Don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda
nació en Navarra, España, estudió y se graduó de doctor en la universidad de
Salamanca. Fue canónigo en Santander y de ahí vino a Lima de Chantre del coro
de Lima. El 25 de febrero de de 1778 fue nombrado obispo de Trujillo, del que se hizo cargo un año más tarde.
Entre 1782 y 1789 visitó su extensa diócesis, llegando a
Piura en 1783. La visita del obispo fue minuciosa y provechosa. Cada provincia
fue recorrida pueblo por pueblo tomando nota y razón
de todo. Se preocupó por anotar el origen, curso y desembocadura de los ríos,
las islas, puertos y caletas, clima, producción, costumbres de sus habitantes,
datos estadísticos, etc. Fundó pueblos, creó curatos, hizo construir templos,
escuelas, hospitales, caminos.
El obispo se preocupó mucho por la educación de los indios
y proyectó la creación de internados para indígenas, tanto para varones como
para mujeres, citando a los caciques, indios y alcaldes de Piura, ofreciendo
todos ellos su apoyo. Tales internados estarían regentados por religiosos, que
ya eran bastante escasos en Piura.
En el curso de su visita a Piura trató de fundar un Seminario,
en las proximidades del templo del Carmen, contando con la colaboración del
corregidor José Vicente Zavala que convocó a un cabildo abierto, que actuó con
características completamente democráticas, lo que era inusual en la época, ya
que a tales cabildos abiertos generalmente asistían los que tenían la calidad
de vecinos con solar reconocido. En esta oportunidad fue para todos los
creyentes, incluidos los esclavos manumisos de la mangachería.
En junio pudo conformar un comité integrado por gente
importante. Eran ellos don Joaquín Adrianzén Palacios, descendiente del
inquisidor. El capitán José Manuel Seminario y Zaldívar,
bisabuelo de Grau; Miguel Serafín del Castillo, también bisabuelo de Grau por
línea materna; don Florentino Carrasco y Cruzat, hijo
de don Manuel Gonzáles Carrasco que fuera depositario general y de doña Rita Cruzat, acaudalados terratenientes; don José Ignacio Merino
y Heredia, abuelo del pintor Ignacio merino; don Baltasar Ruiz Martínez y don
Pablo Juárez.
En esa época solo había un Seminario en la diócesis, que
era el de San Carlos y de San Marcelo de Trujillo. El obispo se propuso crear
tres más: en Piura, Cajamarca y Zaña.
Por medio de una orden dada el 30 de julio de 1783, dispuso que se reemplazara
el reloj del templo mayor, por otro que diera las horas, medias horas y los
cuartos, el mismo que debería ser adquirido en Cádiz.
Hizo levantar
un censo en toda la provincia, censándose a 44,497 personas. Levantó un plano
de la ciudad de Piura, del cual existen en la actualidad copias. Según este
plano, Piura tenía las siguientes calles:
Por ese tiempo las fuerzas militares de Piura era un
regimiento de cuatro escuadrones separados, mandados por los capitanes y
comandantes más antiguos
Por real cédula del 15 de febrero de 1783 se nombró virrey
del Perú y al mismo tiempo se le ascendía a teniente general del ejército a don
Teodoro de
En enero de 1784 se embarcó en Acapulco rumbo al Perú y
llegó al Callao el 4 de abril.
Durante el gobierno del virrey Jáuregui llegaron al Perú
varios visitadores eclesiásticos para establecer cual era la verdadera
situación de los asuntos religiosos en el Perú y poner los correctivos que
fueran necesarios. Uno de ellos fue el sacerdote fray
Simón Alfaro, el cual informó que en el Perú había varios conventos con menos
de 8 religiosos y eran los siguientes: Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Paita y
Saña. En estos dos últimos lugares contaban con un solo religioso.. Por lo tanto recomendaba la supresión de ellos porque era
difícil mantenerlos.
Fue durante el período de don Teodoro de
Al frente de cada intendencia se puso a un intendente, Cada
una comprendía un determinado número de Partidos gobernados por un Sub-delegado.
Las intendencias creadas fueron las de Lima, Cuzco,
Arequipa, Huamanga, Huancavelica, Trujillo, Tarma y en 1796 la de Puno.
La intendencia de Trujillo comprendía los siguientes
partidos: Trujillo, Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Saña (Lambayeque), Cajamarquilla (Pataz), y Huamachuco. Como intendente de Trujillo se nombró a don
Fernando de Saavedra, ex contador general y como sub-delegado de Piura, el
virrey nombró a don Pedro Rafael del Castillo.
El partido de Piura comprendía dos ciudades: Piura y Paita.
Doce doctrinas que eran: Piura, Paita, Catacaos, Chalaco, Frías,
El historiador Carlos Chávez Sánchez en su estudio sobre
los linderos de Piura en 1766, refiriéndose a una descripción geográfica del obispado de Trujillo, según
dice Cosme el Bueno, “ el partido de Piura,
limita al norte con la provincia de Loja, por el este con Jaén,
pertenecientes ambos al virreinato de Nueva Granada; por el sudeste con el
partido de Huambos de la provincia de Cajamarca; por
el oeste con el Mar del Sur, por el noroeste con la provincia de Guayaquil y
por el sur con la provincia de Saña.
Su longitud era de 66 leguas y su mayor ancho de 14.
Comprendía 12 curatos
1.- Piura con los anexos de
2.- Catacaos.
3.- Sechura.
4.- Paita, donde hay una capilla de Nuestra Señora de las
Mercedes, con los anexos de Colán y
5.- Tumbes con el anexo de Tumbes.
6.- Olmos.
7.- Motupe.
8.- Salas, con los anexos de Penachí y Cañares.
9.- Huarmaca
10.- Huancabamba con los anexos de Sóndor
y Chalaco
11.- Ayabaca con el anexo de Chocan
12.- Frías con los anexos de Sondorillo,
Pacaipampa y Cumbitos.”
Piura se conmovió al tener noticias de dos naufragios ocurridos
durante el gobierno del gobierno del virrey de
La fragata “El Corazón de Jesús”, que navegaba del Callao a
Guayaquil, encalló en punta Aguja,
pereciendo la mitad de la tripulación. El siniestro se debió al cambio de
guardia culpándose al contramaestre.
El otro barco hundido fue “
Naturalista y botánico nacido en Bohemia (Checoslovaquia).
Era miembro de las Academias de Ciencias de Viena y Praga.
Formó parte de la expedición científica de don Alejandro Malaspina que en los barcos “Descubierta” y “Atrevida”,
dieron la vuelta al mundo.
Haenke terminó por quedarse en el Perú y se radicó en Cochabamba
donde murió en 1817
En Piura estuvo en el año 1790. Hizo observaciones sobre el
régimen de lluvias en la región concluyendo que llovía cada 6, 8 ó 10 años y
cuando llueve en estas épocas, las precipitaciones son “tan abundantes que
inundan los campos y corren ríos por las calles de los pueblos pero en tales
casos produce el terreno sin otros cultivos, melones, sandías, calabazas, arbustos de algodón, flores y yerba con la mayor producción.
En 1728 hubo intensas lluvias en todo el norte del Perú
originando la creciente de los ríos y su desbordamiento inundando ciudades y
campos de cultivo
El fenómeno se repitió en los años 1790 y 1791.Era sin duda
el Fenómeno de El Niño, desconocido por entonces.
A los piuranos siempre les ha gustado observar las
crecientes de los ríos, cuando éstos se ponen de “bote a bote”. Cómodamente
apostados en puentes y a orillas de los ríos dejan transcurrir horas y horas
entreteniéndose con las arremetidas de las aguas que arrastran empalizadas,
troncos, animales vivos y muertos y otra infinidad de objetos.
Así estaban en 1790, muchos encaramados en los muros de
contención en Piura y las damas paseando en las proximidades, cuando la fuerza
de las aguas rompió las defensas, derrumbándose con toda su carga humana.
Muchos murieron por el efecto del golpe y otros ahogados al ser arrastrados por
la fuerte corriente. Don Santiago Távara
al relatar este hecho dice que gran cantidad de señoras se salvaron gracias a
los aros metálicos que se usaban en esa época en el faldellín, por que el agua
metida dentro del faldellín y contenida por el aro hizo el efecto de boya.
Agrega Távara que en 1849 todavía vivía
la señora de
En esa inundación el río llegó una vez más hasta la plaza y
se “llevó” una gran cantidad de casas de la calle Florida, más próxima al río.
Catacaos sufrió graves perjuicios así como otros sectores del valle.
En el cuadro de lluvias confeccionado por don Víctor Eguiguren y que abarca de
Desde la rebelión de Tupac Amaru hubo una mayor
preocupación por mantener fuerzas militares más numerosas, mejor ubicadas, más
entrenadas y convenientemente armadas.
En las colonias españolas, ya los movimientos y la
agitación independentista se notaban más frecuentes y el virreinato del Perú
como centro de poder español en América, debía de proveer todo lo que se
refería a asuntos militares.
En 1790 las fuerzas de todo el virreinato llegaban a 43,632
hombres entre cuerpos de milicias, infantería, caballería y dragones.
En la intendencia de Trujillo, la distribución de fuerzas
militares era la siguiente:
Trujillo 750 hombres
Cajamarca 4,818
Chachapoyas 351
Moyobamba 740
Piura 1,513
Saña
432
TOTAL 8,604
Como se puede apreciar, las fuerzas eran bastante elevadas
En Piura la composición de estas fuerzas era:
6
compañías de infantería con 469 soldados
3
escuadrones de caballería con 702
1
escuadrón de dragones con 342
El año 1793 aumentó la composición de fuerzas en el
virreinato. Las de infantería llegaban a 34,979 soldados, caballería a 12,534 y
los dragones a 11,782, lo cual hacía un total de 59,295 soldados sobre las
armas.
En ese año la composición y distribución de las fuerzas
armadas en Piura era como sigue:
- La infantería, era la más
antigua en Piura pues su creación data de 1762. En el año 1793 estaba
constituida por 6 compañías con un total de 433 hombres. Su primer jefe era el
coronel Francisco Carrión y le seguían el teniente coronel Pedro Martínez y el
sargento mayor Manuel Carrasco.
- Las fuerzas de caballería
tenían los siguientes acantonamientos:
En Querecotillo en donde había un cuartel desde 1781, la
guarnición estaba formada por un escuadrón de tres compañías al mando del
comandante Ventura con 220 soldados
En Huancabamba existían acantonamientos desde
1782. En el año 1793 tenía un escuadrón y tres compañías al mando del teniente
coronel Manuel Bascones ( o
Váscones) con 240 soldados.
En Chalaco, acantonamiento creado también en
1782, con un escuadrón y tres compañías al mando del comandante Joseph López
con 235 hombres.
En total las fuerzas de caballería llegaban a
695 soldados, todas al mando del coronel Franco Carrión.
- Los dragones estaban con acantonamiento en
Amotape desde 1781. Se componía de un escuadrón y trece compañías con 279
hombres al mando del comandante Gregorio Espinosa
Por lo tanto las fuerzas militares de Piura llegaban en
En 1791 era sub-delegado del partido de Piura, el capitán
don Ramón Urrutia de las Casas. Antes fue corregidor de Oruro en 1781 cuando
estalló la rebelión de Tupac Amaru en el Cuzco y de los hermanos Catari en el Alto Perú. Al iniciarse ese año los indios
sublevados dieron muerte a los corregidores de Paria y Carangas,
lugares próximos a Oruro. El 10 de febrero estallaron motines en los que
participaron no sólo los indios sino también los mismos soldados con sus jefes.
Hubo saqueos, incendios y mataron a 26 europeos en el curso de cuatro días. El
cabildo hasta llegó a nombrar un nuevo corregidor ante el cual fue conducido
Urrutia para ser juzgado y gracias a que pudo huir salvó la vida, llegando a
Cochabamba en demanda de soldados, sin lograr ayuda por que esta ciudad estaba
también conmovida.
Procedente de Ica, Urrutia llegó a Piura con su esposa doña
Águeda Arnao y en 1795 fue ascendido, pasando a ser
intendente de Tarma en donde estuvo hasta 1810 en que se trasladó a Lima en donde
falleció en febrero de 1812.
Su hermano, el capitán del ejército español, don José
Urrutia, se distinguió por la forma como condujo las campañas de Ceuta, Rosellón y Cataluña.
No obstante que existían ordenanzas y también un juez de
aguas en el cabildo, en la práctica era la ley del más fuerte el que se imponía
en el uso de las aguas de regadío.
Mediante tapas los ríos o sus afluentes eran desviados de
su curso natural hacia las haciendas. Esto daba origen a que se produjeran
continuas reyertas y batallas campales por la posesión del agua. Eran los
negros esclavos los que por orden de sus respectivos amos protagonizaban estas
trifulcas.
El Dr. Ambrosio Cerdán de Landa, fue en Lima juez de aguas, alcalde de
crimen y oidor.
En 1973 se imprimió
una obra suya sobre distribución de aguas de regadío en Lima, con indicación de
las bases y métodos que debían tomarse en cuenta. Fue un verdadero reglamento
que se aplicó a toda la costa y que si bien no eliminó totalmente los
problemas, contribuyó en cambio a solucionar muchos y mayores males.
El mencionado código se utilizó también en la república
durante mucho tiempo.
Desde los
primeros momentos de la. conquista., se trajo al Perú una gran cantidad de esclavos. Uno de ellos cuando
desembarcó en Tumbes, causó gran asombro entre los naturales. .
Con el criterio segregacionista de la época, cuando se habla. Del número de hombres que
intervinieron en las diversas acciones de guerra de la. Conquista, sólo se refieren
a los españoles Los negros y los indios no eran contados.
Paita fue por
muchos años la puerta del Perú. Por ese puerto entró el torrente de conquistadores,
y más tarde los virreyes con sus fastuosas comitivas, y también los esclavos.
Centenares de miles de estos infelices desembarcaron en Paita, para ser internados unos en las haciendas :piuranas, o seguir hacia otros lugares del Perú.
Si algún buen tratamiento se les daba, no era movido por sentimientos de
conmiseración, sino por el interés de lucro, para no perder el valor de esas
“piezas da ébano' como se les llamaba. El tratamiento que recibían los esclavos.
durante su travesía y luego en los lugares de destino,
subleva el espíritu; pero sin duda eran males do la época, ya que los mismos españoles no se trataron mejor los
unos a otros durante sus luchas. Con el
Permiso Real de fecha 21 de mayo de 1795, se dí6 a Paita y al Callao el triste
privilegio, de acuerdo al cual eran los únicos puertos por donde podían
desembarcar negros cuando eran barcos españoles los que los transportaban. Los
barcos extranjeros podían utilizar también los :puertos
de Montevideo y Buenos Aires. Además se liberó por seis años el derecho del 2%
y la gratificación del 4% que había. sido
fijada por Cédula Real del 28 de febrero de 1787. Los esclavos desembarcaban en
Paita con las manos atadas a la espa1da y enlazados por el cuello. El largo viaje
desde África acababa con una gran cantidad de ellos. En los barcos se les ubicaba
en las bodegas, en medio de la peor inmundicia, revolcándose en sus propios
excrementos y enfrentando a. voraces ratas. El mareo la falta de ventilación
la escasa alimentación y la depresión espiritual terminaba con el1os.
Generalmente desde la partida se separaba. a los
esposos, :padres de hijos y en general a los familiares
Los reyezuelos
de las costas de Guinea, eran los principales proveedores de los traficantes.
Generalmente se trataba de gentes pertenecientes a. tribus vencidas. Uno de los
países que más explotó el tráfico de esclavos fue Portugal, y no sólo trajo negros
guineos sino también malgaches. Fue la corrupción de
este nombre, lo que dio origen a la denominación de mangaches
a los eso1avos que desafiando las ordenanzas existentes se establecieron al norte de la ciudad de Piura.
Los esclavos
piuranos se dedicaban a las 'tareas agrícolas en el campo y en la ciudad a.
las actividades industriales por cuenta de sus amos. Muchas de las mujeres se
dedicaban a tareas domésticas. En Piura como en el resto del Perú, los amos
blancos frecuentemente tenían hijos de sus esclavas lo cual explica la
existencia de gran cantidad de mulatos. Precisamente la celebrada novela de “Matalaché” de López Albújar gira en torno a los amores de
una noble mujer blanca con un mulato hijo de uno de los señores Sojo.
Muchos esclavos
llegaban ya enfermos de lepra, la cual se les desarrollaba acá. Era tal el abandono moral en que se les
tenía que no se castigaba el adulterio ni aún el incesto entre esclavos, por que
eso aumentaba la cantidad de ellos. En cambio el robo o el abandono de trabajo eran
castigados con latigazos. En Lima se les enviaba a las panaderías en donde se
les daba un trato muy cruel.
Hay que admitir,
sin embargo, que en otros lugares del mundo, se daba a los esclavos un peor
trato. En el siglo XVI se creía que los esclavos no eran personas en todo el
sentido de la palabra. En esa época de fanatismo religioso, se suponía que no
tenían alma, unos los consideraban como animales y otros como cosas. Por eso,
maltratarlos ni siquiera producía remordimientos, aun en personas de espíritu
bondadoso.
Al finalizar el
siglo XVIII la mayor parte de los esclavos estaban en la región de la costa,
dedicados a las tareas de la agricultura.
De acuerdo a la
guía de don Hipólito Unánue, los esclavos existentes en las intendencias del
Perú, eran:
Cuzco 284 esclavos
Arequipa 2,258
Huamanga 10
Huancavelica 41
Trama 236
Trujillo 4,725
Lima 29,763
TOTAL: 40,337
En el Cercado
de Lima de 62,910 habitantes, había 17,891 esclavos. El grupo de casta más
numeroso en la capital eran los españoles con 18,219 personas sin contar 309
clérigos, 1,563 religiosos de ambos sexos y 84 beatas que en su mayoría eran
españolas.
En la
intendencia de Trujillo el número de esclavos era:
Partido de Trujillo 1582 esclavos
Lambayeque 1,831
Piura 884
Cajamarca 328
Chota (sin datos)
Huamachuco 79
Pataz 8
Chachapoyas 13
TOTAL
4,725
En el
departamento de Piura llamado en esa época Partido de Piura, la mayor parte de
los esclavos estaba en las haciendas del Alto y Medio Piura
Mucho se ha
especulado sobre Cristóbal Colón en el sentido que en su juventud se dedicó al
tráfico de esclavos y que una de las
secretas esperanzas que tenía era, la de encontrar un camino más corto a las
Indias para bajar luego y llegar al
África y así lograr negros, del otro
lado del continente africano. Grande fue sin embargo su sorpresa cuando en los
siguientes viajes al costear el litoral venezolano, siguió encontrando indios.
El historiador
José del Busto Duthurburu, dice que para subsanar
esta contrariedad, Colón decidió iniciar el tráfico de indios o piezas de
caoba.
Los
conquistadores españoles que llegaron después de Colón continuaron con el
comercio esclavista de indios, hasta que al iniciarse el otro medio evo, la
reina Isabel de España declaró a los indios súbditos de la corona y por lo
tanto, prohibido reducirlos a la esclavitud.
Mucho influyó en el ánimo de la reina, la defensa que de
los indios americanos hizo el padre Bartolomé de las Casas, pero fue eso mismo,
lo que como reemplazo, permitió la introducción de la esclavitud de
los negros en el continente, lo cual se hizo con Cédula Real de 1501 que se
otorgó nada menos que a un religioso: fray Nicolás de
Ovando
Pasaron 10 años para que llegaran los primeros esclavos negros
a las plantaciones de caña de las islas Caribe y fue para el mismo trabajo para
lo que llegaron los negros al Perú.
Muchos años ante de iniciarse la conquista del Tahuantinsuyo, ya había gran cantidad de esclavos en las
Antillas y en América Central.
En las expediciones que hicieron tanto Pizarro como Almagro
a los territorios bañados por el Mar del Sur, antes del último viaje, había
negros entre los tripulantes.
En las capitulaciones de Toledo, suscitas entre Sus Majestades
y Pizarro, se incluyó una cláusula que decía: “Vos daremos licencia como por la
presente vos la damos para que destos nuestros reinos
o del reino de Portugal e islas de cabo Verde, en donde, vos, quien vuestro
poder hubiere, quisiéredes e por bien tuvieredes, podía pasar o paséis a la dicha tierra de
vuestra gobernación, cincuenta esclavos negros en que haya a lo menos el tercio
de hembras, libres de todo derecho a nos pertenecientes, con tanto que si los dejaredes e parte de ellos en la isla Española, San Joan,
Cuba, Santiago, o en Castilla del oro, o en otra parte alguna los que de ellos ansí dejaredes, sean perdidos e
aplicados, o por la presente los aplicamos a nuestra cámara e fisco”
Como se puede apreciar Pizarro logró otra ventaja grande en
las capitulaciones, o sea, el privilegio de iniciar el tráfico de esclavos,
pudiendo sacarlos del Portugal convertido en el más importante mercado de
esclavos en Europa.
Por disposiciones posteriores la corona permitió a gente
principal que se embarcaron con Pizarro de España al Perú, el derecho de llevar
uno o dos esclavos
Muchos españoles trajeron para su servicio esclavos
moriscos, pues como resultado de las victorias españolas sobre los musulmanes
de Granada, muchos vencidos quedaron en condición de esclavos. Fue así como el
oficial real García de Salcedo trajo una bella esclava morisca con la que se
casó más adelante.
Junto con los esclavos negros que llegaron a Puná, Tumbes y San Miguel con Pizarro, llegaron también
contingentes de esclavos indios de Nicaragua,
reducidos a esa condición por los capitanes españoles, Soto, Benalcázar, Ponce de León. Fueron esos indios parte del
aporte que esos conquistadores hicieron a la empresa de Pizarro.
Los negros y los indios esclavos nicaraguas, se
convirtieron en feroces enemigos de los tallanes primero y de los peruanos en
general, mas tarde.
A los reyes de España preocupaba mucho, que vinieran al
Perú esclavos moriscos por que podían propagar la religión islámica. El mismo
criterio había con respecto a los negros traídos del norte de África, ganados
ya por la religión de Mahoma. Como se recordará fue un esclavo morisco de Benito
Suárez de Carvajal, el que en Iñaquito cortó la cabeza del virrey Blasco de
Núñez.
Pronto el negocio de esclavos negros fue muy lucrativo. Los
negreros incursionaban en las costas africanas y se entendían con los
reyezuelos de ese continente, los que iniciaban guerrillas contra sus enemigos
con el fin de cazar y reclutar negros para venderlos.
Las Antillas y sobre todo Jamaica, fueron el trampolín para
luego introducir esclavos al continente americano.
No habían pasado 20 años de la iniciación de la conquista y
ya existía en el Perú un número apreciable de negros.
Fue por eso que Carlos V de España, el 9 de noviembre de
1551 dio importantes ordenanzas para la ciudad de Lima y en ellas se refería al
problema que ya constituían los esclavos.
Entre otras cosas, se prohibía que dentro de cuatro leguas
a la redonda, se enviaran esclavos a recoger leña o hacer carbón, pues se temía
que la ciudad se quedara sin arboledas y
sin las reservas de leña. Se sancionaba con multa al amo y cien azotes al
esclavo, lo que era una tremenda injusticia por que el esclavo
no podía desobedecer al amo.
Otra cláusula expresaba que como había muchos negros y
negras en la ciudad y sus amos no tenían control de ellos, se dedicaban por las
noches a deambular fuera de las casas y cometer asaltos y robos, por cuyo
motivo a todo esclavo que se sorprendía en la calle después del toque de
campanas, sería apresado y azotado. También se prohibió que los
esclavos ingresaran a los lugares
ocupados por los indios por que les causaban daño, desosiego y les robaban.
En los primeros años de la colonia, existían estrictas
prohibiciones de casamientos o cruces entre negros con los indios
o indias, pero con el tiempo esas disposiciones no se cumplieron y el
cruce dio origen a los zambos, que era una casta más, del nutrido mestizaje
peruano
Los zambos ya
dejaban de ser esclavos; y esto interesó mucho a los negros. Los esclavos en
tiempos de
Los paiteños, no
se llegaron acostumbrarse, con el deprimente espectáculo de ver desembarcar
negros, no obstante que eso era frecuente. Impactaba grandemente ver a esas
pobres gentes encadenados de1 cuello y
los tobillos, macilentos, enflaquecidos y
estropeados por el largo y penoso viaje.
El sitio de
destino, eran las haciendas del Alto Piura, como Morropón,
Yapatera, Nómala, Sol Sol, Paccha,
Los negros como
cualquier cosa, o como ganado, se alquilaban o se vendían. En el Siglo XVIII en
Piura., un negro costaba entre 200 y 500 pesos.
Al igual que se
criaban vacas u otros animales domésticos, también se criaban negros. Para eso
encerraban a negros jóvenes y fornidos, con negras también jóvenes para que se
aparearan. Se llegaron a construir sitios especiales. En Sul1ana, existía hasta
bien avanzado el siglo pasado, un lugar llamado El Empreñadero,
en torno al cual se fue formando un pequeño centro poblado. Los lugareños
decidieron cambiar el nombre, por el de Santa Cruz que hoy tienen.
No todos los
negros venían del África en forma directa. En Sevilla existían en 1565 nada
menos que 6.300 esclavos. De España eran enviados a América negros que sabían
el español por 1o que se les llamaba ladinos. Lograron asimilar también cierta
cultura y sabían artesanías. Los negros
recién llegados del África y que no sabían todavía el castellano eran llamados
bozales. Cuando un negro, lograba con sus ahorros la libertad, o la obtenían
al morir sus amos por voluntad de estos y en agradecimiento a su fidelidad, se
llamaban pardos.
El periodista y
escritor Jorge Moscol Urbina, comentaba en su obra "
En 1820, nada
menos que las Hermanitas Descalzas, tenían también una casa-tina con 14
esclavos.
Cuando en 1783 se crearon las intendencias, ellas fueron
Sin embargo en lo religioso esa región que aparecía en los
mapas como “territorio ignoto” y por lo tanto de difícil delimitación,
pertenecía al obispado de Trujillo. Así lo consigna don Hipólito Unánue al
decir que los territorios de Jaén y Bracamoros, es
decir, de la margen izquierda del Marañón, seguían bajo la jurisdicción del
obispado de Trujillo. Cuando tal cosa se afirmaba era el año de 1795
Poco después, en 1802, el rey de España separó Jaén y Mainas del virreinato de Santa Fe y lo agregó al Perú.
Era don José Ignacio de Lecuanda
(o Lequanda)
contador oficial real de Trujillo, hombre observador y muy aficionado a
escribir. En el “Mercurio” de Lima hizo publicar una serie de artículos sobre
el litoral de la intendencia de Trujillo. Se asegura que acompañó a su tío el
obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón en los viajes que éste hizo por toda la
diócesis recopilando datos.
En relación a la costa del partido de Piura, manifestaba:
“Tiene su costa tres puertos entre los quales el más
famoso y frequentado es el de Payta, a las catorce
leguas de Piura, y el los cinco grados
cinco minutos al sur. El vice-almirante inglés
Jorge Anson entró en él e invadió su población el venticuatro de noviembre de mil setecientos quarenta y uno, pero con tal desgracia que no hallando
mayor pábula a su codicia en la miseria de sus
colonos, se vengó con quemarla y hacerse pronto a la vela, receloso de las
milicias que venían del interior del país lo acometiesen. El segundo (puerto)
es una caleta harto peligrosa, conocida por el nombre de Sechura, adonde sólo
surcan algunas barquillas dedicadas a la pesca del pez llamado tollo. Es el
tercer el de Tumbes en los 3 grados 33 minutos de latitud austral. En este
puerto que es un estero, fue donde se desembarcó Pizarro”.
Don Antonio de Alcedo, brigadier del ejército español nació
en Quito en 1735. En el año 1786 publicó en Madrid el “Diccionario Geográfico
de las Indias”.. Sobre Paita expresaba:
“Ciudad pequeña de la provincia y corregimiento de Piura en
el Perú, siyuada en la costa del mar del Sur, con un
buen puerto muy frequentado de comerciantes del reyno de Tierra Firme, Acapulco, Sonsonate,
etc. Aunque en rigor no es más que una bahía, se reputa como el mejor de
aquella costa, a causa de su seguridad de su ancorage
y donde se desembarca para pasar por tierra a Lima y demás provincias del Perú
y tocan para refrescar las embarcaciones que van en derechura al Callao, por lo
dilatado que suele ser este viaje por los vientos contrarios, casi todo el año,
haría tan impracticable la navegación sin esta escala para hacer aguada y
nuevos víveres. La población se encuentra en un terreno arenisco que no produce
yerba alguna, ni una sola gota de agua dulce, que la
llevan del pueblo de Colán y aunque es blanquizca y de mala vista, dicen que es
muy sana por que corre por un bosque de carrasquilla y viene impregnada con las
virtudes de esta planta; la conducción las hacen en balsas que igualmente traen
maíz, aves y demás frutas para las embarcaciones, pues allí sólo hay algún
ganado cabrío y mucho pescado, especialmente tollo que cogen con abundancia”.
Varios años más tarde, en 1820, Basilio Hall, marino inglés
en una escuadra que recorría el mundo, decía sobre Paita:
“Hay siempre mucho calor en Payta, y como no llueve las
casas son ligeramente construidas de una suerte de tejido de canasta que deja
pasar el aire, por los techos altos y de mojinete, son de hojas; algunas casas
son rebocadas con barro, pero generalmente hablando
se les deja abiertas”.
Garcilaso Inca de
Es decir, que desde los tiempos de la conquista –fecha del
relato del cronista- ya se conocía el nombre de Sullana, pero no como
denominación de una localidad, sino de un valle que sería el Chira Medio.
Los incas daban muchas veces nueva denominación a los
lugares que sometían, pero otras veces era simple corrupción del dialecto
local; en este caso el “sec” de los tallanes.
Se ha tratado siempre de buscar un significado etimológico
a la palabra Sullana partiendo del quechua, pero como lo hemos manifestado,
bien pudo ser un vocablo tallán.
En tiempos del obispo Martínez Compañón, la población más importante era
Querecotillo. Ya Poechos y Tangarará estaban en el olvido. Amotape, otrora
importante curacazgo tallán, había decaído.
En la ruta de Querecotillo a Piura, existía un tambo, en la
cual los viajeros hacían un alto para tomarse un descanso. Poco a poco el lugar
se fue poblando con chozas muy humildes, que prestaban servicio de
alimentación, pasto para las bestias y agua. El sitio era conocido como
Fue allí donde el obispo de Trujillo formó una reducción a
la que llamó El Príncipe con un curato, como dependencia eclesiástica de la
doctrina de Querecotillo. La fecha de fundación fue el 8 de julio de 1783.
El pueblo de
El obispo Martínez Compañón, durante su período fundó y refundió
en su diócesis 20 reducciones o pueblos de indios y cuando en los primeros
meses de 1783 visitó Piura, fundó 10 reducciones.
En 1761 servía en la capilla de
Desde
A Seminario sucedió en el cargo el presbítero José Villareyes, que dejó de depender de la parroquia matriz de
Piura. En 1793, estuvo al frente de la capilla el presbítero Joaquín de
Villalta y entre 1794 y 1797 el presbítero Andrés de Córdova, con tenientes de
cura, presbíteros José de los Santos Vargas Machuca y Gabino Niño.
En 1786 la doctrina de Querecotillo tenía ya 12,417
habitantes, según lo consigna Luis Humberto Delgado en “El Terruño”.
Siguen los curas Isidro Hurtado, Miguel del Carpio y Manuel
Reyes. Fue recién en 1814 que
Entre el 3 y 4 de enero de 1821, el jefe Militar de Piura,
el coronel Francisco Valdez se encontraba visitando
Al capitán Gaspar de
Valladolid Aranda y Cueto le tocó los primeros años del coloniaje la encomienda
de Huancabamba
También el general Juan Manrique de Lara, se apropió de
extensas zonas en esa provincia, pero los indios no se resignaron
tranquilamente a perderlas y se las disputaron, primero oponiendo la fuerza a
la fuerza y más tarde acudiendo a la justicia española.
Parece sin embargo que
los visitadores y jueces de tierras que llegaron en
Los indios no se dieron por vencidos y capitaneados por su
cacique Cosme Chinguel, persistieron en su reclamo y
lo mismo hicieron sus descendientes.
Fue así como con la oportunidad de la llegada del juez
visitador Juan Dávalos Cuba Maldonado,
logró el cacique Cosme Chinguel las tierras de Andajo y Pondín.
Su hijo Nicolás, con la ayuda de su mujer Petrona Avalo, siguieron el litigio y en 1764, la hija de
ambos, María Chinguel, logró para su marido Felipe
Velásquez Sanapa, que se le reconociera como cacique
de Sallique.
En 1684 era teniente corregidor de Ayabaca el comisario de
caballería don Baltasar Quevedo y Villegas y Socombio,
casado con la acaudalada Águeda Luisa de Sojo y Cantoral, propietaria en
condominio, con el general Juan Manrique de Lara, de las haciendas de Siclamanche, Casiapite, Chicuate, Uchupata, San Antonio, Serrán, Gualcas y Chiña, las que en su totalidad pasaron a ser propiedad del
teniente corregidor y de sus hijos José, Gregorio, Agustín, María y Nicolasa Villegas de Quevedo y Sojo.
Fue el 2 de marzo de 1702 que don Baltasar, logró la
propiedad legal de las tierras, cuando era virrey del Perú el conde de
Doña Ignacia Irigoyen Chanique,
heredera de Gregorio Quevedo, uno de los descendientes de don Baltasar, vendió
las haciendas de Chicuate o Sicuate
a don Miguel Garcés el 14 de marzo de 1772, suscribiendo el correspondiente
contrato de compra-venta ante el escribano Fernando Lasurregui
Landa.
Parece que Garcés se dio cuenta muy oportunamente que los indios de la región pretendían las
tierras de Chicuate, por cuyo motivo al año siguiente
las vendió en 100 pesos al presbítero don Juan Ubillús
y Barco
En 1788 igual suma donó el presbítero para la construcción
del templo de Huancabamba, pues figura en esa relación que totaliza 2,639
pesos.
Este religioso era dueño de la rica hacienda de San José Sapse que por esa época poseía ingenios de caña y trigo, se
cultivaba frutales, plátano, maíz, trigo, cacao. En cuanto a ganado había 400
cabezas de vacuno, 300 yeguas, gran cantidad de ganado asnal y entre estos, 12
sementales, contaba con una buena cantidad de indios yanaconas
y la hacienda disponía de una capilla. Sustentaba varias capellanías y pagaba
más de 4,000 pesos como censos
La compra de Chicuate la hizo el
presbítero Ubillús el 22 de abril de 1773 ante el
alcalde ordinario de Piura, don Diego Manuel Farfán de los Godos, por falta de
escribano y estar ausente el corregidor
Cuando los indios conocieron la transferencia hubo gran
inquietud. Los caciques Tomás Palacios y Francisco Labán,
plantearon la nulidad de la venta, a la vez que solicitaban la propiedad de Chicuate. Alegaban que el primer propietario don Baltasar
Quevedo y Villegas no tenía justos títulos y que en cambio ellos eran
poseedores de esas tierras desde antes de la llegada de los españoles. El
cacique Palacios pidió a las autoridades judiciales un plazo de 80 días para
presentar documentos probatorios.
Sin embargo, vencido el plazo Palacios no pudo presentar
nada alegando que los documentos se quemaron en un incendio en su casa
No tenían, por lo tanto, los indios forma de probar su
derecho y el presbítero Ubillús con espíritu
contemporizador resolvió hacer donación de las tierras recién adquiridas, para
que los indios tuvieran medios de vida dedicándose a la agricultura y a la
ganadería.
De las tierras de Chicuate, el
presbítero sólo se reservaba una estancia con cultivos de cascarilla y para asegurar
las faenas agrícolas de ella, consignaban en el documento de donación, que los indios
le proporcionarían anualmente 10 hombres, a los que se les pagaría el
jornal correspondiente.
Palacios y Labán dejaron que se
culminaran los trámites de la donación y luego pidieron la nulidad del
documento en la parte relativa a la estancia cultivada con cascarilla y a la
prestación de servicios de 10 hombres.
La donación se protocolizó el 4 de noviembre de 1777 ante
el corregidor de Piura y justicia mayor coronel don José Matías Valdivieso y
Céspedes
Reabierto el litigio los indios lograron rápida sentencia a
favor, posiblemente por que en el país estaba perturbado y no se quería más
problemas con los indios.
En 11 de septiembre de 1779,
Sobre Chicuate hay en Huancabamba
una leyenda que el padre Ramírez la relató de acuerdo a una determinada
versión, pues por lo visto son varias.
Una de esas leyendas dice que antes existía una ciudad muy
próspera y muy rica, pero que a causa de un sismo que se produjo se deslizó la
tierra y la ciudad se hundió, al mismo tiempo que una quebrada se represó,
formándose una gran laguna, sepultando a la población bajo sus aguas
En determinados días los pastores creen oír que de la
laguna sale un tañido de campanas, como cuando la ciudad existía. Esta misma
versión era repetida por el huancabambino , Felipe Adrianzén Ocaña, cuando era profesor de
Nada hace suponer sin embargo que en la desolada región de Chicuate, existiera una población de importancia en los
primeros años de
Por último, el obispo de Trujillo, Jaime Martínez Compañón,
antes de visitar Piura y Huancabamba, solicitó de los párrocos información
detallada de los partidos y de las doctrinas y entre esos datos debía
detallarse las poblaciones que antes existieran y las causas de su desaparición
y decadencia.
El cura de Huancabamba hizo un minucioso informe pero no
consignó nada sobre la supuesta ciudad de Chicuate.
Sin embargo hay que expresar que tampoco en el informe se menciona a la antigua
y esplendorosa ciudad de Caxas, que todos los
cronistas la describían. Sólo se refieren a Caxas
como zona rural.
Muy minucioso y también interesante fue el informe que el
párroco y vicario de Huancabamba, Buenaventura Ribón
Valdivieso, entregó al obispo de Trujillo en 1783 con ocasión de su visita
El documento llamado plan, respondía a 18 preguntas. El
padre Miguel Justino Ramírez en su obra “Huancabamba” transcribe textualmente
el informe.
Es muy interesante comprobar la pobre opinión que el
sacerdote tenía de sus feligreses.
El párroco divide a la sociedad en tres clases.
En la primera correspondiente a los blancos, dice:
“aparentan en lo exterior ser unos genios sociales, más en lo interior
reservan una cavilación muy maliciosa, nada inclinada a la caridad del prójimo,
pues viven lo más del año enemistados por etiquetas de nobleza, queriendo unos
a otros supeditarse, muy desidiosos en el trabajo, contentándose con una
excesiva suerte, sujetándose los más a vivir a expensas de la corta diligencia
de las mujeres”.
Sobre la segunda
clase, constituida por los artesanos dice “encontrar los mismos defectos de
flojedad sin que se apliquen a oficios ni ellos ni sus hijos, unos por
engreimiento y querer pasar plaza de españoles y otros por desidia”. Luego como
disculpándolos expresa que no son muy viciosos, no obstante haber carecido de
instrucción en su juventud, ni conocer la doctrina cristiana, ni normas de
buenas costumbres, sin haber caído en desordenes, pendencias y latrocinios,
“que sólo son frecuentes entre las gentes de esta clase”.
La tercera clase, según el párroco Ribón,
está conformada por los llamados mixtos de los que expresa, son los “que
residen en los campos separados de toda sociedad, más dedicados a los trabajos
de sus sembrados, pero sin aspirar a otra cosa, que a comer, vestir con mucha
escasez; son genios humildes retirados del pacto español, por que sólo en días
de las mayores festividades se reducen al pueblo, más que por lo devoto, por
las fusiones y juntas que tienen de andanzas y borracheras. Las costumbres de
éstos, son las mismas que la de los
indios en la ninguna crianza que dan a los hijos, en las vanas observaciones
que tienen y trato grosero con que se manejan, con el libertinaje en el vicio
de la sensualidad entre los deudos más inmediatos; la causa de estos desórdenes
que no son tan frecuentes en los que residen en el pueblo, es el roce que tienen con los
indios, pues los más de ellos son hijos de indias o casados con ellas; todos
hablan y entienden la lengua castellana y aunque los habitantes en el pueblo
entienden la lengua inga, no la usan, con la frecuencia que los del campo”.
Como se puede apreciar, el sacerdote insinúa que en las
relaciones sexuales de los campesinos puede ocurrir con frecuencia el incesto.
Queda establecido que en 1783, los
campesinos eran bilingües y que conocían y usaban entre ellos el quechua.
Luego se refiere el cura Ribón al
carácter de los indios. Parece que para el religioso los indios estaban fuera
de clase, ya que no están comprendidos en ninguna de las tres anteriores.
Su opinión con relación a los indios huancabambinos era la
siguiente:
“El carácter y genio de los indios de este pueblo y sus
anexos es el mismo que en todas partes, muy pusilánimes , maliciosos,
litigantes, sin verdad, sin honor, sin palabra, poseídos generalmente del vicio
de la embriaguez, muy deshonestos, nada aplicados al culto divino y resistentes
a la misa y doctrina cristiana, no dan crianza alguna a sus hijos, que
entretienen únicamente en su servicio doméstico sin que jamás se les oiga en su
casa represión que conduzca a las buenas costumbres y observancia de la
religión católica. Tienen el carácter de una inacción total al trabajo y sólo
los mueve la ejecución del tributo, que satisfecha esta deuda, se entregan a la
ociosidad, a la borrachera, con juntas que forman para dar paso a su vicios,
que mantienen unos cortos sembrados de trigo y maíz cuanto basta para
mantenerse con desdicha y miseria; hablan todos y todas la lengua castellana y berrean
la lengua inga solamente entre ellos, pero con los blancos se explican siempre
en el idioma común”.
Como es fácil apreciar, ya no existen más vicios como par
imputárselos a los indígenas. El tono despectivo e injusto con que de ellos
habla un sacerdote, era lo común entre los españoles de la colonia. El indio
era lo peor. La labor sacerdotal tenía entonces que ser negativa.
No se detienen a pensar que el indio era gran parte de su propia
hechura. Si no se sentían atraídos por la religión era por culpa de los propios
curas y encargados de su labor misional, pues eran ellos los que daban el mal
ejemplo y desdecían con sus obras lo que predicaban en los sermones.
Generalmente buscaban la adhesión del indio a la religión, no predicando la
doctrina de amor al Salvador, sino amenazándolos con las penas eternas del
infierno. Es decir que trataban de llegar a ellos no por amor sino por temor.
Dieron del Dios de bondad, de amor y del perdón una imagen totalmente
distorsionada y contraria, haciéndolo aparecer como el terrible vengador y
cruel juzgador. La rapiña de los curas se pone de manifiesto en el hecho de que
eran propietarios de numerosas y extensas haciendas en lo que ahora son los
departamentos de Piura y Tumbes. Los despojados fueron los indios y no podían
tener amor al trabajo por que eran explotados sin misericordia, tal como lo
prueba el despoblamiento del antiguo imperio, en una clara acción genocida. Sin
embargo, el Tahuantinsuyo fue una organización que
era ejemplo de trabajo y los cronistas se quedaron admirados de los campos de
cultivo tan cuidadosamente trabajados, de las acequias y caminos, todo obra del
esfuerzo humano, pues no tuvieron animales de labranza, ni conocieron la rueda
o el hierro. Era criterio de los curas que pecar con indios no era pecado y hasta
el confesionario era utilizado para tal objeto. En una investigación que se
abrió contra curas sensuales, se descubrió que los curas engañaban a las indias
haciéndoles creer que al tener relaciones con ellos, se iban vestidas y
calzadas derechitas al cielo. El fraile franciscano Andrés Canal y 5 fueron
juzgados en 1,600 por este motivo en Lima, hechos que son expuestos en la obra
“Economía y sociedad” de Javier Tord y Carlos Lazo. Por otra parte si el indio no tenía
instrucción fue por que se le marginó de las escuelas. Mal hizo por lo tanto el
reverendo en dar juicio tan severo.
El informe se refiere también a la edad en que generalmente
se contrae matrimonio. Para los mixtos, oriundos del lugar, se fija un promedio
de
De acuerdo al informe los indios se casan entre los 16 y 18
años y las indias entre los 13 y 14 años. El padre Ribón
al referirse a las indias las llama “chinas” término que aun hasta ahora se
utiliza, sobre todo en Catacaos y a los indios les dice “cholos”. Los
casamientos se arreglan entre los padres de los futuros contrayentes y el padre
del cholo correrá con los gastos de la bebida y la comida, lo que sin duda no
era poco gasto.
En los mixtos no son
los padres los que intervienen en el matrimonio, sino los propios
interesados. Expresa el vicario Ribón que “no se
encuentran célibes, ni en uno ni en otro sexo, antes sí, desde la más tierna edad un total desorden e
inclinación a la malicia, con que se entregan a la sensualidad”. En resumen se
daba a entender que era común el tener experiencias sexuales pre-matrimoniales
En el censo levantado para toda la doctrina de Huancabamba,
se tiene el siguiente resumen:
Pueblo de
Huancabamba 564 habitantes
Parcialidades,
estancias y haciendas 3,091
Pueblo de Sóndor 103
Parcialidades
y estancias 391
Anexo de
Chalaco 1,756
Anexo de
río Salitral 773
TOTAL: 6,678
La población de la ciudad de Huancabamba se distribuía del
siguiente modo:
Sacerdotes 3
Españoles
casados 48
Españoles
viudos, solteros y menores de edad 55
Españolas casadas 38
Viudas, solteras, adultas y menores 83
Mestizos casados 42
Mestizos, viudos, solteros y menores de edad 86
Mestizas casadas 58
Mestizas solteras, viudas y menores 66
Zambos libres 29
Zambas libres 25
Zambos y negros esclavos 13
Zambas y negras esclavas 18
TOTAL 564
Como se puede apreciar, había más españoles casados que españolas, lo que
significaba que estaban casados con mujeres de otras castas
Entre los españoles había 26 hombres solteros entre los 20
y los 35 años y 24 mujeres, es decir estaban parejos.
Como había más mestizas casadas, que hombres,
necesariamente un buen volumen de estos mestizas contrajeron matrimonio con
hombres de otras castas.
Entre los esclavos había dos niños y una niña. La población
de esclavos era mucho mayor en el Medio y Alto Piura. En la actualidad hay
poblaciones enteras donde predomina la gente de color, descendientes de esos
infelices.
Ninguno de los habitantes de Huancabamba llegaba a los 80
años de edad. Unos pocos tenían 79 y más de una docena llegaba a los 78 años.
Los esclavos adoptaban los nombres y los apellidos de sus amos blancos o de los sacerdotes
cuando estos resultaban en cierta forma sus protectores. Así por ejemplo habían
dos que se apellidaban Ribón y 4 Valdivieso, uno
Barra, 7 Velasco, 3 Altuna, 3 Mendizábal, etc.
Como enfermedades más comunes se mencionaban “el reuma y
los granos que se reparan bebiendo algunas hierbas frescas como la canchalagua,
moradilla, hierba del infante; acometiendo rara vez a los blancos los
tabardillos y costados, y muy frecuentemente a los indios a causa de la mucha
chicha y aguardiente que toman”.
Como tabardillo se conocían muchas enfermedades entre ellas
la tifoidea, cuyos principales síntomas eran fiebre alta.
En el informe se alaba la gran fertilidad de la tierra huancabambina y las grandes cosechas que se obtenían en
trigo, cebada, maíz, fríjol, alverja, haba, papa y
quinua. Se ponderaba mucho la calidad del trigo que se producía.
El comercio se realizaba con Piura, Jaén, Loja y Cuenca.
Al río Huancabamba se le llamaba Río Grande, según se
decía, nacía en una laguna de forma semi-circular
llamada Sirivicucha, que el padre Miguel Justino
Ramírez asegura es la actual Shimbe
Sobre la riqueza minera, en el informe se dice no conocerse
la existencia de yacimientos de oro, plata o plomo y en cambio dice haber
azufre, salitre, alumbre, piedra chipre, cal, yeso y
piedras cristalinas.
En la doctrina de Huancabamba había algunas importantes
haciendas como Aranza y Livin,
con 800 yeguas, 400 bueyes, 3 yuntas, 4 burros, 30 burras y 40 ovejas. Contaban
con tres esclavos. Tenían dos capellanías, una de 1,000 pesos que pagaban al
convento de San Francisco de Piura y 500 pesos al presbítero Diego de
Adrianzén. Sus propietarios eran los herederos de José de Montenegro.
Cantaco, era otra hacienda que poseía 160 vacas, 75 yeguas, 60
ovejas, 50 cabras y 10 asnales.
Chulucanas y Sapun, disponía de 230 yeguas,
165 vacunos, 700 ovejas y 70 yuntas de bueyes. Poseía capellanías de 400 pesos
a favor del presbítero Diego de Adrianzén, 1,000 pesos para los pobres de Ayavaca, 2,000 pesos para el presbítero Francisco Talledo y 845 pesos para el doctor José de Irarrazaval.
Huaylas, Ochupata, Ingano,
Jacocha, eran fundos de
comunidades de indios que tenían vacas, yeguas, ovejas y cabras. Igual la
hacienda Pusapampa y Sapalache,
que producía cascarilla y tenía molino de trigo, pertenecía al presbítero
Manuel Villela.
Subchil, también con ingenio de trigo, era trabajada por indios
mitayos y pagaba al presbítero de Sondorillo, Felipe Villela, hermano del anterior, una capellanía de 4,000
pesos. Tenía 200 vacas, 225 yeguas y 130 ovejas.
Siclamache con una capellanía a favor del presbítero Eduardo Olaiza, residente en Lima.
Entre otros lugares menores, estancias o sitios estaban Andajo con 100 vacas y 50 yeguas, a cargo de indios. Lo
mismo que Calangua. Aragón estaba a cargo de
mestizos. Canchaque con ingenio de caña de azúcar y
100 vacas estaba a cargo de indios
Oros sitios o estancias eran Caxas,
Chillacas,
Chonta, Guajambi, Guamala,
Alisan, Llumbe, Nuñamache
con ingenio de trigo; Potrero Roxas, Punta del río, Quispe, Confesionarios, Ñangali,
Córdova, Lacchán, Guancacarpa,
Matará, Membrillo, San Antonio, San Francisco, el tambo, entre otros. Todos a
cargo de indios o mestizos.
También estaban las parcialidades de Quispampa,
250 vacas, 300 yeguas y 10,706 ovejas, 114 caballos y 100 yuntas. La
parcialidad de Segunda con 2,000 ovejas y 80 yuntas. La parcialidad de Cabeza
con 750 vacas, 100 yeguas, 1,200 ovejas y 50 yuntas. La parcialidad de
Forasteros con 150 ovejas y 16 yuntas. Sobre esta parcialidad, el padre Ramírez
dice que corresponde posiblemente a la actual de Collana.
El fundo Jicate con 80 vacunos,
301 yeguas, 200 ovejas y 25 cabras, pagaba una capellanía al presbítero Manuel Villela
El fundo Tabillo con 250 vacas, 125 yeguas y 350 ovejas
pagaba un censo de 500 pesos a favor del presbítero Antonio Calvo con
residencia en Lambayeque
En el aneo de Sóndor estaban las
haciendas de Mandor, pagaba una capellanía de 2,000
pesos a favor del convento de San Francisco y 4,000 para el presbítero Felipe
de Velasco. Las estancias de Aguapampa, Mancucur, Tacarpo y Tuluce, estaban servidos por indios propietarios
Lo mismo con relación a los sitios de Chonta, Las Lagunas, Patacaña, Sumaya y Guaricancha.
En el anexo de Chalaco, existían las haciendas de Chugallo, 200 vacas, 60 yeguas y 200 ovejas. Silagua con ingenio de caña, 200 vacunos, 300 ovinos, 100
yeguas, pagaba 1000 pesos de capellanía a José de Cruz vecino de Piura. Tatalacas, propiedad de Tomás Fuentes.
El anexo de río Salitral tenía las siguientes haciendas: el
Ala, propiedad de Juan Urbina, residente en Piura, la conduce con su hermano
Juan de
Como se puede apreciar los religiosos eran propietarios o
beneficiarios de muchas haciendas, estancias o sitios de la doctrina de
Huancabamba.
La hacienda Yapatera, reconocía en 1780 tener varias
capellanías que gravaban las rentas hasta por un monto total de 10,000 pesos
anuales.
La hacienda Silagua quedó grabada
con una capellanía de 1,000 pesos. Andando los años se originó en torno a tal
capellanía un largo pleito que sólo terminó en 1851.
Interesante es la capellanía que la hacienda Huangalá de
Sullana que reconoció tener por 1,000 pesos anuales a favor de la iglesia de
Sechura, para la celebración del Señor de Chocan a cuyo cargo estaba por esa
época la festividad. Eso sucedía en 1783, año en que las haciendas Chapairá y Miraflores reconocieron igualmente una
capellanía a favor del Santísimo Sacramento de Catacaos. También en 1783 la
hacienda Ocoto queda gravada con 1,000 pesos anuales
para la celebración de misas por el alma de don Mariano Gayoso.
La hacienda Congoña queda afectada por tres
gravámenes de 4,000, 5,400 y 2,000 pesos.
En 1784 las haciendas Cocañira y
Montenegro se ven afectadas por un gravamen de 1,500 pesos a favor de la iglesia
de El Carmen que se pagó hasta 1818. En el mismo año, la hacienda Huamanga fue
afectada por 5,000 pesos a favor de los franciscanos de Loja. Al año siguiente
las propiedades que esta hacienda tenía en la ciudad de Piura quedaron
afectadas por 4,000 pesos y la hacienda Bigote por 3,000 pesos.
En 1783 Pariguanás fue gravada
con 1,500 pesos y en el mismo año don Manuel Gonzáles Zorrilla grava a su
hacienda Socondoy con tres capellanías con un total
de 11, 096 pesos, lo mismo quedan afectadas unas casas que tenía en Piura
En 1785 doña Tomasa del Castillo
y Távara establece un legado de 6,000 pesos a favor de la iglesia del Carmen.
El año 1787 se crean gravámenes sobre el Potrero de Viviate
y la hacienda Santa Ana a favor del hospital y de la iglesia de Colán.
En 1788 don Manuel Pelayo Gonzáles y su mujer doña Bibiana
Córdova reconocen sobre su casa de Piura un gravamen para celebrar la fiesta de
Entre 1788 y 1791 se reconocen las siguientes capellanías:
sobre Ñómala, 8,000 pesos; Chanro
1,500 pesos; Suyo, 800 pesos; Llicuar 500 pesos a favor de las clarisas
de Loja; Súchel 4,000 pesos; Penarillo 500 pesos a
favor de la cofradía de San Juan Bautista de Catacaos; Pabur,
1,000 pesos a favor de las monjas
concepcionistas de Loja. El presbítero José de Escurra y Saravia,
reconoce sobre sus haciendas Matanza y Netemique un
total de 8,000 pesos en capellanías. La hacienda Quiroz, 4,000 pesos. Pariamarca reconoce 2,000 pesos (era propiedad del
presbítero Miguel de Echeverre). Don José de
El 10 de marzo de 1790 don José Antonio de Mesones y Solés, solicitó a la autoridad eclesiástica de Piura, que
se de cumplimiento y se expidan las certificaciones correspondientes a una
donación de tierras que hiciera su bisabuelo don Luis de Saavedra y Méndez
Sotomayor en la doctrina de Frías en donde tenía una hacienda, para que se asentara,
en el lugar llamado Pacaipampa, una partida de indios, y que estos formaran su
comunidad, pues andaban de un lugar a otro en medio de la peor miseria y
sujetos a la servidumbre y abusos de los poderosos
Históricamente la región era conocida como Cumbicus y así se le llamó cuando en el siglo XIX se le
elevó a la categoría de distrito, hasta que en 1906 se le dio por capital Pacaipampa.
Al culminar su visita a Piura el obispo de Trujillo, Baltasar Martínez Compañón, dejó
el 30 de julio de 1783, 70 ordenanzas para
que se cumplieran por las autoridades eclesiásticas y párrocos de todo Piura.
La primera preocupación fue de que se completara el dorado
del altar mayor del templo matriz y que en la única torre que tenía, se
colocara un reloj que marcara las horas, medias horas y cuartos, el mismo que
sería importado de Cádiz, cuyos relojeros tenían una bien ganada y merecida
fama.
Como por esa época aún no se ordenaba la construcción de
cementerios a las afueras de las poblaciones y los enterramientos se hacían en
el camposanto anexo al templo y en el mismo, ordenando el obispo su
reglamentación.
Para tal fin dividió al templo en cinco secciones,
constituidas por cuatro naves y el presbiterio
Por derecho de enterramiento en la primera nave se pagaría
dos pesos y dos reales; en la segunda 4.5 pesos; en la tercera 19 pesos; en la
cuarta 18 y en la quinta 36
Los mayordomos, los sacerdotes y sus familias, tenían
derecho a entierro gratuito en la quinta nave. Los pobres de solemnidad se
beneficiaban con derecho a entierro gratuito, pero para ser declarado como tal
se necesitaba el testimonio del mayordomo, del sacerdote mayor y del párroco
vicario.
El cobro de estos derechos a los que se llamaba limosnas
estaba a cargo del mayordomo. Se hace referencia que con frecuencia los
mayordomos, posiblemente de otros lugares, eran negligentes en la cobranza,
pero se dejaba testimonio que el mayordomo de
Entre las ordenanzas dejadas por el obispo Martínez
Compañón en su visita a Piura, hay una que prohibía la celebración de misas
llamadas del alba, y que se abriesen los templos muy temprano por cuanto eso se
prestaba a profanaciones. Sólo en caso de suma necesidad, como llevar el
viático, podía abrirse temprano el templo.
Se aumentaba a tres el número de sacristanes indios del
templo matriz y se le pagaría a cada uno 30 pesos anuales.
Los días domingos y festivos, la primera misa se programó
para las 9 de la mañana, lo cual muestra
que no se era muy madrugador en tiempos de la colonia.
Se establecía las obligaciones de los sacristanes en cuanto
a horarios y se disponía que el párroco vicario de Piura contara con cuatro
ayudantes, ubicados en los siguientes puntos: Tambogrande,
El vicario visitaría cuando menos una vez al año estos
lugares.
En una de las ordenanzas se dio una que da mucho que pensar, por no haberse
establecido su exacto significado y era lo siguiente: “Se ruega al vicario
procure formar hombres, pues muchos, sobre todo entre los indios, no tienen más
que la figura de tales, para después con mayor facilidad formar cristianos”.
Se dispone que los curas hagan conocer a los hacendados,
las obligaciones que tienen para el cuerpo y el alma de sus criados y esclavos.
El obispo Martínez Compañón al dejar Piura entre las
órdenes que impartió, algunas se referían a los
bautizos y celebración de matrimonios.
Ante todo, prohibió los bautizos en casas particulares y
los padres debían solicitar la administración de este sacramento dentro de los
nueve días del recién nacido.
Cuando por necesidad se tuviera que administra un bautizo
por particulares, se tendría cuidado de que estuvieran éstos, convenientemente
instruidos para no acarrear nulidad. En caso de duda, se debía reiterar el bautizo. En la inscripción se
consignaría la casta (raza). La administración del bautismo era gratuita y los
padrinos eran instruidos de sus obligaciones.
En cuanto a la celebración de los matrimonios, no se
debería dispensar la lectura de las
proclamas. En la partida se indicará los días que se leyeron. Cada feligrés se
casará en su propia parroquia y si se tuviera que hacer en otra, se tomarán
disposiciones especiales, sin omitir las proclamas.
A los indios que pagaban sínodo, no se les cobraba derechos
por matrimonio, los demás, según arancel.
Nadie podía ser casado, si antes no era examinado en
doctrina.
Los padres no deben dormir en el mismo cuarto con hijos
mayores de cuatro años, ni que estén mezclados en el mismo dormitorio hijos
varones y mujeres. Se recordaba que en las oraciones de la noche rezar el
rosario de 60 ave-marías y que los domingos, se cante por las calles en las
tardes, después del trisagio.
Se dieron también disposiciones referente
al comportamiento de los sacerdotes, su modestia en los hábitos y la residencia
de los clérigos.
Se disponía que se explicara al pueblo, las disposiciones
sobre abstinencias, sobre el miércoles de ceniza y el domingo de ramos
Se reglamentaba la bendición semanal con agua bendita
Todos los días festivos (que eran muy numerosos) debían
hacerse procesiones al interior del templo
Que desde la septuagésima se prepare al pueblo para el
cumplimiento pascual y a los que no cumplieren, se les amoneste privadamente en
el ofertorio de la misa, advirtiéndoles que de persistir serán declarados en
entredicho y privados de sepultura
eclesiástica y de entrada en vida al templo.
Que procuren que los fieles se acerquen con frecuencia a la
comunión, distinguiendo el pan eucarístico del pan material.
Se instruyó del modo de hacer las confesiones y las
preguntas que se deben formular al penitente.
Que todos los años se examine a los feligreses en la
doctrina cristiana.
Se autorizó el dar indulgencia plena en artículo mortis.
Que no permitan que los sacerdotes celebren misa, si es que
antes no presentan su licencia para eso.
Sólo en Corpus, su octava y en las renovaciones, se podía
sacar al Santísimo en procesión y eso sin otras imágenes.
Se dispuso como se bautizarían a los fetos y a los nacidos
mediante operación cesárea.
Se disponía que todos los sacerdotes debían estar
adscritos a un templo, con la finalidad de eliminar a los curas vagos.
Antes de 1788 ya existía
“ En la ciudad de Piura, en cuatro días del mes de julio
del año mil setecientos ochenta y ocho, yo Fr. Manuel Sánchez Ricón, predicador
apostólico del colegio de Santa Rosa de Ocopa de la
orden de N. P. San Francisco; certifico;
que habiendo hecho misión en la iglesia parroquial de dicha ciudad, se originó
en ella
Firmado Fr. Manuel Sánchez Ricón.
Manuel Ruiz de
Cuando era
Virrey del Perú, don Teodoro de
Carlos III,
habla sido un buen rey, gobernando desde 1759 hasta 1788 o sea 29 años. Fue un
rey que mostr6 interés en mejorar las condiciones de sus vasallos de América.
Enemigo irreconciliable de Inglaterra, se acerc6 a Francia donde gobernaban
sus parientes, los Borbones como él, llegando a
suscribir el llamado Pacto de Familia, por el cual iban a seguir una política
internacional coordinada y de oposici6n a Inglaterra.
Cuando hacía un
año que gobernaba en España Carlos IV, se subleva en julio de 1789 el pueblo de
Paris, tomando la fortaleza prisi6n de
La revoluci6n
francesa marca un hito en la historia de la humanidad, dando término a
Las monarquías
de toda Europa, declararon la guerra a
De esa forma;
España se convirti6 en aliada de Inglaterra cuando hacia poco eran acérrimos
enemigos.
En 1793, los
revolucionarios franceses guillotinan al Rey Luis XVI, lo cual decide a España
a una acci6n más radical, invadiendo sus ejércitos el sur de Francia.
Tras éxitos
iniciales durante dos años, los españoles son rechazados por los franceses que
a su vez invaden el norte de España. Por entonces Francia era gobernada por un
cuerpo colegiado llamado Convenci6n, la que implant6 lo que se llmn6 Régimen
del Terror, durante el cual fueron guillotinados una gran cantidad de personas
notables de Francia y hasta a los
mismos dirigentes revolucionarios. La guillotina era un invento francés,
consistente en una cuchilla que cercenaba las cabezas. Su nombre se debe al
apellido que tenia su inventor el Dr. Guillotín, que
también muri6 guillotinado.
En 1795,
En 1795, en
Francia,
Es cuando
empieza a fulgurar la estrella del que poco antes era un general: desconocido:
Napoleón Bonaparte. Siendo muy joven asume el mando de
los ejércitos revolucionarios en el norte de Italia, donde lucha contra las
monarquías aliadas contra Francia, sobre todo el Imperio Austro-húngaro, uno
de los más poderosos de Europa, logrando brillantes victorias y obligándolos a
firmar la paz.
Desde 1799, Francia fue gobernada por otro grupo colegiado
llamado Consulado. Mientras tanto, Napole6n siguió obteniendo victorias y fue
nombrado Primer Cónsu1 y en 1804 es proclamado Emperador de Francia,
convirtiéndose en el verdadero dueño de Europa, en donde creaba estados y ponía
como reyes a sus parientes.
España mientras tanto vivía una situaci6n política muy
difícil, y lo mismo sucedía en la familia real, donde campeaban las intrigas,
causada por los amores escandalosos de
Durante el
gobierno de Carlos IV, fueron virreyes del Perú, los siguientes: Teodoro de
Don Hipólito Unánue
en su “Guía política, eclesiástica y militar del Perú para el año
La información
de don Hipólito Unánue es la siguiente:
Este partido
comprende 12 doctrinas y 14 pueblos y anexos, habitados por 44,491 almas, 61
clérigos, 18 religiosos, 2,874 españoles, 24, 797 indios, 10,654 mestizos,
5,203 pardos y 884 esclavos.
Produce granos,
legumbres, cera, algodón, algún añil y cañafístula; se cría ganado mayor, caballar y mular y
menor cabrío; se hace jabón, se curten cordobanes. Valor 72,686 pesos.
Subdelegado es
don Ramón Urrutia
En
administración de alcabalas, administrador Jacinto Navarrete; contralor
interventor don Miguel Echandía; oficial don Felipe Carrasco, vista don Tadeo
Mesones.. Sueldos 2,530 pesos.
Administrador de
correos, don Pablo Angel-Donia,
con el 20% sobre el producto Administración de rentas unidas en el puerto de
Paita, dependiendo del partido de Piura.
Administrador
don Pedro Lacomba y contador interventor don Ignacio
Cruceta. Oficial 1º don Joseph Antonio Durán. Amanuense don Francisco Borja Portalanza; Vista y piel de almacenes, don Lorenzo Guizado. Resguardo Mayor don Faustino Hurtado. Además dos
cabos y 5 guardas. Sueldos de administrador y resguardo: 7,800 pesos.
Era obispo de
Trujillo con jurisdicción hasta Piura don Joseph S. Andrés Anchura. Vicario de
Piura era don Domingo Morales.
Guardián del
convento de San Francisco era Joseph Araujo con ocho padres franciscanos.
Comendador del
convento de
El hospital de
los belethmitas tenía como prefecto a fray Francisco
de Matías.
En cuanto a la
organización militar, como comandante general del norte con residencia en
Trujillo, estaba el brigadier don Joachin Valcárcer y como comandante militar del partido de Piura el
teniente coronel Carlos Guareti.
Las fuerzas
militares según don Hipólito Unánue, era la siguiente:
-
El batallón
Piura, creado el año 1762, con una fuerza de 430 plazas. Lo comandaba el
coronel don Manuel Francisco Carrión. Segundo jefe era el teniente coronel don
Pedro Martínez y le seguía el sargento mayor Manuel Carrasco.
-
Las fuerzas
de caballería eran:
El escuadrón de Querecotillo, creado el año 1781, formado
por tres compañías con 220 plazas cuyo comandante era don Ventura Sánchez
El escuadrón de Huancabamba, creado en 1782, formado por tres compañías y 240 plazas,
mandado por el comandante Manuel Váscones
El escuadrón de Chalaco, creado también en 1782, constituido
por tres compañías y 235 plazas, al mando de don Joseph López.
-
De
dragones, había un escuadrón en Amotape, creado en 1781, formado por tres
compañías de 240 plazas, mandado por el comandante Gregorio Espinosa.
El litoral de Piura y Tumbes ha sido durante todo el tiempo
muy rico en especies ictiológicas y eso ha despertado la codicia extranjera,
que no se han detenido en depredarlo.
Las ballenas, los cachalotes y los lobos han abundando
antes, pero una despiadada cacería los han puesto al borde de la extinción.
En junio de 1793 se informaba al virrey Francisco Gil de Taboada,
que cinco barcos balleneros ingleses habían arribado a Paita por el corto
tiempo de 13 días para aprovisionarse de alimentos frescos y obtener en Colán agua potable. Una gran
parte de la tripulación de los barcos balleneros estaba aquejada de escorbuto.
El primer barco en arribar al puerto fue la corbeta inglesa
“Grenwich” que llegó el 22 de mayo de 1793, saliendo
de Inglaterra en junio del año anterior. Llevaba una carga de aceite de ballena
y 3,000 pieles de lobos marinos cazados en la isla de Lobos. Tenía 41
tripulantes enfermos.
Cuatro días más tarde llegó la fragata llamada “Príncipe
Guillermo Enrique”, que salió de Inglaterra en marzo del año anterior. Conducía
un cargamento de aceite y 3,500 pieles de lobos marinos. Parte de sus 22
tripulantes estaba con escorbuto. Permaneció en Paita hasta el 8 de junio
El 30 de mayo llegó la fragata “El Raspar”, que salió de
Londres el 1º de agosto del año 1792. Desplazaba 175 toneladas y llevaba una
carga de aceite de ballena y 3,000
pieles de lobo. Permaneció en Paita hasta el 10 de junio.
Por último la fragata “Príncipe de Gales” de 376 toneladas,
llegó a Paita el 31 de mayo con 23 tripulantes, con el capitán enfermo.
Llevaban carga de aceite y 2,000 pieles de lobo
Se trataba de barcos autorizados, de un total de 33
matriculados, pero los restantes de ese grupo no llegaron a Paita. Como puede
apreciarse había una enorme matanza de lobos marinos, sin contar, lo que hacían
los que tocaban en Paita. Es de imaginar por lo tanto la enorme cantidad de
cetáceos y lobos que capturaron tales barcos.
No obstante que año tras año se permitía a los belleneros ingleses cazar indiscriminadamente cetáceos y
lobos marinos frente a las costas piuranas, los capitanes de los barcos se
portaban en forma prepotente sin respetar a las autoridades, tal como sucedió
en Tumbes.
El 16 de julio de 1795 fondearon frente a Paita las
fragatas balleneras inglesas “La salamandra”, “El Rasper”,
“La liebre” y “Espequén”, las cuales fueron citadas
para reconocimiento por el juez territorial y teniente de dragones don Manuel
Ruiz de Aranda.
El día 26 por la tarde, los cuatro capitanes de las
balleneras con doce hombres armados y portando una bandera penetraron en el río
Tumbes en dos botes y se dirigieron a la oficina del juez territorial y en
forma airada y a grandes voces le exigieron la entrega de dos marinos
desertores y del intérprete Juan Bautista Gil, amenazando al juez con matarlo
si al día siguiente no aparecían
El juez trató de calmarlos y con los capitanes inició un
registro de casa por casa de la población de Tumbes, sin encontrar a nadie.
Mientras tanto los doce marinos ingleses esperaban en una casa vecina al
juzgado, listos para intervenir a cualquier orden de sus capitanes, pues se
había amenazado con quemar al pueblo.
En vista de lo negativo de la búsqueda y siendo ya las 7 de
la noche, se decidió indagar por las chacras vecinas, comisionándose para tal
faena al sargento primero de milicias Manuel García, perteneciente a la primera
compañía de dragones de milicias, al cual se unió el sargento de milicias
Antonio Dávalos, el sargento veterano Narciso Colona y los milicianos Manuel
Valle y Toribio Morán, los mismos que al inspeccionar río arriba las chacras
hallaron que en la casa de Segundo
Tamayo, procurador de naturales, estaban los prófugos.
Tamayo dijo que desconocía la situación de los fugados,
pues el intérprete Bautista Oñi, se presentó hablando
castellano y manifestando que deseaban comprar fruta. Los desertores fueron
entregados a los capitanes ingleses.
Fue entonces cuando el juez territorial reconvino a los capitanes por la actitud y mal
comportamiento que habían observado, haciéndoles presente que si el virrey lo
supiera podía tomar medidas muy severas
y cancelarles la matrícula para cazar animales marinos.
Como los ingleses estaban ebrios montaron en cólera y
trataron de agredir al intérprete amenazando con matarlo, para luego en forma destemplada decir al juez que
a ellos no les importaba el virrey del Perú, mientras que el capitán Juan Esten, de “La liebre”, gritaba que él era el virrey de
Tumbes y que iba disponer que Tumbes fuera quemado y sus gentes asesinadas.
El intérprete fue amarrado, pero logró deshacerse de sus
ataduras y huir, sin que esto preocupara mayormente a los ingleses, pues decían
que era un pícaro y no lo deseaban.
Si bien es cierto que el juez territorial consiguió que se
calmaran un poco, no pudo, sin embargo, lograr que se retirasen a sus barcos,
pues pasaron la noche bebiendo, haciendo disparos y fomentando gran bulla que
tuvieron en zozobra a los vecinos.
Cuando semanas más tarde se hizo una investigación sobre
este suceso, los declarantes manifestaron que en esa noche, los pocos
pobladores que hubo en Tumbes, la pasaron muy preocupados y se expresaba que la
mayor parte de la población se encontraba entregada a sus tareas agrícolas, lo
que los obligaba a pernoctar fuera de la ciudad. Este es un dato interesante
que nos permite apreciar que Tumbes en esa época era una población de pequeños
agricultores.
Al día siguiente los ingleses, no obstante que se habían
despejado de la borrachera; no se
mostraron arrepentidos de las tropelías cometidas sino antes bien, trataron de
obligar al juez territorial a que les proporcionara a 4 prácticos para conducir
sus barcos a Guayaquil, demanda que fue negada del mismo modo que en la noche
anterior se les negó la exigencia de que se les facilitara mujeres para
divertirse.
Los ingleses se dirigieron a las chacras sacando verduras,
las que no pagaron. Igualmente mataron a tiros 4 reses, de las que tres pertenecían a Toribio Morán y una a
la comunidad. Una familiar de éste último, una muchacha llamada Josefa Mendoza,
a quien uno de los capitanes trató de ultrajar, fue defendida por un pariente.
Las autoridades de Piura comunicaron este hecho al virrey
el que puso a su disposición para la investigación correspondiente al teniente
de los ejércitos reales, ayudante del batallón de pardos de Lima, don Carlos Guareti, que llegó a Tumbes con el cargo de comandante
militar.
Toda la información resultante de la investigación fue
enviada al virrey, el que la remitió a la corte de España para que dispusieran
lo conveniente.
La actitud de los capitanes balleneros en Tumbes, era poco
menos que absurda, pues en esa época España actuaba como aliada de Inglaterra, se
encontraba en guerra con
Vencida España, se
vio obligada a firmar la paz de Basilea con el Directorio francés. De acuerdo a
los términos de ese tratado, España se vio obligada a convertirse en aliada de
Francia contra Inglaterra. Principiaba ya a fulgurar la estrella de Napoleón
Bonaparte.
En 1797 se dispuso que don Agustín Mendoza saliera del Callao
con una pequeña flota para capturar a los barcos balleneros ingleses que
operaban entre Paita y las islas Galápagos y que en Paita artillaran una
fragata inglesa capturada el 31 de enero.
Fue así como se apresó una fragata ballenera llamada “Lady” que fue llevada a Paita.
Es muy importante recalcar, que en ese año, Tumbes era una
de las doce doctrinas del partido de Piura y que también en lo militar dependía
de este partido. Eso se prueba con la intervención del jefe militar (en lo
administrativo) de Piura Carlos Guareti y por lo
tanto, la pretensión ecuatoriana en la época republicana de que Tumbes les
pertenecía, no tenía ninguna base legal
El científico alemán barón Alejandro von
Humboldt, llegó a América siendo aun muy joven,
integrando la expedición de Bompland.
Ese viaje de investigación y exploración se desarrolló
entre 1799 y 1804, permaneciendo en el Perú desde el 2 de agosto hasta el 25 de
diciembre de 1802.
Humboldt estuvo antes en Colombia y Ecuador y desde Loja se dirigió
al Perú, ingresando por Ayabaca, para continuar luego hasta la cabecera del río
Huancabamba, siguió todo su curso hasta entrar a la región de Jaén, con el fin
de alcanzar
Hablando de su ingreso al Perú decía: “Más tarde cuando
llegamos entre Loja y Huancabamba, al Páramo Huamaní,
donde se encuentran las ruinas de muchas construcciones levantadas por los
incas, los hombres que conducían nuestros mulos nos aseguraron formalmente que podríamos mirar mas allá de las tierras
bajas regadas por el Piura y el Lambayeque y contemplar el océano, pero una
espesa neblina se extendía por encima de la llanura y el lejano litoral. No
podíamos percibir sino peñascos diversamente configurados, que se destacaban
como islas en medio de este mar de nubes y desaparecían a la vez”.
Las ruinas a las que se refería el científico alemán, son
las que encontró en la hacienda Chulucanas en el
distrito de Pacaipampa, en la mitad de la ruta de Ayabaca a Huancabamba. Se
trata de uno de los lugares en donde posiblemente estuvo edificada la
importante ciudad pre-incaica de Caxas visitada por
Hernando de Soto.
Habla Humboldt de la perfecta
alineación de las calles y de los edificios en las ruinas y pondera el gran
camino inca que pasaba entre Ayabaca y Huancabamba y del que en esa época
posiblemente se aprovechaban algunos trechos.
A Humboldt le admiró mucho
encontrar las ruinas de esta ciudad en sitio tan alto y tan frío y en la
disposición de las habitaciones y ambientes, le encuentra cierta semejanza con
las ruinas romanas de la ciudad de Herculano
destruida por la erupción del Vesubio.
Otro alemán, el científico Víctor von
Hagen al hacer la narración y descripción de los viajes
de Humboldt, dice que éste trataba de perfeccionar un
mapa del francés
Siguiendo el curso del Huancabamba ingresaron a Cajamarca
pasando por Sallique, San Felipe, Pomahuaca
y luego de pasar el Chamaya, subieron hasta Choros en las orillas del río Marañón, cuyo curso
remontaron para luego descender a Jaén, pequeño poblado de 200 habitantes, que
tenía como gobernador a don Ignacio Checa, que más tarde se afincó en Piura en
donde fue gobernador en la época independiente.
El gobernador Checa brindó al científico alemán muchas
atenciones de las que éste se mostró muy agradecido como lo prueba la carta que
el 18 de enero de 1803 le dirigió desde Guayaquil. En esa comunicación, Humboldt da muy mala opinión de Lima y de los limeños y
dice: “Aunque Lima sería el último lugar en América en el cual quisiera vivir,
no he dejado de pasar un tiempo
agradable allí”.
Estando Humboldt en Jaén siguió
su viaje a Cutervo, Chota, Cajamarca hasta Trujillo y
de allí por tierra hasta Lima. En noviembre partió por mar hacia el norte
estudiando la corriente marina, que hoy lleva su nombre.
En septiembre de 1797 se produjo una situación tirante
entre el cabildo y las autoridades eclesiásticas de Piura
El asunto se motivó a causa del estado de ruina en que se
encontraba la sala capitular del cabildo, lo que hacía imposible la realización
de las sesiones en el mismo.
Mientras se tomaban las disposiciones para la reparación,
los cabildantes decidieron ocupar, para la sala capitular una pieza del colegio
del Salvador perteneciente al templo del Carmen.
Parece que la actitud fue decidida a manu militari, y que ni por cortesía consultaron o recabaron
previamente el permiso de las autoridades eclesiásticas, motivando el rechazo
de éstas.
Los cabildantes expusieron sus razones y esgrimieron lo que
consideraban su derecho, por lo cual el vicario de
Para el obispo, la región y sus gentes era bastante
conocida, pues en abril de 1790 efectuó una visita pastoral pueblo por pueblo.
El intendente de Trujillo don Vicente Gil de Taboada y Lemos,
mostró mucho interés para el aprovechamiento e las aguas de los ríos del
partido de Piura que desembocaban en el mar: el Piura y el Chira, sobre todo de
éste último que en gran volumen se desperdiciaban en el océano
En la época de la colonia la agricultura era en este
partido la principal ocupación, pero en materia de aprovechamiento de la tierra
y de irrigaciones, se estaba muy por debajo de los logros de los tallanes.
Muchos eran los canales de los antiguos peruanos que se
destruyeron por falta de cuidado o estaban ya cubiertos por arena. Excavaciones
casuales permitían a veces descubrir tramos de ellos. Así por ejemplo, el Dr. Hildebrando Castro Pozo en su obra “Del ayllu al cooperativismo
socialista”, informa que “en el departamento de Piura hay una hacienda que se
llama Huápalas, en donde existen las huellas de un
antiquísimo canal que llaman incaico, por el cual se regó toda la margen
izquierda del Piura hasta Catacaos”.
En 1797 el intendente Gil de Taboada contando con la
colaboración del sub-delegado del partido de Piura, don Ramón Urrutia, inició
el proyecto de irrigar el Estero Salado en
Durante 10 meses se trabajó arduamente y tres mil indios a
punta de lampa trataron de abrir un canal en pleno arenal, pero la naturaleza
los venció, así como la falta de recursos suficientes.
Cuando en 1851 se pretendió llevar adelante el Proyecto
Elías de irrigación, se hicieron estudios y en los que se puso en tela de
juicio la realidad de la empresa de Gil de Taboada y se llegaba a asegurar que
el mismo no se llegó a iniciar, sino que simplemente se proyectó y se alegaba
que el intendente no logró siquiera llevar a cabo un proyecto para evitar el
desperdicio de las aguas del río Piura, en su zona alta, por que no pudo pagar
siquiera los estudios del agrimensor que haría el proyecto y menos aún 780,000 pesos
en jornales.
En 1840 el gobernador de Piura, coronel Gonzáles, intentó
irrigar las pampas de Santa Lucía con un canal, pero tuvo un error técnico de
desniveles. El ingeniero Alfredo Duval, años más
tarde encontró restos de los tajamares construidos por los tallanes, con los
que represaban las aguas de aluvión de las quebradas.
En 1805 Napoleón era el amo indiscutible de
La ventaja geográfica la complementaban con una poderosa
flota al mando de uno de los almirantes más capaces que han tenido los ingleses
como lo era Nelson.
España iba al arrastre de Francia siendo ella una aliada
forzada, teniendo por lo mismo que enfrentar a los ingleses que hostilizaban
las colonias que los españoles poseían en América
Por el año mencionado de 1805, barcos de guerra ingleses
recorrían las costas peruanas, haciendo captura de barcos españoles y atacando
puertos.
En ese año era sub-delegado del partido de Piura, don Pablo
Patrón, el cual recibió el 8 de julio un mensaje urgente enviado por el cabo
veterano Martín Irribarren, el cual le informaba que
se estaba desarrollando en esos momentos un ataque inglés contra Paita y que
requería de urgentes refuerzos.
El mensaje, en su parte pertinente decía: “...dos fragatas
inglesas haciendo fuego y saqueando... los milicianos están sobre las armas
haciendo fuego a fin de que se fueran, lo que se ha verificado, y de abordo
están haciendo fuego a fin de derribar el puerto...... Cartuchos no tenemos.
Enemigos tenemos muertos cinco y las balas del enemigo están sin parar, urge
que mande auxilio porque la gente que tengo es poca”.
No se indica el nombre de los barcos enemigos, pero
indudablemente lograron hacer un desembarco en Paita y se entregaron al saqueo.
En la lucha hubo un enfrentamiento con las milicias defensoras y los atacantes dejaron cinco muertos
replegándose luego a sus barcos desde donde continuaron el bombardeo
La debilidad
marítima de las colonias españolas fue permanente durante la época del
virreinato, y después de los piratas y corsarios de Europa, fueron barcos
independientes de Buenos Aires y de Chile, los que amagaron las costas peruanas
y se adueñaron del litoral.
El dominio del mar en el Perú, era vital para decidir
cualquier conflicto
El 30 de junio, a los dos días de haber salido de Huanchaco
el mercante “Monserrate” con su capitán José Jibi-Xeil es apresado a la altura
de Paita por un bergantín inglés que merodeaba por el lugar, tomándolo al abordaje
a las dos de la tarde.
A una parte de la tripulación los abandonaron desnudos en
la costa piurana en donde fueron encontrados casi muertos de frío. A bordo
quedaron 16 hombres, el capitán y un muchacho español los que encadenados y
esposados son encerrados en una bodega, logrando escapar con cadenas y todo,
apoderándose de una lanza atraviesan al capitán inglés. Luego reducen a la
sorprendida tripulación inglesa. En venganza, los del “Monserrate”
azotan a los ingleses del bergantín y luego los abandonan en la costa norte de
Guayaquil y a este puerto llegan 5 de ellos a pie. El barco sigue hasta Mantas
donde desembarcan al resto de ingleses y continúa a su destino que era Panamá,
con 60,000 pesos de plata. El bergantín inglés quedó apresado en Mantas.
El 3 de julio de 1808 llegó a Paita desde Panamá un falucho que tras descargar y cargar, retorna.
Pero entre Tumbes y la isla Puná es sorprendido por
una fragata ballenera inglesa que tenía cuatro cañones a bordo y 20 hombres,
que tras ligero cañoneo la abordan. Otra pequeña embarcación es apresada por la
misma ballenera.
Cuando en 1802 gobernaba España el famoso rey Carlos IV y
era virrey el marqués de Avilés, se dio el 15 de julio una real cédula,
disponiendo la segregación de Maynas del virreinato de Nueva Granada y su
incorporación al Perú
Al hacer esto, se creó también el obispado de Maynas
El virrey de Nueva Granada don Pedro Mendinueta,
procedió de inmediato a dar cumplimiento a la orden real, por cuanto consideraba
muy acertada la medida.
Eran parte integrante de los nuevos territorios, las zonas
o regiones de Canelos, Quijós y Sucumbios.
El obispo de Maynas debía residir en el pueblo de Jevéros, con jurisdicción sobre las misiones de Maynas,
Pastaza, Napo, por el norte hasta el Huallaga y el Ucayali por el sur.
Como las fuerzas militares existentes en Maynas estaban
bajo las órdenes del virrey de Nueva Granada se retiraron a Quito. El marqués
de Avilés dispuso la formación de un cuerpo militar para reemplazarlas
Como era lógico suponer, la noticia de la real cédula se
conoció en el Perú con cierta tardanza. El virrey nombró como gobernador de
Quijos a don Diego Melo de Portugal.
La decisión de segregar Maynas del virreinato de Nueva
Granada resulta del informe que elevó su propio gobernador don Francisco
Requena al presidente de la audiencia de Quito don José Diguja
que a su vez dependía de Nueva Granada
Posteriormente el mismo Requena fue nombrado consejero de
Indias en España, donde insistió en que Maynas esté bajo la jurisdicción de
Lima.
Una de las principales razones que esgrimió, fue que al expulsarse a los jesuitas de los
territorios de América, las misiones de la selva quedaban abandonadas y eso
favoreció la penetración de los portugueses del Brasil.
Los territorios de Canelos, Quijós
y Maynas, gobernados por la audiencia de Quito, estaban casi abandonados. En
cambio, la proximidad a Moyobamba y a Chachapoyas,
que pertenecían al virreinato del Perú, iba a romper el aislamiento.
Como obispo de Maynas se nombró a fray
Hipólito Sánchez Rangel, por real decreto de fecha 7
de octubre de 1805.
Esta cédula real y el hecho de estar en ese año Tumbes,
integrando el partido de Piura, son los fundamentos que ha tenido el Perú, para
hacer respetar la peruanidad de esos territorios.
El puerto de Guayaquil fundado por conquistadores que
partieron de San Miguel, perteneció la mayor parte del coloniaje al virreinato
del Perú. Cuando se estableció en 1563 la audiencia de Quito, integrante del virreinato
de Lima, no hubo mayor problema, pero cuando en 1739 pasó a formar parte del
virreinato de Nueva Granada, las cosas se complicaron, por cuyo motivo
En Guayaquil siempre hubo una intensa corriente
pro-peruana, pero fue Bolívar el que se aprovechó de la situación dando un
verdadero golpe de mano, al apoderarse de ese puerto, con violación del acuerdo
tomado por todos los estados que nacían a la vida independiente, según lo cual,
las fronteras de los nuevos estados serían los que tenían en 1810.
Por lo tanto, desde 1803, Guayaquil era provincia del
virreinato del Perú, hasta el momento en que Bolívar por acto de prepotencia y
aprovechando las debilidades y contemporizaciones de San Martín, lo incorporó a
La real orden de 1803 se dio en atención a las necesidades
militares y políticas del momento
Ya España había perdido la isla Trinidad, tomada por la
poderosa escuadra inglesa, en represalia de que España se convirtió en aliada
de Francia.
Para decidir la estrategia a seguir en América, se creó en
Madrid
Guayaquil, al igual que Paita, era un puerto objetivo de
piratas y corsarios. No tenía comercio con la región norte de Colombia, en
cambio era intenso con el Perú, sobre todo con la intendencia de Trujillo y en
especial con el partido de Piura
De hecho, Guayaquil en muchos aspectos dependía del Perú y
fue entonces, que considerando las realidades, se decidió su incorporación al
virreinato del Perú.
“Excelentísimo Señor don Miguel Cayetano Soler. Ministro de
Ultramar
Excelentísimo Señor.
Entre otras cosas que he consultado a su majestad;
Al dorso de esta
real orden, el ministro de Ultramar, puso el siguiente proveído:
“Madrid 8 de julio de
Los dos virreyes de inmediato procedieron a cumplir la real
orden y de hecho y de derecho, pasó Guayaquil a formar parte del virreinato de
Lima.
Es el propio virrey de Santa Fe el cursa comunicación a la
corte española, haciendo saber que se ha cumplido con la real orden. Por lo
tanto, no tiene ninguna consistencia el alegato que alguna vez se hizo de que
esa real orden jamás se cumplió.
La prueba la da el siguiente documento:
“Número 55
Excelentísimo Señor.
Por la real orden, expedida por el ministerio de Guerra, en
7 de julio de este año, que V. E. me transcribe con fecha del siguiente día 8,
quedo enterado de haber resuelto su majestad separar de la dependencia de este
virreinato y agregar al de Lima el gobierno de Guayaquil en conformidad con la
propuesta que al efecto hizo
Por su parte el virrey del Perú, también informó que había
asumido el control del gobierno de Guayaquil, en los siguientes términos:
“Número 232
Excelentísimo Señor Ministro de Hacienda
Para que el gobierno de la ciudad de Guayaquil y su
distrito corra unido a este virreinato, como S. M. lo ha determinado y V. E. me
comunica en Real Orden de 8 de julio del año próximo pasado, acabo de librar
las providencias correspondientes al cumplimiento de esta soberana resolución,
cuyo recibo contesto. Dios guarde a V. E. muchos años.- Lima Enero 23 de 1804.-
El marqués de Avilés.- Virrey del Perú”.
El virrey del Perú, comunicaba que no sólo el puerto de
Guayaquil, si no su distrito había sido anexado al Perú. Según el historiador
don Germán Leguía y Martínez, el área comprendía:
1.- Guayaquil......................... Con Ciudad Vieja,
Centro y Astillero
2.-
3.- Machala............................ Machala y Pasaje
4.- Punta Santa Elena............. Santa Elena, Colonche, Chanduy, Chongón y Morón
5.- Naranjal............................. Naranjal
6.- Yaguachi........................... San Jacinto de
Yaguachi, Taura, Milagro, Nausa,
Alonche y
Guafá
7.- Samborondón....................
Samborondón
8.- Babahoyo.......................... Babahoyo (o
Bodegas), Caracol, Chillintemo, Mangaches,
Quillcaos, Sabaneta, Santa Rita, Ojivar y Pipuello
9.- Pueblo Viejo...................... Pueblo Viejo,
Ventanas, Ventanillas
10.- Palenque.......................... Palenque, Estero o
Nueva San Lorenzo.
11.- Baba................................ Baba, Juana de
Oro, San Lorenzo el Viejo, Pimocha
12.- Balzar..............................
Balzar
13.- Daule............................... Daule, Santa
Lucía.
14.- Portoviejo........................ Portoviejo, Montecriti, Picoasá, Pichotá (Roca Fuerte),
Charapotó, Paján, Puerto Calle, Manta y Jipijapa.
15.- Canoa...............................
Este resumen lo tomó el historiador peruano de un documento
del 8 de febrero de 1814 del que fuera gobernador de Guayaquil Bartolomé
Cucalón.
El Perú debió insistir constantemente en su derecho sobre
Guayaquil y sus distritos, aún después de la anexión hecha por Bolívar y
durante la existencia de
Corresponden a los juristas y expertos en derecho
internacional, determinar si es que nuestros derechos sobre Guayaquil aún
subsisten.
La anexión de Guayaquil fue total y comprendió no sólo lo
referente al aspecto militar, sino también político, económico y judicial.
Por esa época, era norma general de España, nombrar a los
gobernadores para desempeñar el mando político y militar.
Lo uno era desligable de lo otro.
Fue así como se nombró a fines del siglo XVIII al coronel
Juan de
Lo mismo se hizo con su sucesor el coronel Cucalón en 1801
y fue precisamente cuando la gobernación la tenía este coronel, en que se
produjo la anexión, pasando por lo tanto a depender del virrey del Perú.
Para cumplir con todos los asuntos hacendarios
y comerciales, el Tribunal del Consulado del Perú, designó un representante
ante el partido y gobernación de Guayaquil recayendo el cargo en el comerciante
del mismo puerto don Manuel Llona.
Parece que a Cucalón no le gusto el hecho de quedar bajo el
control del virrey de Lima por que iba a estar mejor vigilado y también por que
las nuevas autoridades nombradas por Avilés, no serían de su completo gusto.
Fue por eso, que trató de resistir al nombramiento de Llona
y se negó a darle posesión del cargo, bajo el pretexto que lo ejercía don José
de
Cucalón acató pero apeló ante la corte de Madrid.
Esto ha servido a la postre para determinar que la anexión
no sólo fue militar, sino total y absoluta y que por lo tanto existió siempre
el derecho del Perú de acuerdo a las normas de Uti Possidetis, sobre Guayaquil y la región circundante
El documento rotundo y terminante emitido por la corte
española fue el siguiente:
“Aranjuez, 10 de febrero de 1806.-
Señores Prior y Cónsules del Tribunal de Consulado de
Cartagena Indias.
En vista de lo que consultan Uds. en carta de 25 de marzo
del año próximo anterior, sobre la provincia de Guayaquil, a consecuencia de la
agregación al virreinato de Lima, debe depender de la parte mercantil de ese
consulado o del de dicho Lima; se ha servido Su Majestad, declarar que la
agregación es absoluta; y por consiguiente, que la parte mercantil debe
depender del mencionado consulado de Lima y no de ése.- Prevéngolo
a USS de Real Orden, para su inteligencia y gobierno.- Dios guarde a USS.
Miguel Cayetano Soler.- Secretario de Estado y del Despacho Universal de
El Tribunal del Consulado de Cartagena ya nada pudo alegar
y el 10 de febrero de 1806 hacía saber que había acatado y cumplido.
Como se puede apreciar por esta última nueva real orden,
quedaba también aclarado que no sólo se trataba del puerto de Guayaquil, sino
de toda la provincia.
El empecinado Cucalón no se dio por vencido y decidió
tantear por otra parte y fue así como el 18 de febrero de 1808, encabezando al
cabildo y justicia se dirigió nuevamente a la corte de Madrid, solicitando por
razones de distancia y de economía que en lo judicial Guayaquil dependiese de
la real audiencia de Quito y no de Lima.
Eso no mereció siquiera la respuesta, posiblemente porque
en julio de 1810 Quito estaba insurreccionado. El 28 de octubre de 1815 reitera
Cucalón el pedido.
Esto demuestra que en 1810 Guayaquil dependía en todo de
Lima.
Hay otro asunto. Entre 1809 y 1811 Cucalón apresó y
confiscó los bienes de un enemigo personal, el comerciante Carlos Logomarsino bajo la falsa acusación de cartearse con los
insurgentes. Puesto el caso de conocimiento de Lima, dispuso ésta la libertad
de Logomarsino y aclaró su inocencia. La orden fue cumplida en momentos en que
Cucalón estaba en Quito. Al regresar a Guayaquil volvió a poner preso a Logomarsino en franco desacato, por cuyo motivo, el propio
virrey bajo responsabilidad, lo obligó a acatar lo dispuesto por la real
audiencia de Lima.
(agregar mapa de Guayaquil)
La peste de la viruela se convirtió en un mal endémico en
el Perú. En la costa, una epidemia sucedía a la otra, con elevados índices de
mortalidad.
Desde Tumbes hasta Huaura el flagelo atacó con mayor
intensidad a los negros y a los indios. Al mal se le llamaba “grano de la
peste”.
Al Perú, la enfermedad entró desde la audiencia de Quito,
pues los primeros atacados se detectaron en el virreinato de Santa Fe o Nueva
Granada
Ante los requerimientos del virrey de Bogotá, el rey Carlos
IV, dispuso en junio de 1803, el envío de una expedición científica al Perú
bajo la dirección del médico José Salvany. La misión
se embarcó en el puerto de
La misión médica actuó en Venezuela, Colombia y Ecuador. En
éste último sitio desplegó intensa actividad en Cuenca y Loja y sólo recién el
23 de diciembre de 1805 llegaban a Piura.
Pero ya la vacuna había llegado al Perú, desde meses antes
internada desde Buenos Aires.
En Piura estuvo el padre betlehemita Lorenzo Justiniano de
los Desamparados, aplicando por primera vez la vacuna
No obstante la gran desconfianza que se tenía en el sistema,
fueron miles las personas las que se
vacunaron. Luego pasaron al Alto Piura y de allí a las poblaciones que estaban
en la ruta a Lambayeque. También estuvieron en Trujillo y Cajamarca.
Hasta 1809, fecha de su muerte en
Si bien es cierto que
Fue motivo para intervenir, el leer y propagar las nuevas
ideas de los enciclopedistas franceses y de la libertad.
Don Ricardo Palma, cuenta que después de la ocupación de
Lima por los chilenos, en la tarea de reconstrucción de
Aún cuando no se lograron en la mayoría de los casos, los
detalles de los juicios, cuando menos se conoció el nombre de los encausados.
Así por ejemplo, el mercedario fray
José Carvajal, del convento de
En 1819, el coronel del famoso regimiento de Los Talaveras, don José María Casariego, que trató de resistir
en 1821 la proclamación de la independencia de Piura, fue acusado de haber
contraído matrimonio dos veces. No se sabe como se libró el iracundo coronel de
este problema, pues lo concreto fue que siguió al mando de las fuerzas de Paita
y Piura.
Ni el fanático obispo realista José Carrión y Marfil se
libró de una acusación, pues en 1805 hubo denuncia por proposición herética.
Al iniciarse el siglo XIX, en el virreinato hubo una modificación
en cuanto a la distribución de los efectivos militares
Se actuaba de acuerdo a las necesidades del momento y a lo
que imponían las circunstancias, por cuanto la agitación interna y externa se
incrementaba y las ideas libertarias cundían.
Las fuerzas de milicias, en 1805 eran las siguientes en el
partido de Piura:
En esta ciudad, el batallón Piura, fundado en 1762 estaba
conformado por 8 compañías de infantería con un total de 527 hombres al mando
del comandante don Manuel Carrasco.
Como fuerzas de caballería se tenían, en primer término las
llamadas milicias disciplinadas urbanas de caballería con acantonamiento
desde 1781 en Querecotillo, escuadrón
con tres compañías, integradas por 180 soldados.
En Tambogrande, existía desde
1794, una compañía que en 1805 contaba con 60 soldados.
Las milicias provinciales urbanas de caballería, tenían en
Huancabamba un escuadrón con tres compañías y 250 soldados, siempre bajo el
comando de don Manuel Váscones (en el parte aparece como Báscones)
En Chalaco, bajo el comando de Carlos Berrú,
estaba acantonado un escuadrón, con tres compañías y 350 soldados.
Había escuadrones de dragones en Tumbes y Amotape.
En la primera localidad ¿? estaban acantonadas dos
compañías con 120 hombres y en la otra localidad: del Chira se alojaba un
escuadrón con tres compañías y 240 hombres al mando de don Juan Cristóbal de
En el año 1806 el batallón Piura mantenía los mismos
efectivos e igual comandante. Lo mismo sucedía con las fuerzas de Querecotillo,
Chalaco y Huancabamba.
Los dragones habían aumentado, pues en Tumbes ya eran 180
soldaos y en Amotape 402.
En capítulos anteriores a esta historia, hemos relatado
como los alcaldes de los pueblos indios, trataban de cumplir a cabalidad su
papel y hacían respetar su autoridad.
Un hecho de esta naturaleza ocurrió en 1807. Don Diego de
Avendaño fue nombrado oidor de la real audiencia de Lima y su ingreso al Perú
lo hizo por el puerto de Paita. Como es
lógico suponer allí recibió las atenciones de las autoridades piuranas, tras de
lo cual decidió continuar su viaje por la ruta Sechura – Mórrope.
Allí fue recibido por el alcalde y juez de Sechura, un
auténtico indio tallán, el cual para autorizarle a seguir su viaje le solicitó
sus papeles.
El oidor Avendaño dijo que no creía necesario disponer de
un pasaporte ya que después de todo era uno de los ministros de la real
audiencia de Lima.
El indio, sin inmutarse, le replicó en tono respetuoso pero
muy enérgico, que “su señoría puede ser ministro en Lima, pero acá yo soy el
ministro de justicia y mi vara vale más que la de su señoría”.
Luego manifestó que no veía otra salida, sino que el oidor
Avendaño retornase a Paita, para arreglar sus documentos y que mientras tanto,
ponía a su disposición dos alguaciles para que lo ayudasen en los trámites,
pero también para impedir que intentase proseguir el viaje.
Avendaño, admirado por la integridad de la autoridad india,
acató lo dispuesto y regresó a Paita.
Al iniciarse la conquista, fueron tres las razas que
existieron en el Perú: la blanca, la india y la negra
En la región
Piura-Tumbes, la raza blanca estuvo representada por los españoles
conquistadores, la india por los tallanes de la costa, y los guayacundos y huancapampas de la
sierra y la negra por los esclavos.
Hubo entonces en
el Perú la necesidad de establecer, dos sistemas de organización administrativa
y de legislación, una para españoles y otra para los indios. Esto es la que se
llama República de Españoles y República de Indios.
Waldemar Espinoza, en
"Sociedad Andina Colonial" dice que las dos repúblicas estuvieron adosadas,
pero no integradas y una se superponía y dominaba a la otra.
En este caso, la voz república se usa en un sentido
general, como cuerpo político o un conjunto de personas que están gobernadas
por determinado sistema legal. Estas tres razas al irse fundiendo y
refundiéndose a lo largo de los siglos, dieron origen al mestizaje.
La mezcla fue de tal naturaleza, que don Ricardo Palma
decía, que en el Perú el que no tenía de inga, tenía de mandinga. El mestizaje
originó en la colonia un sistema de castas y creó una sociedad muy
estratificada por razones de origen y de sangre.
Las castas que existieron durante la colonia fueron, según don Hipólito Unánue, las siguientes
Blanco con indio,
daba mestizo
Blanco y mestizo daba
criollo
Mestizo con indio,
daba cholo
Blanco y negro, daba
mulato
Negro e Indio, daba
mulato
Negro y mulato daba
zambo
Otras combinaciones daban tercerones y cuarterones. El
criterio generalizado entre los historiadores, es que el criollo no era una
casta sino una clase social, constituida por blancos españoles nacidos en el
Perú.
Entre los mismos blancos, existieron niveles. En la región
Piura Tumbes cuando Pizarro dejó la recién fundada ciudad de San Miguel para
dirigirse a Cajamarca, dejó entre 30 y 40 españoles, a la mayoría de 1os cuales
se les entregaron encomiendas lo que les dio poder político y económico. Ellos
constituyeron la base de la nobleza española en lo que sería el Corregimiento
de Piura. En España la condición de vecinos se otorgaba solo a los hijosdalgo y en San Miguel, Pizarra premió y encumbró a los
que lo habían acompañado. A ellos se agregarían después otros conquistadores españoles
y españoles nobles venidos de España, a los que llamaron chapetones. Esos
fueron los nobles piuranos de la colonia, gente muy orgullosa de lo que
llamaban sus blasones, abolengo y linaje que constituyeron un círculo social
muy cerrado y entre ellos se casaban, por lo cual todas las familias de lustre
de Piura estaban emparentadas. En el cabildo de Piura en 1739, no se admitió al
vecino don Miguel del Castillo, según dijeron por falta de nobleza. En Piura,
no se hizo distinción entre los españoles chapetones nacidos en
También entre
los indios había niveles. Los curacas y su familia ocupaban los más altos
sitios de su casta y algunos como en Catacaos y Sechura donde existieron
también Capullanas en la colonia, así como en Colán, los curacas lograron tener
poder y riqueza y fueron socios de los españoles en diversas empresas. Los
indios de las reducciones, estaban mejor considerados socialmente que los
indios del campo.
Son notables la prosperidad y poder que lograron los caciques
de Colán, así como Isabel Temoche que se hacía llamar
Isabel Capullana, cacica de Sechura y de
Don Oswaldo
Fernández Villegas, se ha ocupado de María Yllactanta
cacica ayabaquina de Collana,
que estaba cerca de las ruinas de Aypate.a quien se supone nacida entre 1570 y 1580, Heredó el
cacicazgo de su primer marido Melchor Tomapasca, del
que tuvo a sus hijos Juan y Miguel. Al enviudar se casó con Álvaro Caguarchinchay del que tuvo un hijo que llevó el mismo nombre,
es decir Álvaro y en un concubinato con un español de apellido Ríos tuvo a su
hija Catalina de los Ríos. La cacica vestía muy cuidadosamente a la usanza
española y fue devota de la virgen del Rosario y de la virgen de Zaragoza. Era
propietaria de gran cantidad de cabezas de ganado vacuno, ovino y cabrío, de
áreas extensas de tierras de cultivo, en Ayabaca
Pero en forma
general, los españoles trataban mal a los indios Estos tuvieron que vivir
dentro de una nueva sociedad, muy injusta, de gran agresividad que los despojó
de sus tierras, ganados y pertenencias, de su fuerza de trabajo, que les obligó
a practicar una nueva religión y aprender un nuevo idioma, así como aceptar
otras costumbres y formas de vida. El impacto que causó en la masa tallán e
indígena en general fue muy fuerte y sumió al indio en un estado de depresión
masiva, que modificó su carácter, porque la nueva vida no les ofrecía ningún
aliciente. Los españoles miraban mal a los mestizos y a los indios y los
mestizos miraban mal a los indios, de los que trataban de diferenciarse porque
aspiraban a españolizarse y hasta los curas indios de la colonia trataron de aprovecharse de las
gentes de su raza. En la colonia, existió entre los mestizos una gran cantidad
de apellidos tallanes que aun subsisten.
El maltrato que sufrieron los indios causó el
despoblamiento de Piura y del resto del Perú.
Los negros esclavos
eran llana y simplemente tratados como cosa o como ganado, pues hasta los
marcaban al fuego como se hacía también con una vaca.
En 1586 o sea a
34 años de la fundación de San Miguel, había 4.000 esclavos en Lima, en Piura
sólo habían un poco más de un centenar. En 1613, 10.000 esclavos en todo el
Perú y entre 1615 y 1619, entraban por Paita un promedio anual de 1,200
esclavos La mayor parte de los esclavos que vivían en Piura procedían de la
isla francesa de Madagascar en el océano Indico, es decir que eran Malgaches o Mangaches como acá se
les llamó. Pero también habían de raza caravelí,
mandingas, del Congo y de la colonia portuguesa de Angola.
Al igual que una
vaca o un caballo, se buscaba aumentar la población negra haciendo crías de
negros, haciéndose los desentendidos y tolerando en forma infame los casos de
adulterio y hasta de incesto, porque al final de cuentas, se aumentaba la
población negro.
En las
investigaciones genealógicas hechas por Isabel Ramos, logró encontrar en el
Libro 1 de Matrimonios de
Los negros
generalmente adoptaban el apellido de sus patrones o protectores, pero los
mulatos que eran hijos naturales podían tener el apellido de su padre español.
España durante
la época de
En el puñado de
españoles que iniciaron la conquista del Perú, sus dos jefes principales,
Pizarro y Almagro fueron analfabetos y también una gran cantidad de los
soldados y capitanes.
El sistema
educativo colonial se daba en tres etapas: a) Las primeras letras, b) Estudios
menores y c) Estudios mayores.
Las primeras letras generalmente se daba
en el hogar de las familias piuranas pudientes, y se ofrecía más a los niños
que a las niñas. Estos estudios consistían en aprender a leer, a escribir, un
poco de cuentas y el catecismo. Los indios recibían adoctrinamiento en
Los estudios
menores, se daban a partir de los 8 ó 10 años. Eran escolarizados, pero en
Piura se dieron por breve tiempo y en forma muy tardía en el colegio del
Carmen.
En el convento de Belén, las monjitas daban instrucción a
las hijas da las principales familias
piuranas. Tal educación consistía en la enseñanza de bordados, costura, tejido,
música y el conocimiento de las principales oraciones. No se ocupaban
mayormente en enseñarles a leer y escribir.
Ya hemos
relatado, como en la colonia hubo dos casos de poetas y literatos de bastante
calidad, pero esas eran situaciones aisladas. La falta de escuelas para brindar
estudios menores en Piura, posiblemente se debió a que los jesuitas, que eran
los que más se ocupaban de estos menesteres, no tuvieron convento ni templo en
Piura
Los estudios
mayores, que comprendían
El primer
colegio que funcionó en Piura fue el del Carmen. El historiador y sacerdote
jesuita padre Rubén Vargas Ugarte, manifestaba que una rica familia
terrateniente de Piura, tenía una familiar que regentaba el convento de las
Carmelitas de Quito. Se establecieron coordinaciones y se logró autorización
para construir en Piura un templo y un convento dedicado a la virgen del
Carmen. Con toda diligencia se construyó el convento y el templo al norte de la
ciudad, pero cuando se trató de obtener la autorización,
La defraudada
familia piurana, logró sin embargo que un sacerdote jesuita, hermano de la
señora gestora, viniera de Loja para regentar el colegio situado en el
convento, empezando a funcionar con tres sacerdotes jesuitas, los mismos que se
ocuparon de oficiar misas en el templo y se dio el caso de que estos sacerdotes,
oficiaban en un convento y en un templo destinado a la orden Carmelita. Pero Piura
no estaba madura para tener un colegio y fueron pocos los alumnos que se
matricularon y concurrieron. Aparte de eso había dificultad para conseguir
profesores. La situación económica del plantel se resintió mucho y al poco
tiempo cerró. Se dio el caso de alumnos de familias principales que concurrían con un niño negro esclavo y cuando
cometían una infracción, los palmetazos los recibía el negrito.
Hay otra versión
que fue dada por don Enrique del Carmen Ramos, el que aseguro que fue el obispo
de Trujillo Jaime Baltasar Martínez Compañón y Bujanda,
el que dispuso el funcionamiento del convento del Carmen y que el colegio fue
regentado inicialmente por frailes franciscanos y después por mercedarios y betlehemitas
En las dos
versiones, el colegio cerró y luego se fundó el colegio de Latinidad, que fue
regentado por frailes de la orden de
En materia de
arte, nada de importancia se puede mencionar en pintura, escultura o
arquitectura y la influencia de
Cuando Pizarro,
marchó en septiembre de
Después del
reparto del oro del rescate en Cajamarca , una avalancha de aventureros de
comerciantes y aventureros españoles salieron de Panamá y congestionaron a la
pequeña aldea de Tangarará, que de la noche a la mañana se convirtió en un
bullente mercado y como los conquistadores carecían de todo, se ofrecían ropa,
calzado, armas y animales domésticos. Es decir que Paita y San Miguel, fueron
la puerta de entrada para la llegada al Perú de vacas, cerdos, carneros, asnos,
mulas, caballos y aves. De igual manera trajeron semillas para árboles frutales
y otros. El trigo se empezó a cultivar en la sierra piurana a partir de
1550, cuando doña María Escobar, esposa del conquistador Diego Chávez lo trajo al
Perú. La caña de azúcar fue introducida por el capitán Juan Salinas de Loyola
que la trajo a Piura y se cultivó en el Alto Piura y en Ayabaca, En los trapiches
no sólo se sacaba azúcar, sino que de la caña elaboraban el licor cañazo y el
dulce llamado chancaca.
Los caballos tenían
en tiempos de la conquista un alto precio. Las cabras se aclimataron en forma
magnífica en Piura y en sus arenales, teniendo en la vaina de la algarroba, un
magnifico alimento. Fue base de la ganadería piurana.
La agricultura y
la ganadería piurana se inician en el siglo XVI, a partir de la conquista. Los primeros
encomenderos fueron la base, de la que con el tiempo fue la clase terrateniente
que con e! transcurso de los años se convirtió en un
grupo de poder.
Los primeros
encomenderos fueron:
1.- Gonzalo Farfán de
los Godos, a quien le tocó inicialmente Catacaos y luego cambió por
2.- Andrés Durán,
Alcalde del segundo voto de San Miguel al que tocó Poechos
3.- Francisco Lobo,
que se convirtió en encomendero de Jayanca.- Se radicó en Trujillo
4.- Francisco Lucena,
al que tocó Tangarará que después vendió al Capitán Gaspar Trocha Buitrago
5.- Francisco Quiroz,
al que dieron Copiz.- Fue luego vecino de Pirhúa y después radicó en Lima
6.- Diego Palomino al
que tocó Motupe y luego Huancabamba
7.- Juan de Escobedo,
al que tocó Moscalá que luego vendió a Diego Fonseca
8.- Juan Trujillo, al
que correspondió Pabur, Murió en 1548 en las Guerras
Civiles
9.- Bartolomé Aguilar
que se convirtió en encomendero de Ayabaca, que murió en las Guerras Civiles.
10- Miguel Ruiz, al
que tocó Punta Aguja (Sechura), Colán, Manón y Narihualá. Falleció en Payta en 1587
11- Juan Coto, al que
dieron Catín o Gaxas. Murió en
12- Juan Barrientos al que tocó parte de Amotape. Se avecindó en el
Cuzco
13- Francisco Martín Albarrán al que dieron el resto de Amotape. Fue después vecino
de Pirhúa,
14- Pedro Gutiérrez
de los Ríos, al que correspondió Cocola. Se radicó en
Lima
15- Baltasar Carvajal
al que dieron Colinique.
16- Gonzalo Grijera al que tocó Serrán, luego
Caxas que estaba vacante.-Vecino de Pirhúa
17.- Guerra Alonso, Obtuvo
Penachí y Olmos. Fue vecino de Pirhúa
18- Gutiérrez Diego,
dieron Pacora. Murió en las Guerras Civiles,
19- Juan Rubio, le correspondió
Yapatera.- En 1554 vivía en Lima
20- Diego de Santiago,
recibió parte de Poechos y murió en Pirhúa en 1549
21- Diego Saucedo, fue encomendero de Malingas
En el ámbito
nacional, se consideraban malas, las encomiendas que rendían menos de 3.000
pesos anuales. De
Asombra el
conocimiento pronto que tuviera Pizarro de las diversas localidades de Piura, como
para organizar las encomiendas y repartimientos.
Como se ha
podido apreciar, con las guerras civiles, las encomiendas pasaban de una mano a
otra. Apenas fundada San Miguel y cuando varios españoles se decidieron a retornar
a España, tras del rescate, cargados de oro, pasaron por San Miguel y Panamá.
Desde este último lugar, centenares de españoles, se embarcaron rumbo a Perú en
busca de riquezas y llegaron a San. Miguel, de donde partieron a la conquista
del reino de Quito. Los españoles radicados en San Miguel y tenían familia en
Panamá, la trajeron al Perú. Vaca de Castro primero y luego
Se produjo
entonces, una incontenible apropiación de tierras indígenas, logrando legalizar
sus despojos, cuando en años sucesivos vinieron a San Miguel y a Pirhúa, jueces
de tierra que entregaban a los usurpadores, la propiedad de extensas áreas,
bajo el sistema de composición de tierras.
En el siglo XVII
o sea el 1600, la propiedad de la tierra se presentaba de la siguiente forma:
En 1614 llegó a
Piura el corregidor don Juan Andrade y Colmenero y su esposa Paula Piraldo. La que en muy breve tiempo logró las encomiendas
de Paita, Colán, y Catacaos que habían permanecido realengas, mientras que su
esposo obtuvo después de 1616 Huancabamba, Sondor y Huarmaca
por muerte del encomendero Gaspar Vallado!id
y Angulo. También obtuvo Andrade Colmenero, las encomiendas de Cucio, Mecomo y Mechato en el valle de
Catacaos y así como, Pariñas, Malacas y Guaura al
norte de Paita. En 1619 estaban nuevamente viviendo en Lina y en 1629 al morir
Andrade Colmenero todas sus pertenencias pasan a ser propiedades únicas de doña
Paula y cuando ésta murió volvieron en su mayor parte al poder de
Entre 1590 Y
1595, las tierras de
Pizarro había
dado al capitán Francisco Lucena la encomienda y repartimiento de Tangarará, el
que lo transfirió al capitán Gaspar Troche Buitrago, que se casó con María de
Aguilar, hijo de ambos fue Hernando que también llegó a ser encomendero de
Sechura en 1603. Se casó con Juana Castro Manrique de Lara. Este matrimonio
tuvo a Fernando Troche Buitrago, a Juan, Maria, Benito, Jacinto y doña Agueda que se casó con el capitán Juan de
En 1603 Gaspar
Valladolid y Angulo, tenía las encomiendas de Huancabamba y Huarmaca, las
mismas que abarcaban desde, Frías, Chalaco y Caxas
hasta Sóndor. Al morir Valladolid en 1616 fueron
adquiridas por el corregidor Andrade Colmenero
A fines del
Siglo XVI, Ruy López Calderón era curador y tutor de Gonzalo Farfán de los
Godos, El Mozo, con relación a las encomiendas de Paita,
En 1645, el juez
de tierras Juan Dávalos Cuba Maldonado, adjudicó al capitán Martín Alonso de
Granadino, las tierras realengas de Máncora, que abarcaban desde Amotape hasta
el río Tumbes. Al morir éste, su viuda doña María Ramírez de Arellano, se casó
con el capitán Juan Benito de las Heras, que convirtieron las estancias de
Pariñas y. Máncora en prósperas y ricas haciendas ganaderas.
En la sierra, el
conquistador Francisco Manrique de Lara, que fuera oficial real cuando el corregimiento
tenía como capital San Francisco de
La propiedad de
las tierras agrícolas ganaderas de Piura en el siglo XVIII desde el 1700 era la
siguiente:
El 2 de marzo de
1702 don Baltasar Quevedo, logró la propiedad de las cinco haciendas, cuando
era virrey del Perú el conde de Moncloa y al morir,
todas las haciendas pasaron a poder de sus hijos, Gregorio, María, Incolaza, Agustín
y José el primogénito al que correspondió la mayor parte.
El 3 de Febrero
de 1705, los esposos De las Heras-Arellano, donaron sus ricas tierras al
convento-hospital de Santa Ana de Piura que estaba a cargo de las hermanitas de
Belén. Las monjitas arrendaban las ricas haciendas sacando una buena renta
hasta el año 1815 en que José Lama Sedamanos las convenció para celebrar un contrato enfitéutico
por 150 años, pero se volvió moroso en el pago de anualidades. Lama se había
casado en 1810, con la acaudalada Luisa Farfán de los Godos y Ramos,
propietaria de la hacienda
En 1700 aun vivía
el capitán Francisco Sojo y Avilés. Sus hijos, los Sojo y Cantoral, eran el
general Juan al que correspondía el Mayorazgo, María Leonarda,
Agueda y el R.P. Francisco.
Doña Leonarda
casada primero con Eduardo Otaisa y luego con Mateo
Gonzáles Sanjinés era propietaria en 1714 de
Malingas, Pelingará y
Locuto en 1595 eran propiedad del mestizo Miguel
Salcedo Uribe, hijo del conquistador Miguel Salcedo Más tarde, Juan Valladolid,
hijo de Gaspar Valladolid y Aranda, compuso las tierras de Malingas.
En 1645 esta hacienda, así como Parales, Terela y Pabur, por composición,
pasaron a poder del capitán Juan de Herrera y Gamucio,
sobrino político de Juan Valladolid y Angulo. Como Herrera y Gamucio no tuvo descendencia, dejó sus extensas haciendas
del Piura y del Chira a su sobrina Catalina Cornejo Cantoral, casada con el
capitán Francisco de Sojo.
En 1773 Otaisa Sojo, vende Tangarará a su pariente don Tomás
Fernández de Paredes, llegado de Lima, que a su vez deja en 1803 sus tierras a
su sobrino Francisco Javier Fernández de Paredes y Noriega de Domínguez, marqués
de Salinas, el que tuvo a dos hijos; Teodoro que murió siendo muy joven y doña Jacinta
que heredó las extensas haciendas de Tangarará y Mallares, la que a su vez se
casó con don Pedro Arrese Sañudo, administrador
general de las haciendas y de esa forma los Arrese
Fernández de Paredes se vuelven propietarios de la enorme hacienda Mallares que
luego pasa a la familia Romero. Doña Jacinta no heredó el título nobiliario.
En 1717 don
Antonio Rodríguez de Taboada, era propietario de las haciendas Locuto, Curbán, Sol Sol y Sáncor en el valle de
Piura. En el Chira la hacienda Chipillico era propiedad
del alférez Nicolás Antonio Rivera, el que en 1731 siendo general, adquirió Suipirá, Pelingará y Curbán. En 1778,
por remate pasaron a su poder y al año
siguiente vendió a Vicente Fernández Otero
En Piura, como
los hemos dicho, los encomenderos se dedicaron a la ganadería, sobre todo de
ganado cabrio, como muestras mencionaremos, entre otros, en 1590 al
encomendero, Gonzalo Prieto Dávila, vecino de San Miguel del Villar de Piura,
que fue alcalde de San Francisco de
Lucas Ramírez de Arellano, tenía en 1603, en Malingas 624 ovejas.
Ruy López tenía en 1607 un molino en Piura
Gonzalo Farfán de
los Godos, hijo, tenía en 1620, 3.000 animales entre vacas y cabras en el sitio
llamado Lengas.
Catalina Farfán
de los Godos, viuda de Gaspar de Valladolid en 1631 tenia 1.300 cabras en Ocoto, Hernando Trocha Buitrago en 1640 poseía 5.000 animales
entre vacas y cabras en los fundos Terela y Parales. El mismo tenía
en 1650 en Frías una estancia de caballos.
Sebastián Fernández Morante, tenia en 1672 en Yapatera un trapiche, un molino de trigo y
una casa tina, así como gran cantidad de ganado menor. Alfonso Forero tuvo en
el valle de Catacaos 4.000 cabras
Durante la
colonia, Piura y también Tumbes utilizaron vías de comunicación marítimas y terrestres.
Como es sabido, los tallanes fueron los mejores navegantes de esta parte del
Pacífico de América del sur y durante la colonia, continuó el uso de grandes
balsas para el transporte de mercadería y también para la pesca. Luego en la
colonia, el comercio marítimo se intensificó con el arribo obligatorio al
puerto de Payta que hacían los barcos que navegaba entre Panamá y el Callao. El
principal producto hidrobiológico que se llevaba a
Lima era el tollo salado, cuyo consumo aumentaba en época de Semana Santa
A Paita llegaban
de tránsito al Callao, todos los barcos, que venían de España vía Portobelo y Panamá, con mercadería de la península a la que
llamaban "efectos de castilla". En Payta se llegó a construir un gran
almacén para comerciantes piuranos, en que se desembarcaba gran cantidad de
mercadería que luego se vendía no solo en el corregimiento de Piura, sino
también en el Saña y Trujillo. Los precios de la mercadería llegada de España,
era menores en Payta que en Lima. Los viajes de Payta al Callao demoraban más
que los del Callao a Payta, porque iban contra la corriente marina. Punta Aguja
en Sechura era un lugar muy peligroso y allí habían zozobrado muchos barcos.
La cascarilla
procedente de Cuenca y de Loja llegaba a Payta desde donde se embarcaba en los
navíos que iban a Panamá rumbo a España, y otra menor cantidad iba al Callao
El algodón en
parte se utilizaba en los obrajes de Piura, donde se hilaba, y luego tejía,
pero en su mayor cantidad pasaba a Cuenca donde había varias y renombrados
operarios textiles que fabricaba paños, bayetas y tocuyos.
El tabaco se
cultivaba en Tumbes, Jaén y Huancabamba y las hojas se enviaban a Lima en zurrones.
La brea se enviaba a Guayaquil y al Callao y se usaba para calafatear barcos.
La sal procedente de las salineras del tablazo de Payta que se extinguieron y
las de Sechura, se enviaba a Loja y a Cuenca y por vía marítima al Callao.
En cuanto a las
vías terrestres de comunicación, en los primeros años de la colonia solo se
utilizaron los excelentes caminos que construyeron los incas y sus ramales
secundarios. Como Poechos había sido centro de una gobernación incaica, esa
localidad estaba comunicada con Tumibamba, Tumbes,
Ayabaca, Pavor (Pabur), Catacaos, Marcavelica,
Tangarará, Amotape y Paita. Fueron Pizarro y Hernando de Soto los que
utilizaron esas vías. También había vías de Pabur a
Pirhúa, de
Cuando fue
corregidor en Payta don Alfonso Forero de Ureña, hizo construir vías del puerto
a los sitios de su entorno, pero cuando se fundó San Miguel Villar de Piura en
1589, siendo siempre corregidor Forero de Ureña, hizo "enderezar" los
caminos que antes convergían a Payta, para que en adelante lo llevasen a Piura.
Además de eso se abrieron nuevos caminos y se construyó una vía de Piura a
Ayabaca, la que se entroncó con el antiguo camino de los Incas, para conectarse
con Loja. A partir de esa fecha, se produjo un intenso intercambio comercial y
de personas entre Piura y esa localidad, en forma tal que en lo económico,
dependía Loja más de Piura que de Quito.
El comercio no
solo fue intenso entre Piura y Loja y también con Cuenca, sino que además Piura
fue estación intermedia entre las dos ciudades ecuatorianas con Lima, a la cual
abastecían con varios productos.
Como medio de
transporte terrestre de personas, se usaba entre los españoles el caballo y los
indios utilizaban asnos.. Los asnos a los que los
indios llamaban los piajenos, fueron para ellos
valiosos e insustituibles elementos, para el transporte de carga y de
personas, siendo un animal que casi se identificaba con el indio, por su paciencia
y frugalidad. De hecho, las llamas desaparecieron del panorama piurano. Para el
transporte de mujeres, niños o enfermos españoles o criollos, se usaban literas
o parihuelas que cargaban dos o cuatro sirvientes, generalmente esclavos
negros. En la ciudad, las familias acaudaladas tenían calesas que rodaban por
las pocas y polvorientas calles
Las mulas y
mulos se utilizaban para el transporte de mercaderías, pues se trataba de
animales muy resistentes que toleraban mayor carga que otros animales y podían
hacer largas jornadas
Había
empresarios españoles y a veces indios que constituyeron verdaderas empresa de transporte terrestre,
que lo organizaron en debida forma con gran conocimiento de las rutas. En los
doscientos primeros años del coloniaje, el puerto de Paita fue entrada y salida
para la gente que iba o venía de Panamá, incluyendo los virreyes, su familia y
sequito, al igual que todo personaje importante. Por tal motivo, el arrieraje
constituyó un excelente negocio. Las empresas estaban organizadas con recuas o
piaras de mulas y mulos, que eran conducidas por indios arrieros, los cuales
procedían generalmente de Colán y de Sechura que eran los más famosos arrieros,
siendo también muy estimados los arrieros de Catacaos. Cuando la caravana iniciaba
su marcha, prácticamente: los arrieros eran como los capitanes de barco, es decir
tenían mando absoluto. La ruta al sur ya sea a Lima o ciudades intermedias se
hacia a través del desierto de Sechura, del que poseían total conocimiento, por
lo que no constituía mayor problema
Los sechuranos y los colanes,
alternaban su vida entre la pesca y el arrieraje, pues en ambas actividades
eran muy diestros. Para las sierras de Ayabaca y Loja, eran muy utilizados los arrieros
de Querecotillo. Había grandes hacendados como Lama, los Sojo y los Fernández de
Paredes que disponían de piaras propias.
Cuando llegaban
barcos a Payta y desembarcaban mercadería que se conocían como "efectos de
Castilla", varias piaras transportaban los bultos a Piura. Esto continuó
durante la república hasta después de la guerra con Chile en que entró en
funcionamiento el ferrocarril de Payta-Sullana-Piura. El intenso tráfico de
piaras, dio origen a otra actividad: el bandidaje o más propiamente el
bandolerismo. Durante los primeros siglos de la colonia esta actividad se limitó
en Piura a los llamados negros cimarrones, pero ya en el siglo XVIII se
incrementó en forma apreciable el asalto a las piaras.
Durante la
colonia, se establecieron en el corregimiento de Piura, desde los primeros años
destilerías para elaborar aguardientes, generalmente cañazo, procedente de la
caña de azúcar. De igual modo funcionaron ingenios para fabricar azúcar y
Ayabaca se hizo notable por la elaboración de chancacas. Para producir harina,
funcionaron varios molinos, unos para el trigo que se instalaron en la sierra y
otros para el maíz. La poca cantidad de harina de trigo producida estaba
destinada en forma exclusiva a la fabricación de pan en el corregimiento
El algodón, fue
la materia prima para hacer hilados y para fabricar en telares bayetas y tocuyos. Fueron sin embargo las ovejas que,
además de que proporcionaban su carne como alimento muy apreciado por los
piuranos, nos aportaban su lana para fabricar ponchos.
Era intenso el
comercio de cabras con Trujillo y en menor cantidad de vacas con Lima. Unas y
otras proporcionaban carne y leche a los piuranos. De la leche en algunas
haciendas ganaderas se hacían quesos y mantequilla. De la leche de cabra se
hacían unos quesos especiales llamados quesillos. No hemos llegado a
establecer, si las famosas natillas piuranas tuvieron su origen en la colonia.
La piel de los chivos y de los vacunos se curtía y se hacían cueros que se
exportaban
Las llamadas
casas-tinas para fabricar jabón aparecieron en e1 corregimiento a los pocos
años de la fundación de San Miguel del Villar de Piura (1588). Y fue nada menos
que su segundo corregidor Bartolomé Carreño, el que posiblemente instaló la
primera casa-tina en Piura, aproximadamente en 1610, pues poco después estaba
vendiendo 25 quintales de jabón a Antonio Cornejo (ancestro de los Cornejo
Cantoral) y en 1618 Carreño fallecía. Las casas-tina, contaban como parte
esencial da una gran paila de cobre en donde se hervía el sebo de las cabras y
en menor grado el sebo de vaca. Adyacentes había corrales para los animales que
iban a sacrificar y un sitio donde se hacia la matanza y luego se separaba la
carne del sebo, el mismo que iba a almacenes especiales. Se contaban así mismos
con bodegas para los insumos y también para el jabón producido. Construyeron
ambientes especiales donde se hacía el proceso de curtido de las pieles. Lo
cual suponía una bodega para el charán, un molino
para reducirlo a polvo, un lugar para salar las pieles y para su secado, tras de
lo cual se almacenaban. Las primeras casas-tinas se instalaron al norte de la
ciudad de Piura, guardando una regular distancia, para evitarle a la ciudad el
nauseabundo olor qua causaba la producción de jabón y de cueros. Adicionalmente
al sebo, se usaban otros insumos como leña, lejía, cal y sal. Posteriormente
las casas-tinas se construyeron al otro lado del río y en diversos lugares del
corregimiento. Cuando menos hasta en los últimos años de la colonia existió una
casa-tina al norte de la ciudad de Piura.
La producción del
jabón y el curtido de pieles se hacia con esclavos, que no sabemos como, podían
trabajar en ambientes tan hediondos y además vivir en sus cercanías pues se
habían fabricado canchones donde pudieran dormir, así
como, comedores y en algunos casos, como con la familia del Castillo, una
capilla.
Con las pieles
de los chivos, se obtenían cordobanes que se vendían en zurrones de una docena
cada uno y con la piel de las vacas, se
hacia cueros.
Susana Aldana en
"Empresas coloniales, las tinas de jabón en Piura”, dice que el auge de
esta industria se dio entre 1680 y 1720, y por entonces funcionaban las
siguientes: Diago de Saavedra Rangel con 2, Joseph de
Céspedes con 2, Pedro Rodríguez Albújar, Jerónimo de Sotomayor y Juan Cortés
Carrasco.