Capítulo III

 

 

C A P I T U L O      III

 

 

PAITA COMO SEDE DEL CORREGIMIENTO

 

 

 

-          Fundación de Cuenca

-          Abdicación de Carlos V  -  Sube Felipe II

-          El virrey galante

-          El gobernador Lope García de Castro

-          Los corregimientos

-          El virrey Toledo visita Piura

-          El despotismo de Toledo

-          Excomunión contra los ratones

-          Repartimientos en San Miguel de Piura

-          Traslados de Piura

-          Relación de Piura por Salinas de Loyola

-          Creación del Obispado de Trujillo

-          Piura deja de ser corregimiento

-          Piura es abandonada por sus habitantes

-          De Piura la Vieja a San Francisco de la Buena Esperanza de Payta

-          Las reducciones

-          La cacica Isabel Capullana

-          Drake frente a Payta

-          El virrey señala límites a las comunidades

-          Los nuevos corregimientos

-          El desarrollo de ciudades

-          El contrabando en Payta

-          Encomiendas en 1538

-          El corregidor Alfonso Forero de Ureña

-          Virrey que convalece en Payta

-          Destrucción de Lima y Sechura

-          El corsario Cavendish ataca Payta

-          Pierden actas de fundación y salvan caudales

-          Despoblamiento de Payta

-          Peste causa estragos en el virreinato

-          Comisión parte de Payta a Lima

 

 

ARRIBA

FUNDACIÓN DE CUENCA

 

Cuando llegó al Perú don Antonio de Mendoza, trajo en su comitiva a un joven oficial llamado Gil Ramírez Dávalos al cual dispensaba protección por haberlo criado en su hogar. Al morir fue su albacea.

El virrey lo nombró corregidor del Cuzco y en ese cargo estaba, cuando se produjo el levantamiento de Hernández Girón y de los cabecillas que intentaron inicialmente darle muerte, habían quedado 17 sin castigo tras la derrota de Girón.

Cuando el marqués de Cañete llegó a San Miguel de Piura, se encontraba con que Ramírez Dávalos era corregidor de esta decaída ciudad, cargo que sin duda el ambicioso capitán no encontraba a su gusto.

Ramírez Dávalos enteró al virrey de que las cosas en Quito andaban muy mal y que en el Perú había muchos soldados  dispuestos a sublevarse al menor pretexto.

Es ese el motivo, por el que el Virrey al llegar a Lima, ordena sanciones contra los revoltosos y dispuso que el corregidor del Cuzco ajusticiase a los 17 que atentaron contra Gil Ramírez Dávalos.

El virrey mandó que Gil Ramírez fundase una ciudad en el valle de Paucarbamba, en Ecuador.

Ramírez Dávalos eligió el sitio donde se había levantado antes  la imponente Tumebamba y le dio por nombre Cuenca en homenaje a la ciudad española donde había nacido el virrey. El acto de fundación se realizó el 12 de abril de 1557 y el padre Vargas Ugarte dice que ocho años después de fundada tenía 8 vecinos y sólo dos poseían encomienda de indios y los demás se dedicaban al cultivo del campo y a la ganadería para lo cual era propicia la región. Con el tiempo muchos vecinos de San Miguel se trasladaron a Cuenca, en la misma forma como lo habían hecho con Loja.

Cuando el virrey le dio la misión de fundar la nueva ciudad, nombró también a Ramírez Dávalos Justicia Mayor de Quito

El marqués de Cañete  cobró mucho aprecio a este oficial y en carta que el 3 de noviembre de 1556 dirigió al rey lo encomia grandemente. En 1557 con motivo de la ascensión al trono de Felipe II, le obsequia Ramírez Dávalos, al virrey un esclavo negro que había pertenecido al infortunado Hernández de Girón, que había capturado en la batalla de Pucará y  perdonado la vida.

En 1562 seguía Ramírez Dávalos en Quito como corregidor y en 1570 forma parte de la comitiva que acompañó al virrey Toledo a efectuar visitas al Cuzco, La Paz y Potosí.

 

ARRIBA

ABDICACIÓN DE CARLOS V  -  SUBE FELIPE II

 

En 1557 el emperador Carlos V, cansado de las duras tareas de gobernar tan inmenso imperio y de las guerras permanentes que tenía que llevar a cabo en los Países Bajos y con Francia, abdicó a favor de su hijo Felipe II. Carlos V tuvo la deferencia de comunicar esa decisión a algunas ciudades importantes de su dilatado imperio. Piura fue una de esas ciudades, cuyo cabildo recibió la comunicación de cortesía.

Como San Miguel siguió llamándose como tal, la nueva localidad tomó el nombre definitivo de Piura. La ciudad Piura ennoblecida con el escudo, que el emperador concedió a San Miguel, era en realidad una localidad con muy poco vecindario, pues habían principiado a abandonarla por no tener clima saludable y existir abundante mosquito que causaba serias dolencias a los ojos.

Por la gran distancia entre Piura y España, la noticia se recibió muy tarde y llegó junto con la ascensión de Felipe II al trono de España, que era auténtico español y no como su padre nacido en el extranjero. Como era de suponer, se hicieron grandes festejos en Piura. El nuevo monarca no era emperador como su padre que gobernaba todos los estados alemanes. Carlos V dejó la dignidad imperial y los estados alemanes, a su hermano Fernando.

Felipe II gobernó desde 1556 hasta 1599 y fueron virreyes del Perú, el marqués de Cañete don Andrés Hurtado de Mendoza (3er. virrey  de 1556 a 1561 ); don Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva( 1561-1564); don Lope García de Castro (gobernador de  1564 a 1569); don Francisco de Toledo, 5º virrey de 1569 a 1581; don Martín Enríquez;  ( de 1581 a 1583); la Real Audiencia de 1583 a 1585;   don Fernando Torres y Portugal, conde del Villar don Pardo  de 1585 a  1589; don García Hurtado de Mendoza  e 1589 a 1596; y don Luis de Velasco  como 9º virrey del Perú de 1596 a 1604.

 

ARRIBA

EL VIRREY GALANTE

El marqués de Cañete había sido nombrado virrey por un período de seis años a partir de marzo de 1556 fecha de su llegada a Paita. Sin embargo ya en 1557 el rey de España había resuelto cambiarlo por don Diego Acevedo que murió poco antes de partir de España. La verdad es que los reyes de España se mostraron siempre muy inconsecuentes con sus representantes en América y se dejaron influenciar de las cartas acusatorias que desde acá enviaban a los monarcas, género epistolar al que eran muy dados los españoles residentes en Lima. Por otra parte, los deportados del Perú a la península no desperdiciaron la oportunidad para desprestigiar ante el trono,  al virrey marqués de Cañete al cual hay que reconocer el haber sentado las bases para una real pacificación de estos agitados dominios.

Como reemplazante del marqués de Cañete, el rey de España envió a un cortesano sin dotes de gobernante. Era este don Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva, que según Mendiburu desembarcó en Paita en 1561, desde donde envió comunicación al marqués de Cañete dándole el tratamiento de señoría y obligando a que los demás hicieran lo mismo, cuando lo que le correspondía era el de excelencia.

Es decir, se repitió el episodio que también tuvo como escenario Paita cuando al llegar al Perú el virrey marqués de Cañete regateó tratamiento a los cabildantes de Lima. En esa época esos asuntos eran muy tenidos en cuenta.

Don Ricardo Palma, considera que la descortés comunicación del conde de Nieva fue enviada desde Panamá y el padre Vargas Ugarte no menciona el desembarco del nuevo virrey en Paita, y señala que desde Mantas en Ecuador, se dirigió por mar hasta Trujillo en donde desembarcó.

El conde de Nieva llegó a Lima al poco tiempo de haber fallecido su antecesor. Don Ricardo Palma en la tradición “Pronóstico Cumplido” asegura que el marqués de Cañete antes de morir dijo: “mala muerte tendrá Nieva”

Gracilaso de la Vega dice que llegó en abril de 1560 pero lo probable fue en 1561

Durante el gobierno de Nieva fue fundada la ciudad de Saña que pronto adquirió prosperidad y esplendor hasta que fue destruida por el desbordamiento del río del mismo nombre

El virrey había llegado con su hijo y una gran cantidad de cortesanos comprometiéndose en negocios pocos limpios. En esto se diferenció con su antecesor que fue  muy honrado y murió pobre, habiendo utilizado el marqués de Cañete,  a su hijo, don García, joven de 22 años, para pacificar el convulsionado Chile.

El conde de Nieva fue venal, codicioso y coimero. A eso se unió una conducta privada sumamente desordenada. Se aseguraba que cortejaba a muy distinguidas señoras y en especial a su prima doña Catalina López de Zúñiga, esposa de don Rodrigo Manrique de Lara. El la noche del  20 de febrero de 1564, el virrey fue atacado y quedó muy mal herido, al tratar de escalar el domicilio de doña Catalina, falleciendo a las pocas horas. La Real Audiencia trató de mantener en reserva el hecho, diciendo que había fallecido de un ataque; pero en Lima era imposible mantener secretos de esta naturaleza.

Con este eran ya cuatro los virreyes que morían y uno más sin siquiera haber salido de España.

Durante su gobierno apareció en Lima la lepra entre los negros esclavos, por cuyo motivo se fundó en 1563 el hospital de San Lázaro. Sin duda que los infelices esclavos ya traían el mal desde África y lo propagaron por el Perú, en donde hubo gran alarma, que alcanzó a Piura en donde había no pocos esclavos.

El nuevo gobernante reemplazante de Nieva,  rompería la racha fatal, pero no vendría como virrey. Era el licenciado Lope García de Castro.

 

ARRIBA

EL GOBERNADOR LOPE GARCÍA DE CASTRO

 

El  rey Felipe II no quiso enviar al Perú otro virrey. Ya muy malos resultados había tenido con los cuatro anteriores por una u otra razón. En esta oportunidad sólo mandó a un gobernador que fue el licenciado Lope García de Castro, que resolvió echar tierra en la investigación en el asesinato del conde de Nieva y se aprestó a realizar un gobierno pacífico, lo cual logró.

En su tiempo se creó la Audiencia de Quito que por el norte comprendía desde Cali y Antioquia y por el sur Guayaquil y Loja y por el este los territorios de Quijós y Canelos. Se descubrieron las ricas minas de azogue en Huancavelica y arribaron los jesuitas.

El gobernador llegó al Perú el 11  de agosto de 1564 y al igual que sus antecesores, desembarcó en Paita, en donde sólo tuvo un breve tiempo para proseguir su viaje a Lima.

Uno de los hechos más importantes de su gobierno fue la creación de los corregimientos.

Antes se había dado impropiamente este nombre a los gobernadores políticos de algunas importantes ciudades.

 

ARRIBA

LOS CORREGIMIENTOS

 

Eran sub-divisiones político-administrativas de la Audiencia. Se crearon en la época del gobernador Lope García de Castro y correspondió al virrey Toledo darles una mejor organización.

Inicialmente fueron 11 pero con el tiempo fueron creciendo y ya en 1780 eran 52. Equivalían a provincias.

La capital del corregimiento era la residencia del corregidor, funcionarios que eran nombrados por el  rey y cuyo mandato generalmente duraba tres años. En Piura hubo sin embargo corregidores que gobernaron varios períodos seguidos.

El corregidor era un mandatario casi absoluto en su  circunscripción lo cual fue motivo de que se tornaran abusivos y despóticos.

Tenía a cargo todos los asuntos de la administración, política, recaudación de impuestos, administración de justicia y hasta la presidencia del cabildo.

Los primeros corregimientos fueron Piura, Cajamarca, Saña, Chiclayo, Ica, Huamanga, Huancavelica, Cuzco, Andes del Cuzco, Collaguas y Arequipa.

El de Piura se llamó: Corregimiento de San Miguel de Piura con sede de gobierno en Piura. Se crearon tenencias de corregimientos en Ayabaca, Huancabamba, Paita, Tumbes, Motupe y Frías.

Como se puede apreciar, la importante ciudad de Trujillo no fue sede de corregimiento y sí se consideró a Saña recién fundada. Igual Ica. También Piura mereció esa distinción no obstante ser una población completamente decadente que se estaba despoblando rápidamente.

 

ARRIBA

EL VIRREY TOLEDO VISITA PIURA

 

En septiembre de 1569 llegó a Paita el quinto virrey del Perú, don Francisco de Toledo. Tenía 52 años de edad y era soltero. Estaba destinado a permanecer doce años en el Perú y ser el primer virrey que no moriría en estas tierras.

Toledo encontró a Paita casi despoblada. Los pocos españoles que ahí se radicaron habían emigrado por la dificultades de obtener agua potable, pues tenían que conseguirla algunos kilómetros más al norte, en la desembocadura del río Chira. Tampoco había indios en las inmediaciones y el tráfico marítimo era reducido, no obstante su espléndida bahía y ser un lugar obligado para el desembarco de los grandes funcionarios del virreinato.

Toledo era de la opinión de que Paita debía de poblarse y para lograr tal objetivo dio diversas disposiciones. Desde entonces y para perpetuar su nombre, dispuso Toledo que el puerto se llamase San Francisco de la Buena Esperanza.

En Paita Toledo decidió seguir su continuar su viaje por tierra, con el fin de conocer las comarcas del norte en su recorrido.

A Piura la encontró también despoblada. Los vecinos consideraban que el clima era malsano y los abundantes mosquitos ocasionaban enfermedades a los ojos. Los españoles emigraron a la parte media o baja del valle del Piura o a las ciudades de Loja y Cuenca que habían sido fundadas recientemente y gozaban de gran prosperidad.

Don Ricardo Vegas García, en su libro del  Cabildo expresa que “cuando don Francisco Toledo, hizo en 1570 su visita a Piura, dejó orden para que se hiciese en el río de Catacaos (era el mismo río Piura pasando por Catacaos).  una presa que llaman Tacalá......... por ser ese lugar  tierra tan buena”.... para que ahí se recogiesen los españoles que andaban diseminados por los valles que hay de ahí hasta  Trujillo

Es posible que tal disposición en realidad la diera Toledo en 1569 al llegar al Perú y pasar por San Miguel de Piura, por que el 30 de noviembre de ese año llegaba a Lima y se entregaba de lleno a la tarea de documentarse y escribir al rey, dándole informe pormenorizado del estado de cosas existentes y de la actuación de los virreyes anteriores.

Fue así como el 8 de febrero de 1570 hace al rey un relato crítico de la forma de cómo actuaron los hombres que tuvieron las riendas del poder en el Perú desde Francisco Pizarro.

El 2 de marzo escribía al Consejo de Indias, refiriéndose a la forma cómo se podía atender a tanto pretendiente que reclamaban predios y recompensas por servicios prestados a la corona durante la conquista.

El 31 de mayo de 1570 informaba al rey de haber nombrado como escribano de Trujillo a don Diego Muñoz y pedía confirmación del nombramiento.

El 10 de junio mandaba nueva carta al rey, que era otro amplio informe sobre asuntos de gobierno y se refería a las visitas que proyectaba realizar a todo el país. Todas estas cartas se hicieron en Lima.

En octubre de 1570 el virrey salía de Lima en compañía del capitán Martín García de Loyola y numerosa delegación con dirección a Jauja y luego pasó al Cuzco, La Paz y Charcas. Al mismo tiempo nombraba visitadores para que recorriesen los demás lugares del virreinato. El viaje de Toledo por el sur del Perú duró cinco años.

 Estando en Charcas, escribió al rey el 30 de noviembre de 1573 de que se habían dado por terminado las visitas a San Miguel, Quito, Guayaquil y Chachapoyas.

Por todo esto, Toledo no pudo estar en Piura en 1570.

ARRIBA

EL DESPOTISMO DE TOLEDO

 

Durante el dilatado gobierno de Toledo, se organizó totalmente el virreinato por cuyo motivo se le llama el Solón Peruano. Las ciudades prosperaron –con excepción de Piura- y Lima llegó a tener 120,000 habitantes. Se intensificó la explotación de la minería, sobre todo de los fabulosos yacimientos de plata de Potosí y azogue de Huancavelica.

El año 1570 se establece  la Inquisición en el Perú y en 1572 saca de su refugio al último descendiente de sangre real incaica: Tupac Amaru  y lo hace degollar en la plaza del Cuzco. También hizo ejecutar a don Jerónimo de Cabrera que había sido nada menos que el fundador de Ica. Nueve años después de la ejecución de Tupac Amaru, cuando Toledo se presentó ante el rey Felipe II, éste le increpó tal acto, disponiendo que se le confinara fuera de Madrid, confiscando sus bienes. No se explica la tardanza del rey para castigar a su virrey, en todo caso era una muestra más de ingratitud de esos monarcas para con sus servidores.

ARRIBA

 

EXCOMUNIÓN CONTRA RATONES

León Pinedo en su obra “El paraíso en el nuevo mundo” relata que en la ciudad de Piura –de Monte de los Padres- se presentó una plaga de ratones que hizo gran daño a los cultivos.

El cura vicario hizo rogativas y exorcismos para alejar a tan dañinos roedores sin lograr nada. Ante tal situación, considerada como contumacia y resistencia, el cura Pedro Bravo Verdasco, resolvió iniciarles proceso, y para que nada faltara y no se alegara abuso y que el acto tuviera la seriedad del caso, se les nombró un defensor de oficio y luego se dictó sentencia, de acuerdo a la cual los ratones debían retirase del lugar en un plazo corto que les fue señalado.

Los españoles de la conquista y del coloniaje eran muy dados a los procedimientos y legalidades formales y de eso se contagiaron los indios, que también se entregaban a largos y tediosos litigios por quítame esta paja.

Demás está decir que los ratones hicieron caso omiso de la sentencia y que siguieron haciendo de  las suyas como si nada hubiera pasado.

Ya no quedó entonces más recurso al cura Pedro Bravo, que dictar excomunión mayor contra los roedores, la cual se expidió al término de una misa dominical.

Dice la tradición que los ratones súbitamente abandonaron los cultivos y se arrojaron al río desapareciendo en la corriente

Hechos de esta naturaleza se han producido en algunos lugares en otros continentes, no sólo con ratones sino con otros animales que al reproducirse en gran número, deciden salir bajo el comando de un guía o jefe, el que sin mucha prudencia los lleva a veces a lanzarse a una correntada o a un precipicio en lo que parece ser un suicidio colectivo.

Por otra parte, el abrir juicios por hechicería, o artes diabólicos o posesión infernal, a los animales;  en Europa era frecuente en la Edad Media, al condenar animales a la hoguera.

ARRIBA

REPARTIMIENTOS EN SAN MIGUEL DE PIURA

 

El padre Miguel Justino Ramírez Adrianzén, en su obra “Huancabamba” transcribe una interesante información de don Juan López de Velasco que “Geografía y Descripción Universal de las Indias”, del año 1574 al referirse a los repartimientos de la ciudad de San Miguel de Piura, da lo siguiente:

Repartimientos y pueblos de indios de esta ciudad:

Huancabamba

Motripemos

Paita

Máncora

Caxas

Cala

Sechura

Catacaos

Serrán

Xayanca

Chira

Isonto

Ayavaca

Piura

Motape-Solana

La mita de Catacaos

Olimos

Malingas

Bitonera

Chumalaque

Penachepo

Socolán

Guarua

Paivor

Ochos

Catacaos

Paita

Sechura

Copiz

Maricabelica

Silla

Colán

Xayanca

Colán

Tumbes

Catacaos

 

Tangarará

Parina

 

 

Desde que Pizarro estuvo en Piura, repartió tierras y encomendó indios.  Durante la Colonia,  los repartimientos constituyeron unidad de carácter administrativo constituida por un área de tierra cultivable que se adjudicaba a un español y se ponía a su disposición un grupo de indígenas en condición de encomendados  los cuales debían dar trabajo y a cambio recibir alimentos, enseñanza religiosa y protección del encomendero.

 

Como se puede apreciar, algunas nombres de localidades ya no existen, ya sea por haber desaparecido esas poblaciones o por tener otras denominaciones. En otros casos los toponímicos han experimentado ciertas modificaciones. En determinados lugares hay hasta dos repartimientos.

En nuestro edición  anterior, “La conquista de Piura”, nos hemos referido a como Francisco Pizarro, sin tener plena autorización, repartió tierras y encomendó indios  en 1532 entre los vecinos que quedaron en Piura

Cuando se repartía tierras, en forma simultánea, se encomendaba indios para que las trabajaran, y fue así como se terminó con la organización política, económica y social del Imperio Incaico

De ese modo, cientos y hasta miles de hombres de una o más parcialidades que debían de pagar tributos y hacer el servicio personal, cayeron bajo el control de los conquistadores encomenderos

El tributo se podía pagar en dinero, en especie y hasta en trabajo, lo que fue permitido por las leyes hasta 1596. Los repartimientos comprendían uno o varios pueblos, a veces hasta 10 o 12. Uno de ellos se consideraba como centro del repartimiento. Los españoles y sus familias estaban prohibidos de vivir en los repartimientos, pero eso fue burlado para lo que se construyeron centros administrativos que en realidad eran viviendas temporales de los encomenderos. Esos locales  con el tiempo fueron las llamadas casas ­hacienda

El trabajo obligatorio que los indios debían de prestar, cuando menos 120 días al año  (1/3 de año) se hacía por turnos. Se le llamaba rnita y podían ser para trabajos en minas, obrajes o en la agricultura y ganadería, Toledo reglamentó el trabajo de los mitayos, y dispuso que ganasen salarios, pero eran totalmente miserables. Los hijos menores de lo indios y sus mujeres trabajaban en los valles piuranos como pastores. Si un animal se perdía, sometían al indio marido a castigos fuertes y quedaba endeudado hasta pagar el valor de los animales perdidos. Se trabajaba de sol a sol bajo el mando despótico de mayorales que eran mestizos o indios. Estos se convertían en verdaderos puñales contra los de su raza

Los repartimientos primero y más tarde la Composición de Tierras, fueron el origen de las grandes haciendas en los valles piuranos. En tales haciendas se estableció el sistema del yanaconaje que subsistió hasta el siglo pasado cuando el Presidente Juan Velasco con la Reforma Agraria, les puso fin. Los yanaconas a cambio de su trabajo, recibían un pequeño jornal, les daban adoctrinamiento, el patrón se encargaba del pagar del tributo de los indios y les entregaban en uso pequeños lotes de tierras para que los cultivasen en sus tiempos libres o con su familia. Originalmente, los encomenderos no pagaban salario alguno a los indios. Los yanaconas construían chozas donde vivían en las más precarias condiciones, cerca de la casa de administración y así se fueron formando pequeños pueblos. Los indios se alimentaban de lo que cosechaban, pues desarrollaban una economía de subsistencia. Cuando la tierra era vendida con ella se comprendía a los yanaconas para servir al nuevo dueño. Los dueños no podían despedir a los yanaconas. Los días domingos y feriados no trabajaban y tampoco un determinado día de la semana que destinaban a la atención de sus asuntos particulares

De todos modos, los indios preferían el trabajo del yanaconaje al de vivir en reducciones y era frecuente que las dejaran para ir a vivir en los repartimientos

En 1536, cuando el número de españoles que vivían en el Perú era más o menos 2.000 había 500 encomenderos y posteriormente la Gasca después de la batalla de la Huarina, para recompensar a los capitanes que lo habían ayudado creó una gran cantidad de nuevos repartimientos y de encomenderos de tal manera que en 1561 había 1.300 encomenderos que en su mayoría habían sido confinados por el Virrey Marqués de Cañete. Cuando llegó Toledo e implantó sus Ordenanzas. los repartimientos bajaron grandemente de tal modo que en 1584 solo había 360 encomenderos en todo el Perú

En 1561 habían en el corregimiento de Piura, 22 Repartimientos de los que 4 existían desde los tiempos de Pizarro, y eran: El de Guancabamba (sic) otorgado en encomienda al capitán Diego Palomino. El de Ayabaca que se dio a don Diego Núñez Vaca; el de Copis que se otorgó a don Diego Bustamante; y el de Pariña, Máncora y Catacaos que se dio a don Alfonso Rangel

El virrey de Cañete dio o confirmó los repartimientos que favorecieron a Juan de Saavedra en Caxas, a Gonzalo Grijera también en Caxas y en Serrán. A Juan Cortés, se entregó Olmos, Penachí y Poechos.  A Suero de Cangas se le dio Motupe, El repartimiento de Jayanca fue entregado a los encomenderos Alonso Carrasco y Luis del Canto. El repartimiento de Piura y Malingas a Gonzalo Alonso; Don Diego López tuvo Socolán y Catacaos. Don Juan Méndez obtuvo Marcavelica y Colán. Al capitán Francisco de Lucena se le confirmó Tangarará, Paita y Sechura. A la esposa de Gonzalo Farfán de los Godos se dio el repartimiento del Chira. A don Pero Gonzáles del Prado se le entregó los repartimientos de Motupe. Solana, Bitonera, Guaura, Paita y la Silla de Paita. A don Antonio de San Martín le dieron el repartimiento de Tumbes. Don Miguel Ruiz compartió, Sechura, Colán y Catacaos. A Gonzalo del Cerro dieron Sonto, a Diego de Saucella le correspondió Chunalaque y a Cristóbal de Franco, el repartimiento de Pabur

 

MAPA DEL PERÚ 1574

Este mapa de Diego Méndez, confeccionado sólo 42 años más tarde de la fundación de San Miguel, la primera ciudad de esta parte del continente sudamericano, es sumamente interesante.

Ante todo, en 1574 existía en el Chira una ciudad que se llamaba San Miguel, aparte de otra llamada Piura. Es decir habían dos pueblos diferentes. El primero fundado por Pizarro y el segundo por Almagro.

Algo que también asombra es la existencia de tan gran cantidad de ciudades y de pueblos que se formaron en tiempo tan corto. Hay por otra parte poblaciones que ya han desaparecido y otras, cuyo nombre  ha evolucionado un tanto.

Por esa época ya se tenía una idea bastante aproximada del perfil del litoral, de los ramales de la cordillera de los Andes y de la ubicación de ríos y ciudades.

 

 

ARRIBA

TRASLADOS DE PIURA

 

Por lo tanto, el traslado de Piura la Vieja  un nuevo lugar,  y su retorno al sitio anterior, debió ocurrir entre 1562 y 1564.

Es decir que no hubo un único asiento en el Alto Piura, sino que tras ubicarse originalmente en el pueblo indígena de Pirhua, se traslada unas cuatro leguas más al sur, esto es, unos 17 kms, lo que sería un punto ubicado al sur de la ciudad actual de Morropón, en las proximidades del caserío La Pilca. En este lugar estuvieron dos años y les fue peor a su criterio por lo  que retornaron a su lugar anterior, o lo que es lo mismo, cerca al cerro Pilán, donde tampoco estaban satisfechos y muchos se fueron ubicando poco a poco en la zona del Chilcal al norte del pueblo de indios de Catacaos y en esta misma localidad de Catacaos.

Otros 14 años más estuvieron los antiguos piuranos en Monte de los Padres.

En 1571 el corregidor de Loja, capitán Juan Salinas de Loyola hizo una relación geográfica de Loja, Quito, San Miguel y Jaén de Bracamoros, que presentó ante el rey de España. El relato es bastante descriptivo, pero también presenta a Piura como una  ciudad en total decadencia;  a tal punto que pretendió su anexión con todos sus términos, a su gobernación de Yaguarsongo

En 1574 y 1575, cuando la sede del corregimiento se había ya trasladado a Payta, se presentó el fenómeno de El Niño con gran fuerza, lo que motivó que los pocos pobladores que aun quedaban en   Piura la Vieja la abandonaran

En 1578 la Real Audiencia de Lima escribía al rey:  La población de Piura por orden del virrey ha pasado al puerto de Payta

En el año 1575, el traslado ya se había producido, pues con fecha de 3 de marzo de ese año, el alcalde Gonzalo Prieto Dávila despachaba desde San Francisco de la Buena Esperanza.

 

Por el año 1560, gobernaba el virreinato el segundo marqués de Cañete don Andrés Hurtado de Mendoza y  Piura la Vieja -al decir de muchos- languidecía. En un informe que el oidor de la Real Audiencia de Lima, don Juan Cristóbal Salazar Villasante, presentó al rey de España, sobre el estado del virreinato, decía "'La ciudad de San Miguel de Piura se está despoblando'" Salazar Villasante recorrió buena parte del Perú y elaboró un informe muy amplio que llamó "Relación General de las poblaciones del Perú" Parece que Salazar visitó Piura por los años de 1560-1562, aun cuando el informe fue elaborado años más tarde

Entre Marzo de 1561 y el 20 de Febrero de 1564, gobernó el Perú el virrey conde de Nieva, y como consecuencia de la trágica muerte de este, la Real Audiencia asume el poder, hasta agosto de este último año, cuando llega corno gobernador Don Lope García de Castro

El último acuerdo celebrado por la Real Audiencia, con la participación del oidor Salazar Villasante, fue e1 17 de febrero de 1564, pues luego pasa a la Audiencia de Quito recién creada

Don Víctor Eguiguren, habla sobre una carta -y no sobre el informe- que el Oidor Salazar envió al rey, en la que decía: "Estando yo por oidor de los Reyes, mudaron la ciudad (se refiere a Piura) cuatro leguas más abajo y estuvieron allí unos dos años; íbales peor de salud y se han tornado a la primera población. junto a un río, en un alto" De acuerdo al historiador Miguel Maticorena, también decía Salazar: "Está junto a un río pequeño, hay una Iglesia parroquial. Un monasterio solo de N. a S. de la Merced. Es pueblo muy enfermo, especial de los ojos que ciegan muchos allí.”

Posteriormente don Lope García, escribía al rey: “: La ciudad de San Miguel de Piura, por ser tan malsana, poco antes de que yo llegara a estas tierras, se había mudado a otro sitio, muy más enfermo que el primero y volvió ahora al antiguo sitio". Como ya hemos dicho, don Lope llegó al Perú en agosto de 1564, esto hace suponer que las mudanzas fueron entre 1562 y 1564

En setiembre de 1569 El virrey Toledo desembarca en Paita y luego visita Piura y concibe la idea del traslado de ésta al puerto

ARRIBA

RELACIÓN DE PIURA POR SALINAS DE LOYOLA

En 1996 se publicó un libro titulado "Tambogrande y la Historia de Piura en el Siglo XVI" hecho con la participación de los historiadores Luis Guzmán Palomino,  Edmundo Guillén Guillén,  Miguel Maticorena Estrada, Miguel Arturo Seminario Ojeda y Jorge Barrantes Arrese. Allí entre otras cosa se daba íntegra la versión de la Relación de Piura por Salinas de Loyola. A continuación, presento un resumen.

El conquistador español Juan Salinas de Loyola empieza a destacar en la lucha contra la rebelión de Manco Inca. Luego intervino en la guerra civil de los españoles a favor de los Pizarro, pero tuvo el tino de separarse a tiempo de Gonzalo Pizarro para unirse a La Gasca, por lo cual fue recompensado con la encomienda de Loja, ciudad a la que había ayudado a fundar. Luego emprende la pacificación de los indios de Yahuarsongo y Bracamoros, región de la que se le nombró gobernador. A partir de 1557 funda las ciudades de Valladolid, Loyola, Santiago de la Montaña y Santiago de la Nieva, todas en la selva. Realizó expediciones de exploración selvática y no sólo lo hizo con el Marañón, sino que llegó también al Ucayali. En 1569 se embarca en Paita con destino a España para hacer diversos pedidos en la Corte. Estando en Madrid en 1571, el Visitador del Consejo de Indias, don Juan Ovando, le confeccionó un cuestionario de 194 preguntas sobre varias ciudades del norte peruano. Fue así como hizo “La Relación de San Miguel de Piura, Jaén de Bracamoros, Loja y Quito”. Regresó al Perú en 1573, con el reconocimiento real de su gobernación de Yahuarsongo y Bracamoros. El virrey Toledo anexó a su gobernación Loja. Zamora, Jaén y San Miguel de Piura

La Relación, de Piura, de Salinas de Loyola, consta de 194 preguntas, todas las cuales fueron respondidas. De tales respuestas, sin numerar daremos las principales.

En 1948 en el Anuario Lambayeque-Piura editado por don Víctor Arena Pérez, aparece un fragmento de la Relación de Piura del Padre Morúa, en lo referente a la descripción de Piura Antigua. Es idéntico al que aparece en la Relación de Salinas de Loyola.

Posteriormente, en el Suplemento de la Revista Época, bajo el título "San Miguel de Piura, la Vieja 1534-1578", del historiador piurano Juan Paz Velásquez, aparece un resumen de la Relación de Piura del Padre Morúa redactada en 1577. Daba a conocer que en una colección que poseía el historiador Horacio Urtega, aparecía la Relación de la Ciudad de Piura elaborada a partir de 1577 en 13 folios, que igualmente respondía a al cuestionario de 194 preguntas que formulaba nada menos que el Rey Felipe II de España. Por lo tanto la Relación de Morúa se hace 6 años más tarde que la de Salinas de Loyola y cuando el Gobierno de Piura la Vieja se había trasladado a Paita...

Podría suceder por lo tanto que en el archivo del extinto historiador Urteaga haya había una confusión.

La Relación de Piura de Salinas de Loyola, empieza diciendo que "la dicha ciudad de San Miguel es la primera que se pobló en los reinos del Pirú. Poblóla el Marqués don Francisco Pizarro, creo año 1532".

Es interesante esta primera respuesta, pues aún llama Pirú al Perú y no se refiera a la fundación de Piura sino a que fue poblada. Luego dice: "está poblada en un valle que se dice Piura, que es su propio nombre y no tiene significación"

Dice Salinas de Loyola que los términos de la ciudad, es decir su jurisdicción, o límites, son por el Norte la ciudad de Santiago de Guayaquil, por el Sur con la de Trujillo, por el Este con las ciudades de Loja, Valladolid y Jaén. Su largo lo calculaba en 60 leguas y su ancho de 30. Al referirse al mar, dice que hay corrientes, pero no huracanes ni tormentas. Se navegaba a Panamá y la Ciudad de los Reyes, y no hay peligro de zozobrar, salvo descuidos. La navegación de Panamá a Paita duraba entre 10 y 12 días, pero de Panamá a la Ciudad de los Reyes se puede demorar hasta 60 días, en cambio el recorrido de retorno, sólo demoraba 15 días ( por efectos de la corriente marítima).

En el litoral piurano dice hay dos puntas, que son Cabo Blanco y Punta Aguja, que hay que doblar con cuidado. En los términos de la ciudad de Piura hay dos puertos que son Tumbes y Payta, al cual pocos navíos dejan de entrar, ya sea, de ida como de vuelta. De Payta dice que era muy buen puerto y muy grande donde se podían acomodar mil navíos, muy seguros

El sitio y valle done esta la ciudad es muy caliente, por estar a 25 leguas del mar y no llegarle los vientos. El aire que corre es poco, delgado y sin nieblas. Asegura Salinas, que en la costa hubieron muchos bancos de perlas grandes y hermosas, que los indios han ocultado. Generalmente el cielo está muy claro y sereno, salvo cuando llueve lo que es pocas veces. Algunos años suelen llover aguaceros recios y tiénese por dañoso y enfermo cuando llueve.

Se refiere a las enfermedades de los ojos y que muchos naturales estaban faltos de la vista y con nubes. Que también habían calenturas. Unas y otras, no son contagiosas, según Salinas. Para curarlas, se usan purgas y sangrías como España y para los ojos, aguas. Se aprovechan gran cantidad de yerbas que abundan en la sierra

 

En la ciudad, en el valle y en el resto de sus términos hay mosquitos que dan fastidio y en algunas partes víboras y culebras que hacen poco daño

La ciudad está en los llanos, próxima de una loma y cerca ella hay muchas serranías. Hay muchos algarrobales y todo género de frutas. La tierra del valle es la arenisca, pero la sierra es muy peñascosa y de mucha pedrería, muy dura. A la vista de la ciudad hay minas de plata y de oro, que inicialmente se explotaban, pero los costos resultaron muy altos. En cambio hay salinas, de mucha y muy buena calidad sobre todo cerca de Payta, de donde se sacan peñascos de sal.

En los términos de la ciudad, dice Salinas, hay tres ríos, el de Tumbes, el que dicen de Maricabelica, que son caudalosos y no se pueden vadear sino en tiempo de gran seca y se atraviesan con balsas. “Hay otro cerca de la dicha ciudad que se dice Paburo, que en invierno tampoco se puede vadear y todos dan sus aguas al Mar del Sur (Salinas se refiere al río Piura, que en el sector alto llamaban río Pabur). En las tierras ásperas los ríos van muy corrientes, hacen raudales, y en lo llanos van quietos y mansos, y en algunos lugares son navegables en canoas

Todos los vecinos tienen huertas con árboles de frutas de España y del lugar y también hay molinos

No hay lagunas, pero si hay ciénagas cuando los ríos en invierno se salen de la madre. Los árboles que hay más cerca de la ciudad son los algarrobos, y tienen madera que se aprovecha, por recia e incorruptible, también hay cedros, pero lejos de la ciudad, en la sierra. Hay abundancia y todo genero de frutas como membrillos, uva, manzanas, higos, agrios y rosales.

Hay un ingenio en la ciudad y con las frutas hacen conservas. Todos los árboles traídos de España y que se han plantado, se dan muy bien. Hay toda clase de yerbas medicinales como en España. La tierra es fértil y se cultiva trigo y maíz El trigo de mejor calidad que el de España. . La cebada sufre daño por los venados y puercos monteses, lo que obliga a cercar los terrenos. Hay sombríos de lentejas, garbanzos, melones pepinos, berenjenas y toda clase de horta1izas. Las flores de olor, son que se trajeron de España. Dentro de los términos de la ciudad hay tigres que hacen daño a los naturales, lagartos o cocodrilos en los ríos y si se descuidan pueden hacer daño. Hay osos, puercos monteses y venados. Hay ganados de la propia tierra como ovejas (así denomina a las llamas) cuyo precio es igual al de una vaca y superior al de cabras y puercos. Hay vacas y puercos cimarrones. En los campos hay pavas bravas, así como ánades, palomas torcazas, tórtolas, perdices y pájaros de todo género. Las gallinas que llegaron de España se crían por todas partes en gran cantidad. Hay pescado muy bueno de río y de mar, como lisas, sardinas tollos y otros. Hay abejas de miel, que se crían muy bien y no pican. También hay avispas, moscas mosquitos y arañas pero no son ponzoñosas.

Los caminos son muy seguros y no hay riesgo. No hay ni salteadores, ni fieras. La ciudad fue antes poblada en un sitio que se decía Tangarará y por ser muy enferma, en especial de los ojos, se mudó y pobló a donde ahora está. En Tangarará hubo treinta vecinos que tuvieron repartimientos de indios. La ciudad al presente está en gran disminución, por haberse consumido y acabado la más parte de los naturales. Los vecinos que actualmente tienen repartimientos son dieciséis. De los que primero poblaron y conquistaron, no hay ninguno, pues todos han muerto y los que ahora tienen encomienda, algunos son por sucesión. Todos los vecinos se precian de tener armas y caballos, aunque no por necesidad por que no hay enemigos. No hay en la ciudad quien goce de merced ni entretenimiento de la hacienda real más de solamente los que tienen encomienda de indios. Hay mercaderes aunque no de mucho caudal. La manera de vivir son las contrataciones de mercadería, la cría de ganado y las labranzas, los algodonales, y el ingenio de azúcar. Fuera de la ciudad no hay españoles, salvo los que andan ocupados en sus crianzas y labranzas. Las autoridades han tenido particular cuidado en ejecutar la cédula de Su Majestad, sobre los casados que tenían mujeres ausentes y al presente no hay ninguno.

Las justicias que hay en la ciudad son, un corregidor, y dos alcaldes ordinarios, un alguacil mayor y menores y regidores y oficiales de Su Majestad. El salario del corregidor es mil pesos, los oficiales doscientos. Los cargos son proveídos por los virreyes. No hay día señalado para los mercados. Andan recuas y carretas de Payta a la ciudad, que traen mercaderías y cosas necesarias. El puerto de Payta está poblado en la misma playa a 25 leguas de la ciudad. Entre ambas, la tierra es muy llana y parte con arenales y valles.

La traza de la ciudad es una plaza en medio y della salen ocho calles y por ellas cuadras de solares de a ciento ochenta pies cada un solar en cuadra y cada cuadra tiene cuatro solares. las calles de ancho a treinta pies y por ser el pueblo pequeño, lo son también las calles y no con los nombres que acá se acostumbran. Podrá haber hasta cien casas, pocas más o menos, y los materiales con que están edificados son, los cimientos de piedra y los demás de adobe, y tapias, y cal, y ladrillo, y las cubijas de paja, como llueve poco; y que antes van a disminución que no en crecimiento, por las causas que tienen dichas, aunque los edificios se mejoran. Todas las casas son de calidad. Hay casas de ayuntamiento y carnicerías de los materiales y edificios de los demás.

Como no se usan arnas, no hay oficiales para ellas. En los caminos reales y en todas las poblaciones de indios hay caseríos y aposentos que sirven de alojamiento para los que caminan, con precios puestos por las autoridades y es obligación de los naturales  comarcanos que los tengan poblados y proveídos.

 

En lo religioso pertenece al obispado de Quito. En la ciudad hay una Iglesia, suficiente, trazada y edificada con los mismos materiales de las casas, se edificó al principio cuando se pobló la ciudad. Hay también un Monasterio de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, edificado de la misma suerte. Hay un hospital bien edificado de mandas de hombres que han muerto, y tiene renta aunque poca. También existen dos ermitas fuera de la ciudad. Hay un cura y un vicario y un sacristán, y no puede haber más por la poca renta. Las cape1lanías que hay en la dicha iglesia las sirve el cura. La Iglesia está bien provista de aderezos, ornamentos y cruces. Como la vecindad es poca, las limosnas no son muchas. En el monasterio suelen haber dos o tres religiosos

Dentro de los términos de la ciudad hay tres naciones de naturales diferentes en el habla y en los nombres. Y cada una tenía sus provincias por si y territorios y límites. ( Se refiere al Sec hablado en Colán, Catacaos y Sechura, que tiene algunas diferencias, sobre todo con Sechura). No se podían entender una con otra sin intérpretes, que contrataban. En cuanto a repartimientos de indios, el que más da será de hasta cinco mil pesos. El número de indios que pueden haber dentro de los términos de la ciudad pueden ser 12.000 y en los más pueblos van en disminución, por ser tierra enferma y haber sido el paso de todos los españoles que iban al Pirú. Eso ha obligado a la congregación de los naturales porque antes estaban desparramados en barrios y ahora en pueblos trazados por orden de los españoles, con traza de plaza y casas y viven en policía. En la ciudad no hay poblados de naturales, sino que los naturales están en sus propias poblaciones y tierras desde donde los obligan a que vayan a servir a la ciudad para sustento de ella, repartidos a prorrata por cantidad entre ellos para que sea moderado el trabajo y se reparta entre todos.

Los indios naturales de la sierra son muy bien agestados, de buen entendimiento y policía, en lo cual tienen mucha ventaja con otras naciones  que son yungas de la costa. Casi todos usan el mismo hábito (vestido) que antiguamente usaron y les está mejor que el de España, que algunos han usado, de lo que generalmente se aprovechan las alpargatas, zapatos y sombrero. Las camas son colchones de algodón y ropa así mismo de algodón

La adoración que tuvieron fue al sol y muchas huacas y adoratorios que ofrecían y hacían sus sacrificios y ceremonias, lo que al presente, si no es oculto y secreto, no 1o usan por miedo del castigo que les ha dado a entender, que se les dará si lo hacen. Hay muestras de cristiandad entre ellos y reciben la doctrina con voluntad. Usan sus fiestas, bailes y regocijos, comiendo y bebiendo juntos y emborrachándose.

 El cronista se refiere también al uso de los quipus más entre las gentes de la sierra que entre los llanos. La cuenta de los meses las hacen por las fases de la Luna

Las casas de los serranos son diferentes a las de los yungas por las lluvias. Son más recias y abrigadas y de mejor cobija. Sobra la madera para unos y otros. Los de la sierra, los bienes que más tienen en estima son el oro y la plata, ganados y ropa y heredades, que suceden entre hijos, hermanos o sobrinos. Usan pocas alhajas en sus casas y usan muchas vasijas, ollas y cántaros para sus brebajes y comidas. En cada uno de los pueblos indios tienen sus corporaciones para sus contrataciones, trocando unas cosas por otras o con oro y plata, para lo cual tenían antes sus pesos y medidas diferentes a las nuestras, que han dejado y usan ahora las nuestras.

Los pleitos que hay entre los naturales, como son de poca sustancia, se determinan sumariamente y los demás, verificándose la verdad entre las partes, por tinta y papel por la orden judicial. Los delitos se castigan de acuerdo a las leyes de España, aunque con alguna remisión, teniendo atención en la incapacidad de los naturales. No es gente que tiene en mucha estima la honra, así reparan poco en los términos de ella, sienten el castigo cuando se hace en las plazas públicamente azotándolos o trasquilándolos. En todos los pueblos de los naturales hay iglesias donde se celebra el culto divino y los congregan y juntan para darles la doctrina y enseñarles las cosas de nuestra Santa Fe, las cuales iglesias o monasterios obligan a los naturales de cada pueblo que lo hagan. En cada pueblo o provincia de acuerdo a las posibilidades de ellos, hay sacerdotes, pagados por los encomenderos.

Los sacerdotes y clérigos de los pueblos, son muy venerados y respetados de los indios y los sirven en lo que mandan, y para el sustento de ellos contribuyen con la comida que esta señalado como tributo.

Hay pocos mestizos en la ciudad y tienen habilidad para cualquier cosa. Los vecinos de la ciudad para servicio tienen negros y negras, y para las labranzas y crianzas e ingenios de azúcar, y los nacidos allá (en Piura), no difieren de los padres idos de acá. El precio por ellos es de doscientos cincuenta y trescientos pesos, siendo buenos. Aunque ha habido algunos negros cimarrones e huidos, no se ha podido sustentar, porque los indios naturales, por el daño que de ellos reciben, los espían y descubren y prenden y también por el interés que de ello les sigue que por las Ordenanzas dan diez pesos al negro huido que fuera prendidos. La ordenanza dispone un buen tratamiento para los negros y los castigos para los que fueran prendidos

A pesar de todo lo que se ha dicho del despoblamiento de la ciudad de Piura, en 1570 tenía 100 vecinos, de los cuales 23 eran encomenderos, es decir una mayor cantidad  que la próspera Saña, igual a los que tenía Trujillo y ligeramente inferior al número de encomenderos de Lima. Poseía además, iglesia, monasterio, hospital, cárcel y locales para la gobernación el cabildo.

La ganadería es bastante próspera y funcionaba un trapiche para la elaboración de azúcar, servido por una gran cantidad de esclavos, pero este cultivo favorecía la plaga de zancudos portadores del paludismo. Las lluvias y la creciente de los ríos frecuentemente aislaban a la ciudad y había una plaga permanente de mosquitos lame ojos, que motivó en los españoles males visuales, por tal motivo se volvieron muy devotos de Santa Lucía y tan luego se afincaron en el valle del Chilcal, una de las primeras obras que emprendieron, fue la construcción de una capilla a Santa Lucía, en lo que ahora es la avenida Grau.

 

ARRIBA

CREACIÓN DEL OBISPADO DE TRUJILLO

 

Por un Breve dado por Su Santidad el Papa Gregorio XVIII, se creó el  15 de junio de 1577 el obispado de Trujillo, habiendo actuado como procurador don Hernando de Cevallos, el mismo que fuera también procurador de San Miguel de Piura, para obtener el escudo de la ciudad.

Sin embargo, pasaron casi cuarenta años para que fuera nombrado el primer obispo y fue con tan mala fortuna que cuando pasaba el barco por Paita, falleció. El que a continuación fue nombrado llegó a asumir el obispado, pero también fue perseguido por la fatalidad, pues en  1619 un violento sismo destruyó la ciudad y muchos decidieron trasladar el vecindario a Lambayeque y Saña; siendo el más empecinado en salir a Lambayeque, el obispo, que murió poco después de susto.

Al crearse el obispado de Trujillo, el corregimiento de Piura pasó a integrar esa jurisdicción eclesiástica, separándose del obispado de Quito al cual había pertenecido antes.

El obispado de Trujillo comprendía 10 provincias que eran: Piura, Jaén, Saña, Luya, Chillaos, Chachapoyas, Cajamarca, Conchucos, Pataz y Santa Cruz.

Según una información de Cosme Bueno, que transcribe el escritor Carlos Chávez Sánchez en su obra “Los linderos de Piura”, en lo eclesiástico, la provincia de Piura comprendía los siguientes curatos:  1.- Piura con sus anexos de La Punta, Morropón y Suipirá. 2.- Catacaos. 3.- Sechura. 4.- Paita con los asientos de Colán y Chira. 5. - Tumbes con el anexo de Amotape. 6.- Olmos. 7.- Motupe. 8.- Salas con los anexos de Penachí y Cañares. 9.- Huarmaca. 10.- Huancabamba con el anexo de Sóndor y el asiento de Chalaco. 11.- Ayabaca con el anexo de Chocan, y 12.- Frías con el anexo de Sondorillo, Pacaipampa y Cumbicus.

ARRIBA

PIURA DEJA DE SER CORREGIMIENTO

 

La provincia de Piura había sido sede de corregimiento, más que todo por la jerarquía que tenía San Miguel de Piura, reconocida como ciudad cuando se fundó en Tangarará,  por Carlos V y tener escudo nobiliario, a lo cual se agregaba el haber sido la primera ciudad española fundada en  esta parte del Pacifico de América del Sur, Las primeras ciudades sudamericanas fueron Santa Marta (1525), Santa Maria  la Antigua y San Sebastián en Colombia y  en Venezuela Cumaná en 1521 y  Coro  en 1527

Pero en la práctica y sobre todo en lo que respecta a la conformación de su cabildo, fue apenas considerada como una simple Villa.

Con el traslado del gobierno a Paita, la sede del corregimiento correspondía a este puerto, en donde apenas había unas cuantas chozas o viviendas de material liviano. Esto fue el motivo que decidió posiblemente al virrey Toledo a trasladar la sede del corregimiento a Loja y dejar en Paita sólo a un teniente-corregidor.

Al respecto, Ricardo Vegas García, en su obra “Libro del cabildo”, dice lo siguiente:

“Según la relación del virrey Enríquez, que es de 1581, o sea cuando la población de San Miguel de Piura estaba aún refundida en la de San Francisco de la Buena Esperanza de Payta, todos los años se elegía en esta ciudad, dos alcaldes y cuatro regidores, fuera de dos oficiales reales, que así mismo tenían voz y voto en el cabildo. Había un escribano público y de cabildo. Tenía pues Piura el número de cabildantes que la ordenanza 43 de Felipe II fijó para las villas; y no el de 8 que le correspondía a la categoría de ciudad, con que fue fundada San Miguel. Debióse sin duda esta anomalía, a la circunstancia de que había venido a menos, despoblándose y reduciéndose, hasta merecer de don Francisco de Toledo este triste concepto: “la ciudad de San Miguel de Piura es de lo más necesitado de este reyno y en teniendo que en todo él, no hay cosa con semejante necesidad”. Y tanto lo pensó así  que el propio Toledo suprimió el corregimiento refundiéndolo en el de Loja y Zamora, según carta de Toledo al rey, enviada desde el Cusco en marzo de 1572.

 

ARRIBA

PIURA ES ABANDONADA POR SUS HABITANTES

Néstor Martos, que tanto hurgó en el pasado de Piura, se refiere en su ensayo, de “Tangarará al Chilcal” que a Felipe II se le hizo llegar una relación histórico-geográfico de varias ciudades del Perú, entre ellas figuraba una descripción de la ciudad de San Miguel de Piura, según Martos, el historiador Horacio H. Urteaga conocía una copia de esa relación en la que trece páginas se dedicaban a Piura.

Según ese relato la palabra Pirhua no tiene significación, aún cuando en la lengua quechua era trojo o granero. Martos consideraba que eso era una etimología completamente arbitraria. En efecto, nada permite asegurar que Pirhúa nazca con el imperio incaico. Es posible más bien que fuera anterior.

La narración a la que se refería Martos  decía que habían  mosquitos que daban  gran fastidio y en algunas partes víboras y culebras que hacían poco daño.

A la ciudad se le describe como muy cálida a causa de estar a 25 leguas del mar y no llegarle los vientos marinos, sino los calientes de los llanos.

Sigue la narración en esta forma: “El sitio es enfermo. Los vientos de la sierra cuando soplan son frescos y sanos. Pocas veces llueve. Los años lluviosos se tienen por dañosos y enfermos. Muchos de los naturales hay faltos de vista y con nubes. También hay calenturas que no son contagiosas. Se curan con puras y sangrías y con aguas compasionadas (sic) para los ojos. Las ovejas cuestan un peso y menos, las cabras medio peso, los puercos cinco y las vacas seis. Sólo quedan dieciséis vecinos con repartimientos”.

Agustín Zárate, dice que la región no era muy sana por causa de una enfermedad natural de la tierra que da a los ojos, a los más que por ahí pasan.

Es decir que de acuerdo a lo manifestado por el cronista, no sólo en la localidad de Piura existía la dolencia a los ojos, sino en toda la región y era contagiosa.

Por tal motivo, una gran cantidad de tallanes eran tuertos o tenían nubes u otras dolencias que les disminuyen la visión.

Por ejemplo, Blas de Atienza, el primer alcalde del Perú, tuvo que trasladarse al sur por que había quedado casi ciego, yendo a radicarse a Trujillo.

Enrique de Guzmán relata el arribo de Toledo a Paita de la siguiente manera:  “Halló el puerto casi desierto, no obstante las ventajas que ofrecía su excelente bahía, pues la mayor parte de los vecinos, parte por la escasez de agua, parte por la falta de indios y lo raro del tráfico marítimo, habían emigrado. Toledo comprendió que convenía mantener dicho puerto y dio orden para que se le poblase nuevamente. Desde entonces, según parece, data el nombre que se le asigna en algunos documentos y relaciones antiguas, esto es, San Francisco de la Buena Esperanza”.

Hasta aquí lo expresado por el historiador  Enrique Guzmán. Palomino. Eso quiere decir que fue Toledo el que se interesó en poblar Paita y lo hizo sin duda a expensas de Piura, cuyos habitantes ya habían empezado a salir en gran número para radicarse e Amotape, en la presa Tacalá y en el mismo Paita.

Don Ricardo Vegas García, en su escrito “El libro del cabildo”, relata que el virrey Toledo en 1570 visitó la ciudad de Piura y que dispuso que en el río Catacaos construyesen una presa que llaman Tacalá, para irrigar una tierra muy fértil en donde pudiera hacerse una población, para que en ella se recogiesen los españoles que andaban diseminados por los valles.

Cuando se habla del río Catacaos se refieren al Piura en su curso bajo. Esa tierra era desde antaño sumamente fértil. Desde esa época existió la idea de hacer en esa comarca una nueva ciudad, pero la presa Tacalá se construyó mucho más tarde, sobre la base de la que hicieran los tallanes.

Don Ricardo Vegas dice que “estando Toledo en Potosí el 20 de marzo de 1573, le envió una carta al rey en la que habla de Paita a 18 leguas de la ciudad de San Miguel de Piura, lo que prueba que aún la ciudad seguía existiendo tras de haberla visitado en 1570”. Pero el 23 de noviembre de 1579, la Real Audiencia en carta al rey dice: “la población de Piura por orden del virrey se ha pasado al puerto de Payta”. Se equivoca Ricardo Vegas, pues Toledo visitó Piura en 1569. Lo que sin duda sucedió, fue que el virrey dispuso el traslado de las autoridades a Paita, por que la mayor parte de sus habitantes ya habían salido.

La verdadera Piura, estuvo por lo tanto en la cercanía del cerro Pilón. En Sullana lo que se fundó fue la ciudad de San Miguel en Tangarará; en el puerto estuvo San Francisco de Payta  de la Buena Esperanza. En el Chilcal se fundó la ciudad de San Miguel del Villar, que posteriormente se denominó San Miguel del Tránsito de Piura y por último San Miguel de Piura

 

ARRIBA

DE PIURA LA VIEJA A SAN FRANCISCO DE LA BUENA ESPERANZA

 

Contrariando la opinión de muchos que aseguran que el traslado del Corregimiento de Piura la Vieja a Paita se realizó en 1575 y de otros que dicen fue en 1578, se puede asegurar que dicho traslado fue en realidad en 1573, posiblemente entre Abril y Mayo de ese año.

En 1996, el sullanero Coronel E.P. Jorge Barrantes Arrese y otros historiadores entre ellos el historiador piurano Dr. Miguel Maticorena Estrada, editaron con el auspicio de la Municipalidad de Tambogrande, el libro "Tambogrande y la Historia de Piura en el Siglo XVI”

El libro contiene varios interesantes temas. El Dr. Maticorena en sus temas, "Yahuarsongo, Bracamoros y el Cenepa entradas de Juan de Salinas de Loyola, el ex corregidor de Piura" y "El Corregimiento de Piura en el Siglo XVI”, proporciona información amparada en el Archivo de la Nación, que da suficiente luz, como para afirmar que el traslado del corregimiento de Piura la Vieja a San Francisco de la Buena Esperanza de Payta fue entre Abril y Mayo de 1573.

El capitán Salinas de Loyola era una persona muy ambiciosa, en un viaje que hizo a España, trató que le dieran el titulo nobiliario de marqués y vasallos feudatarios, lo que no logró. En 1556 Salinas obtuvo del virrey Marqués de Cañete la gobernación de Yahuarsongo y Bracamoros, y para darle un apoyo económico se dispuso          la anexión a Yahuarsongo de las ciudades de Loja, Zamora y San Miguel de Piura; pero esto no duró, pues el nuevo Virrey Conde de Nieva revocó la disposición y las cosas volvieron al estado de antes, es decir, San Miguel de Piura siguió como sede de corregimiento.

En septiembre de 1569, llegó el Virrey Toledo, y encontró que la capital del corregimiento llamado  de San Miguel de Piura,  era la ciudad de Piura,  que era un pueblo muy pobre y sólo con 40 vecinos (según versión de Toledo). En documentos del 13 de Octubre de 1571 en Piura la Vieja, figuraba el Licenciado Luís de la Luz como Corregidor y Justicia Mayor en la Ciudad de San Miguel y en sus términos. En marzo de 1572, Toledo desde el Cuzco escribe al Rey y le dice "por esto y otras razones me pareció consumir aquel corregimiento y incorporarlo con otro corregimiento que está alli comarcano de las ciudades de Loja y Zamora". Por entonces no había en Piura corregidor sino Teniente corregidor, pero con dependencia directa del Virrey. También decía Toledo, que el salario del teniente gobernador sería de 300 pesos, tendría a su cargo la justicia y el cobro del almojarifazgo. De acuerdo al Dr. Maticorena, e1 virrey Toledo accedió en a agregación de las cuatro ciudades (San Miguel de Piura, Cuenca, Loja y Jaén) para Salinas, pero sólo con la jurisdicción sobre ellas de justicia mayor".

Pero lo más interesante es que el 13 de Junio de 1573 el Licenciado Gómez de Chávez ya figuraba en Paita como corregidor y Justicia Mayor de San Miguel, Loja, Zamora, Jaén y Cuenca, es decir San Miguel de Piura y 4 ciudades según un documento que obra en el Archivo General de la Nación, Documentos Civiles, Legajo 11 cuaderno 58, folio 38.

Por lo tanto, ya en Abril o Mayo de 1573 se había producido el traslado de la sede del corregimiento a San Francisco de la Buena Esperanza de Paita. Como dato confirmatorio, hay también en el mismo año una referencia de la Real Audiencia de Lima, al corregidor de San Miguel de Piura y alcaldes ordinarios del puerto de Paita. La Real Audiencia al referirse al corregimiento de Piura, ya no menciona a las ciudades de Loja, Jaén y Zamora, por la sencilla razón de que ya constituían otro Corregimiento. Por lo tanto a partir de entonces, el corregimiento de San Migue1 de Piura, solo comprendería la ciudad de su sede.

El 11 de Diciembre de 1578, el capitán Salinas de Loyola se encontraba tomando juicio de residencia por orden del virrey Toledo al corregidor de Loja, Jaén y Zamora, don Francisco de Grado. Lo que prueba que Loja era corregimiento aparte

A fines de 1582, el rey Felipe II que apreciaba mucho al capitán Alfonso Forero de Ureña, por los grandes servicios que había prestado a la corona en España, lo nombra como corregidor de San Miguel de Piura y de las ciudades anexas de Loja, Zamora y Jaén. Era por lo tanto un nombramiento real, para un corregimiento, que normalmente lo hacía el virrey. Posiblemente por eso el virrey Martín Enríquez, se atrevió a desafiar las órdenes del rey, y sólo reconoció a Forero como corregidor de San Miguel de Piura, con sede en San Francisco de la Buena Esperanza de Paita, pues en Loja ya existía desde hacía bastante tiempo un corregidor

 

ARRIBA

LAS REDUCCIONES

 

Los reyes de España concibieron la idea de reunir, juntar o reducir en un solo pueblo, a una gran cantidad de los pobladores que existían en los alrededores. Como ocurría siempre con las disposiciones dadas por la corona, las reducciones, tenían aparentemente la finalidad de evitar abusos contra los indios y hacer de ellos campesinos libres, velando al mismo tiempo por su interés espiritual, ya que se suponía seda más fácil su adoctrinamiento.

En las reducciones sólo podían vivir los indios, los cuales generalmente disponían también de tierras de cultivo cerca. Desde el principio, los mestizos y criollos y no pocos españoles trataron de vivir en las reducciones para ejercer lucrativas actividades comerciales. En 1646 se prohibió que gente blanca viviera en las reducciones. Al respecto hubo muchos reclamos de hacendados que con sus familiares se encontraban residiendo en los lugares donde tenían sus intereses económicos.

Los indios fueron trasladados en masa a los nuevos lugares, sus aldeas quedaron despobladas, sus terrenos de cultivo abandonados y sus chozas eran destruidas. Para las reducciones se debían buscar lugares con buen clima, contar con pastos, tierras de cultivo y bastante agua. También debían estar apartados de las huacas o santuarios indígenas para evitarles tentaciones a los naturales. El trazado urbano era sencillo. Se designaba un lugar central para plaza y en ella se ubicaba el cabildo de indios y la Iglesia. Se procuraba dar al pueblo la forma de un damero, con manzanas cuadradas. Para cada reducción se creaba un curato. Las autoridades municipales eran dos alcaldes, cuatro regidores, un alguacil mayor, un procurador y un mayordomo. El símbolo del poder de los alcaldes era una vara.

Al poco tiempo de llegar Toledo a Lima emprendió un largo viaje de la sierra sur, para tomar conocimiento de la realidad de los pueblos

Como no podía hacer lo mismo con la parte norte del territorio, designó visitadores y fue así como nombró para Guayaquil y Piura don Bemardino Loayza. Los visitadores disponían de amplios poderes, y se les encargó de hacer las reducciones de indios. Desde 1565, por disposición del gobernador Don Lope García de Castro, había llegado a Piura, don Gregorio Gonzáles de Cuenca con el fin de crear reducciones, pero se hizo nada concreto

En pleno viaje, Toledo dio una serie de disposiciones u ordenanzas, entre las que incluyó la Reducción de Indios. Por ese tiempo los indios vivían en pequeños poblados, lo que era difícil cobrarles los impuestos, enseñarles la doctrina cristiana, incluyendo la concurrencia a misa los domingos, y además impedía  que cumplieran con prestar el servicio personal.

En lo que ahora es el departamento de Piura, las dos primeras reducciones fueron las de Catacaos y Colán, Con ellas nacieron las comunidades indígenas con propiedad sobre la tierra cuyo uso se reglamentó, así como el funcionamiento de las Cajas de Comunidad que se crearon y se determinó la linderación territorial y la organización institucional de las comunidades, lo que plasmó una nueva sociedad. Se reglamentó el pago del tributo y se determinó la función de los Alcaldes de Indios. Fatalmente cuando las cosas se llevaron a la práctica, se produjeron abusos inauditos en el cobro del impuesto y de] servicio personal a los indios. Sólo los Cañaris y los Chachapoyas por haber sido fieles aliados y colaboradores de los españoles fueron exonerados de ese impuesto. En 1563 lograron también tal beneficio los huancas, por su contribución a la caída del imperio de los incas.

Los indios de las reducciones y de las comunidades, se encontraban en más bajo nivel social que los indios acriollados que vivían en las ciudades, a los que se llamaban indios ladinos.

Con relación a la reducción de Colán, Bernardino Loayza escribía Toledo, que había en el, 196 personas, de los 51 eran indios tributarios casados o viudos, y solteros de 18 hasta 50 años, 3 viejos de 50 años para arriba, y 43 mozos de 16 años para abajo más 99 mujeres de todas las edades, y de los 51 indios tributarios se saca uno para que sea cacique y los otros 50 debían de pagar en un año 200 pesos ensayados, de ellos 156 pesos y 2 tomines en plata y 56 tomines de plata ensayada en cien aves de Castilla, moderada cada una a 6 granos. Debe pagar cada indio, conforme a lo dicho cada año 3 pesos y 1 tomin en plata y los 6 tomines restantes en 100 tollos y 1 aves de Castilla. Al sacerdote que los doctrinase, 49 pesos y 3 tomines en plata ensayada los 38 pesos y 6 tomines en plata y los 10 pesos y 5 tomines en 50 aves y 1,000 tollos para la fábrica de la iglesia de los dichos indios... así mismo se saca para el cacique ocho pesos de la dicha plata y otros 4 en 400 tollos y 16 aves de Castilla.

Desde los tiempos del virrey Blasco Núñez de Vela, el cacique de Colán Francisco Achútiga, el de Catacaos Lucas Cutivalú, el de Sechura Francisco Capullán y el de Santo Domingo de Olmos, Domingo Copis habían iniciado gestiones para que se reconociera la propiedad de las tierras de sus curacazgos, por las que habían pagado al tesorero de Pizarro. Cuando llegó La Gasca, los indios de Santo Domingo y de Sechura dieron poder a Cristóbal Pablo Inca, reiniciaron las gestiones y nuevamente lo hicieron con Toledo, organizados ya como comunidades, se presentaron los indios de San Francisco de Paita, San Lucas de Colán. San Juan de Catacaos, San Martín de Sechura y Santo Domingo de Olmos.

Cuando se creó la reducción de Catacaos, acumuló los tributos de doce pueblos que fueron: a) en el valle del Chira; La Chira. Pariña, Motape (Amotape), Cucio, Marcavelica y Tangarará. b) en el Bajo Piura, Catacaos. Mechato, Mecomo, Narihualá, Mecachi y Menón. A los primeros asignaron terrenos en la margen derecha del río Piura y a los otros, terrenos en la margen izquierda. Los caciques tuvieron que trasladarse de su lugar de origen al nuevo que se les asignó.

La reducción de Colón contó con los tributos de Colán, Guaura, Camacho y Bitonera (o Vitonera)

Durante la gestión de Toledo se establecieron otras ocho reducciones que fueron: Máncora, Sechura, Olmos, Ayabaca, Cumbicus, Frías, Huancabamba y Salas-Penachí. Poco después se crearon las reducciones de Paita, Tumbes, Motupe y Copis

La reducción de Sechura concentró los tributos de Sechura, la Muñuela, y Punta. (Aguja), La reducción de Payta concentró los tributos de Payta, la Silla y de los indígenas del encomendero Castillo. La reducción de Huancabamba, concentró los tributos de Huancabamba, Sóndor y Huarmaca

Los indios Guayacundos de Ayabaca, fueron reducidos al pueblo de Nuestra Señora del Pilar de Ayabaca que contaba con una población de 698 indios de los que 237 eran tributarios. Era encomendero don Diego de Vaca Sotomayor

Los pueblos de Huancabamba, Sóndor y Huarmaca, fueron reducidos al pueblo de San Pedro de Huancabamba, con una población de 1,257 indios y 377 tributarios. Tenía como encomendero al capitán Gaspar de Valladolid y Aranda

En la época de Toledo, se fundaron en el Perú 614 reducciones. En cuanto a las Reducciones del Corregimiento de Piura, si bien es cierto habían sido ordenadas por el visitador don Bernardino de Loayza, aún no se habían cumplido en cuanto a la Reducción de Catacaos, porque los caciques chirenses se negaban a dejar sus tierras con sus parcialidades, por lo cual la Real Audiencia, dispuso que el Alcalde Payta don Gonzalo Prieto Dávila, diera a las disposiciones un inmediato y real cumplimiento. El 20 de Marzo de 1575, el alcalde procedió de hecho a la reducción de Catacaos, trasladando a varios caciques del valle del Chira y de otros puntos, a las tierras que se les había señalado y que se consideraban suficientes para sus parcialidades. Al cacique Pablo La Chira, descendiente del cacique de la época de Pizarro, se le entregaron las tierras de Cucumuedades y Zucomer; al cacique Francisco Marcavilca le entregaron las tierras de Yupita y al Cacique Pascual, las tierras de Para. Las dos últimas y las tierras de Orotilán que tenía el Cacique Juan Cuccio, limitaban con las tierras de La Chira. Posteriormente, La Chira solicita autorización para hacer un canal como servidumbre a través de las tierras de Orotilán y después trata de quedarse con ellas, pero en 1585 tras del fallecimiento de Juan Cuccio, su hijo Gonzalo logra rescatarlas por disposición del capitán Cadalso Salazar.

Gonzalo Prieto Dávila, era encomendero de Narihualá y llegó a ser corregidor de San Miguel del Villar de Piura. Con una india de Catacaos llamada Catalina Nyspay tuvo a su hijo Juan, que fue también encomendero

 

ARRIBA

LA CACICA ISABEL CAPULLANA

 

Un antiguo documento tiene el archivo de la ciudad de Piura, en la que se menciona la existencia de una capullana en el valle del Bajo Piura, en tiempos del virrey Toledo.

Se trata de una declaración hecha por el indio ladino Juan Chunga, con relación a los repartimientos de los indios de Tangarará, reducidos a las parcialidades de Sechura, que reconocían como cacique principal y señora de dichos pueblos y de la Muñuela a doña Isabel Capullana.

Esto sucedía en 1572.

Parece que la referida cacica era una mujer de armas tomar, tal como las presenta la tradición, pues en 1578 tuvo fuertes roces con el cura de Catacaos don Melchor de Morales, terminando por desconocerle su autoridad y a la vez que incita a lo mismo a los indios de su jurisdicción.

El alcalde de San Francisco de Buena Esperanza de Paita, Ruy López Calderón recibió la queja del religioso y tuvo que actuar en forma ponderada y prudente, para hacer entrar en razón a la autoritaria cacica.

Dios años más tarde este alcalde, tuvo un papel principalísimo en la fundación de la nueva ciudad San Miguel del Villar.

El escritor y literato cataquense Lelis Rebolledo al tratar en un artículo sobre la comunidad campesina “San Juan” de Catacaos, se refiere a capullanas, o cacicas del Valle del Bajo Piura, que tuvieron mando en los primeros años de la colonia y del virreinato

Posiblemente contemporáneas del cacique Lucas Cutivalú, fueron Ana Mechato que estaba al frente de la parcialidad de Mechato y María Mecache que lideraba la parcialidad de Mecano.

Posteriormente María Temoche fue cacica de Catacaos y tuvo también posesión de las tierras de Simbilá.

En 1649 Francisca Capanay, tenía bajo su control a Cucungará donde hoy se ha constituido el distrito de Cura Mori. Por ese año se encontraba ya desde hacía casi un lustro, don Juan de Mori Alvarado en Catacaos y había logrado que el capitán Carlos La Chira, descendiente del curaca Juan La Chira de Marcavelica, devolviera tierras a los indios de Catacaos.

Cuando don Bernardino de Loayza visitó por orden de Toledo el corregimiento de Piura, encontró que era cacica de la parcialidad de Piura doña Isabel Capullana, la que en realidad se llamaba Isabel Temoche, casada con Luis de Colán, que era hijo del cacique de Colán. Doña Isabel que era cacica y gobernadora, contaba en Sechura con 49 indios tributarios, fuera de los de la parcialidad de la Muñuela de la que también era cacica.

Tanto Sechura como La Muñuela, fueron  encomiendas de don Gaspar Troche Buitrago que vivía en Piura, el que era descendiente del conquistador Gaspar Troche Buitrago.( el viejo).

Los Temoche, en el Bajo Piura, al igual que los indios Colán en Colán, constituyeron por muchas décadas, generaciones de caciques que controlaban esos pueblos.

 

ARRIBA

DRAKE FRENTE A PAITA

 

Durante el gobierno de Toledo, hizo su aparición el primer corsario en las costas del Pacífico. Fue el año 1578.

A partir de esa fecha y durante todo el virreinato, se sucedieron los ataques a puertos y barcos, por piratas y por corsarios ingleses, holandeses y algunos franceses.

El almirante inglés Francisco Drake, tras de pasar el estrecho de Magallanes, hizo su ingreso en el océano Pacífico. Atacó Valparaíso y Arica, y luego en forma sorpresiva se presentó en la rada del Callao en la noche del 13 de febrero de 1579, haciendo presa del cargamento de varios barcos. Luego puso rumbo al norte y atacó Zaña.

Mendiburu y el padre Vargas Ugarte, no mencionan que Drake hubiera atacado Paita, pero el escritor paiteño Ricardo Pastor dice que Drake a la altura del cabo San Francisco, captura al navío español “Caga-fuego” y bombardeó Payta y redujo a cenizas a la iglesia, al monasterio y a los principales edificios de la ciudad. Pero el mismo escritor en un artículo titulado “Historia y leyenda de la virgen de Las Mercedes del puerto de Paita”, asegura que tanto el templo como el convento de La Merced fundados por fray Miguel Orenes en Paita en 1532, fueron destruidos en 1587 por el filibustero Thomas Cavendish

Sea lo que fuera, el hecho cierto es de que Drake sí llegó a Paita y la atacó. En el puerto tuvo conocimiento  que un barco cargado con barras de plata navegaba rumbo a Panamá. Así lo consigna el “Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano”. Fue a la altura del Cabo San Francisco en las costas ecuatorianas de Esmeraldas, que el barco fue alcanzado y capturado con su tesoro. Se cuenta que Drake, bromeando con el derrotado capitán español, dijo -que mas bien el barco corsario debía llamarse “caga-fuego” y la nave española “caga-plata”- Drake siguió rumbo a California y de ahí se dirigió a las costas de África, para luego retornar a Inglaterra lleno de riquezas.

Esto es, sin duda, la parte anecdótica de la incursión de Drake, pues José del Busto Duthurburu, en Historia Marítima del Perú, dice que el barco capturarlo se llamaba “Nuestra Señora”, el que fue capturado después que un disparo del barco corsario, le derribó el palo mayor, imposibilitándolo de seguir navegando. En el barco se encontraron gran cantidad de esmeraldas, perlas y joyas. En 14 baúles llenos de monedas, el valor estimado era de 9,000 libras esterlinas. También se capturaron 1,300 barras de plata de las minas de Potosí por valor de 80 libras de oro. De esta expedición, el corsario tomó para sí 300 mil pesos y reservó 105 mil para la reina Isabel.

Drake tenía un origen muy humilde. Su familia vivía en un viejo barco que estaba abandonado en una playa. Allí nació el futuro almirante inglés. Su pariente John Hawkins que era propietario de un barco y hacía negocio transportando esclavos negros, lo inició en la vida del mar. Tras reunir un pequeño capital trató de trabajar por su cuenta en comercio marítimo, pero los españoles detuvieron y confiscaron el barco donde llevaba su mercadería, por lo cual juró odio eterno a los españoles. Después siguió navegando.

El 13 de diciembre de 1577 partió del puerto inglés en Plymouth con cinco pequeños barcos que le proporcionó la reina de Inglaterra. Al atravesar el estrecho de Magallanes sólo logró salvar a uno, la nave capitana llamada “Pelican” al que cambió de nombre por el “Golden Hind”, con el cual audazmente  atacó Valparaíso y se presentó ante el Callao donde capturó varios barcos. Luego siguió a Paita y en su bahía capturó un barco, pero Busto Duthurburu no menciona que haya bombardeado Paita.

Drake fue el primer inglés que dio la vuelta al mundo y al llegar a Inglaterra fue recibido con honores por la reina Isabel.

 

ARRIBA

EL VIRREY SEÑALA LÍMITES A LAS COMUNIDADES

Entre las muchas disposiciones que dictó Toledo para el mejor gobierno del virreinato, hay una en que señala los límites de las comunidades, lo cual sin embargo no ha impedido que por siglos las comunidades tengan litigios entre sí, con hacendados o con los municipios, por la posesión y linderación de las tierras.

Toledo reconoció como legal todo lo hecho por Blasco Núñez, Vaca de Castro y La Gasca a favor de los indios y de sus derechos a las tierras de comunidad.

En abril de 1578 da una provisión, ordenando que los encomenderos, caciques y corregidores respetasen las propiedades comunales dadas a perpetuidad y que también se respetasen las tierras dadas en encomienda.

Dividió las tierras de Piura en cuatro secciones. Como límites entre las comunidades de Sechura y Olmos, daba una línea que tenía como puntos de referencia el Portachuelo, Cerro Ñaupe, Cerro Artezón, el antiguo camino de los incas, los sitios llamados Morante y Llurú para rematar en Punta Aguja.

Las tierras de la comunidad de San Martín de Sechura, tenían como  lógicos límites, los de la comunidad de Olmos en el sur

Por el norte colindaba con la comunidad de Catacaos.

Las tierras de la comunidad de San Juan Bautista de Catacaos estaban limitados al sur por una línea que partiendo del mar, pasaba por Pozo Real, el cerro El Tunal en la actual provincia de Paita, el tablazo de Chocholla, Canizal, el Colorado, el cerro Loma Blanca en pleno desierto y el punto llamado La Para en el camino de los incas. Este era el límite que separaba a las tierras de Sechura y Catacaos.

Las tierras de Catacaos, tenían por el norte como límites las tierras de la comunidad de San Lucas de Colán, de las que las separaba una línea que partiendo del mar, pasaba por los puntos denominados Llauro, Congorá, Capada, Coscomba, el Tacalá y de allí hasta el camino de los incas

La comunidad de San Lucas de Colán limitaba al sur con la comunidad de Catacaos y comprendía el Arenal, el cerro Santa Lucía, la barranca de Pariñas, Las Garzas, Paita y Yacila, así como parte del despoblado de Congorá.

El escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, da con toda precisión estos límites en su libro “Catac-Ccaos”.

De esa forma el 13 de abril de 1578 quedan virtualmente reconocidas, la existencia de las principales comunidades de indios del departamento.

Las comunidades indígenas no eran en realidad una organización socio-económica heredera del ayllu, por cuanto éste era una comunidad unida por vínculos de sangre. Las nuevas comunidades más bien correspondían a los antiguos cacicazgos y a las tierras que les correspondían.

 

ARRIBA

EL NIÑO APARECE EN PIURA

Desde los tiempos pre hispánicos, se conocía por relatos de los indios que fuertes lluvias habían azotado al Imperio en forma ocasional.

La primera vez que se registraron  en forma escrita, las  lluvias intensas fueron las de 1578, que cayeron desde lo que ahora es Tumbes hasta el departamento de Lambayeque..

La ciudad de Piura que años antes había sido abandonada por sus moradores, sufrió daño tremendo pues en todo el Alto Piura llovió mas fuerte que en el resto del departamento.

La capital del Corregimiento de San Miguel de Piura que estaba en el puerto de San Francisco de la Buena Esperanza, también llovió fuerte pero no tan intensamente.

Las comunicaciones se interrumpieron, las nacientes poblaciones y los campos de cultivo se inundaron y aparecieron  muchos insectos extraños y enfermedades.

La ciudad de Lambayeque prácticamente fue destruida por las lluvias e inundaciones, pero pasado el fenómeno fue reconstruída.

 

ARRIBA

LOS NUEVOS CORREGIMIENTOS

El virrey Toledo dio una nueva organización al virreinato, estableciendo 71 corregimientos.

El corregimiento de Piura comprendía lo que ahora son los departamentos de Tumbes y Piura. Esto fue el año 1572., es decir un año antes del traslado a Payta.

Cuando los españoles llegaron al Perú, en el valle del Saña había 3,000 indios. Esta encomienda le tocó a Alfonso Félix de Morales pero bien pronto se despobló y sólo quedaron 400 indios. El virrey Conde de Nieva, dispuso que en ese valle se fundara una ciudad, lo que fue cumplido por el capitán Baltasar Rodríguez, vecino de la ciudad de Trujillo, el 29 de noviembre de 1563, dándose a Juan Delgadillo la encomienda y poblándola con 41 vecinos procedentes de Trujillo. La nueva ciudad se llamó Santiago de Miraflores de Saña.

La ciudad de Saña logró en poco tiempo un sorprendente progreso y lo hizo a expensas de Trujillo, que también se había convertido en una muy importante ciudad. Fue necesario modificar los límites de Piura y pasaron como jurisdicción de la nueva ciudad, las encomiendas de Motupe, Copis, Olmos y Salas-Penachí; a las cuales se agregaban las que habían pertenecido a Trujillo, que era Jayanca, Lambayeque, Callanca-Monsefú, Ferreñafe, Reque, Illimo, Sintu, Collique, Chérrepe, Mocupe y Pacora. En total 9,339 tributarios.

El esplendor de Saña atrajo a los vecinos de Trujillo y esta ciudad se despobló, hasta que comenzaron los descubrimientos de tesoros, como el llamado Peje Chico, con lo cual empezó a recuperarse.

Lo cierto era que al momento de fundarse Saña, ya estaba Trujillo experimentando cierta decadencia lo cual obligó al virrey Conde de Nieva a ordenar al corregidor de Trujillo don Diego de Pineda, que trasladara el gobierno a Saña. Ante la desaparición del corregimiento de Trujillo, el nuevo corregimiento de Saña pasó a limitar con el corregimiento de San Miguel  de Piura, pero al  perder categoría,  y dejó solo un teniente de corregidor, residente en Paita

ARRIBA

EL DESARROLLO DE LAS CIUDADES

Se ha dicho que la obra maestra de la colonización española en América fue la fundación de ciudades y en esto hay mucha razón.

Las ciudades no sólo fueron centros de comercio, de difusión cultural y religiosa, sino también núcleos administrativos sobre las cuales descansó todo el nuevo sistema que España impuso a los pueblos del Nuevo Mundo. Por tal motivo en los primeros años de la conquista, cada ciudad que se fundaba contribuía a afianzar el poderío español.

Cuando se fundaba una ciudad, se levantaba un acta y en torno al terreno reservado a la plaza de Armas, se ubicaba una especie de centro cívico, en donde se levantaría el templo, el cabildo, la casa de gobierno, el cuartel, etc.

Luego venía la entrega de lotes a los vecinos fundadores. Estos eran previamente designados, y siempre correspondían a hidalgos. La categoría de vecino, era transmisible a los herederos y suponía ciertos privilegios. Los que se afincaban después  eran simples moradores.

La vida administrativa de una ciudad giraba en torno al cabildo o municipio. Los alcaldes y regidores de las poblaciones que tenían la categoría de ciudad, eran nombrados por el rey o por los virreyes, o confirmados por éstos.  Era el corregidor el que presidía al cabildo. Con el tiempo se hizo un negociado con los cargos de los cabildos que eran subastados. Los cabildos de ciudades tenían 8 regidores y las villas 4. Los cabildos no sólo tenían las funciones de las actuales municipalidades, sino que también administraban justicia. Había por lo tanto un alcalde ordinario (justicia mayor) que era el alcalde del primer voto. Generalmente el cargo de justicia mayor lo desempeñaba el corregidor cuando presidía el cabildo y sólo a falta de éste, actuaba el alcalde del primer voto. Piura era corregimiento real por lo que el rey nombraba al corregidor.

El alférez real era el encargado de llevar el pendón real en las ceremonias públicas. Era un cargo altamente honorífico y su titular tenía voz y voto en el cabildo.

Los procuradores eran personas elegidas por los cabildos para hacer alguna gestión ante el rey o los virreyes. Fue procurador de Piura para lograr el escudo de armas, ante el rey, don Hernando de Cevallos.

Las Cajas Reales estaban a cargo de los oficiales reales, que en Piura eran dos.

En sólo cuarenta años las ciudades se multiplicaron y crecieron fantásticamente en el Perú. Lima por los tiempos de          

Miles de españoles llegaron al Perú en busca de fortuna, pero ya los tiempos de la conquista en que la riqueza se lograba a punta de audacia y valor habían pasado. Los virreyes no deseaban a esta clase de recién llegados y cuando no lograban ocupación, hacían levas con ellos  y los mandaban a Chile a guerrear con los araucanos.

El espíritu de los españoles se tornó sedentario, y hasta se podría decir que habían desaparecido las virtudes guerreras que se pusieron de manifiesto en la conquista. Los vecinos y moradores deseaban la tranquilidad y la seguridad que daba la nueva vida, que brindaba muchas satisfacciones. Cuando los piratas llegaron a las costas, incendiando y saqueando ciudades, con mucha dificultad se tuvo que reunir gente de coraje para hacerles frente y de eso se quejaron mucho los virreyes. En Paita sucedió eso frente al corsario Anson en 1741, cuando el teniente gobernador huyó en bata de dormir dejando abandonada a su joven esposa; mientras en cambio una mujer armada de coraje dirigió la defensa del puerto cuando Spilberg lo atacó en 1615

ARRIBA

EL CONTRABANDO EN PAITA

 

El sucesor de Toledo en el virreinato fue don Martín Henríquez de Almanza, segundo hijo del marqués de Alcañices.

Había desempeñado antes el virreinato de Nueva España o México en donde hizo buena labor, pero al llegar al Perú estaba ya muy enfermo y anciano. Ricardo Palma, en sus Tradiciones dice que en Lima le apodaban “el gotoso”.

No hay la seguridad de que haya desembarcado en Paita como sus antecesores y ni siquiera se conoce la fecha exacta de su llegada al Perú, pues Cosme Bueno señala el 23 de septiembre de 1581 como su ingreso a Lima, mientras que Antonio León Pinelo menciona al 15 de mayo de ese año.

Toledo no lo esperó para entregarle el mando y partió antes a Panamá lo cual disgustó al nuevo virrey.

El gobierno de este virrey fue muy corto, duró sólo entre 18 y 22 meses. En 1583 estableció un servicio de correos entre las principales ciudades del Perú y Lima, utilizando el sistema de chasquis en lugar de jinetes. Piura y Lima fueron unidas no sólo para uso oficial sino también para el envío de correspondencia privada. Pero estaba tan arraigado el abusar del trabajo de los indios, que al poco tiempo se dejó de pagarles sus jornales y los corregidores de las diversas circunscripciones y vecinos no pagaban los portes.

En tiempo del virrey Henríquez de Almaza,  se inicia el comercio entre Perú y Filipinas, archipiélago que estaba también en posesión de España.

Fue así como en forma indirecta también se empezó a comerciar con la China, dando origen a un activo contrabando de sedas, porcelanas y otros objetos, siendo Paita uno de los puertos de ingreso de estas mercaderías.

El contrabando se activó a causa de una desatinada medida dictada por los reyes de España destinada a dar protección a la industria de la península. Fue así como se prohibió que en el Perú se elabore vino, aceite, paños, sedas, papel, etc. Los virreyes no fueron muy exigentes en cumplir estas ordenanzas, por que ello hubiera implicado grave perjuicio al país. Así, por ejemplo, en los obrajes se utilizaba una gran cantidad de mano de obra indígena y los envíos de paños de España no cubrían las necesidades de la colonia

En 1583, el Tribunal de la Inquisición, sospechando que por los puertos de Guayaquil, Paita y Mantas entraban libros prohibidos, se dispuso que fray Juan de Alamaraz hiciera una revisión de todos los libros que hacían su ingreso por esos puertos. Era fray Juan un agustino que había profesado, ya de edad, al igual que su esposa y su hija doña Leonor de Portocarrero y doña Manuela de Sosa, respectivamente; ésta última, la muy hermosa y desventurada esposa del capitán Hernández Girón, sublevado y ejecutado años antes.

El 22 de enero de 1582, la ciudad de Arequipa fue arruinada por un terremoto, pero su regidor Melchor Cadalso Salazar se negó trasladarla a otro lugar e inició la reedificación en el mismo sitio.

En tiempos del virrey Henríquez llegó a Lima el arzobispo Toribio de Mogrovejo, que luego sería santificado a su muerte.

El virrey murió en Lima el 12 de marzo de 1583 a los 72 años y la Audiencia se hizo cargo del gobierno, durante tres años y ocho meses, esto es, hasta noviembre de 1586.

Ricardo Palma en sus Tradiciones, dice que “un terremoto en 1585 dejó a Piura y Lima en escombros”. Ningún otro historiador o escritor mencionan tal terremoto. El 18 de enero de 1935, en el diario “El Comercio” Carlos Bachmann, publica una pormenorizada relación de terremotos ocurridos en el Perú y tampoco nombra tal sismo. En cambio, el 9 de julio de 1586, Lima fue destruida por un terremoto.

En 1585, la ciudad de San Miguel de Piura hacía mucho que había quedado abandonada.

 

ARRIBA

ENCOMIENDAS EN 1583

A fines de 1582, el Virrey Don Martín Enríquez (o Henríquez), dispuso que se hiciera una relación de todas las encomiendas que por entonces había en el virreinato.

La relación  del Corregimiento de San Miguel de Piura la hizo el contador don Gabriel de Miranda que ejercía ese cargo desde los tiempos del virrey Toledo. El informe que presentó en Lima a inicios de 1583, es decir poco antes de morir el virrey Enríquez, fue el siguiente:

"En la ciudad de San Francisco de la Buena Esperanza y puerto de Payta, llamada por otro nombre de San Miguel de Piura, se provee un corregidor con mil doscientos pesos de plata ensayada y marcada, de salario. Este corregidor ha sido siempre proveído por los virreyes, hasta ahora que lo proveyó Su Majestad en el capitán Alfonso Forero por seis años, el cual está sirviendo el dicho oficio

Provéense en esta dicha ciudad, dos oficiales reales, con trescientos pesos de plata ensayada y marcada de salario en cada un año, pagados de la hacienda real; y sirven al presente estos oficios, Gonzalo Prieto Dávila el de tesorero y Gabriel de Miranda, el de contador, con título del virrey don Francisco de Toledo

En la dicha ciudad, se eligen cada año, dos alcaldes y cuatro regidores, fuera de los dos oficiales reales, que así mismo tienen voz y voto en el cabildo; entiéndese que si se hubiesen de vender estos regimientos (cargos), se  hallará por cada uno hasta trescientos ducados y no mas, por ser pueblo de pocos vecinos.

Hay un escribano público y de cabildo, el cual oficio se vendió por el virrey don Francisco de Toledo a Juan de Bustos, en 280 pesos ensayados y habrá cuatro meses que falleció y quedó vaco

Podríase proveer otro escribano público y que así mismo fuese escribano de registros, y valdrá este oficio de esta forma mil pesos y más.

Jurisdicción del Corregimiento.- Tiene en jurisdicción el dicho corregidor en los pueblos siguientes:

Junto a la dicha ciudad (de Payta), están poblados cincuenta y cinco indios tributarios y doscientos cuarenta y seis personas de la encomienda de Gonzalo Farfán y Gaspar Troche Buitrago.

El pueblo de San Lucas de Colán, que tiene ciento sesenta y tres indios tributarios y seiscientas treinta y dos personas, encomendadas en diferentes personas.

El pueblo de San Martín de Sechura, que tiene ciento cincuenta y siete indios tributarios y seiscientos setenta y ocho personas, de la encomienda de Ruy López y Gaspar Troche de Buitrago.

El pueblo de San Juan de Catacaos, de la corona real, que tiene doscientos doce indios tributarios y seiscientas cincuenta cuatro personas; quedan reducidos en este pueblo trescientos treinta siete indios tributarios y mil siento diez personas de diferentes encomenderos.

El pueblo de San Sebastián del Valle que tiene ochenta y dos indios tributarios y doscientas veintisiete personas.

El repartimiento de Guancabamba, encomendada a don Gaspar de Valladolid tiene trescientas setenta y siete indios tributarios y mil doscientas cincuenta y siete personas, reducidas en un pueblo llamado San Pedro

El pueblo de San Nicolás de Tumbes, que tiene doscientos diez y siete indios tributarios y quinientas cincuenta y tres personas, de la encomienda de Gonzalo Farfán y veinte indios tributarios y noventa y cinco personas, de Máncora de Gonzalo Prieto Dávíla.

El repartimiento de Ayabaca, que tiene en encomienda a Diego Vaca de Sotomayor, posee doscientos treinta y siete indios tributarios y seiscientas noventa y ocho personas, reducidos en un pueblo llamado Nuestra Señora del Pilar.

El repartimiento de Chincha-chara, Sondor, Serrán de la encomienda del capitán don Hernando Lamero tiene doscientos tres indios tributarios y quinientas cuarenta y dos personas reducidas en un pueblo llamado Frías

La cual (Jurisdicción), yo Cristóbal de Miranda, secretario de la gobernación de estos reinos del Perú, saqué de los libros y registros della que están en mi poder, a que me refiero, en cumplimiento de la real cédula de S.M. que va puesta por cabeza, y por mandato del excelentísimo virrey don Martín Henríquez que es fecha en la Ciudad de los Reyes a ocho días del mes de febrero de mil quinientos ochenta y tres, y en fe de ello lo firmé.- Cristóbal de Miranda

Eran por lo tanto Gonzalo Farfán de los Godos y Gaspar Troche, riquísimos encomenderos, los que junto con Gaspar de Valladolid tomaron parte muy importante de la última fundación de Piura

En cuanto al almirante don Hernando Lamero de Andrade, nunca fue vecino de Piura. El repartimiento que tenía era para premiar sus servicios a la corona como buen marino.

El 1º de octubre de 1579 salía del puerto del Callao dos barcos al mando, uno de Pedro Sarmiento de Gamboa que tenía el mando de la operación y el otro, el “San Francisco” piloteado por Lamero. La finalidad era perseguir a Drake que se suponía iba a regresar a Inglaterra por el estrecho de Magallanes. “San Francisco” no pudo pasar el estrecho y regresó al Callao. Como se sabe, Drake no regresó por el estrecho de Magallanes sino que se dirigió a la Oceanía.

En 1588 Lamero recibió orden de conducir a Panamá en dos barcos, un rico cargamento de plata. Estando en ese lugar hizo su aparición en el Pacífico el corsario Cavendish. El virrey dispuso que Lamero aguardara a dos barcos de refuerzo que a las órdenes del general Pedro de Arana, partieron del Callao y con ellos iniciaron la persecución del corsario, pero éste les había ganado mucha ventaja.

El virrey conde del Villar envió luego a Lamero a Chile con una fuerza de 250 hombres para combatir a los feroces araucanos que se habían sublevado. En 1590 el virrey García de Mendoza, envió al entonces almirante Lamero con dos galeones al estrecho de Magallanes para esperar a Cavendish que nuevamente había salido de Inglaterra rumbo a América del Sur, pero el corsario no pasó del Brasil.

En la misma época, los encomenderos de Lambayeque eran los siguientes:

De Lambayeque eran Juan de Barbarán, el mismo que dio sepultura a Francisco Pizarro. De Túcume, Lorenzo Zamudio. De Ferreñafe; Miguel Osorno; de Illimo, Juan Roldán Dávila; de Pacora, Alonso Pizarro de la Rúa; de Jayanca, fue encomendero  Francisco Barbarán; de Motupe tuvo encomienda Gabriel Ramírez Arellano; de Copiz el yerno de Diego Mora, el capitán Diego de Sandoval y la Real Corona tenía la encomienda de Penachí-Olmos.

 

ARRIBA

EL CORREGIDOR ALFONSO FORERO DE UREÑA

Forero de Ureña fue un brillante militar españo1 que luchó en la guerra por la captura del reino moro de Granada y luego sirvió 10 años en la armada española. Cierta vez al mando de un barco logró la rendición de dos barcos ingleses, lo cual le mereció el aprecio del Rey Felipe II, que en forma inusual lo nombró corregidor de Piura, Cuenca, Loja y Zamora, pues lo habitual era que los corregidores fueran nombrados por los virreyes. Además estaba facultado para nombrar tenientes corregidores en las ciudades donde no residiese. Esto molestó al virrey Enríquez que ya había nombrado, corregidores, para las otras ciudades, por lo cual, cuando Forero llegó a Lima sólo lo reconoció para la jurisdicción de Piura. Forero protestó pero el virrey se mantuvo firme y en Enero de 1583. Forero se tuvo que hacer cargo del corregimiento de Piura con sede en San Francisco de la Buena Esperanza

En Payta, hizo edificar la casa para el cabildo, la cárcel y la casa del corregimiento, donde daba hospedaje a los ilustres visitantes. En estas edificaciones gastó 2.000 pesos de su peculio. Posteriormente, por disposición del virrey Conde del Villar, la gran casa del Cabildo, fue partida en dos, para poner allí la aduana y un alojamiento para los oficiales reales. Hizo construir un camino que por Amotape iba a Tumbes, otro de Payta a Zaruma y el camino de Huancabamba a Copiz. Reorganizó el servicio de correos con chasquis, a varios lugares y a Lima. Fue justo con los campesinos. En Frías repartió tierras entre los indios y fundó el pueblo de San Andrés de Ureña, y lo dotó de un molino que costeó de su propio peculio. Fue corregidor hasta 1590, y a partir de 1588 en San Miguel de Piura.

Una de sus mayores preocupaciones fue de aprovechar el agua en la mejor forma. Con gran esfuerzo hizo abrir un pozo para el pueblo de San Francisco de Olmos, donde nunca llovía. Construyó la presa del Tacalá que sirvió para dar agua a las tierras del valle de San Juan de Catacaos, para lo cual laboró dos años, utilizando, cantería cal y ladrillos para lo cual construyó hornos. Sobre el río Piura y frente a la ciudad hizo construir un puente de madera, con lo que eliminó a los balseros. Preparó la defensa de Payta ante la presencia de barcos ingleses. Cuando dejó Piura en 1590, se radicó en Lima y se dedicó a los negocios

Cuando al final de su mandato se le siguió el correspondiente juicio de residencia, se le hicieron una gran cantidad de imputaciones injustas y calumniosas, que duró hasta 1593 y le hizo gastar tanto, que lo empobreció. Gracias a los valiosos testimonios de don Sebastián de Montoro y de fray Hernando de Paredes, fue absuelto

ARRIBA

VIRREY QUE CONVALECE EN PAITA

El Rey Felipe II, tras de considerar 108 nombres de varios nobles españoles para el cargo de virrey del Perú, se decidió, por el que en realidad era el menos indicado por su salud y edad. Se trataba de don Femando Torres de Portugal, conde del Villar Donpardo. Descendía de reyes portugueses y de los marqueses de La Guardia, de Almazán, así como de los condes de Monteagudo y de Paredes.

Llegó a Paita el 11 de Junio de 1585 en compañía de su hijo tenido en el primer matrimonio, don Jerónimo Torres de Portugal, de su nieto Femando Torres de Carvajal, de su cuñado Hernando Carrillo de Córdova que se radicaría en Lima y tendría como a uno de sus descendientes a Manuel Baquíjano y Carrillo, conde Vista Florida.

El virrey llegó enfermo a Paita (nombre indígena Payta) por lo que lo que permaneció en el puerto más de dos meses. Don Ricardo Palma, dice que a este virrey los limeños le pusieron el remoquete "el temblecón" por la agitación nerviosa de sus manos (mal de Parkinson).

En Paita, encontró el virrey pocos vecinos, pues los habitantes la habían ido abandonando como hicieron con San Miguel de Piura (del Alto Piura). El virrey recibió el pedido de los vecinos que aun quedaban y de las autoridades, de trasladar la ciudad ( trasladar el gobierno),  a un lugar más conveniente. Uno de los más graves problemas era la falta de agua potable, que tenía que acarrearse desde Colán donde se tomaba del río Chira, que los indios tallanes la llevaban en botijas, usando balsas para el transporte

 

ARRIBA

DESTRUCCIÓN DE LIMA Y SECHURA

El 9 de Julio de 1586, un espantoso terremoto destruyó Lima y Callao. Al sismo siguió un maremoto cuya onda marina, se expandió por toda la costa norte del Perú.

El remezón fue precedido por un fuerte ruido que hizo salir a todos los limeños de sus casas, lo que desminuyó el número de muertos que solo llegaron a 25, no obstante que casi todas las casas se vinieron abajo. El virrey desde hacia algún tiempo vivía en el Callao pues estaba vigilando la fortificación de la ciudad. La casa donde vivía quedó totalmente destruida.

En Paita se sintió el maremoto con gran fuerza y anegó a la ciudad, aun cuando no llegó a destruirla. Fue en Sechura, donde el maremoto golpeó más duro, y destruyó la población tallán que existía desde siglos, no se sabe bien si cerca de Punta Aguja o donde ahora es el Puerto de Bayóvar. Antes ese curacazgo había sido mandado por una Capullana.

Los sechuranos se trasladaron según unos a San Pedro y según don Eduardo Temoche, a Chulliyachi, ubicado varios kilómetros más al sur del anterior. Su fundador habría sido don  Bernardino de Loayza. Cuando creo la reducción de san Martín de Sechura , que concentró los tributos de  La Muñuela y La Punta., de donde “El Niño” de  1728  los obligaría a salir para ubicarse mas al interior un tanto lejos del mar, donde ahora están.

ARRIBA

EL CORSARIO CAVENDISH, ATACA PAITA

El 9 de julio de  1586 Paita sufrió un maretazo y varias balsas de pescadores se hundieron. El pánico se apoderó de la población, pues olas de varios metros de altura se lanzaban sobre las débiles viviendas de la pequeña población. Pero como los males no vienen solos, al año siguiente apareció otro corsario.

 

Tomás Cavendish era un marino inglés de noble origen, el que con autorización de la reina Isabel, salió del puerto de Playmoufh con tres barcos y 123 tripulantes. El corsario sólo tenía 26 años, cuando empezó a incursionar en las costas de América española. Tras de cruzar el estrecho de Magallanes siguiendo la ruta de Drake, ingresó al océano Pacífico. Años antes don Pedro Sarmiento de Gamboa, marino y cronista, había fundado por orden de Toledo, una población de 400 personas entre hombres y mujeres, en el estrecho, edificando cuatro fuertes y varias iglesias. El objetivo fue de impedir que los ingleses pasaran por el estrecho. Cuando Cavendish o Candish como también lo llamaban, llegó a esa población llamada San Felipe, sólo encontró un puñado de españoles mandados por Hernando Gómez. En San Felipe, el panorama era macabro, pues todo estaba destruido e incendiado y había numerosos cadáveres insepultos que no se habían corrompido por el intenso frío reinante. La gente de San Felipe, había sido, prácticamente abandonada por las autoridades españolas, no obstante que Sarmiento de Gamboa por muchos años estuvo solicitando el apoyo del virrey y del rey de España. El sitio era desolado, nada producía y los españoles eran constantemente atacados por los belicosos indios. Cavendish tomó preso a Gómez y dejó abandonado al resto y al lugar le puso como nombre Puerto de Hambre, que aún tiene.

El corsario siguió su viaje y desembarcó cerca de Valparaíso, pero fue atacado por los españoles que perdieron 24 combatientes y mataron a 12 tripulantes y capturaron 9 de los que después,  ahorcaron a 6 tras un juicio sumario. El 4 de mayo estaban los corsarios frente a Arica pero fue repelido nuevamente. El corregidor envió de inmediato un chasqui a Lima avisando la presencia del inglés, el que no se atrevió atacar Callao y siguió hasta Chérrepe, puerto de Saña, a los que audazmente atacaron y saquearon

El 30 de Mayo de 1587, estaba Cavendish frente a Paita, y lanzaron un ultimátum a las autoridades para que pagasen fuerte suma bajo amenaza de bombardear a la población. El empobrecido puerto no podía pagar tal suma por lo que fue bombardeado. Había unas doscientas casitas de indios, algunos pocos edificios construidos por el Corregidor Forero y unas cuantas casas de vecinos españoles, pues estos desde mucho tiempo antes habían abandonado Paita. En el bombardeo fueron destruidos el Convento y la Iglesia de la Merced, construidos en 1532 por fray Miguel de Orenes y fray Sebastián Trujillo Luego los corsarios desembarcaron en Paita, con 60 hombres y la saquearon. Como encontraron una buena cantidad de fardos de telas y mercadería que había llegado de Panamá todo se lo llevaron. Ante el avance de los corsarios, los pobladores se refugiaron en el tablazo, desde donde contemplaron los destrozos que los ingleses hacían en el puerto. Al percatarse de esto, los corsarios treparon el tablazo, ante lo cual los moradores se retiraron dos kilómetros al interior

Cavendish logró dar con 25 libras en barras de plata que estaban escondidas, 5,500 libras en metales finos y un depósito de mercadería China, indudablemente de contrabando, que estaba escondida y había llegado hacía poco por la vía de Acapulco. El vengativo corsario, al retirarse, prendió fuego a las doscientas casas de Paita.

Luego, se dirigió a Guayaquil, desembarcando antes en la isla Puná, donde fueron atacados sorpresivamente por el capitán Juan de Galarza con 40 hombres, que mató a 25 ingleses y capturó a 4, entre ellos un jefe. Además los españoles le quemaron a Cavendish un barco y una lancha, por lo que tuvo que continuar su recorrido  muy mermado y frente a Machala, se vio obligado a hundir uno de sus barcos que estaba inservible. Y el 21 de junio se dirigió al norte con la única nave que le quedaba. Frente a las costas de México capturó un galeón español llegado de Manila, cargado con marfil, jade, nácar, ébano, perla, sedas de China. Se dirigió  de inmediato a la Oceanía y pasando por las Filipinas, ahorcó allí al español tomado en el estrecho de Magallanes, que tenía prisionero al que acusó de traición. Dio la vuelta al mudo y regresó a Inglaterra por eso, más tarde pudo escribir a Lord Hudson "Navegué a lo largo de las costas de Chile, Perú y Nueva España, donde obtuve un gran botín, quemé y hundí 9 buques de vela, tanto grandes como pequeños. Todos los pueblos y aldeas donde desembarqué, quemé y despojé; si no hubiera sido descubierto en la costa, hubiera tomado grandes cantidades de tesoros”

Al llegar a Londres, las baterías de tierra dispararon 21 cañonazos en su honor, en los muelles una enorme multitud lo recibió y lo aclamó y la reina Isabel, le concedió audiencia extraordinaria y le dio a besar su mano.

Mientras tanto, los maltratados paiteños al bajar del tablazo, vieron que casi nada quedaba en pie y el Corregidor Forero, informó después al virrey que no pudo defender el puerto, porque no contaba ni con 20 combatientes.

ARRIBA

PIERDEN ACTAS DE FUNDACIÓN Y SALVAN CAUDALES

Cuando el virrey informó al rey del saqueo de Payta, dio muy poca importancia a los daños materiales causados. No tuvo en cuenta que al ser incendiada la Casa del Cabildo, se destruyeron los documentos  de fundación de la ciudad de San Miguel (y el Acta caso de haberla), así como toda la papelería oficial relativa al traslado a Piura por orden de Almagro y documentos relativos a los primeros años de la Conquista y de las guerras civiles En realidad, jamás nos lamentaremos lo suficiente de tamañas pérdidas, que no sólo interesan a la historia de Piura, sino del Perú entero

En cambio si, se salvaron los caudales de las cajas reales, gracias a la diligencia con que actuó el corregidor Alfonso Forero, que tan pronto corno vio el peligro que corría el puerto, se llevó al tablazo los caudales, salvándose también él, lo que fue imitado por autoridades, religiosos y pobladores. El tablazo constituiría en adelante, la segunda línea de protección, cada vez que el puerto fuera atacado

Después, Forero llegó a tener conocimiento, que un navío español perseguido por una nave corsaria, se había refugiado en la bahía de Sechura en cuyas playas encalló. Actuando con gran presteza, pudo salvar este barco, cuyo capitán era don Juan Urrutia, que llevaba nada menos que 500,000 pesos pertenecientes al tesoro español.

ARRIBA

DESPOBLAMIENTO DE PAITA

El saqueo e incendio de Cavendish, fue sin duda alguna el golpe de gracia para Payta.

La gente no pensó en la reconstrucción y fueron muchos los vecinos y los religiosos que la abandonaron para trasladarse al valle de Catacaos.

El corregidor Forero de Ureña viajó a Lima a informar al virrey y en la comunicación que éste hizo al rey, de las correrías del corsario por las costas del Pacífico, dio muy poca importancia a lo sucedido en Payta, por cuanto conocía a la humilde aldea y pensaba que muy poco había por destruir allí.

Payta había dejado prácticamente de existir. Sólo una autoridad se mantenía tenazmente en su puesto y ese era Gaspar Troche Buitrago, el teniente corregidor. Todos los frailes y religiosos, así como una gran cantidad de vecinos abandonaron San Francisco de Payta y de la Buena Esperanza, por que en realidad habían ya perdido toda esperanza.

Largas filas de gente de todo nivel, a pie o en acémilas se pudo ver por varios días, atravesando el desierto, como nuevos israelitas, que iban en post de un nuevo lugar que les diera seguridad. Ese lugar fue el valle del Chilcal.

La provincia de Piura se encontraba prácticamente sin una ciudad capital, y hasta la antigua Piura, ubicada en el valle del mismo nombre, había desaparecido y sólo quedaban ruinas de la ciudad. Juan Pérez de Torres, uno de los miembros de la comisión del virrey que se había atrasado y había hecho el recorrido de Quito a Lima por tierra, menciona su paso por Loja, Ayabaca, Frías, Moscalá y Olmos, pero no dice nada de la ciudad de Piura

ARRIBA

PESTE CAUSA ESTRAGOS EN EL VIRREINATO

Indudablemente que el virrey Torres de Portugal fue un gobernante infortunado. Al terremoto y los corsarios se sumó una peste que parece haberse originado en Ecuador. Sólo en la zona de Quito hubo 4,000 víctimas. De Piura no se conocen datos concretos, pero se sabe que causó muchas víctimas, aunque fue en el sur y en especial Arequipa en donde actuó con mayor violencia.

No se conoce la naturaleza del mal, pero se supone que fue viruela.

 

ARRIBA

COMISIÓN PARTE DE PAYTA A LIMA

Tan pronto como la ciudad de Payta quedó destruida por el incendio y saqueo de los corsarios ingleses, partieron procuradores a Lima, para solicitar al virrey el traslado del gobierno.

Correspondió esta labor de representar a Paita, a los oficiales reales don Francisco Manrique de Lara, rico comerciante de Ayabaca y a don Tristán Sánchez.

El virrey nombró una comisión para estudiar el problema, presidida nada menos que por don Cristóbal Ramírez de Cartagena, que en su calidad de presidente de la Real Audiencia había gobernado al Perú por más de tres años al morir el virrey Henríquez. Integraban la comisión don Francisco Arteaga de Mendiola, don Alonso Criado de Castilla y Alvaro Carvajal que eran oidores. Además, Alonso Maldonado Torres y el licenciado Esteban Marañón, alcalde del crimen.

El 9 de julio de 1587, o sea a los pocos días de llegados los procuradores de Payta, el virrey instala la comisión y les hace saber que en vista de que los enemigos que han quemado la iglesia, convento, el cabildo y casa de los vecinos; éstos han abandonado Payta y desean poblar otro sitio, lo que vienen solicitando desde los tiempos del virrey Toledo. Posteriormente, el 11 de noviembre, se realizó un acuerdo general y el virrey Torres de Portugal, tras oír a la Real Audiencia y los diversos pareceres de los miembros de la comisión, autorizó el traslado de la ciudad y extendió la provisión correspondiente el 5 de diciembre de 1587, disponiendo que don Juan de Cadalzo y Salazar, determinara el sitio exacto de la nueva fundación en la tacalá o presa del río Piura.

A pedido de Francisco Manrique Lara, apoyado por el oidor Arteaga, se decidió conservar el puerto de Payta para mantener el tránsito marítimo.

1