Capítulo I

                               

CAPITULO I

 

ANTECEDENTES DE LA GUERRA

 

 

 

Ø      La situación geográfica del Perú y Chile

Ø      Tirantez entre Chile y Bolivia

Ø      Las salitreras de Tarapacá

Ø      El tratado secreto entre Perú y Bolivia

Ø      Lizardo Montero plantea interpelación

Ø      Divulgación del tratado secreto

Ø      Relaciones entre Chile y  Argentina

Ø      La irresponsabilidad de Daza

Ø      Bolivia declara la guerra a Chile

Ø      La Misión Lavalle

Ø      La declaración de la guerra con Chile

Ø      El estado de la defensa

Ø      El estado de la escuadra

Ø      La situación militar de Chile

Ø      Chile ocupa el litoral boliviano

Ø      El Perú fortalece el Sur

Ø      El estado de la opinión en Lima

Ø      El combate de Chipana

Ø      El bombardeo de puertos

Ø      Hazañas del Chalaco

Ø      Llega a Tacna el Ejército Boliviano

 

 

 

 

 

Situación geográfica de Perú, Chile y Bolivia

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Cuando las naciones sudamericanas nacieron a la vida independiente, Bolivia era un

país que tenía salida al mar.  Todo el extenso desierto de Atacama le pertenecía, por el sur desde el río Salado que le  servía de límite con Chile entre los paralelos 25º y 24º, hasta el río Loa por el norte que le servía de límite con el Perú.

 

            Sin embargo, Bolivia enclaustrada en el altiplano, prestó poca atención a su extenso como desértico litoral, lo cual fue motivo para que pescadores, comerciantes y trabajadores chilenos se fueran infiltrando, en forma tal que al poco tiempo, la población chilena sea muy superior a la boliviana.

 

            Fue así  como ya desde los años iniciales de la lucha por la independencia, los pescadores chilenos  que ocupaban el litoral boliviano comprendido entre el río Salado y la caleta Paposo, se adhirieron a la naciente nación chilena y a Bolivia no le quedó más remedio que aceptar los hechos consumados.  A partir de ese momento, Chile empezó a quitarle a Bolivia trozo a trozo su territorio.

 

            No obstante  que Perú y Chile no tenían fronteras,  sin embargo, había entre los dos países problemas de carácter comercial, ya que Valparaíso pretendía desplazar al Callao de su condición de primer  puerto sudamericano en el Pacífico.

 

            Esta situación obligó a que entre Perú y Chile se suscribieran algunos tratados de comercio en los cuales cumplieron destacado papel Santiago Távara y Coronel Zegarra.

 

            Chile siempre pretendió  todo el desierto de Atacama y para convencer a Bolivia de cederlo, le ofrecía constantemente apoyo para que arrebatase al Perú el puerto de Arica.   Antes de que se formase la Confederación Perú Boliviana estuvo intrigando en tal sentido.

 

            Cuando la confederación se formó Chile se alarmó sobremanera y contando con el apoyo de una gran cantidad de peruanos desterrados, declaró la guerra a dicha confederación logrando su disolución.

 

            Desde 1840 se descubrieron depósitos de guano en el desierto de Atacama.  Ya no era un territorio estéril, sino muy al contrario había la posibilidad de extraer de  él grandes riquezas.  El interés de Chile  creció.

 

            Como la mayor parte de los trabajadores del litoral boliviano eran chilenos, fue uno de esa nacionalidad el que descubrió los depósitos de guano en la bahía de Mejillones en el paralelo 23º.  Chile pretendió entonces fijar hasta allí  sus límites.  Los incidentes a que dieron lugar, tales intentonas, se prolongaron hasta el momento en que surge el conflicto entre España y los países americanos del Pacífico.

 

            Cuando el Perú sostenía  la discusión diplomática con España que terminó en el conflicto naval, Chile intrigaba con Ecuador en donde era presidente García Moreno, enemigo declarado del Perú.

 

Por ese entonces, los chilenos habían descubierto en el desierto ricos yacimientos de salitres, y se formaron con financiamiento inglés, compañías chilenas para explotarlo, con autorización boliviana.

 

Apenas terminada la guerra con España, Chile volvió a intrigar ante el Gobierno de La Paz, que en ese entonces estaba bajo el control del general Melgarejo, gran admirador de Chile, no obstante lo cual  se negó a secundar el plan de entrega del desierto a cambio del puerto de Arica.  A partir de ese momento, pensó Chile en conquistar el poder naval  en el Pacífico, iniciando  gestiones para adquisiciones navales  importantes.

 

En 1870, una mina de plata es descubierta por los chilenos en Caracoles y se forma una nueva empresa con capitales chilenos.   Los trabajadores chilenos de la zona fronteriza, acuden en gran cantidad a  esos centros de explotación minera.  La chilenización del territorio  boliviano se produce en forma acelerada sin  que Bolivia muestre el menor interés en repoblar la región.  Hombres de altura y habituados al clima frío, no se adaptaban a los calores  ardientes y secos del desierto.

 

 

 

El  Congreso en 1878

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Al iniciarse el año  1875 gobernaba al Perú don Manuel Pardo, fundador del Partido Civil.  El año de 1876 se debían celebrar elecciones generales, pero el Partido Civil que era el más poderoso se presentó dividido.  Una facción minoritaria apoyaba la candidatura del ayabaquino contralmirante Lizardo Montero, que era de tendencia liberal y un tanto extremista.  El Partido Nacional, lanzó el 31 de enero la candidatura del general Mariano Ignacio Prado, aureolado por el triunfo del Dos de Mayo.  Independientes, partidos menores y hasta una gran facción del Partido Civil votó por Prado que salió triunfante en las elecciones de 1876.

 

En el departamento de Piura, el Partido Civil logró un holgado triunfo.  Como senadores resultaron elegidos el almirante Montero, Pablo Seminario y  Luis Felipe Villarán, que posteriormente sería reemplazado por Manuel Seminario y Váscones.

 

Para diputados salieron Ignacio García León, el capitán de navío Miguel Grau que postuló por Paita, el coronel Romualdo Rodríguez, el doctor Ricardo Wenceslao Espinosa y el doctor Víctor Eguiguren.  Como suplentes, el periodista Julio Santiago Hernández, Manuel Raygada, Manuel Castro y Emilio Espinoza.

 

El Partido Civil tuvo una amplia mayoría en el Congreso.  En la Mesa Directiva del año 1878, figuraba en la Cámara de Senadores  como presidente don Manuel Pardo, elegido en los comicios parlamentarios de ese año, y poco después asesinado.  Como primer vice-presidente del Senado, don José de la Riva Agüero Looz  Corswaren,  y como secretario Federico Luna.                                                                           

 

En la Cámara de Diputados, salió elegido como presidente  el  capitán de navío Camilo Carrillo, paiteño, diputado por Bajo Amazonas.   Para 1er. vice-presidente, el huancabambino Ricardo  Wenceslao  Espinoza.  Para 2º vice-presidente, Julio Pflucker y para secretarios Manuel María del Valle y Víctor Eguiguren.

 

 

Cuando iban a votar para la presidencia de diputados, Camilo Carrillo dio su voto por Grau, y cuando se hizo la elección del 1er. vicepresidente, el diputado Ricardo W. Espinoza, también dio su voto por Grau.

 

 

 

Tirantez entre Bolivia y Chile

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Melgarejo había celebrado el 10 de agosto de 1866  un tratado completamente entreguista con Chile.

 

Según el mismo, Bolivia le cedía a Chile una buena parte de territorio y fijaba sus límites  a partir del paralelo 24º.  Más tarde Bolivia cedió más, hasta el 23º.

 

Entre dicho paralelo y  el    paralelo 25º o sea en pleno territorio boliviano, se comprometía Bolivia  a compartir por mitad todo  producto mineral o de guano que se produjera y se descubriera o exportara.

 

Bolivia  habilitaría el puerto de Mejillones y sólo por allí se exportarían los minerales y a Chile se le reconocía el derecho de intervención en esa aduana

                                                                                                                     

                                                                                                                 

 Los minerales que se exportasen por ese puerto, quedaban libres de los derechos de exportación, con lo cual se favorecían enormemente a las compañías explotadoras, todas chilenas, financiadas con capitales ingleses.  Los productos chilenos que ingresaran por el mencionado  puerto también quedaban liberados de los derechos de importación.  De esa forma, Mejillones se convertía prácticamente en un puerto chileno.

 

Bolivia no podría conceder autorización de explotación a empresas que no fueran chilenas o bolivianas.

Melgarejo había concedido a la Compañía Milbourne y Clarke de Inglaterra una enorme extensión del territorio  de Atacama, para explotarlo sin obligación de pagar nada.  Esta compañía que después se llamó “Compañía de  Salitres y del Ferrocarril de Antofagasta” estaba formada por capitales chilenos e ingleses

 

Al caer el tirano Melgarejo, se declaró nulo todo lo  acordado en favor de tal compañía y  se dispuso que en lo sucesivo pagara 10 centavos por quintal exportado de salitre.  Tal disposición se dio el 14 de febrero de 1878.

 

Chile  reclamó y Bolivia dejó en suspenso la ley.  Esto sin embargo, no satisfizo a Chile que deseaba la derogatoria total de la  ley, y se dirigió a Bolivia en tono amenazante.

 

Cansado el Gobierno de Bolivia de tanta altanería de Chile, decidió  el 18 de diciembre   de 1878 poner en vigencia  el cobro de 10 centavos, lo que obligaba a la compañía chilena al inmediato pago de 80 000 pesos.

 

Chile contestó enviando a la costa de Antofagasta al blindado “Blanco Encalada” lo cual motivó una inmediata protesta de Bolivia.  Mientras tanto, la compañía se negaba a pagar en vista de lo cual el Gobierno de Bolivia al mando del general Daza, dispuso el 1º de febrero de 1879, la caducidad de la autorización de la compañía chilena-inglesa para seguir explotando las salitreras..Los ingleses tenían grandes inversiones en las salitreras y en todo momento respaldaron a Chile.

 

El 8 de febrero, Chile presentó un ultimátum, dando 48 horas de plazo para que se dejaran las    cosas  como antes y someter  el diferendo a un arbitraje.  El día 11 del mismo mes, Chile disponía la ocupación militar, antes del retiro de su representante diplomático en La Paz que recién el día 12 pidió sus pasaportes.

 

La guerra aún sin ser declarada, había empezado de hecho.

 

 

Las salitreras de Tarapacá

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El Perú había vivido mucho  tiempo del guano y dilapidado esa riqueza  que ya tocaba a  su fin.

 

Desde los tiempos de la guerra  contra España, ya se habían descubierto  en Tarapacá yacimientos de salitre, que empezaron a explotar  compañías privadas, formadas especialmente por empresarios ingleses y arequipeños.

En 1868 se creó un impuesto de cuatro centavos al quintal de salitre que se exportara.

 

En 1873 durante el Gobierno de don Manuel Pardo, se estableció el estanco  del salitre, lo cual obligaba a los productores particulares a vender al Estado Peruano todo el mineral, al precio de S/.2,40 el quintal, que debía salir por el puerto de Iquique.   En caso de que el Gobierno lograse colocar el producto a un precio superior a S/. 3,10; aumentaría  el precio de compra a las compañías.

 

Los empresarios salitreros, protestaron contra la implantación del Estanco, y  ofrecieron pagar 15 centavos por quintal de salitre exportado.

 No  hubo acuerdo y se produjeron disturbios en Tarapacá alentados por los empresarios ingleses y también por elementos  chilenos, ya que el país del sur veía con malos ojos la competencia de las salitreras peruanas de Tarapacá y peor  aún, si caían bajo control del Gobierno.  El Perú se vio precisado a enviar sus naves “Atahualpa” y “Manco Cápac”.

                                                                                              

Los empresarios salitreros se sintieron despojados.  Por más de cuarenta años  habían luchado sólo para levantar la industria  sin la menor ayuda del Gobierno peruano, y a última hora, buscaba el fisco la forma de beneficiarse.  En este sentido el Perú seguía una política diferente a la de Chile que apoyaba a sus compañías establecidas en territorio boliviano.

                      Guillermo Billinghurst, más tarde presidente del Perú, encabezó una comisión de tarapaqueños que fue a reclamar a Lima.  No obstante, de haber sido recibidos por el presidente Pardo, el Congreso de todos modos aprobó la expropiación de las salitreras y la creación de la Compañía Administradora del Estanco de Salitre. Pero el Gobierno no tenía dinero para llevar adelante la expropiación.

 

El Gobierno empezó a pagar el valor de las expropiaciones  con certificados salitreros que se canjearían a los dos años.  Para tal fin, buscó en Inglaterra un empréstito de 7 millones de libras esterlinas, lo que no se logró porque el Perú había perdido la confianza de los banqueros y además los empresarios ingleses del salitre habían hecho mala propaganda. Prácticamente fue Inglaterra la que financió la guerra y armó a Chile.

 

No obstante las dificultades del estado peruano en materia económica,  el Gobierno se interesó  por las salitreras bolivianas que aún no habían sido adjudicadas.  Con tal fin, buscó de utilizar a don Enrique Meiggs como testaferro y  ofreciéndole pagar la cuantiosa deuda que le tenía, le puso como condición que se presentara como postor para lograr el arrendamiento  por 20  años de las salitreras de Toco, cuya competencia tenía el  Gobierno  del Perú.  En 1876, logró Meiggs la concesión a nombre de su hermano Juan y luego la transfirió al Gobierno Peruano.  De esa forma se frustró el propósito de Chile de lograr esas salitreras para sus connacionales.

 

 

El tratado secreto entre Perú y Bolivia

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Fue el Gobierno Boliviano el que buscó la firma de un tratado defensivo con el Perú.

 

En 1872 el general boliviano Quintín Quevedo, partidario del depuesto Melgarejo, desembarcó en el desierto de Atacama con un Ejército revolucionario equipado y armado en Chile.  En caso de triunfar, había ofrecido hacer grandes concesiones al país del sur.  Pero el general Quevedo fue derrotado por las fuerzas leales al Gobierno de Bolivia y se vio obligado a huir, refugiándose en barcos  de la escuadra chilena, surtos en el  litoral boliviano, que le dieron protección.

 

Indudablemente que el Gobierno Boliviano quería evitar la repetición de actos como ese, en cuyo caso buscaba contar con la cooperación de la escuadra peruana.

 

Se ha dicho que el Perú aceptó hacer la alianza con Bolivia, porque de no hacerla entonces Bolivia  hubiera buscado aliarse a Chile para arrebatar Arica.  También es posible que el gobierno peruano quisiera evitar, que la infiltración  chilena en Antofagasta se repitiera también en la provincia peruana de Tarapacá, rica igualmente  en salitre, pues en las salitreras peruanas había también un buen número de trabajadores y empresarios chilenos.

 

Para abundar, habría que agregar que el ex-senador piurano Daniel  Ruzzo, desde Europa hacía conocer al Gobierno que en el viejo continente se voceaba que Chile se preparaba contra el Perú.

 

El tratado estaba redactado del siguiente modo:

 

Las Repúblicas de Bolivia y del Perú, deseosas, de estrechar de una manera solemne los vínculos que las unen, aumentando así fuerza y garantizándose recíprocamente ciertos derechos, estipulan el presente tratado de alianza defensiva, con cuyo objeto  el Presidente de Bolivia, ha conferido facultades bastantes para tal negociación  a Juan de la Cruz Benavente, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en el Perú, y el Presidente del Perú, a José de la Riva Agüero, ministro de relaciones exteriores, quienes han convenido en las estipulaciones  siguientes:

 

Artículo I.- Las altas partes contratantes se unen y ligan para garantizar mutuamente su independencia, su soberanía y la integridad de sus territorios respectivos, obligándose en los términos del presente tratado a defenderse de toda agresión exterior, bien sea de otro u otros estados independientes, o de fuerza  sin bandera que no obedezcan a ningún poder reconocido.

 

Artículo II.- La alianza se hará efectiva para conservar los derechos  expresados en el artículo anterior, y especialmente en los casos de ofensa que consistan:

 

1ro.- En actos dirigidos a    privar a alguna de las altas partes contratantes de una porción de su territorio, con ánimo de apropiarse su dominio o de cederlo a otra potencia.

 

2do.- En actos dirigidos a someter a cualquiera de las altas partes contratante a protectorado, venta o cesión de territorio, o establecer sobre ella cualquier superioridad, derecho o preeminencia, que menoscabe u ofenda el ejercicio amplio y completo de su soberanía e independencia.

 

3ro.- En actos dirigidos a anular o variar la forma de gobierno, la constitución política o las leyes que las altas partes contratantes, se han dado o se dieran en ejercicio de su soberanía.

 

Artículo III.-  Reconociendo ambas partes contratantes, que todo acto legítimo de la alianza se basa en la justicia, se establece para cada una de ellas, respectivamente el derecho de decidir, si la ofensa recibida por la otra está comprendida entre las designadas en el artículo anterior.

 

Articulo IV.- Declarado el “casus faederis”, las altas partes contratantes, se comprometen a cortar inmediatamente sus relaciones con el país  ofensor, a dar pasaporte a sus ministros diplomáticos, a cancelar las patentes de los agentes consulares, a prohibir la importación de sus productos naturales e industriales y a cerrar los puertos a sus naves.

 

Artículo V.- Nombrarán también las mismas partes, plenipotenciarios que ajusten, por protocolo, los arreglos precisos para determinar los subsidios, los contingentes de fuerzas terrestres y marítimas, o los auxilios de cualquier clase que deban procurarse a la república ofendida o agredida, la manera como las fuerzas deben obrar y realizarse los auxilios, y todo lo demás  que convenga para el mejor éxito de la defensa.

La reunión de plenipotenciarios se verificará en el lugar que designe la parte ofendida.

 

Artículo VI.- Las altas partes contratantes se obligan a suministrar a la que fuese ofendida o agredida, los medios de defensa de que cada una de ellas juzgue disponer, aunque no hayan precedido los arreglos que se prescriben en el artículo anterior, con tal que el caso fuere a su juicio, urgente.

 

Artículo VII.- Declarado el “casus faederis” la parte ofendida no podrá celebrar convenios de paz, de trueque o de armisticio, sin la concurrencia del aliado que haya tomado parte en la guerra.

 

Artículo VIII.- Las altas partes contratantes, se obligan también:

 

            1º.- A emplear con preferencia, siempre que sea posible, todos los medios conciliatorios para evitar un rompimiento o para terminar la guerra, aunque el rompimiento haya tenido lugar, reputando entre ellos como el más efectivo, el arbitraje de una tercera potencia.

 

            2º.- A no conceder, ni aceptar de ninguna nación o gobierno, protectorado o superioridad que menoscabe su independencia, o soberanía, y a no ceder ni enajenar en favor de ninguna nación o gobierno, parte alguna de sus territorios, excepto en los casos de mejor demarcación de límites.

 

            3º.- A no concluir tratado de límites o de otros arreglos territoriales sin conocimiento previo de la otra parte contratante.

 

Artículo IX.- Las estipulaciones del presente tratado no se extienden a actos practicado por partidos políticos o provenientes de conmociones interiores independientes de la intervención de gobiernos extraños; pues teniendo el presente tratado de alianza por objeto principal la garantía recíproca de los derechos soberanos de ambas naciones, no debe interpretarse ninguna de sus cláusulas en oposición con su fin primordial.

 

Artículo X.- Las altas partes contratantes solicitarán, separada o colectivamente cuando así lo declaren oportuno por un acuerdo posterior, la adhesión de otro u otros estados americanos al presente tratado de alianza defensiva.

 

Artículo XI.- El presente tratado se canjeará en Lima o en La Paz tan pronto como se obtenga su perfección constitucional y quedará en plena vigencia, a los veinte días después de su canje.  Su duración será por tiempo indefinido, reservándose cada una de las partes el derecho de darlos por terminado cuando lo estime conveniente. En tal caso, notificará su resolución a la otra parte, y el tratado quedará sin efecto, a los cuatro meses después de la fecha de notificación

 

En fe de lo cual los plenipotenciarios respectivos lo  firmaron por duplicado y lo sellaron con sus sellos particulares.

 

Hecho en Lima a los seis días del mes de febrero de mil ochocientos setenta y tres. Juan de la Cruz Benavente.- J. de la Riva Agüero.

 

Artículo Adicional.- El presente tratado de alianza defensiva entre Bolivia y el Perú se conservará secreto, mientras las dos altas partes contratantes, de común acuerdo, no estimen necesaria su publicación.

                                                                 

                                                                      Benavente-Riva Agüero

 

Por lo tanto: y habiendo el pre-inserto tratado recibido la aprobación de la asamblea extraordinaria el 2 del presente mes y año, en uso de las atribuciones que constitución de la república me concede, he venido en confirmarlo y ratificarlo, para que rija como ley del estado, comprometiendo a su observación, la república y el honor nacional.

 

Dado en la ciudad de La Paz de Ayacucho a los 16  días del mes de Junio de 1873 y refrendado por el ministro de gobierno y de relaciones exteriores.

 

                                                                      Adolfo Ballivián-Mariano Baptista.

 

            El mismo día se realizó en La Paz  el canje de las ratificaciones, con don Víctor  Aníbal de la Torre, enviado extraordinario del Perú.

 

            La aprobación del Tratado por el Congreso Peruano se hizo del siguiente modo:

 

Lima, abril 28 de 1873,

 

Excmo. Señor.

 

El Congreso ha aprobado, en 22   del presente, el tratado de alianza defensiva celebrado en esta capital el 6 de febrero último, por los plenipotenciarios del Perú y Bolivia.

 

Lo comunicamos a V.E. para su conocimiento y demás fines.

 

Francisco de Paula Muñoz,  Presidente del Congreso.- Félix Manzanares, José M. Gonzáles, Secretarios del Congreso.- Excmo., Señor Presidente de la República.- Cúmplase. M. Pardo.- J. de la Riva Agüero.

 

            Eran senadores por Piura, Félix Manzanares, Juan Camino y Lizardo Montero.

 

            En 1871 y1872 se encontraba en Europa, Daniel Ruzzo, averiguando las incorrecciones de los consignatarios del guano y no obstante que don Manuel Pardo había llegado a la Presidencia de la República lo  continuó atacando.

 

            En Europa Daniel Ruzzo oyó diversos comentarios y rumores, que con fecha 31 de agosto de 1872, comunicó al Consejo de Ministros.

 

            Decía Ruzzo, que se comentaba que Chile iba a suscribir una alianza con Bolivia con el fin de arrebatar al Perú, Moquegua y Arica, a cambio de dar a Chile todo el desierto de Antofagasta.  También hacía conocer que Chile había mandado a construir dos poderosos blindados, que se comentaba la posibilidad de una guerra, que la opinión pública europea y en los círculos oficiales era contraria al Perú y que los marinos chilenos que estaban en Europa vigilando la construcción de las naves, públicamente se expresaban muy mal del Perú.

 

            El 4 de octubre del mismo año, el diario “La Prensa” publicó la carta de Ruzzo causando conmoción.

 

            Antes, el Consejo de Ministros había recibido una comunicación del capitán de navío Manuel Ferreira, enviado especial del Perú en Europa, que también supo que Chile estaba construyendo dos  poderosos acorazados a un costo de tres millones de pesos y que cuando sondeó a la Casa Dreyffus sobre la posibilidad de lograr un empréstito para que el Perú pudiera a su vez construir otros dos barcos de mayor potencia, los ingratos financistas se habían negado a dar más fondos.

Esto motivó una reunión del presidente Pardo con sus ministros el 27 de agosto de 1872.  En el curso de esa sesión, el ministro de gobierno Francisco Rosas expresó su criterio de que Chile pensaba atacar al Perú y que este debía fortalecer su escuadra.   Por su parte el ministro Riva Agüero manifestó que las relaciones con  Chile eran muy cordiales, pero que de todos modos convenía precaverse.

 

            Al día siguiente, el ministro Riva Agüero escribía al ministro del Perú en Chile, haciéndole conocer las alarmantes noticias que se tenían de la construcción secreta en Inglaterra de dos blindados mandados a construir por Chile.  También se refería a la expedición que sobre el litoral boliviano hacía el revolucionario Quintín Quevedo con apoyo del Gobierno de Chile, así como la presencia de la escuadra chilena frente a los puertos bolivianos de Mejillones y Tocopilla.    Luego se refiere a la forma como Chile se prepara militarmente, lo que suponía una mira hostil, lo que le impedía al Perú permanecer indiferente, pro cuyo motivo se había dispuesto que el “Huáscar” y el “Chalaco” zarparan     al Sur.

 

            Se ordenaba que sostuviera una reunión con el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Adolfo Ibáñez, para expresarle el deseo del Perú, de que los tres países arreglen sus problemas en un marco satisfactorio y honroso, y que el Perú no pudiera ser indiferente a la ocupación de territorio boliviano por fuerzas extrañas.

 

 

Lizardo Montero plantea interpelación secreta

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            El senador piurano, contralmirante Lizardo Montero, planteó ante su Cámara la concurrencia, para interpelarlo en forma secreta, del ministro de Guerra.

 

            Era éste, el piurano general José Miguel Medina, el cual concurrió, promoviéndose un vivo debate, en el que se puso de manifiesto la necesidad que tenía el Perú de reforzar su escuadra, para lo  cual se autorizó al Gobierno a levantar un empréstito por cuatro millones de pesos para la construcción de blindados.

 

            En 1873, el Perú suscribió el tratado de defensa con Bolivia e invitó a Argentina a unirse al mismo.  El país del Plata sostenía con Chile relaciones muy tirantes por la Patagonia, Tierra de Fuego y los Estrechos.

 

            En 1874, Bolivia suscribió con Chile un tratado, que pareció alejar la posibilidad de un conflicto entre los dos países, y devolver la tranquilidad en el sur.

 

            Mientras tanto, la mala situación económica del Perú se agudizaba   y Piérola iniciaba su loca aventura revolucionaria con el barco “Talismán”.

 

El presidente del Consejo de Ministros, Eusebio Sánchez, solicitó a  la Cámara autorización  para invertir hasta cinco millones de soles en la pacificación del país.  Ese dinero era indudablemente el destinado a la compra de los dos blindados.

 

            Pero Pardo, pensó alejado el peligro de conflicto con Chile y además se consideraba fortalecido con la alianza  con Bolivia y la posible adhesión de Argentina.  Por eso, confiando insensatamente en tales alianzas, decía que los mejores blindados del  Perú, se llamaban Bolivia y Argentina.

 

            El "Huáscar", al mando de Grau, capturó al “Talismán”  a la altura de Pacocha, pero Piérola había logrado desembarcar  antes en Moquegua y prosiguió la revuelta hasta ser vencido, pero el daño estaba hecho pues el dinero destinado a la defensa nacional se usó en combatirlo.

 

            En  diciembre de 1874 llegó  a Valparaíso el blindado “Cochrane” recién adquirido por Chile.  Con eso el Perú perdió la hegemonía marítima en el Pacífico Sur.

 

            Pero ni eso movió a los políticos de la época a redoblar esfuerzos para restablecer el poder naval del Perú.

 

            Se nombró una Junta Consultiva de la Marina, la que entre otros estuvo integrada por Miguel Grau.  Dicha Junta examinó la situación naval del Pacífico, y también el proyecto para dejar sin efecto la compra de los dos blindados, a fin de utilizar los fondos en combatir a Piérola.   Sólo los marinos Miguel Grau y José Rosendo Carreño se opusieron.

 

 

La divulgación del tratado secreto

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            El tratado defensivo suscrito entre Perú y Bolivia, tuvo que ser discutido y aprobado por los congresos de los dos países.  Más tarde por el de Argentina.  Por lo tanto, resultaba imposible que pudiera permanecer secreto y sin conocimiento de Chile.

 

            El mencionado tratado fue publicado íntegro el mismo año, en el boletín de pactos internacionales que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil editaba anualmente.

 

            De igual modo, lo hacía el 15 de enero de 1874, la revista del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

            Joaquín Godoy, el ministro de Chile en Lima, conoció el tratado casi al momento de ser firmado y lo transcribió de inmediato a su gobierno.

 

  El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Adolfo Ibáñez en una reunión diplomática realizada en Santiago, tuvo una tirante conversación con el doctor Félix Coronel Zegarra, piurano, secretario de la Legación Peruana en Chile y le preguntó si sabía algo de la alianza con Argentina.

 

            Coronel Zegarra le respondió que no más de lo que decían los periódicos y que no pasaban de especulaciones de tipo mercantil

GODOY

 

            Ibáñez le replicó  que estaba engañado, y que tenía información fidedigna de que el Congreso de Argentina había discutido la posibilidad de integrar la alianza, a pedido del gobierno peruano.

 

            Luego manifestó que don Manuel Pardo, era el gobernante que más daño le había hecho a Chile y que el estanco del salitre había significado una pérdida de veinte millones al año para Chile.

 

            Siguió diciendo:  “El día en que a Chile se le obligue a tomar medidas serias en su propia defensa, tenemos la certeza que sobre estas maquinaciones, llevaremos la revolución al seno  del Perú, y es allí y no aquí, donde resolveremos nosotros estas cuestiones.  En nuestras manos está la seguridad del régimen legal del Perú”.

 

            Esa brutal amenaza, muestra como era el modo de pensar de los hombres públicos de Chile.  También deja bien en claro, de que desde 1873 conocían el tratado, pero que sólo hasta 1879 lo utilizaron como pretexto para la guerra.

 

            El llamado tratado secreto, no impidió a Bolivia firma con Chile un tratado en 1874.

 

            Pero había antecedentes de tratados secretos.  El 23 de diciembre de 1822 se firmó en Santiago, un tratado de defensa mutua entre Perú recientemente proclamado independiente y Chile, el cual se conservó secreto hasta 1832.

 

Las relaciones de Chile y Argentina

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            Hasta 1875, la extensa región de la Patagonia a la que se daba  poca importancia, era una especie de tierra de nadie. Chile la pretendía pero mayor atención ponía en la zona austral llamada  Tierra de Fuego y en los estratégicos pasos del Estrecho de Magallanes.

 

            La desventaja de Chile con relación a la Patagonia era que lo separaba la cordillera de los Andes, mientras que para Argentina era una continuación de la Pampa.

 

En 1876   naves de guerra de Chile capturaron una embarcación que con autorización de Argentina, había  estado  extrayendo guano de una zona que Chile consideraba como  suya.   La embarcación se hundió y las relaciones entre los dos países  se enturbiaron en forma tal   que se produjeron  en Buenos Aires manifestaciones contra Chile.

 

            Argentina podía movilizar más fuerzas    terrestres, pero Chile tenía una escuadra infinitamente más poderosa que la de Argentina.  Los chilenos replicaron a las protestas con altanería.

 

            La actitud chilena se debía a que ya había adquirido al  Cochrane”y porque toda la inclusión de Argentina en la Alianza del  Perú y Bolivia había quedado descartada.   Ya Chile no tendría que enfrentar a tres países en forma simultánea y menos a uno a su espalda.

 

            En efecto, en 1873, el Gobierno Peruano invitó al de Argentina a unirse al tratado pero la nación del Plata tenía un problema de límites con  Bolivia y planteó que antes fuera arreglado, lo cual se le prometió. Sin embargo, Argentina le ofreció al Perú una alianza entre los dos, aparte de la que el Perú tenía con Bolivia y el Perú por hidalguía y caballerosidad no aceptó, no  obstante  que Chile siempre invitaba a Bolivia a canjear Antofagasta por Arica.  Por otra parte, en esos momentos las relaciones entre Argentina y Chile eran tan tirantes, que podría verse fácilmente arrastrado a una guerra con un aliado lejano.

 

            Gobernaba Argentina don Faustino Domingo Sarmiento que deseaba la alianza, y fue así como se aprobó en la Cámara de Diputados y no en la de Senadores, que propuso postergar el debate. Perú Bolivia y Argentina tenían fronteras con Brasil, y había el deseo de que el Imperio brasilero no se sintiera como objeto del  tratado. Por lo tanto, el Perú y Argentina acordaron identificarlo más con la región del Pacífico, a lo que se opuso Bolivia.   En 1874, Chile actuando en forma muy diestra logró suscribir un tratado muy conciliador con Bolivia y entonces esta ya no quiso complicar la situación.  Se perdió pues todo interés.

 

            El 8 de mayo de 1877, el ministro Plenipotenciario de Chile firmó en Buenos Aires un tratado que el presidente Pinto de  Chile desautorizó.  Se reiniciaron las negociaciones, y el 18 de enero de 1878 se firma un convenio en el que Chile reconoce como territorio argentino toda la Patagonia, hasta el río Gallego, es decir toda la inmensa región de la Patagonia hasta la boca del estrecho de Magallanes, y sólo quedaría para ser sometido al arbitraje la zona de los estrechos, problema que hasta ahora subsiste.  A Chile se le reconocía la soberanía sobre la mayor parte de la frígida y desértica Tierra de Fuego.

 

            Eso zanjaba el problema a favor de Argentina y Chile quedaba libre para actuar en el Pacífico.

 

            Pero se presentó un nuevo problema.  Unos escritos del historiador chileno Manuel Bilbao fueron considerados en su propia patria, favorables a  Argentina y contrarios a Chile.  Turbas chilenas a los gritos de “Viva Chile y muera Argentina” trataron de asaltar la casa de Bilbao.  Se produjeron reclamaciones  diplomáticas. En esos días nuevamente el barco de guerra “Magallanes” de Chile apresó a  un barco argentino en los estrechos, y en esta oportunidad, fueron los argentinos los que efectuaron en Buenos Aires manifestaciones de protesta.  El   Gobierno se vio obligado a enviar su escuadra a los estrechos, lo cual era una temeridad, porque nada podían hacer los barcos antiguos y débiles de Argentina frente a los  recién construidos y muy potentes “Cochrane”,  “Blanco Encalada” y “Magallanes” que zarparon hacia el sur.  Las escuadras, para beneficio de Argentina no se llegaron a encontrar y poco después intervino la diplomacia y el 6 de diciembre de 1878 se firmó un tratado, en el que se comprometía a resolver sus diferencias por medios pacíficos.

 

            Por esos días, el presidente de Bolivia, general Daza, considerándose seguro con su alianza con el Perú, y engañado sobre el poder de su propio ejército y la debilidad supuesta de la fuerza armada chilena, adoptaba una situación intemperante ante Chile lo cual le vino a este país, a propósito para sus planes guerreros, pues dos meses más tarde ocupaba el litoral boliviano.

 

 

La irresponsabilidad de Daza

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            En 1874, Antofagasta estaba ocupado en un 93% por chilenos, un 2% por bolivianos y el resto de peruanos y otras nacionalidades.  Era por lo tanto natural que la población deseara la anexión a Chile.

 

            En  Tarapacá había también una gran cantidad de trabajadores chilenos que actuaban como un caballo de Troya, pero el Perú mantenía el control del territorio.

 

            El presidente de Bolivia, Hilarión Daza, contando con la alianza peruana, se mostró ante Chile tremendamente irresponsable, cuando a pesar de los consejos de los diplomáticos del Perú, procedió en  febrero de 1879 a expropiar las salitreras, en poder de empresas anglo-chilenas muy poderosas.

 

Una gran cantidad de hombres del Gobierno de Chile  tenía acciones en esas compañías, y lógicamente utilizaron el poder político de que disponían.

 

            En el colmo de la inconsciencia, escribía al prefecto del departamento del Litoral lo  siguiente:

 

            “Tengo una buena noticia que darle.  He fregado a los gringos accionistas de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, decretando el 1º de febrero de 1879, la reivindicación de las salitreras y no podrán quitárnoslas por más que se esfuerce el mundo entero.  Espero que Chile no intervendrá en este asunto empleando la fuerza; su conducta con la Argentina revela de una manera inequívoca su debilidad e impotencia; pero si nos declaran la guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exigiremos el cumplimiento del tratado secreto”.

 

            Daza subestimaba el poder de Chile y por otra parte se tornó exigente basado en la ayuda que pensaba lograr del Perú.

 

            Los acontecimientos se precipitaron.  El 14 de febrero, Chile rompió sus relaciones con Bolivia y de inmediato ocupó sin ninguna resistencia Antofagasta.  Un chasqui llevó a Daza la noticia, pero como era carnaval, el banal presidente no quiso interrumpir las fiestas de carnaval y ocultó la noticia.

 

 

Bolivia declara la guerra a Chile

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            En dos barcos que salieron desde el puerto chileno de Caldera, el coronel Emilio Sotomayor con una división del Ejército de Chile, se dirigió al  puerto  boliviano de Antofagasta, que ocupa sin el menor contratiempo.   En realidad no había sido necesario que el “Blanco Encalada” llegara haciendo demostraciones de fuerza, porque el pueblo de Antofagasta se volcó delirante a recibir a las  tropas de desembarco, y las banderas chilenas de inmediato aparecieron en la mayoría de las casas. Todo eso pasaba porque en realidad, la población era en un 93 por ciento chilena y sólo 2% boliviana.  La pequeña guarnición  boliviana, no pudo por lo tanto hacer nada y se replegó a su cuartel, en donde las tropas de desembarco chilenas, le brindaron protección contra  la hostilidad del pueblo.

 

            Ante el empeoramiento que había sufrido la situación, el Perú decidió ofrecer su mediación amistosa y el 22 de febrero, partía hacia Santiago en misión especial don José Antonio de Lavalle Arias de Saavedra.

 

El enviado especial era hijo de Juan Bautista de Lavalle, brigadier español que fue fiel al monarca hasta la batalla de Ayacucho y luego sirvió a la República como general, habiéndose casado con doña Narcisa Arias de Saavedra. Era Juan Bautista uno de los seis hijos que tuvo a su vez don Juan Antonio Lavalle y Cortés, Caballero de Santiago, Conde de Premio Real y corregidor de Piura en 1772.

 

            Muchas dificultades tenía Lavalle que enfrentar en Chile, en donde había unos grupos influyentes que deseaban la guerra y otros no, recibiendo muchas consideraciones de parte del presidente Aníbal Pinto, que era compadre del presidente del Perú, Mariano Ignacio  Prado, desde los tiempos en que ambos luchaban contra España  en 1866.

 

            Había la posibilidad de un arreglo gracias a las conexiones familiares y muchas amistades que Lavalle tenía en Chile, cuando el general Hilarión Daza, presidente de Bolivia, actuando por cuenta propia y sin previa consulta con el Perú, declaró el 14 de marzo de 1879, la guerra a Chile.  La noticia se recibió en Santiago cuatro días más tarde, y lógicamente la misión de Lavalle fracasó.

 

 

La misión Lavalle

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            El enviado especial partió del Callao en el vapor chileno “Loa” sin tener tiempo de recibir instrucciones precisas sobre la delicada misión que iba a cumplir.

 

            Fue en el curso de la navegación, que se pudo enterar por un sobre reservado que se le entregó, de la existencia del tratado secreto entre Perú y Bolivia.

 

            En Valparaíso a donde arribó el 4 de marzo, se conocía de su llegada y una muchedumbre hostil, los recibió en el muelle.  Grandes dificultades pasó el intendente chileno para preservar la persona de Lavalle de un ultraje.  Esa mismo noche y aconsejado por varios amigos partió hacia Santiago.  Por la noche se realizó un gigantesco mitin anti-peruano en Valparaíso y la turba apedreó el consulado peruano, tratando de asaltarlo.

 

            El sentimiento público chileno estaba totalmente en contra del Perú y lo mismo la prensa.  En cambio, Bolivia pasaba desapercibida.

 

            Lavalle encontró que el presidente  Aníbal Pinto y su ministro Domingo Santa María –más tarde también presidente de Chile- tenían sinceros  deseos de mantener la paz.  Fatalmente los partidarios de la guerra en Chile eran mayoría y muy influyentes  y hay que reconocer que también en el Perú y en Bolivia había ambientes bélicos, sin medirse en ningún caso las consecuencias que pudieran derivarse.

            En las largas conversaciones que Lavalle sostuvo con el presidente Pinto y Santa María, planteó:

 

1.- Que el Ejército  Chileno desocupara el  litoral boliviano y que en su lugar mientras un árbitro resolvía la situación, el territorio fuera administrado por el país árbitro, o por la misma población organizada bajo el control de Chile, Bolivia y Perú.

 

2.- Que el asunto se sometiese a un país árbitro.         

 

3.- Que las entradas del salitre y otros productos sirviesen para pagar los servicios y necesidades de las localidades ocupadas  y si había un remanente se dividiera en partes iguales entre Bolivia y Chile.

 

            El presidente Aníbal  Pinto Garmendia, objetaba que la opinión publica chilena no admitiría la desocupación de Antofagasta, territorio que se suponía propio, pero que se allanaban a la intervención de un árbitro, con el ejército chileno ocupando la zona.  Que consideraba que el remanente de los ingresos en lugar de repartirse lo retuviera el país árbitro.

 

            El presidente Pinto le aseguraba a Lavalle de que, él en lo personal no podía aceptar ciertas condiciones que la opinión pública tampoco aceptaría, porque entonces se podría producir un trastorno interno, y llegar al poder en Chile otra persona de criterio más radical.  Eso no obstante que en Chile había existido mucha estabilidad política.

 

            Los diarios de Chile principiaron a dar informaciones alarmantes sobre el tratado secreto y el propósito que tenían supuestamente Argentina, Perú y Bolivia de atacar al país, lo cual soliviantó al  populacho.  Para Lavalle esa fue una situación muy incómoda, pues en algunos círculos diplomáticos de Santiago se creía que su misión sólo tenía por objeto ganar tiempo para que el Perú pudiera efectuar movimientos de tropas y alistar la movilización.

 

            A Lavalle se le preguntaba, si el Perú permanecería neutral en el caso de que la misión especial pacifista que la había llevado ante el presidente  Pinto fracasara.  El enviado peruano contestó con entereza   que el Perú no  podía permanecer neutral.

 

            Toda la remota posibilidad de un éxito de la misión Lavalle se derrumbó bruscamente, cuando el  diario oficial de Chile publicó una información según la cual Bolivia había declarado la guerra a Chile, desde el 1º de marzo.  Es decir, que cuando Lavalle  había llegado a Valparaíso, ya existía el estado de guerra dispuesto por el general Hilarión Daza.

 

            Lo peor del caso, es que la actitud unilateral no motivó protesta alguna de la Legación Peruana en La Paz, ni del Gobierno del Perú.

 

            A pesar de todo, el enviado Lavalle fue citado por el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, señor Fierro, el día 19 de marzo, manifestándole que “Chile jamás declarará la guerra al Perú y  se limitará a resistir si es agredido y considerará esa la más dolorosa de las necesidades a que puede verse expuesto”.  Se habló también de la posibilidad de que el señor Domingo San María fuese enviado como agente confidencial del Gobierno de Chile  en Lima, lo que Lavalle aprobó con entusiasmo.  Se decía sin embargo  en Santiago, que en Lima había una gran efervescencia y que la opinión unánime era por la guerra, pues hasta el mismo ministro Godoy había escrito desde  Lima que le tuvieran alojamiento en Santiago porque su retorno era inminente.

 

           El  21 de marzo, Santa María comunicaba a Lavalle que había desistido de hacer su viaje a Lima porque lo creía ya tarde e inútil.  Las esperanzas de paz se esfumaban, porque los belicistas de los tres países presionaban.

 

            En Chile  se hizo mucha bulla con relación al viaje de la división peruana que al  mando del coronel Velarde había sido despachada a Tarapacá, para apostarse en la línea fronteriza.

 

El senador chileno José Victorino  Lastarria, persona muy influyente en los círculos de su gobierno, hizo  conocer  a Lavalle que propondría  al Consejo de Ministros de su país, el siguiente plan:  1º.- Tregua y suspensión de hostilidades entre Chile y Bolivia, por el tiempo que se fijase.  2º.-  Retiro de las fuerzas chilenas hasta los límites del territorio comprendido entre los paralelos 23º y 24º de la latitud sur  y restitución a Bolivia de Cobija, Calama y Tocopilla. 3º.- Suspensión por parte de Bolivia de los decretos de expulsión de los chilenos, confiscación de sus propiedades, etc.  4º.- Suspensión de los armamentos de Perú, Chile y Bolivia.  5º.- Reunión de una conferencia de plenipotenciarios en Lima, para tratar y arreglar definitivamente las cuestiones.  El 26 de marzo el Gabinete Chileno rechazó la propuesta de Lastarria.  El día 28 se efectuó la última reunión entre el presidente Pinto y Lavalle y éste salió convencido de que la guerra era inminente de tal modo que telegrafió a Lima avisando que la declaración de guerra se produciría entre el 2 y el 3  de abril.  Al prefecto de Tarapacá le advirtió telegráficamente de que la flota chilena se aprestaba a atacar Iquique.  El 31 de marzo, Lavalle visita al ministro chileno Fierro y le transmite la información del Gobierno Peruano.  En el mismo día el Consejo de Estado de Chile aprobaba la declaración de guerra que se firmaba  el 1º de abril.  Ese día fue saqueado el consulado peruano en Valparaíso.

 

            El Gobierno Chileno comisionó al capitán de navío Patricio Lynch, para escoltar y dar garantías a Lavalle y a los miembros de la Legación Peruana hasta su momento  de embarcarse, lo que se realizó el 3 de abril.  Lavalle  dice que Lynch era muy fino y bien educado caballero.  Después sería  el feroz depredador que llego hasta Paita, al que sus connacionales apodaban “El Príncipe Rojo”.

 

La Declaración de Guerra

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            Lavalle antes de partir de Valparaíso, pudo enviar al Perú  su último mensaje, para advertir al Perú en forma inmediata de que su misión terminaba y se iniciaba la guerra. Decía:

 

            A Su Excelencia el Presidente.  Lima

             

            Valparaíso 3 de abril

 

            Se va a declarar la guerra el 4.

 

            Lavalle.

 

            El 5 de abril se registra el siguiente documento que firma el presidente de Chile, Aníbal Pinto: con el que inició el más nefasto capítulo de la historia nacional.

 

            Santiago 5  de abril de 1879

            Señor Intendente.

            En virtud de la facultad que me confiere el número 18 del artículo 82 de la constitución  del estado y la ley de cuatro de presente;

 

            He acordado y decreto:

 

            El  Gobierno  de Chile  declara la guerra al Gobierno del Perú.  El ministro de relaciones  exteriores comunicará a las naciones amigas esta declaración exponiendo los justos motivos de la guerra;  y el del interior hará llegar la noticia a los ciudadanos de la república, mandándola publicar con la solemnidad debida.

 

            Dado en Santiago el día 5  de abril de 1879.- A. Pinto; B. Prats, Alejandro Fierro- C. Saavedra; J. Gana; Julio Zegers.

 

            En la misma fecha, se daba una declaración igual de guerra contra Bolivia, aún cuando ésta ya había tomado la delantera.

 

            La diplomacia chilena se mostró muy activa, buscando justificar ante el mundo la  actitud que había tomado, haciendo hincapié en que su actitud era puramente defensiva, ante un tratado que estaba destinado secretamente, contra su país. Hay que reconocer que Chile logró éxito en sus propósitos, y la opinión pública mundial, era más favorable al agresor que a nosotros.

El presidente Prado quedó anonadado con la declaratoria de guerra, pus creía que su compadre Pinto nunca daría ese paso.

 

 

El estado de la defensa

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            En el Perú, existía entre la población y muchos funcionarios del gobierno, un profundo espíritu bélico.  Sin embargo, no  se tenía conciencia de la gran debilidad militar del Perú y de lo nulo que era Bolivia en ese campo al mismo tiempo que se subestimaba por ignorancia el poderío chileno.  Lo cierto es que si Chile hubiera sido más audaz, hubiera podido dar en la misma rada del Callao, la batalla que hubiera destruido totalmente  la escuadra peruana y desembarcado y  tomado  Lima.  Ni la Marina de Guerra del Perú ni tampoco el Ejército estaban en  abril en situación de poder repeler al agresor.  Pero les faltó a los conductores chilenos de la guerra, más confianza, decisión y  coraje.

 

            Las fuerzas del Perú eran las siguientes:

 

Ejército :  Infantería.................Batallón Pichincha...............................529 hombres

                                                                Zepita....................................578      

                                                                Ayacucho..............................813      

                                                                Callao................................... 421      

                                                                Cazadores............................. 400       

                                                                Puno..................................... 312      

                                                                Cuzco................................... 421           3 539

                                                                                                               

     Caballería.............  Regimiento Húsares de Junín...........     232 hombres

                                                                   Lanceros de Torata......      435     

                                                                   Guías............................     166              833    

 

                 Artillería............... Regimiento Artillería Campaña.....       402      

                                                                   Dos de mayo..............        467             869    

                                                                                                                                5 241

 

            Pero estas eran sólo fuerzas nominales, en el papel.  Los efectivos reales no pasaban de 4000 hombres, mal armados.

 

            El general Pedro José Bustamante, al presentar en 1878 su memoria en las Cámaras dio esas fuerzas, aún cuando se había iniciado la reforma en el Ejército.

 

            Se había enviado a Europa   a un comisionado para escoger el rifle más conveniente y se optó por el llamado peruano, por cuanto el modelo había sido confeccionado en la maestranza de Lima.

 

            Se habían remitido a Europa 5 000 rifles Chassepot para ser reformados por haber resultado muy defectuosos.

 

En los depósitos del fuerte de Santa Catalina existía una buena cantidad de rifles de los más variados modelos,  que necesitaban de su propia munición lo que era difícil abastecer en plena batalla.  Sin embargo, ellos se utilizaron en la contienda.  Eran de ¡once clases!

 

            La artillería pudo ser buena en su tiempo, y se recuerda los cañones que Bolognesi trajo de Europa y sirvieron para defender el Callao, pero al momento de la guerra con Chile nada tenían que hacer con los famosos Krupp, que habían ayudado a Alemania a ganar la guerra contra Francia.   Esos eran los cañones que en apreciable cantidad tenía Chile.

 

            Otra arma que poseían los contrarios y que prácticamente era desconocida en el Perú, era la ametralladora.

 

            El Ejército Peruano se elevó en 1878   a 6 750 hombres cuando ya se vislumbraba el conflicto con Chile.

 

 

El estado de la Escuadra

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            Los barcos de la escuadra peruana eran los siguientes:

 

            El "Huáscar”, fue construido en Inglaterra en 1864, pero recién llegó al Callao después del combate del Dos de  Mayo.  Desplazaba 1 130 toneladas, con 300 HP, su andar normal era de 11 millas por hora pero podía llegar a 14.  Su blindaje no era parejo, siendo a los costados de 4.5 pulgadas de espesor.  Poseía una torre giratoria con dos cañones de 40 y uno de 12.  Era el único barco que al momento de producirse la declaratoria de guerra podía de inmediato entrar en servicio, pues tenía hasta las calderas nuevas.

 

            La “Independencia”, fragata blindada construida el mismo año que el "Huáscar" y también en Inglaterra.  Era el barco más  poderoso, y  desplazaba 2 550 toneladas.  Su velocidad era de 11 millas por hora, y su blindaje de 4.5 pulgadas.     

 Disponía de un cañón de 250 libras, 1 de 150, 12 de 70, 4 de 32 y 4 de  9 libras, su potencia era de 550 HP, su dotación de 304    hombres mientras que la del "Huáscar" era de 168.  Cuando estalló la guerra hacía más de seis meses que se encontraba en el dique cambiando sus calderas, renovando la cubierta y carboneras.

 

          El “Atahualpa” y el “Manco Cápac” eran blindados gemelos adquiridos después de 1866  en los Estados Unidos.  Desplazaban 1 034 toneladas cada uno y no  eran aptos para travesía sino para defensa de puertos  como baterías flotantes.  Tenían dos potentes cañones de 500 libras cada uno, y su blindaje era nada menos que de 10 pulgadas, es decir más del doble que el "Huáscar".  Su velocidad era muy pequeña, nada más que 4  millas por hora.  El “Atahualpa” casi no podía moverse.  Tenía sus calderas deterioradas.  Resultaba tremendamente pesado, quedando en el Callao incorporado a su defensa.  El “Manco Cápac” podía movilizarse muy lentamente, pues sus calderos estaban malogrado por el tiempo y no resistía una presión mayor de 5 libras.  La tripulación de cada uno era de 120 hombres.

 

            La Unión”, corbeta de madera de 1 150 toneladas y 500 HP de fuerza, su velocidad era de 13 millas por hora.  Había sido construida en 1863 en Francia y disponía de 14  cañones de 70 libras.  Su tripulación era de 210 hombres.  Se encontraba reparando sus calderas que eran muy viejas.

 

 

La “Pilcomayo” cañonera de madera que debió llamarse “Putumayo”, de 600 toneladas, 180 HP de fuerza, tenía 2  cañones de 70 libras, 4 de 40 libras y 4 de 12 libras.  Había sido comprada a Francia en 1873.  Se le había cambiado la hélice y también estaba lista para zarpar pero era un barco débil.

 

            Luego se tenían los transportes, “Chalaco” de 1 000 toneladas y 2 cañones; el transporte “Limeña” de 1 160 toneladas y dos cañones; el “Talismán” de sólo 310 toneladas y 4  cañones; “La Oroya” y “Santa Rosa”.

 

            Los barcos peruanos no tenían artilleros y se tuvieron que contratar extranjeros con muy buenos saldos.  Gran parte de la tripulación era chilena y se la tuvo que licenciar.  Tampoco se disponían de maquinistas nacionales.  Las intentonas revolucionarias de Piérola en las que involucró a la armada, habían relajado su disciplina y su moral.

 

 

 

 

 

Situación militar de Chile

 

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            Chile tenía un Ejército y una Guardia Nacional muy bien disciplinados y armados. Se estimaba que en 1879 tenía nueve mil hombres de línea.  Su armamento consistía en 23 cañones Krupp, 14 556 fusiles  Comblain, 207 carabinas, 526 sables y 256 lanzas.

 

            En Europa tenía un pedido de más cañones, rifles, granadas de acero Palliser perforantes.

 

            En cuanto a su flota de guerra Chile  tenía a los siguientes:

 

            Los blindados “Cochrane” y “Blanco Encalada” barcos gemelos de 3 560 toneladas cada uno según algunos autores, aún cuando don Mariano Paz Soldán sólo les da 2 032 con 2 900 HP de fuerza; blindaje de 9 pulgadas en la línea de flotación y de 6   pulgadas en las baterías.  Tenían 6 cañones de 250 libras, 2 de 20 libras y 2 de  9 libras.   El “Blanco Encalada” tenía dos cañones más de 20  libras.   Habían sido construidos en 1875 y su andar era de 11 millas por hora, aún cuando Paz Soldán les asigna 13  nudos.

 

 

           

 

 

 

 

 

              

 

 

 

Las corbetas gemelas de madera, “Chacabuco” y “O’Higgins”, construidas en 1867, desplazaban 1 670 toneladas con 800 caballos de fuerza (Paz Soldán sólo les da 1 101 t. con 300HP).  Entraron en servicio varios años más tarde de su construcción.  Eran barcos un tanto lentos pues su navegar sólo era de 6 a 8 millas.  Tenían 3 cañones de 150 libras, 4 de 70, 2 de 40    y 2 de 6.

           

O’Higgins

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 


La corbeta “La  Esmeralda”, de 1866  con 850  toneladas, 200HP, de 6 millas de andar, estaba artillada con 8 cañones de 40 libras, 4 de 30  libras y 2 de 6.

 

            La “Covadonga”, cañonera de 600 toneladas, con 260 HP, 7 millas de velocidad, estaba artillada con 2 cañones de 70 libras y 2 de 40.  Había sido capturada a los españoles en la guerra de 1866.

La Covadonga y la Magallanes

 

 

 

    

   

 

           

 

 

La corbeta “Magallanes”, de 772 toneladas, 260 HP, construida en 1874, disponía de un cañón de 115 libras, 1 de 64, 2 de 20.  La corbeta “Loa” era similar.

 

            La corbeta “Abtao” de 1 051 toneladas, y 300 HP, había sido construida poco después de 1870.  Tenía un cañón de 150 y 4 de 32.

 

            Además tenía los transportes de guerra “Maipú” y “Matías Causiño”.  El “Rímac” y otros 9 vapores de la Compañía Sudamericana, que hacían el tráfico en el Pacífico pasaron a convertirse en transportes de guerra.

 

            La escuadra chilena se había preparado ampliamente para la guerra.  Sus artilleros eran expertos y estaban muy bien entrenados.  Disponían de las famosas granadas perforantes Palliser, que con tanta insistencia había solicitado Grau sin ser oído.  Los cuadros de oficiales y marinos estaban completos, y los barcos todos listos para entrar en acción.

 

            Cuando estalló la guerra, el Perú se encontraba haciendo gestiones en Francia, Estados Unidos y Turquía para adquirir barcos.

 

            De Francia trataba de lograr el acorazado “Gloire”, se decía que era muy anticuado y a pesar de eso el gobierno francés se negó a venderlo por oposición de  los chilenos.  Las gestiones demoraron tanto, que llegó la guerra y en ese estado las convenciones internacionales prohíben vender armas a los países beligerantes.

 

            De Estados Unidos se trató de adquirir el acorazado “Stevens Baterry”, que había sido construido más que todo para acción defensiva como batería  flotante casi lo mismo que los monitores “Atahualpa” y “Manco Cápac”.  Pedían por ese barco acorazado 750 000 dólares a fines de 1879, pero en setiembre de 1880 fue rematado como chatarra en 55 000 dólares.  Eso muestra que no sólo era inservible, sino que se iba a aprovechar de la necesidad  del Perú y estafarlo.

 

            Con Turquía se buscó la adquisición de uno de sus acorazados.  En esa época el Imperio Turco aunque  en decadencia todavía era una gran potencia.  El barco era bueno, pero también lo quería   Argentina, y cometimos la inconveniencia de disputárselo.  Al final Chile se enteró, envió a un embajador, sobornó funcionarios e impidió la venta.

 

            En Dinamarca se trató de lograr la adquisición  de una fragata blindada, que no hubiera sido muy útil porque era bastante lenta.  No se pudo adquirir por falta  de dinero  en efectivo.

 

            En resumen, los barcos en los que Grau puso tanta esperanza nunca llegaron y el viaje que hizo Prado al extranjero para acelerar las gestiones y adquirir armas, tampoco dieron resultado.

 

 

Chile ocupa todo el litoral boliviano

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            Ya se ha dicho como el Ejército de Chile ocupó el 14 de febrero, el puerto de Antofagasta sin encontrar resistencia.

 

Dos días más tarde fuerzas chilenas ocupan el importante asiento minero de Caracoles ubicado en el interior.  De esa forma quedaba en poder de Chile el  territorio que reclamaba desde 1866.

 

            La marejada chilena, se dividió en dos brazos.  Uno en combinación con la marina ocupó sin mayores problemas los puertos de Cobija, Tocopilla y Mejillones, mientras que otra se  internaba y avanzaba siempre hacia el norte en dirección a Calama, punto fronterizo  con el Perú, ubicado a orillas del río Loa.

El 23 de marzo los invasores estaban frente al pueblo que tenía una pequeña guarnición al mando del coronel Zapata y de Ladislao Cabrera.   Sólo 150 eran los defensores, pero tenían la ventaja de estar en plena cordillera de los Andes y que para entrar se tenía que pasar por el desfiladero Topater que defendían el teniente boliviano Eduardo Albarca con  un reducido contingente.  Varias horas resistió.

 

            Albarca fue superado por la cantidad de efectivos y armamento de su atacante el teniente coronel Eleuterio Ramírez, que tras de forzar el paso, le fue fácil tomar el pueblo no obstante la patriótica resistencia opuesta.

 

            Este fue el único hecho de armas protagonizado entre chilenos y bolivianos en defensa de su territorio.  Los chilenos eran 600 y contaban con artillería..

 

            En sólo 9 días habían llegado hasta la frontera con el Perú, y todos los estrategas neutrales pensaban que también la guerra contra el Perú sería muy corta.

 

 

 

 

El Perú fortalece el Sur

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            Antes de la ocupación de Antofagasta por las fuerzas  chilenas, como ya la situación se iba tornando cada vez más grave, el Perú no sólo movilizó sus fuerzas, sino que también envió el 7 de marzo una fuerza al mando del coronel Manuel Velarde a Iquique.  Se componía esta fuerza del Batallón Cuzco con 400 soldados, Cazadores de la Guardia con 385  soldados y una batería con 4 piezas de artillería.

 

El 25 de marzo, cuando ya se había iniciado la invasión chilena en el litoral boliviano, fue enviado al sur el coronel Belisario Suárez con el Batallón Dos de Mayo, el Zepita al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres y el escuadrón Guías todo con un total de 1 500 hombres.

Cuando ya todo el territorio boliviano había caído en poder de Chile, se envió una tercera fuerza al mando del coronel Manuel Gonzáles La Cotera, ayabaquino, la que estaba formada por el Batallón Puno reforzado y una batería de 4 piezas de campaña.  Salieron del Callao  el 1º de abril de 1879 en el “Chalaco”.

 

            En total las fuerzas de las tres expediciones sumaban 3 000 hombres, pero el territorio por defender era muy extenso.

 

            Todas las fuerzas  quedaron bajo el mando del coronel La Cotera, con el cual también habían ido los Húsares de Junín.

 

            El contralmirante Montero, también de Ayabaca, fue enviado a Arica para artillar el puerto, instalando ocho cañones de gran potencia.

 

 

 

 

 

 

Entra a funcionar el tratado con Bolivia

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            Declarada la guerra por Chile, el presidente Prado consideró que  era ya el momento de que el tratado de Alianza con Bolivia empezara a funcionar.

 

            Como en Lima se encontraba el enviado especial boliviano Serapio Reyes Ortiz, se firmó con él un protocolo sobre aporte de contingentes y subsidios.

 

            Según el mismo, Bolivia debía aportar 12 000 hombres y el Perú 8 000 y además su escuadra.  Bolivia no tenía un solo barco.

 

            Bolivia asumía los gastos de toda la campaña, tanto en tierra como en el mar, al igual que la adquisición de armamento y de barcos o la reposición de los que el Perú perdiera.  Como Bolivia se había quedado sin litoral, el comercio de importación y exportación se haría por Arica y Mollendo, y los derechos  aduaneros se repartirían por igual.  Este  protocolo fue firmado el 15 de abril, pero bien se veía que Bolivia no estaba en condiciones de asumir responsabilidades económicas de esa magnitud  de tal modo que a los pocos días o sea el 7 de mayo se modificó el acuerdo y como resultado de ello, el Perú se comprometió más bien a dar a Bolivia un subsidio de 100 000 soles mensuales mientras durase la guerra y quedaba de responsabilidad de la   república del Altiplano costear el 50 por ciento de los gastos de la guerra.

 

            Bien pronto se vería que el mayor peso tanto en la provisión de materiales de guerra como en contingentes humanos fue de cargo del Perú y que ya en el segundo semestre de 1880, Bolivia no intervino para nada.

 

En Lima, el pueblo como siempre ocurre en esos casos, lleva en lo más profundo de su espíritu  mucha pugnacidad y belicosidad.  No era el momento para los ponderados y si alguien hubiera en esos días  llamado a la cordura para buscar la paz, hubiera sido acusado de traidor.

 

 

              Por eso, se vivía pendiente de las noticias del cable, y cuando se tuvo conocimiento de la declaración de la guerra, se improvisó un mitin, los estudiantes universitarios se lanzaron a las calles y se formaron batallones vecinales desordenados pero eufóricos.  Lima en esos momentos parecía de fiesta y que la declaración de guerra los alegraba.  La masa se dirigió a Palacio de Gobierno en donde el presidente Prado celebraba reuniones urgentes con su gabinete y con el mando militar.  En las esferas del Gobierno había consternación por que allí se conocía  que el Perú no estaba preparado para la guerra.

 

            El almirante Rodgers de la escuadra de Estados Unidos en el Pacífico, que se encontraba al ancla en el Callao, consideraba que el conflicto sólo duraría unos pocos meses y que terminaría con la victoria total de Chile.

            Para Piura, la guerra sin dejar de impactar  en la población, era un hecho lejano y la vida transcurría en su rutina normal.

 

            Piérola, cuya afición conspirativa tanto daño causó al Perú, se encontraba al iniciarse el año 1879 en Chile.  Había intentado desde febrero retornar al Perú, pero como era natural, Prado desconfiaba de él.  Recién el 21 de marzo, lanza Piérola un manifiesto a los pueblos del sur, en donde pedía olvidar diferencias para lograr el triunfo de las armas peruanas y el respeto al nombre de la Patria.  Con todo, aprovechó para atacar a sus eternos enemigos civilistas.

 

            El 4 de abril se embarcó Piérola  en Valparaíso junto con Lavalle y el 16 arribaba al Callao.  El pueblo le tributó un gran recibimiento.  En junio ofreció equipar y formar un Batallón de la Guardia Nacional, bajo su mando.

 

            El Perú se vio precisado a expulsar a 20 000 chilenos que había en el territorio, una gran mayoría de los cuales había principiado a actuar como quinta columna.  En Chile había menos de 1 000 peruanos que también tuvieron que salir.

 

            En el Perú sólo quedaron algunos centenares de chilenos, los cuales ofrecieron no ejercitar actividades contra el Perú, promesa que no cumplieron.  En Tarapacá había un buen volumen de chilenos y de extranjeros, que no podían ser expulsados en su totalidad.  Tras la ocupación de ese territorio por el invasor, muchos de esos mineros fueron  incorporados al ejército enemigo, se constituyeron en verdaderos puñales para el Perú.

 

 

           

Combate de Chipana

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            Los chilenos tenían acantonados en Antofagasta 6 000  hombres y la escuadra surta en el puerto, bajo el mando del contralmirante Williams Rebolledo.  Nada impedía un desembarco masivo en las costas de Tarapacá, porque la escuadra peruana se encontraba en el Callao sometida a urgentes reparaciones.

 

            Por propia iniciativa, el contralmirante Rebolledo, decidió el mismo día 5 de abril, de la declaratoria de la guerra, iniciar el bloqueo del puerto de Iquique.  De ese modo la flota de guerra chilena estuvo inmovilizada durante 10 días.

 

Mientras tanto el espíritu belicoso del pueblo de Lima exigía al Gobierno del general Prado, que la escuadra se hiciera hacia el mar.  Sólo pensaban en fáciles y gloriosos triunfos sin entrar en razón, ni aceptar el aplastante poderío naval del enemigo.

 

            Prado, para aquietar la presión pública que en este caso resultaba tremendamente perjudicial, dispuso que los únicos barcos disponibles, es decir

 

                               

 

la corbeta "La Unión" y la cañonera “Pilcomayo”, partieran hacia el sur.  Al mando de la corbeta estaba el capitán de navío Aurelio García y García, uno de los cuatro ases de la escuadra.  Los tubos de la caldera “La Unión” estaban en mal estado y el barco no podía desarrollar todo su andar.  Con todo se le envió a una muy expuesta misión.

 

            Los dos barcos salieron en la madrugada del día 8, pasaron mar adentro frente a Iquique en donde estaba la escuadra chilena y el 12 llegaban a la caleta peruana de Huanillos, la última que existía en el litoral peruano.  A las 9 de la mañana de ese día divisaron frente a punta Chipana a la corbeta chilena “Magallanes”, que iba de Valparaíso hacia Iquique, e iba al mando del comandante La Torre.  Los barcos peruanos trataron de darle caza y la persiguieron mientras la cañoneaban.  Un total de 148 disparos hicieron los barcos peruanos y 42 los chilenos, pero dada la distancia causaron muy poco efecto, salvo que la “Magallanes” para poder huir se tuvo que desprender de su lancha a vapor y el capitán La Torre ante la posibilidad de caer prisionero ordenó la destrucción de la correspondencia.  La corbeta “La Unión”, por tratar de forzar las máquinas, hizo reventar uno de los tubos de las calderas, que dio origen a una salida de vapor, y obligar a bajar la velocidad, lo que aprovechó la nave enemiga para huir.  Los chilenos creyeron haber logrado un impacto en la "La Unión" y que por eso habían afectado a las calderas, pero no era así.  De esa forma, el 12 de abril, se inició la campaña naval y se cambiaron los primeros disparos de la guerra.

 

 

 

Bombardeo de puertos

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            El contralmirante chileno Rebolledo resolvió salir de su inactividad, y par eso, los días 15 y 16 bombardeó las pequeñas caletas de Pabellón de Pica y Huanillos respectivamente.  En esos lugares no había un solo soldado.  Hundió lanchas de transporte de guano.

 

            El 17 de abril se presentaron el acorazado “Cochrane” y la “Magallanes” ante el puerto de Mollendo principiando a hundir lanchas.  Esta operación la hacían marinos despachados en botes chilenos.  En Mollendo no había fuerzas militares pero los vecinos se armaron y dispararon sobre los depredadores, causándoles  algunos muertos y heridos.  En represalia los grandes cañones del “Cochrane” bombardearon Mollendo e iniciaron  su bloqueo, al mando del capitán de navío Simpson.

 

            El 18 de abril, los barcos chilenos “Blanco Encalada”    y “O’Higgins” se presentaron ante Pisagua, y desprendieron siete lanchas con marinos que empezaron a destruir los botes y lanchas surtos en la bahía, haciendo fuego sobre sus indefensos ocupantes.

En el puerto había tres compañías del Batallón Ayacucho al mando del teniente coronel Fernández con 300  hombres.  Los chilenos optaron por reembarcarse y el “Blanco Encalada” sin previo aviso inició el bombardeo de la población por más de dos horas terminando a las 2 p.m. Tras de eso, se intentó  un nuevo desembarco con ocho lanchas  a las que se les había puesto un cañón a cada una.  De nuevo fueron rechazadas y se reinició el bombardeo.  Cuando los barcos se retiraron, la ciudad estaba en llamas y semi destruida.  Las bajas fueron seis heridos del Batallón Ayacucho y cuatro civiles muertos.  Los extranjeros presentaron reclamos a Chile por un monto de 22 500 soles.

 

            Después del bombardeo de Mollendo, los dos barcos chilenos bajaron al sur, haciendo lo mismo con el puerto de Mejillones.

 

            Rebolledo notificó a las autoridades de Iquique, que bombardearía la planta  destiladora de agua, si no cesaba de funcionar. Se tuvo que paralizarla, quedando sin agua no sólo la guarnición sino también la población.  El barco “Esmeralda” que se encontraba en la bahía al mando de Prat, bombardeó un tren de pasajeros cargado de mujeres y niños que huían hacia el interior.  Felizmente, ninguno de los 12 disparos tocó al tren.

El bombardeo de la planta desalinadora, podría haber  ser un precedente para Grau cuando pudo hacer lo mismo en Antofagasta y obligar a la rendición  de  todo el ejército chileno allí acantonado.

Del mismo modo, el comportamiento de Prat, frente al inerme puerto de Iquique, en nada ho honra y no tiene parangón con Grau en casos similares..

 

            La prensa chilena, apoyaba y encomiaba todas estas bárbaras acciones.

 

 

Hazañas del “Chalaco”

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            Toda la escuadra chilena al mando de Rebolledo, no pudo impedir que el débil transporte “Chalaco” al mando del contralmirante Manuel Villavicencio, lo burlara y rompiera el bloqueo las veces que quiso.

 

            Este barco había salido del Callao el 1º de abril, y llegó a Arica el 5 desembarcando armas.  El 8 dejó en Pisagua a los soldados que iban con el coronel Gonzáles La Cotera.  Retornó a Arica y embarcó a varios jefes, siguió al norte hasta Mollendo en donde embarcó un batallón y retornó al Sur, para desembarcarlo sin novedad en  Pisagua el 15.  De este lugar volvió al Callao burlando a toda la escuadra chilena.

 

            El “Talismán” salió con su capitán Leopoldo Sánchez, el 10 de abril del Callao conduciendo a Arica al contralmirante Montero, y material de guerra.  La “Santa Rosa”, con el general Juan Buendía nombrado jefe en el sur, salió el 5 y llegó poco más tarde a Mollendo.

 

 

Llega a Tacna el Ejército Boliviano

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            Tan pronto Prado recibió la declaratoria de guerra de Chile, envió un telegrama urgente al presidente Hilarión Daza, solicitando que el Ejército de Bolivia se movilizara de inmediato a Tacna.

 

            El año anterior a la guerra, el ejército boliviano no llegaba a los tres mil hombres.  Los rifles eran al igual que los peruanos, de diversas marcas, anticuados e insuficientes.  Esperaba ser armado por el Perú.

 

            Sin embargo, el 18 de abril, pudo pasar revista a una fuerza de cinco mil hombres en La Paz, para marchar con ellos hacia la costa peruana.  El telegrama del presidente Prado en que pedía al ejército boliviano volar hacia Tacna, había llegado recién el 15.

 

            Daza organizó su ejército en cuatro divisiones.  La primera al mando del general Carlos Villegas, la segunda bajo el comando del general Casto Arguedas, la tercera con el general Pedro Villamil y la cuarta con el general Luciano Alcoreza.

 

            Estos soldados, muy sufridos y con un gran entusiasmo, cruzaron la cordillera casi descalzos y muy mal abrigados, a pesar de lo cual hicieron 84 leguas en 13 días.  Eran casi todos reclutas sin adiestramiento militar con armas, pues carecían de ellas en su mayoría.  El famoso Batallón de los Colorados era la excepción.

 

            El general Narciso Campero, quedó en el sur de Bolivia organizando otra división de reserva.

 

            El ejército boliviano llegó a Tacna el 30 de abril siendo recibido en triunfo por el pueblo.  El recibimiento oficial corrió a cargo del contralmirante Lizardo Montero.  Al presidente boliviano le causó mala impresión el no encontrar al presidente peruano, ni a la escuadra, ni tampoco las armas y uniformes con los que pensaba armar a su Ejército.  En la mente desleal de Daza, principió a germinar la idea de que bien pudo haber cometido un error al no discutir las propuestas informales de paz   que le había hecho llegar de Chile Justiniano Sotomayor el 12 de abril.

 

            Era éste, hermano del jefe de Estado Mayor de las fuerzas chilenas, y era amigo de Daza por haber vivido varios años en Bolivia administrando minas, pues era ingeniero.  En esa oportunidad, Daza en un arranque espectacular, mandó a publicar las cartas de Justiniano Sotomayor, pero ni aún así Chile dejó de buscar un acuerdo con Daza.

 

Chile busca aliarse con Bolivia contra el Perú

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            El canciller chileno Santa María, se valió de dos bolivianos que habían residido largo tiempo en Chile y que tenían muchos nexos con el país del sur.  Eran el doctor Luis Salinas Vegas y Gabriel René Moreno.

                                                                                

            Salinas se entrevistó con Daza al poco tiempo de haber llegado éste a Tacna.  En la reunión secreta, el enviado ponderó el gran poder naval y del Ejército chileno y se refirió mucho al protocolo que habían celebrado el Perú y Bolivia en Lima, según la cual la última tenía que correr con todos los  gastos de la guerra.  Salinas no llevaba ningún documento que lo acreditara como enviado secreto de Santa María, pero planteó una alianza de Bolivia con Chile contra Perú.

 

            Daza puso sus condiciones, las que eran  que René Moreno llegara con poderes escritos de Santa María, que Tacna y Arica quedaran para Bolivia, que  la escuadra peruana pasara a su poder y que a él le entregasen una buena cantidad en libras esterlinas. Se negó sin embargo a suscribir algún documento.

 

            En junio, Domingo Santa María enviaba a Tacna al boliviano Gabriel René Moreno, otorgándole una credencial, en la que manifestaba, que existiendo el deseo de poner fin a la guerra con Bolivia, el Gobierno de Chile vería con satisfacción que se acercase al presidente de Bolivia y le hiciera conocer tales sentimientos de paz  del Gobierno Chileno.

 

            Con la credencial, le entregó una nota conteniendo siete puntos sobre los que podría versar el acuerdo.

 

            Cuando Moreno llegó a Tacna, el general Prado estaba en Arica, y las relaciones entre Argentina y Chile se habían tornado nuevamente muy tirantes, voceándose que  la República del Plata posiblemente entraría en la guerra.  Por otra parte, Prado llegó con las noticias de que el Perú recibiría pronto nuevos y muy poderosos barcos, que en manos de Grau, que ya estaba triunfando en el mar, bien podían inclinar la guerra a favor de los aliados.

 

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