| LA CARTA DEL MÁS ALLÁ.
La tierra oculta más el féretro, dos grandes lágrimas que no he podido contener ruedan por mi barbilla y caen en la tierra, de aquel lúgubre cementerio, en aquella fría mañana, el cuerpo de ella ha quedado sepultado por una parte de tierra, y para esto vivimos para que un día un automóvil nos atropelle después de haber arrancado al ver la luz verde, no es justo, quiero gritar, preguntar el porque, pero no digo nada, me tiendo de rodillas, y lloro, me deshago, pero no desahogo rabia, ni tristeza, ni dolor...., es amargura. Levanto la mirada y estoy solo, tal como estaba antes que ella llegara, recuerdo el pedazo de no sé qué poema y lo digo en mi mente. al quedarme solo sabiendo que te pierdo tal vez empiezo amarte como jamás te amé. Despierto, con una inquietud muy extraña, siento que las lagrimas me brotan, es la misma inquietud que cuando estaba por verla. Camino a la escuela, paso por su casa y siento que algo se rompe dentro de mí al saber que no saldrá este día, ni mañana, ni pasado mañana y nunca, en toda mi vida la volveré a ver, otro pedazo de mi se rompe. Algebra como siempre me aburre, y el último pedazo de mi se rompe al volver la espalda y encontrarme con el lugar que ella dejó vacío, no porque haya llegado tarde, ni porque este enferma, sino porque esta muerta, y la he dicho la palabra que mi mente me ocultaba ha salido a relucir y ha dejado al descubierto la verdad ocultada por barreras creadas por mí mismo. Mi rostro se llena de lagrimas y empiezo a gritar al sentir el origen de mi amargura, el maestro intenta decirme algo, pero es demasiado tarde salgo del salón, llegando a la calle y en la banqueta me dejo caer de rodillas, y me compadezco a mí mismo. - Pobre de mí, que tanto la ame, pero nunca se lo dije y ahora jamas podré decírselo - y me quedo sentado en aquella banqueta con mi amargura y recordando los momentos que pase con ella. - Tengo que decirte algo - le decía yo temeroso - Dime qué - abriendo sus hermosos ojos y una sonrisa que me atemorizaba Me queda tu sonrisa grabada en mi recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidare - Después - - Entonces, para qué me dices - y trataba de convencerme, pero nunca se lo dije. De tanto pensar y caminar llegué a mi casa, y ahí me esperaba una persona, su mamá me esperaba. - La encontraron con esto en su bolsa - es un sobre y mi nombre está escrito por enfrente. Al entrar lo dejo en el librero. Y ahí esta en el mismo lugar donde lo deje, cerrado, es como una ilusión, algo a que aferrarme para que me ayude con mi gran pena, es algo que me une con ella, pero muy dentro de mí sé que algún día tendré que abrirlo y separarme de ella para poder superar esta gran pena que me acongoja, y tendré que decirle adiós. pero como dice un verso de cuyo poema no recuerdo el nombre Te digo adiós, y acaso, con esta despedida, mi mas hermoso sueno muere dentro de mí... pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando
en ti.
Héctor Javier Peña |