Capítulo IV

           

IV CAPITULO

 

PIURA EN 1879

 

 

 

 

 

Ø      Piura a  inicio de 1879

Ø      La colecta nacional

Ø      Autoridades portuarias en Piura

Ø      Los primeros impuestos de guerra

Ø      Inauguración del ferrocarril de Paita a Sullana

Ø      Motín en Tumbes

Ø      Cambios en el Consejo de Ministros

Ø      Barcos chilenos merodean por la costa

Ø      Capitán de puerto con trastornos mentales

Ø      Renuncia del Gabinete Mendiburu

Ø      Abastecimiento de armas

Ø      El submarino Blume

Ø      Gonzáles La  Cotera, primer ministro

Ø      Colecta para comprar el acorazado “Grau”

Ø      Municipio de Sullana intenta  detener construcción del ferrocarril

Ø      Torpedos llegan a Paita.

 

 

           

Piura a inicios de 1879

ARRIBA

            Cuando en enero y febrero se producían las fricciones entre Bolivia y Chile que llevarían luego a la guerra el 4 de abril en que se involucraría al Perú, los piuranos estaban muy lejos de pensar, de que días muy tristes que afectarían a todos los peruanos, y naturalmente al departamento de Piura, se iban a producir bien pronto.

 

            En Piura había tranquilidad al iniciarse el año fatídico de 1879.   Era prefecto  don José Manuel Aguirre.

 

            Se había recibido el dinero que legara al morir a su tierra natal, el pintor Ignacio Merino, y con parte del mismo se había construido una   verja para la plaza de armas, la cual en 1906 fue llevada al frontispicio del Club Grau.

 

            En Paita, en la factoría de don Federico Blume, se construía un misterioso barco y en Sullana, la atención estaba puesta en el ferrocarril que construía el mismo ingeniero y que muy pronto debería llegar a la ciudad.

 

            En Huancabamba el subprefecto Pedro Vargas inaugura un servicio de alumbrado público, con cinco  faroles para la plaza  de armas.

 

            Y la representación parlamentaria piurana después de la renovación de los tercios efectuada en  octubre de 1877 había quedado del siguiente modo: senadores: Luis Felipe Villarán,   Lizardo Montero y Pablo Seminario.  Diputados: Miguel Grau, Ignacio García, Romualdo Rodríguez, Ricardo Wenceslao Espinosa.  Casi todos ellos pertenecían al Partido Civil fundado por don Manuel Pardo que fuera asesinado el 15 de noviembre de 1878, aún cuando el contralmirante Montero fue del ala liberal, y algunos como Yarlequé postularon como  independientes.

 

            En Lima, el general Manuel  Ignacio Prado, en su condición de presidente de la República, buscaba desesperadamente  que nuestro país no se comprometiera en la guerra y envió a Chile a don Hernando de Lavalle en una infructuosa misión diplomática.

 

            Los primeros preparativos para la defensa del país, corrieron  a cargo del Gabinete que presidía don Manuel Irigoyen que había asumido funciones el 17 de diciembre de 1878 y estaba destinado a durar hasta el 19 de mayo de 1879.

 

            A principios del año 1880 debían efectuarse nuevas elecciones y ya había algunos ajetreos tanto en Lima como en Piura.  Se voceaban las posibles candidaturas de don Francisco Rosas dirigente del Partido Civil, del ayabaquino contralmirante don Lizardo Montero con apoyo de elementos vinculados a la Marina y al ala liberal del  Partido Civil, y  también se voceaba el nombre de otro hijo de Ayabaca, el coronel Manuel Gonzáles de La Cotera, apoyado por el Partido Nacional y por elementos  vinculados al Ejército.  De don Nicolás de Piérola, exilado en Chile tras de sus intentonas revolucionarias, nada se decía.

 

            Como comandante general de la Marina, estaba el paiteño almirante Antonio de la Haza.  El capitán de navío Camilo Carrillo, era diputado pero no representaba a Piura, sino a Bajo Amazonas.

 

La colecta nacional

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            Tan pronto como Chile declaró la guerra al Perú –4de abril de 1879- el pueblo peruano en forma voluntaria principió a hacer llegar a las autoridades donaciones diversas, para ayudar a la defensa nacional.

 

            Con fecha 7 de abril, el presidente Prado y el ministro J.R. Izcué, dan el siguiente decreto supremo:

 

            Considerando:

 

1º Que son muchos  y valiosos los donativos y ofrecimientos de todo género que recibe el Gobierno, de peruanos y extranjeros, para sostener la guerra provocada por la República de Chile.

 

            2º Que con este motivo es indispensable organizar y centralizar la recaudación y aplicación de esos donativos y ofrecimientos;

 

            Decreto:

 

            Artículo 1º.- Fórmese una junta denominada “Junta Central Administradora de Donativos para la guerra con Chile” compuesta de 25 miembros que el Gobierno nombrará por Decreto separado.

 

            Artículo 2º .- Esta Junta recibirá los donativos de toda especie y los tendrá a disposición del Gobierno.

 

            Artículo 3º .- Todas las solicitudes que se dirijan al Gobierno, haciendo donativos y ofrecimientos para sostener la guerra, se remitirán a la junta para que haga efectivos éstos.

 

            Artículo 4º .- La Junta se pondrá en relación con todas las sociedades y personas, que tratan de suministrar auxilios a fin de que se centralicen todos estos elementos, para que se apliquen exclusivamente a las necesidades de la guerra, de la manera más provechosa y conveniente.

 

            Artículo 5ª .- La Junta pondrá diariamente en conocimiento del Gobierno, los recursos y auxilios de que disponga, para que determine su especial aplicación.

 

            El Ministro de Estado en el despacho de Hacienda, queda encargado del cumplimiento de este Decreto.

 

            La junta estuvo encabezada por el obispo Pedro José Tardolla y por monseñor José Antonio Roca.

 

            Como eran muchos los empleados públicos que ofrecían parte de su sueldo, el 21 de mayo se dio un decreto disponiendo un descuento del 20% sobre los haberes y pensiones.

 

            Hasta noviembre de 1879, la suma recaudada alcanzó a S/. 6 621 540.

 

            Entre las primeras donaciones se cuentan:

 

Bancos ..................................            1 000 000        Empleados Aduana Callao ..............120 000

Concejo Depart. Lima...........    180 000         Don M. Porras................................   66 000

Concejo Prov. Lima..............    180 000         Don C.  Pflucker…………………...  60 000

Concejo Depart. Callao….....     150 000        Beneficencia Callao ………………  60 000

Concejo Prov. Callao............     120 000        Don P.J. Zavala..............................    50 000

Concejo Prov. Arequipa........     120 000        Beneficencia Lima.........................    50 000

Colonia China.......................      200 000        Colonia  Italiana Callao.................    60 000

Empleados 20% sueldos.......   1 500 000        Chiclayo: 1ª suscripción................    59 820

Pacasmayo.............................    170 000        Alfonso Ugarte (Iquique)...............   12 000

Cerro de Pasco......................     72 000         Cámara Diputados 1ª cuota............     28 500

Trujillo...................................  136 900          Poder Judicial 20% sueldos...........      40 000

Comercio Callao 1ª...............     62 315          Monasterios de Lima: 20%............    45 572

 

En la primera donación aparecen también los siguientes aportes:

 

Pardo de Zela........................      1 800           Piura, 1ª remesa..............................     1 372

Pardo de Zela........................        500           Piura, 2ª remesa..............................     9 956

Club Liberal Paita................       1 645           

 

Aparte de esta relación, se tiene lo recolectado por el Concejo de Huancabamba durante todo el año 1879 en la siguiente forma:

 

Plata sellada, 1ª lista................................... S/. 520 00

Colecta, 2ª lista...........................................      320 40

Remate de alhajas.......................................     252 00

Remate de especies.....................................     240 00

En billetes...................................................       24 00

                                                                    __________

                                                                      1 356 40

 

            En  agosto, los hacendados piuranos enviaron a Lima un lote de caballos para el Ejército.

 

            Entre el 17 y el 20 de mayo, los concejos distritales de Piura, reciben de sus provinciales, comunicaciones haciéndoles conocer la formación de la Junta Central Administradora de Donativos, y disponiendo que se formen juntas distritales encargadas de colectar fondos, los que quincenalmente debían remitirse al correspondiente concejo provincial, para éstos enviarlos al departamental.  Algunos municipios como el de Sullana, modificaron su presupuesto a fin de implantar la austeridad y dejar el saldo para contribuir al esfuerzo bélico.

 

Autoridades portuarias

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            Cuando estalló la guerra con Chile, eran los puertos las poblaciones más vulnerables, puesto que podían ser atacados por la escuadra enemiga.

 

            Por ese entonces, las autoridades portuarias eran las siguientes:

 

            Paita, tenía como subprefecto a don Miguel Manzanares.   Capitán de puerto era el capitán de navío Joaquín Guerra y ayudante de capitanía, el teniente 1º don Juan Iladoy.   Había también 8 marineros.

 

            La caleta de Sechura tenía como gobernador a don Ricardo Puescas.  Era capitán de puerto el teniente 1º Viriato de la Haza, miembro de la familia paiteña del mismo nombre que durante muchas generaciones dio marinos a la Patria.  Inspector de aduana en Sechura, era don José García Escobar.

 

            Tumbes tenía como subprefecto a don Manuel Fernández.  Era capitán de puerto un civil, don Pedro Delgado Rubiños, que tenía a su cargo  8 marineros.

 

            En las islas Lobos de Afuera, era capitán de puerto el capitán de corbeta José Rosas que tenía a su cargo 6 marineros.

 

            Gobernador de Amotape, que formaba parte de la provincia de Tumbes, era don Gaspar Peralta.

 

            En esa época los sueldos que se pagaban a las autoridades portuarias eran los siguientes:

 

Capitán de fragata......................... S/.200  sueldo más S/. 30 gratificación

Teniente 1º....................................       65  sueldo más       30 gratificación 

Marineros......................................      16   sueldo más         9 gratificación

 

Los primeros impuestos para la guerra

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El Congreso Extraordinario que se  reunía para dotar al Ejecutivo de los recursos económicos necesarios para sostener los gastos militares, al discutir los proyectos que recibió del ministro de Hacienda don José Rafael Izcue, o los rechazó o los redujo a tan pequeña proporción que no cubrieron su finalidad.

 

El primer impuesto que se debatió fue el de Contribución Personal, según el cual todo habitante varón entre  los 21 y 60 años debía de pagar 4 soles semestrales si vivían en la costa y 3 soles si vivían en el interior.  Los diputados objetaron que se incluyera en el impuesto a los extranjeros, alegando que el artículo 36º de la Constitución establecía que todo peruano estaba obligado a servir a la República con su persona y sus bienes.  En vano alegaron algunos que el artículo 32º de la misma Constitución, disponía que las leyes protegen y obligan por igual a todos.

 

La ley salió pero para sólo obligar a los peruanos y no a los extranjeros residentes.  Se exoneraba a los que estaban en filas, y a los empleados públicos mientras cotizaran el 20%  de su sueldo.  Se encargó a los municipios su cobranza en billetes que estaban desvalorizados, y no en moneda.  Esta ley se dio el 20 de mayo.

El 20 de mayo se elevó el impuesto predial al 5% y tasa idéntica se puso como impuesto a la renta del capital movible, quedando excluidas las rentas menores de 300  soles al año.

 

Luego se discutió la propuesta  del Ejecutivo, para gravar  con 50 centavos de plata, cada quintal de azúcar que se exportase.  En los debates quedó claramente establecido que los poderosos hacendados de las haciendas azucareras tenían muy buenos defensores de sus intereses en las cámaras.  Se alegó que la industria pasaba por difícil momento.  El diputado Elías, encarándose con los opositores del impuesto los apostrofó diciéndoles:  ¡O pagamos impuestos al Perú, o somos derrotados y tendremos que pagar cupos a Chile!  De nada valió, sólo se impuso el 2% advalorem al quintal de azúcar exportada.

 

El 20 de mayo, el Congreso autorizó la suscripción de un empréstito interno hasta por 10 millones de soles,  con intereses del 8% y 10% en forma acumulativa.

 

En julio, cuando el ministro de Hacienda Izcué renunció decepcionado por la oposición del Congreso y la falta de cooperación del público para la suscripción de los bonos, sólo se habían colocado bonos por S/.1 052 716,37.

 

Se hizo notar que los adinerados en quienes se habían puesto esperanzas, habían sido los que menos habían contribuido.  Los cinco departamentos que más contribuyeron fueron:

 

Lima...............................   S/. 922 126,33

Lambayeque..................            27 886,00                

La Libertad....................           25 295,00

Piura..............................           18 590,00

Huánuco........................            13 145,00

 

           

            Luego seguían Cuzco, Puno, Arequipa, Apurímac, Loreto, Ica, Huancavelica, Cajamarca, Callao, Ancash y Ayacucho.  Este último con sólo S/.550,40.

 

 

Inauguración del 1er. tramo del ferrocarril

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            En abril de 1879 se inauguró el tramo del ferrocarril que unía Paita con Sullana, construcción que corría a cargo del contratista antillano-danés, ingeniero Federico Blume.  Este contrató inmigrantes italianos que al poco tiempo interpusieron reclamos y abandonaron la obra, radicándose la mayoría en La Huaca.

 

            Por ese tiempo Sullana pertenecía a la provincia de Paita y en la primera locomotora que apareció anunciando su llegada con el silbato a vapor, llegaba en el coche de pasajeros una delegación de autoridades paiteñas.

 

            Hasta ese momento, para ir de Piura a Paita o viceversa, se tenía que atravesar al inclemente tablazo, lo que se hacía sin pasar por Sullana, porque eso alargaba la ruta.  El tránsito entre Sullana y Piura también se hacía por el arenal a caballo o en carretas.

 

            A partir de abril, resultaba más fácil, viajar de Piura a Sullana, para desde este lugar tomar el tren a Paita.  Desde entonces, la ciudad del Chira cobró al igual que  La Huaca, gran actividad.  En esta última, se instalaron varias industrias.

 

            Bien pronto se utilizó el ferrocarril para fines militares, lo cual le dio un agitado comienzo. Por ese entonces, se resolvió dotar a los principales puertos del litoral piurano, de los más elementales medios de defensa, y se envió dotaciones de tropa para reforzar las ya existentes.

 

            Como es lógico suponer, a Paita se le dio un trato especial.

 

            El gobernador de Sullana don Roberto Barreto, comunicó al alcalde don José Lucas Barreto que el prefecto de Piura don Manuel Aguirre, llegaría por la noche del 6 de mayo con tropa, rumbo a Paita, por cuyo motivo le solicitaba alojamiento para que los soldados pudieran descansar.  Parece que la comunicación no fue contestada por cuyo motivo el gobernador procedió a descerrajar la puerta del Centro de Educación Primaria, que era donde funcionaba el Concejo, pues parece que la escuela estaba en receso.

 

            A los ediles sullaneros no gustó nada la actitud del gobernador, ni sirvió de excusa el estado de guerra que vivía el país, de tal modo que llevados por un exceso de susceptibilidad, se reunieron el 21 de mayo en casa del regidor Belisario Lama, y se acordó dirigir al concejo departamental una  queja en vista de que el Concejo Provincial de Paita no había contestado ni se había pronunciado sobre el despojo que había sufrido el Municipio de Sullana, y que por otra parte el juez  tampoco activaba la denuncia que por abuso de autoridad habían planteado contra el gobernador.  En caso de tampoco obtener respuesta habían acordado, declararse en receso.

 

            Parece que al gobernador no preocupó en lo más mínimo los resentimientos ediles y conservó en su poder las llaves, pues el 29 de junio en que volvió a pasar más tropa a Paita, volvió a alojar a los soldados en la escuela.  Por ese entonces, el nuevo prefecto que era don Marino Durand, respaldó al gobernador sullanero.

 

            Recién el 17 de agosto el Concejo Provincial de Paita, se pronuncia por la devolución del local, lo que se hace efectivo el 30 de agosto.

 

Motín en Tumbes

ARRIBA

 

            En la noche del 18 de mayo, un grupo armado asaltó la cárcel de Tumbes y puso en libertad a José Antonio Arellano y a Nicolás Mendoza.

 

            De las diligencias practicadas quedó establecido que los autores de esa acción fueron Manuel Villavicencio, Adolfo Samontes, Francisco Iturralde, Manuel Benites y Matías Peña, y que se había hecho por inspiración del capitán de puerto don Pedro Delgado Rubiños y con el conocimiento –cuando menos- del administrador de la Aduanilla Miguel Gonzáles de La Cotera.

 

            Este acontecimiento concitó por mucho tiempo la atención de la población de Tumbes, pero Rubiños siguió en su cargo hasta noviembre, en que fue reemplazado por el teniente coronel Federico Bravo.

 

            Desde el mes de setiembre entre el subprefecto Manuel Fernández y Delgado Rubiños  se habían ido poniendo las relaciones muy tirantes, cuando en setiembre se tuvieron que tomar  disposiciones especiales para resguardar las caletas de la costa de Tumbes.

 

            En noviembre, Delgado Rubiños estaba enfrentando un tribunal bajo cargos de sedición y motín.

 

Nuevo prefecto combate la viruela

ARRIBA

 

            El 20 de mayo en audiencia pública, se juramentó como nuevo prefecto de Piura ante el presidente de la Corte Superior Dr. Manuel María Morales; don Manuel Durán que reemplazaba a don Manuel Aguirre que había venido sirviendo el cargo desde 1877.

 

El nuevo prefecto sólo se mantuvo en el cargo seis meses, y al asumir la prefectura se encontró que  una grave epidemia de viruela había causado muchas muertes, sobre todo en Paita, Sullana y Piura.

 

            Se intensificó la vacunación, se aisló a los enfermos y se tomó diversas medidas que se consideraban efectivas en la época, pero que ahora se sabe ineficaces.

 

            La peste asoló a toda la costa peruana y también Lima en donde el Lazareto de la Portada de la Guía estaba repleto de enfermos en los que la mortalidad tenía elevados índices.  En la capital de la República, los enfermos eran llevados en carretas pintadas de blanco que en las calles se hacían anunciar con una campanilla.  La aparición de ese vehículo por la calle causaba verdadero  espanto y la gente se apartaba presurosa de su camino, cubriéndose boca y nariz con un pañuelo pues creía que bastaba aspirar las miasmas  de los enfermos para contraer la dolencia, no obstante que se conocía de los efectos de la vacuna.

 

Cambios en el Consejo de Ministros

ARRIBA

 

            El mes de mayo en 1879, fue en todo orden de cosas, muy lleno de acontecimientos en todo el Perú.

 

            El presidente Prado había decidido asumir el mando de las operaciones militares en el Sur, y el 10 de mayo dividió a la escuadra en tres grupos que eran:

 

            1er. Grupo al mando del capitán de navío don Miguel Grau

                        Lo conformaban:  el monitor "Huáscar"

                                                     la fragata “Independencia”

                                                    el transporte “Chalaco”

 

            2do.Grupo al mando del capitán de navío Aurelio García y García

                        Lo conformaban:  la corbeta "Unión"

                                                      la cañonera “Pilcomayo”

                                                     el transporte “Oroya”

 

            3er. Grupo al mando del capitán de navío Camilo Carrillo

                        Lo conformaban:  el monitor “Manco Cápac”

                                                     el monitor “Atahualpa”

                                                     el transporte “La Limeña

 

            El presidente Prado partió el 15 con la escuadra.  Dos piuranos habían dejado sus curules parlamentarios para asumir el comando de grupos navales, pero los monitores “Atahualpa” y “Manco Cápac” sólo navegaban a 4 nudos por hora, por lo que tuvieron contratiempos.

 

            Al encargarse el vice-presidente general La Puerta de la Presidencia de la República, el Gabinete que presidía don Manuel Irigoyen renunció.  En su reemplazo fue nombrado como primer ministro  el general Manuel de Mendiburu, que se reservó la cartera de Guerra, y en el Ministerio de Hacienda se puso a José Rafael  Izcué.

 

            El nuevo Gabinete envió una serie de proyectos al Congreso, pero al igual que su antecesor no logró mayor éxito.  Además la suscripción del empréstito interno también fracasó.  Todo esto causó desánimo en el ministro, que renunció el 15  de julio, siendo nombrado en su reemplazo don Emilio del Solar que renunció a los nueve días.  Se designó entonces al Dr. José María Quimper, de tendencia liberal y conocido como anti-clerical.  Este nombramiento fue mal visto  en los círculos conservadores y entre los civilistas.  La tarea para el ministro era muy difícil porque el país estaba en bancarrota y enfrentaba una costosa guerra.

 

            No había ingresos salvo los provenientes de la exportación del azúcar y del guano.  Como los puertos de Tarapacá estaban bloqueados por la escuadra chilena, tampoco se exportaba salitre.  El gobierno no lograba créditos, ni dentro ni fuera del país.  Con el dinero de los donativos, viajó a Europa Julio Pflucker, miembro de la comisión para adquirir barcos y armas y más tarde se tejería la leyenda negra de que fue el presidente Prado, el que huyó con los seis millones de soles, hecho completamente falso y calumnioso en el que todos los historiadores están de acuerdo.  El millón de soles logrado con el empréstito proyectado por diez millones, también había sido gastado.  Quimper no quería acudir a lo que ahora se llama “la maquinita” es decir a la emisión de billetes sin respaldo.  Los pedidos de medicinas, de vestuario para los marinos y de granadas “Palliser” que hacía Grau, no eran atendidos.  Los hombres del "Huáscar" hacían sus tareas en paños menores.  En Tarapacá, el Ejército no tenía vestuario ni zapatos y estaba muy escaso de municiones.  En Panamá había tres mil rifles “Remington”, destinados al Perú que no seguían su camino porque no habían sido pagados.  Se debía sueldos y pensiones de montepío.

 

            En sólo cuatro días de gran actividad, el ministro pudo reunir un millón y setecientos mil soles, con los cuales pagó los 3 000 rifles, envió dinero al Ejército del Sur y pagó montepío a las viudas y a los huérfanos.  Pero era necesario levantar un ejército de cincuenta mil hombres, vestirlo y armarlo.

 

            El Congreso  Extraordinario estaba llegando a su fin y empezaría el 28 de julio  una nueva Legislatura Ordinaria.     Los parlamentarios no tenían ninguna simpatía por el nuevo ministro.  El diputado piurano Yarlequé Espinosa manifestaba que todo se debía a chocheras del encargado de la presidencia,   general La Puerta.

 

            El ministro formuló un plan que implicaba el aumento de impuestos y otras medidas, y todo lo rechazó el Congreso que se propuso a someterlo a constantes interpelaciones.  Esto motivó una reacción de rebeldía en Quimper.

 

            En el mismo día que Quimper presentó su plan, el diputado Elías Malpartida planteó la   interpelación, lo que no prosperó pues se prefirió demorar la discusión del proyecto, no obstante su urgencia.  Mientras tanto  las cámaras perdían su tiempo en asuntos sin trascendencia.

 

            Los diputados enviaron al ministro un pliego de 40 preguntas para que las contestara de inmediato.  El 8 de agosto Quimper daba respuesta al pliego de preguntas, pero rechazó el afán interpelatorio, expresando que no habiendo por el momento ningún proyecto en debate por el rechazo de la Cámara a los que envió, no procedía constitucionalmente la interpelación, y que por lo tanto no concurriría a las cámaras.  Esto significó a la guerra entre Quimper y el Congreso.

 

            En su comunicación, Quimper daba además excusa de no poder asistir por tener una serie de tareas por realizar y solicitaba que lo citaran tan pronto como se empezara a discutir cualquier proyecto de Hacienda.

 

            A nuevas citaciones para que el ministro compareciera, éste contestó con negativas amparándose en la Constitución.

 

            Fue entonces que se produjo el escándalo del Banco  Nacional.  Era este el instituto emisor de moneda, y tenía como Presidente a un rico terrateniente azucarero Dionisio Derteano y como gerentes a Clímaco Basombrío y J. Oyague, también gente muy conspicua y agrupada en el civilismo.  Estos personajes fueron muy consternados a manifestar al ministro de Hacienda Quimper, que se habían emitido dos millones de soles en billetes, no autorizados.  Era el 22 de agosto de 1879.  Eso suponía que el mismo banco emisor, había hecho un contrabando o una emisión fraudulenta.  El disgusto de Quimper fue tremendo y dispuso  se rescatara el máximo posible de los billetes en circulación y que los funcionarios del banco respaldaran con bienes el resto.  El mismo día el ministro hizo  conocer personalmente a la Cámara en sesión  secreta el asunto.  Se trataba de evitar que el asunto trascendiera al público para que no se produjera un pánico financiero de imprevisibles consecuencias.  Pero los parlamentarios no tenían ningún interés en ser reservados y más bien creyeron que divulgar la noticia podría perjudicar a Quimper.  El pánico previsto se produjo al día siguiente y miles de ahorristas y gentes que tenían depósitos en el Banco Nacional, se lanzaron frenéticamente a retirar sus fondos.  En Piura sucedió otro tanto con el Banco de Piura, porque se perdió confianza en las entidades bancarias.  Agotados los fondos de caja, el Banco Nacional, ya no pudo atender y cerró sus puertas y lo mismo hacían los demás bancos limeños.  En la capital había por esos momentos dos graves problemas: la peste viruela y el pánico financiero.    Las  sesiones  de los 111 accionistas del banco eran dramáticas y llenas de tensión.

 

            En la sesión secreta del Congreso, se acordó abrir el juicio criminal contra los responsables de la emisión secreta.

 

            El ministro fue citado a la Cámara de Diputados y se presentó puntualmente el 24 de agosto a las 2 de la tarde.  Nadie lo atendió y a las tres de la tarde se retiró diciendo que tenía audiencia con el presidente de la República general La Puerta. Recién tuvo quórum la cámara a las 4 de la tarde.   Tras de perder tiempo en asuntos banales, se abocaron a discutir el asunto del Banco Nacional y se acordó llamar al Gabinete en pleno.  Presidía la sesión Pflucker el cual hizo  notar que entre los ministros asistentes no estaba Quimper.  Entonces el primer ministro Mendiburu fue interpelado y manifestó que recién el día anterior se había enterado del problema, pero como el Gobierno debía al banco tres millones, podía garantizar la emisión no autorizada.

 

            Quimper concurrió al día siguiente, 25 de agosto a la Cámara, pero no fue admitido.  Entonces  el ministro envió una comunicación a la cámara explicando los motivos por los que no pudo concurrir y manifestando que tanto el Ejército del Sur,  como los marinos no podrían ser atendidos en sus más urgentes necesidades de pagos de mensualidades, vestidos y medicinas, porque la representación nacional se negaba a discutir  los proyectos que permitían financiar tales gastos.

 

            En la cámara causó sensación esta comunicación y en la noche del 29 de agosto se planeó la censura contra Quimper.  Se le acusó de falta de lealtad y de circunspección, de ofender a la cámara, de amenazar a la representación nacional de cortar los recursos para atender los gastos de guerra, de falta de respeto a la investidura parlamentaria, de negarse a ser interpelado, de ocultar la emisión clandestina del Banco Nacional, por despreciar la opinión pública, de no ser digno de ocupar el alto cargo que tenía, fue censurado por 52  votos contra 29.

 

            Uno de los que tuvieron destacada intervención contra Quimper fue el diputado piurano Víctor Eguiguren lo mismo que Manuel Yarlequé Espinosa.

 

Barcos chilenos merodean por la costa

ARRIBA

 

            En el mes de agosto, el prefecto de Piura, Manuel Durán recibió de Lima una comunicación telegráfica alertándolo que habían partido hacia el norte dos barcos chilenos, uno de los cuales era el Crucero “Amazonas”, sin que se conocieran las intenciones de los mismos.

 

            En realidad esos barcos estaban destinados a bloquear toda la costa norte que el Perú no podía proteger.  Se buscaba en forma específica, cortar el flujo de armas que llegan por la vía de Panamá.  El crucero iba a estar por mucho tiempo merodeando frente al mar piurano, e iba a lograr importantes capturas.

 

            El prefecto advirtió al subprefecto de Paita Miguel Manzanares para que tomara las disposiciones necesarias en defensa de puertos y caletas,  aún cuando no se contaba con lo indispensable para tal fin.

 

            Sechura, Negritos, Zorritos, La Cruz, La Cucaracha y Tumbes se pusieron en estado de alerta.  Los pescadores cooperaban en esa labor de vigilancia.     La guarnición de Paita fue reforzada con soldados enviados desde Piura, pertenecientes a la gendarmería.

 

            El gobernador de Amotape, Gaspar Peralta dio las disposiciones necesarias para la defensa y vigilancia de Negritos, Pariñas y Máncora.  Como coordinador de esta labor se designó al sargento Céspedes.

 

            El 5 de setiembre, tanto el subprefecto de Tumbes, Manuel Fernández, como el capitán de puerto, principiaron a dictar disposiciones de estado de alerta.  Se quejaba Pedro Delgado Rubiños, de no disponer de recursos económicos para enviar gente a vigilar permanentemente en la caleta La Cucaracha y que tampoco se disponía de armas, ni de municiones.  Eso en verdad era rigurosamente cierto y resultaba absurdo pensar que se pudiera siquiera hacer un intento de resistencia en el caso de que el “Amazonas” desembarcase marinería,  para una operación de merodeo.

 

            Por su parte el administrador de la Aduanilla de Tumbes, don Manuel Gonzáles de la Cotera, le hizo conocer al subprefecto, que no le estaba permitido abandonar su cargo par ir a La Cucaracha, y que por eso había dispuesto que en la falúa del resguardo, se constituyera un Inspector, aún cuando sin armas de ningún género por carecer de ellas.

 

            Era la caleta de La Cucaracha que se la suponía como el lugar más expuesto a un merodeo y por eso se intentó concentrar allí los elementos defensivos.

 

            Prácticamente, Tumbes fue movilizado, pues el gobernador de San Pedro don José Manuel Espinosa y el de San Juan de la Virgen don José Núñez Sáenz, pusieron a disposición del subprefecto de Tumbes, el contingente de personal movilizable, que ciertamente eran bien pocos.

 

            El subprefecto y el capitán de puerto entraron en desacuerdos y pugnas, lo cual fue motivo para que la autoridad política enviara el 13 de setiembre un informe  al Ministerio de Guerra, acusando a Delgado Rubiños y a Gonzáles La Cotera de no haber hecho nada para poner a la caleta La Cucaracha en estado de defensa y que los informes que esas  autoridades estaban enviando a la superioridad era falso, por cuanto en la citada caleta no había un solo soldado.  Aseguraba el subprefecto, que recién en días pasados había llegado por mar procedente de Piura,  el teniente Belisario Mariño con 8 gendarmes, que constituían  desde entonces, la guarnición militar de la caleta.

 

            Desde Lima se dispuso el nombramiento de personal militar para organizar la defensa de  puertos y caletas, y dos cajones con carabinas y municiones, estos últimos fueron disimulados, porque los barcos ingleses por su condición de neutrales no podían transportar armamento.  El barco inglés utilizado para este fin fue el “Ayacucho”.  A Tumbes arribó el 7 de octubre.

 

            Como capitán de puerto de Tumbes se nombró al teniente  coronel de artillería naval Federico Bravo, para Paita al capitán de navío don Joaquín Guerra (se le confirmó el cargo), y para Sechura al teniente 1º Juan Iladot en lugar del teniente Viriato de la Haza.  Esto ocurría a mediados de octubre.

 

            Como comandante militar de Paita se nombró al capitán de fragata José Sebastián Pardo de Zela, y para la caleta de Sechura a don Miguel Frías, que era un civil.

 

            El 26 de setiembre se reunió en la subprefectura de Tumbes un grupo de vecinos y se resolvió crear una Junta de Notables, para asumir la vigilancia de la caleta de La Cucaracha, ya que la poca fuerza que había llegado había sido distribuida en el litoral de la provincia y la asignada a la caleta no prestaba ninguna garantía.  Los vecinos notables de esta junta fueron:  Teodoro Taboada, José María Alvarado, Jacinto Seminario, Bartolomé Ávalos, José María Arellano, teniente Belisario Mariño, Medardo Rico, R. Martaza, Federico Pérez, José Rodas, Miguel San Martín y Mateo Arrunátegui.

 

Capitán de puerto con trastornos mentales

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            El 10 de setiembre de 1879, el gobernador de Sechura don Ricardo  Puescas envía a la prefectura de Piura un oficio confidencial y  urgente, informando que el capitán de puerto, teniente 1º Viriato de la Haza estaba dando muestras de trastornos mentales, lo cual resultaba especialmente grave en momentos en que había el peligro de acciones ofensivas de la escuadra chilena. El segundo en el cargo era el sargento Sebastián Aguirre, que no podía asumir las funciones del teniente de la  Haza, por encontrarse también enfermo.  Por lo tanto la capitanía de puerto estaba prácticamente en abandono.

 

            El prefecto de Piura atendió el pedido de Puescas y tres días más tarde se dirigía  al comandante general de la Marina en el Callao, que era tío del teniente de la  Haza.  Telegráficamente se ordenó  a la prefectura que el teniente Juan Iladoy de servicio en Paita, pasara a Sechura.  Este marino debía de viajar a Lima a un nuevo cargo, disposición que se canceló, viajando más bien de la Haza, a quien se había considerado meses antes para comandar una de las lanchas torpedo que el Perú iba a adquirir.

 

Renuncia del Gabinete Mendiburu

ARRIBA

 

            Quimper fue de inmediato reemplazado en el Gabinete del general Mendiburu por Juan Francisco Pazos, pero también éste entró de inmediato en pugna con el Congreso, que no sólo desaprobaba muchos de sus proyectos, sino que además derogaba decretos dictados por intermedio del Ministerio de Hacienda, para lo cual las cámaras emitían resoluciones  legislativas.

 

            Viendo Pazos que nada podía hacer, presentó renuncia de su cargo, casi al mes de haberlo jurado.  Estaba visto que el cargo de ministro de Hacienda en el Perú, resultaba muy difícil.

 

            Pocos días más tarde, se produjo la muerte de Grau, lo cual conmovió al ambiente político de Lima, y el día 11 todo el Gabinete del general Mendiburu presentaba su renuncia.

 

            Los mismos ministros hacían inculpaciones al general Mendiburu, que en su condición de ministros de Guerra, aseguraban que hacía muy poco por armar y adiestrar a los soldados que llegaban de todo los lugares del Perú a  Lima en virtud de la movilización decretada.  Se comentaba que el armamento no era el más conveniente para las necesidades de guerra.   Que no se reforzaba al Ejército estacionado de Arica a pesar de que se podían enviar tres o cuatro mil hombres y que se les hacían  insignificantes remesas de artículos de guerra.

 

            El presidente–encargado general La Puerta, llamó a Piérola para encargarle la Presidencia del Consejo de Ministros, pero éste se puso condiciones inaceptables, como la de asumir el Ministerio de Guerra.  El general La Puerta manifestó que prefería dar ese ministerio al más humilde teniente del Ejército y no a una civil como  Piérola.

 

            Era conocido en  Lima que Piérola ambicionaba el poder, más aún cuando en forma imprudente el Gobierno lo había autorizado a formar un batallón y jefaturarlo.

 

            El general La Puerta solicitó entonces la contribución del ayabaquino Manuel Gonzáles de la Cotera, que ya era general, y el día 16 juramentó como presidente del Consejo de Ministros.

 

El abastecimiento de armas por Panamá

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            Cuando Chile declaró la guerra al Perú y Bolivia, el territorio de Panamá era un departamento de Colombia, que gozaba de cierta economía.

 

            Panamá en muchas oportunidades anteriores había querido separarse y constituir un estado independiente.  A los gobernadores se les llamaba presidentes.

 

            Con capitales extranjeros, se había construido un ferrocarril que atravesaba el Istmo, vía que había sido internacionalizada, por cuyo motivo no estaba prohibido el transporte de armas.

 

            Sin embargo, Colombia, aún cuando mantenía una actitud favorable al Perú, no pudo menos que declarar su neutralidad.  Esto significaba que los barcos de guerra del Perú, no podían llegar a los puertos de Panamá a embarcar armas.

 

            La forma de resolver este problema, era de que las armas salieran de los puertos panameños en barcos mercantes o de vela y que luego se transbordaban en cualquier isla a un barco peruano de guerra.  En Panamá teníamos a un cónsul muy activo que era el señor Márquez y con la buena voluntad del gobernador Casorla.

 

            En julio, Costa Rica puso a disposición del Perú 5 500 rifles Remington.  De esa forma la pequeña nación pagaba por intermedio de su presidente, general Tomás de la Guardia, una deuda de honor con el Perú, por la ayuda que nuestra patria les prestó en tiempos de Castilla, con motivo de la invasión del aventurero Walter al territorio de Costa Rica.

 

            Entre julio y setiembre los barcos peruanos “Oroya”, “Chalaco”, “Talismán” y “Limeña” hicieron continuos viajes a Panamá para recibir material de guerra.  Todos estos barcos tocaban en Paita tanto de ida como de retorno para aprovisionarse.  Los veleros generalmente desembarcaban las armas en Tumbes, Máncora, Paita o Sechura.

 

            En agosto, partió de Panamá “La Limeña” con ametralladoras, cañones y torpedos motivando la protesta del cónsul chileno en Panamá, que acusaba al gobernador Ortega de no mantener neutralidad.

 

            Ortega había sucedido a Casorla en la gobernación y si bien al principio favoreció la causa peruana, más tarde se mostró hostil, según se manifiesta, sobornado por  el cónsul de Chile.

           

            A fines de setiembre de 1879 el transporte “Oroya” al mando del capitán de corbeta paiteño Toribio Raygada se presentó en el puerto de Taboga de Panamá y cargó seis cañones, torpedos y ametralladoras destinadas al Perú.  Esto en realidad era romper en forma ostensible la neutralidad de Colombia cuyas autoridades cubrían las apariencias de cumplir.  El cónsul chileno acusó a Ortega y Márquez tuvo que afirmar algo que en realidad no era cierto, como hacer declaraciones en el sentido de que la “Oroya” sólo había ido aprovisionarse de carbón y víveres y que el armamento había sido transbordado en alta mar.

 

            Los chilenos tuvieron conocimiento desde mucho antes que la “Oroya” se dirigía hacia Panamá y el crucero “Amazonas” salió en persecución, llegando a las costas de Panamá el 7 de octubre cuando ya el barco peruano había partido al Perú.  La marinería chilena así burlada, bajó a tierra, se embriagó y causó disturbios obligando a las autoridades colombianas a intervenir arrestando a muchos.

 

            Cuando Raygada con la “Oroya” llegó a Paita, conoció la triste noticia de la muerte de Grau.

 

            Después del combate de Angamos, los chilenos  dispusieron de más barcos para el bloqueo, y entonces los barcos a vapor tuvieron más dificultades.  Se recurrió por lo tanto a una buena cantidad de veleros que llegaban a Tumbes, Máncora, Paita y Sechura, con el cargamento, de donde era llevado por tierra, al sur.

 

Temor de conflicto con  Ecuador

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            Chile no cesaba de intrigar en Ecuador para convencer a sus mandatarios y personas principales, de la conveniencia de atacar al Perú y arrebatarle los territorios  que eran materia de litigio.

 

            Gobernaba por entonces el general Ignacio Ventimilla de tendencia liberal que se mostró amigo del Perú permitiendo que muchos barcos y veleros llegasen a las costas ecuatorianas con armamento en una primera escala y de esos lugares transbordarse para el Perú.

 

            Contribuyó mucho a las buenas relaciones, el embajador del Perú en Ecuador Emilio Bonifaz que logró tener amistad personal con el mandatario ecuatoriano.

 

            Por tal motivo, causó extrañeza y desazón la noticia de que en Machala y Santa Rosa se estaban concentrando soldados de línea, y que había ya 200 de ellos.

 

            En Piura, no se quiso especular ni tomar disposiciones especiales para no crear más problemas, pero se trató de estar bien informado.

 

            El Perú había tratado a todo trance de mantener las más cordiales relaciones con Ecuador, por eso cuando algunos ciudadanos ecuatorianos eran levados y enrolados en el ejército por error, de inmediato se les daba de baja.  Tal caso ocurrió con Juan José Cabrera, natural de Loja y residente en Piura que por no poder acreditar su nacionalidad ecuatoriana fue enviado a Lima, y enrolado en el Batallón Ayacucho, se le dio de baja en setiembre y retornó a Piura a sus habituales ocupaciones.

 

            Después de las batallas de San Juan y Miraflores, el presidente Nicolás de Piérola huyó a la sierra central.  En Jauja recibió una carta que desde Lima le enviaba un acérrimo partidario suyo, don Ricardo Palma, el cual le contaba sucesos de Lima.  Entre otras cosas le decía:  ...Domingo Vivero, Secretario de nuestra Legación en Quito, desarrollaba no sé que planes para derrocar a Veintimilla, en cuya intimidad vivía a Vivero.  Una carta dirigida por Vivero a García Calderón (Presidente en la Magdalena) fueron  encontradas por los chilenos (cuando apresaron a García Calderón) y llevadas por Godoy (Ministro chileno en Lima) a Quito.  Viene de ahí que Veintimilla esté furioso contra Ud. y que se haya comprometido con los chilenos par lanzarse sobre Tumbes y Piura, tan pronto como ellos (los chilenos) le indiquen es llegado el momento.  En el Ecuador se habla sin embozo de este asunto”.

 

 

 

El submarino de Blume

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            Cuando don Enrique Meiggs emprendió la construcción  de la gran obra del ferrocarril Central, buscó técnicos competentes.  Entre ellos estaba el ingeniero Federico Blume, nacido en la isla antillana de Santo Tomás, que por esa época era posesión de Dinamarca.

 

            Blume aprendió de Meiggs no sólo su espíritu emprendedor, sino también fue un audaz hombre de empresa.

 

            Cuando se concursó la construcción del ferrocarril de Paita a Piura, fue Blume el que logró la contratación.  En esta empresa no  sólo tenía que efectuar la parte técnica,  sino también poner capitales  pues al final el Perú le quedó debiendo mucho dinero.

 

            En 1865, estando en el Callao, construyó una especie de sumergible con el que se pensaba atacar a la escuadra española.  Lo hizo de su propio peculio, y aunque el artefacto no llegó a utilizarse, fue probado.

 

            Tras de esta experiencia se trasladó a Paita, y organizó en el puerto una moderna maestranza para avanzar en la  obra del ferrocarril.  Fue allí  que se entregó con notable afán  y utilizando su propio dinero, a la construcción de lo que sería el primer submarino del mundo.

 

            Tanto el historiador Jorge Basadre como el periodista Jorge Moscol Urbina se han ocupado de lo que el vulgo llamó en Paita “el torito submarino”.

 

            Cuando el aparato estuvo terminado, solicitó a la Comandancia General de Marina que estaba a cargo del almirante paiteño Antonio de la Haza, que se le permitiera hacer una demostración oficial de la operatividad del submarino.

 

            Para tal fin, fue nombrado otro marino paiteño, el capitán de navío Ezequiel Gonzáles Otoya,  que había hecho los primeros meses de la guerra contra Chile a bordo del "Huáscar", junto a Grau del cual era muy amigo.

 

            Pero en la última salida del Callao que tuvo que hacer el monitor, no estuvo Gonzáles Otoya porque fue destinado a otra misión.  Fue por ese motivo que salvó la vida, pero no tuvo oportunidad de ser contado entre los miembros del comando heroico, pues le hubiera tocado comandar el monitor a la muerte de Grau.

 

            El 12 de octubre de 1879, se realizó la prueba con el submarino de Blume.

 

            Ya Ezequiel Gonzáles Otoya sabía la muerte gloriosa de su amigo.  Tras de los exitosos ensayos del submarino, creyó el paisano de Grau que tenía a la mano el instrumento para vengar la muerte del amigo.

 

            El submarino navegó airosamente y sin dificultades en la tranquila bahía de Paita.  Pero tocaba la parte más difícil: la inmersión, luego desplazarse debajo del agua y después subir a superficie.

 

            Hubo desconfianza de ingresar a lo que podía ser un féretro de acero.  Los tripulantes tenían muy poco espacio para desplazarse y no habían sido preparados psicológicamente para la tarea.  Cualquier falla, condenaba a una irremediable muerte a toda la tripulación.  Una vez sumergidos, se perdía todo contacto con el exterior porque aún no se aplicaba en la nave el periscopio.  Unos émbolos accionados por motores potentes, hacían ingresar agua a cámaras estanco y al aumentar el peso la nave se hundía.  Se mantenía por precaución casi a flor de agua.  Esto a la vez permitía que el aire ingresara por unos tubos, y que a su vez saliera por otros el aire viciado.  Si se calculaba mal la inmersión el agua entonces entraría por los tubos y no el aire.  Sin embargo todo se hizo normal y el toro submarino pudo desplazarse debajo del agua sin contratiempos.

 

            Varias pruebas fueron hechas y como resultado de eso se confeccionó un informe favorable.

 

            El submarino fue llevado a bordo de “La Limeña” al Callao.  Eran los días en que el pesimismo estaba apoderándose de los conductores de la guerra.  Se había perdido a Grau y al "Huáscar" y con él la capacidad ofensiva de la marina.  El Ejército Chileno había tomado Pisagua y se había iniciado la invasión del territorio nacional.  Prado había llegado a Lima y actuaba en forma desorientada.  Luego vino el desastre de San Francisco.  Libre la escuadra chilena, intensificó el bloqueo del Callao.  Parece que no sabían que utilidad  práctica podía darse al invento de Blume y se temía más bien que si caía en manos  de los chilenos, sí pudieran sacarle provecho. Por tal motivo, y tras de hacer también exitosas  demostraciones en el Callao, fue hundido no se sabe por orden de quien.

            Blume se había nacionalizado en el Perú.  Dejó familia en Paita y en  Lima.  En esta última ciudad nació su hijo primogénito Federico Blume Corvacho, el cual  contando sólo con 16   años acompañó a su padre a efectuar la primera inmersión en las pruebas de Paita.  En 1881 el joven Federico, luchó en la batalla de San Juan y Miraflores integrando el Batallón Nº 2.  Fue uno de los más grandes escritores y poetas de su generación.

Cuando terminó la guerra, el ingeniero Blume construyó otro submarino más perfeccionado en Paita, pero nadie se interesó en ese invento.   Ni Mendiburu ni Piérola que asistieron en el Callao a las pruebas del submarino peruano tuvieron suficiente visión para adivinar lo que significaría el arma submarina con el correr del tiempo.

 

 

 

Gonzáles La  Cotera primer ministro

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            La muerte de Grau y la pérdida del "Huáscar" motivaron la renuncia del Gabinete presidido por el general Mendiburu, el 16 de octubre de 1879.

                                                                                                                   

            El encargado de la Presidencia, general La Puerta, llamó para que formara al nuevo Gabinete al principal opositor del presidente Prado que era don Nicolás de Piérola.  Esto causó conmoción en los círculos políticos, pero fueron tantas las  exigencias que planteó  Piérola, que La Puerta acudió entonces al general ayabaquino Manuel Gonzáles de La Cotera, que aceptó el 16 de octubre, presidir el nuevo Gabinete.

 

 

 Lo acompañaban conspicuos civilistas vinculados a grandes terratenientes y empresarios.  El Dr. José V. Arias asumió la cartera de Justicia e Instrucción, quedando también encargado del Ministerio de Hacienda; el Dr. Juan E. Guzmán tomó la cartera de Relaciones Exteriores y por encargo el Ministerio de Gobierno y el propio La Cotera el Ministerio de Guerra-Marina.

 

            Nadie creyó que este Gabinete pudiera durar.  El Parlamento una vez más entró en pugna con el ministro de Hacienda.

 

            No obstante que el Congreso clausuró sus sesiones el 27  de octubre sin pena ni gloria; el Dr. Arias renunció el 28 pretextando estar delicado de salud.  El ministro Guzmán hizo lo mismo.  El general La Cotera les aceptó el mismo día la renuncia.  Sólo habían durado 12 días.

 

            La Cotera envió a Piérola una carta haciéndole conocer que había sido nombrado ministro de Hacienda y este rechazó el nombramiento en términos altaneros, expresándole que no se explicaba la propuesta después de que en días pasados se le había propuesto el cargo de primer ministro pero no se le había permitido designar a sus colaboradores.   Luego se ocupaba de analizar la situación imperante en el país y en señalar responsabilidades.  Es decir que Piérola tuvo una nueva y preciosa oportunidad de criticar al régimen.

 

            El Municipio de Lima, pidió al general La Puerta un Gabinete de unión nacional pero el anciano mandatario, dejó que La Cotera decidiera.  Este buscó a Rafael Velarde, pero éste renunció el mismo día.  Se nombró entonces a Alejandro Arenas, Aurelio Denegri, Ramón Ribeyro y Manuel Irigoyen, pero éstos también presentaron su renuncia colectiva el mismo 31 de octubre.  En su carta renuncia decían:  Desgraciadamente nuestros primeros esfuerzos para llenar serios deberes han encontrado obstáculos insuperables en la resolución de Usted de que no debe ser común la labor de donde se deriva la responsabilidad  que juntos asumimos”.

 

            La Cotera rechazó los cargos y aceptó inmediatamente la renuncia.  Los ministros dimitentes pretendían que todos los problemas de guerra fueran discutidos con ellos antes de tomarse resoluciones.  La Cotera que era un militar muy enérgico decía que no podía perder el tiempo en explicar a sus ministros asuntos castrenses militares para  que tuvieran siquiera una idea de la naturaleza del asunto a tratar.  La Cotera se había empeñado en preparar un tiempo no mayor de 90 días un segundo Ejército, uniformado y dotarlo de armamento moderno y no quería perder el tiempo en discusiones con personas que desconocían asuntos de guerra y que hasta podían oponérsele.

 

            Los ministros renunciantes eran personas muy influyentes y se sintieron ofendidos con la respuesta de La Cotera.  En el Hotel Americano, se les ofreció un banquete de desagravio al cual asistieron  200 personas  vinculadas a los círculos bancarios, empresariales y agrícolas.  Era lo “mejor” de Lima en términos de poder político.   Prometieron que ni ellos, ni sus amigos aceptarían carteras en el Gabinete de La Cotera.  Se pensaba que el primer ministro y La Puerta tenían que capitular y aceptar sus condiciones, si es que querían salvar la crisis ministerial.

 

            Lo que se necesitaba era un Ministerio de Hacienda muy capaz.  Se volvió a pensar      en el  liberal José María Quimper y éste aceptó en  vista de que el Congreso ya estaba en receso.  Para el Ministerio de Gobierno se nombró al enérgico Buenaventura Elguera, en Relaciones Exteriores al conservador Rafael Velarde, en Justicia e Instrucción a don Rafael Quiroga.  La Cotera seguía con Guerra y Marina.

 

            El 19 de noviembre el nuevo Gabinete juró ante la sorpresa de los civilistas y grupos poderosos que no pensaron que tan pronto se solucionara el problema.  Además, en el Ministerio de Hacienda tenían a su mayor enemigo.

 

            Pero pronto una nueva noticia hizo pasar a segundo plano todo otro asunto.  En Lima se supo que el Ejército Chileno había iniciado la invasión y ocupado Pisagua.  Se dispuso el alistamiento de todos los hombres en edad militar.

 

 

Colecta para comprar acorazado “Miguel Grau”

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            Al conocerse la muerte de Grau y la captura del "Huáscar", surgió en el médico limeño Melitón Porras, la idea de reemplazar el perdido navío con otra unidad más poderosa y ponerle el nombre de “Almirante Grau” como un homenaje al héroe caído. Se financiaría la adquisición con una colecta nacional.

 

            La Municipalidad de Lima, aceptó la iniciativa y la colecta se inició.  Se recibía no sólo dinero, sino joyas y especies de valor de toda clase.  En esta oportunidad y en poco tiempo los aportes fueron cuantiosos.

 

            El doctor Porras, ofreció elevadas sumas de dinero y muchas joyas de familia e incluso se comprometió a entregar la totalidad de su patrimonio si fuera necesario.

 

            Se nombró un comité que lo integraban gente visible conformada por religiosos, banqueros y personas de reconocida solvencia moral.  El concejal Rossel en 24 horas reunió entre los vecinos del Callao la suma de 72 000 soles, cuantiosa en esa época.  Los diputados que estaban ya en receso juntaron 700 libras esterlinas.  Muchos esposos donaron sus anillos; una humilde familia de apellido Castillo entregó todos sus ahorros, 150  soles.  El doctor Juan Francisco Pazos entregó toda su vajilla de plata.  Don Juan Goyeneche desde París obsequió 100 000 soles. Don Manuel Bustos  entregó lo único que tenía de valor, su caballo.   Entre los vecinos de Huancabamba en Lima se reunieron 450 soles.  Una ancianita refugiada en un asilo, doña Petronila Ávalos donó sus aretitos de oro.   Doña Elena Rey de Rambla donó 30 soles en reales y todas las joyas que tenía.  El general Cisneros, regaló sus condecoraciones de oro.  Cinco alemanes residentes en el Perú entregaron 16 804 soles.  Un zapatero de apellido Sánchez, seis soles.  La poetisa Carolina Freire, la medalla de oro que le dio la municipalidad como premio.  Manuel Ortiz de Zevallos, un cuadro del famoso pintor Tintoreto.  El piurano  Enrique Zegarra, su colección de monedas extranjeras, medallas de premios y monedas españolas.  Luis Gatillón, el 10% de las ventas de su restaurante.  La maestra Adela Poppe la mitad de su sueldo y 10 libras esterlinas.  De la Escuela de Ingenieros, 608 soles y todos los relojes que poseían: 14 de bolsillo, de oro.  Los reclusos de la cárcel de Guadalupe 525 soles.  Los alumnos del Liceo inglés 75 soles.  La Cámara de Senadores entregó el escudo de plata maciza que adornaba su sala de sesiones.  Los alumnos y profesores del  colegio Guadalupe 885   soles.     Los socios del Club Unión de Lima, sus relojes de oro, sus gemelos, sus prendedores, sus  cadenas y anillos.  Grau fue miembro de ese club.  De las damas de Lima se recibieron 80 anillos de matrimonio.  De Pisco se recibieron una gran cantidad de joyas y 8 103 soles.  Don Vicente Pratolongo donó 7 000 libras esterlinas.  Las placeras de Chorrillos 60 soles.  Un pastorcito 1,80.

 

            El 3 de noviembre los donantes llegaban a 18 000 y seguían llegando las aportaciones.  Se estimaba que había dos millones de soles en billetes, 20 000 libras esterlinas.  Una cantidad incalculable de objetos de plata.  Seis cofres  con joyas.

 

           En Piura, fue el concejo departamental el que inició la colecta, transcribiendo a los municipios provinciales un telegrama procedente del  Concejo Departamental de Lima que decía:  Lima, 13 de Octubre de 1879.  A los Concejos.- El Concejo Departamental que    Presido ha promovido una suscripción para comprar sin demora un blindado que con el nombre de “Contralmirante Grau”  reemplace al glorioso "Huáscar".  Se espera que el Concejo que Ud. preside siga la misma conducta colectando erogaciones en monedas de plata, billetes de banco, alhajas u otros valores, pero ha de hacerse en el día por que el tiempo urge. José de la Riva Agüero”.

 

            Los municipios dieron a conocer por medio de bandos el tenor del telegrama.  Formaron comisiones para encargarlas de la colecta y la mayoría resolvió que de las rentas municipales se hicieran presentes en la colecta, ya que se  trataba de honrar la memoria de un codepartamentano.

 

            El 23  de octubre, el Concejo Distrital de Sullana enviaba al provincial de Paita 400 soles de sus propios fondos, y de los vecinos 1 993,35 en billetes de banco y  24  soles en monedas de plata.  El 8 de noviembre se remitía 108 soles en billetes de banco y 36,80 en moneda boliviana.

 

            En Huancabamba el alcalde José Adrianzén nombró un comité que lo presidía el cura párroco José María León.  Al 16 de diciembre se había colectado 1  356  soles con 40  centavos, dinero y especies, incluyendo joyas.

 

 

Municipio de Sullana intenta detener construcción de ferrocarril

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            En mayo llegaba el tendido de la línea del ferrocarril a la ciudad de Sullana.

 

            El 21 de julio en Sesión de Concejo se leyó el informe de los peritos Manuel Garrido y Anselmo Castro, de acuerdo a lo cual la calle de la línea del tren –hoy avenida Lama- debía de tener cuando menos 10 varas a cada lado de la línea.  El valor de una vara de frontera por 50 de fondo en ese lugar sería de dos pesos.

 

            El concejo planteó a don Federico Blume concesionario de la  construcción del ferrocarril, el pago de los terrenos de propiedad municipal por donde pasaba, pero parece que el mencionado ingeniero no atendió el pedido.  Entonces ordenó al sub-contratista Miguel Agurto Arellano que paralizara  la obra.

 

            Agurto Arellano tenía a su cargo la colocación de los durmientes y el tendido de los rieles.  Todo esto sucedía en los primeros días de octubre de 1879.

 

            Como parece que la conminación era un poco vaga, Agurto Arellano se apresuró a responder al municipio expresando:  En esta ciudad no se construye otro camino de fierro, que el que lleva  a cabo don  Federico Blume, como contratista con el Supremo Gobierno, el cual por su contrato, puede tomar terrenos de propiedad del Gobierno, de particulares y de campos municipales.  Si el que ocupa ahora es terreno municipal y a Ud. le parece que las obras deben suspenderse, debe eso prevenirlo al mencionado empresario”.

 

            En otra oportunidad, manifiesta Agurto al Concejo:  Creo haber dicho que yo no soy dueño, ni autor del ferrocarril, sino que intervengo en ese trabajo, esto es, proporciono el material y brazos que se necesitan.   Por consiguiente no soy apoderado del señor Blume.  Tampoco empleado de dicho  señor y no puedo ordenar que se trabaje ni se deje de trabajar.  En consecuencia, no es propio que Ud. me dicte sus órdenes; sino al verdadero interesado, quien desde luego podría hacer las prevenciones de perjuicios por la suspensión de la obra y por lo indeterminado de la ordenanza de paralizar hasta que la corporación tenga a bien deliberar sobre el asunto”.  No hay duda que don Miguel Agurto Arellano hacía uso de una lógica contundente.

 

Devuelven torpedos que debían llegar a Paita

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            El 3 de noviembre llegaba a Guayaquil un barco mercante procedente de Panamá.  Traía 8 grandes bultos destinados a la firma Canevaro e Hijos de Lima, pero la carga debía ser trasbordada a Paita.

 

            No se produjeron las suficientes coordinaciones entre el capitán de puerto de Paita, el cónsul peruano en Ecuador señor Luque Plata y el cónsul peruano en Panamá señor Márquez.

 

            El capitán de puerto de Paita había recibido telegramas desde Lima, para que pusiera el máximo de cuidado con la recepción y remisión a Lima de los 18 bultos.  Se trataban en realidad de torpedos que venían desarmados y la mención de la firma Canevaro era para no despertar sospechas, pues muchos mercantes no se querían ver comprometidos en transportar material de guerra  por temor a las represalias de los barcos de guerra de Chile que andaban al acecho.

 

            Como el cónsul peruano en Guayaquil nada sabía del asunto, dispuso el retorno a Panamá de los 18 bultos.

 

            El embajador del Perú en Quito, Emilio Bonifaz, viajó de inmediato a Guayaquil para ponerse en contacto con el cónsul Luque Plata y darle instrucciones.  Se logró también la oferta de apoyo en operaciones de descarga, almacenamiento y carga, de una importante firma comercial de Guayaquil, cuyos mayores accionistas eran peruanos.

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