daumezon, J. de Ajuriaguerra y L. Le Guillant... es en el curso de esta discusión que se esbozó el proyecto de las Jornadas de la Psiquiatría Francesa preparado poco después en una reunión que tuvo lugar en la Facultad de Medicina bajo la presidencia de P. Valéry. Fue en esta reunión que Henri Ey se manifestó como el jefe de fila del humanismo, en ese estadio casi revolucionario de lo que será la reforma del estatuto de la asistencia de los enfermos mentales, y al mismo tiempo del personal de cuidados, médicos y enfermeras". Porque las luchas gremiales por la dignificación y la jerarquización de los médicos psiquiatras de la psiquiatría pública - del estatuto del personnel de soins, de los trabajadores de la salud mental - eran absolutamente inseparables de la lucha por el mejoramiento y humanización de los tratamientos y condiciones de vida de los enfermos mentales en las instituciones asistenciales del Estado. Durante largos años fue el Presidente del sindicato de los Médicos de los Hospitales Psiquiátricos y fundador y director de su órgano de expresión el Bulletin du Syndicat. Y su espíritu sigue vivo en la Association Nationale des Présidents et VicePrésidents des Commissions Médicales d'Etablissement des Centres Hospitaliers de Psyc