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Ioli
Primera.
Ultima.
Honrada.
Ramera.
Mujer...
Todas estas en una,
condenada,
privilegiada.
Sin vergüenza,
con orgullo.
Sagrada.
Apartada.
Grandiosa.
Desdeñada.
Feliz...
Con esperanza y promesas justas.
Forzada en su coraje
y ultrajada en su bravura.
Desgarrada en la provocación
y a veces, fingida sumisa.
Glorificada.
Ultrajada.
Odiada.
Admirada.
Mujer...
Sin reflejar,
fingiendo lo que quieren ver.
Pese a todo,
esquiva e inagotable compañera.
Ioli
Soy la que sobresaltada
aparece después del incómodo
despertar,
la que no quiere que la vida
se convierta en un sueño.
Soy la que día a día,
la realidad,
la devuelve al mundo
con una bofetada.
Soy la que espera,
paciente, colarse en tus sueños.
La que un día te echó
de los suyos.
Soy la eterna soñadora
Ioli
| Ella
subió las escaleras . En su mente las iba contando una a una. Parecía
que cada peldaño subido la alejaba del peligro que suponía
el haber venido sola a casa a esas horas. Pero ésa no era la realidad.
Nunca cogía el ascensor. Se quería demostrar a si misma podía por su propio pie alejarse del peligro. Le gustaba notar lo poco que le costaba el subir hacia la seguridad. No quería acostumbrarse a las soluciones fáciles que no llevan a nada. Hoy iba feliz a casa, acababa de estar con sus amigos, no había sucedido nada especial. Abrió la puerta de su casa. Ella era la única que estaba despierta. Le gustaba la sensación que eso producía. Disponía de toda la noche para ella. Aunque sabía que inmediatamente se dormiría. Entró en su cuarto y pensó en lo afortunada que era que era al contar con la gente que tenía alrededor. Ella se quitó la ropa y se puso algo cómodo para dormir. Se alegró de ser querida. Sin necesidad de justificar nada. Se fue a lavar los dientes, y recordó las caricias, el lenguaje de las manos, que tanto habían dicho antaño. Miró
sus fotos y se acostó sin preocupaciones porque hoy no le había
visto, porque no tuvo que vivir el amargo recuerdo del lenguaje terminado.
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