Capítulo XIII

 

 

C A P I T U L O      XIII

 

 

PIURA AL TERMINAR EL SIGLO XVIII

 

 

 

-         El obispo Martínez Compañón en Piura

-         Creación de las intendencias

-         Los límites de Piura

-         Catástrofes marítimas

-         Tadeo Haenke en Piura

-         Inundación en Piura

-         Las fuerzas militares en Piura

-         El sub-delegado Urrutia

-         El código de aguas

-         Los esclavos

-         Situación de Jaén y Maynas

-         Descripciones de Paita

-         Fundación de Sullana

-         Disputa de las tierras de Chicuate en Huancabamba

-         Informe sobre Huancabamba

-         Capellanías al finalizar el siglo XVIII

-         Tierras de la comunidad de Pacaipampa

-         Tarifas por enterramientos

-         Prohíben misas del alba

-         Disposiciones sobre bautizos y matrimonios

-         Otras disposiciones

-         La vía sacra en la Iglesia Matriz

-         Carlos IV y Napoleón

-         Piura y la guía de don Hipólito Unánue

-         Depredadores de nuestro mar

-         Balleneros cometen tropelías

-         El paso de Humboldt por Piura

-         Religiosos se niegan prestar pieza al cabildo

-         Tratan de irrigar el bajo Piura

-         Los ingleses atacan Paita

-         Azotan a marinos ingleses

-         Maynas se incorpora al virreinato peruano

-         Incorporación de Guayaquil

-         Aparición de la viruela

-         Actividades de la inquisición

-         Fuerzas militares en 1805

-         Sechurano detiene a oidor de real audiencia

-         Castas

-         Educación y cultura

-         Las haciendas - Los terratenientes

-         El comercio

-         Las industrias

 

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EL OBISPO MARTÍNEZ  COMPAÑÓN EN PIURA.

 

Don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda nació en Navarra, España, estudió y se graduó de doctor en la universidad de Salamanca. Fue canónigo en Santander y de ahí vino a Lima de Chantre del coro de Lima. El 25 de febrero de de 1778 fue nombrado obispo de Trujillo, del que  se hizo cargo un año más tarde.

Entre 1782 y 1789 visitó su extensa diócesis, llegando a Piura en 1783. La visita del obispo fue minuciosa y provechosa. Cada provincia fue recorrida pueblo por pueblo tomando nota y razón de todo. Se preocupó por anotar el origen, curso y desembocadura de los ríos, las islas, puertos y caletas, clima, producción, costumbres de sus habitantes, datos estadísticos, etc. Fundó pueblos, creó curatos, hizo construir templos, escuelas, hospitales, caminos.

El obispo se preocupó mucho por la educación de los indios y proyectó la creación de internados para indígenas, tanto para varones como para mujeres, citando a los caciques, indios y alcaldes de Piura, ofreciendo todos ellos su apoyo. Tales internados estarían regentados por religiosos, que ya eran bastante escasos en Piura.

En el curso de su visita a Piura trató de fundar un Seminario, en las proximidades del templo del Carmen, contando con la colaboración del corregidor José Vicente Zavala que convocó a un cabildo abierto, que actuó con características completamente democráticas, lo que era inusual en la época, ya que a tales cabildos abiertos generalmente asistían los que tenían la calidad de vecinos con solar reconocido. En esta oportunidad fue para todos los creyentes, incluidos los esclavos manumisos de la mangachería.

En junio pudo conformar un comité integrado por gente importante. Eran ellos don Joaquín Adrianzén Palacios, descendiente del inquisidor. El capitán José Manuel Seminario y Zaldívar, bisabuelo de Grau; Miguel Serafín del Castillo, también bisabuelo de Grau por línea materna; don Florentino Carrasco y Cruzat, hijo de don Manuel Gonzáles Carrasco que fuera depositario general y de doña Rita Cruzat, acaudalados terratenientes; don José Ignacio Merino y Heredia, abuelo del pintor Ignacio merino; don Baltasar Ruiz Martínez y don Pablo Juárez.

En esa época solo había un Seminario en la diócesis, que era el de San Carlos y de San Marcelo de Trujillo. El obispo se propuso crear tres más: en Piura, Cajamarca y Zaña.

Por medio de una orden dada el  30 de julio de 1783, dispuso que se reemplazara el reloj del templo mayor, por otro que diera las horas, medias horas y los cuartos, el mismo que debería ser adquirido en Cádiz.

Hizo levantar un censo en toda la provincia, censándose a 44,497 personas. Levantó un plano de la ciudad de Piura, del cual existen en la actualidad copias. Según este plano, Piura tenía las siguientes calles: La Florida, que después se llamó San Francisco y en la actualidad es la calle Lima. La calle Nal que posteriormente se denominó Real y que ahora es Libertad. El Cuerno, que luego se denominara Mercaderes y hoy es Tacna. El Playón que ahora es Arequipa. La Pampa que hoy es la calle Cuzco y, Pedregal, que después sería Los Ángeles y hoy Junín.

Por ese tiempo las fuerzas militares de Piura era un regimiento de cuatro escuadrones separados, mandados por los capitanes y comandantes más antiguos

 

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CREACIÓN DE LAS INTENDENCIAS

 

Por real cédula del 15 de febrero de 1783 se nombró virrey del Perú y al mismo tiempo se le ascendía a teniente general del ejército a don Teodoro de la Croix que se encontraba gobernando la zona territorial del norte de México

En enero de 1784 se embarcó en Acapulco rumbo al Perú y llegó al Callao el 4 de abril.

Durante el gobierno del virrey Jáuregui llegaron al Perú varios visitadores eclesiásticos para establecer cual era la verdadera situación de los asuntos religiosos en el Perú y poner los correctivos que fueran necesarios. Uno de ellos fue el sacerdote fray Simón Alfaro, el cual informó que en el Perú había varios conventos con menos de 8 religiosos y eran los siguientes: Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Paita y Saña. En estos dos últimos lugares contaban con un solo religioso.. Por lo tanto recomendaba la supresión de ellos porque era difícil mantenerlos.

Fue durante el período de don Teodoro de la Croix cuando el 5 de agosto de 1783 se expidió la orden suprimiendo los Corregimientos y creándose las Intendencias, lo cual fue cumplido en 1784 con intervención del visitador Jorge Escobedo Alarcón, reemplazante del repudiado José Antonio Areche.

Al frente de cada intendencia se puso a un intendente, Cada una comprendía un determinado número de Partidos gobernados por un Sub-delegado.

Las intendencias creadas fueron las de Lima, Cuzco, Arequipa, Huamanga, Huancavelica, Trujillo, Tarma y en 1796 la de Puno.

La intendencia de Trujillo comprendía los siguientes partidos: Trujillo, Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Saña (Lambayeque), Cajamarquilla (Pataz), y Huamachuco. Como intendente de Trujillo se nombró a don Fernando de Saavedra, ex contador general y como sub-delegado de Piura, el virrey nombró a don Pedro Rafael del Castillo.

El partido de Piura comprendía dos ciudades: Piura y Paita. Doce doctrinas que eran: Piura, Paita, Catacaos, Chalaco, Frías, La Huaca, Huancabamba, Querecotillo, Sechura, Tumbes, Ayabaca, y Olmos. . También había una villa y 14 anexos. Como  se puede apreciar La Punta (Sullana) no figuraba como Doctrina

 

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LOS LÍMITES DE PIURA

 

El historiador Carlos Chávez Sánchez en su estudio sobre los linderos de Piura en 1766, refiriéndose a una descripción  geográfica del obispado de Trujillo, según dice Cosme el Bueno, “ el partido de Piura,  limita al norte con la provincia de Loja, por el este con Jaén, pertenecientes ambos al virreinato de Nueva Granada; por el sudeste con el partido de Huambos de la provincia de Cajamarca; por el oeste con el Mar del Sur, por el noroeste con la provincia de Guayaquil y por el sur con la provincia de Saña.

Su longitud era de 66 leguas y su mayor ancho de 14. Comprendía 12 curatos

1.- Piura con los anexos de La Punta (Sullana), Morropón y Suipirá.

2.- Catacaos.

3.- Sechura.

4.- Paita, donde hay una capilla de Nuestra Señora de las Mercedes, con los anexos de Colán y La Chira

5.- Tumbes con el anexo de Tumbes.

6.- Olmos.

7.- Motupe.

8.- Salas, con los anexos de Penachí y Cañares.

9.- Huarmaca

10.- Huancabamba con los anexos de Sóndor y Chalaco

11.- Ayabaca con el anexo de Chocan

12.- Frías con los anexos de Sondorillo, Pacaipampa y Cumbitos.”

 

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CATÁSTROFES MARÍTIMAS

 

Piura se conmovió al tener noticias de dos naufragios ocurridos durante el gobierno del gobierno del virrey de la Croix, frente a las costas del partido.

La fragata “El Corazón de Jesús”, que navegaba del Callao a Guayaquil, encalló  en punta Aguja, pereciendo la mitad de la tripulación. El siniestro se debió al cambio de guardia culpándose al contramaestre.

El otro barco hundido fue “La Sagrada Familia”, que navegaba en sentido inverso, hundiéndose entre Negritos y la desembocadura del río Chira. En esta oportunidad el número de víctimas fue mayor y también se estableció que el siniestro se debió a un descuido del piloto y a ignorancia y desidia del contramaestre.

 

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TADEO HAENKE EN PIURA

 

Naturalista y botánico nacido en Bohemia (Checoslovaquia). Era miembro de las Academias de Ciencias de Viena y Praga.

Formó parte de la expedición científica de don Alejandro Malaspina que en los barcos “Descubierta” y “Atrevida”, dieron la vuelta al mundo.

Haenke terminó por quedarse en el Perú y se radicó en Cochabamba donde murió en 1817

En Piura estuvo en el año 1790. Hizo observaciones sobre el régimen de lluvias en la región concluyendo que llovía cada 6, 8 ó 10 años y cuando llueve en estas épocas, las precipitaciones son “tan abundantes que inundan los campos y corren ríos por las calles de los pueblos pero en tales casos produce el terreno sin otros cultivos, melones, sandías,  calabazas, arbustos de algodón, flores y yerba con la mayor producción.

 

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INUNDACIÓN EN PIURA

 

En 1728 hubo intensas lluvias en todo el norte del Perú originando la creciente de los ríos y su desbordamiento inundando ciudades y campos de cultivo

El fenómeno se repitió en los años 1790 y 1791.Era sin duda el Fenómeno de El Niño, desconocido por entonces.

A los piuranos siempre les ha gustado observar las crecientes de los ríos, cuando éstos se ponen de “bote a bote”. Cómodamente apostados en puentes y a orillas de los ríos dejan transcurrir horas y horas entreteniéndose con las arremetidas de las aguas que arrastran empalizadas, troncos, animales vivos y muertos y otra infinidad de objetos.

Así estaban en 1790, muchos encaramados en los muros de contención en Piura y las damas paseando en las proximidades, cuando la fuerza de las aguas rompió las defensas, derrumbándose con toda su carga humana. Muchos murieron por el efecto del golpe y otros ahogados al ser arrastrados por la fuerte corriente. Don  Santiago Távara al relatar este hecho dice que gran cantidad de señoras se salvaron gracias a los aros metálicos que se usaban en esa época en el faldellín, por que el agua metida dentro del faldellín y contenida por el aro hizo el efecto de boya. Agrega Távara  que en 1849 todavía vivía la señora de la Sota que se había salvado en forma tan extraña.

En esa inundación el río llegó una vez más hasta la plaza y se “llevó” una gran cantidad de casas de la calle Florida, más próxima al río. Catacaos sufrió graves perjuicios así como otros sectores del valle.

En el cuadro de lluvias confeccionado por don Víctor Eguiguren y que abarca de 1791 a 1890; las precipitaciones de 1791 aparecen como “años extraordinarios” junto a la de los años 1804, 1814,  1828, 1845, 1864, 1871, 1877, 1878 y 1884.

 

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LAS FUERZAS MILITARES EN PIURA

 

Desde la rebelión de Tupac Amaru hubo una mayor preocupación por mantener fuerzas militares más numerosas, mejor ubicadas, más entrenadas y convenientemente armadas.

En las colonias españolas, ya los movimientos y la agitación independentista se notaban más frecuentes y el virreinato del Perú como centro de poder español en América, debía de proveer todo lo que se refería a asuntos militares.

En 1790 las fuerzas de todo el virreinato llegaban a 43,632 hombres entre cuerpos de milicias, infantería, caballería y dragones.

En la intendencia de Trujillo, la distribución de fuerzas militares era la siguiente:

Trujillo                750 hombres

Cajamarca                   4,818

Chachapoyas                  351

Moyobamba                   740

Piura                            1,513

Saña                               432

            TOTAL           8,604

Como se puede apreciar, las fuerzas eran bastante elevadas

En Piura la composición de estas fuerzas era:

                        6 compañías de infantería con  469 soldados

                        3 escuadrones de caballería con           702

                        1 escuadrón de dragones con              342     

El año 1793 aumentó la composición de fuerzas en el virreinato. Las de infantería llegaban a 34,979 soldados, caballería a 12,534 y los dragones a 11,782, lo cual hacía un total de 59,295 soldados sobre las armas.

En ese año la composición y distribución de las fuerzas armadas en Piura era como sigue:

- La infantería, era la más antigua en Piura pues su creación data de 1762. En el año 1793 estaba constituida por 6 compañías con un total de 433 hombres. Su primer jefe era el coronel Francisco Carrión y le seguían el teniente coronel Pedro Martínez y el sargento mayor Manuel Carrasco.

- Las fuerzas de caballería tenían los siguientes acantonamientos:

En Querecotillo en donde había un cuartel desde 1781, la guarnición estaba formada por un escuadrón de tres compañías al mando del comandante Ventura con 220 soldados

En Huancabamba existían acantonamientos desde 1782. En el año 1793 tenía un escuadrón y tres compañías al mando del teniente coronel Manuel Bascones ( o Váscones) con 240 soldados.

En Chalaco, acantonamiento creado también en 1782, con un escuadrón y tres compañías al mando del comandante Joseph López con 235 hombres.

En total las fuerzas de caballería llegaban a 695 soldados, todas al mando del coronel Franco Carrión.

- Los  dragones estaban con acantonamiento en Amotape desde 1781. Se componía de un escuadrón y trece compañías con 279 hombres al mando del comandante Gregorio Espinosa

Por lo tanto las fuerzas militares de Piura llegaban en 1793 a 1,407 soldados.

 

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EL SUB-DELEGADO URRUTIA

 

En 1791 era sub-delegado del partido de Piura, el capitán don Ramón Urrutia de las Casas. Antes fue corregidor de Oruro en 1781 cuando estalló la rebelión de Tupac Amaru en el Cuzco y de los hermanos Catari en el Alto Perú. Al iniciarse ese año los indios sublevados dieron muerte a los corregidores  de Paria y Carangas, lugares próximos a Oruro. El 10 de febrero estallaron motines en los que participaron no sólo los indios sino también los mismos soldados con sus jefes. Hubo saqueos, incendios y mataron a 26 europeos en el curso de cuatro días. El cabildo hasta llegó a nombrar un nuevo corregidor ante el cual fue conducido Urrutia para ser juzgado y gracias a que pudo huir salvó la vida, llegando a Cochabamba en demanda de soldados, sin lograr ayuda por que esta ciudad estaba también conmovida.

Procedente de Ica, Urrutia llegó a Piura con su esposa doña Águeda Arnao y en 1795 fue ascendido, pasando a ser intendente de Tarma en donde estuvo hasta 1810 en que se trasladó a Lima en donde falleció en febrero de 1812.

Su hermano, el capitán del ejército español, don José Urrutia, se distinguió por la forma como condujo las campañas de Ceuta, Rosellón y Cataluña.

 

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EL CÓDIGO DE AGUAS

 

No obstante que existían ordenanzas y también un juez de aguas en el cabildo, en la práctica era la ley del más fuerte el que se imponía en el uso de las aguas de regadío.

Mediante tapas los ríos o sus afluentes eran desviados de su curso natural hacia las haciendas. Esto daba origen a que se produjeran continuas reyertas y batallas campales por la posesión del agua. Eran los negros esclavos los que por orden de sus respectivos amos protagonizaban estas trifulcas.

El Dr.  Ambrosio Cerdán de Landa, fue en Lima juez de aguas, alcalde de crimen y oidor.

 En 1973 se imprimió una obra suya sobre distribución de aguas de regadío en Lima, con indicación de las bases y métodos que debían tomarse en cuenta. Fue un verdadero reglamento que se aplicó a toda la costa y que si bien no eliminó totalmente los problemas, contribuyó en cambio a solucionar muchos y mayores males.

El mencionado código se utilizó también en la república durante mucho tiempo.

 

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LOS ESCLAVOS

 

Desde los primeros momentos de la. conquista., se trajo al Perú  una gran cantidad de esclavos. Uno de ellos cuando desembarcó en Tumbes, causó gran asombro entre los naturales. .

Con el criterio segregacionista de la época,  cuando se habla. Del número de hombres que intervinieron en las diversas acciones de guerra de la. Conquista, sólo se refieren a los españoles Los negros y los indios no eran contados. La Historia recogió el nombre de los doce españoles que permanecieron en la isla de], Gallo y los llama."de la fama.". pero no habla de los negros. Hasta del número de caballos con que avanzaran a Cajamarca. o aJ Cuzco. se "dejó información, pero no de los negros, que sin embargo en muchos casos tuvieron intervenciones decisivas.

Paita fue por muchos años la puerta del Perú. Por ese puerto entró el torrente de conquistadores, y más tarde los virreyes con sus fastuosas comitivas, y también los esclavos. Centenares de miles de estos infelices desembarcaron  en Paita, para ser internados unos en las haciendas :piuranas, o seguir hacia otros lugares del Perú. Si algún buen tratamiento se les daba, no era movido por sentimientos de conmiseración, sino por el interés de lucro, para no perder el valor de esas “piezas da ébano' como se les llamaba. El tratamiento que recibían los esclavos. durante su travesía y luego en los lugares de destino, subleva el espíritu; pero sin duda eran males do la época, ya que  los mismos españoles no se trataron mejor los unos a otros durante sus luchas. Con el  Permiso Real de fecha 21 de mayo de 1795, se dí6 a Paita y al Callao el triste privilegio, de acuerdo al cual eran los únicos puertos por donde podían desembarcar negros cuando eran barcos españoles los que los transportaban. Los barcos extran­jeros podían utilizar también los :puertos de Montevideo y Buenos Aires. Además se liberó por seis años el derecho del 2% y la gratificación del 4% que había. sido fijada por Cédula Real del 28 de febrero de 1787. Los esclavos desembarcaban en Paita con las manos atadas a la espa1da y enlazados por el cuello. El largo viaje desde África acababa con una gran cantidad de ellos. En los barcos se les ubicaba en las bodegas, en medio de la peor inmundicia, revolcándose en sus propios excre­mentos y enfrentando a. voraces ratas. El mareo la falta de ventilación la escasa alimentación y la depresión espiritual terminaba con el1os. Generalmente desde la partida se separaba. a los esposos, :padres de hijos y en general a los familiares

Los reyezuelos de las costas de Guinea, eran los principales proveedores de los traficantes. Generalmente se trataba de gentes pertenecientes a. tribus vencidas. Uno de los países que más explotó el tráfico de esclavos fue Portugal, y no sólo trajo negros guineos sino también malgaches. Fue la corrupción de este nombre, lo que dio origen a la denominación de mangaches a los eso1avos que desafiando las ordenanzas existentes se  establecieron al norte de la ciudad de Piura.

Los esclavos piuranos se dedicaban a las 'tareas agrícolas en el campo y en la ciu­dad a. las actividades industriales por cuenta de sus amos. Muchas de las mujeres se dedicaban a tareas domésticas. En Piura como en el resto del Perú, los amos blancos ­frecuentemente tenían hijos de sus esclavas lo cual explica la existencia de gran cantidad de mulatos. Precisamente la celebrada novela de “Matalaché” de López Albújar gira en torno a los amores de una noble mujer blanca con un mulato hijo de uno de los señores Sojo.

Muchos esclavos llegaban ya enfermos de lepra, la cual se les desarrollaba  acá. Era tal el abandono moral en que se les tenía que no se castigaba el adulterio ni aún el incesto entre esclavos, por que eso aumentaba la cantidad de ellos. En cambio el robo o el abandono de trabajo eran castigados con latigazos. En Lima se les enviaba a las panaderías en donde se les daba un trato muy cruel.

Hay que admitir, sin embargo, que en otros lugares del mundo, se daba a los esclavos un peor trato. En el siglo XVI se creía que los esclavos no eran personas en todo el sentido de la palabra. En esa época de fanatismo religioso, se suponía que no tenían alma, unos los consideraban como animales y otros como cosas. Por eso, maltratarlos ni siquiera producía remordimientos, aun en personas de espíritu bondadoso.

Al finalizar el siglo XVIII la mayor parte de los esclavos estaban en la región de la costa, dedicados a las tareas de la agricultura.

De acuerdo a la guía de don Hipólito Unánue, los esclavos existentes en las intendencias del Perú, eran:

                        Cuzco                             284 esclavos

                        Arequipa                     2,258

                        Huamanga                        10

                        Huancavelica                    41

                        Trama                             236

                        Trujillo             4,725

                        Lima                          29,763

                                   TOTAL:        40,337

En el Cercado de Lima de 62,910 habitantes, había 17,891 esclavos. El grupo de casta más numeroso en la capital eran los españoles con 18,219 personas sin contar 309 clérigos, 1,563 religiosos de ambos sexos y 84 beatas que en su mayoría eran españolas.

En la intendencia de Trujillo el número de esclavos era:

                        Partido de Trujillo                                1582 esclavos

                                         Lambayeque                      1,831

                                         Piura                                    884

                                         Cajamarca                            328

                                         Chota (sin datos)

                                         Huamachuco                          79

                                         Pataz                                        8

                                         Chachapoyas                           13

                                                                TOTAL      4,725

En el departamento de Piura llamado en esa época Partido de Piura, la mayor parte de los esclavos estaba en las haciendas del Alto y Medio Piura

Mucho se ha especulado sobre Cristóbal Colón en el sentido que en su juventud se dedicó al tráfico de esclavos y que una  de las secretas esperanzas que tenía era, la de encontrar un camino más corto a las Indias para  bajar luego y llegar al África y así  lograr negros, del otro lado del continente africano. Grande fue sin embargo su sorpresa cuando en los siguientes viajes al costear el litoral venezolano, siguió encontrando indios.

El historiador José del Busto Duthurburu, dice que para subsanar esta contrariedad, Colón decidió iniciar el tráfico de indios o piezas de caoba.

Los conquistadores españoles que llegaron después de Colón continuaron con el comercio esclavista de indios, hasta que al iniciarse el otro medio evo, la reina Isabel de España declaró a los indios súbditos de la corona y por lo tanto, prohibido reducirlos a la esclavitud.

Mucho influyó en el ánimo de la reina, la defensa que de los indios americanos hizo el padre Bartolomé de las Casas, pero fue eso mismo, lo que  como reemplazo,  permitió la introducción de la esclavitud de los negros en el continente, lo cual se hizo con Cédula Real de 1501 que se otorgó nada menos que a un religioso: fray Nicolás de Ovando

Pasaron 10 años para que llegaran los primeros esclavos negros a las plantaciones de caña de las islas Caribe y fue para el mismo trabajo para lo que llegaron los negros al Perú.

Muchos años ante de iniciarse la conquista del Tahuantinsuyo, ya había gran cantidad de esclavos en las Antillas y en América Central.

En las expediciones que hicieron tanto Pizarro como Almagro a los territorios bañados por el Mar del Sur, antes del último viaje, había negros entre los tripulantes.

En las capitulaciones de Toledo, suscitas entre Sus Majestades y Pizarro, se incluyó una cláusula que decía: “Vos daremos licencia como por la presente vos la damos para que destos nuestros reinos o del reino de Portugal e islas de cabo Verde, en donde, vos, quien vuestro poder hubiere, quisiéredes e por bien tuvieredes, podía pasar o paséis a la dicha tierra de vuestra gobernación, cincuenta esclavos negros en que haya a lo menos el tercio de hembras, libres de todo derecho a nos pertenecientes, con tanto que si los dejaredes e parte de ellos en la isla Española, San Joan, Cuba, Santiago, o en Castilla del oro, o en otra parte alguna los que de ellos ansí dejaredes, sean perdidos e aplicados, o por la presente los aplicamos a nuestra cámara e fisco”

Como se puede apreciar Pizarro logró otra ventaja grande en las capitulaciones, o sea, el privilegio de iniciar el tráfico de esclavos, pudiendo sacarlos del Portugal convertido en el más importante mercado de esclavos en Europa.

Por disposiciones posteriores la corona permitió a gente principal que se embarcaron con Pizarro de España al Perú, el derecho de llevar uno o dos esclavos

Muchos españoles trajeron para su servicio esclavos moriscos, pues como resultado de las victorias españolas sobre los musulmanes de Granada, muchos vencidos quedaron en condición de esclavos. Fue así como el oficial real García de Salcedo trajo una bella esclava morisca con la que se casó más adelante.

Junto con los esclavos negros que llegaron a Puná, Tumbes y San Miguel con Pizarro, llegaron también contingentes de esclavos indios de Nicaragua,  reducidos a esa condición por los capitanes españoles, Soto, Benalcázar, Ponce de León. Fueron esos indios parte del aporte que esos conquistadores hicieron a la empresa de Pizarro.

Los negros y los indios esclavos nicaraguas, se convirtieron en feroces enemigos de los tallanes primero y de los peruanos en general, mas tarde.

A los reyes de España preocupaba mucho, que vinieran al Perú esclavos moriscos por que podían propagar la religión islámica. El mismo criterio había con respecto a los negros traídos del norte de África, ganados ya por la religión de Mahoma. Como se recordará fue un esclavo morisco de Benito Suárez de Carvajal, el que en Iñaquito cortó la cabeza del virrey Blasco de Núñez.

Pronto el negocio de esclavos negros fue muy lucrativo. Los negreros incursionaban en las costas africanas y se entendían con los reyezuelos de ese continente, los que iniciaban guerrillas contra sus enemigos con el fin de cazar y reclutar negros para venderlos.

Las Antillas y sobre todo Jamaica, fueron el trampolín para luego introducir esclavos al continente americano.

No habían pasado 20 años de la iniciación de la conquista y ya existía en el Perú un número apreciable de negros.

Fue por eso que Carlos V de España, el 9 de noviembre de 1551 dio importantes ordenanzas para la ciudad de Lima y en ellas se refería al problema que ya constituían los esclavos.

Entre otras cosas, se prohibía que dentro de cuatro leguas a la redonda, se enviaran esclavos a recoger leña o hacer carbón, pues se temía que la ciudad se quedara  sin arboledas y sin las reservas de leña. Se sancionaba con multa al amo y cien azotes al esclavo,  lo que era una tremenda  injusticia por que  el esclavo   no podía desobedecer al amo.

Otra cláusula expresaba que como había muchos negros y negras en la ciudad y sus amos no tenían control de ellos, se dedicaban por las noches a deambular fuera de las casas y cometer asaltos y robos, por cuyo motivo a todo esclavo que se sorprendía en la calle después del toque de campanas, sería  apresado  y azotado. También se prohibió que los esclavos ingresaran  a los lugares ocupados por los indios por que les causaban daño, desosiego y les robaban.

En los primeros años de la colonia, existían estrictas prohibiciones de casamientos o cruces entre negros con  los indios  o indias, pero con el tiempo esas disposiciones no se cumplieron y el cruce dio origen a los zambos, que era una casta más, del nutrido mestizaje peruano

 

Los zambos ya dejaban de ser esclavos; y esto interesó mucho a los negros. Los esclavos en tiempos de la Colonia, no podían portar armas, ni tampoco montar a caballo. Tampoco podían poseer bienes ihmueb1es y en los primeros años de la colonia, al morir, eran arrojados a un barranco donde los perros daban cuenta del muerto, o a un despoblado don de los buitres lo devoraban. Los misioneros lucharon contra esta costumbre y lograron  que fueran enterrados pero sin féretro

Los paiteños, no se llegaron acostumbrarse, con el deprimente espectáculo de ver desembarcar negros, no obstante que eso era frecuente. Impactaba grandemente ver a esas pobres gentes  encadenados de1 cuello y los tobillos, macilentos, enflaquecidos y  estropeados por el largo y penoso viaje.

El sitio de destino, eran las haciendas del Alto Piura, como Morropón, Yapatera, Nómala, Sol Sol, Paccha, La Pilca y el Ala, así como Las Lomas. A fines del Siglo XVIII eran los Távara y los Franco, los que más importaciones hacían. Se destinaban los negros para el trabajo en las plantaciones de azúcar y en los trapiches. En la ciudad de Piura, se destinaban al servicio doméstico y como amas de leche. Estas últimas merecían buen trato y se encari1aban con las niñas que amantaban, las que a su vez les llegaban a tener mucho afecto.

Los negros como cualquier cosa, o como ganado, se alquilaban o se vendían. En el Siglo XVIII en Piura., un negro costaba entre 200 y 500 pesos.

Al igual que se criaban vacas u otros animales domésticos, también se criaban negros. Pa­ra eso encerraban a negros jóvenes y fornidos, con negras también jóvenes para que se aparearan. Se llegaron a construir sitios especiales. En Sul1ana, existía hasta bien avanzado el siglo pasado, un lugar llamado El Empreñadero, en torno al cual se fue formando un pequeño centro poblado. Los lugareños decidieron cambiar el nombre, por el de Santa Cruz que hoy tienen.

No todos los negros venían del África en forma directa. En Sevilla existían en 1565 nada menos que 6.300 esclavos. De España eran enviados a América negros que sabían el español por 1o que se les llamaba ladinos. Lograron asimilar también cierta cul­tura y sabían  artesanías. Los negros recién llegados del África y que no sabían todavía el castellano eran llamados bozales. Cuando un negro, lograba con sus ahorros la liber­tad, o la obtenían al morir sus amos por voluntad de estos y en agradecimiento a su fi­delidad, se llamaban pardos.

El periodista y escritor Jorge Moscol Urbina, comentaba en su obra "La Mangachería Rabiosa" que a mediados del Siglo XVIII don Cosme de los Ríos era propietario de una casa-tina al norte de Piura y permitió a sus esclavos que servían en dicha casa que se establecieran en las inmediaciones, surgiendo así la mangachería. El terreno entre la casa-tina y la Iglesia del Carmen era ba1dío.

En 1820, nada menos que las Hermanitas Descalzas, tenían también una casa-tina con 14 esclavos.

 

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SITUACIÓN DE JAÉN Y MAYNAS

 

Cuando en 1783 se crearon las intendencias, ellas fueron 7, a saber: Trujillo, Tarma, Lima, Huancavelica, Cuzco y Arequipa. La más septentrional que colindaba con el virreinato de Santa Fe, era la de Trujillo.

Sin embargo en lo religioso esa región que aparecía en los mapas como “territorio ignoto” y por lo tanto de difícil delimitación, pertenecía al obispado de Trujillo. Así lo consigna don Hipólito Unánue al decir que los territorios de Jaén y Bracamoros, es decir, de la margen izquierda del Marañón, seguían bajo la jurisdicción del obispado de Trujillo. Cuando tal cosa se afirmaba era el año de 1795

Poco después, en 1802, el rey de España separó Jaén y Mainas del virreinato de Santa Fe y lo agregó al Perú.

 

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DESCRIPCIONES DE PAITA

Era don José Ignacio de Lecuanda (o Lequanda)  contador oficial real de Trujillo, hombre observador y muy aficionado a escribir. En el “Mercurio” de Lima hizo publicar una serie de artículos sobre el litoral de la intendencia de Trujillo. Se asegura que acompañó a su tío el obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón en los viajes que éste hizo por toda la diócesis recopilando datos.

En relación a la costa del partido de Piura, manifestaba: “Tiene su costa tres puertos entre los quales el más famoso y frequentado es el de Payta, a las catorce leguas de Piura, y el los cinco grados  cinco minutos al sur. El vice-almirante inglés Jorge Anson entró en él e invadió su población el venticuatro de noviembre de mil setecientos quarenta y uno, pero con tal desgracia que no hallando mayor pábula a su codicia en la miseria de sus colonos, se vengó con quemarla y hacerse pronto a la vela, receloso de las milicias que venían del interior del país lo acometiesen. El segundo (puerto) es una caleta harto peligrosa, conocida por el nombre de Sechura, adonde sólo surcan algunas barquillas dedicadas a la pesca del pez llamado tollo. Es el tercer el de Tumbes en los 3 grados 33 minutos de latitud austral. En este puerto que es un estero, fue donde se desembarcó Pizarro”.

Don Antonio de Alcedo, brigadier del ejército español nació en Quito en 1735. En el año 1786 publicó en Madrid el “Diccionario Geográfico de las Indias”.. Sobre Paita expresaba:

“Ciudad pequeña de la provincia y corregimiento de Piura en el Perú, siyuada en la costa del mar del Sur, con un buen puerto muy frequentado de comerciantes del reyno de Tierra Firme, Acapulco, Sonsonate, etc. Aunque en rigor no es más que una bahía, se reputa como el mejor de aquella costa, a causa de su seguridad de su ancorage y donde se desembarca para pasar por tierra a Lima y demás provincias del Perú y tocan para refrescar las embarcaciones que van en derechura al Callao, por lo dilatado que suele ser este viaje por los vientos contrarios, casi todo el año, haría tan impracticable la navegación sin esta escala para hacer aguada y nuevos víveres. La población se encuentra en un terreno arenisco que no produce yerba alguna, ni una sola gota de agua dulce, que la llevan del pueblo de Colán y aunque es blanquizca y de mala vista, dicen que es muy sana por que corre por un bosque de carrasquilla y viene impregnada con las virtudes de esta planta; la conducción las hacen en balsas que igualmente traen maíz, aves y demás frutas para las embarcaciones, pues allí sólo hay algún ganado cabrío y mucho pescado, especialmente tollo que cogen con abundancia”.

Varios años más tarde, en 1820, Basilio Hall, marino inglés en una escuadra que recorría el mundo, decía sobre Paita:

“Hay siempre mucho calor en Payta, y como no llueve las casas son ligeramente construidas de una suerte de tejido de canasta que deja pasar el aire, por los techos altos y de mojinete, son de hojas; algunas casas son rebocadas con barro, pero generalmente hablando se les deja abiertas”.

 

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FUNDACIÓN DE SULLANA

 

Garcilaso Inca de La Vega, en su libro “Comentarios Reales de los Incas”, relata que el inca Huayna Capac sometió a su vasallaje ocho valles ubicados entre Tumpiz y Pacasmayu, que eran Zaña, Colque, Cintu, Tucmi, Sayanca, Mutupi, Puchiu y Sullana.

Es decir, que desde los tiempos de la conquista –fecha del relato del cronista- ya se conocía el nombre de Sullana, pero no como denominación de una localidad, sino de un valle que sería el Chira Medio.

Los incas daban muchas veces nueva denominación a los lugares que sometían, pero otras veces era simple corrupción del dialecto local; en este caso el “sec” de los tallanes.

Se ha tratado siempre de buscar un significado etimológico a la palabra Sullana partiendo del quechua, pero como lo hemos manifestado, bien pudo ser un vocablo tallán.

En tiempos del obispo Martínez  Compañón, la población más importante era Querecotillo. Ya Poechos y Tangarará estaban en el olvido. Amotape, otrora importante curacazgo tallán, había decaído.

En la ruta de Querecotillo a Piura, existía un tambo, en la cual los viajeros hacían un alto para tomarse un descanso. Poco a poco el lugar se fue poblando con chozas muy humildes, que prestaban servicio de alimentación, pasto para las bestias y agua. El sitio era conocido como La Punta.

Fue allí donde el obispo de Trujillo formó una reducción a la que llamó El Príncipe con un curato, como dependencia eclesiástica de la doctrina de Querecotillo. La fecha de fundación fue el 8 de julio de 1783.

El pueblo de La Punta estaba ubicado en el extremo de la hacienda La Capilla que perteneció primero a la familia Del Castillo y después a la familia Lama. El obispo concentró en El Príncipe a 2,213 personas de los alrededores. Los lugareños no asimilaron el cambio de nombre y la flamante reducción siguió llamándose La Punta. El perímetro de la hacienda La Capilla era un polígono irregular con una punta y ángulo agudo que miraba hacia el norte. De ahí su nombre.

El obispo Martínez  Compañón, durante su período fundó y refundió en su diócesis 20 reducciones o pueblos de indios y cuando en los primeros meses de 1783 visitó Piura, fundó 10 reducciones.

En 1761 servía en la capilla de La Punta, el presbítero Miguel Jaime, emparentado con muy importantes familias de Piura. Esta capilla estaba ubicada en el lugar que ocupa el actual templo y los indios la construyeron casi en sólo una semana. Era de adobe, habiendo durado hasta 1859 en que la derrumbó un fuerte temblor. En los registros parroquiales, hay referencias de que la anterior capilla de La Punta, estuvo ubicada en lo que ahora es el cementerio “San José” de Sullana, pero los hacendados del lugar no deseaban la formación de una población en La Punta y hostilizaban a los indios. Por eso cuando la modesta capilla fue pasto de las llamas, los punteños culparon del hecho a dichos hacendados y en un arranque de fe, voluntad y decisión, iniciaron de inmediato la construcción de la nueva capilla que muy pronto estuvo en condición de prestar servicio, pero sólo se terminó de construir en 1818.

Desde 1784 a 1788, sirvió la capilla el presbítero Tomás Landarregui y a partir de esa fecha hasta 1791 el presbítero Antonio Seminario y Jaime, que era  hermano del prócer Miguel Jerónimo, y del irreductible realista coronel Fernando Torcuato, abuelo de Grau. El presbítero Antonio Seminario recibió al obispo José Andrés Anchura, que visitó La Punta el 10 de abril de 1790.

A Seminario sucedió en el cargo el presbítero José Villareyes, que dejó de depender de la parroquia matriz de Piura. En 1793, estuvo al frente de la capilla el presbítero Joaquín de Villalta y entre 1794 y 1797 el presbítero Andrés de Córdova, con tenientes de cura, presbíteros José de los Santos Vargas Machuca y Gabino Niño.

En 1786 la doctrina de Querecotillo tenía ya 12,417 habitantes, según lo consigna Luis Humberto Delgado en “El Terruño”.

Siguen los curas Isidro Hurtado, Miguel del Carpio y Manuel Reyes. Fue recién en 1814 que La Punta tuvo cura propio, en la persona del párroco Manuel de los Santos Vargas Machuca, que estuvo al frente del templo hasta 1831.

Entre el 3 y 4 de enero de 1821, el jefe Militar de Piura, el coronel Francisco Valdez se encontraba visitando La Punta que celebraba la fiesta de Reyes,, siendo atendido por el cura Manuel de los Santos, pariente éste del teniente de milicias José de los Santos Vargas Machuca. En Piura, los patriotas  siguiendo instrucciones del intendente de Trujillo marqués de Torre Tagle, proclamaron el 4 de enero la independencia, aprovechando la ausencia del Corone Valdez. El teniente José de los Santos Vargas Machuca tomó parte en la gesta revolucionara.

 

 

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DISPUTA DE LAS TIERRAS DE CHICUATO EN HUANCABAMBA

 

 Al capitán Gaspar de Valladolid Aranda y Cueto le tocó los primeros años del coloniaje la encomienda de Huancabamba

También el general Juan Manrique de Lara, se apropió de extensas zonas en esa provincia, pero los indios no se resignaron tranquilamente a perderlas y se las disputaron, primero oponiendo la fuerza a la fuerza y más tarde acudiendo a la justicia española.

 

Parece sin embargo que  los visitadores y jueces de tierras que llegaron en 1592 a  componer tierras, las cedieron a muchos poderosos, legalizando las usurpaciones cometidas.

Los indios no se dieron por vencidos y capitaneados por su cacique Cosme Chinguel, persistieron en su reclamo y lo mismo hicieron sus descendientes.

Fue así como con la oportunidad de la llegada del juez visitador  Juan Dávalos Cuba Maldonado, logró el cacique Cosme Chinguel las tierras de Andajo y Pondín.

Su hijo Nicolás, con la ayuda de su mujer Petrona Avalo, siguieron el litigio y en 1764, la hija de ambos, María Chinguel, logró para su marido Felipe Velásquez Sanapa, que se le reconociera como cacique de Sallique.

En 1684 era teniente corregidor de Ayabaca el comisario de caballería don Baltasar Quevedo y Villegas y Socombio, casado con la acaudalada Águeda Luisa de Sojo y Cantoral, propietaria en condominio, con el general Juan Manrique de Lara, de las haciendas de Siclamanche, Casiapite, Chicuate, Uchupata, San Antonio, Serrán, Gualcas y Chiña, las que en su totalidad pasaron a ser propiedad del teniente corregidor y de sus hijos José, Gregorio, Agustín, María y Nicolasa Villegas de Quevedo y Sojo.

Fue el 2 de marzo de 1702 que don Baltasar, logró la propiedad legal de las tierras, cuando era virrey del Perú el conde de la Monclova. Todo esto lo detalla el P. Justino Ramírez Adrianzén en “Huancabamba”

Doña Ignacia Irigoyen Chanique, heredera de Gregorio Quevedo, uno de los descendientes de don Baltasar, vendió las haciendas de Chicuate o Sicuate a don Miguel Garcés el 14 de marzo de 1772, suscribiendo el correspondiente contrato de compra-venta ante el escribano Fernando Lasurregui Landa.

Parece que Garcés se dio cuenta muy oportunamente  que los indios de la región pretendían las tierras de Chicuate, por cuyo motivo al año siguiente las vendió en 100 pesos al presbítero don Juan Ubillús y Barco

En 1788 igual suma donó el presbítero para la construcción del templo de Huancabamba, pues figura en esa relación que totaliza 2,639 pesos.

Este religioso era dueño de la rica hacienda de San José Sapse que por esa época poseía ingenios de caña y trigo, se cultivaba frutales, plátano, maíz, trigo, cacao. En cuanto a ganado había 400 cabezas de vacuno, 300 yeguas, gran cantidad de ganado asnal y entre estos, 12 sementales, contaba con una buena cantidad de indios yanaconas y la hacienda disponía de una capilla. Sustentaba varias capellanías y pagaba más de 4,000 pesos como censos

La compra de Chicuate la hizo el presbítero Ubillús el 22 de abril de 1773 ante el alcalde ordinario de Piura, don Diego Manuel Farfán de los Godos, por falta de escribano y estar ausente el corregidor

Cuando los indios conocieron la transferencia hubo gran inquietud. Los caciques Tomás Palacios y Francisco Labán, plantearon la nulidad de la venta, a la vez que solicitaban la propiedad de Chicuate. Alegaban que el primer propietario don Baltasar Quevedo y Villegas no tenía justos títulos y que en cambio ellos eran poseedores de esas tierras desde antes de la llegada de los españoles. El cacique Palacios pidió a las autoridades judiciales un plazo de 80 días para presentar documentos probatorios.

Sin embargo, vencido el plazo Palacios no pudo presentar nada alegando que los documentos se quemaron en un incendio en su casa

No tenían, por lo tanto, los indios forma de probar su derecho y el presbítero Ubillús con espíritu contemporizador resolvió hacer donación de las tierras recién adquiridas, para que los indios tuvieran medios de vida dedicándose a la agricultura y a la ganadería.

De las tierras de Chicuate, el presbítero sólo se reservaba una estancia con cultivos de cascarilla y para asegurar las faenas agrícolas de ella, consignaban en el documento de donación,  que los indios  le proporcionarían anualmente 10 hombres, a los que se les pagaría el jornal correspondiente.

Palacios y Labán dejaron que se culminaran los trámites de la donación y luego pidieron la nulidad del documento en la parte relativa a la estancia cultivada con cascarilla y a la prestación de servicios de 10 hombres.

La donación se protocolizó el 4 de noviembre de 1777 ante el corregidor de Piura y justicia mayor coronel don José Matías Valdivieso y Céspedes

Reabierto el litigio los indios lograron rápida sentencia a favor, posiblemente por que en el país estaba perturbado y no se quería más problemas con los indios.

En 11 de septiembre de 1779, la Parcialidad de Segunda, hizo que se reconociera que las tierras les pertenecían desde tiempo inmemorial.

Sobre Chicuate hay en Huancabamba una leyenda que el padre Ramírez la relató de acuerdo a una determinada versión, pues por lo visto son varias.

Una de esas leyendas dice que antes existía una ciudad muy próspera y muy rica, pero que a causa de un sismo que se produjo se deslizó la tierra y la ciudad se hundió, al mismo tiempo que una quebrada se represó, formándose una gran laguna, sepultando a la población bajo sus aguas

En determinados días los pastores creen oír que de la laguna sale un tañido de campanas, como cuando la ciudad existía. Esta misma versión era repetida por el huancabambino , Felipe Adrianzén Ocaña, cuando era profesor de la Gran Unidad Escolar “Carlos Augusto Salaverry “ de Sullana.

Nada hace suponer sin embargo que en la desolada región de Chicuate, existiera una población de importancia en los primeros años de la Colonia (ya que se habla del toque de campanas), pues ni los cronistas ni las informaciones serias dan razón alguna de esta misteriosa población.

Por último, el obispo de Trujillo, Jaime Martínez Compañón, antes de visitar Piura y Huancabamba, solicitó de los párrocos información detallada de los partidos y de las doctrinas y entre esos datos debía detallarse las poblaciones que antes existieran y las causas de su desaparición y decadencia.

El cura de Huancabamba hizo un minucioso informe pero no consignó nada sobre la supuesta ciudad de Chicuate. Sin embargo hay que expresar que tampoco en el informe se menciona a la antigua y esplendorosa ciudad de Caxas, que todos los cronistas la describían. Sólo se refieren a Caxas como zona rural.

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INFORME SOBRE HUANCABAMBA

 

Muy minucioso y también interesante fue el informe que el párroco y vicario de Huancabamba, Buenaventura Ribón Valdivieso, entregó al obispo de Trujillo en 1783 con ocasión de su visita

El documento llamado plan, respondía a 18 preguntas. El padre Miguel Justino Ramírez en su obra “Huancabamba” transcribe textualmente el informe.

Es muy interesante comprobar la pobre opinión que el sacerdote tenía de sus feligreses.

El párroco divide a la sociedad en tres clases.

En la primera correspondiente a los blancos, dice: “aparentan en lo exterior  ser  unos genios sociales, más en lo interior reservan una cavilación muy maliciosa, nada inclinada a la caridad del prójimo, pues viven lo más del año enemistados por etiquetas de nobleza, queriendo unos a otros supeditarse, muy desidiosos en el trabajo, contentándose con una excesiva suerte, sujetándose los más a vivir a expensas de la corta diligencia de las mujeres”.

 Sobre la segunda clase, constituida por los artesanos dice “encontrar los mismos defectos de flojedad sin que se apliquen a oficios ni ellos ni sus hijos, unos por engreimiento y querer pasar plaza de españoles y otros por desidia”. Luego como disculpándolos expresa que no son muy viciosos, no obstante haber carecido de instrucción en su juventud, ni conocer la doctrina cristiana, ni normas de buenas costumbres, sin haber caído en desordenes, pendencias y latrocinios, “que sólo son frecuentes entre las gentes de esta clase”.

La tercera clase, según el párroco Ribón, está conformada por los llamados mixtos de los que expresa, son los “que residen en los campos separados de toda sociedad, más dedicados a los trabajos de sus sembrados, pero sin aspirar a otra cosa, que a comer, vestir con mucha escasez; son genios humildes retirados del pacto español, por que sólo en días de las mayores festividades se reducen al pueblo, más que por lo devoto, por las fusiones y juntas que tienen de andanzas y borracheras. Las costumbres de éstos, son las mismas  que la de los indios en la ninguna crianza que dan a los hijos, en las vanas observaciones que tienen y trato grosero con que se manejan, con el libertinaje en el vicio de la sensualidad entre los deudos más inmediatos; la causa de estos desórdenes que no son tan frecuentes en los que residen  en el pueblo, es el roce que tienen con los indios, pues los más de ellos son hijos de indias o casados con ellas; todos hablan y entienden la lengua castellana y aunque los habitantes en el pueblo entienden la lengua inga, no la usan, con la frecuencia que los del campo”.

Como se puede apreciar, el sacerdote insinúa que en las relaciones sexuales de los campesinos puede ocurrir con frecuencia el incesto. Queda establecido que  en 1783, los campesinos eran bilingües y que conocían y usaban entre ellos el quechua.

Luego se refiere el cura Ribón al carácter de los indios. Parece que para el religioso los indios estaban fuera de clase, ya que no están comprendidos en ninguna de las tres anteriores.

Su opinión con relación a los indios huancabambinos era la siguiente:

“El carácter y genio de los indios de este pueblo y sus anexos es el mismo que en todas partes, muy pusilánimes , maliciosos, litigantes, sin verdad, sin honor, sin palabra, poseídos generalmente del vicio de la embriaguez, muy deshonestos, nada aplicados al culto divino y resistentes a la misa y doctrina cristiana, no dan crianza alguna a sus hijos, que entretienen únicamente en su servicio doméstico sin que jamás se les oiga en su casa represión que conduzca a las buenas costumbres y observancia de la religión católica. Tienen el carácter de una inacción total al trabajo y sólo los mueve la ejecución del tributo, que satisfecha esta deuda, se entregan a la ociosidad, a la borrachera, con juntas que forman para dar paso a su vicios, que mantienen unos cortos sembrados de trigo y maíz cuanto basta para mantenerse con desdicha y miseria; hablan todos y todas la lengua castellana y berrean la lengua inga solamente entre ellos, pero con los blancos se explican siempre en el idioma común”.

Como es fácil apreciar, ya no existen más vicios como par imputárselos a los indígenas. El tono despectivo e injusto con que de ellos habla un sacerdote, era lo común entre los españoles de la colonia. El indio era lo peor. La labor sacerdotal tenía entonces que ser negativa.

No se detienen a pensar  que el indio era gran parte de su propia hechura. Si no se sentían atraídos por la religión era por culpa de los propios curas y encargados de su labor misional, pues eran ellos los que daban el mal ejemplo y desdecían con sus obras lo que predicaban en los sermones. Generalmente buscaban la adhesión del indio a la religión, no predicando la doctrina de amor al Salvador, sino amenazándolos con las penas eternas del infierno. Es decir que trataban de llegar a ellos no por amor sino por temor. Dieron del Dios de bondad, de amor y del perdón una imagen totalmente distorsionada y contraria, haciéndolo aparecer como el terrible vengador y cruel juzgador. La rapiña de los curas se pone de manifiesto en el hecho de que eran propietarios de numerosas y extensas haciendas en lo que ahora son los departamentos de Piura y Tumbes. Los despojados fueron los indios y no podían tener amor al trabajo por que eran explotados sin misericordia, tal como lo prueba el despoblamiento del antiguo imperio, en una clara acción genocida. Sin embargo, el Tahuantinsuyo fue una organización que era ejemplo de trabajo y los cronistas se quedaron admirados de los campos de cultivo tan cuidadosamente trabajados, de las acequias y caminos, todo obra del esfuerzo humano, pues no tuvieron animales de labranza, ni conocieron la rueda o el hierro. Era criterio de los curas que pecar con indios no era pecado y hasta el confesionario era utilizado para tal objeto. En una investigación que se abrió contra curas sensuales, se descubrió que los curas engañaban a las indias haciéndoles creer que al tener relaciones con ellos, se iban vestidas y calzadas derechitas al cielo. El fraile franciscano Andrés Canal y 5 fueron juzgados en 1,600 por este motivo en Lima, hechos que son expuestos en la obra “Economía y sociedad”  de Javier Tord y Carlos Lazo. Por otra parte si el indio no tenía instrucción fue por que se le marginó de las escuelas. Mal hizo por lo tanto el reverendo en dar juicio tan severo.

El informe se refiere también a la edad en que generalmente se contrae matrimonio. Para los mixtos, oriundos del lugar, se fija un promedio de 20 a 25 años para ambos sexos. Considera el reverendo Ribón que los padres tratan de utilizar a los hijos lo más que podían y por eso no los encaminaban a formar estado, por lo que esos jóvenes llevaban un descamino y mala vida. Es decir, que estos problemas actuales que tanto se critica en el elemento joven de tomarse muchas libertades, siempre ha sido cosa vieja.

De acuerdo al informe los indios se casan entre los 16 y 18 años y las indias entre los 13 y 14 años. El padre Ribón al referirse a las indias las llama “chinas” término que aun hasta ahora se utiliza, sobre todo en Catacaos y a los indios les dice “cholos”. Los casamientos se arreglan entre los padres de los futuros contrayentes y el padre del cholo correrá con los gastos de la bebida y la comida, lo que sin duda no era poco gasto.

En los mixtos no son  los padres los que intervienen en el matrimonio, sino los propios interesados. Expresa el vicario Ribón que “no se encuentran célibes, ni en uno ni en otro sexo, antes sí, desde  la más tierna edad un total desorden e inclinación a la malicia, con que se entregan a la sensualidad”. En resumen se daba a entender que era común el tener experiencias sexuales pre-matrimoniales

En el censo levantado para toda la doctrina de Huancabamba, se tiene el siguiente resumen:

            Pueblo de Huancabamba                                               564 habitantes

            Parcialidades, estancias y haciendas                            3,091

            Pueblo de Sóndor                                                          103

            Parcialidades y estancias                                                391

            Anexo de Chalaco                                                      1,756

            Anexo de río Salitral                                                       773

                                                                       TOTAL:          6,678

La población de la ciudad de Huancabamba se distribuía del siguiente modo:

            Sacerdotes                                                                       3

            Españoles casados                                                          48

            Españoles viudos, solteros y menores de edad     55

Españolas casadas                                                          38

Viudas, solteras, adultas y menores                                 83

Mestizos casados                                                            42

Mestizos, viudos, solteros y menores de edad      86

Mestizas casadas                                                            58

Mestizas solteras, viudas y menores                                 66

Zambos libres                                                                 29

Zambas libres                                                                 25

Zambos y negros esclavos                                               13

Zambas y negras esclavas                                               18

                                                           TOTAL            564                

Como se puede apreciar, había  más españoles casados que españolas, lo que significaba que estaban casados con mujeres de otras castas

Entre los españoles había 26 hombres solteros entre los 20 y los 35 años y 24 mujeres, es decir estaban parejos.

Como había más mestizas casadas, que hombres, necesariamente un buen volumen de estos mestizas contrajeron matrimonio con hombres de otras castas.

Entre los esclavos había dos niños y una niña. La población de esclavos era mucho mayor en el Medio y Alto Piura. En la actualidad hay poblaciones enteras donde predomina la gente de color, descendientes de esos infelices.

Ninguno de los habitantes de Huancabamba llegaba a los 80 años de edad. Unos pocos tenían 79 y más de una docena llegaba a los 78 años.

Los esclavos adoptaban los nombres y los apellidos  de sus amos blancos o de los sacerdotes cuando estos resultaban en cierta forma sus protectores. Así por ejemplo habían dos que se apellidaban Ribón y 4 Valdivieso, uno Barra, 7 Velasco, 3 Altuna, 3 Mendizábal, etc.

Como enfermedades más comunes se mencionaban “el reuma y los granos que se reparan bebiendo algunas hierbas frescas como la canchalagua, moradilla, hierba del infante; acometiendo rara vez a los blancos los tabardillos y costados, y muy frecuentemente a los indios a causa de la mucha chicha y aguardiente que toman”.

Como tabardillo se conocían muchas enfermedades entre ellas la tifoidea, cuyos principales síntomas eran fiebre alta.

En el informe se alaba la gran fertilidad de la tierra huancabambina y las grandes cosechas que se obtenían en trigo, cebada, maíz, fríjol, alverja, haba, papa y quinua. Se ponderaba mucho la calidad del trigo que se producía.

El comercio se realizaba con Piura, Jaén, Loja y Cuenca.

Al río Huancabamba se le llamaba Río Grande, según se decía, nacía en una laguna de forma semi-circular llamada Sirivicucha, que el padre Miguel Justino Ramírez asegura es la actual Shimbe

Sobre la riqueza minera, en el informe se dice no conocerse la existencia de yacimientos de oro, plata o plomo y en cambio dice haber azufre, salitre, alumbre, piedra chipre, cal, yeso y piedras cristalinas.

En la doctrina de Huancabamba había algunas importantes haciendas como Aranza y Livin, con 800 yeguas, 400 bueyes, 3 yuntas, 4 burros, 30 burras y 40 ovejas. Contaban con tres esclavos. Tenían dos capellanías, una de 1,000 pesos que pagaban al convento de San Francisco de Piura y 500 pesos al presbítero Diego de Adrianzén. Sus propietarios eran los herederos de José de Montenegro.

Cantaco, era otra hacienda que poseía 160 vacas, 75 yeguas, 60 ovejas, 50 cabras y 10 asnales.

Chulucanas y Sapun, disponía de 230 yeguas, 165 vacunos, 700 ovejas y 70 yuntas de bueyes. Poseía capellanías de 400 pesos a favor del presbítero Diego de Adrianzén, 1,000 pesos para los pobres de Ayavaca, 2,000 pesos para el presbítero Francisco Talledo y 845 pesos para el doctor José de Irarrazaval.

 

Huaylas, Ochupata, Ingano, Jacocha, eran fundos de comunidades de indios que tenían vacas, yeguas, ovejas y cabras. Igual la hacienda Pusapampa y Sapalache, que producía cascarilla y tenía molino de trigo, pertenecía al presbítero Manuel Villela.

Subchil, también con ingenio de trigo, era trabajada por indios mitayos y pagaba al presbítero de Sondorillo, Felipe Villela, hermano del anterior, una capellanía de 4,000 pesos. Tenía 200 vacas, 225 yeguas y 130 ovejas.

Siclamache con una capellanía a favor del presbítero Eduardo Olaiza, residente en Lima.

Entre otros lugares menores, estancias o sitios estaban Andajo con 100 vacas y 50 yeguas, a cargo de indios. Lo mismo que Calangua. Aragón estaba a cargo de mestizos. Canchaque con ingenio de caña de azúcar y 100 vacas estaba a cargo de indios

Oros sitios o estancias eran Caxas, Chillacas,  Chonta, Guajambi, Guamala, Alisan, Llumbe, Nuñamache con ingenio de trigo; Potrero Roxas, Punta del río, Quispe, Confesionarios, Ñangali, Córdova, Lacchán, Guancacarpa, Matará, Membrillo, San Antonio, San Francisco, el tambo, entre otros. Todos a cargo de indios o mestizos.

También estaban las parcialidades de Quispampa, 250 vacas, 300 yeguas y 10,706 ovejas, 114 caballos y 100 yuntas. La parcialidad de Segunda con 2,000 ovejas y 80 yuntas. La parcialidad de Cabeza con 750 vacas, 100 yeguas, 1,200 ovejas y 50 yuntas. La parcialidad de Forasteros con 150 ovejas y 16 yuntas. Sobre esta parcialidad, el padre Ramírez dice que corresponde posiblemente a la actual de Collana.

El fundo Jicate con 80 vacunos, 301 yeguas, 200 ovejas y 25 cabras, pagaba una capellanía al presbítero Manuel Villela

El fundo Tabillo con 250 vacas, 125 yeguas y 350 ovejas pagaba un censo de 500 pesos a favor del presbítero Antonio Calvo con residencia en Lambayeque

En el aneo de Sóndor estaban las haciendas de Mandor, pagaba una capellanía de 2,000 pesos a favor del convento de San Francisco y 4,000 para el presbítero Felipe de Velasco. Las estancias de Aguapampa, Mancucur, Tacarpo y Tuluce, estaban servidos por indios propietarios

Lo mismo con relación a los sitios de Chonta, Las Lagunas, Patacaña, Sumaya y Guaricancha.

En el anexo de Chalaco, existían las haciendas de Chugallo, 200 vacas, 60 yeguas y 200 ovejas. Silagua con ingenio de caña, 200 vacunos, 300 ovinos, 100 yeguas, pagaba 1000 pesos de capellanía a José de Cruz vecino de Piura. Tatalacas, propiedad de Tomás Fuentes.

El anexo de río Salitral tenía las siguientes haciendas: el Ala, propiedad de Juan Urbina, residente en Piura, la conduce con su hermano Juan de la Cruz Urbina, tienen 1 esclava para servicio doméstico. La hacienda Malacasí, propiedad de Miguel Gonzáles Carrasco y de su esposa Manuela Merino Robredo, tiene capellanía de 1,000 pesos a favor del presbítero Eduardo Oliva residente en Lima y 900 pesos para el convento de los padres betlehemitas de Piura. La hacienda Chanro que tiene por dueño al capitán León Antonio de Ubillús y Matancilla, donde hay 11 negros esclavos. La hacienda San José de Sapse pertenece al presbítero Juan de Ubillús tiene ingenio de azúcar, 400 vacunos, 300 yeguas. La estancia Bigote, propiedad del clérigo José Armona y Albornoz con residencia en Piura.  El sitio Pajonal que paga una capellanía a la cofradía San Juan de Catacaos y 2,000 pesos que estaba en Litis entre el presbítero Manuel Ubillús y Silvestre del Castillo, posee un trapiche. La hacienda Zicta con ingenio de caña de azúcar, paga una capellanía que impuso su propietario Hugo de Barco a favor del presbítero Manuel de Ubillús, suma de Pedro de Barco, heredero del anterior,  siguió pagando. La capellanía era de 4,000 pesos. La estancia Lucuñis con dos ingenios de caña, plantaciones de caña y cacao, con una capellanía de 400 pesos a favor del presbítero Gregorio Gonzáles.

Como se puede apreciar los religiosos eran propietarios o beneficiarios de muchas haciendas, estancias o sitios de la doctrina de Huancabamba.

 

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CAPELLANÍAS AL FINALIZAR EL SIGLO XVIII

 

La hacienda Yapatera, reconocía en 1780 tener varias capellanías que gravaban las rentas hasta por un monto total de 10,000 pesos anuales.

La hacienda Silagua quedó grabada con una capellanía de 1,000 pesos. Andando los años se originó en torno a tal capellanía un largo pleito que sólo terminó en 1851.

Interesante es la capellanía que la hacienda Huangalá de Sullana que reconoció tener por 1,000 pesos anuales a favor de la iglesia de Sechura, para la celebración del Señor de Chocan a cuyo cargo estaba por esa época la festividad. Eso sucedía en 1783, año en que las haciendas Chapairá y Miraflores reconocieron igualmente una capellanía a favor del Santísimo Sacramento de Catacaos. También en 1783 la hacienda Ocoto queda gravada con 1,000 pesos anuales para la celebración de misas por el alma de don Mariano Gayoso. La hacienda Congoña queda afectada por tres gravámenes de 4,000, 5,400 y 2,000 pesos.

En 1784 las haciendas Cocañira y Montenegro se ven afectadas por un gravamen de 1,500 pesos a favor de la iglesia de El Carmen que se pagó hasta 1818. En el mismo año, la hacienda Huamanga fue afectada por 5,000 pesos a favor de los franciscanos de Loja. Al año siguiente las propiedades que esta hacienda tenía en la ciudad de Piura quedaron afectadas por 4,000 pesos y la hacienda Bigote por 3,000 pesos.

En 1783 Pariguanás fue gravada con 1,500 pesos y en el mismo año don Manuel Gonzáles Zorrilla grava a su hacienda Socondoy con tres capellanías con un total de 11, 096 pesos, lo mismo quedan afectadas unas casas que tenía en Piura

En 1785 doña Tomasa del Castillo y Távara establece un legado de 6,000 pesos a favor de  la iglesia del Carmen.

El año 1787 se crean gravámenes sobre el Potrero de Viviate y la hacienda Santa Ana a favor del hospital y de la iglesia de Colán.

En 1788 don Manuel Pelayo Gonzáles y su mujer doña Bibiana Córdova reconocen sobre su casa de Piura un gravamen para celebrar la fiesta de la Santísima Trinidad de la capilla del Carmen.

Entre 1788 y 1791 se reconocen las siguientes capellanías: sobre Ñómala, 8,000 pesos; Chanro 1,500 pesos; Suyo, 800 pesos;  Llicuar 500 pesos a favor de las clarisas de Loja; Súchel 4,000 pesos; Penarillo 500 pesos a favor de la cofradía de San Juan Bautista de Catacaos; Pabur, 1,000 pesos a favor  de las monjas concepcionistas de Loja. El presbítero José de Escurra y Saravia, reconoce sobre sus haciendas Matanza y Netemique un total de 8,000 pesos en capellanías. La hacienda Quiroz, 4,000 pesos. Pariamarca reconoce 2,000 pesos (era propiedad del presbítero Miguel de Echeverre). Don José de la Cruz y Castillo funda las siguientes capellanías: sobre la hacienda Silagua 1,000 pesos, sobre su casa habitada por Rosa Bustamante en Piura 1,000 pesos, sobre su casa en Las Montero en Piura 200 pesos,  sobre su casa de la Robledo en Piura 400 pesos, sobre la casa que habitaba 500 pesos y sobre su hacienda Franco 1,000 pesos.

 

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TIERRAS DE LA COMUNIDAD DE PACAIPAMPA

 

El 10 de marzo de 1790 don José Antonio de Mesones y Solés, solicitó a la autoridad eclesiástica de Piura, que se de cumplimiento y se expidan las certificaciones correspondientes a una donación de tierras que hiciera su bisabuelo don Luis de Saavedra y Méndez Sotomayor en la doctrina de Frías en donde tenía una hacienda, para que se asentara, en el lugar llamado Pacaipampa, una partida de indios, y que estos formaran su comunidad, pues andaban de un lugar a otro en medio de la peor miseria y sujetos a la servidumbre y abusos de los poderosos

Históricamente la región era conocida como Cumbicus y así se le llamó cuando en el siglo XIX se le elevó a la categoría de distrito, hasta que en 1906 se le dio por capital Pacaipampa.

 

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TARIFAS POR ENTERRAMIENTOS

 

Al culminar su visita a Piura el obispo  de Trujillo, Baltasar Martínez Compañón, dejó el  30 de julio de 1783, 70 ordenanzas para que se cumplieran por las autoridades eclesiásticas y párrocos de todo Piura.

La primera preocupación fue de que se completara el dorado del altar mayor del templo matriz y que en la única torre que tenía, se colocara un reloj que marcara las horas, medias horas y cuartos, el mismo que sería importado de Cádiz, cuyos relojeros tenían una bien ganada y merecida fama.

Como por esa época aún no se ordenaba la construcción de cementerios a las afueras de las poblaciones y los enterramientos se hacían en el camposanto anexo al templo y en el mismo, ordenando el obispo su reglamentación.

Para tal fin dividió al templo en cinco secciones, constituidas por cuatro naves y el presbiterio

Por derecho de enterramiento en la primera nave se pagaría dos pesos y dos reales; en la segunda 4.5 pesos; en la tercera 19 pesos; en la cuarta 18 y en la quinta 36

Los mayordomos, los sacerdotes y sus familias, tenían derecho a entierro gratuito en la quinta nave. Los pobres de solemnidad se beneficiaban con derecho a entierro gratuito, pero para ser declarado como tal se necesitaba el testimonio del mayordomo, del sacerdote mayor y del párroco vicario.

El cobro de estos derechos a los que se llamaba limosnas estaba a cargo del mayordomo. Se hace referencia que con frecuencia los mayordomos, posiblemente de otros lugares, eran negligentes en la cobranza, pero se dejaba testimonio que el mayordomo de la Matriz de Piura don Pedro Ramos era muy diligente en tal sentido, pues en los últimos años, no dejó un solo entierro sin cobrar.

 

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PROHÍBEN MISAS DEL ALBA

 

Entre las ordenanzas dejadas por el obispo Martínez Compañón en su visita a Piura, hay una que prohibía la celebración de misas llamadas del alba, y  que se abriesen  los templos muy temprano por cuanto eso se prestaba a profanaciones. Sólo en caso de suma necesidad, como llevar el viático, podía abrirse temprano el templo.

Se aumentaba a tres el número de sacristanes indios del templo matriz y se le pagaría a cada uno 30 pesos anuales.

Los días domingos y festivos, la primera misa se programó para las 9 de la mañana, lo cual  muestra que no se era muy madrugador en tiempos de la colonia.

Se establecía las obligaciones de los sacristanes en cuanto a horarios y se disponía que el párroco vicario de Piura contara con cuatro ayudantes, ubicados en los siguientes puntos: Tambogrande, La Punta (Sullana), Querecotillo y Morropón.

El vicario visitaría cuando menos una vez al año estos lugares.

En una de las ordenanzas se dio una  que da mucho que pensar, por no haberse establecido su exacto significado y era lo siguiente: “Se ruega al vicario procure formar hombres, pues muchos, sobre todo entre los indios, no tienen más que la figura de tales, para después con mayor facilidad formar cristianos”.

Se dispone que los curas hagan conocer a los hacendados, las obligaciones que tienen para el cuerpo y el alma de sus criados y esclavos.

 

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DISPOSICIONES SOBRE BAUTIZOS Y MATRIMONIOS

 

El obispo Martínez Compañón al dejar Piura entre las órdenes que impartió, algunas se referían a los bautizos y celebración de matrimonios.

Ante todo, prohibió los bautizos en casas particulares y los padres debían solicitar la administración de este sacramento dentro de los nueve días del recién nacido.

Cuando por necesidad se tuviera que administra un bautizo por particulares, se tendría cuidado de que estuvieran éstos, convenientemente instruidos para no acarrear nulidad. En caso de duda, se debía  reiterar el bautizo. En la inscripción se consignaría la casta (raza). La administración del bautismo era gratuita y los padrinos eran instruidos de sus obligaciones.

En cuanto a la celebración de los matrimonios, no se debería  dispensar la lectura de las proclamas. En la partida se indicará los días que se leyeron. Cada feligrés se casará en su propia parroquia y si se tuviera que hacer en otra, se tomarán disposiciones especiales, sin omitir las proclamas.

A los indios que pagaban sínodo, no se les cobraba derechos por matrimonio, los demás, según arancel.

Nadie podía ser casado, si antes no era examinado en doctrina.

Los padres no deben dormir en el mismo cuarto con hijos mayores de cuatro años, ni que estén mezclados en el mismo dormitorio hijos varones y mujeres. Se recordaba que en las oraciones de la noche rezar el rosario de 60 ave-marías y que los domingos, se cante por las calles en las tardes, después del trisagio.

Se dieron también disposiciones referente al comportamiento de los sacerdotes, su modestia en los hábitos y la residencia de los clérigos.

 

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OTRAS DISPOSICIONES

 

Se disponía que se explicara al pueblo, las disposiciones sobre abstinencias, sobre el miércoles de ceniza y el domingo de ramos

Se reglamentaba la bendición semanal con agua bendita

Todos los días festivos (que eran muy numerosos) debían hacerse procesiones al interior del templo

Que desde la septuagésima se prepare al pueblo para el cumplimiento pascual y a los que no cumplieren, se les amoneste privadamente en el ofertorio de la misa, advirtiéndoles que de persistir serán declarados en entredicho  y privados de sepultura eclesiástica y de entrada en vida al templo.

Que procuren que los fieles se acerquen con frecuencia a la comunión, distinguiendo el pan eucarístico del pan material.

Se instruyó del modo de hacer las confesiones y las preguntas que se deben formular al penitente.

Que todos los años se examine a los feligreses en la doctrina cristiana.

Se autorizó el dar indulgencia plena en artículo mortis.

Que no permitan que los sacerdotes celebren misa, si es que antes no presentan su licencia para eso.

Sólo en Corpus, su octava y en las renovaciones, se podía sacar al Santísimo en procesión y eso sin otras imágenes.

Se dispuso como se bautizarían a los fetos y a los nacidos mediante operación cesárea.

Se disponía que todos los sacerdotes  debían estar adscritos a un templo, con la finalidad de eliminar a los curas vagos.

 

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LA VÍA SACRA EN LA IGLESIA MATRIZ

 

Antes de 1788 ya existía la Vía Sacra en la iglesia matriz, pero recién en ese año se hace la erección canóniga, de acuerdo al tenor de la siguiente acta.

“ En la ciudad de Piura, en cuatro días del mes de julio del año mil setecientos ochenta y ocho, yo Fr. Manuel Sánchez Ricón,  predicador apostólico del colegio de Santa Rosa de Ocopa de la orden de N. P.  San Francisco; certifico; que habiendo hecho misión en la iglesia parroquial de dicha ciudad, se originó en ella la Vía Sacra con licencia del ilustrísimo Sr. Baltasar Jayme  Martínez Compañón, obispo de este obispado, y con la de don Manuel Ruiz de la Vega (y Cossio), cura teniente de ella, y para que conste en cualquier tiempo, como previene nuestro Santísimo Padre Benedicto Catorce (XIV), la firmo con dicho día, mes y año.

Firmado Fr. Manuel Sánchez Ricón. Manuel Ruiz de la Vega y Cossio.

 

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CARLOS IV Y NAPOLEÓN

 

Cuando era Virrey del Perú, don Teodoro de la Croix, en 1788, murió el Rey Carlos 111 y le sucedi6 en el trono su hijo, que fue el Rey Carlos IV.

Carlos III, habla sido un buen rey, gobernando desde 1759 hasta 1788 o sea 29 años. Fue un rey que mostr6 interés en mejorar las condiciones de sus vasallos de América. Enemigo irreconciliable de Inglaterra, se acerc6 a Francia donde goberna­ban sus parientes, los Borbones como él, llegando a suscribir el llamado Pacto de Familia, por el cual iban a seguir una política internacional coordinada y de opo­sici6n a Inglaterra.

Cuando hacía un año que gobernaba en España Carlos IV, se subleva en julio de 1789 el pueblo de Paris, tomando la fortaleza prisi6n de la Bastilla, destronando al Rey Luis XVI al cual posteriormente apresan y proclaman la República, asumiendo el lema de Igualdad, Libertad, Confraternidad, que trataron de divulgar por todo el mundo.

La revoluci6n francesa marca un hito en la historia de la humanidad, dando término a la Edad Moderna, para iniciar la. Edad Contemporánea, que sigue hasta hoy.

Las monarquías de toda Europa, declararon la guerra a la Francia revolucionaria, siendo los más enconados, Inglaterra por tradici6n en su oposici6n a Francia, y la España de Carlos IV de Borb6n, por razones familiares.

De esa forma; España se convirti6 en aliada de Inglaterra cuando hacia poco eran acérrimos enemigos.

En 1793, los revolucionarios franceses guillotinan al Rey Luis XVI, lo cual decide a España a una acci6n más radical, invadiendo sus ejércitos el sur de Francia.

Tras éxitos iniciales durante dos años, los españoles son rechazados por los franceses que a su vez invaden el norte de España. Por entonces Francia era gobernada por un cuerpo colegiado llamado Convenci6n, la que implant6 lo que se llmn6 Régimen del Terror, durante el cual fueron guillotinados una gran cantidad de personas nota­bles de Francia  y hasta a los mismos dirigentes revolucionarios. La guillotina era un invento francés, consistente en una cuchilla que cercenaba las cabezas. Su nombre se debe al apellido que tenia su inventor el Dr. Guillotín, que también muri6 guillotinado.

En 1795, la España vencida, firmaba con los franceses la Paz de Basilea, ciudad suiza donde fue suscrito. España tuvo que hacer a Francia concesiones territoriales en América y además se vio obligada a ser su aliado incondicional y a declarar la guerra a In­glaterra que hacía poco fuera su asociada.

En 1795, en Francia, la Convenci6n es reemplazada por el Directorio, como gobierno.

Es cuando empieza a fulgurar la estrella del que poco antes era un general: desconoci­do: Napoleón    Bonaparte. Siendo muy joven asume el mando de los ejércitos revolucio­narios en el norte de Italia, donde lucha contra las monarquías aliadas contra Fran­cia, sobre todo el Imperio Austro-húngaro, uno de los más poderosos de Europa, lo­grando brillantes victorias y obligándolos a firmar la paz.

Desde 1799,  Francia fue gobernada por otro grupo colegiado llamado Consulado. Mientras tanto, Napole6n siguió obteniendo victorias y fue nombrado Primer Cónsu1 y en 1804 es proclamado Emperador de Francia, convirtiéndose en el verdadero dueño de Europa, en donde creaba estados y ponía como reyes a sus parientes.

España mientras tanto vivía una situaci6n política muy difícil, y lo mismo sucedía en la familia real, donde campeaban las intrigas, causada por los amores escandalosos de la Reina María Luisa de Parma con le primer ministro Manuel Godoy de lo que el Rey parecía no darse cuenta. En 1807 Carlos IV abdica el trono el favor de su hijo Fernando VII, cuando los ejércitos franceses ocupaban toda España. En 1808, Napo1e6n, reu­nió en Bayona a Carlos IV y a Fernando VII y los hizo renunciar al trono de España en favor de su hermano José Bonaparte. Esto no fue aceptado por los españoles y el 2 de Mayo del mismo año se sublevan masivamente contra los ejércitos franceses. La lucha duró hasta 1813 en que los franceses son expulsados y Fernando VII retorna al trono español

Durante el gobierno de Carlos IV, fueron virreyes del Perú, los siguientes: Teodoro de la Croix que sigui6 hasta 1790 en que renunci6.Le sigui6 don Francisco Gil de Ta­boada entre 1790 y 1801. Luego viene Don Ambrosio O'Higgins de 1796 a 1801. A conti­nuaci6n por unos meses la Real Audiencia y entre 1801-1806 don Gabrie1 de Avi1es. Del año 1806 a 1816 don Fernando de Abasca1.

 

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PIURA Y LA GUÍA DE DON HIPÓLITO UNANUE

 

Don Hipólito Unánue en su “Guía política, eclesiástica y militar del Perú para el año 1795” aporta algunos datos interesantes del partido de Piura, que era parte integrante de la intendencia de Trujillo. El intendente era don Vicente Gil de Taboada y Lemos.

La información de don Hipólito Unánue es la siguiente:

Este partido comprende 12 doctrinas y 14 pueblos y anexos, habitados por 44,491 almas, 61 clérigos, 18 religiosos, 2,874 españoles, 24, 797 indios, 10,654 mestizos, 5,203 pardos y 884 esclavos.

Produce granos, legumbres, cera, algodón, algún añil y cañafístula;  se cría ganado mayor, caballar y mular y menor cabrío; se hace jabón, se curten cordobanes. Valor 72,686 pesos.

Subdelegado es don Ramón Urrutia

En administración de alcabalas, administrador Jacinto Navarrete; contralor interventor don Miguel Echandía; oficial don Felipe Carrasco, vista don Tadeo Mesones.. Sueldos 2,530 pesos.

Administrador de correos, don Pablo Angel-Donia, con el 20% sobre el producto Administración de rentas unidas en el puerto de Paita, dependiendo del partido de Piura.

Administrador don Pedro Lacomba y contador interventor don Ignacio Cruceta. Oficial 1º don Joseph Antonio Durán. Amanuense don Francisco Borja Portalanza; Vista y piel de almacenes, don Lorenzo Guizado. Resguardo Mayor don Faustino Hurtado. Además dos cabos y 5 guardas. Sueldos de administrador y resguardo: 7,800 pesos.

Era obispo de Trujillo con jurisdicción hasta Piura don Joseph S. Andrés Anchura. Vicario de Piura era don Domingo Morales.

Guardián del convento de San Francisco era Joseph Araujo con ocho padres franciscanos.

Comendador del convento de La Merced era fray Juan Ordóñez. Había 5 mercedarios en Piura y en Paita el comendador del convento del puerto era fray Manuel Frías.

El hospital de los belethmitas tenía como prefecto a fray Francisco de Matías.

En cuanto a la organización militar, como comandante general del norte con residencia en Trujillo, estaba el brigadier don Joachin Valcárcer y como comandante militar del partido de Piura el teniente coronel  Carlos Guareti.

Las fuerzas militares según don Hipólito Unánue, era la siguiente:

-         El batallón Piura, creado el año 1762, con una fuerza de 430 plazas. Lo comandaba el coronel don Manuel Francisco Carrión. Segundo jefe era el teniente coronel don Pedro Martínez y le seguía el sargento mayor Manuel Carrasco.

-         Las fuerzas de caballería eran:

El escuadrón de Querecotillo, creado el año 1781, formado por tres compañías con 220 plazas cuyo comandante era don Ventura Sánchez

El escuadrón de Huancabamba, creado en 1782,  formado por tres compañías y 240 plazas, mandado por el comandante Manuel Váscones

El escuadrón de Chalaco, creado también en 1782, constituido por tres compañías y 235 plazas, al mando de don Joseph López.

-         De dragones, había un escuadrón en Amotape, creado en 1781, formado por tres compañías de 240 plazas, mandado por el comandante Gregorio Espinosa.

 

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DEPREDADORES DE NUESTRO MAR

 

El litoral de Piura y Tumbes ha sido durante todo el tiempo muy rico en especies ictiológicas y eso ha despertado la codicia extranjera, que no se han detenido en depredarlo.

Las ballenas, los cachalotes y los lobos han abundando antes, pero una despiadada cacería los han puesto al borde de la extinción.

En junio de 1793 se informaba al virrey Francisco Gil de Taboada, que cinco barcos balleneros ingleses habían arribado a Paita por el corto tiempo de 13 días para aprovisionarse de alimentos frescos  y obtener en Colán agua potable. Una gran parte de la tripulación de los barcos balleneros estaba aquejada de escorbuto.

El primer barco en arribar al puerto fue la corbeta inglesa “Grenwich” que llegó el 22 de mayo de 1793, saliendo de Inglaterra en junio del año anterior. Llevaba una carga de aceite de ballena y 3,000 pieles de lobos marinos cazados en la isla de Lobos. Tenía 41 tripulantes enfermos.

Cuatro días más tarde llegó la fragata llamada “Príncipe Guillermo Enrique”, que salió de Inglaterra en marzo del año anterior. Conducía un cargamento de aceite y 3,500 pieles de lobos marinos. Parte de sus 22 tripulantes estaba con escorbuto. Permaneció en Paita hasta el 8 de junio

El 30 de mayo llegó la fragata “El Raspar”, que salió de Londres el 1º de agosto del año 1792. Desplazaba 175 toneladas y llevaba una carga de aceite de ballena y  3,000 pieles de lobo. Permaneció en Paita hasta el 10 de junio.

Por último la fragata “Príncipe de Gales” de 376 toneladas, llegó a Paita el 31 de mayo con 23 tripulantes, con el capitán enfermo. Llevaban carga de aceite y 2,000 pieles de lobo

Se trataba de barcos autorizados, de un total de 33 matriculados, pero los restantes de ese grupo no llegaron a Paita. Como puede apreciarse había una enorme matanza de lobos marinos, sin contar, lo que hacían los que tocaban en Paita. Es de imaginar por lo tanto la enorme cantidad de cetáceos y lobos que capturaron tales barcos.

 

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BALLENEROS COMETEN TROPELÍAS

 

No obstante que año tras año se permitía a los belleneros ingleses cazar indiscriminadamente cetáceos y lobos marinos frente a las costas piuranas, los capitanes de los barcos se portaban en forma prepotente sin respetar a las autoridades, tal como sucedió en Tumbes.

El 16 de julio de 1795 fondearon frente a Paita las fragatas balleneras inglesas “La salamandra”, “El Rasper”, “La liebre” y “Espequén”, las cuales fueron citadas para reconocimiento por el juez territorial y teniente de dragones don Manuel Ruiz de Aranda.

El día 26 por la tarde, los cuatro capitanes de las balleneras con doce hombres armados y portando una bandera penetraron en el río Tumbes en dos botes y se dirigieron a la oficina del juez territorial y en forma airada y a grandes voces le exigieron la entrega de dos marinos desertores y del intérprete Juan Bautista Gil, amenazando al juez con matarlo si al día siguiente no aparecían

El juez trató de calmarlos y con los capitanes inició un registro de casa por casa de la población de Tumbes, sin encontrar a nadie. Mientras tanto los doce marinos ingleses esperaban en una casa vecina al juzgado, listos para intervenir a cualquier orden de sus capitanes, pues se había amenazado con quemar al pueblo.

En vista de lo negativo de la búsqueda y siendo ya las 7 de la noche, se decidió indagar por las chacras vecinas, comisionándose para tal faena al sargento primero de milicias Manuel García, perteneciente a la primera compañía de dragones de milicias, al cual se unió el sargento de milicias Antonio Dávalos, el sargento veterano Narciso Colona y los milicianos Manuel Valle y Toribio Morán, los mismos que al inspeccionar río arriba las chacras hallaron que  en la casa de Segundo Tamayo, procurador de naturales, estaban los prófugos.

Tamayo dijo que desconocía la situación de los fugados, pues el intérprete Bautista Oñi, se presentó hablando castellano y manifestando que deseaban comprar fruta. Los desertores fueron entregados a los capitanes ingleses.

Fue entonces cuando el juez territorial reconvino  a los capitanes por la actitud y mal comportamiento que habían observado, haciéndoles presente que si el virrey lo supiera podía  tomar medidas muy severas y cancelarles la matrícula para cazar animales marinos.

Como los ingleses estaban ebrios montaron en cólera y trataron de agredir al intérprete amenazando con matarlo, para  luego en forma destemplada decir al juez que a ellos no les importaba el virrey del Perú, mientras que el capitán Juan Esten, de “La liebre”, gritaba que él era el virrey de Tumbes y que iba disponer que Tumbes fuera quemado y sus gentes asesinadas.

El intérprete fue amarrado, pero logró deshacerse de sus ataduras y huir, sin que esto preocupara mayormente a los ingleses, pues decían que era un pícaro y no lo deseaban.

Si bien es cierto que el juez territorial consiguió que se calmaran un poco, no pudo, sin embargo, lograr que se retirasen a sus barcos, pues pasaron la noche bebiendo, haciendo disparos y fomentando gran bulla que tuvieron en zozobra a los vecinos.

Cuando semanas más tarde se hizo una investigación sobre este suceso, los declarantes manifestaron que en esa noche, los pocos pobladores que hubo en Tumbes, la pasaron muy preocupados y se expresaba que la mayor parte de la población se encontraba entregada a sus tareas agrícolas, lo que los obligaba a pernoctar fuera de la ciudad. Este es un dato interesante que nos permite apreciar que Tumbes en esa época era una población de pequeños agricultores.

Al día siguiente los ingleses, no obstante que se habían despejado de la borrachera;  no se mostraron arrepentidos de las tropelías cometidas sino antes bien, trataron de obligar al juez territorial a que les proporcionara a 4 prácticos para conducir sus barcos a Guayaquil, demanda que fue negada del mismo modo que en la noche anterior se les negó la exigencia de que se les facilitara mujeres para divertirse.

Los ingleses se dirigieron a las chacras sacando verduras, las que no pagaron. Igualmente mataron a tiros 4 reses, de las  que tres pertenecían a Toribio Morán y una a la comunidad. Una familiar de éste último, una muchacha llamada Josefa Mendoza, a quien uno de los capitanes trató de ultrajar,  fue defendida por un pariente.

Las autoridades de Piura comunicaron este hecho al virrey el que puso a su disposición para la investigación correspondiente al teniente de los ejércitos reales, ayudante del batallón de pardos de Lima, don Carlos Guareti, que llegó a Tumbes con el cargo de comandante militar.

Toda la información resultante de la investigación fue enviada al virrey, el que la remitió a la corte de España para que dispusieran lo conveniente.

La actitud de los capitanes balleneros en Tumbes, era poco menos que absurda, pues en esa época España actuaba como aliada de Inglaterra, se encontraba en guerra con la República Francesa y los ejércitos franceses  habían penetrado profundamente en el territorio español en forma tal que en cierto momento los reyes pensaron en trasladar su corte a América, lo que indudablemente hubiera favorecido a las colonias.

Vencida España,  se vio obligada a firmar la paz de Basilea con el Directorio francés. De acuerdo a los términos de ese tratado, España se vio obligada a convertirse en aliada de Francia contra Inglaterra. Principiaba ya a fulgurar la estrella de Napoleón Bonaparte.

En 1797 se dispuso que don Agustín Mendoza saliera del Callao con una pequeña flota para capturar a los barcos balleneros ingleses que operaban entre Paita y las islas Galápagos y que en Paita artillaran una fragata inglesa capturada el 31 de enero.  Fue así como se apresó una fragata ballenera  llamada “Lady” que fue llevada a Paita.

Es muy importante recalcar, que en ese año, Tumbes era una de las doce doctrinas del partido de Piura y que también en lo militar dependía de este partido. Eso se prueba con la intervención del jefe militar (en lo administrativo) de Piura Carlos Guareti y por lo tanto, la pretensión ecuatoriana en la época republicana de que Tumbes les pertenecía, no tenía ninguna base legal

 

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EL PASO DE HUMBOLDT POR PIURA

 

El científico alemán barón Alejandro von Humboldt, llegó a América siendo aun muy joven, integrando la expedición de Bompland.

Ese viaje de investigación y exploración se desarrolló entre 1799 y 1804, permaneciendo en el Perú desde el 2 de agosto hasta el 25 de diciembre de 1802.

Humboldt estuvo antes en Colombia y Ecuador y desde Loja se dirigió al Perú, ingresando por Ayabaca, para continuar luego hasta la cabecera del río Huancabamba, siguió todo su curso hasta entrar a la región de Jaén, con el fin de alcanzar la Amazonia.

Hablando de su ingreso al Perú decía: “Más tarde cuando llegamos entre Loja y Huancabamba, al Páramo Huamaní, donde se encuentran las ruinas de muchas construcciones levantadas por los incas, los hombres que conducían nuestros mulos nos aseguraron formalmente  que podríamos mirar mas allá de las tierras bajas regadas por el Piura y el Lambayeque y contemplar el océano, pero una espesa neblina se extendía por encima de la llanura y el lejano litoral. No podíamos percibir sino peñascos diversamente configurados, que se destacaban como islas en medio de este mar de nubes y desaparecían a la vez”.

Las ruinas a las que se refería el científico alemán, son las que encontró en la hacienda Chulucanas en el distrito de Pacaipampa, en la mitad de la ruta de Ayabaca a Huancabamba. Se trata de uno de los lugares en donde posiblemente estuvo edificada la importante ciudad pre-incaica de Caxas visitada por Hernando de Soto.

Habla Humboldt de la perfecta alineación de las calles y de los edificios en las ruinas y pondera el gran camino inca que pasaba entre Ayabaca y Huancabamba y del que en esa época posiblemente se aprovechaban algunos trechos.

A Humboldt le admiró mucho encontrar las ruinas de esta ciudad en sitio tan alto y tan frío y en la disposición de las habitaciones y ambientes, le encuentra cierta semejanza con las ruinas romanas de la ciudad de Herculano destruida por la erupción del Vesubio.

Otro alemán, el científico Víctor von Hagen al hacer la narración y descripción de los viajes de Humboldt, dice que éste trataba de perfeccionar un mapa del francés La Condamine sobre las nacientes del Amazonas y que para tal efecto también partió de Jaén. En su avance Humboldt tuvo que cruzar el río Huancabamba 27 veces, a causa de lo difícil del terreno y de las grandes moles de los Andes. La expedición estaba conformada por un numeroso plantel de ayudantes y se utilizaban 20 mulas para transportar todos los efectos.

Siguiendo el curso del Huancabamba ingresaron a Cajamarca pasando por Sallique, San Felipe, Pomahuaca y luego de pasar el Chamaya, subieron hasta Choros en las orillas del río Marañón, cuyo curso remontaron para luego descender a Jaén, pequeño poblado de 200 habitantes, que tenía como gobernador a don Ignacio Checa, que más tarde se afincó en Piura en donde fue gobernador en la época independiente.

El gobernador Checa brindó al científico alemán muchas atenciones de las que éste se mostró muy agradecido como lo prueba la carta que el 18 de enero de 1803 le dirigió desde Guayaquil. En esa comunicación, Humboldt da muy mala opinión de Lima y de los limeños y dice: “Aunque Lima sería el último lugar en América en el cual quisiera vivir, no he dejado  de pasar un tiempo agradable allí”.

Estando Humboldt en Jaén siguió su viaje a Cutervo, Chota, Cajamarca hasta Trujillo y de allí por tierra hasta Lima. En noviembre partió por mar hacia el norte estudiando la corriente marina, que hoy lleva su nombre.

 

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RELIGIOSOS SE NIEGAN PRESTAR PIEZA AL CABILDO

 

En septiembre de 1797 se produjo una situación tirante entre el cabildo y las autoridades eclesiásticas de Piura

El asunto se motivó a causa del estado de ruina en que se encontraba la sala capitular del cabildo, lo que hacía imposible la realización de las sesiones en el mismo.

Mientras se tomaban las disposiciones para la reparación, los cabildantes decidieron ocupar, para la sala capitular una pieza del colegio del Salvador perteneciente al templo del Carmen.

Parece que la actitud fue decidida  a manu militari, y que ni por cortesía consultaron o recabaron previamente el permiso de las autoridades eclesiásticas, motivando el rechazo de éstas.

Los cabildantes expusieron sus razones y esgrimieron lo que consideraban su derecho, por lo cual el vicario de la Iglesia Matriz de Piura elevó su queja ante el obispo de Trujillo don Joseph Andrés Anchura, que dio amplio respaldo al vicario Domingo Morales.

Para el obispo, la región y sus gentes era bastante conocida, pues en abril de 1790 efectuó una visita pastoral pueblo por pueblo.

 

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TRATAN DE IRRIGAR EL BAJO PIURA

 

El intendente de Trujillo don Vicente Gil de Taboada y Lemos, mostró mucho interés para el aprovechamiento e las aguas de los ríos del partido de Piura que desembocaban en el mar: el Piura y el Chira, sobre todo de éste último que en gran volumen se desperdiciaban en el océano

En la época de la colonia la agricultura era en este partido la principal ocupación, pero en materia de aprovechamiento de la tierra y de irrigaciones, se estaba muy por debajo de los logros de los tallanes.

Muchos eran los canales de los antiguos peruanos que se destruyeron por falta de cuidado o estaban ya cubiertos por arena. Excavaciones casuales permitían a veces descubrir tramos de ellos. Así por ejemplo, el Dr. Hildebrando Castro Pozo en su obra “Del ayllu al cooperativismo socialista”, informa que “en el departamento de Piura hay una hacienda que se llama Huápalas, en donde existen las huellas de un antiquísimo canal que llaman incaico, por el cual se regó toda la margen izquierda del Piura hasta Catacaos”.

En 1797 el intendente Gil de Taboada contando con la colaboración del sub-delegado del partido de Piura, don Ramón Urrutia, inició el proyecto de irrigar el Estero Salado en la Bocana del Chira, mediante un canal que partía de El Arenal

Durante 10 meses se trabajó arduamente y tres mil indios a punta de lampa trataron de abrir un canal en pleno arenal, pero la naturaleza los venció, así como la falta de recursos suficientes.

Cuando en 1851 se pretendió llevar adelante el Proyecto Elías de irrigación, se hicieron estudios y en los que se puso en tela de juicio la realidad de la empresa de Gil de Taboada y se llegaba a asegurar que el mismo no se llegó a iniciar, sino que simplemente se proyectó y se alegaba que el intendente no logró siquiera llevar a cabo un proyecto para evitar el desperdicio de las aguas del río Piura, en su zona alta, por que no pudo pagar siquiera los estudios del agrimensor que haría el proyecto y menos aún 780,000 pesos en jornales.

En 1840 el gobernador de Piura, coronel Gonzáles, intentó irrigar las pampas de Santa Lucía con un canal, pero tuvo un error técnico de desniveles. El ingeniero Alfredo Duval, años más tarde encontró restos de los tajamares construidos por los tallanes, con los que represaban las aguas de aluvión de las quebradas.

 

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LOS INGLESES ATACAN PAITA

 

En 1805 Napoleón era el amo indiscutible de la Europa Continental, sólo los ingleses se le oponían, favorecidos por su situación insular, que en cierta forma los hacía inexpugnables.

La ventaja geográfica la complementaban con una poderosa flota al mando de uno de los almirantes más capaces que han tenido los ingleses como lo era Nelson.

España iba al arrastre de Francia siendo ella una aliada forzada, teniendo por lo mismo que enfrentar a los ingleses que hostilizaban las colonias que los españoles poseían en América

Por el año mencionado de 1805, barcos de guerra ingleses recorrían las costas peruanas, haciendo captura de barcos españoles y atacando puertos.

En ese año era sub-delegado del partido de Piura, don Pablo Patrón, el cual recibió el 8 de julio un mensaje urgente enviado por el cabo veterano Martín Irribarren, el cual le informaba que se estaba desarrollando en esos momentos un ataque inglés contra Paita y que requería de urgentes refuerzos.

El mensaje, en su parte pertinente decía: “...dos fragatas inglesas haciendo fuego y saqueando... los milicianos están sobre las armas haciendo fuego a fin de que se fueran, lo que se ha verificado, y de abordo están haciendo fuego a fin de derribar el puerto...... Cartuchos no tenemos. Enemigos tenemos muertos cinco y las balas del enemigo están sin parar, urge que mande auxilio porque la gente que tengo es poca”.

No se indica el nombre de los barcos enemigos, pero indudablemente lograron hacer un desembarco en Paita y se entregaron al saqueo. En la lucha hubo un enfrentamiento con las milicias defensoras  y los atacantes dejaron cinco muertos replegándose luego a sus barcos desde donde continuaron el bombardeo

 La debilidad marítima de las colonias españolas fue permanente durante la época del virreinato, y después de los piratas y corsarios de Europa, fueron barcos independientes de Buenos Aires y de Chile, los que amagaron las costas peruanas y se adueñaron del litoral.

El dominio del mar en el Perú, era vital para decidir cualquier conflicto

 

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AZOTAN A MARINOS INGLESES

 

El 30 de junio, a los dos días de haber salido de Huanchaco el mercante “Monserrate” con su capitán José Jibi-Xeil es apresado a la altura de Paita por un bergantín inglés que merodeaba por el lugar, tomándolo al abordaje a las dos de la tarde.

A una parte de la tripulación los abandonaron desnudos en la costa piurana en donde fueron encontrados casi muertos de frío. A bordo quedaron 16 hombres, el capitán y un muchacho español los que encadenados y esposados son encerrados en una bodega, logrando escapar con cadenas y todo, apoderándose de una lanza atraviesan al capitán inglés. Luego reducen a la sorprendida tripulación inglesa. En venganza, los del “Monserrate” azotan a los ingleses del bergantín y luego los abandonan en la costa norte de Guayaquil y a este puerto llegan 5 de ellos a pie. El barco sigue hasta Mantas donde desembarcan al resto de ingleses y continúa a su destino que era Panamá, con 60,000 pesos de plata. El bergantín inglés quedó apresado en Mantas.

El 3 de julio de 1808 llegó a Paita desde Panamá un  falucho que tras descargar y cargar, retorna. Pero entre Tumbes y la isla Puná es sorprendido por una fragata ballenera inglesa que tenía cuatro cañones a bordo y 20 hombres, que tras ligero cañoneo la abordan. Otra pequeña embarcación es apresada por la misma ballenera.

 

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MAYNAS SE INCORPORA AL VIRREINATO PERUANO

 

Cuando en 1802 gobernaba España el famoso rey Carlos IV y era virrey el marqués de Avilés, se dio el 15 de julio una real cédula, disponiendo la segregación de Maynas del virreinato de Nueva Granada y su incorporación al Perú

Al hacer esto, se creó también el obispado de Maynas

El virrey de Nueva Granada don Pedro Mendinueta, procedió de inmediato a dar cumplimiento a la orden real, por cuanto consideraba muy acertada la medida.

Eran parte integrante de los nuevos territorios, las zonas o regiones de Canelos, Quijós y Sucumbios.

El obispo de Maynas debía residir en el pueblo de Jevéros, con jurisdicción sobre las misiones de Maynas, Pastaza, Napo, por el norte hasta el Huallaga y el Ucayali por el sur.

Como las fuerzas militares existentes en Maynas estaban bajo las órdenes del virrey de Nueva Granada se retiraron a Quito. El marqués de Avilés dispuso la formación de un cuerpo militar para reemplazarlas

Como era lógico suponer, la noticia de la real cédula se conoció en el Perú con cierta tardanza. El virrey nombró como gobernador de Quijos a don Diego Melo de Portugal.

La decisión de segregar Maynas del virreinato de Nueva Granada resulta del informe que elevó su propio gobernador don Francisco Requena al presidente de la audiencia de Quito don José Diguja que a su vez dependía de Nueva Granada

Posteriormente el mismo Requena fue nombrado consejero de Indias en España, donde insistió en que Maynas esté bajo la jurisdicción de Lima.

Una de las principales razones que esgrimió, fue  que al expulsarse a los jesuitas de los territorios de América, las misiones de la selva quedaban abandonadas y eso favoreció la penetración de los portugueses del Brasil.

Los territorios de Canelos, Quijós y Maynas, gobernados por la audiencia de Quito, estaban casi abandonados. En cambio, la proximidad a Moyobamba y a Chachapoyas, que pertenecían al virreinato del Perú, iba a romper el aislamiento.

Como obispo de Maynas se nombró a fray Hipólito Sánchez Rangel, por real decreto de fecha 7 de octubre de 1805.

Esta cédula real y el hecho de estar en ese año Tumbes, integrando el partido de Piura, son los fundamentos que ha tenido el Perú, para hacer respetar la peruanidad de esos territorios.

 

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INCORPORACIÓN DE GUAYAQUIL

 

El puerto de Guayaquil fundado por conquistadores que partieron de San Miguel, perteneció la mayor parte del coloniaje al virreinato del Perú. Cuando se estableció en 1563 la audiencia de Quito, integrante del virreinato de Lima, no hubo mayor problema, pero cuando en 1739 pasó a formar parte del virreinato de Nueva Granada, las cosas se complicaron, por cuyo motivo la Junta de Fortificaciones de América, solicitó fuera reintegrado el territorio de Guayaquil al Perú, lo que se hizo por real orden del 10 de febrero de 1806, confirmando un dispositivo dado el 7 de julio de 1803. Por lo tanto, todo el período del proceso revolucionario, Guayaquil lo hizo como parte de territorio peruano y si bien es cierto que el 23 de junio de 1819 volvió a la audiencia de Quito, este hecho en medio del fragor de la lucha revolucionaria pasó desapercibido, tan es así que Olmedo representó al territorio de Guayaquil, ante el 1er. congreso peruano.

En Guayaquil siempre hubo una intensa corriente pro-peruana, pero fue Bolívar el que se aprovechó de la situación dando un verdadero golpe de mano, al apoderarse de ese puerto, con violación del acuerdo tomado por todos los estados que nacían a la vida independiente, según lo cual, las fronteras de los nuevos estados serían los que tenían en 1810.

Por lo tanto, desde 1803, Guayaquil era provincia del virreinato del Perú, hasta el momento en que Bolívar por acto de prepotencia y aprovechando las debilidades y contemporizaciones de San Martín, lo incorporó a la Gran Colombia.

La real orden de 1803 se dio en atención a las necesidades militares y políticas del momento

Ya España había perdido la isla Trinidad, tomada por la poderosa escuadra inglesa, en represalia de que España se convirtió en aliada de Francia.

Para decidir la estrategia a seguir en América, se creó en Madrid la Junta de Fortificaciones de América, la cual consideró que Guayaquil se encontraba muy distante de Bogotá, la capital del virreinato de Santa Fe y que eso dificultaba su defensa.

Guayaquil, al igual que Paita, era un puerto objetivo de piratas y corsarios. No tenía comercio con la región norte de Colombia, en cambio era intenso con el Perú, sobre todo con la intendencia de Trujillo y en especial con el partido de Piura

De hecho, Guayaquil en muchos aspectos dependía del Perú y fue entonces, que considerando las realidades, se decidió su incorporación al virreinato del Perú.

La Junta de Fortificaciones propuso el 28 de marzo de 1803, la anexión al Perú y el 7 de julio el rey expedía la siguiente real orden:

“Excelentísimo Señor don Miguel Cayetano Soler. Ministro de Ultramar

Excelentísimo Señor.

Entre otras cosas que he consultado a su majestad; la Junta de Fortificaciones de América, sobre las defensas de la ciudad y puerto de Guayaquil, ha propuesto que, a fin de que ésta tenga  con ahorro del real erario, toda la solidez que conviene, debe depender el gobierno de Guayaquil del virrey de Lima y no del de Santa Fe, pues éste no puede darle, como aquel en los casos necesarios, los precisos auxilios, siendo el de Lima por la facilidad y la brevedad con que puede ejecutarlo, quien le ha de enviar los correos de tropas, dinero, pertrechos, armas y demás efectos de que carece aquel territorio; y por consiguiente,  se halla en el caso de vigilar mejor, y con más motivo que el de Santa Fe, la justa inversión de los caudales que remita, y gastos que se hagan; a que se agrega que el virrey de Lima, puede según las ocurrencias,, servirse con oportunidad, para la defensa del Perú, especialmente de su capital, de las maderas y demás producciones de Guayaquil, lo que no puede verificar el virrey de Santa Fe. – Y, habiéndose conformado su majestad con el dictamen de dicha Junta, lo aviso a vuestra excelencia; de real orden, para su inteligencia, y a fin de que por su ministerio a su cargo, se expidan las que corresponden a su cumplimiento. Dios guarde a V. E. Por muchos años. Palacio, 7 de julio de 1803. –Josef Antonio Caballero” (y rúbrica del ministro de Guerra.)

 Al dorso de esta real orden, el ministro de Ultramar, puso el siguiente proveído:

“Madrid 8 de julio de 1803. A los virreyes de Santa Fe y del Perú trasladándoles el oficio de guerra, en la que, a consulta de la Junta de Fortificaciones, ha resuelto el rey, quede el gobierno de Guayaquil, dependiente del virreinato del Perú y no del de Santa Fe (rúbrica del marqués de Bajamar, Miguel Cayetano del Soler)”

Los dos virreyes de inmediato procedieron a cumplir la real orden y de hecho y de derecho, pasó Guayaquil a formar parte del virreinato de Lima.

Es el propio virrey de Santa Fe el cursa comunicación a la corte española, haciendo saber que se ha cumplido con la real orden. Por lo tanto, no tiene ninguna consistencia el alegato que alguna vez se hizo de que esa real orden jamás se cumplió.

La prueba la da el siguiente documento:

“Número 55

Excelentísimo Señor.

Por la real orden, expedida por el ministerio de Guerra, en 7 de julio de este año, que V. E. me transcribe con fecha del siguiente día 8, quedo enterado de haber resuelto su majestad separar de la dependencia de este virreinato y agregar al de Lima el gobierno de Guayaquil en conformidad con la propuesta que al efecto hizo la Junta de Fortificaciones de la América, y fundamentos que manifestó y que V. E. refiere sustancialmente. Y, habiendo trasladado el contenido al presidente de Quito y demás jefes principales de aquel distrito, le participo a V. E. en contestación para superior conocimiento.- Nuestro Señor guarde a V. E. muchos años.- Santa Fe 19 de diciembre de 1803.- Antonio Amar (virrey de Santa Fe)”.

Por su parte el virrey del Perú, también informó que había asumido el control del gobierno de Guayaquil, en los siguientes términos:

“Número 232

Excelentísimo Señor Ministro de Hacienda

Para que el gobierno de la ciudad de Guayaquil y su distrito corra unido a este virreinato, como S. M. lo ha determinado y V. E. me comunica en Real Orden de 8 de julio del año próximo pasado, acabo de librar las providencias correspondientes al cumplimiento de esta soberana resolución, cuyo recibo contesto. Dios guarde a V. E. muchos años.- Lima Enero 23 de 1804.- El marqués de Avilés.- Virrey del Perú”.

El virrey del Perú, comunicaba que no sólo el puerto de Guayaquil, si no su distrito había sido anexado al Perú. Según el historiador don Germán Leguía y Martínez, el área comprendía:

1.- Guayaquil......................... Con Ciudad Vieja, Centro y Astillero

2.- La Puná............................. Isla Puná y Balao

3.- Machala............................ Machala y Pasaje

4.- Punta Santa Elena............. Santa Elena, Colonche, Chanduy, Chongón y Morón

5.- Naranjal............................. Naranjal

6.- Yaguachi........................... San Jacinto de Yaguachi, Taura, Milagro, Nausa, Alonche y   

 Guafá

7.- Samborondón.................... Samborondón

8.- Babahoyo.......................... Babahoyo (o Bodegas), Caracol, Chillintemo, Mangaches,

 Quillcaos, Sabaneta, Santa Rita, Ojivar y Pipuello

9.- Pueblo Viejo...................... Pueblo Viejo, Ventanas, Ventanillas

10.- Palenque.......................... Palenque, Estero o Nueva San Lorenzo.

11.- Baba................................ Baba, Juana de Oro, San Lorenzo el Viejo, Pimocha

12.- Balzar.............................. Balzar

13.- Daule............................... Daule, Santa Lucía.

14.- Portoviejo........................ Portoviejo, Montecriti, Picoasá, Pichotá (Roca Fuerte),

                                                 Charapotó, Paján, Puerto Calle, Manta y Jipijapa.

15.- Canoa............................... La Canoa, Chone, Mosca y Tesague

Este resumen lo tomó el historiador peruano de un documento del 8 de febrero de 1814 del que fuera gobernador de Guayaquil Bartolomé Cucalón.

El Perú debió insistir constantemente en su derecho sobre Guayaquil y sus distritos, aún después de la anexión hecha por Bolívar y durante la existencia de la Gran Colombia y de la república de Ecuador después. La moderación de nuestros gobernantes, sólo sirvió para alentar ambiciones territoriales absurdas, que aún se mantenían en  a fines del Siglo XX

Corresponden a los juristas y expertos en derecho internacional, determinar si es que nuestros derechos sobre Guayaquil aún subsisten.

La anexión de Guayaquil fue total y comprendió no sólo lo referente al aspecto militar, sino también político, económico y judicial.

Por esa época, era norma general de España, nombrar a los gobernadores para desempeñar el mando político y militar.

Lo uno era desligable de lo otro.

Fue así como se nombró a fines del siglo XVIII al coronel Juan de la Mata Urbina como gobernador político y militar de Guayaquil

Lo mismo se hizo con su sucesor el coronel Cucalón en 1801 y fue precisamente cuando la gobernación la tenía este coronel, en que se produjo la anexión, pasando por lo tanto a depender del virrey del Perú.

Para cumplir con todos los asuntos hacendarios y comerciales, el Tribunal del Consulado del Perú, designó un representante ante el partido y gobernación de Guayaquil recayendo el cargo en el comerciante del mismo puerto don Manuel Llona.

Parece que a Cucalón no le gusto el hecho de quedar bajo el control del virrey de Lima por que iba a estar mejor vigilado y también por que las nuevas autoridades nombradas por Avilés, no serían de su completo gusto. Fue por eso, que trató de resistir al nombramiento de Llona y se negó a darle posesión del cargo, bajo el pretexto que lo ejercía don José de la Peña nombrado por el Tribunal del Consulado de Cartagena. Pero al fin y al cabo el coronel Cucalón se vio precisado a dar  posesión del cargo a Llona el 12 de julio de 1804.

Cucalón acató pero apeló ante la corte de Madrid.

Esto ha servido a la postre para determinar que la anexión no sólo fue militar, sino total y absoluta y que por lo tanto existió siempre el derecho del Perú de acuerdo a las normas de Uti Possidetis, sobre Guayaquil y la región circundante

El documento rotundo y terminante emitido por la corte española fue el siguiente:

“Aranjuez, 10 de febrero de 1806.-

Señores Prior y Cónsules del Tribunal de Consulado de Cartagena Indias.

En vista de lo que consultan Uds. en carta de 25 de marzo del año próximo anterior, sobre la provincia de Guayaquil, a consecuencia de la agregación al virreinato de Lima, debe depender de la parte mercantil de ese consulado o del de dicho Lima; se ha servido Su Majestad, declarar que la agregación es absoluta; y por consiguiente, que la parte mercantil debe depender del mencionado consulado de Lima y no de ése.- Prevéngolo a USS de Real Orden, para su inteligencia y gobierno.- Dios guarde a USS. Miguel Cayetano Soler.- Secretario de Estado y del Despacho Universal de la Real Hacienda”.

El Tribunal del Consulado de Cartagena ya nada pudo alegar y el 10 de febrero de 1806 hacía saber que había acatado y cumplido.

Como se puede apreciar por esta última nueva real orden, quedaba también aclarado que no sólo se trataba del puerto de Guayaquil, sino de toda la provincia.

El empecinado Cucalón no se dio por vencido y decidió tantear por otra parte y fue así como el 18 de febrero de 1808, encabezando al cabildo y justicia se dirigió nuevamente a la corte de Madrid, solicitando por razones de distancia y de economía que en lo judicial Guayaquil dependiese de la real audiencia de Quito y no de Lima.

Eso no mereció siquiera la respuesta, posiblemente porque en julio de 1810 Quito estaba insurreccionado. El 28 de octubre de 1815 reitera Cucalón el pedido.

Esto demuestra que en 1810 Guayaquil dependía en todo de Lima.

Hay otro asunto. Entre 1809 y 1811 Cucalón apresó y confiscó los bienes de un enemigo personal, el comerciante Carlos Logomarsino bajo la falsa acusación de cartearse con los insurgentes. Puesto el caso de conocimiento de Lima, dispuso ésta la libertad de Logomarsino y aclaró su inocencia.  La orden fue cumplida en momentos en que Cucalón estaba en Quito. Al regresar a Guayaquil volvió a poner preso a Logomarsino en franco desacato, por cuyo motivo, el propio virrey bajo responsabilidad, lo obligó a acatar lo dispuesto por la real audiencia de Lima.

   (agregar mapa de Guayaquil)

 

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APARICIÓN DE LA VIRUELA

 

La peste de la viruela se convirtió en un mal endémico en el Perú. En la costa, una epidemia sucedía a la otra, con elevados índices de mortalidad.

Desde Tumbes hasta Huaura el flagelo atacó con mayor intensidad a los negros y a los indios. Al mal se le llamaba “grano de la peste”.

Al Perú, la enfermedad entró desde la audiencia de Quito, pues los primeros atacados se detectaron en el virreinato de Santa Fe o Nueva Granada

Ante los requerimientos del virrey de Bogotá, el rey Carlos IV, dispuso en junio de 1803, el envío de una expedición científica al Perú bajo la dirección del médico José Salvany. La misión se embarcó en el puerto de La Coruña, con 22 niños expósitos a los que les había dado ya la viruela y de cuyos brazos se iba a lograr el virus.

La misión médica actuó en Venezuela, Colombia y Ecuador. En éste último sitio desplegó intensa actividad en Cuenca y Loja y sólo recién el 23 de diciembre de 1805 llegaban a Piura.

Pero ya la vacuna había llegado al Perú, desde meses antes internada desde Buenos Aires.

En Piura estuvo el padre betlehemita Lorenzo Justiniano de los Desamparados, aplicando por primera vez la vacuna

No obstante la gran desconfianza que se tenía en el sistema, fueron miles las personas  las que se vacunaron. Luego pasaron al Alto Piura y de allí a las poblaciones que estaban en la ruta a Lambayeque. También estuvieron en Trujillo y Cajamarca.

Hasta 1809, fecha de su muerte en La Paz, el doctor Salvany llegó a aplicar más de 200,000 vacunas.

 

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ACTIVIDADES DE LA INQUISICIÓN

 

Si bien es cierto que la Inquisición, al ingresar al nuevo siglo, dejó de condenar a la última pena a los infelices que caían en sus manos, no por eso se mostró menos activa.

Fue motivo para intervenir, el leer y propagar las nuevas ideas de los enciclopedistas franceses y de la libertad.

Don Ricardo Palma, cuenta que después de la ocupación de Lima por los chilenos, en la tarea de reconstrucción de la Biblioteca Nacional a la que se dedicó y del rescate de muchas obras, pudo salvar un valioso manuscrito, que contenía un índice de las causas que habían sido vistas por la Inquisición hasta el mismo año de 1820.

Aún cuando no se lograron en la mayoría de los casos, los detalles de los juicios, cuando menos se conoció el nombre de los encausados.

Así por ejemplo, el mercedario fray José Carvajal, del convento de La Merced de Paita, fue denunciado en 1805 por despreciar a la venerada virgen de la que son devotos todos los paiteños. Como eso es inadmisible, se supone que algún otro fraile, por rivalidad, o algún fiel descontentadizo lanzó por venganza la acusación.

En 1819, el coronel del famoso regimiento de Los Talaveras, don José María Casariego, que trató de resistir en 1821 la proclamación de la independencia de Piura, fue acusado de haber contraído matrimonio dos veces. No se sabe como se libró el iracundo coronel de este problema, pues lo concreto fue que siguió al mando de las fuerzas de Paita y Piura.

Ni el fanático obispo realista José Carrión y Marfil se libró de una acusación, pues en 1805 hubo denuncia por proposición herética.

 

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FUERZAS MILITARES EN 1805

 

Al iniciarse el siglo XIX, en el virreinato hubo una modificación en cuanto a la distribución de los efectivos militares

Se actuaba de acuerdo a las necesidades del momento y a lo que imponían las circunstancias, por cuanto la agitación interna y externa se incrementaba y las ideas libertarias cundían.

Las fuerzas de milicias, en 1805 eran las siguientes en el partido de Piura:

En esta ciudad, el batallón Piura, fundado en 1762 estaba conformado por 8 compañías de infantería con un total de 527 hombres al mando del comandante don Manuel Carrasco.

Como fuerzas de caballería se tenían, en primer término las llamadas milicias disciplinadas urbanas de caballería con acantonamiento desde  1781 en Querecotillo, escuadrón con tres compañías, integradas por 180 soldados.

En Tambogrande, existía desde 1794, una compañía que en 1805 contaba con 60 soldados.

Las milicias provinciales urbanas de caballería, tenían en Huancabamba un escuadrón con tres compañías y 250 soldados, siempre bajo el comando de don Manuel Váscones (en el parte aparece como Báscones)

En Chalaco, bajo el comando de Carlos Berrú, estaba acantonado un escuadrón, con tres compañías y 350 soldados.

Había escuadrones de dragones en Tumbes y Amotape.

En la primera localidad ¿? estaban acantonadas dos compañías con 120 hombres y en la otra localidad: del Chira se alojaba un escuadrón con tres compañías y 240 hombres al mando de don Juan Cristóbal de la Cruz.

En el año 1806 el batallón Piura mantenía los mismos efectivos e igual comandante. Lo mismo sucedía con las fuerzas de Querecotillo, Chalaco y Huancabamba.

Los dragones habían aumentado, pues en Tumbes ya eran 180 soldaos y en Amotape 402.

 

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SECHURANO DETIENE A OIDOR DE REAL AUDIENCIA

 

En capítulos anteriores a esta historia, hemos relatado como los alcaldes de los pueblos indios, trataban de cumplir a cabalidad su papel y hacían respetar su autoridad.

Un hecho de esta naturaleza ocurrió en 1807. Don Diego de Avendaño fue nombrado oidor de la real audiencia de Lima y su ingreso al Perú lo hizo por el puerto de Paita.  Como es lógico suponer allí recibió las atenciones de las autoridades piuranas, tras de lo cual decidió continuar su viaje por la ruta Sechura – Mórrope.

Allí fue recibido por el alcalde y juez de Sechura, un auténtico indio tallán, el cual para autorizarle a seguir su viaje le solicitó sus papeles.

El oidor Avendaño dijo que no creía necesario disponer de un pasaporte ya que después de todo era uno de los ministros de la real audiencia de Lima.

El indio, sin inmutarse, le replicó en tono respetuoso pero muy enérgico, que “su señoría puede ser ministro en Lima, pero acá yo soy el ministro de justicia y mi vara vale más que la de su señoría”.

Luego manifestó que no veía otra salida, sino que el oidor Avendaño retornase a Paita, para arreglar sus documentos y que mientras tanto, ponía a su disposición dos alguaciles para que lo ayudasen en los trámites, pero también para impedir que intentase proseguir el viaje.

Avendaño, admirado por la integridad de la autoridad india, acató lo dispuesto y regresó a Paita.

 

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CASTAS

 

Al iniciarse la conquista, fueron tres las razas que existieron en el Perú: la blanca, la india y la negra

En la región Piura-Tumbes, la raza blanca estuvo representada por los españoles conquistadores, la india por los tallanes de la costa, y los guayacundos y huancapampas de la sierra y la negra por los esclavos.

Hubo entonces en el Perú la necesidad de establecer, dos sistemas de organización administrativa y de legislación, una para españoles y otra para los indios. Esto es la que se llama República de Españoles y República de Indios.

Waldemar Espinoza, en "Sociedad Andina Colonial" dice que las dos repúblicas estuvieron adosadas, pero no integradas y una se superponía y dominaba a la otra.

En este caso, la voz república se usa en un sentido general, como cuerpo político o un conjunto de personas que están gobernadas por determinado sistema legal. Estas tres razas al irse fundiendo y refundiéndose a lo largo de los siglos, dieron origen al mestizaje.

La mezcla fue de tal naturaleza, que don Ricardo Palma decía, que en el Perú el que no tenía de inga, tenía de mandinga. El mestizaje originó en la colonia un sistema de castas y creó una sociedad muy estratificada por razones de origen y de sangre.

Las castas que existieron durante la colonia  fueron, según don Hipólito Unánue, las siguientes

Blanco con indio, daba mestizo

Blanco y mestizo daba criollo

Mestizo con indio, daba cholo

Blanco y negro, daba mulato

Negro e Indio, daba mulato

Negro y mulato daba zambo

Otras combinaciones daban tercerones y cuarterones. El criterio generalizado entre los historiadores, es que el criollo no era una casta sino una clase social, constituida por blancos españoles nacidos en el Perú.

Entre los mismos blancos, existieron niveles. En la región Piura Tumbes cuando Pizarro dejó la recién fundada ciudad de San Miguel para dirigirse a Cajamarca, dejó entre 30 y 40 españoles, a la mayoría de 1os cuales se les entregaron encomiendas lo que les dio poder político y económico. Ellos constituyeron la base de la nobleza española en lo que sería el Corregimiento de Piura. En España la condición de vecinos se otorgaba solo a los hijosdalgo y en San Miguel, Pizarra premió y encumbró a los que lo habían acompañado. A ellos se agregarían después otros conquistadores españoles y españoles nobles venidos de España, a los que llamaron chapetones. Esos fueron los nobles piuranos de la colonia, gente muy orgullosa de lo que llamaban sus blasones, abolengo y linaje que constituyeron un círculo social muy cerrado y entre ellos se casaban, por lo cual todas las familias de lustre de Piura estaban emparentadas. En el cabildo de Piura en 1739, no se admitió al vecino don Miguel del Castillo, según dijeron por falta de nobleza. En Piura, no se hizo distinción entre los españoles chapetones nacidos en la Península y los españoles criollos nacidos en el Perú u otra parte de América.

También entre los indios había niveles. Los curacas y su familia ocupaban los más altos sitios de su casta y algunos como en Catacaos y Sechura donde existieron también Capullanas en la colonia, así como en Colán, los curacas lograron tener poder y riqueza y fueron socios de los españoles en diversas empresas. Los indios de las reducciones, estaban mejor considerados socialmente que los indios del campo.

Son notables la prosperidad y poder que lograron los caciques de Colán, así como Isabel Temoche que se hacía llamar Isabel Capullana, cacica de Sechura y de la Muñuela y posteriormente de Catacaos y de Simbilá. Isabel! estaba casada con Luis Colán, hijo del cacique de Colán. Cuando ya el régimen colonial había avanzado bastante, es decir en 1649 era cacica de Cucungará, Francisca Capunay, donde ahora está el distrito de Cura Mari.

Don Oswaldo Fernández Villegas, se ha ocupado de María Yllactanta cacica ayabaquina de Collana, que estaba cerca de las ruinas de Aypate.a quien  se supone nacida entre 1570 y 1580, Heredó el cacicazgo de su primer marido Melchor Tomapasca, del que tuvo a sus hijos Juan y Miguel. Al enviudar se casó con Álvaro Caguarchinchay del que tuvo un hijo que llevó el mismo nombre, es decir Álvaro y en un concubinato con un español de apellido Ríos tuvo a su hija Catalina de los Ríos. La cacica vestía muy cuidadosamente a la usanza española y fue devota de la virgen del Rosario y de la virgen de Zaragoza. Era propietaria de gran cantidad de cabezas de ganado vacuno, ovino y cabrío, de áreas extensas de tierras de cultivo, en Ayabaca la Vieja tenía un establo con caballos, yeguas y asnos y  6 mitayos, poseyendo en la ciudad de Ayabaca varias casas. En 1629 hizo su testamento. La mejor casa de Ayabaca la dejó a sus hijos Juan y Miguel y la enorme finca de Suchibamba a sus hijos Alvaro y Catalina, esta última heredó además vacas, yeguas y asnos. En su testamento hizo muchas donaciones y dejó dinero para que oficiaran varias misas en su memoria. Como no hablaba el castellano, actuó como intérprete al redactar su testamento el indio Francisco Livia Poma y como escribano actuó Juan Fernández.

 

Pero en forma general, los españoles trataban mal a los indios Estos tuvieron que vivir dentro de una nueva sociedad, muy injusta, de gran agresividad que los despojó de sus tierras, ganados y pertenencias, de su fuerza de trabajo, que les obligó a practicar una nueva religión y aprender un nuevo idioma, así como aceptar otras costumbres y formas de vida. El impacto que causó en la masa tallán e indígena en general fue muy fuerte y sumió al indio en un estado de depresión masiva, que modificó su carácter, porque la nueva vida no les ofrecía ningún aliciente. Los españoles miraban mal a los mestizos y a los indios y los mestizos miraban mal a los indios, de los que trataban de diferenciarse porque aspiraban a españolizarse y hasta los curas indios  de la colonia trataron de aprovecharse de las gentes de su raza. En la colonia, existió entre los mestizos una gran cantidad de apellidos tallanes que aun subsisten.

El maltrato que sufrieron los indios causó el despoblamiento de Piura y del resto del Perú.

Los negros esclavos eran llana y simplemente tratados como cosa o como ganado, pues hasta los marcaban al fuego como se hacía también con una vaca.

En 1586 o sea a 34 años de la fundación de San Miguel, había 4.000 esclavos en Lima, en Piura sólo habían un poco más de un centenar. En 1613, 10.000 esclavos en todo el Perú y entre 1615 y 1619, entraban por Paita un promedio anual de 1,200 esclavos La mayor parte de los esclavos que vivían en Piura procedían de la isla francesa de Madagascar en el océano Indico, es decir que eran Malgaches o Mangaches como acá se les llamó. Pero también habían de raza caravelí, mandingas, del Congo y de la colonia portuguesa de Angola.

Al igual que una vaca o un caballo, se buscaba aumentar la población negra haciendo crías de negros, haciéndose los desentendidos y tolerando en forma infame los casos de adulterio y hasta de incesto, porque al final de cuentas, se aumentaba la población negro.

En las investigaciones genealógicas hechas por Isabel Ramos, logró encontrar en el Libro 1 de Matrimonios de la Catedral, un dato muy interesante registrado en el folio 266, asiento 1193, en donde aparece el matrimonio de los negros Marcos Valdivieso y Juana de la Cruz. Corresponde al 5 de julio de 1743 y dice: "Don Thomás Cárcamo (cura) casó al mulato esclavo de los criaderos del capitán Joseph de Valdivieso, hijo natural de Manuel de Valdivieso y de Catalina de Valdivieso; con Juana de la Cruz, viuda de Joseph Cornejo. Actuaron como Padrinos Mathias de Figueroa y Jana Sario". Como ya lo hemos dicho, en la provincia de Sullana, había un lugar llamado "El empreñadero" recientemente cambiado por el nombre de Santa Cruz..Eso era un criadero de negros.

Los negros generalmente adoptaban el apellido de sus patrones o protectores, pero los mulatos que eran hijos naturales podían tener el apellido de su padre español.

 

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EDUCACIÓN Y CULTURA

 

España durante la época de la Casa de Austria fue una nación que desde el sistema educativo estaba por debajo del resto de potencias europeas. Con al advenimiento de la Casa de Borbón, hubo mayor preocupación en la educación y en la cultura, hecho que se reflejó en las colonias.

En el puñado de españoles que iniciaron la conquista del Perú, sus dos jefes principales, Pizarro y Almagro fueron analfabetos y también una gran cantidad de los soldados y capitanes.

 

El sistema educativo colonial se daba en tres etapas: a) Las primeras letras, b) Estudios menores y c) Estudios mayores.

Las primeras letras generalmente se daba en el hogar de las familias piuranas pudientes, y se ofrecía más a los niños que a las niñas. Estos estudios consistían en aprender a leer, a escribir, un poco de cuentas y el catecismo. Los indios recibían adoctrinamiento en la Iglesia de San Sebastián. Pero los doctrineros no se preocupaban de enseñarles los rudimentos de la lectura, ni de la escritura, porque era política de España, no dar instrucción a la masa de indios, lo que consideraba peligroso. En Piura no funcionaron las escuelas para curacas, que si las  había en Lima y otras ciudades

Los estudios menores, se daban a partir de los 8 ó 10 años. Eran escolarizados, pero en Piura se dieron por breve tiempo y en forma muy tardía en el colegio del Carmen.

En el convento de Belén, las monjitas daban instrucción a las hijas  da las principales familias piuranas. Tal educación consistía en la enseñanza de bordados, costura, tejido, música y el conocimiento de las principales oraciones. No se ocupaban mayormente en enseñarles a leer y escribir.

Ya hemos relatado, como en la colonia hubo dos casos de poetas y literatos de bastante calidad, pero esas eran situaciones aisladas. La falta de escuelas para brindar estudios menores en Piura, posiblemente se debió a que los jesuitas, que eran los que más se ocupaban de estos menesteres, no tuvieron convento ni templo en Piura

Los estudios mayores, que comprendían la Filosofía y la Teología, no se dieron en Piura, pero los piuranos que deseaban seguir estas disciplinas iban a Trujillo e ingresaban. en el Seminario de San Carlos y San Marcelo.

El primer colegio que funcionó en Piura fue el del Carmen. El historiador y sacerdote jesuita padre Rubén Vargas Ugarte, manifestaba que una rica familia terrateniente de Piura, tenía una familiar que regentaba el convento de las Carmelitas de Quito. Se establecieron coordinaciones y se logró autorización para construir en Piura un templo y un convento dedicado a la virgen del Carmen. Con toda diligencia se construyó el convento y el templo al norte de la ciudad, pero cuando se trató de obtener la autorización, la Santa Sede se negó al traslado de monjas del convento de Quito a Piura.

La defraudada familia piurana, logró sin embargo que un sacerdote jesuita, hermano de la señora gestora, viniera de Loja para regentar el colegio situado en el convento, empezando a funcionar con tres sacerdotes jesuitas, los mismos que se ocuparon de oficiar misas en el templo y se dio el caso de que estos sacerdotes, oficiaban en un convento y en un templo destinado a la orden Carmelita. Pero Piura no estaba madura para tener un colegio y fueron pocos los alumnos que se matricularon y concurrieron. Aparte de eso había dificultad para conseguir profesores. La situación económica del plantel se resintió mucho y al poco tiempo cerró. Se dio el caso de alumnos de familias principales que  concurrían con un niño negro esclavo y cuando cometían una infracción, los palmetazos los recibía el negrito.

Hay otra versión que fue dada por don Enrique del Carmen Ramos, el que aseguro que fue el obispo de Trujillo Jaime Baltasar Martínez Compañón y Bujanda, el que dispuso el funcionamiento del convento del Carmen y que el colegio fue regentado inicialmente por frailes franciscanos y después por mercedarios y betlehemitas

En las dos versiones, el colegio cerró y luego se fundó el colegio de Latinidad, que fue regentado por frailes de la orden de la Merced, con apoyo económico de la iglesia matriz, pero también cierra y el gobierno español convirtió en cuartel de caballería en momentos en que empezaba la agitación libertaría. En 1827, el presidente Santa Cruz, reabre el colegio de ciencias de Nuestra Señora del Carmen, como colegio mayor, a cargo de los mercedarios, pero cerró y Gamarra lo reabrió en 1833 y luego se convirtió en el colegio San Miguel.

En materia de arte, nada de importancia se puede mencionar en pintura, escultura o arquitectura y la influencia de la Escuela Quiteña en Pintura, no se proyectó a Piura.

 

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LAS HACIENDAS. LOS TERRATENIENTES

 

Cuando Pizarro, marchó en septiembre de 1532 a Cajamarca, organizó antes a la ciudad de San Miguel. Le instaló un Cabildo y nombró autoridades, así como también repartió solares para los que tenían la condición de vecinos y a muchos de ellos les entregó encomiendas y repartimiento!> de indios, no obstante que no tenía facultades para eso, por lo cual disimuló su arbitrariedad usando los eufemismos de depositario en lugar de encomendero; depósito en lugar de encomienda y depositados en vez de indios.

Después del reparto del oro del rescate en Cajamarca , una avalancha de aventureros de comerciantes y aventureros españoles salieron de Panamá y congestionaron a la pequeña aldea de Tangarará, que de la noche a la mañana se convirtió en un bullente mercado y como los conquistadores carecían de todo, se ofrecían ropa, calzado, armas y animales domésticos. Es decir que Paita y San Miguel, fueron la puerta de entrada para la llegada al Perú de vacas, cerdos, carneros, asnos, mulas, caballos y aves. De igual manera trajeron semillas para árboles frutales y otros. El trigo se empezó a cultivar en la sierra piurana a partir de 1550, cuando doña María Escobar, esposa del conquistador Diego Chávez lo trajo al Perú. La caña de azúcar fue introducida por el capitán Juan Salinas de Loyola que la trajo a Piura y se cultivó en el Alto Piura y en Ayabaca, En los trapiches no sólo se sacaba azúcar, sino que de la caña elaboraban el licor cañazo y el dulce llamado chancaca.

Los caballos tenían en tiempos de la conquista un alto precio. Las cabras se aclimataron en forma magnífica en Piura y en sus arenales, teniendo en la vaina de la algarroba, un magnifico alimento. Fue base de la ganadería piurana.

La agricultura y la ganadería piurana se inician en el siglo XVI, a partir de la conquista. Los primeros encomenderos fueron la base, de la que con el tiempo fue la clase terrateniente que con e! transcurso de los años se convirtió en un grupo de poder.

Los primeros encomenderos fueron:

1.- Gonzalo Farfán de los Godos, a quien le tocó inicialmente Catacaos y luego cambió por la Chira

2.- Andrés Durán, Alcalde del segundo voto de San Miguel al que tocó Poechos

3.- Francisco Lobo, que se convirtió en encomendero de Jayanca.- Se radicó en Trujillo

4.- Francisco Lucena, al que tocó Tangarará que después vendió al Capitán Gaspar Trocha Buitrago

5.- Francisco Quiroz, al que dieron Copiz.- Fue luego vecino de Pirhúa y después radicó en Lima

6.- Diego Palomino al que tocó Motupe y luego Huancabamba

7.- Juan de Escobedo, al que tocó Moscalá que luego vendió a Diego Fonseca

8.- Juan Trujillo, al que correspondió Pabur, Murió en 1548 en las Guerras Civiles

9.- Bartolomé Aguilar que se convirtió en encomendero de Ayabaca, que murió en las Guerras Civiles.

10- Miguel Ruiz, al que tocó Punta Aguja (Sechura), Colán, Manón y Narihualá. Falleció en Payta en 1587

11- Juan Coto, al que dieron Catín o Gaxas. Murió en la Guerra Civil de los españoles.

12- Juan Barrientos al que tocó parte de Amotape. Se avecindó en el Cuzco

13- Francisco Martín Albarrán al que dieron el resto de Amotape. Fue después vecino de Pirhúa,

14- Pedro Gutiérrez de los Ríos, al que correspondió Cocola. Se radicó en Lima

15- Baltasar Carvajal al que dieron Colinique.

16- Gonzalo Grijera al que tocó Serrán, luego Caxas que estaba vacante.-Vecino de Pirhúa

17.- Guerra Alonso, Obtuvo Penachí y Olmos. Fue vecino de Pirhúa

18- Gutiérrez Diego, dieron Pacora. Murió en las Guerras Civiles,

19- Juan Rubio, le correspondió Yapatera.- En 1554 vivía en Lima

20- Diego de Santiago, recibió parte de Poechos y murió en Pirhúa en 1549

21- Diego Saucedo, fue encomendero de Malingas

En el ámbito nacional, se consideraban malas, las encomiendas que rendían menos de 3.000 pesos anuales. De 3.000 a 5.000 pesos se estimaban como medianas y las que producían más de 5.000 eran buenas. En el Alto Perú, las encomiendas producían entre 15.000 y 50.000 pesos al año. En Piura eran malas.

Asombra el conocimiento pronto que tuviera Pizarro de las diversas localidades de Piura, como para organizar las encomiendas y repartimientos.

Como se ha podido apreciar, con las guerras civiles, las encomiendas pasaban de una mano a otra. Apenas fundada San Miguel y cuando varios españoles se decidieron a retornar a España, tras del rescate, cargados de oro, pasaron por San Miguel y Panamá. Desde este último lugar, centenares de españoles, se embarcaron rumbo a Perú en busca de riquezas y llegaron a San. Miguel, de donde partieron a la conquista del reino de Quito. Los españoles radicados en San Miguel y tenían familia en Panamá, la trajeron al Perú. Vaca de Castro primero y luego la Gasca y el virrey marqués de Cañete, hicieron una recomposición de las tierras, quitando a unos y dando a otros.

Se produjo entonces, una incontenible apropiación de tierras indígenas, logrando legalizar sus despojos, cuando en años sucesivos vinieron a San Miguel y a Pirhúa, jueces de tierra que entregaban a los usurpadores, la propiedad de extensas áreas, bajo el sistema de composición de tierras.

En el siglo XVII o sea el 1600, la propiedad de la tierra se presentaba de la siguiente forma:

En 1614 llegó a Piura el corregidor don Juan Andrade y Colmenero y su esposa Paula Piraldo. La que en muy breve tiempo logró las encomiendas de Paita, Colán, y Catacaos que habían permanecido realengas, mientras que su esposo obtuvo después de 1616 Huancabamba, Sondor y Huarmaca por muerte del encomendero Gaspar Vallado!id y Angulo. También obtuvo Andrade Colmenero, las encomiendas de  Cucio, Mecomo y Mechato en el valle de Catacaos y así como, Pariñas, Malacas y Guaura al norte de Paita. En 1619 estaban nuevamente viviendo en Lina y en 1629 al morir Andrade Colmenero todas sus pertenencias pasan a ser propiedades únicas de doña Paula y cuando ésta murió volvieron en su mayor parte al poder de la Corona.

Entre 1590 Y 1595, las tierras de La Chira que pertenecían al Gonzalo Farfán de los Godos, el Mozo, que las había heredado de su padre el encomendero Gonzalo Farfán de los Godos el Viejo; pasaron a poder de don Francisco Cornejo, no se sabe si por venta. Ya en el 1600, su hijo Glicerio era el poseedor de La Chira, que dejó a su hijo Andrés Cornejo de Cantoral, el cual contrajo matrimonio con doña Clara Manrique de Lara, hija de don Gaspar Valladolid y Angulo. Del matrimonio de ambos, nació Catalina Cornejo de Cantoral que se casó con el capitán Francisco de Sojo y Avilés recién llegado de Lima que era cuñado del marqués de Salinas. Doña Catalina recibió en 1664 de su tío Fernando Troche Buitrago, la hacienda Tangarará o Pullaclla como también se le llamaba y de su tío Juan Herrera Gamucio casado con Agueda Troche Buitrago, recibió otras tierras en el valle del Chira. En 1665 Sojo compuso las tierras de La Capilla y Jíbito en el lado izquierdo  del río Chira y la hacienda Morropón en el Alto. Piura. Cuando Francisco Sojo murió en era el más rico terrateniente del valle del Chira. La segunda generación de los Sojo o sea los Sojo Cantoral lograron controlar las tierras comprendidas entre La Huaca y La Punta y por el sur desde las pampas de Congorá hasta los cerros de la Brea y Amotape, es decir todo lo que ahora es la provincia de Sullana, salvo algunos pequeños terrenos de los indios.

Pizarro había dado al capitán Francisco Lucena la encomienda y repartimiento de Tangarará, el que lo transfirió al capitán Gaspar Troche Buitrago, que se casó con María de Aguilar, hijo de ambos fue Hernando que también llegó a ser encomendero de Sechura en 1603. Se casó con Juana Castro Manrique de Lara. Este matrimonio tuvo a Fernando Troche Buitrago, a Juan, Maria, Benito, Jacinto y doña Agueda que se casó con el capitán Juan de la Herrera y Gamucio. Estos últimos no tuvieron descendencia

En 1603 Gaspar Valladolid y Angulo, tenía las encomiendas de Huancabamba y Huarmaca, las mismas que abarcaban desde, Frías, Chalaco y Caxas hasta Sóndor. Al morir Valladolid en 1616 fueron adquiridas por el corregidor Andrade Colmenero

A fines del Siglo XVI, Ruy López Calderón era curador y tutor de Gonzalo Farfán de los Godos, El Mozo, con relación a las encomiendas de Paita, La Silla, Motape, Bitanera y Lizama, que luego el virrey Conde del Villar adjudicó a López Calderón

En 1645, el juez de tierras Juan Dávalos Cuba Maldonado, adjudicó al capitán Martín Alonso de Granadino, las tierras realengas de Máncora, que abarcaban desde Amotape hasta el río Tumbes. Al morir éste, su viuda doña María Ramírez de Arellano, se casó con el capitán Juan Benito de las Heras, que convirtieron las estancias de Pariñas y. Máncora en prósperas y ricas haciendas ganaderas.

En la sierra, el conquistador Francisco Manrique de Lara, que fuera oficial real cuando el corregimiento tenía como capital San Francisco de la Buena Esperanza de Payta, recibió las encomiendas de Serrán, Uchupata, San Antonio, Siclamache, Casiapite, y Hualcas, las que convertidas en haciendas ganaderas, las compuso cuando llegaron jueces de tierras. El capitán don Francisco dejó sus extensas tierras a su hijo el general Juan Manrique de Lara el que contrajo matrimonio con doña Agueda Luisa Sojo y Cantoral rica heredera en el valle del Chira. Al morir Manrique de Lara, la viuda dona Agueda, sumó sus propiedades a las de su finado marido, y se casó con don Baltasar Quevedo Villegas y Socombio corregidor de Ayabaca. Al morir doña Águeda, quedó don Baltasar en poder de las tierras, como albacea de los hijos del matrimonio.

La propiedad de las tierras agrícolas ganaderas de Piura en el siglo XVIII desde el 1700 era la siguiente:

El 2 de marzo de 1702 don Baltasar Quevedo, logró la propiedad de las cinco haciendas, cuando era virrey del Perú el conde de Moncloa y al morir, todas las haciendas pasaron a poder de sus hijos, Gregorio, María, Incolaza, Agustín y José el primogénito al que correspondió la mayor parte.

El 3 de Febrero de 1705, los esposos De las Heras-Arellano, donaron sus ricas tierras al convento-hospital de Santa Ana de Piura que estaba a cargo de las hermanitas de Belén. Las monjitas arrendaban las ricas haciendas sacando una buena renta hasta el año 1815 en que José Lama Sedamanos las  convenció para celebrar un contrato enfitéutico por 150 años, pero se volvió moroso en el pago de anualidades. Lama se había casado en 1810, con la acaudalada Luisa Farfán de los Godos y Ramos, propietaria de la hacienda La Capilla. En 1831, Lama logró que el presidente Gamarra que era su amigo, arrebatase las haciendas a las monjitas y se la vendieran a él. Lama desde 1827 habla denunciado, una mina de brea ubicada en el cerro Prieto, pero hizo la documentación de tal forma que la mencionada mina abarcaba toda la hacienda Pariñas. En 1859 se explotó el primer pozo petrolero en Estados Unidos y pronto  se conoció que en las haciendas de la Brea y Pariñas habían riquísimos depósitos. Por sucesivas ventas, las minas de la Brea y Pariñas llegaron a poder de la International Petroleum y y se convirtió por muchos años, hasta 1968, en el llamado problema de la Brea y Pariñas, que comprometió la soberanía nacional.

En 1700 aun vivía el capitán Francisco Sojo y Avilés. Sus hijos, los Sojo y Cantoral, eran el general Juan al que correspondía el Mayorazgo, María Leonarda, Agueda y el R.P. Francisco. Doña  Leonarda casada primero con Eduardo Otaisa y luego con Mateo Gonzáles Sanjinés era propietaria en 1714 de La Chira, La Capilla y Nomara y en el valle de Piura, de Malingas, que a su muerte pasó a su hijo Juan Eduardo Otaisa Sojo. El general Juan Sojo recibió Tangarará que luego pasó a su hermano el R.P. Francisco, que a su vez dejó en herencia a su sobrino Juan Eduardo Otaisa.

Malingas, Pelingará y Locuto en 1595 eran propiedad del mestizo Miguel Salcedo Uribe, hijo del conquistador Miguel Salcedo Más tarde, Juan Valladolid, hijo de Gaspar Valladolid y Aranda, compuso las tierras de Malingas. En 1645 esta hacienda, así como Parales, Terela y Pabur, por composición, pasaron a poder del capitán Juan de Herrera y Gamucio, sobrino político de Juan Valladolid y Angulo. Como Herrera y Gamucio no tuvo descendencia, dejó sus extensas haciendas del Piura y del Chira a su sobrina Catalina Cornejo Cantoral, casada con el capitán Francisco de Sojo.

En 1773 Otaisa Sojo, vende Tangarará a su pariente don Tomás Fernández de Paredes, llegado de Lima, que a su vez deja en 1803 sus tierras a su sobrino Francisco Javier Fernández de Paredes y Noriega de Domínguez, marqués de Salinas, el que tuvo a dos hijos; Teodoro que murió siendo muy joven y doña Jacinta que heredó las extensas haciendas de Tangarará y Mallares, la que a su vez se casó con don Pedro Arrese Sañudo, administrador general de las haciendas y de esa forma los Arrese Fernández de Paredes se vuelven propietarios de la enorme hacienda Mallares que luego pasa a la familia Romero. Doña Jacinta no heredó el título nobiliario.

En 1717 don Antonio Rodríguez de Taboada, era propietario de las haciendas Locuto, Curbán, Sol Sol y Sáncor en el valle de Piura. En el Chira la hacienda Chipillico era propiedad del alférez Nicolás Antonio Rivera, el que en 1731 siendo general, adquirió Suipirá, Pelingará y Curbán. En 1778, por remate pasaron a su  poder y al año siguiente vendió a Vicente Fernández Otero

En Piura, como los hemos dicho, los encomenderos se dedicaron a la ganadería, sobre todo de ganado cabrio, como muestras mencionaremos, entre otros, en 1590 al encomendero, Gonzalo Prieto Dávila, vecino de San Miguel del Villar de Piura, que fue alcalde de San Francisco de la Buena Esperanza, poseía 4.000 cabezas de ganado cabrío, 360 yeguas, 18 burros y 100 mulas, en Catacaos y Olmos.

 Lucas Ramírez de Arellano, tenía en 1603, en Malingas 624 ovejas.

 Ruy López tenía en 1607 un molino en Piura la Vieja, una estancia de cabras, ovejas, burras y garañones en San Miguel de Chalaco, comprensión de Frías y en  Santa Ana tenía 1.000 animales entre cabras y ovejas. El hacendado Gabriel Pérez Saavedra, tenía 1619 en Frías gran cantidad de vacas y cabras, en Yapatera 350 cabras y n Chinchachara, 500 vacas.

Gonzalo Farfán de los Godos, hijo, tenía en 1620, 3.000 animales entre vacas y cabras en el sitio llamado Lengas.

Catalina Farfán de los Godos, viuda de Gaspar de Valladolid en 1631 tenia 1.300 cabras en Ocoto, Hernando Trocha Buitrago en 1640 poseía 5.000 animales entre vacas y cabras en los fundos Terela y Parales. El mismo tenía en 1650 en Frías una estancia de caballos.

 Sebastián Fernández Morante, tenia en 1672 en Yapatera un trapiche, un molino de trigo y una casa tina, así como gran cantidad de ganado menor. Alfonso Forero tuvo en el valle de Catacaos 4.000 cabras

 

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EL COMERCIO

 

Durante la colonia, Piura y también Tumbes utilizaron vías de comunicación marítimas y terrestres. Como es sabido, los tallanes fueron los mejores navegantes de esta parte del Pacífico de América del sur y durante la colonia, continuó el uso de grandes balsas para el transporte de mercadería y también para la pesca. Luego en la colonia, el comercio marítimo se intensificó con el arribo obligatorio al puerto de Payta que hacían los barcos que navegaba entre Panamá y el Callao. El principal producto hidrobiológico que se llevaba a Lima era el tollo salado, cuyo consumo aumentaba en época de Semana Santa

A Paita llegaban de tránsito al Callao, todos los barcos, que venían de España vía Portobelo y Panamá, con mercadería de la península a la que llamaban "efectos de castilla". En Payta se llegó a construir un gran almacén para comerciantes piuranos, en que se desembarcaba gran cantidad de mercadería que luego se vendía no solo en el corregimiento de Piura, sino también en el Saña y Trujillo. Los precios de la mercadería llegada de España, era menores en Payta que en Lima. Los viajes de Payta al Callao demoraban más que los del Callao a Payta, porque iban contra la corriente marina. Punta Aguja en Sechura era un lugar muy peligroso y allí habían zozobrado muchos barcos.

La cascarilla procedente de Cuenca y de Loja llegaba a Payta desde donde se embarcaba en los navíos que iban a Panamá rumbo a España, y otra menor cantidad iba al Callao

El algodón en parte se utilizaba en los obrajes de Piura, donde se hilaba, y luego tejía, pero en su mayor cantidad pasaba a Cuenca donde había varias y renombrados operarios textiles que fabricaba paños, bayetas y tocuyos.

El tabaco se cultivaba en Tumbes, Jaén y Huancabamba y las hojas se enviaban a Lima en zurrones. La brea se enviaba a Guayaquil y al Callao y se usaba para calafatear barcos. La sal procedente de las salineras del tablazo de Payta que se extinguieron y las de Sechura, se enviaba a Loja y a Cuenca y por vía marítima al Callao.

En cuanto a las vías terrestres de comunicación, en los primeros años de la colonia solo se utilizaron los excelentes caminos que construyeron los incas y sus ramales secundarios. Como Poechos había sido centro de una gobernación incaica, esa localidad estaba comunicada con Tumibamba, Tumbes, Ayabaca, Pavor (Pabur), Catacaos, Marcavelica, Tangarará, Amotape y Paita. Fueron Pizarro y Hernando de Soto los que utilizaron esas vías. También había vías de Pabur a Pirhúa, de la Solana a Payta, de Serrán a Huancabamba y de Pirhúa a Ayabaca.

 

Cuando fue corregidor en Payta don Alfonso Forero de Ureña, hizo construir vías del puerto a los sitios de su entorno, pero cuando se fundó San Miguel Villar de Piura en 1589, siendo siempre corregidor Forero de Ureña, hizo "enderezar" los caminos que antes convergían a Payta, para que en adelante lo llevasen a Piura. Además de eso se abrieron nuevos caminos y se construyó una vía de Piura a Ayabaca, la que se entroncó con el antiguo camino de los Incas, para conectarse con Loja. A partir de esa fecha, se produjo un intenso intercambio comercial y de personas entre Piura y esa localidad, en forma tal que en lo económico, dependía Loja más de Piura que de Quito.

El comercio no solo fue intenso entre Piura y Loja y también con Cuenca, sino que además Piura fue estación intermedia entre las dos ciudades ecuatorianas con Lima, a la cual abastecían con varios productos.

Como medio de transporte terrestre de personas, se usaba entre los españoles el caballo y los indios utilizaban asnos.. Los asnos a los que los indios llamaban los piajenos, fueron para ellos valiosos e insustituibles elementos, para el transporte de carga y de personas, siendo un animal que casi se identificaba con el indio, por su paciencia y frugalidad. De hecho, las llamas desaparecieron del panorama piurano. Para el transporte de mujeres, niños o enfermos españoles o criollos, se usaban literas o parihuelas que cargaban dos o cuatro sirvientes, generalmente esclavos negros. En la ciudad, las familias acaudaladas tenían calesas que rodaban por las pocas y polvorientas calles

Las mulas y mulos se utilizaban para el transporte de mercaderías, pues se trataba de animales muy resistentes que toleraban mayor carga que otros animales y podían hacer largas jornadas

Había empresarios españoles y a veces indios que constituyeron  verdaderas empresa de transporte terrestre, que lo organizaron en debida forma con gran conocimiento de las rutas. En los doscientos primeros años del coloniaje, el puerto de Paita fue entrada y salida para la gente que iba o venía de Panamá, incluyendo los virreyes, su familia y sequito, al igual que todo personaje importante. Por tal motivo, el arrieraje constituyó un excelente negocio. Las empresas estaban organizadas con recuas o piaras de mulas y mulos, que eran conducidas por indios arrieros, los cuales procedían generalmente de Colán y de Sechura que eran los más famosos arrieros, siendo también muy estimados los arrieros de Catacaos. Cuando la caravana iniciaba su marcha, prácticamente: los arrieros eran como los capitanes de barco, es decir tenían mando absoluto. La ruta al sur ya sea a Lima o ciudades intermedias se hacia a través del desierto de Sechura, del que poseían total conocimiento, por lo que no constituía mayor problema

Los sechuranos y los colanes, alternaban su vida entre la pesca y el arrieraje, pues en ambas actividades eran muy diestros. Para las sierras de Ayabaca y Loja, eran muy utilizados los arrieros de Querecotillo. Había grandes hacendados como Lama, los Sojo y los Fernández de Paredes que disponían de piaras propias.

Cuando llegaban barcos a Payta y desembarcaban mercadería que se conocían como "efectos de Castilla", varias piaras transportaban los bultos a Piura. Esto continuó durante la república hasta después de la guerra con Chile en que entró en funcionamiento el ferrocarril de Payta-Sullana-Piura. El intenso tráfico de piaras, dio origen a otra actividad: el bandidaje o más propiamente el bandolerismo. Durante los primeros siglos de la colonia esta actividad se limitó en Piura a los llamados negros cimarrones, pero ya en el siglo XVIII se incrementó en forma apreciable el asalto a las piaras.

 

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LAS INDUSTRIAS

 

Durante la colonia, se establecieron en el corregimiento de Piura, desde los primeros años destilerías para elaborar aguardientes, generalmente cañazo, procedente de la caña de azúcar. De igual modo funcionaron ingenios para fabricar azúcar y Ayabaca se hizo notable por la elaboración de chancacas. Para producir harina, funcionaron varios molinos, unos para el trigo que se instalaron en la sierra y otros para el maíz. La poca cantidad de harina de trigo producida estaba destinada en forma exclusiva a la fabricación de pan en el corregimiento

El algodón, fue la materia prima para hacer hilados y para fabricar en telares bayetas y  tocuyos. Fueron sin embargo las ovejas que, además de que proporcionaban su carne como alimento muy apreciado por los piuranos, nos aportaban su lana para fabricar ponchos.

Era intenso el comercio de cabras con Trujillo y en menor cantidad de vacas con Lima. Unas y otras proporcionaban carne y leche a los piuranos. De la leche en algunas haciendas ganaderas se hacían quesos y mantequilla. De la leche de cabra se hacían unos quesos especiales llamados quesillos. No hemos llegado a establecer, si las famosas natillas piuranas tuvieron su origen en la colonia. La piel de los chivos y de los vacunos se curtía y se hacían cueros que se exportaban

Las llamadas casas-tinas para fabricar jabón aparecieron en e1 corregimiento a los pocos años de la fundación de San Miguel del Villar de Piura (1588). Y fue nada menos que su segundo corregidor Bartolomé Carreño, el que posiblemente instaló la primera casa-tina en Piura, aproximadamente en 1610, pues poco después estaba vendiendo 25 quintales de jabón a Antonio Cornejo (ancestro de los Cornejo Cantoral) y en 1618 Carreño fallecía. Las casas-tina, contaban como parte esencial da una gran paila de cobre en donde se hervía el sebo de las cabras y en menor grado el sebo de vaca. Adyacentes había corrales para los animales que iban a sacrificar y un sitio donde se hacia la matanza y luego se separaba la carne del sebo, el mismo que iba a almacenes especiales. Se contaban así mismos con bodegas para los insumos y también para el jabón producido. Construyeron ambientes especiales donde se hacía el proceso de curtido de las pieles. Lo cual suponía una bodega para el charán, un molino para reducirlo a polvo, un lugar para salar las pieles y para su secado, tras de lo cual se almacenaban. Las primeras casas-tinas se instalaron al norte de la ciudad de Piura, guardando una regular distancia, para evitarle a la ciudad el nauseabundo olor qua causaba la producción de jabón y de cueros. Adicionalmente al sebo, se usaban otros insumos como leña, lejía, cal y sal. Posteriormente las casas-tinas se construyeron al otro lado del río y en diversos lugares del corregimiento. Cuando menos hasta en los últimos años de la colonia existió una casa-tina al norte de la ciudad de Piura.

La producción del jabón y el curtido de pieles se hacia con esclavos, que no sabemos como, podían trabajar en ambientes tan hediondos y además vivir en sus cercanías pues se habían fabricado canchones donde pudieran dormir, así como, comedores y en algunos casos, como con la familia del Castillo, una capilla.

Con las pieles de los chivos, se obtenían cordobanes que se vendían en zurrones de una docena cada uno y con la piel  de las vacas, se hacia  cueros.

Susana Aldana en "Empresas coloniales, las tinas de jabón en Piura”, dice que el auge de esta industria se dio entre 1680 y 1720, y por entonces funcionaban las siguientes: Diago de Saavedra Rangel con 2, Joseph de Céspedes con 2, Pedro Rodríguez Albújar, Jerónimo de Sotomayor y Juan Cortés Carrasco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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