Capítulo VIII

VIII CAPITULO

 

LYNCH  ATACA PAITA

 

 

Ø      Se proyecta la expedición de merodeo

Ø      Lynch relata el  ataque a Paita

Ø      La versión de Urizar Garfias

Ø      La narración de un médico chileno

Ø      Relato de un paiteño sobre la toma del puerto.

Ø      Parte oficial del prefecto

Ø      La fuga de presos

Ø      Reclaman por captura del “Isluga

Ø      Certificaciones del cónsul Blacker

Ø      Proclamas del alcalde de Piura

Ø      Pánico en Sullana

Ø      El concuñado de Grau

Ø      Nombramientos en Piura

 

 

Se proyecta la expedición de merodeo

ARRIBA

            El presidente de Chile, Aníbal Pinto, deseaba terminar la guerra con las acciones victoriosas de sus ejércitos en Tacna y  en Arica, y quería evitar se iniciara la campaña sobre Lima, que deseaban el ejército por una parte y el ensoberbecido pueblo chileno que era azuzado por una prensa vociferante y ávida de sangre.

 

            Alentaban las  esperanzas  del mandatario sureño, los buenos oficios de los Estados Unidos por medio de sus embajadores, pero las pretensiones chilenas eran exorbitantes.  Se planteaba la entrega a perpetuidad de la provincia de Tarapacá, el pago de una alta indemnización de guerra, ocupación militar de Tacna, Arica y Moquegua, entrega de la escuadra y otras demandas que el Perú no pudo  aceptar.

 

            Como los chilenos  eran dueños del mar, se pensó enviar al litoral norte del Perú en donde había ricos valles azucareros y algodoneros, una expedición marítima que ellos mismos llamaron de merodeo, destinada   a  labores de ablandamiento, lo cual se lograría imponiendo fuertes contribuciones de guerra a los pueblos y destruyendo en forma sistemática  todas sus industrias, para sumergir al Perú en un mayor colapso económico.    Algunos pensaban que con eso, el Perú se vería obligado a aceptar la paz.

 

            Como jefe de esta expedición, se puso al almirante Patricio  Lynch, al que los mismos chilenos llamaban el “Príncipe Rojo” por sanguinario.  Hasta ese momento  este marino se mantenía en una semi-oscuridad y confundido entre  el montón.  Fue el oficial que acompañó a nuestro enviado especial Lavalle a embarcarse en Valparaíso.

 

            Las fuerzas que componían la expedición de merodeo eran: el Batallón Talca con 550 hombres al mando del teniente  general Silvestre Urizar Garfias; el Batallón Colchagua también con 550 hombres bajo comando del teniente  coronel Manuel J. Soffía,   El Regimiento Buin con 800   hombres al mando del teniente coronel Juan León García; 100 granaderos y 100  cazadores a caballo al mando del comandante Francisco Muñoz Besada, tres cañones Krupp bajo dirección del capitán Contreras.    Una sección de ingenieros al mando del teniente coronel Federico Stuvan, hombre que mostró instintos cavernarios  e incendiarios.

 

            El 4 de setiembre estos expedicionarios zarparon de Arica en los barcos “Itata”, “Copiapó”    y la “Chacabuco”, esta última a partir de Mollendo.

 

            El día 10 de setiembre de 1880 llegaron a Chimbote a las 8 de la mañana, donde desembarcaron, dirigiéndose de inmediato a la hacienda “Palo Seco” en donde había el ingenio azucarero más moderno de la América del Sur de propiedad de Dionisio Derteano,   que por entonces, se encontraba en Lima donde habitualmente residía. Los chilenos le impusieron un cupo de 100 000 pesos, suma que sin duda era  exorbitante.

 

            Derteano hijo, telegrafió a su padre pidiendo autorización para entregar el dinero, pero Piérola había dado un decreto por el cual se consideraba  traidor a la Patria, a todo aquel que accedía entregar contribuciones a los chilenos, con pena de confiscación de sus bienes.  Los Derteano se encontraban entre  la espada y la pared.  Entonces Lynch robó y trasladó  a sus barcos  todos los objetos de valor que existían en las magníficas casas-hacienda de los Derteano.  Luego el ingeniero Stuve puso cargas de dinamita a  las máquinas destruyéndolas totalmente.  Se prendió fuego a las lujosas casas-hacienda de los propietarios y a los magníficos y extensos campos de cultivo.    Los chilenos se hicieron ayudar por 400 peones chinos que colaboraron con  agrado en la tarea de destrucción. Desde entonces los chinos que se  encontraban en territorio nacional se convirtieron en aliados de los chilenos.

            En pocas horas, las magníficas propiedades de los Derteano quedaron      convertidas en cenizas.  Hay que hacer hincapié, en que este personaje fue uno de los que se negaron a que en 1879, el Congreso aprobase leyes creando contribuciones  extraordinarias de guerra, alegando que la industria se encontraba en esos momentos en difícil situación, lo cual motivó una réplica airada del diputado Carlos M. Elías que gritó:  Acaso los peruanos seamos o  o no productores de azúcar  ¿preferimos pagar impuestos para  el Perú,   o en   caso de una desgraciada derrota pagar cupos en beneficio de Chile?

 

            Para completar su obra de destrucción en Chimbote, Lynch ordenó se quemara  la Aduana. 

            El  1 3   de setiembre llegó la “O’Higgins” portando pedidos de los representantes diplomáticos de Francia,   Inglaterra o  Italia, para que suspendiera la expedición de merodeo porque se habían iniciado las  conversaciones para lograr la paz.

 

            Lynch no prestó ninguna atención al pedido y más bien envió a la “Chacabuco” y  la “O’Higgins” con el Batallón Buin a Supe.  Con cargas de dinamita destruyeron las máquinas de las haciendas vecinas, así como los edificios de fierro, prendiendo luego fuego a las casas, tiendas y bodegas.  Como no pudieron embarcar 500 ovejas, las embarcaron rápidamente cuando tuvieron noticias de que tropas peruanas de caballería procedentes de Huacho se acercaban.  En Supe y alrededores habían estado dos días; el 14 y el 15, pero antes de embarcarse dinamitaron las locomotoras y carros del ferrocarril.

 

          El día 13 cuando los chilenos culminaban la destrucción de las haciendas de Derteano, el famoso barco chileno la “Covadonga” era echado a pique por un torpedo frente a Chancay, población a la que sistemáticamente hostilizaba.  En el hundimiento murieron 161 marinos chilenos, lo cual enfureció más a Lynch.

 

            El 16  Lynch y su flotilla de merodeadores partieron al norte rumbo a Paita.

 

 

 

Lynch relata el ataque a Paita

ARRIBA

 

            Damos en primer término la versión del mismo depredador Patricio Lynch, tomadas de sus Memorias por Miguel A. Seminario.  Dice el chileno:

 

            Continuamos la marcha interrumpida y tocamos el día 18 de setiembre en la Isla Lobos de Afuera, para destruir allí  elementos de carguío de huano (sic) que aún restaban y para esperar en ese lugar una hora oportuna de salida que nos permitiera arribar al puerto de Payta en la madrugada del día siguiente.

 

            Tal como en Chimbote, nuestras fuerzas desembarcaron en ese puerto en el mayor orden y sin que se nos opusiera resistencia alguna.

 

            Por haber huido las autoridades locales y no encontrando con quien entenderme para el pago de la modesta suma de 10,000 soles  en plata que deseaba imponer como contribución de guerra a la población, nombré una Comisión Municipal Provisoria compuesta de sus vecinos más honorables, la cual debió asumir la representación local.

 

            Como me expusiera esa comisión de que la población de Payta no estaba dispuesta a atender a mi requerimiento, por temor al castigo que pudiera imponer el Supremo Dictador del Perú, ordené incendiar y arrasar las valiosas propiedades de la Prefectura  (se refiere Lynch sin duda a la Gobernación), de la Aduana, de estación y maestranza del Ferrocarril que conduce al interior en dirección a Piura.

 Por humanidad y en atención a que igual castigo impuesto a algunas propiedades particulares habría comprometido a todas la población construida de caña y paja en su mayor parte y distribuida en calles muy estrechas, no fuimos más allá en el rigor de la guerra, con que pude haber tratado a esa pobre población.

 

            Antes de que se procediera a la destrucción de la Aduana, la Comisión Municipal se hizo cargo de todas las mercaderías  que contenían sus almacenes, por pertenecer ellas a comerciantes extranjeros.

 

            Mientras se castigaba al pueblo de Payta, me puse en marcha con la infantería hacia el  interior en seguimiento del material rodante del ferrocarril para destruirlo lo cual pudo efectuarse en parte, en la estación de la Huaca a 30 kms de la mar.

 

            De vuelta a Payta esperamos la llegada del vapor “Pizarro” que sospechábamos traía armas al Perú desde Panamá.  No trajo nada.  De ahí nos retiramos a Lobos de Tierra y con el mismo fin estuvimos en Lobos de Afuera.  Luego nos trasladamos a Eten. 

 

            Este informe lo hizo Lynch desde el “Itata”.

 

 

La versión de Urizar Garfias

ARRIBA

 

            El teniente coronel Silvestre Urizar Garfias, jefe del Regimiento “Talca”, daba su versión del desembarco a Paita el 26 de octubre, cuando se encontraba con la escuadra frente a Pacasmayo.  Expresa:

 

            El 19 de setiembre fondeamos en Paita ( con el “Itata”).  Allí recibí orden de desembarcar tres compañías.  Durante nuestra permanencia en tierra, la tropa estuvo ocupada en el embarque de pacas de algodón y zurrones de cascarilla.

 

            La Segunda Compañía fue designada por V.S. para permanecer en tierra hasta que fuera destruido el edificio de la aduana, como así mismo los galpones de dicha estación, etc.   En la tarde del 22 embarcó dicha Compañía.  En la mañana del 23 recibí orden de V.S. para enviar a Lobos de Tierra a un oficial y 12 soldados los que regresaron a bordo una vez desempeñada la comisión que Ud. les confiara.

 

Urízar Garfiasa murió  el 22 de febrero de 1882 en el curso de acciones  desarrolladas en las sierras del departamento de La Libertad.

 

 

Narración del médico naval chileno

ARRIBA

 

            Clotario Salamanca, médico naval de la expedición llevaba un diario de la travesía.   Estando el 25 de setiembre a bordo del barco “Copiapó” frente a la caleta de Malabrigo en el departamento de la Libertad, se ocupaba del desembarco de  Lynch en Paita.  Esta narración fue publicada en el diario “Ferrocarril”  de Santiago de  Chile.

 

            El relato del médico Salamanca es el siguiente:

 

            A las 11.30  de la mañana del día 18 (de setiembre), llegamos a las islas de Lobos de Afuera y la “Chacabuco” se dirigió al fondeadero y después rodeó la isla.  Dos o tres botes se echaron al agua.  Por la parte norte de la isla, se distinguió un vaporcito  de vela, que conforme nos divisó se hizo a la mar afuera y el “Itata” salió en su persecución.  Resultó ser el “Isluga”, que ha remolcado a varios buques que han traído armas al Perú.

 

            En el vapor que detuvo la “Chacabuco” a la salida de Chimbote, se encontraron 300 mil pesos en estampillas y 10 millones en billetes peruanos de nueva emisión.

 

            El gran día de la Patria (Chile celebra el 18 de setiembre el día de la Independencia), sólo se distinguió para nosotros, en que los buques se empavesaron y las bandas hicieron algunas tocatas, pero nada más, a causa de que las provisiones de los transportes estaban ya muy exhaustas.

 

            A las 7 a.m. del 19 llegamos a Payta.  Se  desembarcó a sólo tres Compañías del “Talca” que se alojaron en la estación del ferrocarril; y la caballería.  La bahía bastante abierta, es muy tranquila y parece una laguna.

 

            La población está situada en un plano extenso y rodeada por un hemisferio de cerros bajos y áridos.  El pueblo es miserable y sucio, formando ranchos hechos de caña y paja sin ninguna simetría y haciendo callejuelas estrechas y cortas, diagonales o en zig-zag que no se entienden.

 

            En medio de ese cúmulo raro de ranchos y casas desplomadas, se destaca uno que otro edificio regular.  Existen dos iglesias con techos de paja.  Los únicos dos edificios  que merecen llamar la atención, son los de la aduana;  uno en donde están las oficinas de los distintos empleados, de madera y  el otro que sirve de bodega que es de fierro y con techo de zinc. Tiene 19 metros de frente por 20 de fondo, circulares de dos pisos, de construcción moderna y elegante.   El edificio de las oficinas tiene en su centro una torre circular, elevada y bonita, donde se colocó la bandera chilena.

 

             A  las 6 p.m. salió la caballería al interior con el Jefe de la Expedición, Secretario y Ayudante, a un punto que está a ocho leguas, donde está el terminal del ferrocarril y el lugar de donde traen agua para la población (Nota: el terminal del ferrocarril en esa época era Sullana, pero a Paita llevaban agua desde el Arenal).

 

            El tren se divisó, pero al tener noticias de nuestra llegada, se volvió.  El pueblo de Payta por esta causa ha sufrido escasés de agua.  La distancia de este pueblo a Piura, población importante y de muchos recursos, es de 17 leguas, de un camino de desierto, pesado y arenoso.

 

            Se han encontrado documentos importantes que comprometen a algunos buques de la bahía, con respecto al  desembarco de armas en las costas enemigas.

 

            Se ha principiado a embarcar unos 400 sacos de algodón de valor de 25 pesos cada uno y muchos  zurrones de quina, de valor de 125   cada cual.

 

            De las familias, unas se han internado y otras están a  bordo de los buques neutrales.

 

            A las 7 a.m. del día 21, llegó la caballería del interior.  Anduvieron la mitad del camino férreo hasta un punto llamado La Huaca y se  volvieron sin hacer nada notable.

 

            Sólo quemaron unos cuantos carros, bodegas y carga.  No alcanzaron a llegar a las máquinas que estaban a tres leguas de distancia.

 

            En la aduana se encontraron muchos cajones de cerveza, de jerez, géneros para ropa de tropa, marinos, etc.

 

            El cónsul inglés Mr. Blacker, sacó las mercaderías pertenecientes a los neutrales y de las demás, no se dio a nadie ni una sardina.  Las mercaderías pertenecientes a peruanos fueron entregadas al Cónsul, como un regalo para que los  repartiera al pueblo.

 

 

Relato de un paiteño sobre la toma del puerto

ARRIBA

 

            Un paiteño hizo un relato bastante pormenorizado de la toma del puerto por Lynch y la envió al director del diario “El Nacional” de Lima, que la publicó.  Decía:

 

            A las 7 de la mañana del día  19, fondearon los buques enemigos “Itata”, “Copiapó” y “Chacabuco”.  El “Itata” lo hizo bien cerca de tierra.  Cuando en tierra se esperaba a un parlamentario a exponer sus pretensiones, vieron que en lugar de una embarcación, fueron muchas las que se dirigieron a tierra, llenas de tropa armada.

 

            Desembarcaron por el muelle de la estación del ferrocarril y tomaron posesión de dicha estación.  Se calculan en 300  hombres los infantes que desembarcaron.  A estos siguieron 200 hombres de caballería y sus respectivos caballos.

 

            Tomaron como cuartel la estación y la aduana.  Se cree que en los barcos había unos 2,000   hombres más.

 

            El jefe de esta expedición fue don Patricio  Lynch y como Jefe de Estado Mayor el Comandante Scrupe, inglés, un ingeniero español, un Mayor  algo burdo apellidado  Silva, algunos oficiales más y entre ellos varios extranjeros y el Secretario del Jefe, se dirigieron a la casa  del Cónsul de los Países Bajos, a donde llegó poco después el cónsul inglés señor Blacker.

 

            En esta casa, el Jefe hizo redactar a su Secretario, un oficio dirigido al señor Blacker cónsul inglés, en el que se le avisaba que quedaba nombrado Presidente de una Junta Municipal, compuesta por él,  su hijo A.C. Blacker, don Jorge Hoodhaos (inglés) y don Juan Bofia (italiano).

 

            Según entendemos, el señor Silva fue encargado de funcionar como Jefe Militar del puerto.

 

            En la tarde del 19, el Jefe Lynch, tomó el camino al río Chira con los 250 caballos que desembarcaron.

 

            Ausente Lynch, Silva empezó a funcionar de escoba y trataba de barrer con cuanto sus ojos veían.

 

            En la playa, muelle y estación del ferrocarril habían pacas de algodón y   zurrones de cascarilla, para ser embarcados en el vapor, que el 20 pasó para Panamá y en la estación unos sacos de arroz para ser conducidos al sur.  Arrasó con  todo esto y lo envió a bordo.

 

            Pidió las llaves del Club Social Liberal y estableció una guardia en el escritorio y bodegas de los señores Manuel y Pedro León y averiguaba cuales eran las bodegas de las demás casas, cuando regresó el Coronel Lynch, quien le ordenó devolver las llaves del Club y retirar la guardia de las casas de los señores León.

 

            Lynch con su caballería expedicionó hasta La Huaca, por este lado del río y por la otra orilla hasta unos terrenos que posee o arrienda un señor Zavala.

 

            Dijo en Paita que se había regresado espantado por la pobreza de los lugares que había recorrido.

 

            La destrucción de los sembríos de algunos infelices para mantener a sus caballos y la deserción de dos soldados de la fuerza que le obedecía, fue todo el provecho que sacó.

 

            Pero como era necesario dejar huella de su pasaje por esos lugares, hiso incendiar en La Huaca la estación del ferrocarril, tres carros, un coche de segunda, cinco bodegas cargadas con pacas de algodón, propiedad de nacionales y neutrales.

 

            En el Arenal, la casa de un infeliz  al pie de la estación fue incendiada y en Colán una bodega.

 

            Olvidaba que Silva envió el 20 a bordo un bote del resguardo que estaba en tierra, otro que estaba en el agua, y el de la capitanía; y el 19 una de sus primeras operaciones fue la de apropiarse de una lancha de propiedad de un señor Geige de nacionalidad norteamericana, que se hallaba en el puerto haciendo algunas reparaciones.  Tan luego pusieron la lancha en cubierta del barco chileno, arriaron el pabellón norteamericano y lo reemplazaron por el chileno.

 

            Poco después a la llegada de Lynch, dieron fuego a la estación del ferrocarril de este puerto y quemaron también seis carros, un coche de primera por armar y una plataforma de carro.

 

            El mismo día, de 5 de la tarde a 6 y 30 p.m. hicieron once disparos de dinamita en el interior del almacén de la aduana, con el fin de reventar las columnas que sostenían el techo.   Las cuatro centrales, dos de las que separan el gran almacén del peristilo y una de las paredes que hace espalda, fueron trozadas por su base, pero sin lograrse el objeto de destruirlas.  En los intervalos de uno y otro disparo, entraban soldados a sacar cajones de licores y otras mercaderías que conducían a sus botes, inmediatamente a bordo.

 

            En el interior del edificio, de la Oficina de Aduana, se oyeron dos disparos, que supimos después se hicieron con el objeto de abrir dos cajas de fierro de la contaduría.

 

            Antes de incendiar el edificio principal, propusieron no hacer más daños, si se les entregaban 10,000 soles de plata.

 

            Este edificio consta de cuatro cuerpos: el principal descansaba sobre un plano de 50 varas de frente por otras tantas de fondo, lo rodeaba una preciosa verja de hierro que dejaba entre el edificio y la verja un corredor de tres varas de ancho embaldosado.

 

            En este primer cuerpo se encontraban las oficinas siguientes:  Capitanía de Puerto, Sub-prefectura, Vista de Aduana, Administración, Contaduría, Oficina de Correos, Archivo de Aduana y Resguardo.

 

            El segundo cuerpo constaba de cuatro departamentos, para alojamiento de los principales empleados de la aduana.

 

            El tercero, contenía un magnífico reloj de torre.  Este tercer cuerpo estaba cubierto por una cúpula, de cuyo centro salía el cuarto cuerpo, que era una  torre redonda, cubierta por otra cúpula, dominada por un perillón de fierro de cuyo  centro partía un asta para bandera.  (De acuerdo a este relato, la aduana tenía 4 pisos).

 

            Toda la parte exterior del edificio era de hierro, y de todos los cuerpos que constaba, inclusive la torre, se encontraban circundados por corredores, con sus respectivas verjas de hierro.

 

            El número de puertas y ventana que daban al exterior eran muchas.  Los compartimientos interiores eran de madera, así como el piso principal, y los entrepisos.

 

            Todas las oficinas y habitaciones estaban empapeladas y perfectamente amuebladas.

 

            Se supone que regaron con  kerosene, para que el incendio se propagase, y no hay por qué  dudarlo, pues en la estación del ferrocarril, lo que no ha  sido consumido por las llamas, se ha encontrado humedecido por ese líquido.

 

            Para que el efecto del incendio correspondiera a la saña de sus autores, esperaron la noche, para llevarlo a cabo.  Serían las 7 y 30 p.m. cuando empezó a iluminarse el interior del edificio.

 

            A las 8 y 30 p.m. sus innumerables puertas y ventanas vomitaban inmensas lenguas de fuego.

 

            La actitud y la abnegación de cortar el incendio, probó bien a los reivindicadores, que si en lugar de baldes hubieran tenido rifles Peabody, no hubiera sido al incendio a lo que ellos hubieran combatido.

 

            Serían las 9 de la noche cuando desapareció la torre central y superior del edificio (bien lo mereció, pues ella flameó durante 48 horas el pabellón chileno).

 

            Pero el vacío que dejó la torre al desplomarse, apareció una columna de fuego, que parecía subir al cielo.

            Como todo el exterior del edificio era de fierro y el interior de madera, por más de una y media  hora permaneció en pie, haciendo la ilusión de un horno de fantasía,respirando por sus numerosas bocas y arrojando las llamas producidas por el fuego que consumían todo el maderaje de puertas, ventanas, mesas, sillas, archivos y todo cuanto antes servía de adorno y utilidad al edificio.

 

            La casa de la familia Arcelles, situada a la derecha de la aduana, consumióse una parte de ella.  Salvó la del Cónsul inglés.  La del Cónsul de los Países Bajos, salvó por tener techo de fierro y ser defendida por él, por la calle de por medio y por los esfuerzos de innumerables vecinos que sobre sus techos la defendían.

 

            La Iglesia de la Merced no existiría, si no hubieran habido tantos  que expusieron su vida por salvarla.

 

             A las 9  y 30 se desplomó parte del edificio que tenía el reloj público. El estruendo que causó, impresionó hasta a los bárbaros del sur.  La gran columna de fuego que se produjo, tomó mayor tamaño a lo ancho y disminuyó en lo alto.  Entonces fue que creímos que si la aduana había desaparecido, Paita no se consumiría del todo.  El fuego fue poco a poco menos intenso, pero duró lo bastante para alumbrar el reembarque de sus autores, que hasta el  último momento, conducían el botín en sus embarcaciones.

 

            A las 12 de la noche, sólo quedábamos peruanos y extranjeros amigos, dedicados a seguir combatiendo el incendio, que concluyó por completo a las 2 de la madrugada.

 

            El 22, aunque en sus naves, todavía tuvimos el desagrado de tener a los chilenos a la vista.  Pasaron el día tomando carbón del pontón de la Compañía Inglesa de Vapores.

 

            En la misma fecha entró procedente de Panamá, el vapor inglés “Pizarro” a las 6 a.m.  y permaneció hasta las 5 p.m.  sin comunicarse con tierra, pero durante ese tiempo fue rodeado por botes en los que flameaba el pabellón de la estrella de cinco picos que representa la doblez del carácter chileno en que cada pico, es un dedo de sus hábiles manos.

 

            A las 5 p.m. del mismo día, se hicieron a la mar los transportes “Itata” y “Copiapó” acompañados por la corbeta “Chacabuco”, quedando en la bahía la “O’Higgins” que salió a las 9 p.m. llevando a remolque la lancha a vapor americana “Isluga” que quitaron a su dueño el 19.

 

           

Parte oficial del prefecto

ARRIBA

 

            El prefecto y comandante general militar, coronel Manuel Frías, envió el siguiente parte  oficial a Lima:

 

Piura, setiembre 28 de 1880.

 

Señor Secretario de Guerra:

 

Cumplo con el deber de dar cuenta a Vuestra Señoría y por su intermedio a su Excelencia el Jefe Supremo de la República, de los escandalosos atentados cometidos  en el indefenso puerto de Payta por una expedición de fuerzas chilenas, al mando del Capitán de Navío Patricio Lynch.

 

El 19 del presente mes, a las 7 a.m. las corbetas enemigas “O’Higgins” y “Chacabuco”   y los transportes “Itata” y “Copiapó”, con gente de desembarco ocuparon la bahía de este puerto, e inmediatamente desprendieron algunas lanchas que se dirigieron a un muellecito que estaba situado en el norte de la población y que pertenece  al ferrocarril.

 

El  aparato telegráfico fue puesto a salvo, a la vez que se despachó un carro de mano por la vía férrea, a fin de impedir que el convoy llegase hasta el puerto y cayese en poder del enemigo.

 

            Ocupado Payta por las  fuerzas   chilenas, destacaron 25     hombres de caballería, que se dirigieron a explorar terrenos que recorre el río Chira y después  avanzaron un trayecto de diez leguas más o menos, regresando el puerto la mañana del 21, destruyendo las   estaciones provisionales de La Huaca y del Arenal, y los carros y  bodegas que en ambos existían.  En la Huaca fueron presas de las llamas todas las pacas de algodón, que debía de tomarse  a su paso  el ferrocarril para conducirlas a Payta y que pertenecían a las casas comerciales de López y Compañía; Vega y Compañía y Baltazar Pallete.

 

Mientras la expedición de campo realizaba sus criminales propósitos de destrucción, el puerto de Payta era teatro de otros atentados no menos vergonzosos e infamantes.

 

Las puertas de la aduana y de los almacenes fiscales fueron destrozadas y extraídas todas las mercaderías,  que allí habían depositado, la mayor parte de propiedad extranjera.  De la misma manera se apoderaron de algunas pacas de algodón, bultos de cascarilla y otras especies que existían en la estación del ferrocarril y en la playa, destinados a embarcarlos en el vapor que próximamente debía de pasar a Panamá.

 

El mismo día 21 tuvo lugar el más horrendo crimen de los expedicionarios.  El local de la aduana,  vasto y sólido edificio de fierro y la estación del ferrocarril fueron reducidos a escombros por la llama devoradora del incendio. Los almacenes fiscales, sólida construcción de fierro resistieron la dinamita con  que se le atacó, sin embargo las pilastras centrales que soportaban el peso de toda la techumbre han sido destrozadas,    así como las planchas laterales del edificio que amenaza  su total ruina inmediata, si no se procede a su reparación.  Chile incendió una población indefensa y puso  el sello de su infamia, destruyendo todo lo que no podía robar.  A la abnegación y constancia de los pocos vecinos que quedaron en Payta, se debe de que no haya sido destruida toda la población, pues el incendio se propagaba rápidamente sobre la Iglesia y casas  contiguas y en tan humanitaria como riesgosa empresa se hicieron notar los ciudadanos españoles Artadi, Jiménez, Gonzáles y Pérez y el súbdito italiano Moretti, no haciendo mención de los nacionales, pues todos ellos hasta las mujeres combatían el incendio con una actividad digna de encomio.

 

Mientras el fuego consumía lo más hermoso de la población, los enemigos embarcaban la mercadería robada, que en su mayor parte pertenecían a los extranjeros señores  Hilbick y Figallo, habiendo practicado en casas particulares, robos de poca consideración.

 

Al día siguiente 22, reembarcadas ya todas las fuerzas, se ocuparon de extraer carbón del pontón de la Compañía Inglesa de Vapores y en recibir y despachar al vapor “Pizarro” de la misma compañía que arribó de Panamá, haciéndose en seguida a la mar como a las 9.30 p.m. llevándose a remolque al vaporcito “Isluga” de propiedad norteamericana,    que se hallaba fondeado en el puerto.

 

Tales han sido Señor Secretario, los hechos practicados por las fuerzas  enemigas que a título de expedicionarias, no han tenido otro objeto que destruir y robar cuanto han creído útil, para vergüenza de la   civilización americana.  El sacrificio de la Gendarmería inútil y estéril, habría servido por otra parte para justificar los horrores cometidos, que hoy no tiene cosa alguna que los disculpe.

 

Debo de recomendar a la consideración del Supremo Gobierno, al Tnte. Coronel don José Pardo de Zela, Comandante Militar del puerto que con su meritoria actividad y celo, atendió hasta el  último momento su deber, dictando medidas de prudencia que le han captado una vez más  las simpatías del puerto de Payta.

 

Dios guarde a Ud.  muchos años Señor Secretario.- Manuel Frías.

 

            El 22 de setiembre el jefe militar de Paita pasaba al  prefecto de Piura coronel Frías el siguiente telegrama:

 

            A la autoridad superior de Piura.

            Los buques enemigos han abandonado el  puerto.  El orden se conserva y la población de Payta ha dado pruebas inequívocas  de su moralidad y patriotismo.  José S. Pardo de Zela.

 

 

 

La fuga de los presos

ARRIBA

            La invasión chilena produjo un gran desconcierto en Paita.  Una gran cantidad de vecinos huyó hacia el tablazo.  La guarnición se retiró y las autoridades abandonaron el puerto, quedando la cárcel desguarnecida.

 

            El alcaide de la cárcel, el oficial y los gendarmes habían huido y lógicamente los presos también fugaron, salvo unos pocos que permanecieron en ella porque no tenían a donde ir.  Hubo un preso que se presentó ante Lynch y se puso a sus órdenes.

 

            Entre los prófugos estaban Manuel Agurto e Isidoro Godos acusados de hurto, lo mismo que Francisco Quezada.  Este había sido empleado del Banco Hipotecario y se había apropiado  de cédulas al portador.  Ante Lynch dijo que se le acusaba de espía chileno, por cuyo motivo el jefe chileno lo llevó de regreso en sus barcos.  Este individuo era natural de Arequipa.

 

            Lo sorprendente fue de que hasta fines de octubre de 1880 la cárcel de Paita seguía sin custodia porque no tenía ya presos y sólo había allí un chino al que le decían “Garfia” García, que tenía a la cárcel como domicilio.

 

            El alcaide de la cárcel era Benigno Moreno, y con antelación había recibido órdenes de sacar a los presos custodiándolos y ponerlos en lugar seguro, pero a causa de la precipitación y el temor a los invasores, no cumplió con el encargo.  Incluso había recibido Moreno órdenes anteriores de remitir a Quezada  a Lima, pero el alcaide había pretextado que era peligroso enviarlo por barco, porque podía escapar y dar información al enemigo, lo cual prueba que en realidad ya se dudaba de él y se le tenía como traidor a la patria.  Se sabe que en realidad,  Quezada proporcionó a Lynch muy valiosa información.  Otros reos fugados fueron Pedro Carnero de 27 años natural de Frías, José Cruz de 24 años de Ayabaca, sentenciados por robo y Dionisio Rojas por homicidio. También había orden de captura contra Catalino Requejo, músico y contra Sebastián Pantaleón, igualmente artillero por desertores del Batallón “Piura”.

 

 

Reclaman por captura del “Isluga”

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            Cuando Lynch ordenó en Paita la captura del vapor “Isluga” de propiedad norteamericana;  el cónsul de ese país acreditado en Paita se encontraba en Pacasmayo. 

 

            Al retornar y enterarse del incidente, reclamó a Lynch al que envió la siguiente comunicación:

 

            “He sido informado que las fuerzas navales de su mando, han hecho presa en la bahía de Payta de una lancha a vapor de propiedad de ciudadano norteamericano, bajo la protección de la bandera de los Estados Unidos.

 

            Si así se ha procedido, suplico a V.S.  me informe las razones que haya tenido para capturar dicha embarcación y por  qué se ha empleado esa acción en contra de una nación amiga de los Estados Unidos, sin haber sido previamente declarada como presa legal ante un tribunal legalmente constituido.   (Firmado) S.C. Montjoy, Cónsul de los Estados Unidos”.

 

            Al respecto, Lynch había informado a sus superiores del siguiente modo:

 

            “De Chimbote me dirigí a este puerto de Payta en donde desembarqué en la madrugada del día 19 sin que se me opusiera resistencia alguna.  En esta bahía encontré con bandera norteamericana al vaporcito “Isluga” que ha estado empleado en el transporte de armas para el gobierno del Perú, el cual fue en el acto apresado, mandándosele instruir una sumaria para la averiguación de su propiedad y bandera.

 

            De sumario instruido ha resultado que el “Isluga” estaba servicio del Perú y que no tiene derecho a llevar la bandera de los Estados Unidos de Norteamérica por carecer de patente de navegación expedida en forma.

 

            El “Isluga” es buena presa y será muy útil, para la escuadra.  Su porte es de 45   toneladas, su andar de ocho millas y su valor de 13,000 pesos de plata”.

 

            En el mismo informe Lynch expresa que tras de su incursión a la Huaca y de retorno a Payta, “exigió a la Comisión Municipal Provisoria que había nombrado a mi arribo para que representara al vecindario; el pago de la cantidad de 10,000 soles de plata que había impuesto a la población como contribución de guerra.  Negándose la comisión a dicho pago, hice destruir las valiosas propiedades que el Estado tiene en esa población”.

 

            También dice:  En Payta como en Chimbote, las fuerzas de mi mando han dado un brillante ejemplo de moralidad y de disciplina, debido en mucha parte al celo de los señores jefes de cuerpo que forman mi división.  La salud de la tropa es buena a bordo.  Las especies quitadas al enemigo como contribución de guerra se estiman en 100,000 pesos”.

 

            En ausencia del cónsul norteamericano Montjoy, fue el agente consular George Rutter, el que recibió un informe del propietario del  vapor “Isabela”, también   capturado por los chilenos en la bahía.  Dicho ciudadano extranjero Thomas Geige, aseguraba que el 6 de setiembre zarpó de Supe con dirección al norte y que a 50 millas al sur de Payta sufrió la rotura del eje de la máquina, por lo que tuvo que arribar al puerto con mucha dificultad, lo que ocurrió el 10 del mismo mes.  Estaba por lo tanto en proceso de reparación, cuando aparece la escuadra chilena y un bote chileno con gente armada atracó junto a su nave, cuando Geige se encontraba en tierra.  En el  “Isabela” se encontraban sus oficiales Charles Olster y Robert  Mc’Leisch quienes impotentes, se limitaron a observar como los oficiales y soldados chilenos arriaban la bandera norteamericana y maldecían de los Estados Unidos, llevando a los dos oficiales detenidos a bordo del “O’Higgins”, tras de despojarlos de sus pertenencias.  Se procedió luego a izar la bandera chilena en su barco y Lynch ordenó que el capitán Thomas Geige fuera a verlo llevando el registro del “Isabela”, pero al llegar lo tomó prisionero por 24    horas, enviándolo luego al “Itata”.  Después Lynch le ofreció pagar el importe del vapor a lo que Geige no accedió, tras de lo cual fue puesto en libertad, no así su nave que se la llevó el “O’Higgins” a remolque.

 

 

Las certificaciones del cónsul Blacker

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            Blacker era cónsul inglés en Paita y en una oportunidad llegó a ser alcalde.  Al llegar los chilenos fue nombrado por Lynch, presidente de la Comisión Municipal Provisoria que debía de representar al vecindario.  Integraban la comisión otros tres  ciudadanos extranjeros, entre ellos su hijo. Blacker emitió la siguiente declaración:

            

A. Blacker, Presidente de la Junta Municipal Provisoria nombrada por Lynch para velar por el orden y la obediencia de sus habitantes, declara en representación de la Junta:

 

1º. Que la fuerzas chilenas han respetado la propiedad particular.

 

2º. Que los almacenes del Estado fueron abiertos en presencia del que suscribe y que de ellos sólo se han extraído las mercaderías pertenecientes a mis comitentes, como agente de comercio, para ponerlas a cubierto de las consecuencias de la destrucción de dichos chilenos, quedando en tales almacenes las demás mercaderías que no fueron reclamadas por sus dueños.

 

3º. Que el comandante en jefe de las fuerzas chilenas, Señor Capitán de Navío don Patricio Lynch, sólo  dio órdenes de destruir los almacenes del Estado cuando se le contestó por los representantes del vecindario, que no pagaban la contribución de guerra en plata que dicho señor  comandante en jefe había impuesto a la población.

 

Paita, setiembre 22 de 1880.  A. Blacker Presidente.- Juan R. Bobbia.- A.C. Blacker. Jorge Woodhouse.

 

La actitud de Blacker fue sin duda criticable e ingrata.  Hasta trata de justificar el que los chilenos incendiasen la aduana y la estación del ferrocarril.  Nada dice del saqueo y robo que el mismo Lynch estima en 100 000 pesos de plata.  Blacker se preocupó por sus propios intereses y por los intereses de los súbditos extranjeros, pero nada hizo por evitar la destrucción y el saqueo, a sabiendas que el cupo de 10 000 pesos impuesto al pueblo paiteño era impagable por la extrema pobreza de los habitantes que el mismo enemigo reconoció.  Poco faltó para que los paiteños se hubieran mostrado agradecidos para con “el Señor, Capitán de Navío don Patricio Lynch”.

 

Es de suponer que esta declaración fue hecha a pedido del mismo Lynch y que éste llevaría una copia de la misma, como demostración, de la forma “bondadosa” como se habían portado en Paita, porque declaraciones similares sacaron de los cónsules o súbditos extranjeros de Chimbote, Supe y otros lugares no obstante las iniquidades.

 

Seguramente que en criterio de gente tan desalmada como los expedicionarios chilenos, el comportamiento en Paita hasta resulta caballeresco, pues sólo cometieron robos, saqueos e incendios; ya que en otros sitios como Mollendo, Tacna, Arica y Moquegua, el pillaje fue desenfrenado, hubo matanza de heridos y de prisioneros, y las mujeres fueron violadas hasta en plena vía pública, por la soldadesca que ni a sus mismos oficiales obedecían.

 

 

La proclama del alcalde de Piura

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A  Piura llegaron huyendo muchas familias paiteñas, lo mismo que las autoridades y los pocos gendarmes que guarnecían el puerto.

 

Con tal motivo el alcalde de Piura lanzó una proclama, cuando ya los chilenos estaban por desocupar Paita.

 

La proclama del Alcalde es la siguiente.

A sus conciudadanos: 

 

De Manuel Antonio Arca.

 

Retiradas a esta plaza las fuerzas que guarnecían Payta, mi deber era ponerme al frente de esta localidad para devolver la tranquilidad a las familias, garantizar los intereses de los propietarios nacionales y extranjeros y conservar inalterable el orden público.

 

Tal vez nuestras aspiraciones no han quedado satisfechas, pero al menos contando con la cooperación de algunos ciudadanos patriotas que me han acompañado en tan honrosa tarea, he hecho cuanto ha estado al alcance de mis débiles esfuerzos.

 

Piuranos:

El enemigo que viniera a sembrar el pánico entre nosotros, después de cometer algunos extorsiones en el vecino puerto de Payta, lo han abandonado según se deja ver en el parte que va inserto,  para continuar con la senda de abominables crímenes que se ha trazado.

Durante las horas de prueba a que ha querido someternos la más  negra perfidia de un enemigo envidioso de nuestra prosperidad, os habéis manifestado sufridos, dando con esto el más elocuente testimonio de vuestra resolución en los peligros.  La abnegación y el heroísmo tienen sus límites, y no es cobarde que un pueblo que no cuenta con elementos para castigar la temeridad de los malhechores que esgrimen el puñal asesino y la tea del incendiario.

 

Ciudadanos nacionales y extranjeros;

 

Podéis de nuevo entregaros a vuestras labores interrumpidas y contar siempre con el apoyo de las autoridades encargadas de velar por vuestros intereses.

 

Vuestro conciudadano Manuel Antonio Arca.

 

Piura, 23 de setiembre de 1880.

 

 

Pánico en Sullana

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La noticia de que Lynch había llegado a La huaca y que sus patrullas estaban en Tangarará con su caballería, causaron pánico en Sullana y luego se contagió a Querecotillo y Piura.

La  noticia la dio un expreso enviado por las   autoridades de Paita en un carrito de mano que velozmente se desplazó por la línea del ferrocarril avisando por los lugares de tránsito de la aproximación de los chilenos.

 

 

Muchas familias de estos lugares huyeron a Piura porque bien sabían lo crueles que eran los soldados enemigos.  Era alcalde don Daniel Franco, el que con el gobernador y autoridades oficiales abandonaron rápidamente la población.  Ante esa situación, los ciudadanos extranjeros de Sullana, se reunieron y formaron un Directorio de Seguridad Pública, con el carácter de provisional.

 

El  acta suscrita con tal ocasión es la siguiente:

 

En la ciudad de Sullana, a los 21 días del mes de setiembre de 1880, reunidos en el Concejo, los que suscriben residentes en esta  ciudad con el objeto de deliberar sobre la manera de conservar el orden público y facilitarse las garantías individuales, como así la custodia de los intereses, por la especial circunstancia de encontrarse ausentes todas las autoridades locales, discutido suficientemente y considerando:

 

1.- Que sin orden no hay garantías ni verdadera sociedad.

 

2.- Que es benéfica y sobremanera saludable la organización de un directorio provisional en las  circunstancias que atravesamos, pero sí dentro de los límites del objeto de la presente reunión.

 

3.- Considerando ser un deber llevar el objeto propuesto por la unanimidad; se acordó y nombró un directorio de seguridad pública compuesto de los señores Dr. Don Rafael Columbus, ciudadano de Estados Unidos de América en primer lugar; don José Cardó, ciudadano español en segundo lugar y don Manuel Agurto ciudadano peruano en tercer lugar, a quienes esta población representada actualmente por los suscribientes únicos que están presentes hoy en la ciudad, delegaron las facultades necesarias al objeto de la institución indicada, con la que concluyó la presente  acta, suscribiéndola.

 

 

            J. Antonio Centurión.- José Figallo, ciudadano italiano.- José Canales, ciudadano español.- Elías Villamar, ciudadano ecuatoriano.- Darío  Carrera, ciudadano ecuatoriano.- Buenaventura Cruz.- Lutgardo Morales.- José Aniceto Bereche.- Francisco Neira.- J. Hermógenes Gallo.- José M. Gonzáles.- Manuel Cruz.- Pedro Martínez.- Elías Cruz.- José Dolores Reto.- Manuel Albújar.- Eloy Guarderas, ciudadano  ecuatoriano.- Mariano Agurto.- Eliseo Agurto.- Severino Saavedra.- Tomás C. Tinoco.- Hugolino Reyes, ciudadano colombiano.- Carlos Reyes.- José Lucas Barreto y Pedro  José Maldonado.

 

            Es decir,  que en Sullana que tenía 2 500 habitantes sólo había quedado, según se expresa en el acta, 29 vecinos o jefes de familia.

 

 

El concuñado de Grau

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            El comandante de la corbeta “Chacabuco” era el capitán de fragata Oscar Viel, concuñado del gran almirante don Miguel Grau, pues estaba casado con doña Manuela Cavero, hermana de la esposa de Grau.

 

            Viel en la guerra, estuvo muy lejos de la altura moral de su pariente político y  en marzo cuando merodeó y atacó las islas de Lobos.

En esta oportunidad la corbeta O’Higgins que había venido comandando, tría como comandante al capitán  Orelia.

Viel llegó con el tiempo a ser almirante.

Lynch seguramente era un sádico sanguinario, por lo cual los mismos chilenos lo apodaban como el Príncipe Rojo. Buscaba de rusticar sus actos  pidiendo constancias, certificados, recibos y toda clase de documentos.

Su ensañamiento con Paita, puede ser por los chilenos consideraban a Paita como cuna de Grau. Por eso Lynch entre los lugares que incendió y destruyó estuvo la probable casa donde vivió el héroe, frente a la llamada plazuela Miñán, donde después fue mercado de abastos y en 2007 era Plaza Ramón Castilla.

 

 

Nombramientos en Piura

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            El 18 de octubre se nombraba como comisario del valle  de Piura a Manuel Francisco Vegas en reemplazo de Lino José Loaría.  Este era coronel graduado.

 

            Tres días más tarde renunciaba al cargo mayor de Guardias de Piura, el sargento mayor don Manuel Adolfo Negrón y se nombra en su lugar en forma interina al capitán Benigno Efio Moreno, el que es ratificado en el cargo, el 29 de noviembre por el Gobierno de Piérola.

 

            Un año más tarde tendremos a Negrón ya ascendido a coronel como prefecto de Piura, en momentos que los chilenos llegaban a la ciudad de Piura y ya no mandaba Piérola

 

            A fines de octubre, había un nuevo  prefecto, el coronel Maimiliano Frías el que recibe  el encargo del secretario de Guerra coronel Iglesias, que se capture al general Manuel Gonzáles La Cotera. Este al igual que Lizardo Montero y el general Cáceres se oponían a una paz con entrega de territorios.

 

            La Cotera que había sido ministro de Guerra en el Gobierno del general Prado, era ayabaquino, y había tenido que salir desterrado al Ecuador.  Se trataba de un militar de mucho  arrojo personal, y muy constitucionalista, y también muy legalista.  Eso era lo que motivaba su profundo distanciamiento con Piérola un conspirador contumaz.  En 1876, Gonzáles La Cotera, cuando servía en el ejército,  había infligido al caudillo rebelde una catastrófica derrota cuando se sublevó en el  sur del Perú.

 

            Se conocía que Gonzáles La Cotera en base al paisanaje, merodeaba constantemente por la frontera y aún llegaba a diversas poblaciones peruanas, para luego retornar al Ecuador.

 

            En enero de 1881, cuando Piérola es derrotado por los chilenos en la batalla de Lima, Gonzáles  La Cotera volverá a aparecer en la capital de la república en un vano intento de restablecer el Gobierno Constitucional.

 

            A fines de noviembre, se nombra como comandante de la Compañía de Gendarmes al capitán Ignacio Paiba, y como comandante de la Compañía de Gendarmes de Caballería al teniente Genaro García León, que tendrá después destacada actuación.

 

            Este había sido borrado del escalafón militar en 1875, pero el secretario de Guerra  de Piérola, coronel Miguel Iglesias, dispuso mediante Resolución Suprema del 12 de enero de 1880 firmada por el jefe supremo, que la sentencia militar de 1875 quedase nula y por lo tanto la sanción dada por el Consejo de Oficiales Generales, sin valor, por cuyo motivo fue García  reincorporado a filas.

 

            En Piura, Genaro García León al tener mando de fuerza, logró convertirse en pieza importante del juego político.  Era hermano del coronel Ignacio García León que tuvo destacada actuación durante la guerra  y también de Francisco  García León, igualmente personaje muy importante en ese tiempo.  En julio de 1882, veremos a Genaro García deponiendo al prefecto Roberto Seminario y Váscones.

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