Capítulo VI

 

VI   CAPITULO

 

 

EL BATALLON PIURA

 

 

Ø      La hazaña de la “Oroya”

Ø      La movilización en Piura

Ø      La formación del Batallón Piura

Ø      El embarque del batallón

Ø      La estructura del Batallón Piura

Ø      El Batallón “Piérola” de Tumbes

Ø      El Batallón Sechura

Ø      Desertores del Batallón de Piura

Ø      Los chilenos toman la isla de Lobos

Ø      Los chilenos en Macará

Ø      Actividades chilenas en Panamá

Ø      El problema de la barca ”Enriqueta”

Ø      El cargamento del “Estrella”

Ø      Piérola declara a Grau Héroe  de 2da. categoría

Ø      El reglamento de las Municipalidades

Ø      La acción de los Ángeles

Ø      Nueva carta de Montero a Piérola

Ø      El bloqueo  del Callao

Ø      Piérola y la casa Dreyfus

 

 

Hazaña de la “Oroya”

ARRIBA

 

            A Piérola disgustó mucho, la lentitud y el comportamiento del general Beingolea y dispuso que saliera la "Oroya" con su comandante el capitán de navío paiteño Toribio Raygada.

 

            Este barco partió del Callao el  30 de marzo conduciendo 1,800 rifles, seis cañones rayados, cuatro ametralladoras y municiones. Además iba el coronel Isaac Recavarren que reemplazaría al general Beingolea. Como se puede apreciar, se cambiaban jefes a cada rato.

 

            El barco sorteó con gran pericia y audacia una zona marítima que estaba bajo el control del enemigo y cuatro días después de su partida arriba al puerto de Camaná donde desembarcó Recavarren.

 

            El barco continuó hacia el sur, pasó frente a toda la costa del departamento de Tarapacá y se presentó repentinamente en el Puerto de Tocopilla en Antofagasta. Ese puerto hacía un año que estaba ya bajo  el control de las fuerzas chilenas, y el teatro de la guerra se había desplazado muy al norte. Por eso la guarnición chilena y los habitantes, miraban incrédulos al barco con  bandera peruana, que burlando a toda la escuadra chilena, había penetrado tan profundamente.

 

            El comandante Raygada desembarcó tropa en el puerto, ante la cual la guarnición enemiga se retiró  al interior. Luego hundió las lanchas y medios  de transporte que había en la rada y se llevaba a remolque, como trofeo y presa una embarcación.

 

            El 8 de abril la "Oroya" estaba de vuelta en el Callao.

 

            La prensa y opinión pública chilena eran muy sensibles a estas acciones que decían lesionaban su orgullo, porque en realidad no tenían mayor efecto en los resultados de la guerra. Los ataques contra los marinos de su escuadra, menudearon en los periódicos de Valparaíso y Santiago.

 

            Raygada con la "Oroya" había conducido al Presidente Prado del Callao a Arica, cuando el 16 de mayo de 1879, la escuadra peruana partió al Sur.

 

            En octubre del mismo año, burló al crucero enemigo “Amazonas” cuando en Panamá pretendió capturarlo.

La movilización en Piura

ARRIBA

            El Prefecto y Jefe Militar de Piura, coronel Manuel Frías, al igual que las autoridades políticas cumplieron con toda diligencia la orden de movilización dictada por el general Gonzáles La Cotera cuando era Primer Ministro y Ministro de Guerra, cuya meta era organizar un ejército de 100 000 hombres.

 

            En enero continuaba la movilización en Piura. Encontrándose el coronel Frías en Paita por razones de su cargo, remitió de ese lugar una circular a todas las autoridades, tanto subprefectos como gobernadores, fijándoles cuotas de hombres que formarían el contingente  de sangre de cada lugar.

 

            Se trataba de formar una División, que quedaría conformada del siguiente modo:

 

            Tres batallones de infantería de 300 hombres cada uno......................900 hombres

            Un escuadrón de caballería de dos compañías....................................100 hombres

 

            Lo que faltaban eran oficiales y armas. Todo eso lo solicitó el Prefecto, lo mismo que vestuario.

 

            El pedido era no sólo para atender las necesidades de la división en formación, sino también para las fuerzas de policía que debían de quedar en Piura, para cuidar el orden interno, para evitar cualquier sorpresa del  enemigo o algún problema con  Ecuador. El armamento que tenía la policía en Piura era escaso y anticuado.

 

            El 12 de enero, el nuevo gobierno que encabezaba Piérola reiteraba al coronel Frías el envío del contingente.

 

            La gendarmería de Piura la componían 198 hombres, que disponían de 112 fusiles Minié antiguo. Las necesidades de vestuarios eran grandes, pues la presencia de los gendarmes daba mucho que desear.

 

            Otro aporte que debía hacer Piura, eran 500 mulas. Estos animales de Piura, eran muy apreciados en el ejército y antes había sido enviado un contingente.

 

            Fue don Belisario Espinosa, el encargado de conseguir las mulas.

 

            A fines de enero, llegó procedente de Lima, el sargento mayor Pedro Bermúdez Palma para coordinar las labores de movilización, conjuntamente con el Prefecto y disponer lo necesario para el embarque de la tropa.

 

            El 10 de febrero, el Prefecto, nombra como Comisario de la Policía Rural del Valle de Piura, al coronel graduado don José Lino Olaria, el cual permaneció en el cargo hasta el mes de octubre en que fue  reemplazado por el coronel Manuel Francisco Vegas.

 

            La región de Payta quedaba fura  de su jurisdicción.

 

            Uno de los subprefectos  que respondió en mejor forma al llamamiento de movilización, fue don José Mercedes Calle de Ayabaca. El contingente que se solicitó era de 480 hombres comprendidos entre los 18 años y los 30. Cuando al término de la leva, contó a los enrolados, se encontró con que tenía 540 o sea un exceso de 60 de tal manera que a su criterio, dio de baja a los que creía menos aptos para el servicio. El gran problema del subprefecto era de que no tenía fuerza armada con los cuales enviar al contingente, porque sin custodios se podía producir una fuerte deserción. Por tal motivo el subprefecto Calle solicitó al Prefecto la fuerza necesaria para enviar el contingente.

 

            El Prefecto coronel Frías emitió una orden general en el sentido de que cuando una cuota de contingente de sangre era superada, no debía darse de baja a los excedentes y que todos los comprendidos en el llamamiento, así como los voluntarios debían ser enrolados, habiéndoseles asignado una dotación de 60 centavos diarios.

 

            Recién en febrero, el coronel Frías recibió el nombramiento de Comandante General de las Fuerzas que organizaba en el norte, de lo que hasta ese momento sólo cumplía por encargo.

 

            En el mismo mes se recibió de Lima por vía marítima 20 000 soles para la adquisición de mulas y otros gastos.

 

            En vista de que el Gobierno no enviaba los oficiales que solicitaba para la organización de la División, el coronel Frías envió un Cuadro de Oficiales conformado por los militares que prestaban servicio en el departamento y por civiles que contaban con alguna experiencia militar.

 

            En la ciudad de Piura, se habían concentrado los enrolados de todo el departamento y su mantenimiento representaba apreciables gastos. Como no existían fondos para tal objeto, se tuvo que pedir la colaboración patriótica de la ciudadanía.

 

            Tumbes también había respondido con patriotismo al llamamiento de movilización. El contingente se había organizado bajo la forma de un batallón al que se le llamó “Piérola” y se formó también un escuadrón de caballería. Este último de inmediato entró en servicio custodiando las caletas y resguardando los puestos fronterizos con Ecuador.

 

La formación del Batallón Piura

ARRIBA

 

            El 2 de marzo, el Secretario (Ministro) de Guerra, coronel Miguel Iglesias, aprobaba el Cuadro de Jefes y Oficiales del Batallón Piura, y se dispuso que viajara de Lima a Piura el Capitán Graduado Roberto Arbaiza. El prefecto Frías, dispuso que Arbaiza se encargase del mando de la Gendarmería.

 

            Frías seguía enfrentando el problema económico de la falta de recursos para mantener la fuerza que se venía denominando Batallón Piura. La Caja Fiscal de Piura no recibía ningún subsidio para tal fin, ni autorización para que efectuara pago alguno. El Prefecto se vio precisado a dar por su cuenta y riesgo, orden a la Caja Fiscal de que atendiese una factura de gastos por 221,20 soles. Fue la primera a la que siguieron otras más.

 

            El 23 de marzo, el Ministro de Guerra, coronel Miguel Iglesias, ordenaba al Prefecto de Piura, que tan pronto el Batallón Piura estuviera organizado con 600 hombres, lo remitiese a Lima con el máximo de precauciones, para evitar su captura por los barcos de guerra chilenos que andaban al acecho en la costa norte. Se recomendó su embarque por secciones en diversos vapores de la línea inglesa, como simples trabajadores.

 

            A propuesta del coronel Frías, el Secretario de Guerra Miguel Iglesias, había nombrado con el grado de Coronel, a don Augusto Seminario y Váscones como primer Jefe del Batallón Piura.  Seminario desplegó excepcional actividad en completar la organización del batallón a su mando y cubrió muchos de sus urgentes gastos, con su propio peculio.

 

            En marzo, Seminario Váscones hace conocer al coronel Frías Lastra, que no podrían partir a Lima por razones de salud y otras causas de fuerza mayor los oficiales Leonidas Echandía Otoya, Luis Felipe Seminario, Romualdo Espinosa y Enrique Serra. En su lugar proponía a Pedro Varillas, Manuel Meneses, Juan Guerrero y Nemesio Medina, lo cual fue aceptado.

 

            Piura por esos meses era una ciudad agitada por la llegada de los contingentes de todas  las provincias. Había gran fervor patriótico y los vecinos hacían obsequios a los enrolados. Una gran cantidad de jóvenes y hombres maduros se habían presentado voluntariamente, pero también había bastantes que sólo por la fuerza  se había logrado su inclusión en las filas.

 

            Por esa época se supo en Piura, que el ex–prefecto coronel Mariano Lorenzo Cornejo, había sido nombrado Jefe de una Brigada de Caballería en el Centro.

 

            En Piura había siempre tema para comentar la guerra. Muchos eran los piuranos que sobresalían en la contienda. Así como antes se hablaba de las hazañas de Grau, después se comentaba del contralmirante Montero, del general La Cotera, del contralmirante Antonio de la Haza; de los capitanes de navío Camilo Carrillo, Ezequiel Otoya, Toribio Raygada; del capitán de fragata Aljovín y de varios más que tenían destacada actuación en la marina o en el  ejército.

 

            En abril, del Ministro de Guerra, Iglesias dispuso que el coronel Frías enviase 400 hombres para ser distribuidos en las guarniciones de los puertos de los departamentos de Ica, Ancash, Lima La Libertad, Lambayeque y  Piura, reforzando los contingentes navales allí existentes.

 

            Frías no deseaba que se fraccionase el Batallón, ni tampoco que sus soldados fueran a cumplir labores secundarias. No se sabe en realidad que papel hubieran tenido en los lugares a donde se les quería destinar, pues pocos meses más tarde el almirante chileno Patricio Lynch daría inicio a la expedición de merodeo en los puertos del norte, en un festín de saqueos, incendios, pillaje, matanzas y crueldades infinitas.

 

            Frías respondió al Ministro de que aún el Batallón no estaba listo, y sólo para cumplir envió 93 hombres.

 

El 23 de marzo, el Ministro de Guerra, coronel Miguel Iglesias, ordenaba al Prefecto de Piura, que tan pronto el Batallón Piura estuviera organizado con 600 hombres, lo remitiese a Lima con el máximo de precauciones, para evitar su captura por los barcos de guerra  chilenos  que andaban al acecho en la costa norte.  Se recomendó su embarque por secciones en diversos vapores de la línea inglesa, como simples trabajadores.

A propuesta del coronel Frías, el Secretario de Guerra Miguel Iglesias, había nombrado con el grado de Coronel, a don Augusto Seminario y Váscones como primer Jefe del Batallón Piura.  Seminario desplegó excepcional  actividad en completar la organización del batallón a su mando y cubrió muchos de sus urgentes gastos, con su propio peculio.

En marzo, Seminario Váscones hace conocer al coronel Frías  Lastra, que no podrían partir a Lima por razones de salud y otras causas de fuerza mayor los  oficiales  Leonidas Echandía Otoya, Luis Felipe Seminario, Romualdo Espinosa y Enrique Serra.  En su lugar proponía a Pedro Varillas, Manuel Meneses, Juan Guerrero y Nemesio Medina, lo cual fue aceptado.

 

 

 

El embarque del Batallón Piura

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            El coronel Manuel Frías Lastra y Augusto Seminario Váscones, actuaron con toda diligencia y eficiencia para embarcar al batallón Piura, lográndolo sin haber perdido un solo hombre y sin que los chilenos que merodeaban en el mar se dieran cuenta de su movilización.

 

            El 25 de mayo, en un barco inglés, fueron enviados al puerto de Chancay 125 hombres que se registraron  como trabajadores  agrícolas.

 

            El 1º de junio en otro barco inglés se despachó un contingente de 240 soldados pagándose por pasajes 19 500 soles. Tanto en Piura, como en Paita, se despidieron a los soldados con muestras multitudinarias de fervor patriótico.

 

            El 9 de junio se hace otro embarque de 171 hombres, los que hacían un total de 536 que habían sido seleccionados como los más aptos. Como en abril habían partido 93, el total de soldados embarcados llegó a 629.

 

            Para todos los gastos, el Gobierno envió 1 500 libras esterlinas, que la unidad monetaria dispuesta por Piérola.

 

            A mediados de junio, el Ministro de Guerra coronel Iglesias, dispuso que se entregase al Batallón Piura acantonado en Chancay, 411 uniformes de loneta, 495 rifles marca Minué Prusianos que acababan de llegar, con sus fornituras y municiones, a razón de cuatro paquetes por fusil. También se remitieron 100 capotes.

 

            Un mes más tarde se ordena entregar al Batallón 141 rifles Peabody para  hacer prácticas. Este armamento debía ser devuelto cuando el Batallón ingresara a Lima a donde era su destino final, pues se estaba organizando  la defensa de la ciudad, después que el Primer Ejército del Sur quedó destruido. En Lima, el Batallón Piura debía de recibir 600 uniformes de campaña.

            En agosto, el Ministro de Guerra dispone  que el Batallón Piura forme parte de la División del Centro, que se estaba organizando.

 

            El viaje de Chancay a Lima, lo hizo el Batallón por tierra. En la Capital fue recibido por el Dictador Piérola que los arengó, quedando alojados en la Plaza de Acho y posteriormente fijaron su campamento en las faldas del Cerro San Cristóbal.

 

            El Jefe de la División del Centro, fue el valiente general César Canevaro.

 

            El Batallón Piura luchó en Chorrillos y en San Juan, pagando una alta  cuota de sangre  y heroísmo.

 

            Dentro de la organización militar se le denominaba Batallón “Piura”  Nº 67.

Estructura del Batallón Piura

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            Damos a continuación la estructura del Batallón “Piura” Nº 67, gracias al aporte que hemos recibido del estudioso investigador Miguel Seminario Ojeda,  al cual debemos también otras valiosas informaciones relacionadas con esta unidad combatiente  peruana, en la que su bisabuelo el sargento mayor Ignacio Seminario era el tercer Jefe y murió heroicamente en la  Batalla de Lima.

 

            El Batallón “Piura” formaba parte de la Segunda División del Ejército de la que era Jefe el coronel César Canevaro.

 

            El 7 de octubre al pasar revista, el Cuadro de Jefes y Oficiales era el siguiente:

 

            1er. Jefe ............................................ .Coronel Augusto Seminario y Váscones

            2do. Jefe............................................ .Tnte. Crl.  Mariano Araujo que   reemplazó   a                  

            José María Vera Tudela

            3er. Jefe..............................................            Sargento  Mayor Ignacio Seminario

            Ayudante Mayor................................ Tnte. Daniel Merino

            Sub-ayudante......................................            Sub-Tnte. Francisco Vera García

            Abanderado.........................................           Sub-Tnte. Pedro Varillas, en  reemplazo de

                                                                        Leonidas Echandía Otoya

            Cirujano 1ra. clase............................ ..           Dr. Juan del Valle

            Capellán ..............................................          Dr. Emilio Sotomayor

            Práctico en Medicina...........................            Leopoldo Meza

            Práctico en Farmacia...........................            Domingo Zambrano

 

            1ra Compañía:

            Sargento Mayor Graduado...................           Adolfo León

            Teniente................................................Cirilo Arica

            Sub-teniente..........................................          Esmeraldo Arica

            Sub-teniente..........................................          Luis Felipe Seminario, reemplazado por

                                                                                   Manuel Mesones

 

            2da. Compañía:

            Capitán ...............................................           Parcemón Morales, reemplazado por Nicolás Véliz

            Teniente..............................................            Amaro Cevallos

            Sub-teniente .......................................            Vicente Cevallos,   reemplazado  por José Coloma

            Sub-teniente........................................            Juan Palacios

 

 

            3ra. Compañía:

            Capitán  Graduado..............................            Ignacio Paiba

            Teniente..............................................            Bartolomé García Godos

            Sub-teniente .......................................            Domingo Gonzáles

            Sub-teniente........................................            Federico Olmos

 

 

            4ta. Compañía:

            Capitán................................................           Rodolfo Coronel

            Teniente..............................................            Nicanor  Gómez

            Sub-teniente....................................... Baltazar Maticorena

            Sub-teniente....................................... José Enrique Vásquez

 

 

            5ta. Compañía:

            Capitán ............................................ José Morales, reemplazado por Julián  Rojas

            Teniente...........................................   Roberto Franco, reemplazado por Eladio Palma

            Sub-teniente...................................... Manuel García Herrera

            Sub-teniente......................................  Romualdo Espinosa,  reemplazado  por  Juan

                                                                       Guerrero

 

 

            6ta. Compañía:

 

            Capitán..............................................             José Nicanor Castro

            Teniente............................................  José Ruidías,   reemplazado   por   Vicente Cevallos

            Sub-teniente......................................  Eloy Alamo

            Sub-teniente......................................  Enrique Serra, reemplazado por Nemesio Medina

 

            Los soldados revistados en esa fecha eran 508.  No disponían de caballos, ni mulas y tenían 521  rifles Peabody. El 14 de noviembre había 23 individuos de tropa enfermos. Ese día se dispuso que en Canto Grande hicieran ejercicios de tiro.

 

            En  Lima se incorporó al Batallón “Piura”, Maximiliano Frías García, hijo del coronel Manuel Frías Lastra. Frías había luchado en Tarapacá y al resultar herido fue evacuado a Lima donde se repuso, incorporándose al batallón de sus paisanos como adjunto del coronel Augusto Seminario.

l Batallón Piérola de Tumbes

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            En Tumbes las autoridades lograron enrolar a 200 hombres, con el cual formaron una unidad militar a la que llamaron Batallón “Piérola” Nº 1 de Tumbes.

 

            Su plana de jefes y de oficiales fue la siguiente:

 

            1er. Jefe ..................................           José Noblecilla

            2do. Jefe...................................          Aníbal G. Bodero

            3er. Jefe...................................           Manuel Fernández

            Ayudante.................................           Teodoro Bodero

            Ayudante 2º.............................           Juan Francisco Avalos

            Abanderado............................            Ruperto Delgado

 

            Jefe de la 1ra.  Cía................. Capitán David Noblecilla

            Teniente ...............................              Jacinto Bodero

            Sub-teniente..........................  Ovidio Guerra

            Sub-teniente 2º.....................  Evaristo Guerrero

 

            Jefe de la 2da. Cía................. Capitán Medardo Pío

            Teniente................................              Serafín Jiménez

            Subteniene............................  Rómulo Núñez

            Subteniente..........................    Juan Cabrera

           

            Como se puede apreciar, en la plana de oficiales había tres  Bodero. Esta familia se caracterizó por su ferviente patriotismo. Cuando en mayo de 1880 se embarcaban estas fuerzas y las del Batallón “Piura” rumbo a Lima, otro miembro de la familia Bodero, el Capitán de Artillería, Elías Bodero Rodríguez, peleaba bravamente  en el Alto de la  Alianza, el 26 de mayo, resultando gravemente herido.    Fue trasladado a Tacna, y días más tarde falleció.

El Batallón Sechura

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            Los sechuranos secundaron el esfuerzo bélico del Perú en muy diversas formas. Cuando se trato de hacer contribuciones económicas dieron las joyas de su iglesia.  Sus arrieros, famosos en el norte del Perú, transportaban por tierra mucho armamento, sobre todo cuando Montero se estableció en Cajamarca.

 

            Pero también dieron generosamente su contingente de sangre. Los sechuranos formaron una unidad militar que se denominó Batallón Sechura Nº 9.

 

            De acuerdo a un relato de Plutarco Quiroga, sobresalió Felipe Ruiz Calderón al cual el presidente Andrés Avelino Cáceres, reconoció en 1889, el grado de teniente del Batallón Sechura Nº 9 de la Guardia Nacional.

Desertores del Batallón Piura

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            Como no podía dejar de ser, en el Batallón Piura como en cualquier otra unidad de ejército formada sobre la base de levados, se tienen que producir deserciones.

 

            No se puede ni siquiera hablar de cobardía, sino más bien lo que ocurre es una falta de adecuación a la vida de cuartel o del campamento, totalmente diferente a la que han tenido. Los desertores fueron 21.

 

            El 28 de agosto desertó el soldado Juan Chapilliquén. El 29 fueron tres: el cabo de 2da. Juan Sandoval y los soldados Esteban León y Agustín Mauricio. El 14 de setiembre los soldados José Medina y Sebastián Pantaleón. El 28 desertaron Pedro Morocho, Nazario Huamán y Juan Timoteo. El 30 de setiembre se fugó el músico Catalino Requejo y el soldado Leonardo Távara.  El 5 de octubre se produjo la mayor fuga, nada menos ocho, fueron los enrolados que se escaparon.  Ellos fueron:  el cabo 1º Juan Esteban Morales, los soldados Daniel Chapilliquén, Pedro Hernández, Justo Carlín, Juan Meca, Pedro Montes,  Germán Sedillo y Luis Gonzáles.

 

            El Batallón Piura estuvo vivaqueando en las faldas del Cerro San Cristóbal en donde Piérola, montó un fortín de artillería que no tuvo oportunidad de intervenir.

 

            Cuando los chilenos amenazaban con atacar  Lima, el Batallón Piura pasó a Miraflores para integrar la División de Canevaro que formaba el ala izquierda del ejército peruano. Posteriormente, pasaron a Chorrillos y a San Juan.  En esta batalla el Batallón Piura  sufrió numerosas bajas en muertos y heridos.

Toma de las islas de Lobos

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            Al iniciarse el mes de marzo de 1880, se encontraban en Ilo, la corbeta chilena “Chacabuco”, con el “Loa”. Ambos se dirigieron a Mollendo en donde transbordaron mercadería robada en los puertos peruanos.  El buque de guerra chileno “O’Higgins” partió hacia Valparaíso, con su botín.

            Los dos barcos pusieron proa hacia las islas de Lobos, situadas frente a las costas de los departamentos de Piura y Lambayeque.  Aunque no tenían las riquezas guaneras de las de Chincha, estaban sin embargo bajo una activa explotación del fertilizante, que barcos extranjeros llevaban hacia Europa.

 

            Los barcos chilenos llegaron a las islas de Lobos de Afuera el 10 de marzo  de 1880. Las encontraron desguarnecidas y con un  reducido grupo de personal civil encargado de la explotación del guano.  Pero había cerca de 400 trabajadores.

 

            Tomarlas fue extremadamente fácil para los chilenos. Algunas lanchas fueron izadas a bordo del “Loa” como presas, pero otras seis fueron hundidas o destruidas en la playa. Servían para transportar guano y carbón, pero la mayoría de ellas estaban muy deterioradas.  Posteriormente echaron a pique  cuatro más.

 

            Cerca de las islas había varios barcos extranjeros como la fragata mercante inglesa “Chancellor”, que tenía a bordo 3 000 toneladas de guano y se aprestaba a zarpar.  También estaban la fragata inglesa “Eitta” con 446 toneladas de guano y la “Enricos” con 150 toneladas también del mismo producto.

 

            Por la tarde del día 10 hizo su aparición la fragata mercante anglo-india “Frank Flind”. La fragata norteamericana “Jane  Fish” estaba cargada con 200 toneladas de guano.  Otros barcos más que se encontraban en las proximidades eran el vaporcito “Islinje”, el pailebot “Paracas” perteneciente a una firma inglesa y el vapor “Ballesteros”. No se conoce por qué razón, los chilenos echaron a pique el barquito “Aurora”.

 

            Los capitanes de los barcos extranjeros llegaron a un acuerdo con los chilenos y pudieron zarpar.  Se supone pagaron un cupo.

 

            Los chilenos quemaron el pequeño muelle y estaban destruyendo la plataforma, cuando se desencadenó una torrencial lluvia que los obligó a suspender su obra destructiva. Era el de 1880 un año lluvioso.

 

            Tras una rápida inspección, encontraron 29 animales diversos que llevaron a bordo, sólo dos caballos, por pertenecer al cónsul inglés de Paita, Mr. Blacker, se respetaron. Destruyeron todas las instalaciones que pudieron y trasladaron a bordo cuanta herramienta fue posible, lo que el capitán de la corbeta “Chacabuco” calculó de “un valor de no pocos miles de pesos”.

 

            El día 13, la expedición depredadora dejó estas islas por la noche llevándose prisioneros al coronel  José Alaiza y al capitán de corbeta Rosas que eran los únicos militares que incidentalmente se encontraban en Lobos de Afuera.

 

            Oscar Viel, capitán de la “Chacabuco” en el parte que elaboró, hace conocer que encontró a 200 chinos esclavos trabajando y un número igual de trabajadores peruanos. Los chilenos dispusieron que evacuaran la isla, siendo la mayor parte embarcados en el “Ballesteros”     rumbo a Eten en donde desembarcaron. Los chinos no eran esclavos como lo dice el marino chileno, pero indudablemente no estaban contentos con las condiciones de trabajo que desarrollaban y durante la guerra en una inmensa mayoría se pusieron de parte del enemigo, por cuyo motivo se produjeron en su contra muchas reacciones populares.  En Eten causó sensación, la llegada de estos trabajadores y se temió un ataque de los chilenos. A Paita también llegaron las noticias un tanto distorsionadas y hubo temor, porque no se encontraba en estado de defenderse. Las islas quedaron en total abandono.

 

            Los dos barcos, tras de una breve escala en Eten, siguieron rumbo a “Chérrepe” y a Pacamayo, en donde encontraron a la barca inglesa “Chiloé” cargada con azúcar y pimienta. También habían varias naves extranjeras y la peruana “Clementina” que fue hundida. Como para que los temores de los pobladores de Eten no fueran en vano, los chilenos lo sometieron a fuerte bombardeo, sobre todo su estación de ferrocarril en donde habían locomotoras y vagones.

 

            Los barcos chilenos retornaron  al norte y estuvieron frente a la caleta de San José. El 15 de marzo llegaban a las Islas Lobos de Tierra, por la mañana. Sólo encontraron a dos empleados dirigiendo las tareas de los embarques de guano. El resto de trabajadores había sido evacuado. También había varios pescadores. En la rada había seis lanchas viejas que hundieron. Destruyeron todas las instalaciones. El mismo día retornaron al sur.

 

            La “Chacabuco” era comandada por el capitán de navío Oscar Viel, compadre y concuñado de Grau del que  los piuranos tuvieron  malos recuerdos.

Los chilenos en Macará

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            En el sur del Ecuador y en Guayaquil, los residentes chilenos se mostraban muy activos vigilando el movimiento de los puertos de ese país, para impedir todo intento de desembarco de armas con destino al Perú.

 

            También buscaban de crear incidentes fronterizos, para desviar la atención militar peruana en un nuevo frente. Muchos de los chilenos que estaban en las provincias del Guayas, El Oro y Loja, eran expulsados de Tumbes y de Piura, por cuyo motivo tenían mucho rencor.  La mayoría se estableció en Macará.

 

            Felizmente para el Perú, gobernaba por aquel entonces el general Ventimilla como presidente de Ecuador, el cual tenía la firme convicción de que Chile era el país agresor.

 

            A principios de año, el coronel Manuel Frías, nombró al capitán Domingo Arellano para que comandara el destacamento de vigilancia de la frontera por el  lado de Macará.  El capitán Arellano estuvo en el cargo hasta Julio en que es nombrado Secretario de la Prefectura, y colocado en su lugar al capitán Juan B. Meléndez.

 

            El Prefecto, coronel Frías, se vio precisado a protestar ante el Gobernador del Guayas por las actividades notoriamente hostiles al Perú, de un grupo de residentes chilenos.

 

            En julio de 1880, con motivo de la cosecha de cascarilla, creció el número de trabajadores campesinos en las localidades de Loja y Santa Rosa, lo que permitió que muchos chilenos se infiltrasen y creasen numerosos incidentes.

 

            En agosto de 1880, el coronel Frías hacía nuevos reclutamientos con un doble propósito. Por una parte reforzar la frontera norte y por otro lado, aumentar el contingente del Batallón Piura que se encontraba ya en Lima.

 

            Como por esa fecha ya se había perdido el ejército profesional del Sur, tras las sangrientas batallas del Alto de la Alianza y de Arica, Piérola se aprestaba a defender Lima.

 

Actividades chilenas en Panamá

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            Como ya lo hemos dicho antes, en 1880 la hoy República de Panamá, formaba parte de Colombia pero gozaba de cierta autonomía. Entre los pobladores de la región de Panamá, siempre había existido el deseo de constituirse en República independiente. El istmo era paso obligado para toda clase de mercadería que procedía de Europa o de los puertos del Atlántico de Estados Unidos, con destino a los países del Pacífico, como el Perú.

 

            En la costa del Atlántico, tenía Panamá un puerto importante que era Colón y en el lado del Pacífico, al puerto de Panamá. Ambas localidades estaban unidas por un ferrocarril. El Perú utilizó mucho esta vía para el transporte de armas.

 

            Los colombianos en Panamá, tenían la mejor disposición para con el Perú, porque catalogaban a Chile como país agresor.  Sin embargo, debían de guardar las apariencias de la más estricta neutralidad.

 

            Chile que conocía ese estado de ánimo, envió a esa región un grupo activo de agentes que se mantenían muy vigilantes. Cuando sospechaban de una llegada de armas con destino al Perú, comunicaban por cable a su país, para que los barcos que mantenían el bloqueo de la costa norte, trataran de dar caza a los barcos de transporte. Pocas veces lograron éxito los chilenos, porque se utilizaron muchos veleros, que navegaban por rutas no conocidas, con patrones valerosos, en su mayoría extranjeros, pero que simpatizaban con la causa del Perú. Esos veleros llegaban algunas veces a las costas de Ecuador, porque a sus puertos venían consignados los embarques que luego hacían trasbordo o por tierra ingresaban al Perú. También llegaban los veleros a las caletas de Tumbes, a Máncora, Paita o Sechura.

 

            Los chilenos en Panamá, se vieron impotentes para impedir el pase de armas, por cuyo motivo, por intermedio de sus representantes consulares, acusaron abiertamente a Colombia de violar su neutralidad.

El problema de la “Enriqueta”

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            En mayo de 1880, estaba anclada frente al uerto de Panamá, la goleta ecuatoriana “Enriqueta” cuyo capitán era don N. Cabello.  El barco recogió un cargamento de armas con destino a Guayaquil.  Sin embargo los chilenos aseguraron que los bultos estaban destinados al Perú y que en alta mar se iba a hacer trasbordo.

 

            Era Cónsul de Chile en Panamá, Rivera Jofré, el cual planeó con dos agentes chilenos el abordaje de la “Enriqueta”. Estos individuos llamados Joaquín Hermida y Guillermo Whiting, convocaron a nueve marineros chilenos que desde hacía algún tiempo habían llegado a Panamá y aprovisionándolos de armas, se embarcaron  en el pailebote “Ramón” que había contratado y en la noche del 5 de mayo se dirigieron a la isla Taboga quedando al acecho de la  “Enriqueta”.

 

            La  goleta estaba navegando a 10 millas de la costa panameña, cuando a las  8 de la mañana del día 6, fue interceptada por el pailebote “Ramón”. La “Enriqueta” trató de escapar soltando todas sus velas para aprovechar el viento y así se mantuvo la persecución hasta la una de la tarde, en que el 2º capitán de la goleta don Liborio Mora comprendiendo que el perseguidor acortaba distancia y que además parte de su tripulación daba muestras de estar sobornada, decidió retornar a Panamá.

 

            A poco de realizada esta maniobra, la tripulación se sublevó y capturó al capitán Mora, amarrándolo. Un motín a bordo es una cosa muy grave que se sanciona en forma muy drástica.

 

            Las autoridades de Panamá supieron del motín y enviaron en una embarcación al mayor Carranza con fuerza armada, la que dio con la “Enriqueta” y “Ramón”, a los cuales redujo a la obediencia y los llevó a Panamá. Carranza había encontrado amarrados al 1er. capitán Cabello y a su segundo el capitán Mora.

 

            En Panamá, los chilenos Hermida y Whiting, fueron apresados y juzgados por piratería y a los tripulantes del “Enriqueta” por motín.  Los chilenos comprendieron que no podían hacer lo que querían en Colombia.

 

            Desde Tumbes, don Bartolomé Avalos, enviaba el 31 de mayo de 1880 una comunicación urgente al subprefecto de Paita  Miguel Manzanares, en los siguientes términos:

 

            “En estos momentos que son las 5.30 p.m. he tenido la satisfacción de recibir el estimable oficio de Ud. en el que me comunica la orden del Señor Prefecto, con motivo de la llegada de buques enemigos por esta agua.

 

            También he recibido comunicación oficial del Señor Coronel-Prefecto, relativa al mismo asunto, y en contestación, participo a Ud. que mañana zarparán dos embarcaciones menores rumbo al sur hasta la altura de Máncora y la otra rumbo al norte hasta el paralelo de Ballenita (Ecuador), con las instrucciones debidas  y las reservas del caso, y es posible que pasado mañana flete otro con bandera canaca con dirección al norte. El resultado se lo comunicaré oportunamente. Tengo a la vista un periódico que se publica en Guayaquil de fecha 22 de los corrientes, que dice que estando la goleta “Enriqueta” cargando armas con destino a Guayaquil, salió un buque con doce chilenos, con el objeto de abordarlas. Inmediatamente el  señor Ardilla al mando de la goleta, pidió auxilio al Inspector del Estado.  Salió este con 30 hombres y encontró a la tripulación de la “Enriqueta” sublevada y la apresó  inmediatamente. Luego apresó al buque atacante “Ramón” y a los chilenos que había en él, los  condujo a tierra y los tuvo en detención bajo la acusación de piratería, disponiendo se abriera el sumario  correspondiente. El Jefe expedicionario chileno expresó que no tenía intención de hacer el abordaje en aguas territoriales colombianas y que pensaba que había actuado en alta mar.

 

            No sé pues amigo, si tengan relación los buques que tratamos de salvar del peligro, con el “Enriqueta” al que le hago mención”.

 

            En efecto, todos los preparativos que se hacían eran para recibir las armas del “Enriqueta” que por el momento se frustraron.

 

            Los del “Ramón”  fueron juzgados por las Oficinas del Juzgado del Crimen de Panamá.

 

            Con anterioridad a estos hechos, el encargado del consulado peruano en Panamá don Víctor Dubarri, escribía al  Sub-prefecto de Paita, que la “Enriqueta” partía con tripulación colombiana remolcada por el vapor “Mendoza” y que apenas llegase a Paita con el armamento, se le dieran las facilidades  y auxilios necesarios para que la tripulación retornase a Panamá.

 

            Era el crucero “Amazonas” el que estaba al acecho de los barcos que transportaban armas. Por falta de pruebas los cargos de piratería fueron sobresellados, pero también la “Enriqueta” pudo salir semanas más tarde con su carga rumbo a Ecuador.

El cargamento del “Estrella”

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            La goleta colombiana “Estrella” salió de Panamá a mediados de mayo y el 2 de junio de 1880 desembarcaba armas en la bahía de Tumbes.

 

            En el mes de mayo, el subprefecto de Paita Miguel Manzanares, enviaba una comunicación urgente al Cónsul del Perú en Guayaquil, por intermedio del capitán Juan Canales, para que de inmediato despachara una embarcación que saliera al encuentro de la goleta “Estrella”, que venía con armas de Panamá a Paita, y le advirtiera de la presencia del crucero chileno “Amazonas” y otros barcos de guerra, en la costa norte.

 

            La comunicación fue recibida por el Cónsul el 17 de mayo, y de inmediato contrató a la lancha “Pachitea”, para que tripulada por el mismo capitán Canales y los dos soldados que lo acompañaban, todos vestidos de civil, fueran con otros marineros guayaquileños al encuentro del “Estrella” y lo previnieran del peligro. Los del “Pachitea” llegaron al puerto ecuatoriano de Ancón ubicado en los límites de Santa Elena, en donde fueron informados que la goleta se encontraba en esos momentos en la isla de Santa Clara, al sur de la isla Puná y que estaban sin novedad.

 

            El capitán Canales, hizo  conocer al capitán del “Estrella” que no debía avanzar hasta Máncora y menos a Paita, debiendo desembarcar el cargamento en Tumbes, cuyas autoridades ya estaban prevenidas.  Así se hizo con todo éxito.

 

            El coronel  Prefecto, dispuso que los capitanes Miguel Frías y A. Mesones, condujeran el valioso cargamento por tierra hasta Lima. Se trataba nada menos que 78 cajones con rifles, 560 cajones con municiones para rifles Peabody, 19 cajones con municiones para rifles Remington, 4 cajones con repuestos y 11 cajones con bayonetas. Todos destinados a la defensa de Lima, pues en esos momentos en el sur se desarrollaban las grandes batallas con el ejército chileno.

 

            Manzanares transmitía desde Paita diversas disposiciones a Bernardo Avalos, que en Tumbes las cumplía con gran diligencia.

 

            También a fines de mayo llegaba al Ecuador a bordo del barco portugués “Guadiana” un cargamento de armas que luego se trasbordó a Tumbes. El Cónsul de Chile en Panamá volvió a protestar por este hecho.

 

            En julio, el Sub-prefecto de Paita que se encontraba en la localidad de Tamarindo, vuelve a escribir a Avalos, para darle instrucciones sobre la recepción de un nuevo cargamento de armas que desde Panamá enviaba el Cónsul del Perú, Federico Larrañaga, al que cordialmente llamaban “el cojo”.

 

            Avalos en respuesta manifiesta que todo se tiene que hacer muy cordialmente y a la brevedad del tiempo, porque los barcos chilenos, sobre todo el crucero “Amazonas” incursiona en las afueras del golfo de Guayaquil.

 

            Era del  parecer de  Avalos que en cualquier caleta de la costa tumbesina se desembarcasen las armas y no sólo en la Caleta de la Cruz, para evitar la vigilancia de los chilenos sobre un punto. Se disponían ya de recuas de mulas, para tomarlas de la playa y de inmediato internarlas, pues pensaba que los chilenos podían desembarcar, para capturar las armas en tierra. De acuerdo al criterio de Avalos, San Pedro de los Incas era el lugar más aparente para  el desembarco.

 

            También comunicaba Avalos, que los chilenos residentes en Guayaquil se mostraban muy activos, posiblemente bien armados y con espías por todas partes, y que no titubearían en hacer una incursión armada a Tumbes, si tuvieran la certeza de que habían llegado armas a tal lugar.

 

            El 27 de julio, informaba Ávalos a Manzanares de que había llegado la balandra “Santa Lucía” con armamento y que el “Amazonas” se encontraba desde hacía cuatro días escondido en la isla de El Muerto, al norte de Tumbes.

 

Piérola declara a Grau héroe de 2da. categoría

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            Piérola instituyó al estilo de Francia, la Legión de Honor para premiar a las destacadas personalidades militares o civiles.  También creó el Gran Libro de la República, para inscribir en el mismo las acciones meritorias de los ciudadanos. Los primeros a los que se otorgó en forma póstuma la Gran Cruz de la Legión de Honor, fueron los héroes de Angamos. A Elías Aguirre y a Enrique Palacios se les otorgaron la Cruz de Acero de 1ra. Clase.  Para nuestro héroe máximo Miguel Grau, se le reservó la Cruz de Acero de 2da. Clase. No se sabe que razones habría tenido Piérola para tomar tal decisión que causó asombro y repudio en el corazón de todos los peruanos donde ocupaba Grau el primer lugar.  Por coincidencia, habíase producido también una grave desatención en el pago de la pensión de montepío a la viuda de Grau doña Dolores Cavero, que pasó momentos angustiosos de pobreza, que  se agravó con  la muerte de Ana Grau, el 18 de julio de 1880.

 

            Piérola nunca perdonó a Grau, el haber sido su opositor político, como posteriormente tampoco se lo perdonó a Melitón Carbajal.

 

            Cayó por lo tanto en la pequeñez moral de no reconocerle un mérito, que en cambio sí se lo reconocían todos los peruanos.

 

            La viuda del héroe  Dolores Cavero y sus ocho huérfanos, tuvieron que depender en mucho de la ayuda que les brindaban las hermanas de Grau, sobre todo Dolores Grau casada con el coronel jubilado Manuel María Gómez  que era su vecino.

 

            En determinadas oportunidades, su hermana María Luisa Cavero, casada con el marino chileno Oscar Viel y Toro, le hacía llegar por intermedio de los barcos ingleses alguna ayuda.

 

            María Luisa invitó a su hermana y sobrinos a que viajaran a Chile para que residieran en su suntuosa vivienda, pues los Viel eran muy ricos y elaboraban un vino que hasta ahora tiene fama internacional.

 

            Dolores Cavero, no obstante que estaba pasando muchas necesidades en Lima, no aceptó la invitación fraterna, porque creía que la viuda del héroe de Angamos no podía buscar refugio ni consuelo a su infortunio en tierra enemiga. Enfrentó por lo tanto su honorable pobreza con mucho estoicismo.

 

            A los pensionistas del estado en aquella época se les reconocía, el pago de su montepío en libras esterlinas, por haberse tomado a esa moneda como unidad de cambio, pero como no existían esas monedas en el Perú, se les pagaba en papel moneda que estaba totalmente desvalorizado.

 

            Oscar Viel, comandaba la corbeta chilena “Chacabuco”, era hijo de un prócer chileno y llego a ser almirante.

 

            Para mala suerte nuestra, lo tuvimos en 1880 dos veces en nuestra costa. La primera fue en marzo cuando incursionó en las islas de Lobos y la segunda vez, cuando integró la expedición de merodeo, del desalmado Patricio Lynch en setiembre. En las dos oportunidades hizo labores depredadoras.

 

            La Medalla de Acero de Primera Clase, se daba para premiar hazañas muy importantes llevadas a cabo ya sea por tierra o por mar. Al que se le otorgaba se le concedía una pensión vitalicia de 500 incas mensuales, en caso de estar vivo. Sólo cinco personas merecieron en criterio de Piérola ese galardón y entre ellos se contó al capitán de navío Elías Aguirre, segundo Comandante del "Huáscar" y también al teniente Enrique Palacios al cual por error se le supuso que tras de la muerte de Aguirre había tomado el Comando del legendario monitor.

 

            La Medalla de Acero de Segunda Clase, se otorgaba al mérito distinguido realizado en forma individual y daba derecho a una pensión mensual vitalicia de 300 incas. Le fue otorgada a cincuenta personas, entre ellos el contralmirante Miguel Grau y al teniente de marina José Gálvez que días antes había muerto en una acción entre lanchas peruanas y chilenas en la rada del Callao.

 

            La Medalla de Acero de Tercera Clase, se otorgaba a los que se les reconocían méritos distinguidos realizados en forma colectiva. Daba derecho a una pensión de 50 incas al mes. Le fue conferida a una gran cantidad de personas. Entre ellos se cuentan Melitón Carvajal, combatiente de Angamos, al coronel Isaac Recavarren defensor de Pisagua y al lado de estas personas de tanto mérito, se dio también sin ningún rubor,  a los marinos que habían acompañado a Piérola en la sublevación del "Huáscar" tres años antes, y que  frente a la bahía de Pacocha, enfrentaron a dos barcos de guerra ingleses. También se concedió esta medalla, a los oficiales y marinos de la corbeta "Unión" por la hazaña de haber roto el bloqueo de Arica, y en cambio a los Oficiales y marinos  del "Huáscar" se les  ignoró.

 

            Piérola en su encono hacia Grau, trataba de dar más mérito a la "Unión" rompiendo el bloqueo de Arica, que a toda la campaña del "Huáscar" bajo el  comando del Contralmirante.

 

            En el Libro de la República, que debía servir para perennizar los hechos gloriosos, el  primer  relato que se inscribió fue el Combate de Pacocha en el que tomó parte Piérola como revolucionario.  De esa forma el Dictador trataba de dar a su acción –valiente sin duda en ese entonces- contornos de heroicidad que en nada podían compararse a las del "Huáscar".

 

            El 28 de mayo, para dar un marco de mayor solemnidad a estas condecoraciones, Piérola daba un suntuoso banquete en el Hotel Francia. Cuando los invitados se retiraban al amanecer del día 29  vieron con asombro que los barcos chilenos que bloqueaban el Callao, se empavesaban y disparaban salvas de cañonazos. Estaban celebrando el triunfo del Alto de la Alianza  sobre las fuerzas aliadas de Perú y Bolivia. Los chilenos de la flota, se dieron cuenta que con la batalla del Alto de la Alianza, habían quedado destruidos los ejércitos  del Perú y Bolivia, y que ya nada se podía oponer a la invasión del Perú.

EL DECRETO DE PIEROLA.

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“NICOLÁS DE PIÉROLA.

Jefe Supremo de la República y Protector de la Raza Indígena.

 CONSIDERANDO:

1ero. Que la heroica resistencia del monitor de guerra Huáscar en Punta Angamos, el ocho de octubre último, es digna de conmemoración como gloriosa para la República;

2do. Que no habiendo vencido ni sucumbido dicha nave, aunque sí sus principales tripulantes, es necesario calificar el comportamiento de los que no quedaron en ella fuera de combate;

3ero. Que por falta de esta calificación no es posible apreciar en su verdadero valor el comportamiento de los que no sucumbieron en la lucha;

4to. Que es notoria, aunque en diverso grado merecedora, la conducta del comandante Miguel Grau y de los oficiales Elías Aguirre, Manuel Melitón Carvajal y Enrique Palacios, sucesores en el mando de la nave y que quedaron fuera de combate, los cuales, si han sido de otra manera recompensados, han merecido indudablemente pertenecer a la Legión de Mérito;

DECRETO:

Art. 1ero. Procédase a instruir el proceso relativo al combate y captura del monitor Huáscar en Punta Angamos y tan pronto como esté terminado, regístrese ese hecho en el gran libro de la República.

Art. 2do. Los retratos de Miguel Grau, Elías Aguirre y Enrique Palacios serán conservados en la sala de sesiones de la legión, condecorados, el primero con la Cruz de Acero de Segunda Clase y los dos últimos con la Primera.

Art. 3ero. Acuérdase la Cruz de Acero de Tercera al entonces capitán de fragata graduado Melitón Carvajal, que no pudo suceder en el mando al segundo Elías Aguirre, en razón de quedar inutilizado desde el principio del combate.

Art. 4to. Resérvese para el término del proceso sobre la pérdida del Huáscar lo relativo a los demás tripulantes.

El Secretario de Estado en el despacho de Marina queda encargado de la ejecución de este Decreto y de hacerlo publicar.

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima, a los veintiocho días del mes de mayo de 1880.

El Secretario de Marina. Manuel Villar”.

Reglamento Orgánico de Municipalidades

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            Piérola llegó al poder con un afán reformista que le distrajo tiempo y atención que debió concentrar única y exclusivamente en la defensa nacional.

 

            Al Estatuto Provisorio dado a los pocos días de asumir la dictadura, agregó el Reglamento Orgánico Municipal, dado el 23 de marzo de 1880.  De acuerdo al mismo se celebraron elecciones para renovar los municipios el 6 de abril en  el departamento y en mayor se estaban posesionando de la administración municipal el nuevo personal.

 

            Resultó, sin embargo, que al aplicarse el Reglamento Orgánico, muchos de los regidores elegidos, tuvieron que renunciar por razones de parentesco ya que había incompatibilidad de que sirvieran en un mismo Municipio los parientes hasta el 4to. Grado consanguíneos y hasta el segundo grado afines.

 

            En los pueblos pequeños muchos de sus habitantes se encontraban sujetos a entroncamientos  familiares y por lo tanto fueron muchas las obligadas renuncias que tuvieron que producirse.

 

            Como por otra parte no se había precisado con claridad como se llenarían estas vacantes, el resultado fue que muchos municipios piuranos quedaron sin el número requerido para poder funcionar con normalidad, y entraron en un período de inactividad, hasta que en marzo de 1881, que se instalaban los Municipios con el personal que tenía en 1879.

La acción de los Ángeles

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            Anteriormente, nos hemos referido a que el ejército chileno de 14 800 hombres con 16 piezas de artillería y buena caballería había desembarcado en el puerto moqueguano de Pacocha con toda tranquilidad entre los días 17 y 24 de febrero de 1880. También hemos hecho conocer que el 12 de marzo, fue enviado cómodamente por tren el general chileno Baquedano, con 5 000  hombres para tomar la ciudad de Moquegua.

 

            El objetivo final de la fuerza expedicionaria chilena era atacar al  ejército peruano-boliviano que al mando del general Campero de Bolivia y el contralmirante Montero se encontraban en Tacna. Quería sin embargo el enemigo, destruir la pequeña fuerza de 1 200 soldados  peruanos  que a las órdenes del anciano coronel Andrés Gamarra estaban en Moquegua, pues no deseaban dejar fuerzas peruanas  en la retaguardia, más aún cuando en Arequipa, había una fuerza de 2 500 hombres al mando del coronel Leiva.  Cuando los chilenos tuvieron que continuar la marcha a pie, se produjeron desórdenes a causa de la fatiga y la sed, pero nadie los atacó. Si en esos momentos fuerzas peruanas les hubieran salido al encuentro, seguramente hubieran logrado un buen triunfo.

 

            El coronel peruano Gamarra, creyó prudente retirarse a las alturas llamadas  los Ángeles que se suponían fáciles de defender. Sin embargo, Baquedano tras de estudiar minuciosamente el terreno logró dar con un punto accesible y por él atacó en la noche del 21 de marzo, mientras que la artillería sometía a intenso fuego a los peruanos que estaban en las alturas. Los peruanos tuvieron que replegarse hacia Torata en donde volvieron a atrincherarse, pero los chilenos no los persiguieron. Los muertos peruanos llegaron a 30 y los heridos a 70, mientras que los chilenos tuvieron más de 100 muertos pero quedaron dueños del campo de batalla. Posesionados los chilenos de toda la zona de Moquegua, los peruanos de Tacna quedaron aislados.

Nueva carta de Montero a Piérola

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            Estando así las cosas, el 2 de abril el contralmirante Montero le envía nueva carta al Dictador Piérola en demanda de auxilios. Decía el contralmirante:

 

            “El enemigo, después de haber tomado el departamento de Moquegua, porque sus defensores desde que quedaron segregados de mi autoridad, sólo han pensado sin duda, en retirarse a Arequipa, ha dado como debe Ud. de suponer los resultados más adversos para nosotros: el enemigo ha ocupado los Ángeles y ha tomado como mil reses, lo que unido a otras ventajas logradas, constituye la base segura para sus operaciones, que no ha tardado  en  emprenderlas, fijando su línea de aquel punto a la costa”.

 

            Luego dice Montero que ha perdido toda esperanza de recibir auxilios de Arequipa en vista del pronunciamiento del Prefecto de Arequipa, de lo que envía copia. Acusa a esa autoridad de haber hecho regresar 400 000 pesos que Lima destinaba a los soldados del ejército del sur, no obstante que estaban en la mayor miseria y hambre y que se requieren de urgencia 200 000 pesos para devolver al ejército de Bolivia que se los había prestado. Le hacía conocer a Piérola que estaba concentrando sus fuerzas en Tacna, donde pensaba se iba a realizar una batalla, que de contar con el concurso de las fuerzas de Arequipa, podría ser favorable.

Bloqueo del Callao

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            El almirante chileno Galvarino Riveros, se presentó al amanecer del 10 de abril de 1880 ante la rada del Callao con toda su escuadra.

 

            La flota enemiga estaba compuesta por el acorazado “Blanco Encalada”, el “Loa”, “Angamos”, “O’Higgins”, “Matías Causiño” y las lanchas torpederas “Janequeo”y “Gualconda”. También integraban la flota los ex-barcos peruanos "Huáscar" y “Pilcomayo”.  De esta manera los chalacos pasaron por el doloroso trance de contemplar  al glorioso monitor con la bandera chilena.

 

            El Callao estaba defendido por un sistema de baterías, algunas que databan del  año 1866. Eran 51 cañones, de los cuales 2 eran de a   1 000 con ánima lisa, 2 de 500; 8 de 300 y 2 de 110.  El resto eran 28 cañones de sólo 32 libras y 9 de diverso calibre.  Se dio plazo hasta el 20 de abril para que los barcos neutrales salieran y retirasen sus mercaderías y en fin hicieran todo lo que tuvieran pendiente.

 

            El día 22 inició los fuegos el monitor "Huáscar", hasta en eso fueron mal intencionados los chilenos. Le siguieron la “Pilcomayo” (ex.peruana). y el “Angamos”.  Contestaron las baterías de tierra, la corbeta "Unión" y el monitor “Atahualpa” que al igual que el “Manco Cápac”  que estaba en Arica era un pontón flotante.  Por varios días el duelo de artillería continuó sin resultados.

 

            Piérola hizo cambios en la escuadra. El capitán de navío Juan Raygada, se hizo cargo del monitor “Atahualpa”, con el capitán de corbeta Pedro Garezón como su segundo. Este había sido el último comandante del "Huáscar". El capitán de navío Lino de la Barrera, tomó el comando del “Rímac”, el barco capturado por Grau. El capitán de corbeta Hipólito Cáceres pasó a comandar al “Chalaco”. La fragata “Apurímac” fue encargada al capitán Gregorio Miró Quesada.

            En la rada del Callao estaban los siguientes barcos extranjeros:  el blindado francés “Victorieuse” al mando del almirante Petit Thouars  con la cañonera “Degrés”. La fragata blindada italiana “Garibaldi”, el blindado norteamericano “Alaska”, el blindado inglés “Shanon” y las cañoneras alemanas “Hansa” y “Freya”.

 

            Cuando la flota enemiga fue reforzada por el crucero “Amazonas”, pudieron el 10 de mayo volver a bombardear al Callao.  El 24 de mayo se produjo un encuentro entre las lanchas artilladas “Independencia” del Perú mandada por el teniente 2º José Gálvez, con la chilena “Janequeo”. Gálvez hizo explotar una carga de pólvora cuando estaban las dos lanchas cerca y las dos se hundieron.  Entre los muertos figuraban Gálvez y el estudiante de medicina Sebastián Ugarte.

            El 3 de julio de 1880 fue hundido el barco chileno “Loa” con un torpedo preparado por el ingeniero peruano  Manuel José Cuadros.

El  13 de setiembre con otro torpedo hundieron frente a Chancay, a la “Covadonga”. Barco que en el combate de Iquique enfrentó al acorazado peruano “La Independencia”, como represalia el “Cochrane” bombardeó e incendió Chorrillos, el “Blanco” hizo lo mismo con Ancón y la “Pilcomayo” con Chancay.

Piérola y la casa Dreyfus

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            El presidente Prado había enviado a París como representantes del gobierno a don Juan Goyeneche y a don Francisco Rosas, para negociar nuevos contratos con el guano y comprar armas.

 

            A fines de diciembre de 1879, los comisionados  estaban ya para culminar un ventajoso contrato con la Sociedad Crédito Industrial de París. En los momentos en que el legítimo gobierno del general La Puerta se tambaleaba, el ministro Quimper telegrafió para que se hiciera el contrato y fue suscrito, de tal manera que cuando Piérola tomó el poder y envió un cable a París ordenando suspender toda gestión ya había llegado tarde. Sin embargo, Piérola se negó a reconocer el contrato y al mismo que eso hacía;  el 20 de febrero de 1880 disponía que a Rosas y Goyeneche se les iniciara juicio.

 

            Piérola se consideró entonces libre para tratar con quien quisiera. En 1869 cuando el Dictador era Ministro de Hacienda de Balta, suscribió acuerdos con los hermanos Dreyfus que habían sido unos modestos mercachifles afincados en Lima. Bien pronto los judíos franceses se enriquecieron fabulosamente. En el Perú el nombre de  Dreyfus era odiado y se le culpaba de la bancarrota que sobrevino en época de don Manuel Pardo.  Los grupos financieros de Europa eran de igual criterio.

 

            Nada de eso importó a Piérola. El 7 de junio de 1880, cuando Bolognesi y los suyos se sacrificaban en Arica, el Dictador suscribía con la Dreyfus un lesivo contrato de acuerdo al cual se les  reconocía a esos financistas, como adeudos del Estado Peruano, una suma mucho mayor que la que habían venido reclamando años anteriores.  De esa forma el 7 de junio, una doble desgracia cayó sobre el Perú.

Decreto contra Prado y otros

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            En forma inoportuna por decir lo menos, pero poniendo de manifiesto ensañamiento político, Piérola dictó terribles decretos contra el ex-presidente Prado y varios militares.

 

“Nicolás de Piérola, Jefe Supremo de la República.

 

CONSIDERANDO:

 

Que la ignominiosa conducta del ex –presidente General Mariano I. Prado durante la campaña con Chile, terminada con su vergonzosa deserción y fuga, sólo puede tener por condigna pena la reprobación universal, ni la República, ni su ejército pueden consentir en que continúe gozando por más tiempo del valioso título de ciudadano y General del Perú.

 

En uso de las excepcionales facultades de que estoy investido y con el voto del Consejo de Secretarios de Estado;

 

DECRETO:

 

Artículo Único.- Don Mariano I. Prado queda privado para en adelante del título, y los derechos de ciudadano del Perú y condenado a la degradación pública tan pronto como pueda ser habido.

 

El Secretario de Estado por el despacho de Guerra queda encargado de la ejecución del presente decreto.

 

Dado en la Casa de Gobierno, en Lima a los 22 días del mes de mayo de 1880.

 

Nicolás de Piérola.             

 El Secretario de Guerra, Miguel Iglesias.”

 

            Bien pronto Piérola incurriría en acciones que pudo un adversario político darle el mismo calificativo que hoy daba a Prado. Lo mismo podría decirse del coronel-hacendado Iglesias, que para muchos fue un traidor por los tratos que tuvo con los chilenos previos al tratado de Ancón.

 

            Piérola expidió otros terribles decretos como aquellos que borraban del escalafón, y separados a perpetuidad del ejército por cobardes e indignos de pertenecer a él, a los coroneles Manuel Velarde, Manuel Antonio Prado y Manuel E. Mori Ortiz.

 

            Todos estos documentos llegaron a manos del almirante Lizardo Montero, Jefe del Ejército del Sur, en la noche del 25 de mayo, creando un gran desconcierto en este Jefe, que de inmediato convocó a una Junta de Oficiales Generales.

 

            En esos momentos, el ejército chileno se encontraba frente al peruano y listo para entrar en combate.

 

            El ex–presidente Prado había sido apreciado por el Ejército del Sur, porque había vivido entre los soldados las horas dolorosas de los primeros desastres y había mostrado interés en la suerte de esos combatientes, cosa que Piérola no hizo.  Por otro lado el coronel Velarde era Jefe de Estado Mayor y no se le podía cambiar horas antes de la batalla. El coronel Manuel Antonio Prado, era Jefe del Batallón Ayacucho, y más que todo primó en Piérola la circunstancia de ser hermano del ex–presidente.

 

            La Junta de Oficiales resolvió no obedecer las órdenes del Jefe Supremo sino después de la batalla, pero ya el coronel Prado con el espíritu conturbado había dejado el campamento y no se supo dónde se dirigió. El almirante Montero resolvió asumir la responsabilidad de la desobediencia. Otro motivo que hacía odioso el Decreto de Piérola contra los hermanos Prado, era que en el Ejército del Sur, prestaban servicios los capitanes  Grocio y Leoncio, hijos del ex –presidente, los que a su vez querían mucho a su tío Manuel que los había formado militarmente.  Estos jóvenes oficiales eran muy apreciados por Montero y los demás jefes y Grocio murió heroicamente al día siguiente en el campo de batalla y años más tarde el coronel Leoncio Prado, escribiría una página de gloria en la batalla de Huamachuco, contra el invasor.

 

            Otro problema que tuvo que enfrentar Montero en esa hora crucial, fue de que el general Narciso Campero que días atrás había asumido el comando del Ejército  aliado peruano-boliviano por ser Presidente de Bolivia y estipular el acuerdo que estando presente uno de los mandatarios aliados, a ese le tocaría el mando; comunicó a Montero que dejaba dicho mando en manos del marino peruano en vista de que la Asamblea reunida en La Paz, había resuelto agradecer su gestión como Presidente Provisorio. Montero y los jefes aliados tanto peruanos como bolivianos resolvieron seguir reconociendo a Campero como supremo jefe porque no se había recibido nada oficial de Bolivia.

 

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