Capítulo XII

 

 

C A P I T U L O      XII

 

 

PIURA FRENTE AL ESTADO DE REBELIÓN

 

 

 

-         Construcción del templo de Sechura

-         Concesión de brea a ex-corregidor

-         Llegada del Virrey Amat y los versos de un ex-corregidor

-         El nuevo Rey Fernando VI y Carlos III

-         Presbítero albacea no cumple con la virgen

-         Lío de procedencia de las procesiones

-         Sullaneros se quejan de autoridad

-         La triste suerte de Superunda

-         Piura vista por un jesuita

-         Expulsión de los jesuitas.

-         Los indios tributarios de la parroquia San Sebastián

-         Los corregidores Lavalle

-         Llega Virrey Guirior

-         Creación del Virreynato de buenos aires.

-         La llegada de Areche

-         La reconstrucción de la iglesia y visita del Virrey

-         El corregidor Juan Ignacio León

-         Independencia de Estados Unidos

-         Deposición de Guirior

-         La rebelión de Túpac  Amaru

-         Conspiración en Quito

-         El último corregidor piurano.

 

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CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE SECHURA

 

Tan pronto como la población de Sechura fuera destruida por las inundaciones de 1728, los pobladores con esa decisión que es característica en ellos, se dedicaron a reconstruir sus modestas viviendas.

El párroco Navarro Casasola congregó al pueblo y sometió a su consideración el proyecto de levantar un gran templo. La idea era sin duda buena, pero la magnitud de la obra parecía escapar a las posibilidades económicas de los sechuranos. Sin embargo más pudo su ferviente catolicismo. Los sechuranos y los pueblos de los alrededores, no sólo dieron su contribución económica, sino también su trabajo personal. Ellos querían unas torres altas que se vieran desde el mar.

Los trabajos sólo se podían hacer los primeros meses del año cuando se disponía del agua del río Piura. El resto del año, el arquitecto que inició los trabajos, pasaba al otro lado del desierto, en Mórrope, donde también se edificaba un gran templo.

Las torres llegaron a tener 43.40 metros de altura, tal como lo deseaban los sechuranos. Con el terremoto de 1912, una de ellas se cuarteó y fue necesario derribarla. Posteriormente fue reconstruida y en la actualidad su frontispicio y torres forman un bello conjunto. Eso y la riqueza de los altares  constituyen en la actualidad un atractivo turístico.

Las campanas fueron donadas por don Roque Rodríguez de Arenas en 1742 y fundidas por don Juan de Espinosa y Mesones.

Los sechuranos dicen que el templo se empezó a construir 20 años después de la destrucción de la ciudad y que los trabajos demoraron treinta años, bendiciéndose el 30 de mayo de 1778. Agregan luego un dato notoriamente erróneo al asegurar que la estrenó, bendijo y pontificó el arzobispo de Lima Pedro Antonio Barroeta. En realidad, este prelado salió de Lima para España en septiembre de 1758 y murió en Granada el año 1773. Tampoco se ha podido establecer que haya realizado una visita pastoral al norte del virreinato. Es posible que el templo empezara a usarse antes de su terminación total y que el arzobispo desde Lima impartiera su bendición.

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CONCESIÓN DE BREA A EX-CORREGIDOR

 

Don Victorino Montero del Águila, ex –corregidor de Piura y luego capitán de la guardia del virrey, durante su permanencia en este corregimiento, pudo darse cuenta de la importancia que tenían los depósitos de brea existentes en Amotape.

Antes de la llegada de los españoles, los indios utilizaban el producto para sus lanchones. Luego, durante la conquista y la colonia, servía para calafatear los barcos.

Al dejar el corregimiento, Montero del Águila logró que el virrey Villagarcía, del cual también fuera su capitán de guardias, le concediera el derecho de explotar tales yacimientos, de lo cual nos hemos ocupado antes.

Posteriormente, en 1755 Manso de Velasco le renovó la concesión pero subió los derechos a 1.000 pesos. Eso era más de lo que se pagaba en Piura por comprar el cargo de alférez  real.

Por lo tanto, Montero del Águila viene a ser un pionero en la explotación de lo que en una época fueran riquísimos yacimientos de brea y petróleo.

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LLEGADA DEL VIRREY AMAT Y LOS VERSOS DE UN EX-CORREGIDOR

 

Otro gobernador de Chile que  ascendió al virreinato del Perú fue don Manuel Amat y Juniet, caballero de la orden de San Juan y militar competente de mucho carácter. Llegó a Lima el 12 de octubre de 1761 y gobernó hasta 1776, o sea  por quince años.

El ex-corregidor de Piura, Vinatea Torres, durante casi dieciséis años guardó su rencor contra Manso de Velasco, que fuera tan duro con él, al sentenciarlo por el asunto del contrabando de Paita. Por eso recibió con alborozo la llegada de Amat y le dedicó un poema de octavas reales, en el que satiriza al conde de Superunda y hacía grandes elogios a Amat. El título, sumamente largo como era costumbre en esa época, decía: “Refiérese el suceso del reyno del Perú y de la ciudad de Lima, cuando congojados buscaban en el cielo el remedio de sus males y celebrarse el haberlo conseguirlo con la venida del excelentísimo Sr. D.M. Amat”. El virrey premió al autor, por que era muy sensible a la lisonja.

En efecto, poco tiempo más tarde don Juan Vinatea y Torres partía rumbo al sur para hacerse cargo del corregimiento de Moquegua que no era de provisión real.

Buenos dividendos sacó por lo tanto el ex–corregidor piurano y su larga paciencia se vio plenamente recompensada.

Como seis años estuvo Vinatea en Moquegua y posiblemente su musa se sintió inspirada entre olivares y viñedos, hasta octubre de 1767 en que murió a la edad de 79 años.

El escritor piurano don Manuel Antonio Rosas, ha aportado importante información con relación  a este contradictorio personaje que fue Juan Vinatea y Torres, a través de comunicación epistolar sostenida con su amigo el poeta español Manuel Gonzáles Souza, ambos nacidos en Islas Canarias, donde Vinatea no era un desconocido, por que allá tiene un lugar asegurado en el mundo de las letras, como un canario ilustre, a pesar que sólo su infancia y mocedad las pasó en la islas, pues la mayor parte de su vida hasta su muerte transcurrió en el Perú.

Nació en Santa Cruz de la Palma en 1688 y muy joven aún se dirigió a la Corte, logrando ahí, gracias a sus relaciones familiares, muy buenas amistades, en forma tal que lo nombraron corregidor de Piura.

El poeta Gonzáles Souza, escudriñando archivos en la madre patria, ha encontrado un viejo periódico del 5 de octubre de 1866,   llamado “El ramillete de Canarias” en donde al enumerarse a los canarios ilustres, aparece nada menos que el nombre de Juan Vinatea y Torres, con datos biográficos, que muestran facetas no conocidas por su personalidad, como aquella de que era un poeta de estilo elegante y fluido, incursionando con notable éxito, en nada menos que en la confección de sonetos y en composiciones de endecasílabos.

 

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EL NUEVO REY FERNANDO VI Y CARLOS III

 

En 1746 moría el rey Felipe V, el primero de la casa francesa de Borbón. Su reinado fue largo, ya que fue nada menos que de 45 años durante los cuales se operó una recuperación de España en el concierto de naciones más poderosas.

Le sucedió su hijo Fernando, cuya madre era la princesa italiana María Luisa de Saboya. Su reinado fue corto. El segundo hijo de Felipe V y de su segunda esposa, era Carlos por lo cual se desempeñaba como rey de las dos Sicilias.

Era Fernando un príncipe bondadoso, amante de la paz y en este sentido logró un acuerdo con Inglaterra. Padecía sin embargo un raro mal de melancolía contagiado por su padre, que se supone era tuberculosis. Gobernó hasta 1759, o sea, 13 años y durante su gobierno el único virrey que tuvo el Perú fue Manso de Velasco.

Como el rey Fernando murió sin sucesión, recibió el trono su segundo hermano, Carlos III, hijo de Isabel Farnesio, que se desempeñaba como rey de las dos Sicilias (Nápoles y Sicilia)

Durante el gobierno de Carlos III, el Perú tuvo los siguientes virreyes:

-         Manuel Amat y Juniet, 1771

-         Manuel de Guirior, 1776

-         Agustín de Jáuregui, 1780

-         Teodoro de la Croix

Carlos III unió su política a la que seguían sus parientes los Borbón de Francia, en abierta oposición a Inglaterra.

 

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PRESBÍTERO ALBACEA NO CUMPLE CON LA VIRGEN

 

Era frecuente en Piura Colonial, al igual que en otras ciudades, que la gente pudiente al morir dejase sus bienes a conventos o congregaciones, o para capellanías u obras pías.

De este modo pretendían lograr salir mejor parados ante el juicio que les correspondía en la otra vida.

Un documento de septiembre de 1763 existente en el archivo de Piura, da cuenta que el 14 de marzo de 1749 hizo su testamento don Angel Diez Arias dejando sus bienes a la Santísima Virgen del Carmen, con el fin de que se fundase un colegio. Como albaceas dejó a los religiosos Jerónimo Heros y a Tomás Cárcamo.

Murió el testador y cuatro meses más tarde don Jerónimo Heros tuvo que viajar a Panamá donde quedó residiendo. Por lo tanto quedó como único albacea el presbítero Tomás Cárcamo.

Cualquiera podía imaginar que siendo albacea un religioso y como beneficiaria nada menos que a la Virgen del Carmen, iba a respetar fielmente la voluntad del muerto, pero las cosas no fueron así.

El hecho es que catorce años más tarde, nada se sabía del destino del legado y hasta se olvidaron todos del mismo, pero quiso la casualidad que el jesuita Manuel Talledo, residente en Piura, vio que un niño tenía y jugaba con papeles muy viejos y maltratados que al revisarlos, comprobó que se trataba nada menos que del testamento de don Angel Diez Arias.

Ni corto ni perezoso, el jesuita comunicó el hecho a sus superiores de Quito, los cuales dispusieron se reclamase una rendición de cuentas, cosa que el jesuita Manuel Talledo pidió al vicario don Manuel León y Encalada, pues parece que Cárcamo ya había fallecido.

Eso fue sólo el inicio de un lío gordo, que demoró bastante.

 

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LÍO DE PROCEDENCIA DE LAS PROCESIONES

 

En la sociedad colonial, era cuestión muy seria la observancia del protocolo, no sólo en lo que atañe a los lugares que en ceremonias y misas, así como en las procesiones que debía de ocupar la autoridad civil, sino las mismas autoridades eclesiásticas.

En Lima hay ejemplos de casos muy sonados, que en muchas ocasiones terminaron en las temibles excomuniones y en tiranteces entre el fuero civil y el eclesiástico.

Casos similares no podían faltar en Piura. Hubo uno que fue zanjado nada menos que por el obispo de Trujillo, según documento de fecha 19 de junio de 1767 existente en los archivos de Piura.

El asunto era contra el R.P. fray Manuel Medrano Muñoz, comendador del convento de La Merced, que en las procesiones, precedía a los miembros del clero secular, violando de esta forma disposiciones de la Sagrada Congregación de Ritos y Decretos Pontificios.

La disposición dada por su ilustrísimo obispo de Trujillo, ponía en su sitio al altanero comendador y lo amenazaba con excomunión mayor en caso de persistir.

Para cortar cualquier asomo de rebeldía del fraile, que ya se había manifestado, se disponía también de que estaba obligado a asistir con toda la comunidad a las procesiones de Hábeas Christi y demás que fueran de la Tabla como la del “Jueves próxima de la octava”. El obispo dio la disposición el 16 de mayo.

Se le llamaba también la atención por haberse negado –se decía- con gran escándalo a asistir a anteriores procesiones.

Demás está decir que, en la pequeña ciudad de Piura, este lío entre religiosos fue por mucho tiempo la comidilla del día y que el afectado tuvo que tragarse su soberbia para no exponerse a una excomunión mayor que en ese tiempo era cuestión muy seria.

 

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SULLANEROS SE QUEJAN DE AUTORIDAD

 

Por los años de 1757 ya se había formado un núcleo urbano en la ruta que mediaba entre Querecotillo y la ciudad de Piura

El pequeño caserío se denominaba La Punta y con el correr de los años se iba a convertir en la populosa ciudad que hoy es Sullana.

Sin embargo, por los años que nos ocupa, parece que ya había en el lugar una capilla que era servida por el cura de Querecotillo.

En 1757, la autoridad político militar era un teniente llamado Juan José Verero, que tenía mando tanto en Querecotillo como en La Punta.

Era este un hombre díscolo, borracho y escandaloso, que abusaba de las doncellas del lugar. El historiador Lohman se ocupa de este caso

Esto motivó una general protesta de los habitantes de La Punta y de Querecotillo que amparados en el apoyo del cura, solicitaron la remoción de Verero.

 

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LA TRISTE SUERTE DE SUPERUNDA

 

El virrey Villagarcía, para retornar a España tomó la ruta de cabo de Hornos y le fue mal muriendo en la travesía.

Manso de Velasco  hizo a la inversa, siguió la ruta de Panamá, pasó a Cuba para embarcarse a España y eso fue su perdición.

Superunda llegaba a la isla antillana en momentos en que una poderosa flota inglesa la atacaba. Militarmente los defensores estaban en inferioridad de condiciones. El capitán general de la isla, don Juan de Prado Portocarrero, formó una junta de guerra cuya  presidencia recayó en Superunda por ser el militar de más alta graduación que había en Cuba en esos momentos. Por dos meses se resistió el asedio sin que España prestara ninguna ayuda. Al fin, sin esperanzas de ninguna clase, los jefes navales y de tierra de Cuba, platearon que se aceptase la honrosa capitulación ofrecida por los ingleses.

Los cuatro personajes fueron sometidos a consejo de guerra en España. Para los jefes de la plaza se extremó el rigor, pero no fue menos para Superunda no obstante sus 60 años. Unos miembros del consejo pidieron la pena de muerte y otros la absolución. El presidente del consejo, el conde de Aranda, era partidario de una pena muy severa sin llegar a la de ejecución. Al final el rey Carlos III se decidió por una pena más benigna, aún cuando siempre dura. Por diez años se les suspenderían sus derechos civiles y grados, desterrándosele de la corte, además de que se le confiscaban sus bienes.

En la más completa pobreza se fue a cumplir su destierro en la ciudad de Granada. Ahí fundó una escuelita para párvulos y se convirtió en el “maestro Velasco”, el que había sido virrey del Perú, reconstructor de Lima, esforzado combatiente en el sitio de Alcántara, en Tortosa, Gudeña, Estadilla, Avila, Balaguer, Peñalva, Almenara, Zaragoza, Villaviciosa, Gaeta, Castelmar, Cerdeña, Orán y Ceuta. Don Ricardo Palma relata, como recorriendo en su calesa las calles de Granada, el arzobispo Barroeta, reparó en un hombre de porte digno, muy modestamente vestido que se encontraba rodeado de niños y creyó reconocer en él al otrora poderoso virrey del Perú. El prelado bajó del vehículo, abrazando a ese hombre que llevaba con tanta dignidad su infortunio, y desde ese momento los que antes habían sido rivales en Lima, se convirtieron en la declinación de sus vidas en inseparables amigos, en forma tal que Manso de Velasco pasó a vivir en el palacio arzobispal.

 

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PIURA VISTA POR UN JESUITA

 

En 1767, cuando recién había ascendido al trono de España, Carlos III, y Piura tenía como Corregidor a  Cristóbal Guerrero de los Ríos y como Alcalde a  don Joaquín Sojo y Cantoral; visitó la ciudad el jesuita italiano Mario Cicala integrante de la Compañía de Jesús en Quito. Era virrey don Manuel de Amat

 

El referido sacerdote editó después, en 1777  un libro titulado  “Descripción Histórico Tipográfica de la Provincia de Quito de la Compañía de Jesús”. Por eso considera en su información, sucesos como la destrucción de Paita por el corsario inglés, Almirante Anson.

 

Todo el Capítulo XIII lo dedica a  la Ciudad de Piura. Son 34 hojas tamaño oficio.

 

Empieza diciendo que la  muy antigua y muy noble  ciudad y territorio de San Miguel de Piura  se encuentra en el Virreinato de Lima “dependiente de la Real Cancillería y Diócesis  del Obispo Apostólico de Truxillo”. Expresaba que Piura caía  bajo la jurisdicción  de la Provincia de Quito de la Compañía de Jesús.. Asegura Cicala que en 1767, durante 5 meses vivió en Piura, durante los cuales hizo labor misional en todo su territorio. Se buscaba también fundar un Colegio de Jesuitas,  Durante 22 años se había tratado de lograr esa fundación para lo cual se requería reunir 40.000 escudos, si bien ya se tenían 30.000  reunidos por don Francisco Xavier Luna Victoria. y se contaba con una Iglesia dedicada a Santa Teresa de Jesús. Pero al final de cuentas, no se continuó por cuanto poco después vino la orden de la expulsión de los Jesuitas del Perú. Cuando relata  la iniciación de la Conquista no está seguro si fue en 1533 o 1534, fechas que bien sabemos son erróneas. Vincula el nombre de San Miguel dado a la ciudad, con una supuesta ayuda que le dio el Arcángel en una batalla contra numeroso indios. En 1767,  afirma que Piura   estaba muy decaída y con poca nobleza.

Expresa  que “en lo eclesiástico  está  gobernada  por un Vicario Foráneo dependiente del Obispo de Truxillo” y disponía de una renta de 4.000 escudos.

 

Luego sigue manifestando que el gobierno político y civil era administrado por un Gobernador ( se refiere a los Corregidores), que es uno de los mas famosos del Perú, no solo porque tienen un buen y pingüe renta, sino por las grandes utilidades que tiene en la aplicación  de las llamadas  industrias y reparticiones, que no se sabe si era un privilegio concedido por el rey o un abuso. Cada seis meses  se debía recepcionar en forma obligatoria, tejidos de diversas calidades, citas, flecos, galones de oro y de plata, así como vinos y aguardientes procedentes de Lima y otras mercaderías. La obligación era para los indios, mestizos y mulatos, y hasta algunos españoles. Se pagaba bajo la forma de cuotas. Otro negocio que tenían controlado era el de las piaras, ya sea que transportasen pasajeros o mercadería. El valor de la recaudación de cada piara debía de depositarse en la caja del corregimiento y era el corregidos el que hacia el reparto y se quedaba con buna parte. Todo eso enriqueció a los corregidores piuranos. Y cuando se retiraban, lo hacían llevándose entre medio millón y 600 mil escudos, mientras a gran mayoría de los indios seguía en la mayor pobreza.

 

Según Cicala. La ciudad de Piura está en pleno trópico, y en una vastísima llanura arenosa junto a la playa del río del mismo nombre. El suelo es todo de arena sequísima  y menuda de tal manea que en la mayoría de las calles los pies se entierran. Son tres calles principales, rectas y amplias. La primera calle tiene menos de una milla de longitud. La segunda supera la milla y la tercera s la mas corta.. Asegura que antes esta ultima calle era mas larga pero que una inundación del río Piura arrasó con ella y aun se podían ver los restos..Las calles transversales y las callejuelas  son muchas, estrechas y torcidas, pero permiten pasen por ellas los coches. Dice que hay dos plazas. La mayor representa  un cuadrado perfecto  y es de las mas grandes que conoce. La otra es la de Santa Teresa. En realidad no se ha podido ubicar, ni la Iglesia, ni la plaza de Santa Teresa a la que se refiere el jesuita escritor y parece ser la del Carmen..

 

Sobre as iglesias dice que son magnificas, bellas y bien arregladas. La Iglesia mayor es un grandioso templo con tres naves, muy elegante en su interior. En los altares y el coro, tiene tallados dorados. Cuando la vio estaba siendo reparada por que había sido muy dañada por un terremoto y se estaba terminando la soberbia fachada..

Sobre la Iglesia de Santa Teresa, dice es un magnifico edificio de un sola nave. Comprende la sacristía, otras dos capillas o congregaciones con altares, soberbias tallas doradas, elegantísimas estatuas, puertas caprichosamente construidas y con valiosos vasos y ornamentos. Según Cicala esta Iglesia podía  figurar pomposamente en Lima, Quito, Cuzco, etc.

Hay otras iglesias pequeñas de congregaciones. La de San Francisco servida por seis u ocho religiosos. Posee un conventillo bueno, bello y elegante gracias a que todas las celdas dan hacia el río.

La otra iglesia es de los padres mercedarios y su comunidad es de 3 y hasta 4 religioso. Las iglesia se encontraba bastante arruinada y peor aun el conventillo, pues la arena los está sepultando.

Como se pede apreciar, la iglesia de la Merced ya desde la colonia estaba casi en ruinas, A medidos del siglo XX era ocupada por un cuartel del Regimiento de Artillería Nº 1 y posteriormente en su terreno se ha construido el Palacio Arzobispal…

Cicala habla de otra pequeña iglesia parroquial de indios, también maltratada por la arena. Se refiere sin duda a San Sebastián.

 

La tercera congregación es la de los  Betlemitas. Está al cuidado de su famosísimo hospital, que cuenta con una surtida botica, una de la mejores del Perú, El hermoso convento es de dos plantas, muy sólido, de cal y ladrillo, con pilastras octogonales. Forma un cuadrado perfecto, con un gracioso patio dotado de corredores y pórticos. Posee una gran biblioteca  de medicina, botánica, química y cirugía. El hospital está adyacente a la iglesia y al convento. Con frente  la plaza mayor. El hospital es espacioso y se han distribuido muy bien sus pabellones. La atención que dan a los enfermos es magnifica gracias a los cuantiosos recursos de la congregación que posee varias haciendas,. Tienen fama a que en él se curan  los enfermos que llegan de regiones muy apartadas  como Lambayeque, Truxillo, Lima, Guayaquil, Quito y hasta Popayán. Esas curas maravillosas se logran por el clima cálido y sequísimo así como por la excelente atención  y alimentación que brindan. El pago por hospitalización es muy módico.

El hospital, convento e iglesia se vinieron abajo con el terremoto de 1912 y en ese lugar está construido el Hotel Los Portales, ex Hotel de Turistas.

 

En el relato no se menciona a la Iglesia de Santa Lucía

Dice Cicala que Piura esta rodeada por un gran arenal y los vientos fuertes de sur a norte llevan nubes de arenas a las calles invadiendo las casas. Los piuranos cometieron la imprudencia de talar los algarrobos que rodeaban la ciudad para aprovechar la leña, y no los repusieron, quedando la ciudad desprotegida,

 

Estima la población de Piura en 7.000 o en 8.000 habitantes. Afirma que hay muchas familias nobles y una mayor cantidad de civiles, no pocos mercaderes y apreciable cantidad de negros esclavos en la misma ciudad y otros en diversas localidades. También hay  mulatos y zambos.  Y una gran cantidad de indios y mestizos. El Gobierno está bien organizado debido a que la plebe no es atrevida, insolente, ni altanera. Sino mas bien humilde, respetuosa y dócil. Los indios son diferentes a los de Quito, Cuenca o Loxa. Los de la sierra hablan la lengua inga diferente a la de Quito y la lengua española con mucha claridad. Visten a la española, si bien las indias llevan un traje nacional, muy limpio y muy decente..

Los ciudadanos y vecinos de Piura son de bien cuerpo y bien parecidos. Las mujeres son atractivas, de forma  majestuosa y noble .El color de la tez es blanco rosado. Nada vulgares. Toda aquella gente es robusta. En todos se ve una buena capacidad. En las mujeres nobles, el ingenio y la comprensión son sorprendentes, casi diría extraordinarios.. Debo asegura que en  las mujeres nobles, el ingenio es bastante aventajado que el de los hombres. Además, todos son de carácter afectuoso y de índole muy bondadosa, de amable trato,  de ánimo grandemente generoso y liberal, afables , corteses, humanos, afectuoso; graves pero humildes, serios pero agradables,  nada altaneros, nada afectados, nada ásperos, nada violentos, y muy tratables, suaves, mansos y pacíficos y sobre todo tienen una innata sinceridad, sin ninguna sombra de doblez o fraude. No observé vicios públicos como el juego, la embriaguez, el homicidio. En cuanto a las virtudes morales, debo decir que admiré mucho lo bueno y raro. . Se visten tanto los hombres como las mujeres en forma recatada y honesta, en especial las mujeres, que tienen hermosísimos  y honestísimos vestidos de uso doméstico y para asistir a la iglesia, Todas usan manto de tafetán negro para ir al templo y el vestido de larga cola sostenido por una esclava. La cabeza siempre cubierta y si bien llevan sus joyas,  las pulseras de oro y perlas son cubiertas por el manto. No acostumbran usar afeites para embellecerse. Las mujeres civiles y plebeyas  usan manteleta y el vestido muy largo, hasta casi el suelo. La verdad que las mujeres piuranas son modestas  en grado sumo, lo que no se ve en ninguna otra ciudad o provincia..La modestia y devoción que se observa en la calle y sobre todo en la iglesia son verdaderamente ejemplares y admirables. En aquella ciudad se considera un escándalo, si una mujer hablase o se descubriese un tanto la cabeza. Parecen las mujeres piuranas de otra índole, de otra  piedad y devoción, de lo que son otras mujeres de otras ciudades de América.

La concurrencia a la Misa es grande  y también  muy generosa la caridad y la piedad a.. los pobres.  Hombres y mujeres son inclinados a frecuentar los sacramentos.

Los piuranos tienen un corazón suave y de cera, fácil para estampar en él las enseñazas mas justas. Todos, particularmente los pobres tienen su casas abiertas a los viajeros a los que dan acogida y comida sin el mínimo interés,

Su labor en Piura, dice  Cicala, terminó en la cuaresma de 1767, pero el caballero Francisco Sánchez Navarrete y muchas instituciones de Piura  pidieron al Provincial de los Jesuitas de Quito, se quedase tres meses mas lo que fue accedido.

 

Dice el narrador que en Piura hay zapateros, barberos, sastres, carpinteros, herreros, plateros, etc. Sobresalen en el arte de fabricar jabón blanco muy hermoso. Piura provee de ese artículo a  la Provincia de Quito a  Panamá, a todo el Perú y a Chile. También se ejercita el arte del  curtido de pieles, de cordobanes y de toda clase de curtiembres. Los cocheros de Piura son  famosos y se puede viajar  tosa seguridad y  bienestar, gracias a aquellos indígenas, muy razonables y humanos. Son famosos los constructores de casas, los panadero, los pasteleros, confiteros, tejedores de algodón hilado  para diversos tipos de telas , muy delicadas y exquisitas.

 

Son los edificios de Piura de lo mas hermosos y elegantes, que yo haya visto en aquella llanura de profundas arenas. Hay edificios de dos y tres pisos adornados con vistosos balcones, algunos de los cuales rodean toda la casa y otros están formados por barandillas torneadas trabajada con maderas preciosas de Guayaquil. La tercera parte de los edificios son de una sola planta.. Todas las paredes son de adobe, pero mas pequeños del usado en Quito. Los cimientos son también de adobe pues no hay piedras  en toda la región. Todas las paredes están reforzadas con armaduras de madera colocadas en su contorno de tres a cuatro palmos de altura y tres palmos de ancho; cubiertas y revestidas con  ladrillo unidos con mezcla de cal. Esas armaduras existen en todas las casas por los siguientes motivos: 1) sirven de refuerzo de las paredes, 2) son elementos de adorno y belleza de la ciudad y de sus calles pues le imprimen gracia y elegancia  a la manera de los pórticos de la ciudad de Boloña. 3) para dormir en la noche en esa especie de poyos, extendiendo sobre ellos alguna cocha o manta  de cama con una almohada. y no se crea que esto lo hace la gene baja o plebeya, pues también es una esta costumbre la gente civil, la mercantil, , las personas nobles; 4) para hacer tertulia hasta las 8 de la noche, según es su costumbre, con una linterna encendida en el arco de la puerta para gozar así el fresquecillo y de la serenidad de la noche. Cuando usan los poyos para dormir solo lo hacen los hombres.

El clima es excesivamente seco, y libre de zancudos, moscas, mosquitos, tábanos, serpientes, escorpiones u otros bichos., o de  piojos de climas cálidos y húmedos. No hay viajero que no constate por propia experiencia la extrema sequedad  de aquel clima. Dice  Cicala que a veces extendía en el patio una hoja de papel mojado y al día siguiente la encontraba seca. Los viajeros en esa región se tienden sobre la arena que es mas suave que cualquier colchón, y duermen maravillosamente sin perjuicio de la salud, al aire libre y sin cobijas y Cicala dice haberlo hecho en dos ocasiones.

Las casas tienen sus puertas  y fachadas bien hechas y bien trabajadas.. Todas tienen un pequeño patio enladrillado con corredores muy elegantes en su contorno. Algunos departamentos están adornados con muy lindos muebles, con nobles pinturas, cuadros con artísticos marcos, con muchos espejos, arcas. armarios, mesitas, sillas, tapetes, cortinas, porcelanas de China, cristales y otros enseres. La elegancia de aquellas cámaras, dormitorios, gabinetes y claustros, no puede ser mayor. Casas así amoblada hay mas de treinta. Las demás lo están modesta pero bien presentadas. No hay casa que tenga un pequeño y un gran jardín de flores, hortalizas y algunos frutales sobre todo cítricos, que se riegan a mano. Es muy agradable el olor e las flores de naranja, los jazmines, claveles  y hierbas aromáticas, como  la hierba buena, el toronjil,  el basilicón,  y otras muy fraganciosas.

Los techos son feos y rústicos, externamente, pero en el interior  es diferente. Los techos de las casas y de la iglesia son de paja y no se ve ninguna teja, y no por que no exista arcilla y tierras adecuadas, son por que aquel clima no lo permite, pues el ardiente calor   reduce las tejas en mil pedazos en pocos meses, y también porque se calientan con los rayos del sol, reverberan y transmiten el calor a los interiores. Por otra parte los fuertes vientos las levantan  y en caso de terremotos  se desploman por su gran peso,. Por eso se usa una paja especial, dispuesta en manojos, ligándola en el techo con gruesos cordeles  hasta cubrir toda la techumbre  y se ponen capas sucesivas de paja hasta formar un grueso colchón. Para que el viento no se la lleve y para que el gran calor no la tueste  y para que cuando vengan las raras lluvias  el agua no se filtre a las habitaciones, se cubre la paja con una mezcla llamada torta. Cuando llueve crece vegetación sobre esos techos.

Todas las calles de Piura están  llenas de arena y de semillas de algodón, sandias, melones y otras mas, y cuando llueve, germinan y brotan toda clase de plantas. En los techos ocurre lo mismo y a veces se ven melones colgando de los techos. Los piuranos relataron al jesuita que seis años atrás se habían producido fuertes lluvias y que luego las calles y los arenales vecinos se cubrieron de verde con toda clase de frutos., lo que ocurre entre enero y marzo.

Del río Piura dice que es navegable en canoas y que en parte baja corre con  pausa y majestuosamente.. Le calcula de 34 a 40 leguas de curso. Las aguas son puras, saludables  y mejores que las de la provincia de Quito. Nace entre sitios donde crece la zarzaparrilla con muchas cualidades medicinales, que sirven para  los reumáticos, los del mal gálico,  para las úlceras,  y otros morbos. Y nunca afecta esa agua al estómago.

Al río Piura, dice, se le puede calificar como un torrente, no tiene  un  curso permanente y corre solo durante  siete u ocho meses al año. Cuando el agua desaparece del cauce, brotan plantas de sandías, melones, maíz, camote, hortalizas, calabazas. Supone el narrador jesuita que bajo el río hay alguna corriente subterránea pues a los piuranos les basta hacer pozos poco profundes en el cauce para tener agua en abundancia.

 

Los negros, indios, zambos,  y mulatos viven en los suburbios o barrios de los alrededores.  La estructura de sus casas consiste en  cuatro  vigas verticales de algarrobo,  terminadas horquetas,  como pilares, formando un cuadrado perfecto y sobre esas vigas se colocan otras viguetas  como entarimado. Luego cubren el entarimado con ramas de árboles frondosos y los ligan con cordeles de bejuco. Lo mismo hacen con las paredes. Las que dejan filtrar el aire. Las casas se construyen una separada de la otra.

Duermen sobre el suelo de arena cubriéndolo con una manta. Pocos usan camas que en estos casos son  cuatro maderos plantados en la arena de dos palmos de altura, sobre los cuales ponen cañas y encima de ellas un cuero de vaca o alguna cobija de lana en lugar de colchón. Esa forma de dormir los libra de chinches  y pulgas, sobre un lecho que no se endurece nunca. Si bien es cierto que en los valles hay una serpiente llamada macanche, ella no entra a las poblaciones.. Cuando se acerca el periodo lluvias de presentan, cercan el terreno fronterizo a sus viviendas  y siembran maíz, fréjol. berenjena , zapallos , yucas, camotes, melones, lechuga,  coles y otras hortalizas, En las llanuras crece un pasto natural  que sirve de alimento a sus rebaños. . Nunca se producen heladas.

El río Piura tienen su desembocadura cerca del pueblo de Sechura y el puerto a pesar de ser espacioso y grande, no es comercial y solo se usa para pequeñas embarcaciones de pesca. En Sechura para vadear el rió usan unas embarcaciones hechas con mates o calabazas secas que unen de un modo muy original. El río en este lugar es ancho y profundo. Del mismo modo pasan las mercaderías, pero las mulas lo pasan a nado, pese a que a veces aparecen caimanes que llegan hasta la ciudad de Piura.. A veces se forman en el río peligrosos remolinos que han causado varias víctimas. Así sucedió con un servidor del convento de los  Betlemitas. El curato de sechurano es muy productivo. Subiendo de Sechura con dirección a Piura se encuentra Catacaos, que es una verdadera ciudad, con calles espaciosas, rectas y bien trazadas. Su población puede ser de 4.000 a 5.000 habitantes.. Los indios del lugar, son  bien acomodados,  de buena estatura, fuertes, robustos, muy civilizados, humanitarios, corteses y afables en el trato.  La Iglesia de Catacaos es una de las mas  suntuosas, majestuosas y magníficas. De gran tamaño, hermosa arquitectura en su fachada,  elegante y ornamentada  con suntuosísimas tallas doradas en los altares y con un buen campanario. Esa tierra es un verdadero jardín vistoso, pues no hay casa que no tenga un huerto en el patio  y no hay indio que no tenga fuera de la ciudad un huerto, extenso (chacra),  lleno de arbole frutales, y flores, como un pedazo de paraíso. . Los indios levan  el agua del  río  mediante acequias a sus tierras.. Catacaos es el paseo ordinario de los piuranos y lugar apropiado para su esparcimiento y vacaciones.

En Catacaos se cultiva el arte de la música y del cato. Usan el arpa, el violín, la flauta, pífano  y bajo. Cantan muy bien y forman coro, algunos muy famosos.. Disponen de carne de res, de novillo,  de pollo, etc. en cantidad. Se da toda clase de legumbres y frutas.  Los higo, uvas, sandías, melones y granadas son las mas jugosas y agradables de la región, y mejores que los de Europa y del resto de los valles de Piura.

 

Siguiendo hacia la trasmontaña (los Andes) se encentra la gran tierra de los indios de Ayabaca, situada entre dos ríos, distante de Piura 20 leguas. El curato es de buenas rentas. La región es feraz en toda clase de granos,  legumbres, maíz, carne y frutas de toda clase. Por tal motivo la llaman la tierra de las bendiciones, pues se da de todo, en abundancia y de buena calidad; a poca distancia de Ayabaca, hay dos ríos que se juntan y forman otro no vadeable  y navegable, que allí toma el nombre de Achira ( río Chira),  famoso y celebre por la  delicadeza   y límpida calidad de sus aguas, que son aprovechadas en el ubérrimo valle en ambos lados. Hasta su desembocadura en el mar. A seis o siete leguas mas abajo desemboca otro caudaloso río  (el Quiroz) que tiene su fuente en las montañas vecinas que circundan la ciudad de Valladolid (¿?) descrita en otra parte de esta obra. Desde esta nueva confluencia, el río Achira se vuelve formidable, ya que tanto el río Valladolid como el de Ayabaca son caudalosos y no muy fáciles de pasar por vados, por lo cual hasta en los meses secos, son invadeables y ofrecen grandes peligros para los viajeros  a caballo.

 

A poca distancia de Ayabaca, está el pequeño pueblo de Gonzanamá (hoy en Ecuador), habitado solo por indios.. En esas llanuras hay otro poblado llamado Cariamanga a 20 leguas de Piura.

Hacía el medio dia, mas allá del caudaloso Achira, está la hermosa tierra de Colán poblada solo por indios muy bien situados y acomodados.. Casi la mayor parte de ellos trabajan como conductores de carruajes (en piaras) y los demás son marineros o pescadores, célebres por su destreza, agilidad y pericia en el oficio. Son de hermoza contextura corporal, robustos, fuertes. Son  limpios y bien vestidos a la española y solo las mujeres usan atuendos de su raza. Se tratan muy bien en la comida y en el vestido, son capacitados, razonables  urbanos y humanitarios.

 

La tierra de Colán está en la vastísima bahía que llaman comúnmente puerto de Paita. Es un delicioso poblado  que yace en la ribera u orillas del mar, bien delineado, con sus calles  rectas y bien trazadas. Sobresale la magnifica y soberbia iglesia  que se levanta en el centro de la población .Los recursos del curato, superan los  tres mil escudos. Sus habitantes gozan de un clima que si bien  es cálido, es menos fuere que el de Piura debido a  la brisa que sopla del mar. Es increíble la abundancia de granos, legumbres  frijoles, higos, granadillas, naranjas,  sandías, yucas arracachas, camotes muy grandes, camotillos y muchas tras frutas y raíces, que aquellos indígenas, nada desidiosos y perezoso, sino mas bien laboriosos, cosechan de la dos orillas del río Achira, y también en los campos arenosos donde llevan el agua  con acequias.

 

Los indios de Colán con sus balsas de dos velas cargadas de granos y legumbres, frutas y hortalizas, van y vienen de Guayaquil para proveer a esa gran ciudad de esas vituallas, tanto en invierno como en verano. También proveen con peses salados a la Provincia de Quito y la balsa que menos carga, va con 1.400 o 1.600 arrobas de pescado grande de escogida calidad..

 

 

A tres leguas por tierra de Colán y a dos leguas al ir por mar, está en una entrante la costa, un lugar hermoso ameno, La celebre   ciudad de  Paya, Emporio en tiempos pasados, de las flotas que transportaban las más grandes capitales del comercio del Perú. Los caudales  oficiales del rey, siempre estaban en depósito en la ciudad de Paita, 20, 30, 40 hasta 60 millones de escudos .correspondientes en parte al rey de España. Pero la mayor parte era de los comerciantes. Actualmente desde que el célebre almirante  inglés Anson, sin encontrar resistencia, saqueó en el año 1738 a sus anchas la ciudad llevándose consigo alrededor de  de treinta millones de escudos de os comerciantes y tres millones de el rey, y luego la incendia toda, es ahora solamente una sombra de lo que fue y aquel puerto sirve solamente  para que hagan escala los barcos y embarcaciones menores  procedentes de Panamá y de Lima para Guayaquil y en forma similar a los que navegan de Guayaquil hacia Panamá, Guanchaco (Huanchaco),  Callao y Chile. La ciudad de Paita dista doce leguas   de Piura.. Tiene frente a sí,  y extendida sobre la playa, un hermoso hemiciclo abierto. Las ondas del mar bañan y azotan la primera fila de casas por más que sus paredes están defendidas en algunas partes por empalizadas. Son pocas las calles rectas. En realidad solo tres, pero son muchas las que atraviesan la ciudad. De las tres partes destruidas por el incendio, se han reedificado dos. Por lo que la ciudad es hoy pequeña y despoblada por falta de comercio. Hay en ella, poquísimos españoles; los criollos americanos son muchos, al igual que los mestizos e indios se ven pocas casas de un solo piso bajo, construidas como las de Piura, pero están modestamente amuebladas. El clima es muy cálido a pesar  de que l población está en la playa del mar, por que vecina a la ciudad, se levanta una alta cadena de montañas, que también se extiende en semi circulo, casi por una legua, a manera de muralla que impide que la arena llevada  por los vientos desde la llanura sea arrastrada hacia la ciudad y pueda cubrirla y enterrarla. A pesar de todo, esa alta montaña, que es muy escarpada y parece cortada por un hacha, trae a la ciudad dos perjuicios, el primero es impedirle la aireación que podrían traerle los vientos  meridionales, y lo segundo, es que esa muralla fuertemente recalentada por el sol, reverbera el calor del ambiente. Por tal razón el clima se torna ardiente.

No hay en la ciudad una gota de agua dulce, por lo que los indios deben de transportarla desde el río la Achira, ó sea desde cuatro leguas de distancia a lomo de asnos y mulas, en recipientes grandes y cántaros de greda, como también en los mates antes nombrados. El agua es delicadísima en sumo grado, saludable y exquisita. Las frutas, raíces. Harinas  granos, legumbres, carnes  y otras vituallas no faltan  todo el año en aquella ciudad, pues las traen de Colán, de  Piura y de sus alrededores. En  Paita ha solamente abundancia de sal y pescado (la salina del tabazo se extinguió). El pescado es el más exquisito y hermoso que se puede encontrar en el océano Pacífico. Conocí algunos mercaderes en Panamá, otros en Guayaquil y Quito, que me aseguraban que no escatimaban ningún gasto en viajes hacia  el Perú, para hacer escala en Paita con el solo objeto  de saborear el pescado de Paita, tan especial y sabroso, más que cualquier otra cosa.

El puerto es bastante espacioso. Tienen una circunferencia de aproximadamente unas 6 leguas. Si el arte marítimo desarrollara su trabajo, resultaría de ello un famoso puerto, capaz de alberga un millar de naves, pero estando como está abandonado y no muy frecuentado, se halla al presente  muy lleno de arena a tal punto que los barcos mercantes, solo pueden fondear  a distancia de una legua de la playa.

 

En Paita, la curia no es muy abundante en rentas y la iglesia es verdaderamente pobre y miserable. .Existe un pequeño convento, residencia de los Padres Mercedarios, que dependen del Provincial de Lima. La iglesita es muy hermosa. Tiene una sola nave construida toda en cal y piedra y con una buena fachada de piedra labrada. Es la primera construcción que ven los navegantes cuando las naves llegan a la altura de lo que llaman e escollo o farallón de la Horadada, ya que en aquel escollo de piedra, con el continuo batir de las olas, y con el pasa del tiempo se abrió  un gran agujero o ventana, a través del cual las olas pueden pasar d un parte a otra. Sale  en el mar, si bien unido a la costa firme de 15 a 16 canas (medida italiana), y 3l diámetro del agujero que es muy redondo  es de dos a tres canas..La Horadada dista del puerto  de 7 a 8 leguas. La Iglesia de la Merced ocupa un hermoso primer plano. Cundo los navegantes al entrar al puerto ven la Iglesia, la saludan  con cinco o seis cañonazos como homenaje a la Virgen de Mercedes  y cantan la salve. Innumerable son los prodigios que cuentan los paiteños, lo marinos y lo patronos de naves, obrados por aquella imagen  de María Santísima de las Mercedes. No hay patrono de nave, grande o pequeña que al zarpar y darse a la vela, no encargue de celebrar un misa solemne y hacen  la sagrada comunión, junto con sus marinos, dejando copiosas limosnas para las velas de cera y para las lámparas. Otro tanto hacen los que entran al puerto inmediatamente después de desembarcar. La imagen está en una hornacina bellísima, dorada y decorada con finimos espejos. El rostro de Nuestra Señoras es de gran majestad y amabilidad. Tiene muchos vestidos preciosos, de gran valor, donados por los dueños de las naves y  por los marineros en agradecimiento  por las singulares gracias recibidas y por la pronta protección lograda. Cada tarde concurren los paiteños a la Iglesia  para recitar en coro el santísimo Rosario, y   para cantar las letanías. Los sacerdotes del convento se mantienen con esas limosnas, que las dan hasta los mas pobres.

 En su narración, Cicala cuenta, lo que es tradición en Paita. La invasión de los ingleses de Anson , los  corsarios ingresaron a la Iglesia que había sido abandonada por los frailes,. Tras de saquearla y hasta apropiarse de los hábitos con los cuales se vistieron e hicieron mofa, uno de ellos se subió al altar y despojó a la virgen de sus vestidos y adornos, corona, pulseras, aretes, collares de perlas y demás joyas y pendientes del cuello. Después desenvainando un sable  descargó sobre el cuello de la virgen  un fuerte golpe, al mismo tiempo que pronunciaba mil blasfemias, Como se cansó de descargar golpes acudió al otro brazo sin lograr su propósito de cercenar el cuello. Bajó luego y tiró su sable al pavimento que se rompió en gran número de pedazos, por lo que el hereje huyo de la iglesia asombrado. Lugo regresó y prendió fuego al altar y a la iglesia con intención de reducirla a ceniza. La iglesia se quemó pero la virgen siguió intacta. En el cuello de la Virgen quedaron las señas de los sablazos y mas tarde los frailes tiñeron esos surcos de rojo, para recordar el hecho. El sacerdote jesuita relata que hizo labor misional en Paita.

 

Luego el Padre Cicala se ocupa del comercio de los piuranos. Y dice que trafican con  el Perú, Panamá, Guayaquil y toda la Provincia de Quito, siendo lo primero el jabón blanco que no desmerece al que hacen en España, con la ventaja de que quita las manchas mas rebeldes  y blanquean las ropas con mayor rapidez y facilidad, debido a la calidad de las cenizas que usan . Son muchas las fábricas existentes, pero dice el sacerdote que él vio dos que ocupaban grandes edificios, y espaciosas oficinas. . Vio los calderos, los tornos de madera instrumentos para cortar iguales los panes, en gran número y al mismo tiempo. Usaban toda clase de cueros y cordobanes para los curtidos, por que en las mismas fabricas se hacían jabones, cueros y cordobanes..

El cutir las pieles es el segundo ramo de los piuranos.  Lo que hacen con mayor pericia que en Europa y que España, pues las pieles adquieren suavidad, flexibilidad, fortaleza y colores vivos e indelebles. Todos los trabajadores son negros esclavos, muy diestros.. Dice el sacerdote jesuita que presenció la matanza de cabritos  y machos cabríos cebados,  y pudo constatar la gran cantidad de manteca y sebo que tenían. Los negros con gran agilidad separaban la carne de la grasa. Las vísceras eran vendidas por cuatro reales. Algunos machos cabríos tenían carne como para satisfacer a 16 personas.

El tercer producto es el azúcar  que comercia con Panamá y  Guayaquil.

En cuarto lugar están las harinas  que fabrican en gran abundancia y proveen de ellas a Guayaquil, Panamá y otras ciudades.  Son harinas especiales, muy blancas y de magnífico sabor. Por ese motivo son alabados el pan y los biscochos de Piura.

El quito producto del comercio son los granos y legumbres muy copiosas, que en barcos menores llevan a Panamá y a Guayaquil. A Quito llevan garbanzos en grandes cantidades.

El sexto producto son los sombreros de lana y de paja muy fina, así como los petates y esteras y alfombras de paja de colores. Los tejidos son variados y muy bien hechos. En Lima usaban mucho esas alfombras de paja, que eran muy limpias y de larga duración.

 

El séptimo producto son las piedras de sal, blanquísimas y brillantes como cristales.. En Panamá solo se  consume la sal de Piura.. En Quito la compran en gran cantidad para engordar al ganado. También se comercia e pescado salado de Paita,  frutas, verduras y raices de Colán, de Catacaos,  y otras cosas de gusto y regalo excelentes.

También se ocupa el jesuita de los terremotos en Piura que dice son frecuentes y muy violentos. Cree que tienen su origen en el mar. Y por un volcán no lejano llamado Macas ( no se conoce ahora tal volcán).  Durante la estadía del jesuita en Piura se produjeron dos fuertes temblores, uno de ellos el martes de carnaval de 1767 cundo estaba predicando, por lo que toda la gente salió despavorida de la iglesia..

Se ocupa igualmente de las piedras de sal, que pondera mucho.

Habla también de los  dulces, enconfitados, confituras, conservas y jarabes  y menciona una de frijoles, muy sabrosa.

Afirma que en Piura no hay mosquitos por lo que no son necesarios los toldos ni mosquiteros. Muy poco escorpiones, pero  hay pulgas y chinches que dicen fueron traídos por viajeros de Lima., en sus vestidos y colchones, pues aseguran que antes no se conocían en Piura. . Las serpientes son muy raras. Hay pocas hormigas. Existen  niguas pero no en la abundancia que hay en otras ciudades.

 

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EXPULSIÓN DE LOS JESUITAS.

 

Cuando el protestantismo hizo su aparición en Europa, el capitán español Ignacio de Loyola, que luego fuera elevado a los altares, fundó la Compañía de Jesús, para defensa del catolicismo. Bien pronto la Compañía se propagó por todo el mundo y ejerció una poderosa influencia gracias a la cultura y capacidad de sus miembros. Al general de la Compañía de Jesús, frecuentemente se le denominaba el “papa negro”.  Muchos fueron los ministros, que vieron en los jesuitas obstáculos para gobernar con mayor libertad, convirtiéndose en sus enemigos. En Francia los jensenistas y los enciclopedistas buscaron la forma de sacarlos del país. El ministro Pombal de Portugal y la casa reinante de los Borbones, que regían los reinos de Francia, España y Nápoles, decidieron la expulsión y presionaron al papa Clemente XIV a disolver la Compañía. Este pontífice debía su encumbramiento precisamente al apoyo de los reyes de España y Francia, de tal manera que aunque de mala gana tuvo que acceder. Sólo el rey de Prusia y Catalina II de Rusia, no los expulsaron de sus territorios ni los persiguieron y mas bien los asilaron.

En el Perú, el virrey Amat montó un gran operativo militar sumamente secreto, para reducirlos y encarcelarlos y luego remitirlos a España. Se asegura, que  su nombramiento como virrey del Perú tenía como objeto de encargarle esta difícil tarea.

Los jesuitas no tenían en Piura establecimiento alguno, pero no por ello se dejó de sentir, la drástica actitud. Del Perú fueron extrañados 799 religiosos, muchos de ellos de edad avanzada, achacosos y enfermos. De ellos 230 eran peruanos. Entre los expulsados figuraba el padre Bernardino de Castilla, piurano, de familias conocidas y que se  desempeñaba como rector del colegio de Ica.

Gran chasco se llevó Amat, pues no encontró entre los papeles que dejaran los jesuitas, ningún documento comprometedor como para justificar la brutal medida. Tampoco encontraron las riquezas que suponían ocultas, a pesar de que se excavaron pisos y derrumbaron paredes de templos y conventos. Fue en cambio muy criticable la actitud de algunas autoridades, que a semejanza de los piratas, se apropiaron de joyas pertenecientes a las propias imágenes sagradas.

 

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LOS INDIOS TRIBUTARIOS DE LA PARROQUIA SAN SEBASTIÁN

 

En 1773 el virrey don Manuel de Amat, hizo conocer por medio del marqués de Salinas,  los tributos que tenían que pagar los indios de la parroquia-repartimiento de San Sebastián, que eran 1,217 clasificados de la siguiente forma:

Indios tributarios                                                         259

Indios exonerados (por enfermos o ancianos)    54

Indios menores de 18 años                                          294

Indias                                                                         610

De los 259 afectos a la tributación, habían 8 que estaban temporalmente exonerados en razón de la ocupación que tenían, y eran: 2 cobradores; 4 cantores; 1 maestro de capilla y 1 maestro de escuela.

Los 251 indios restantes debían de pagar un tributo anual de cuatro pesos de plata, lo que hacía un total de 1,004 pesos. La forma como se debía utilizar este impuesto general de los indios, era el siguiente:

- Para el sínodo y sustento del cura de la parroquia

   la apreciable suma de                                                                      400 pesos

- Para el cacique principal                                                                     30 pesos

- Para el otro cacique                                                                           20 pesos

- Para el maestro de la escuela                                                  30 pesos

- Para la Real Audiencia                                                                     524 pesos                                                                                                                              _____________

                                                                                      Total:       1,004 pesos

Pero no era esta la única contribución que debían hacer los indios, sino que como cristianos tenían otras obligaciones, y también una especie de seguro social. En efecto, los indios tributarios pagaban en conjunto:

- Un tomín ensayado cada uno para la construcción

   del templo de San Sebastián                                                49 pesos

- Un tomín ensayado cada uno, al hospital de Belén,

   donde son atendidos                                                            49 pesos

Se prohibía terminantemente que fuera de estas cargas tributarias se exigieran otros pagos a los indios. La autoridad infractora estaba sujeta a una multa de 500 pesos.

 

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LOS CORREGIDORES LAVALLE

 

Ricardo Vegas García en su obra “Libro del Cabildo”, al referirse al sacerdote don Simón de Lavalle y Cortés, que fuera propuesto para una capellanía, dice: “era hijo del  general  don Simón de Lavalle y Bodega, corregidor de Piura, caballero de Calatrava, contador y juez ordinario de las cajas reales de Trujillo, visitador de Cajamarca y alcalde de Trujillo, y de la señora María del Carmen Cartavio y hermano del general don José Antonio de Lavalle y Cortés, también corregidor de Piura en 1772, caballero de Santiago.”

Por lo tanto don Simón Lavalle  y Bodega, se hizo cargo del corregimiento, sucediendo a Cristóbal Guerrero de los Ríos.

La esposa de don Simón, era descendiente del conquistador de México don Hernán Cortés, según asegura Mendiburu.

Cuando don Simón era corregidor de Piura, su hijo José Antonio, cursaba estudios y viajaba por Europa.

En 1772, don José Antonio asumía el corregimiento de Piura. De esta ciudad pasó a Lima en donde fue coronel de milicias y alcalde de Lima en 1779. En enero de 1782 se le confirió el Título de Castilla de Conde Premio Real. Tras desempeñar varios cargos en Lima, llegó en 1813 al grado de brigadier, falleciendo en 1815.

El Conde de Premio Real fue cansado doña Mariana Zugasti y Ortiz de Feranda y de ese matrimonio nacieron Simón, el primogénito que murió también en 1813 cuando era  teniente general del Batallón del Número.

Otros hijos del conde fueron: don José Antonio, caballero de la Orden de Calatrava. A su costa formó en España un regimiento de tres batallones, falleciendo en 1799 en Cádiz. Antonio, que sirvió en el regimiento de su hermano José Antonio y murió en 1812. Como se puede apreciar, los tres primeros hijos fallecen antes que el conde

El cuarto hijo, José Casimiro, sirvió también en el regimiento de su hermano. En 1806 solicitó su retiro del ejército español para retornar a Lima, pero a poco estalló la revolución de Aranjuez y se unió al general Palafox que en Zaragoza resistió al ejército francés. Fue enviado a Lérida, sitiada por un poderoso ejército. Tras la toma de Zaragoza se le exigió la rendición de la plaza. Los franceses se lanzaron al asalto el 16 de mayo de 1809 y durante tres días se luchó encarnizadamente, saliendo victoriosos los españoles, obligándoles a levantar el cerco de Lérida y abandonar Zaragoza. El brigadier Lavalle fue puesto al frente de una división del ejército en Valencia, lugar donde fue herido, hecho prisionero y enviado a Francia, escapando finalmente y reintegrándose a su división. El rey lo hizo mariscal de campo y gobernador de Alicante, falleciendo en 1815.

Juan Bautista de Lavalle, caballero de Alcántara y de San Hermenegildo, brigadier en el ejército español en el Perú. Alcalde de Lima en 1814, coronel intendente de Arequipa en 1816. Brigadier en 1823. El rey le confirió la presidencia del Cuzco, pero el nombramiento llegó después de la batalla de Ayacucho. Sirvió a la república llegando a ser general de brigada, Fue casado con doña  Narcisa Arica Saavedra, hija del conde de la casa de Saavedra. Juan Bautista heredó de una tía el título de conde de San Antonio de Vista Alegre, que no usó.

Mariano fue el último hijo  del Conde de Premio Real. En 1806 pasó a España y en 1809 fue oidor de Guadalajara. Se le hizo caballero de la orden de San Juan y enviado a Cuba como oidor de la Real Audiencia, falleció en 1814.

 

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LLEGA VIRREY GUIRIOR

 

Desde noviembre de 1735, cuando llegó el marqués de Villagarcía, no pisaba Piura un virrey. Luego de cuarenta años llegaba nuevamente un representante de su majestad. Era éste un marino que ostentaba el alto grado de teniente general de la Armada y había sido virrey en Nueva Granada

Don Manuel Guirior llegó a Paita el 1º de junio de 1775 y de inmediato se trasladó a Piura. Desde esta ciudad, el día 5, escribió a la Real Audiencia haciendo conocer su arribo y disponiendo que fuera muy económico en cuanto a los gastos de su recepción. Llegaba acompañado de su esposa doña Ventura de Guirior, que era también su sobrina, dama que tenía un gran don de gentes y que de inmediato se ganaba las simpatías y buena voluntad de quienes la rodeaban. En Piura fueron atendidos por el corregidor Lavalle y Cortés y luego prosiguieron su viaje sin prisa, por tierra, de tal manera, que recién llegó a Lima en el mes de diciembre. A su paso por el norte del país, el virrey y su esposa fueron tomando conocimiento de los pueblos y ganándose la adhesión de ellos.

Guirior encontró al país sumamente agitado. El pueblo ya no se sometía sumiso al abuso y el gobierno despótico de Amat, creando mayor resistencia. El 1776, cuando recién llegaba el nuevo virrey, los indios de  Chumbivilcas se sublevaron y dieron muerte al corregidor. Al año siguiente la indiada de Llata en Huamalíes se rebeló contra el comercio de explotación que hacía un capitán, cuñado del corregidor, dándosele muerte.  En Urubamba también estaban sublevados los indios desde 1776. Los indios de Yungay agobiados por los impuestos también se rebelaron, propagándose el movimiento de protesta, pero el corregidor de Casa Hermoza, que era muy apreciado por el pueblo por el trato humano que le daba, logró sosegar a la multitud. Caso único el de este corregidor, por que generalmente eran odiados por el trato despótico que daban a los indios a quienes explotaban.

En Arequipa se vivía un ambiente de tensión que bien pronto se transformó en motín. También había intranquilidad en Moquegua, Cuzco, Huamanga, Huancavelica, Jauja, Pasco y Huanuco.

Lambayeque fue conmovida por un motín de los mulatos que tenía ramificaciones en las haciendas del Alto Piura. La protesta era contra el impuesto personal que antes no pagaban los manumisos. La agitación fue grande en la mangachería piurana

El descontento en el Cuzco era general. El corregidor Fernando Inclán llegó a descubrir un complot manejado por Lorenzo Farfán de los Godos, hidalgo que movía a gran cantidad de artesanos y mestizos. El virrey hizo que la sentencia de muerte contra Farfán y otros cuatro se cumpliera en Lima, según dice Mendiburu.

Lo cierto es que la sentencia se ejecutó en el Cuzco el 29 de junio de 1780. Fueron ahorcados: Lorenzo Farfán de los Godos, que las autoridades españolas aseguran que pretendía proclamarse rey del Cuzco.

Diego de Aguilar,  al que decían “marqués de Chamica”, que había ofrecido poner 2,000 indios para la revolución.

Alonso del Castillo, que iba a desempeñar el cargo de capitán de armas.

También fueron ejecutados Eugenio Carmelo, José Gómez, de oficio platero; Juan de Dios Vera y Asensio Vergara.

Farfán de los Godos tenía parientes en Piura y su padre había sido regidor del Cuzco. Desempeñaba el cargo de contador real del derecho de alcabala. Tenía conexiones con los amotinados de Arequipa y Lambayeque.

Los complotados debían reunirse el 24 de junio de 1780 al repique de campanas, para deliberar y nombrar un capitán.

El corregidor del Cuzco, Fernando Inclán del Valle tuvo conocimiento del complot por un cura que violó el secreto de confesión. El obispo Juan Manuel de Moscoso Peralta excomulgó a ese sacerdote.

El cacique de Pisac Bernardo Tambowacso, que había ofrecido 3,000 indios para la rebelión, logró huir. Se refugió en un templo, por cuyo motivo al ser capturado se le remitió a Lima. Ahí fue defendido por Baquíjano y Carrillo y ya había logrado salvarlo de ser sentenciado a muerte, cuando estalló la revolución de Tupac Amaru, por cuyo motivo se le ajustició como escarmiento

Entre el obispo del Cuzco y el corregidor de Tinta, Antonio de Arriaga había profundo encono que terminó con la excomunión de éste. Posteriormente Arriaga tomó parte en la investigación y ajusticiamiento del complotado Farfán y acusó al obispo de haber estado comprometido, pero en Lima no le hicieron caso y el obispo al enterarse de estas acusaciones, pese a lo cual el obispo siguió insistiendo y tratando que se le conmutara la pena a Farfán y los suyos y cuando fueron ajusticiados, hizo darles sepultura en el templo de San Francisco. Todo esto dio pábulo, que en la opinión pública se le considerase que en efecto había estado comprometido. Así lo expresa el  general e historiador Mendiburu.

 

.En Arequipa los amotinados saquearon la aduana, las cajas reales,  la casa del corregidor y liberaron a los presos. Fue necesario trabar un sangriento combate para reducirlos, pero el estado de inquietud se mantuvo por mucho tiempo, estimulado por personas importantes.

 

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CREACIÓN DEL VIRREYNATO DE BUENOS AIRES.

 

Durante el gobierno de Guirior se creó el virreinato de Buenos Aires, el que por falta de recursos siguió dependiendo económicamente de Lima. La audiencia de Lima tenía la siguiente jurisdicción: la costa que hay desde Lima hasta la provincia de Atacama donde comienza la audiencia de Chile. Por el norte hasta el puerto de Paita inclusive.  Por tierra adentro a San Miguel de Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y los Motilones inclusive, hasta el Collao exclusivo, por los términos que se señala a la Real Audiencia de la Plata y la ciudad del Cuzco.

 

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LA LLEGADA DE ARECHE

 

España, siempre atenta a sacar lo más que se pudiera de sus colonias, envió a México como visitador a José Galves, al cual se le acreditó como ayudante a José Antonio Areche.

El visitador actuaba esencialmente en el campo económico y Areche dio en México muestras de probidad, por cuyo motivo el mismo Galves lo recomendó al rey como visitador para el Perú.

Pero, ni México era el Perú, ni era lo mismo actuar como subordinado que pleno de poder, como el que se le dio a Areche, colocándolo a igual nivel y muchas veces por encima del virrey.

Fue Areche un hombre nefasto para el Perú. Además de arbitrario, era terco e intrigante. En el Perú hizo subir la tasa del impuesto de alcabala y además comprendió dentro del impuesto personal, a muchas clases que antes estaban exoneradas de él.

Por otra parte se opuso a la supresión de los repartimientos, que muchos corregidores, como el marqués de Casa Hermosa, habían propuesto y que el virrey deseaba.

Areche, se hizo también antipático entre el propio elemento español, porque obligó a que pagasen diezmos y cobos, las alhajas y plata labrada en poder de particulares y hasta desairó a comisiones del cabildo y del consulado. Puso impuesto a la producción del aguardiente.

Areche sin embargo se dio cuenta de que el Perú estaba a punto de estallar y había mucho abuso. Decía en carta a México “ahí hay justicia y aquí tiranías comunes, ahí toman los indios lo que les conviene y acá lo que el corregidor les reparte. Allá es en compra libre lo que se toma y acá en venta forzada de parte del que recibe lo que se le da y esto tiene a las provincias cerca de dar un estallido”. Fatalmente Areche actuó en base a instrucciones de la corte española que deseaba siempre más dinero, y por lo tanto en lugar de remediar la situación la empeoró. Cuando la rebelión estalló, trató de ahogarla y hacer un escarmiento, utilizando el máximo de dureza. Con el Virrey estuvo en pugna constante, por eso lo indispuso ante la corte y lo calumnió

 

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LA RECONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA Y VISITA DEL VIRREY

 

El historiador Carlos Robles Rázuri, había logrado reunir y dado a la publicidad datos muy interesantes sobre la iglesia mayor de Piura, como se le denominaba antes a la catedral

Los sismos de 1619 y 1687 afectaron bastante al templo pero su reconstrucción recién se inició en 1773

Dada la cuantiosa inversión que se hizo, cabe suponer que los piuranos de la época estuvieron muy diligentes y mostraron ferviente religiosidad.

El constructor Andrés Velasco invirtió la suma de 4,345 pesos en dicha reconstrucción.

El maestro Rudesindo de la Cruz construyó por 2,572 pesos un órgano con maderas de la región, que le salió tan bueno,  que le otorgaron un premio.

El templo contaba además con un reloj público

Tres años más tarde la reconstrucción llegó a su fin y los piuranos quisieron celebrar ese acontecimiento en grande, para lo cual nombraron padrino nada menos que al rey de España Carlos III.

El rey hizo lo que hoy hacen los presidentes y ministros en igual situación, esto es, delegar en una determinada autoridad la representación.

Por lo tanto fue designado don Manuel Guirior, virrey del Perú,  para que lo representara y éste como era natural, se apresuró a cumplir los deseos del rey, que lo honraba haciéndolo su representante personal.

El cabildo, autoridades eclesiásticas y el corregidor se multiplicaron para atender al señor virrey, que un año antes había estado con su esposa y habían dejado una grata impresión por su amabilidad.

Como era de rigor, la parte central de los festejos fue una solemne misa que se celebró el 24 de junio de 1776, hecho que se registra en el libro parroquial, según lo da a conocer Robles Rázuri con la siguiente anotación: “El día venticuatro, cargo treinta y siete pesos que se han gastado en esta santa iglesia, para el día de la misa de gracias de llegada del excelentísimo señor virrey don Manuel Guirior...”

El templo fue desde el principio construido con tres naves y en la parte fronteriza y superior tenía la efigie del patrono de la ciudad, el arcángel San Miguel

Al costado del templo estaba el baptisterio  y la residencia del párroco, tal como fue siempre. El resto de la manzana era un cementerio, estando separado el campo de los adultos que se levantaba frente a la plaza, en donde luego se construyó el edificio Duncan Fox y frente a la calle Tacna, antes llamada El Cuerno estaba el de párvulos. Pero como en esto de enterrar a los muertos ha habido siempre categorías, a la gente de alcurnia se enterraba en la cripta que existía en la iglesia mayor o en las paredes del túnel que conducía posiblemente hasta el templo de Belén. Del túnel ahora no se sabe nada.

Es en esta cripta en donde está sepultado el capitán Gonzalo Farfán de los Godos, hijo del conquistador, y fundador de San Miguel del Villar, muerto en 1588.

 

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EL CORREGIDOR JUAN IGNACIO LEÓN

 

Por los turbulentos años de 1779 y 1780, era corregidor de Piura el general Juan Ignacio León y Gastelú, piurano de muy encumbradas familias. Su padre fue el capitán Ignacio León y Velásquez, alcalde en 1744, que estuviera casado con en primeras nupcias con doña Josefa Gastelú Robles.

Don Ricardo Vegas García dice que Juan Ignacio heredó el mayorazgo de su casa y que en la guerra de 1795 cedió todos sus productos al rey

Fue tronco de muy conocidas familias piuranas.

 

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INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS

 

El 4 de julio de 1776 las colonias norteamericanas lograron su independencia de Inglaterra. Francia y España favorecieron el movimiento para golpear al poder inglés, ya que era muy difícil sacarle ventaja en el escenario europeo.

España no se percató que la independencia de las colonias inglesas podría ser un ejemplo para sus dominios en América.

Si bien es cierto  que de inmediato no repercutió; a la vuelta de algunos años fue con la Revolución Francesa una de las causas ideológicas de los movimientos independientes de las colonias españolas.

 

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DEPOSICIÓN DE GUIRIOR

 

El visitador Areche en forma constante había estado enviando a la corte de España quejas contra el virrey, al cual además calumniaba. Entre las muchas cosas que le imputaba a Guirior, estaban las supuestas críticas, a poderosos personajes de la corte, burla a las cédulas reales y hasta la pretensión de coronarse rey.

La insistencia de Areche al fin dio resultados y el 10 de enero de 1780, el virrey fue destituido y reemplazado por el capitán general de Chile don Agustín de Jáuregui. Fue posiblemente de acuerdo a las órdenes de Madrid que Jáuregui procedió a actuar en forma sigilosa e inmediata, pues sin despedirse de nadie en Santiago y sólo informando que se dirigía a Valparaíso, tomó el barco “El Monserrate” y se dirigió al Callao. El 19 de julio, por la noche, estaba desembarcando en el Callao y de inmediato hacía conocer al virrey su nombramiento. Al día siguiente asumía el mando.

Para Guirior todo fue sorpresivo y lo mismo sucedió con Lima, cuyos vecinos tenían gran estima por  el virrey y su esposa. Al revés de lo que sucedió con Amat, fueron muchas las familias que disputaron  en brindar sus casas a la ilustre pareja.

El juicio de residencia que se le siguió a Guiror fue largo y terminó recién en 1783, quedando absuelto de todos los cargos que se le habían hecho. La sentencia fue confirmada en 1785 y en 1787 el rey le concedía, tardíamente, el título de marqués, pues al poco tiempo moría.

 

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LA REBELIÓN DE TUPAC  AMARU

 

El virrey Jáuregui se vio en breve enfrentado al mayor levantamiento indígena desatado en el Perú.

Los hechos se produjeron casi en forma repentina. El 4 de noviembre de 1780 el párroco de Yanaoca convidó a almorzar a Tupac Amaru, cacique de Tungasuca y a don Antonio Arriaga, el excomulgado corregidor de Tinta.

Se asegura que Tupac Amaru era amigo del corregidor y además, le era su deudor. Tupac Amaru se retiró primero y en el camino esperó y emboscó a Arriaga, tomándolo prisionero y conduciéndolo a Tinta, ahorcándolo, manifestando su decisión en nombre y por mandato de las autoridades españolas. Hasta ese momento la masa de indios estaba más que todo sorprendida. Muchos aseguran que Tupac Amaru actuó instigado por el obispo del Cuzco y existen  indicios que permiten pensar que así lo fue. Los hechos arrastraron después al caudillo; al mismo tiempo que  y el obispo y demás religiosos del Cuzco perdieron todo control sobre el rebelde.

La revolución de Tupac Amaru casi no se sintió en Piura, pero fue un piurano del bando realista que al actuar en los primeros momentos en forma decidida, parece que hizo cambiar el rumbo de los acontecimientos y determinó en parte la derrota de Tupac Amaru

Cuando se supo de la ejecución de Arriaga, toda la indiada se convulsionó y en grandes masas acudieron a Tinta en un intento  de borrar a  todos los corregidores.

Tupac Amaru, antes de ejecutar a Arriaga, mediante un documento firmado por éste, logró conseguir 65 mosquetones, mulas y 23,000 pesos

El rebelde, en poco tiempo logró reunir no un ejército, sino una masa, que algunos estiman, en casi 60,000 hombres.

El caudillo se ve, entonces, envuelto en los acontecimientos que lo arrastraron a la acción, pero sin saber lo que debía hacer, pues no contaba  con un plan estratégico previo. No se había propuesto un objetivo. Las decisiones se toman al momento y es así que marchan hacia Quiquijana (actual Quispicanchis) en busca del cruel corregidor Cabrera, el cual logra huir al Cuzco

Creyendo  que se trataba de un motín fácil de controlar, en el Cuzco se alistan fuerzas para enviarlas a luchar contra el rebelde. Se disponen 400 soldados que son lo mejor de la juventud cuzqueña y 800 indios auxiliares. Con ansias de gloria, Cabrera y Landa deciden partir sin esperar los refuerzos anunciados. El 18 de noviembre, Tupac Amaru los copa en la iglesia de Sangarara y los exterminan totalmente, con pocas pérdidas de sus tropas. Menos de 10 soldados se salvan y van a contar al Cuzco el desastre. Entre los muertos estaban Cabrera y Landa.

Recién el Cuzco se da cuenta de la magnitud de la rebelión y cunde el pánico. La mayoría trata de evacuar la ciudad. Hay congoja en muchas familias por la pérdida de sus hijos. En esos momentos llega el corregidor de Abancay, Manuel Villalta, con tropas bien disciplinadas, toma el control de la ciudad, restablece la calma y organiza la defensa.

Tupac Amaru vuelve a titubear con respecto al partido a tomar. Su mujer Micaela Bastidas le incita a tomar el Cuzco. Hubiera sido sin duda el momento oportuno, ya que el temor de la población hubiera sido factor a su favor.

Se decide sin embargo marchar hacia Puno y el 13 de diciembre se subleva  Azángaro a donde ingresa en triunfo. Parecía que su plan era acoplarse con los hermanos Catari levantados  en el Altiplano, con lo que se constituiría una formidable fuerza, sin embargo retorna con la intención de atacar Cuzco, pero ya en la ciudad la defensa estaba organizada y se disponía hasta de 3,000 soldados, unque en su mayoría reclutas.

El 18 de diciembre, miles de indios ponen cerco al Cuzco. A sólo dos leguas de la ciudad grandes masas de atacantes ocupan las alturas de Chita. Es ese el lugar más peligroso. Llega el 21 de diciembre y la ciudad imperial está completamente alborotada habiendo renacido el temor. El obispo canceló los oficios de navidad por precaución y los transfirió para el amanecer del 25.

Se decide entonces enviar al teniente coronel Francisco Laysaquilla, con 100 hombres escogidos para despejar el peligro en la zona de Chita. La tropa sale a las 9 de la mañana del 22 de diciembre. Se trataba de una operación suicida. Se toma contacto con el contrario y se lucha una hora que fue suficiente para derrotar a los indios en el sector de Chita. En el Cuzco corrió  el rumor de que Laysaquilla y su tropa habían sido aniquilados y el pánico llegó a su máxima expresión. Se envió entonces a otros 100 hombres con Simón Gutiérrez para establecer cual era la situación real, encontrando que Laysaquilla regresaba con prisioneros y muchas cabezas de indios en las picas como macabros trofeos de guerra. Los vencedores fueron recibidos en el Cuzco  como héroes, volvió a restablecerse la confianza y se celebró en grande el triunfo en la plaza mayor. Los cuzqueños pudieron entonces celebrar su navidad.

Esta primera derrota desconcertó a Tupac Amaru. Los cuzqueños en cambio se animaron a enviar nuevas expediciones como la de Nicolás Lobatón a Urubamba contando con la ayuda del cacique  Pumacahua, lo que les dio una nueva victoria. Después una salida a Yungay significó un nuevo triunfo. En 1814 Pumacahua encabezaría una sangrienta rebelión.

Tupac Amaru reúne más combatientes para continuar el cerco del Cuzco, pero no puede impedir que el 1º de enero ingrese el coronel Gabriel Avilés con 200 soldados provenientes de Lima. Avilés sería más adelante virrey del Perú.

De inmediato mandan al comandante Valcárcel y al corregidor Laysaquilla a cerrar los accesos de la ciudad. El 3 de enero de 1781 atacan al cacique Castello y le infligen 300 muertos. Como Diego Tupac amagaba por la zona del puente sobre el Urubamba, se envió a Laysaquilla con 40 hombres como refuerzo y la lucha fue dura, pero luego se le llamó urgente porque en la cumbre de Picchu se tenía que combatir a una avalancha de indios que luchaban ardorosamente. Durante cuatro días se luchó en forma denodada. Siempre estuvo Laysaquilla en los puntos de peligro siendo herido en el pecho. Los días 7 y 8 el ejército de Tupac hizo un supremo esfuerzo, pero el 10 levantó el cerco. Fue a reorganizarse y atrincherarse en Tungasuca.

El febrero llegan al Cuzco los refuerzos de Lima con el mariscal José del Valle y el intransigente visitador José Antonio Areche.

El 4 de marzo sale del Cuzco un ejército de 17,116 hombres, distribuidos en 7 columnas. La primera se dirige a Tinta al mando de Valcárcel con 2,310 hombres. La segunda enrumba a la quebrada de Quispicanchis con 2,950 soldados al mando de Manuel Campero. La tercera comandada por Manuel Villalta y con igual número de efectivos que la anterior con  destino a las alturas de Ocororo. La cuarta columna con 3,000 efectivos va a Paruro y a Livitaca, al mando de Manuel Urios. La quinta columna, con igual número que la anterior y mandada por Domingo Marnara va a Cotabambas y Chumbivilcas, tenía por segundo jefe a Francisco Laysaquilla. La sexta columna con 550 hombres a Paucartambo comandada por el coronel Cavero. El sétimo agrupamiento, de reserva, al mando del coronel Avilés, para marchar después a reforzar Ocororo, o Lares, Urubamba y Calca.

La primera columna que entró en acción fue la quinta de Marnara y Laysaquilla cuando en Cotabambas trabó combate con el cuerpo del ejército rebelde que comandaban los caciques Parvina y Bermúdez, que murieron en la refriega, lo que fue muy sentido por Tupac Amaru, que consideraba a estos jefes sus principales capitanes. El mariscal del Valle que comandaba todo el operativo estaba en las alturas de Vilcamayu sufriendo mucho por el intenso frío, la nieve y la falta de víveres. A  ese lugar pensó caerles por sorpresa Tupac Amaru, pero un traidor llamado Zumiaño Castro informó a los españole, que abandonaron  el lugar y bajaron  al valle de Quiquijana el cual tomaron. Ante esto, Tupac Amaru se atrincheró en Chocacupe con 20,000 combatientes., pero los españoles realizaban movimientos de pinzas y los atacaron en dos frentes. Los indios tuvieron que retirarse a una segunda línea de defensa a una legua de Tinta. Pero la artillería española destruyó los parapetos de adobe. La cabeza de Tupac Amaru había sido puesta a precio y además estaba excomulgado desde el ataque a la  iglesia de Sangarara y esto le restó sin duda adeptos, ante el temor rayano en la superstición de los indígenas, de ir a los infiernos. Tupac Amaru, su mujer y sus hijos dejaron Tinta con el fin de reunir a sus dispersas fuerzas y para eso tenían que pasar por Langui. Ahí una mujer llamada Juana Portilla que había perdido marido e hijos en la lucha, se apoderó de las riendas del caballo del caudillo, dando tiempo a que actuaran otros traidores más entre los que estaba Ventura Landaeta y el cura de Langui, entregándolo a los españoles. Landaeta era uno de los capitanes de Tupac Amaru. El mismo día el mariscal del Valle ejecutó a 67 indios y ponía sus cabezas en postes a lo largo del camino.

Preso el jefe rebelde, la cacica Micaela, sus familiares y capitanes, le tocaba entonces actuar al execrable Areche. Su comportamiento fue criticado hasta por el endurecido mariscal Del Valle, ni siquiera lo que llaman males de la época puede disculpar, los extremos de salvaje sevicia a que llegó Areche el 18 de mayo de 1781, y ni los reyes en cuyo nombre ejecutó la feroz sentencia se lo aprobaron. La historia ha dado ya su veredicto sobre Tupac Amaru y sobre Areche. Muy distante el epílogo de los rasgos de generosidad y nobleza de que en muchas oportunidades dio muestras Tupac Amaru durante la lucha, y si bien es cierto que en algunos lugares como en Calca, los indios cometieron atrocidades, nunca fueron hechas por indicación de Tupac Amaru y hasta el mismo ajusticiamiento de Arriaga parece que fue a sugerencia del propio obispo del Cuzco.

El fracaso del movimiento de Tupac Amaru en el campo militar, se debió a que todo fue improvisado e imprevisto. Le faltaron capitanes de valía. Los indios titubeaban, se encontraban desconcentrados y a eso cooperaban los muchos caciques que apoyaban a los españoles, entre ellos Pumacahua que años después también se sublevó. En muchas oportunidades las batallas se dieron entre indios. La traición fue muy frecuente y también la falta de organización y disciplina.

Con Tupac Amaru se inicia una nueva etapa en la historia del Perú. El poder español empieza a declinar y se inicia la lucha por la liberación. Tupac Amaru fue su principal precursor.

Pero volvamos a Laysaquilla. Su participación fue tan importante y decisiva, que se puede decir, que desde el principio, al infligir a Tupac Amaru su primera derrota, le señaló el camino del fracaso final. En el Cuzco se hizo muy popular la siguiente “décima”:

En Cuenca nació Orellana,

Laysaquilla en Piura,

y Villalta en la hermosura

de esta corte peruana.

En Tacunga, villa ufana

recibió su aliento Flores

dignos de eternos honores

son los cuatro americanos

que se han hecho por sus manos

cuatro reconquistadores.

 

Fue pues un piurano el que determinó el fracaso inicial del gran Tupac Amaru. Eso en modo alguno resulta desmerecedor, porque cada uno luchaba por sus convicciones y en la guerra de la independencia, muchos peruanos estuvieron batallando en uno y otro lado.

 

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CONSPIRACIÓN EN QUITO

 

Si bien es cierto que en Piura no se notó ningún intento por secundar la rebelión de Tupac Amaru, sin embargo no dejó de sentirse conmocionada por las noticias alarmantes que llegaban del sur.

El rumor se hizo más insistente cuando se infiltraron algunas informaciones procedentes de la vecina audiencia de Quito en donde se llegó a descubrir un complot que puso de manifiesto su vinculación con los rebeldes del sur.

Fue en el seno de la comunidad indígena del Socorro, en donde se tramó la posibilidad de una rebelión general para restablecer el antiguo imperio de los incas.

En la conspiración intervinieron mestizos de cierta cultura, los que enviaron delegados a Tupac Amaru, los que al ser interceptados en el camino, permitieron que se descubriera todo.

Las autoridades españolas en Quito actuaron con gran reserva y sin hacer mayores demostraciones o aparatos lograron capturar a varios de los complotados entre los cuales estaba el escribano Manuel Tovar que fue sentenciado al exilio por el presidente de la real audiencia José María de León. Como siempre, fue un traidor el que informó de los correos y permitió que se descubriera el complot. El escribano Tovar murió en su destierro de Chagres, pantanos de Panamá. Así lo relata el historiador Virgilio Roel.

 

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EL ÚLTIMO CORREGIDOR PIURANO.

 

El sacrificio de Tupac Amaru no fue en vano y bien pronto los desacreditados corregimientos iban a ser suprimidos.

En Piura el último corregidor fue don José Vicente de Zavala, en cuyo tiempo el obispo de Trujillo Baltasar Jaime Martínez Compañón, hizo una visita pastoral a Piura y creó 10 reducciones con sus respectivos curatos.

Don José Vicente era natural de Cajamarca, sus padres fueron don Nicolás José de Zavala, natural de Buenos Aires y su madre fue doña Francisca de Arze y Barrantes. Tuvo 7 hermanos, de ellos dos religiosas.

Se casó en primeras nupcias con doña Catalina de la Maza y Bustamante cuando estuvo en Piura.

Al suprimirse los corregimientos se crearon las intendencias y subdelegaciones, Zavala fue nombrado sub-delegado del partido de Cajamarca, dependiente de la intendencia del Trujillo. Estuvo en el cargo entre 1790 y 1796 y posteriormente se radicó en dicha ciudad de Cajamarca, contrayendo matrimonio en segundas nupcias con doña Inés Angulo en 1800.

 

 

 

 

 

 

 

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